Atlántida: un rincón en el Río de la Plata que a principio de siglo ostentó un estilo similar al de La Riviera de Francia

Atlántida: un rincón en el Río de la Plata que a principio de siglo ostentó un estilo similar al de La Riviera de Francia

Un archivo fotográfico reconstruye un centenario de historia de Atlántida, el principal balneario del país durante la primera mitad del siglo XX. El maestro Darío Porta es el coautor del libro "Atlántida. Una historia de 100 años en 100 fotos", presentado durante las celebraciones del centenario hace dos años. A propósito de este reportaje fotográfico, En Perspectiva dialogó con Porta sobre este lugar de veraneo que, durante algunas décadas, fue el principal balneario del país. En su libro, Porta distingue dos etapas de esplendor: la de "los doctores" y la "de Michelizzi", un italiano que empieza a traer a los turistas argentinos al balneario. "Hasta el año 1935 Atlántida había sido un balneario 'de la siesta'" pero "el movimiento del verano transforma una Atlántida tranquila (...) en una Atlántida del turista de alto poder adquisitivo argentino, del ruido" sostuvo el autor.

(emitido a las 9.06 hs.)

EMILIANO COTELO:
¿Qué tienen en común Pablo Neruda y Federico García Lorca, Carlos Vaz Ferreira y Domingo Arena, Rafael Alberti y Eduardo Fabini, Carlos Maggi y Mauricio Rosencof? Todos ellos fueron seducidos por el que, durante varias décadas, fue el principal balneario del país. Todos ellos, en algún momento, sucumbieron ante los encantos de este lugar que hoy nos recibe: Atlántida.

La historia comienza hace ya más de 100 años, a partir de la visión del ingeniero Juan Pedro Fabini y su anhelo por convertir este rincón del Río de la Plata en un balneario de categoría, al estilo de La Riviera francesa, el furor de la época.

Y la realidad se acercaría mucho a aquel sueño. Durante la primera mitad del siglo XX, Atlántida se consolidó como el destino de verano de la crema montevideana. Aquí recalaban doctores y estudiantes de medicina, pero también artistas y turistas de un alto poder adquisitivo que venían también de Argentina. Sin embargo, aquella época dorada del balneario fue perdiendo brillo a lo largo de la segunda mitad del siglo.

Hace dos años, la celebración del centenario fue una buena excusa para que los actores locales repasaran aquella historia y se lanzaran también a pensar en la Atlántida del futuro. Uno de los frutos de ese trabajo fue el libro “Atlántida. Una historia de 100 años en 100 fotos”, realizado por Darío Porta y Mireya Bracco, que reconstruye el devenir de este lugar a partir de un archivo fotográfico interesantísimo.

Esta mañana vamos a conversar con el maestro Porta a propósito de esta investigación, la historia y el presente de este sitio tan emblemático de la Costa de Oro canaria.

Podemos empezar mencionando el lugar exacto donde nos encontramos y qué significa esta posición en la historia de Atlántida: acá estaba el Atlántida Hotel.

DARÍO PORTA:
En el año 1911 se conforma la Territorial Uruguaya SA. Se unen los arenales –porque esto eran grandes arenales que iban mucho más allá de la ruta Interbalnearia– y los terrenos comprados por el ingeniero Juan Pedro Fabini, el verdadero mentor del balneario, y Francisco Ghigliani con el grupo de médicos que un poco más allá de lo que hoy es la avenida central hasta la calle 2B de Atlántida había comenzado en 1908, un 18 de mayo, a forestar estos terrenos –al igual que otros personajes de la costa uruguaya, como Lussich, como Perea y Piria inclusive–. Así, la zona costeras, que eran tierras de poco valor en aquel tiempo, comenzaron a forestarse.

Y acá en este lugar, en el Atlántida Hotel, los doctores –porque así se los llamaba a Atlántida en aquella época– comienzan a generar, con la visión del ingeniero Juan Pedro Fabini, un personaje muy interesante en la historia uruguaya, porque fue intendente de Montevideo, presidente de Ancap

EC - Fue el que creó la avenida Agraciada, la que ahora se llama avenida del Libertador.

