El castillo Pittamiglio: la materialización de una “gran locura admirable”

El castillo Pittamiglio: la materialización de una “gran locura admirable”

    Alquimia, misterio, incluso locura, son algunos de los conceptos que rondan la leyenda de Humberto Pittamiglio, un arquitecto, empresario y político uruguayo nacido en 1887. En esta oportunidad, La Tertulia de los Viernes se trasladó hasta el castillo que lleva su nombre, una de las obras más representativas de este singular personaje. La mesa estuvo integrada por Carlos Maggi, Mauricio Rosencof, Alberto Volonté, Juan Grompone y la directora del Espacio Cultural Museo Castillo Pittamiglio, Patricia Olave, como invitada.


    (emitido a las 9.07 Hs.)

    EMILIANO COTELO:
    En 1910, un joven de 23 años le compró a Francisco Piria un terreno frente al Río de la Plata en una zona de ranchos llamada La Estacada. Allí, unos meses después, comenzó a construir su residencia, una obra que fue creciendo caprichosa y alambicada hasta el día mismo de su muerte.

    Esta zona de la rambla y 21 de Setiembre cambió mucho con el tiempo y fue poblándose de edificios de apartamentos. Sin embargo, entre ellos se mantiene firme la fachada ecléctica de aquella casa, con la Victoria de Samotracia, imponente, que enfrenta, desafiante, al mar, rodeada de torres de ladrillo de diferentes alturas.

    En este año 2010 se cumplen 100 años del nacimiento de este ícono de Montevideo. Por eso hoy les proponemos charlar sobre quien fue su propietario e ideólogo: el arquitecto Humberto Pittamiglio.

    La vida y la figura de Pittamiglio han estado siempre rodeadas de un halo de misterio. Muchos destacan que era alquimista, otros dicen que era simplemente un excéntrico, y lo recuerdan paseándose de noche vestido con una capa roja por las inmediaciones de Trouville.

    Pero más allá de esa controversia, Pittamiglio fue un emprendedor importante cuyo sello está presente en varios edificios de la capital, muchos de los cuales ustedes deben de haber visto, aunque sin asociarlos con su nombre.

    Sobre su personalidad y su obra vamos a dialogar en los próximos minutos con Patricia Olave, directora del Espacio Cultural Museo Castillo Pittamiglio.

    También están presentes los integrantes de la tertulia de los viernes, Juan Grompone, Carlos Maggi, Mauricio Rosencof y Alberto Volonté, que ya están instalados.

    CARLOS MAGGI:
    Me gusta venir acá, he venido muchas veces en los últimos años. Es un lugar excéntrico pero a mi entender precioso, yo lo asocio a la libertad; en el Renacimiento cada uno se vestía como quería, en el 900 había tanta libertad y tanta fuerza que alguien podía inventarse una casa para vivir que no fuera parecida a ninguna casa para vivir que hubiera en el mundo. El Tola Invernizzi decía que la locura es una verdad individual; en ese aspecto, este castillo es la materialización de una gran locura admirable, preciosa, es decir, una verdad individual. Esta era la casa para una persona, única casa para esa persona, y él se expresaba de esa manera, era libre.

    MAURICIO ROSENCOF:
    Me agarrás preocupado, porque Rosario una vez hace dos años vino a visitar el castillo Pittamiglio, lo recorrió y volvió a los tres meses. Ella dice que se había perdido, pero se recuperó finalmente y sé que hoy anda en la vuelta, esperemos volver a tenerla acá.

    Este edificio me recuerda otros dos en los que también hay una cuota de locura formidable, como el palacio de Gaudí en Cataluña y el de Dalí, que tiene más locura todavía. Acá es la locura desacatada, la valorización de esto lo dejo en manos de los arquitectos y de los que entienden, pero hay una cosa fantástica, que en Montevideo pasen estas cosas y que aquí los viernes de luna llena se den cursos de alquimia para iniciados solamente, no abiertos al público, es absolutamente formidable. Además “alquimia” es una palabra que viene del árabe, que quiere decir ‘el arte’, entonces cuando en su testamento Pittamiglio dice que vuelve es porque hizo todo un tratamiento en esos cursos que hoy continúan clandestinamente, son los subterráneos de la permanencia, dice que va a volver. Tal es así que de sus bienes, que fueron muchos, 400 propiedades, dejó algunos a su nombre, que son los que va a ocupar luego de la reencarnación. Mirá si se da en este momento…

    CM - ...Dijiste al pasar una cosa que me recordó un hecho concreto muy gracioso. La etimología de “alquimia” viene de “alkaert”, como el Alka-Seltzer, que viene exactamente de la misma raíz y quiere decir lo mismo.

