Walter "el Serrano" Abella: "Los conceptos más valiosos en comunicación los recibí de la puerta de la radio hacia fuera"

Walter "el Serrano" Abella: "Los conceptos más valiosos en comunicación los recibí de la puerta de la radio hacia fuera"

    En Perspectiva se trasladó a la ciudad de Melo, en Cerro Largo, y se instaló en los estudios de La Voz de Melo, la emisora de radio local, que en este 2012 cumple 70 años de vida. Y, en particular, el programa "La hora del campo", conducido por Walter Abella, cumple 30 años al aire. Para conocer más sobre la trayectoria de esta figura emblemática del dial en ese departamento, En Perspectiva conversó con Abella, quien dijo que una de las cosas más importantes que ha aprendido en radio fue "escuchar a la gente". "Los conceptos más valiosos para la comunicación no los recibí de la puerta de la radio para adentro, sino de la puerta de la radio hacia fuera", aseguró.

     
    (emitido a las 8.50 Hs.)

    EMILIANO COTELO:
    Este año, 2012, es muy particular para La Voz de Melo. Por un lado, esta radio, una de las más emblemáticas del interior, cumple 70 años de vida. Pero este 2012 es también el año en que “La hora del campo”, el programa de dirige y conduce Walter Abella, celebra sus 30 años en esta emisora.

    A algunos de nuestros oyentes el nombre de Walter Abella puede resultarles desconocido. Sin embargo, si digo el Serrano Abella, seguramente casi todos saben que hablo de todo un referente, especialmente aquí, en esta zona, pero también en buena parte de nuestro país.

    Hace 44 años, el 21 de junio de 1968, el Serrano Abella inauguró en Radiodifusora Treinta y Tres ese espacio de comunicación, y comenzaba a acumular una corriente de público enorme que lo sigue con una fidelidad admirable.

    Hace 30 años, en marzo de 1982, el Serrano se trasladó algunos kilómetros más al norte de sus pagos del Olimar y se vino a Melo, donde rápidamente pasó a ser lo que es hoy, la figura principal de esta radio que hoy nos recibe, La Voz de Melo.

    Con él vamos a conversar esta mañana, para conocer sobre su propia trayectoria, sobre su programa, para averiguar más sobre esta radio y su aniversario, pero también para hablar sobre esta ciudad de Melo, que lo ha adoptado.

    De lunes a sábado, de 5 a 8 de la mañana, y más tarde de 11.30 a 12, usted conduce “La hora del campo” desde este estudio, en La Voz de Melo, pero también en simultáneo por Radio Patria de Treinta de Tres. ¿Por qué cree que este programa ha logrado mantenerse 44 años?

    WALTER ABELLA:
    La verdad es que esto, esta tarea –y usted lo sabe mejor que yo– está llena de interrogantes. Habría que preguntarles a los oyentes por qué se han mantenido ahí, con tanta fidelidad.

    EC - Pero ¿usted qué interpretación tiene?

    WA - Una de las cosas más importantes que hemos aprendido a hacer en radio es escuchar a la gente. Yo siempre digo que los conceptos más valiosos para la comunicación no los recibí de la puerta de la radio para adentro, sino de la puerta de la radio hacia fuera. Tampoco existía la Facultad de Ciencias de la Comunicación, como bien dice Vargas Llosa: cuando hablamos nosotros y hablamos de periodismo parece que encontramos a nuestro padre disfrazado de astronauta bañándose en el lluvero.

    Todo se hacía, éramos marineros eludiendo los témpanos sin carta marítima, a pura intuición. Y me parece que lo fundamental de la tarea de la comunicación, lo más importante, es no perder ese hilito conductor, ese cordoncito umbilical que lo pone en contacto con la gente. Ahí está todo, lo más rico de la audición, si es que tiene algo rico, y a veces lo más pobre lo traducimos como no saber explicar con conciencia cierta lo que quieren decir ellos y cuál sería el camino que tendríamos que comenzar y terminar juntos.

    EC - ¿Cuáles son los objetivos que se pone cada mañana cuando se planta frente a ese micrófono allí, a unos pocos metros de esta mesa?

    WA - Cuando vengo de casa, que me queda a tres cuadras y media del estudio de La Voz de Melo, hoy vengo pensando hacer una audición mejor que la que hice ayer. Mi competencia soy yo.

    EC - ¿Cómo inciden los 70 años?