DP - Y toda la zona de la rambla entre el Parque Rodó y la escollera sur inclusive. Fue senador de la República también.

EC - Acá se instala el hotel, que es un poco la punta de lanza de todo el desarrollo.

DP - Fue el centro… el hotel no tenía esta misma fisonomía, la adquiere en el año 1939 luego de varias ampliaciones. Comenzó siendo una construcción a dos aguas muy agradable, pero no era un hotel de lujo, por supuesto. Después adquiere, a través de diversas reformas, esas comodidades. Y a partir de aquí comienzan a construir hasta punta Piedras Negras –unos 300, 400 metros, donde termina la Mansa y comienza la Brava, sobre la playa Mansa– los primeros chalés.

En aquel tiempo no se llamaba Atlántida, la playa no se llamaba Mansa. Estábamos en una zona llamada Paso de las Toscas, o el Paso de las Toscas le daba ese nombre de Las Toscas a toda esta región. Y la ensenada se llamaba Santa Rosa, por una zumata portuguesa que allá por 1700 y pico se había hundido en estas costas, comercializando los productos por medio del contrabando con la gente de aquí. Porque los padres jesuitas estuvieron a pocos kilómetros de aquí, tuvieron su estancia, hasta que fueron expulsados allá por 1700 y algo.

EC - ¿El Atlántida Hotel se construye en 1911?

DP - Comienza a construirse, a fines de diciembre de 1911. Todo el 12 se construye, y se inaugura en el verano de 1913.

EC - Para tomar alguna referencia: el Argentino Hotel de Piriápolis es del 30 (*).

DP - Correcto.

EC - ¿De dónde venía el interés por esta zona como balneario? En el libro se cuenta que a fines del siglo XIX ya había veraneantes en esta zona, pero era un movimiento diferente. Era un grupo de vecinos de Pando que llegaban hasta acá en carretas y se instalaban durante tres meses en campamentos al lado del mar.

DP - Se denominaron “campamentos de baños en la ensenada de Santa Rosa”. Elio Zinola, un historiador pandense, allá por los años 60 hace una investigación y logra entrevistar a algunos sobrevivientes –como una señora de apellido Pirelli, en aquel entonces muy jovencita–, que allá por 1880 y hasta 1887, 1888, venían con cierta asiduidad y se establecían acá en la ensenada de Santa Rosa, en este mismo lugar. Era una forma muy particular, se establecían los dos o tres meses del verano. Eran épocas en que las mujeres se bañaban aparte de los hombres, tenían que bajar a horas distintas. Establecían hasta su comisario local, porque estaban lejos de la civilización. Se traían sus vacas, sus gallinas…

EC - Instalaban un pequeño pueblo durante el verano. Y el tipo de gente que después funda y desarrolla Atlántida ¿es el mismo? ¿Cómo diferenciamos uno de otro?

DP - En fotos de 1910, 1911, que fueron rescatadas de la Territorial Uruguaya… Porque Atlántida tiene la particularidad de que todo el proceso fundacional es registrado a través de la fotografía, y la Territorial tiene un archivo fotográfico interesantísimo en el que se puede hilvanar toda la historia local a lo largo de muchos años en fotos rescatadas de ahí. Hay en las barrancas de Atlántida casas, algunas muy precarias, que pertenecían a las familias pandenses de aquellas que venían de 1880 y que después siguieron viniendo en forma alternada y algunas se establecían. Porque esto eran tierras de nadie, eran grandes arenales y tenían escasísimo valor.

Hay un hecho bien notorio. Nos contaba un vecino de la localidad que cuando fallece uno de los dueños de estas tierras, que además tenía otras tierras, a estas no las querían, querían unas muy próximas a la zona de Tapia, todos se peleaban por las tierras de Tapia. Estas no eran requeridas porque no tenían valor. No era costumbre el turismo de playa, la gente salía hacia el interior, a las quintas.