    EC - Alka-Seltzer, una marca que para los más jóvenes dice poco.

    CM - Sí, desapareció, pero era un espíritu vital que se podía tragar en una pastilla. De ahí viene la misma raíz “alkaert” para “alquimia”.

    MR - Alka-Seltzer combatió junto con Lawrence de Arabia, era un sheik famoso que dio nombre a un cigarrillo también. (Risas)

    EC - Alberto, ¿de qué te reías?

    ALBERTO VOLONTÉ:
    Me río de felicidad, escucho a Mauricio y me divierto mucho. Es uno de los momentos lindos de mi vida venir acá los viernes y demás. Pero yo nací acá en Benito Blanco y Juan María Pérez, una de esas casas de Bello-Reboratti, no en la casa de abajo, donde vivían los Velatti, sino escaleras para arriba; de ahí mamá salió volando; en realidad nací en 8 de Octubre. Y esto a los ocho años, por lo tanto hace unos cuantos para atrás, estaba lleno de canchas de fútbol, era La Estacada; para mamá y para papá venir a esta zona –y estamos hablando de ocho cuadras– era una aventura, “voy a ir a La Estacada”, “está peligroso, vas de la piscina de Trouville más allá”, “unas cuadras, mamá, “nada”. Era toda una aventura venir, y no estoy hablando de hace mucho. Y nos llamaba la atención.

    Por eso me parece fantástico, mientras tú nos hacías las recorridas, nos mostrabas cosas, había venido acá hace un tiempo, pero era como ir descubriendo por dentro lo que yo veía por fuera y fantaseaba. Además me llamaba la atención ese doble frente, era como una cosa misteriosa.

    EC - Porque de hecho la entrada es por Francisco Vidal.

    AV - Claro, entonces esto despertaba muchos recuerdos. Estoy encantado.

    EC - Juan Grompone, ¿te seducen la figura de Pittamiglio y la del castillo?

    JUAN GROMPONE:
    Yo tengo una posición muy especial sobre Pittamiglio. Creo que era un excéntrico, y además quiero decir desde ya: creo que todo esto de la alquimia es un disparate, un gran disparate.

    EC - Eso es lo bueno de Juan, que cuando viene patea el tablero.

    ***

    EC - Patricia, vamos a la pregunta básica, ¿quién era Humberto Pittamiglio?

    PATRICIA OLAVE:
    Humberto Pittamiglio nació aquí en Uruguay en el año 1887, hace 123 años. Fue hijo de un matrimonio de inmigrantes italianos que vinieron a buscar nuevas aventuras y nuevas posibilidades en nuestro país. Su padre era un zapatero remendón, Juan Pittamiglio, una familia muy, muy humilde, y su madre se llamaba Julia Bonifacino, y era ama de casa y madre de seis hijos.

    Desde muy pequeñito Humberto demostró gran sensibilidad, era un chico muy audaz, le gustaban mucho las matemáticas, la estética, el dibujo, y también era bastante retraído. Luego de terminar la educación secundaria, se inscribió en lo que en aquel momento era la Facultad de Matemática y Ciencias Anexas, y se recibió en muy corto plazo de ingeniero y arquitecto. Se lo conoce como arquitecto, pero también era ingeniero, ya que en aquel momento ambas carreras se aglomeraban en una sola. Estamos hablando de 1910, período modernista; yo soy gran admiradora de Julio Herrera y Reissig, uno de mis poetas preferidos, y no sé por qué la estructura del castillo Pittamiglio me trae hacia la poesía de Julio Herrera, que algunos decían que era la escultura de la palabra. Un poco esto es la escultura de la arquitectura.

    EC - Pittamiglio murió en setiembre de 1966, soltero y sin hijos, con un testamento que da para charlar un rato. Pero volvamos a su vida, ya que situamos el comienzo y el final, detengámonos ahora en cómo transcurrió a partir de esa profesión de arquitecto e ingeniero, y sobre todo lo que no era su profesión, todo lo que de Pittamiglio se habla a propósito de sus costumbres, de sus gustos, de sus aficiones. ¿Cuánto hay de verdad y cuánto de leyenda en los cuentos sobre su vida?