    WA - Inciden, porque ya no soy el mismo cuando me despierto todas las madrugadas, sobre todo en las madrugadas de invierno. No tiene el mismo calor el desafío, no tengo las mismas fuerzas, no tengo la misma agilidad mental de otro tiempo. Lo que sí conservo, me parece, es la voluntad, el optimismo de creer que a cualquier altura de la vida se pueden hacer cosas mejor que las que hicimos. Ese es el gran compromiso y el gran desafío.

    EC - Además de conducir su propio programa, usted ha sido durante mucho tiempo relator de raids hípicos en las radios de la zona. ¿Cuántos años?

    WA - No sé, yo trasmití ciclismo primero. Tuve la suerte de que en la segunda edición de Rutas de América me contrataran de Radio Oriental y de Radio Cristal para relatar ciclismo. Y a los dos años o tres, por una circunstancia gratuita ahí, empecé a trasmitir hipismo, y no sé, no tengo la fecha en que dejé, pero debe hacer 15 años ya que no relato ciclismo.

    EC - Por otro lado, de su época en Treinta y Tres se recuerda especialmente de los años 60 y 70 su vínculos con nombres muy fuertes de la cultura y la música popular de esta zona: Los Olimareños, el maestro Rubén Lena, Osiris Rodríguez Castillo, Alfredo Zitarrosa, entre otros. Ha sido también durante añares presentador del Festival del Olimar. ¿Cuánto tiempo?

    WA - Desde que se fundó el festival hasta el segundo año de la administración frenteamplista que tuvo la Intendencia el período pasado, que me resignaron.

    EC - ¿Y va a volver?

    WA - Ya volví. Cambió la administración y creyeron que era útil que llevara mis modestos servicios a un festival que yo quiero mucho, porque me encuentro a la vez con muchas caras, es una oleada de gente que quiero y siento y extraño.

    EC - Desde siempre blanco y wilsonista. En la dictadura participó activamente en la resistencia, por ejemplo cuando con varios de sus compañeros nacionalistas, entre ellos Juan Martín Posadas, fundó Radio Olimar. ¿Qué fue aquel proyecto?

    WA - Fue una quijotada. No era una empresa, era un lugar de resistencia. Ignacio Ferré, Juan Martín Posadas, el doctor Dardo Sánchez, el doctor Omar Vicentino, Fito Rodríguez y una cantidad de gente wilsonista puso la plata necesaria para comprar la onda y echar a andar esa radio que estaba parada.

    EC - Sabían que iban a estar colgados de un hilito.

    WA - Y muy fino, ¿no? La abrimos el 10 de setiembre, día de la muerte de Aparicio Saravia, con la proclama de la revolución saravista.

    EC - ¿En qué año?

    WA - Ay… fechas y números a esta altura…

    EC - Antes de salir al aire el Serrano me decía: “Ojo con las fechas”.

    WA - Sí, y con las cifras. No sé, me vine en el 82 para acá, unos tres o cuatro años antes.

    EC - ¿Y cuánto duró Radio Olimar?

    WA - Duró seis meses después que yo me vine. Se cerró y después se reabrió cuando las instituciones florecieron, tomaron su cauce normal, se reabrió con otro nombre, en vez de Olimar se llamó Patria. Es la misma frecuencia, 1540, es todo lo mismo.

    EC - Con todos esos antecedentes a cuestas, ¿quién es usted entonces? ¿Un periodista, un locutor, un gestor cultural, un agitador intelectual? ¿Qué nombre le ponemos?

    WA - No, yo soy un comunicador.

    EC - Yo sé que es mejor no encasillar, pero ¿si hay que elegir algo?

    WA - Yo soy un comunicador nomás, comunicador del interior. No, nada más, políticamente me até al destino del Partido Nacional, porque además me repulsa que los periodistas deportivos digan: “No, yo no puedo decir a quién pertenezco, así soy neutral”, todo el periodismo del país es igual. Yo creo que eso es no decir lo que uno es, nada más, no ser neutral; me parece que más neutral es señalarle al oyente: “Yo soy blanco, del Partido Nacional”, y que tenga un ingrediente más para pensar por qué opino frente a determinadas cosas de esa manera. Pero no es un comité político.

    EC - No sé qué cantidad de veces ha rechazado ofrecimientos para ser candidato por el Partido Nacional a distintos cargos.

    WA - Yo soy comunicador.