EC - Los que desarrollaron Atlántida venían de Montevideo entonces.

DP - Sí, los doctores. Un grupo de médicos, integrado por Percovich, Ghigliani, Atilio Narancio, Delgado y muchos más…

EC - El profesor Manuel Quintela estaba también.

DP - Él viene un poco después; el Hospital de Clínicas lleva su nombre. Establecen una sociedad que se llama La Arborícola SA y compran esos arenales que van desde –tomando como punto de referencia– la avenida Central hacia la calle 2B, no sobre la playa. Fundan La Arborícola SA, para establecer viveros y comenzar a forestar esta zona.

EC - ¿El nombre de Atlántida cuándo aparece?

DP - No es muy preciso; al principio el balneario no tiene nombre. Hay dos vertientes para pensar que surge el nombre. Federico Bonsignore en su libro menciona una: en un encuentro en determinado momento uno de los doctores menciona que esto era como un lugar perdido, como la Atlántida que menciona Platón en Critias y Timeo. Esa puede ser una de las vertientes. Y hay otra más: en los folletos de época de la segunda década del siglo pasado aparece la “playa Atlántica”; porque el Tratado de Límites del Río de la Plata es del año 61, los límites con el océano Atlántico no estaban delimitados…

EC - O sea que una interpretación posible es que este lugar pudiera verse como el límite entre el Río de la Plata y el Atlántico en aquella época.

DP - No sé si el límite, pero era una playa que estaba más hacia el Atlántico. El turismo de playa no estaba desarrollado, recién por 1880 y pico comienza a hacerse característico en las playas de Ramírez, de Pocitos, y se empieza a extender más hacia el este como playa Carrasco. Y Atlántida era un lugar inaccesible, la ruta Interbalnearia no estaba, es de los años 1950, era un lugar perdido. Fueron esas familias pandenses las primeras incursoras. No obstante eso, cerca de la Casa de la Cultura hay un gran barranco que se ha ido tapando –está la Expo Platea, se construyó parte del anexo del casino– que se llamaba barranca de los Indios, y cuando los primeros veraneantes estaban establecidos aquí se encontró mucho material lítico, que luego fue desapareciendo, pero se recogían puntas de flecha, boleadoras… Era muy característico. Por eso esa barranca, que está a 50, 60 metros cruzando la calle, se llama barranca de los Indios.

***

EC - Seguimos conversando esta mañana en En perspectiva con Darío Porta, maestro jubilado, que vive en Atlántida desde el año 1977 y es coautor del libro “Atlántida. Una historia de 100 años en 100 fotos”, junto con Mireya Bracco Irureta.

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EC - Durante la primera mitad del siglo XX Atlántida fue el principal balneario del país. Sin embargo en ese período Darío Porta en el libro distingue dos etapas diferentes de esplendor.

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EC - La primera época, llamada “de los doctores”, ya más o menos la fuimos viendo. Y hay una segunda que usted llama “de Michelizzi”, aludiendo a Natalio Michelizzi, un italiano que vivía en Argentina y que fue quien trajo a muchos turistas de alto poder adquisitivo del otro lado del Río de la Plata. Él por ejemplo construyó el edificio Planeta. Vamos a ubicarnos en aquellos años y en ese momento.

DP - Hasta el año 1935 Atlántida había sido un balneario “de la siesta”, como le llamamos en el libro. Era un balneario para venir a descansar, con cierta tranquilidad, de alto poder adquisitivo de la gente que vivía aquí, y estaba comprendido entre la calle 14, que baja de la iglesia (hoy Roger Balet) hasta la rambla, y de la rambla hasta la playa Brava.

EC - Es el balneario que estoy viendo en este momento en esta foto maravillosa, que fue tomada desde este lugar mirando hacia el este, que muestra la rambla de aquella época, donde se observan siete grandes chalés de dos pisos, tres en algún caso, con techo de tejas.