    PO - Por un lado tenemos su pasar por la esfera pública y privada en nuestro país. Humberto a una edad muy temprana, entre los 28 y los 33 años, llegó a ser edil de Montevideo durante el Gobierno de Feliciano Viera, y también ministro interino de Obras Públicas durante el Gobierno de Baltasar Brum. Se relacionó con personalidades internacionales, entre ellas Pío XII, previo a ser papa, y luego hay una muy linda leyenda con respecto a su relación con Pío XII y el Santo Grial y otras leyendas que corren con respecto al castillo Pittamiglio. En su vida más particular o en su profesión independiente construyó varios edificios en nuestra capital, que quizás muchos de nosotros que conocemos o deambulamos por Pocitos y Punta Carretas hemos visitado, por ejemplo la heladería Cantegril. La heladería Cantegril mantiene esa impronta arquitectónica que Humberto llevó a cabo en el castillo Pittamiglio. También en el castillo Pittamiglio de Las Flores, en Maldonado, que vamos a visitar próximamente, nos hemos contactado con la Intendencia y el lugar se va a abrir nuevamente al público. Y hay otros edificios.
        
    EC - Hay uno de lo más raro… todo lo de Pittamiglio es raro…

    MR - En la calle Guayabo.

    PO - Ahí está, en Guayabo y Emilio Frugoni, el San Felipe y Santiago de Montevideo.

    MR - Es formidable, rompe toda la estructura barrial.

    PO - Frente a la iglesia de Cristo Científico.

    MR - Aparece como una cosa insólita ahí, y hermosa además.

    EC - ¿Cómo se llama?

    PO - San Felipe y Santiago de Montevideo, en la esquina de Guayabo y Emilio Frugoni.

    EC - Es un edificio de apartamentos.

    PO - Es un edificio de apartamentos, pero tiene formas geométricas bastante particulares en su fachada. Se pueden encontrar varias improntas de Humberto en todo Montevideo, también en Colón.

    EC - Otra de sus obras está en bulevar Artigas entre 21 de Setiembre y bulevar España, es una torre muy angostita.

    PO - Y hay una muy similar en villa Colón, que no terminó de construir.

    EC - Por otro lado están las construcciones de las que él es responsable, pero ya en su faz de empresario de la construcción, asociado…

    PO - …con Adolfo John, un gran empresario.

    EC - Allí ya no es el estilo Pittamiglio.

    PO - No, ahí ya es un estilo arquitectónico de la época, pero sin ningún rasgo de su personalidad. Podemos hablar de la Facultad de Agronomía, del Hospital de Clínicas, del Palacio Municipal, entre otros.

    EC - Aterricemos en lo más subyugante de la personalidad de Pittamiglio: ¿era un alquimista?

    PO - Dicen –porque corren muchas historias y leyendas– que Humberto se inició en la alquimia de la mano de Francisco Piria, nacido a mediados del siglo XIX, pujante empresario y visionario, fundador de Piriápolis, balneario que lleva su nombre, que originalmente se llamaba Heliópolis, Ciudad del Sol, que representa el oro alquímico, y también fundador de más de 70 barrios de Montevideo. Uno asocia a Piria con Piriápolis, pero tuvo mucho que ver no solamente con uno de nuestros balnearios.

    Comenzó esa iniciación en la alquimia, y, como decían Mauricio y Carlos, la alquimia, más allá de los significados que comentaron, se pronuncia “altjemiá”, es una palabra de origen árabe, que significa todo lo que viene del país Tjem. Tjem era el nombre que recibía el antiguo Egipto, patria de Hermes Trimegisto, padre de todas las ciencias herméticas, esotéricas, ocultas. Allí la alquimia, todos aquellos conocimientos que venían de Egipto, del país de Tjem, eran conocidos como “altjemiá”. Y no solamente tenía que ver con la trasmutación, sino también con otras disciplinas, como las matemáticas, la astrología, la música.

    EC - Juan, tú que de esas cosas has averiguado bastante…

    MR - ...Juan, te quiero aclarar lo siguiente sobre el edificio de Pittamiglio en 21 y Williman, donde hay una heladería: él hizo el edificio, y la alquimia se produce con los productos que se venden ahí, es una empresa que él mismo instaló.

    EC - Si la leyenda de Pittamiglio era ambiciosa, con los condimentos que le agrega Mauricio Rosencof…

    MR - Lo dijo Rosario hoy de mañana; cuando venga acá se va a saber.