    EC - ¿Por qué no dio ese otro paso en la política?

    WA - Porque es un mundo muy difícil. Primero, porque amo mucho más mi profesión que toda la suerte que pueda correr dentro de los partidos políticos. Segundo, porque alguna vez que alguien me ofreció la Intendencia de Treinta y Tres –era su segunda administración, no podía por tercera vez, y yo sabía por él, no por mí, por los votos de él, que era jugar y cobrar– y le contesté en el despacho de la Intendencia de Treinta y Tres: “Primero me voy a pelear con vos, después me voy a pelear con el partido, y después no sé si no termino peleándome con toda la sociedad que no llega a equilibrar la diferencia que existe entre un comité y la responsabilidad de la defensa de un cargo, porque el día que ingresamos deberíamos colgar la divisa junto con el sobretodo si hace  frío y somos intendentes de todos o presidentes de todos”. Yo siento muy claro que mi lugar no es la política, advierto que mi lugar no es la política. Y además, repito, esta es la profesión que más quiero, la que amo sinceramente es esta.

    ***

    EC - Tengo tantos mensajes de los oyentes para usted, Serrano… No sé cómo hago. Pero elijo este, de Juan Pablo de Cerro Chato: “¿Te acordás, Serrano, de cuando los moros fueron en el día a Montevideo? Yo escuché tu llegada y lloré”.

    WA - Fue en el aniversario de Artigas. Estaba el doctor Jorge Batlle en la Presidencia de la República, el ministro de Turismo de ese entonces era Pedro Bordaberry, y una cabaña de Cerro Largo decidió unir a pata de caballo, en el día, los 400 kilómetros que nos separan de Montevideo.

    EC - Haciendo postas.

    WA - Claro, cambiando los caballos, naturalmente. Me pareció que era una cosa digna de trasmitir y allá saltamos arriba de un móvil e hicimos esos 400 kilómetros junto con los caballos. Allá se nos unieron otros colegas, se amplificó a través de varios medios de la capital la trasmisión. Me parecía desafiante eso de entrar a Montevideo a pata de caballo, que nos miraran un poco diferente de lo que nos ven siempre, hacerles ruido en el hormigón. Y me parecía también que era una jornada que no íbamos a vivir nunca más, 400 kilómetros en una sola jornada a pata de caballo, como se hacía antes, con los chasques que se cambiaban de caballo y de jinete, unos 10, 12 jinetes, unos 10, 12 caballos. La cabaña que hizo eso fue La Invernada de acá, que es toda una tradición de la sangre criolla. Yo estaba muy emocionado también, yo lloré también, no solo él lloró.

    EC - Y si el relator llora, ¿cómo no van a llorar los oyentes?

    WA - No siempre uno logra eso, ¿no? Ojalá fuera así, que cuando uno ríe, rieran los oyentes.

    EC - Otro mensaje. Dice Teté de Cerro Largo: “Qué alegría que estén en mi Melo natal. Vivo en la novena, y ustedes son mis dos radios preferidas, El Espectador y La Voz de Melo”.

    Hablemos de esta radio, que está llegando a sus 70 años. Lo festeja formalmente el miércoles, ¿no?

    WA - El miércoles 27 de junio, día de celebración de la ciudad de Melo, del hospital de Melo, de la brigada de Melo, de la FM de Melo, del canal de Melo, del Liceo 1 de Melo. Prácticamente Melo gestó ahí toda su celebración, ese día que a todos los que queremos la libertad sacude un poquito.

    EC - Qué suerte que tienen tanto para celebrar en Melo el 27 de junio, porque por otro lado esa fecha tiene connotaciones negras. Pero ustedes acá están cargados de acontecimientos.

    WA - Efectivamente, cargados de acontecimientos.

    EC - ¿Cuál es la importancia, cómo explica la importancia de La Voz de Melo?

    WA - La Voz de Melo tiene una historia previa que es enriquecedora. Un tipo, un adolescente que soñó esto y que el 27 de junio de 1942 la echó a andar, que fue el Zorro Lucas, que fue luego dueño de muchos medios de comunicación acá, y de canales y FM. Por ese Melo de tranquilidad, de horas perezosas, ya andaba gente soñando cosas que podrían ser un quiebre de esa institucionalidad del aburguesamiento, del acostumbramiento. Fue un iluminado, la echó a andar hasta 1973. Ahí estuvo Kelvin Souza, dueño de la radio, y se encontró con ella de buenas a primera, como una inversión. Era un productor rural Kelvin, tenía el alma y la palabra del paisano, que valen más que cualquier documento escrito por estos leguleyos de última hora, esa letrita chica que a veces dice cosas que no son. Era un gran hombre Kelvin.