DP - Los doctores que hacían su especialización en Europa, habían traído una cultura muy europeizante, incluso las construcciones son del estilo de la riviera francesa, de Niza. Construyeron desde el hotel, que tomaron como centro, iban controlando esas construcciones que se iban desarrollando primero sobre la rambla y que después se fueron extendiendo hacia la avenida Central. Fue el ingeniero Juan Pedro Fabini, que no era doctor, era ingeniero, pero en la conformación de la Territorial estaban las dos vetas, la de los profesionales no doctores y los doctores propiamente dichos. Ahí surge esa primera Atlántida que usted mencionaba.

EC - La de Michelizzi ya es distinta…

DP - En el año 35, a este mismo hotel, llega Natalio Michelizzi, como tantos argentinos que venían atraídos por eso que se decía una Atlántida medio perdida. Porque para llegar acá había que venir por lo que hoy es ruta 8, camino Maldonado, y entrar después por una carretera bastante precaria. Él llega acá y queda asombrado del lugar. Era representante y llegó a ser uno de los principales importadores de la marca alemana de máquinas de imprenta Planeta –por eso el edificio se llama El Planeta–, y la Territorial ya estaba teniendo algunos problemas financieros, entonces le compra los terrenos más allá de la barranca de los Indios.

EC - Hacia Montevideo, digamos.

DP - Sí… de aquí hacia el norte. Y en el año 36 comienza a construir ese edificio que llegó a ser uno de los más lujosos de América.

EC - Toda una seña de identidad de Atlántida, un barco, un gran transatlántico parece. Todo un ejemplo de la arquitectura art decó y de la arquitectura náutica art decó.

DP - Pero seríamos injustos si habláramos solo de Natalio Michelizzi y no habláramos de Marcela Benincampi de Lastreto, que era su compañera. En Argentina Natalio Michelizzi ya estaba separado de su señora y Marcela era su secretaria. Cuando viene y se establece aquí, viene con su secretaria y compañera, que va a ser su compañera hasta que él fallece en el año 53.

EC - Hoy el edificio es residencial…

DP - Sí, es propiedad horizontal.

EC - En su momento era un hotel con una cantidad de servicios y comodidades. ¿Qué tenía, por ejemplo?

DP - Tenía todas las comodidades del momento. Una de las particularidades mayores era que por ejemplo cuando se bajaba a la playa se avisaba por medio de una forma especial a los turistas para que subieran y exactamente por ejemplo a las 12.30 se almorzaba. Había que entrar al hotel de etiqueta para venir a almorzar. Había un mozo, había un comise, que era el ayudante del mozo. Los mozos eran seleccionados de acuerdo a su estatura, a su tez, tenían que estar vestidos de determinada manera, como si estuviesen en un barco, con botones dorados y todos de blanco…

EC - ¿Había cancha de tenis y cancha de golf?

DP - Todo.

EC - ¿Qué pasó con la cancha de golf?

DP - Hubo canchas en el mismo terreno de lo que hoy es la manzana donde está El Planeta. Por diversas circunstancias hoy están siendo ocupadas, hay algunas viviendas y otra zona está en forma un poco más precaria. Pero él le compra en 1939 a la Territorial Uruguaya –también por problemas que esta tenía– la cancha de golf, que llegó a ser de las más importantes de América del Sur. Estaba del otro lado de la Interbalnearia, donde hoy es Agadu, un poco más al norte. En los años 1919-1920, cuando el ingeniero Juan Pedro Fabini la diseña, comenzó siendo de 9 hoyos, y más adelante se amplía a 18 hoyos. Venían aquí turistas de todas partes del mundo, fundamentalmente ingleses, que eran muy adeptos al golf. Se quedaban en otro hotel que existía en ese momento, que había sido o era del maître del Atlántida Hotel, que había establecido su hotel un poco más pequeño un poco más al este de El Planeta, el Hotel Mercedes. Allí se establecían buena parte del año, se hacían campeonatos internacionales.