    EC - Juan, antes de ir a tu tesis, ¿podemos recordar qué es la alquimia?

    JG - Un pequeño panorama. Yo he escrito bastante sobre la alquimia. La palabra “alquimia” viene de los árabes, pero la alquimia no es patrimonio de los árabes, la alquimia existía en la India, existía en China, la única diferencia es que en el mundo árabe la alquimia estaba prohibida, era un atentado contra la religión. Con una religión fundamentalista, donde el destino está determinado por Alá, la pretensión de los alquimistas era hereje. Por eso la alquimia, a partir de los árabes, pasó a ser una cosa secreta, y cuando la alquimia llega a Occidente –porque en Grecia no había alquimia, en Roma no había alquimia–, vía los árabes, siguió siendo una tradición secreta, pero simplemente porque venía así de los árabes. La alquimia en sí es simplemente la química primitiva.

    EC - Identificamos la alquimia con la pretensión de encontrar una sustancia que permita transformar los metales en oro y en plata.

    PO - No solamente.

    JG - Esa es la versión occidental.

    EC - Y por otro lado, es encontrar medios para prolongar la vida, prolongarla de manera indefinida.

    MR - Decime una cosa, la transformación de la uva ¿no es un acto de alquimia?

    JG - El alcohol es uno de los grandes éxitos de la alquimia árabe, y está perfectamente prohibido. A tal punto estaba prohibida la alquimia entre los árabes que uno de sus principales productos, el alcohol, es absolutamente prohibido en el mundo árabe. Es decir que en general los productos de los alquimistas musulmanes y occidentales tenían ese carácter secreto, y es en Occidente, en el mundo de los banqueros italianos y todo eso, que se concentran en fabricar oro. Pero no era esa la finalidad, era simplemente el nombre, la palabra química viene de ahí, “al” ¿qué?, “alquimia”, al sacarle el “al”, que es el artículo, queda la “quimia”, que es la química. Nosotros hoy le llamamos “química”.
     
     Carlos Maggi, Mauricio Rosencof y Alberto Volonté.

    Yo diría que la muerte de la alquimia ocurrió más o menos en 1800. La mataron tres personas de un saque: Lavoisier con sus leyes ponderales, Dalton con la teoría atómica y Adam Smith cuando demostró que la riqueza de las naciones no era el oro. Esos tres hombres mataron la alquimia, de modo que todo lo que pasó de 1800 para acá es verso, es pose, es otra cosa, es una puesta en escena de gente que quiere ocultar otra cosa, nada más.

    EC - Y en el caso de Pittamiglio, ¿qué era lo que quería ocultar?

    JG - Yo creo que quería ocultar su vida privada, simplemente.

    EC - ¿Estás hablando de la homosexualidad?

    JG - Sí, claro.

    EC - ¿Cómo es tu interpretación? Que se disfrazaba de alquimista, que posaba de alquimista... ¿para qué?

    JG - Yo no sé si hay algún documento de Pittamiglio que mencione la alquimia, creo que fue una leyenda posterior. Y por supuesto, la de Piria es un disparate mayúsculo, yo me siento ofendido cuando dicen que Piria era un alquimista, porque ¿cuál es el razonamiento que hay detrás? Piria era un hombre inmensamente rico, en 1910 era un hombre inmensamente rico, era el dueño de la cantera más grande de América del Sur, que es la cantera del cerro Pan de Azúcar, tenía en el pueblo obrero más de 600 trabajadores para su fábrica, además de todos sus negocios inmobiliarios. Entonces la idea uruguaya, que me parece horrible, es que una persona que tiene esa fortuna solo puede haber sido alquimista y haber fabricado oro en el sótano. No es así, era un gran empresario capitalista de los que había en 1900, y ojalá hubiera habido muchos más empresarios capitalistas como Piria. De modo que rechazo totalmente la idea de Piria alquimista, y afirmo que los alquimistas a partir de 1800 son simplemente personas que aprovechan esa aura misteriosa que tiene la alquimia, que viene del secreto de los árabes, para ocultar algo, nada más.

    EC - Aclaremos que Juan, además de haber estudiado mucho sobre la alquimia, investigó a fondo la personalidad y la obra de Piria para su novela “Asesinato en el hotel de baños”.

    JG - La finalidad de esa novela era mostrar que Piria era un gran empresario.