    Yo cuento siempre una anécdota. Yo vine y él era el dueño de la radio, y ustedes recordarán, si hacían radio, que había un documento que había logrado cristalizar la dictadura que hacía responsable al directorio dueño de la radio con todos sus bienes. Cuando yo vine lo empezaron a llamar, Kelvin casi hace un caminito ahí cruzando la plaza para ir a la Jefatura, y yo me sentía incómodo, porque yo sé cuándo juego con lo mío y hasta dónde juego con lo que es mío, pero jugar con lo del otro es una cosa muy fácil. Y un día le dije: “Kelvin, yo me siento mal”, “¿Por qué, Walter?”, “Me siento mal porque yo estoy comprometiendo lo suyo, a mí mi libertad me importa un bledo si la diferencia es que yo esté allí adentro o acá afuera, no soy libre ni acá ni allí, pero estoy comprometiéndolo a usted con todo su capital”. Y me dijo: “¿Usted dice eso, Walter, porque lo siente?”, “Sí, lo siento”. Yo venía de un medio de comunicación, donde inicié mi tarea, que era muy prestigioso, pero la vieja formación de aquellos broadcasters que dominaron durante mucho tiempo la escena de la radiotelefonía del país no era así, nada así, absolutamente nada así.

    EC - ¿Cómo se relaciona La Voz de Melo con la sociedad de Cerro Largo?

    WA - Bien. La sociedad de Cerro Largo, vista con un criterio de un gringo afincado acá hace 30 años, es una sociedad muy difícil de deletrear, a mí aún no se me compaginan con claridad algunas actitudes de Melo. Son muy particulares, muy originales. Los sociólogos sabrán explicar eso.

    EC - ¿Recuerda que lo discutimos hace cuatro años cuando estuvimos acá en una mesa en la que tratamos de explorar la identidad de los arachanes?

    WA - Sí. Es que todo pueblo tiene sus colores propios, sus características. Yo estoy a 112 kilómetros de capital a capital de Treinta y Tres en auto –como está un fragmento de la ruta ahora no, un poquito más, una hora 15, una hora y media, pongámosle–. Es nada. Pero sin embargo cuando vine me encontré de lleno con ella, yo nunca había salido, me costó mucho sintonizar algunas cosas de Melo, y en algunas quizás todavía estoy en deuda. Es una sociedad muy particular, no obstante La Voz de Melo ha sido siempre la voz de todos. En las otras administraciones no estuve, pero desde que compraron esta radio Luis Bengoechea y Marcelo Costa no hay censura absolutamente para nadie, acá caben todas las voces sin excepción, teniendo naturalmente el respeto que les debemos a los demás, para no insultar ni calificar de forma grosera, pero expresando lo que siente absolutamente todo el mundo.

    EC - ¿Cómo es eso de que es una radio sin publicidad oficial?

    WA - Y sí, yo tampoco me peleo mucho por eso, porque da la sensación de que andamos pidiendo publicidad, y un periodista sabe que vende publicidad, no pide publicidad; alquila espacios, no alquila el alma. La radio en eso ha sido desconocida, a pesar de que no hay una sola encuestadora del país que no diga que es el primera entre los medios de comunicación, incluso nos afectaron las FM pero este es uno de los pocos lugares del país donde no sobrepasaron a la AM. Habría que golpear y preguntarles a Antel, a UTE y a OSE. Yo me siento muy orgulloso.

    EC - Lo cierto es que esta empresa no depende de la publicidad oficial, no la busca.

    WA - No depende, no, no la busca, no la pide. Yo me siento muy orgulloso de que en mi audición, por ejemplo, no haya publicidad oficial. Una vez había un ministro de Ganadería, Agricultura y Pesca que era de acá, y había una audición deportiva, y el aviso del ministerio de vacunación contra la fiebre aftosa… Hay cosas que yo paso gratuitamente todos los días porque es la única forma de establecer a los vecinos: “Hoy vacuna, según el Servicio Veterinario Regional de Cerro Largo” en la sexta, la cuarta, la quinta. Porque yo mido la necesidad de los vecinos, me parece que esa es la primera obligación.