EC - Tendríamos que seguir toda la mañana para recorrer la historia de Atlántida. Voy a poner los puntos suspensivos enseguida, después de que incluyamos en este cuento la otra gran marca que dejó Michelizzi en esta zona, bastante más enigmática que el Hotel El Planeta, un ícono de Atlántida, pese a que en realidad está más bien en Villa Argentina…

DP - No nos vamos a pelear con los compañeros de Villa Argentina.

EC - … el Águila. Una construcción que empieza en 1945 y sobre la cual hay todo tipo de especulaciones. ¿Qué fue aquello? ¿Por qué lo construyó?

DP - El movimiento del verano transforma una Atlántida de los doctores, tranquila, de la siesta, en una Atlántida del turista de alto poder adquisitivo argentino, del ruido… Y después de que Michelizzi se levantaba y dejaba todo ordenado en el hotel, allá por el año 42 comienza a construir lo que se llama el Barranco en terrenos que eran de Atlántida, hoy son del balneario Villa Argentina, a 50, 100 metros de donde está el Águila actualmente. Levanta una construcción como para ir a quedarse, pero no a dormir, a pernoctar venían con Marcela a El Planeta.

Como ellos eran italianos –si bien Marcela había nacido en Egipto, pero de padres italianos, estaba haciendo unos trabajos para el gobierno egipcio–, comienzan a construirle una serie de jardines muy característicos, llenos de hortensias, de estilo italiano; había un concepto en la arquitectura paisajística del momento, que ya se arrastraba de mucho antes, que era la follie de jardin, una estructura diferente o extravagante que llamara la atención en ese jardín. En principio lo que quiso construir –se lo pidió a Juan Torres, con quien tenía mucha confianza y a quien ponía siempre en aprietos– fue un templo o un pequeño espacio para una virgen…

EC - ¡Ah, ese fue el origen!

DP - Ese fue el origen.

EC - Una gruta para una virgen.

DP - Un espacio para una virgencita.

EC - ¿Y cómo terminó en un águila gigantesca?

DP - Era un hombre de mucha visión, muy imaginativo. Le había ido muy bien en los negocios, si bien durante la época de la guerra había estado en las listas negras y eso lo perjudicó en cierta manera, porque hizo que sus negocios de pronto tuviesen sus problemáticas. Además uno de sus embarques desde Alemania de máquinas Planeta había sido hundido y eso le ocasionó grandes pérdidas. Pero él siempre zafaba y seguía adelante. Entonces lo puso en aprietos a Torres, quien, sabiendo cómo era, la hizo un poco más grande. Y allá por el 46 empezó: “¿Y si le hacemos un águila…?”, y comenzó la construcción. En realidad el águila se termina en el año 48, son agregados, se van sumando, hasta que se le ocurre esto del águila, que para Torres fue todo un dolor de cabeza sacar adelante, porque no era ingeniero, era un constructor, muy inteligente, porque una construcción de ese tipo no la hace cualquier persona. Esa fue una de las situaciones que lo vincularon con los nazis, después a lo largo del tiempo, porque en realidad cuando él construye el Águila la guerra había terminado ya hacía buen tiempo.

EC - No era para detectar señales de barcos nazis…

DP - No. Esos son mitos y leyendas que por supuesto son alimentados, y uno trata siempre de explicar que no es así. Esa como también que era un centro espiritual… En realidad era un lugar de retiro de él, que fue construyendo de acuerdo a su imaginación, poniendo en aprietos y apuros a Juan Torres, y a la inteligencia que tuvo Juan Torres para llegar a lo que fue el Águila. Incluso después, cuando el Águila está terminada, le propone a Juan Torres: “¿Y si hacemos una terraza aquí que parezca un barco…?”. Porque el Águila tenía, hasta el año 84, cuando cae, como la proa de un barco terminada en un doble espolón.

EC - Y esta historia continuará. La dejamos por acá.

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(*) De todos modos, debe reconocerse que Francisco Piria había inaugurado antes un primer hotel en su flamante balneario: el Hotel Piriápolis, que data de 1904.


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Transcripción: María Lila Ltaif