    EC - Más temprano decía un oyente: “Esta es la radio de los telegramas”. Es una de las radios de nuestro país que se han caracterizado por los telegramas. Es más, hay espacios de la programación que se mantienen con el nombre de esa época, ¿no?

    WA - Sí, señor, “Atención, Cerro Largo”, que es una institución, una guía, un faro luminoso de la programación de La Voz de Melo. La ato al recuerdo de […], que fue el mejor de todos nosotros los comunicadores. Ese era el elemento principal, ahora con los celulares, los VHF, eso se fue diluyendo.

    EC - Hubo una época en que la gente dependía de la radio local para pasarse mensajes, avisar “Voy”, “Vengo”.

    WA - Me dicen de mañana: “Serrano, avisale a Emiliano Cotelo que prenda el celular”.

    EC - Ahí está, ¿cuál es la utilidad hoy para la comunicación, ahora que el celular se ha extendido tanto y en especial en el campo? ¿Cómo incide, cómo actúa un espacio como “Atención, Cerro Largo”?

    WA - Elemental: es la comunicación con el otro. Yo un día fui a trasmitir un raid, me abrigué lo más que pude… Siempre lo cuento como una anécdota de comunicador, me golpeó el alma. Terminamos la trasmisión del raíd y había un paisano con un sombrero aludo con un paquetito que cuando terminó me dice: “Abella, Serrano, mucho gusto. Yo soy de la colonia […] –una colonia contra el río Negro, una soledad brutal–, y le traje esta manta de carpincho”. Yo siempre que arranco la audición de la primera hora, que es para la gente de campo –no la gente con campo, el campo está lleno hoy de universitarios, empresarios exitosos, multinacionales–, la que vive en el campo, están con las payadas, las carreras de caballos que se corren en la zona, las fiestas de escuelas rurales, todas esas cosas. Y siempre paso temas musicales: “Para Alejandro Acle que está en la Punta de los Ceibos va este tema”. Me traje apuntado el nombre de él y lo pasaba, lo hacía como una cosa de rutina, de todos los días, la cosa esa que hacemos todos. Y al año fui, estaba el mismo tipo, con otra mantita de carpincho, y me dijo una cosa que me sacudió el alma, sobre todo por no haber sintonizado claramente lo que me tendría que haber unido como comunicador al destino de él. Dice: “Páseme unos discos, no se vaya a olvidar, porque yo a veces me levanto y estoy solo, vivo solo ahí en la costa del río Negro, y me nombra y siento que formo parte del mundo, estoy ahí”.

    Eso es lo que tiene, ese es el milagro de La Voz de Melo, no olvidar, porque los desafíos son mucho más grandes hoy, lo tecnológico avanza en una medida tal que muchas veces en forma ingrata se tira sobre lo mejor de la conciencia y del espíritu que deberíamos tener y nos roba instancias fundamentales de reflexión como comunicadores, no las tenemos. La vorágine, […], los tres empleos. A todos, y a nosotros también, pero nosotros tenemos la responsabilidad de detenernos un día frente a esas cosas. Y yo creo que La Voz de Melo se detuvo frente a esas cosas, y creo que es una radio seria, una radio que está bien montada, una radio que está muy bien dirigida desde el punto de vista radial, porque asume los compromisos de la ética periodística, las obligaciones. Nosotros […], somos un medio de comunicación que tenemos una frecuencia que podría ser suya, de aquel, del otro, estamos explotando un privilegio de la vida nacional. Y ese privilegio establece que no midamos esto como un boliche meramente. Tiene otras responsabilidades, y hacia ellas afianza lo mejor de las fuerzas La Voz de Melo, con la complicidad, hasta cierto punto, de quienes invirtieron en ella como una empresa, pero que han admitido que los valores que tenemos son esos.

    EC - Gracias por acompañarnos en estos minutos en la mesa de En Perspectiva.

    WA - Por favor, para mí es un alto honor.

    EC - Gracias por invitarnos a hacer el programa desde aquí hoy. Gracias por permitirnos salir no solo por El Espectador, sino por La Voz de Melo. Gracias por cedernos una hora de su programa, porque hoy usted terminó más temprano que lo habitual.

    WA - Para mí fue un orgullo, y fue una decisión de la radio, no mía solo, estas cosas felizmente las discutimos y las conversamos entre todos.

    ***

    Transcripción: María Lila Ltaif