    PO - Pero una cosa no va reñida con la otra, uno puede ser alquimista y también empresario. Porque estamos descuidando otra faceta de la alquimia, usted está hablando de la alquimia operativa o materialista, que se centra en la trasmutación de la materia, y lo que más se conoce, porque es lo más atractivo, al menos a simple vista, la trasmutación del plomo en oro. Pero particularmente hay otra línea de la alquimia, que también se conoce como la filosofía hermética, que busca otros fines que no tienen nada que ver con el materialismo ni la riqueza, y no están reñidos con ser empresario. Tiene que ver, por ejemplo, con la búsqueda de la panacea universal, que es ese medicamento tan buscado que curaría todas las enfermedades, la famosa piedra filosofal, la transformación o trasmutación del hombre en sí mismo, ser mejores personas, más solidarios, más buenos, más preocupados por el mundo espiritual y por alcanzar otro oro que es intangible, que es el oro del alma humana.

    Hoy en día creo que la alquimia viene por ese lado, y no por esa leyenda que muchas veces se utilizaba para tapar –es verdad– esa trasmutación que iba más allá. Por eso dicen –seguramente usted lo sabe y quizás lo pueda corroborar– que la tumba de Piria no puede ser abierta, porque manejan ese concepto de la vida eterna o del regreso, vaya uno a saber si es real o no. Hay otras leyendas respecto del conde de Saint-Germain, o Fulcanelli o Nicolás Flamel, que han sido vistos en diferentes períodos de la historia. Eso no lo digo yo, lo dicen los textos.

    JG - A Fulcanelli lo conozco, tengo sus obras, son muy divertidas. Es un alquimista del siglo XX, destapó toda esta onda alquimista en el siglo XX. El libro es un gran mamarracho.

    MR - Los cuentos del tío se originan con la alquimia, vender máquinas que trasmutan el plomo en oro o el hierro de las cerraduras.

    CM - ¿Usted defiende la alquimia?

    PO - No la defiendo, doy lugar al respeto a las dos opciones.

    CM - Yo te voy a ofrecer una confirmación aplastante que va a dejar a mi amigo Grompone chatito como un vintén.

    EC - Les cuento a los oyentes que mientras Patricia le respondía a Juan Grompone, los ojos de Carlos brillaban, estaba de lo más divertido.

    PO - Aparte miren la desigualdad: una mujer y cinco hombres, hoy en día en el siglo XXI.

    CM - Que Lavoisier y los grandes sabios que fijaron la estructura de la materia, la química, terminaron con la alquimia no es cierto. La tabla de Mendeleiev prueba que los alquimistas tenían razón, cualquier reactor atómico actual trasmuta los metales, y así aparece el polonio como una forma de trasmutación de los metales empleados en cualquier reactor atómico. ¿No es así?

    JG - La palabra “trasmutar” es una palabra equívoca. La tabla de Mendeleiev es una maravilla de la ciencia, sobre todo de la ciencia no oficial. Una de las grandes predicciones científicas fue la de Mendeleiev cuando dijo “acá falta un elemento”, y descubrió nada menos que el germanio, que después fue uno de los pioneros de la revolución electrónica. Pero la trasmutación es una manera de hablar, lo que hay es un acelerador de partículas que bombardea átomos con partículas elementales de modo de cambiar el número de electrones.

    CM - Un cuerpo pasa a ser otro.

    JG - Un cuerpo pasa a ser otro, sí.

    CM - Eso es una trasmutación.

    JG - Pero esa trasmutación consume una cantidad brutal de energía, no se puede hacer en el sótano, en un garaje.

    CM - Lo digo simplemente para defender el valor de la alquimia, buscaba una cosa que la naturaleza tenía, y a lo largo del tiempo se comprobó: hay trasmutación de un cuerpo a otro cuando un combustible atómico pasa a ser el polonio.

    PO - O como pasa en las estrellas, la combustión nuclear.

    CM - Totalmente de acuerdo contigo, querida.

    JG - No, no hay trasmutación, los fenómenos espontáneos son de desintegración, es decir, un cuerpo complejo se divide en más de uno más simples. De esa manera no se va a llegar nunca a fabricar el oro, que es un átomo bastante complejo.

    CM - Eso no lo sé, pero un elemento de la tabla de Mendeleiev pasa a ser otro elemento porque su constitución atómica es diferente.

    JG - Así que Mendeleiev y el CERN (Organización Europea para la Investigación Nuclear) son alquimistas. Yo diría que son físicos nucleares.

    CM - Por eso la morocha esta es tan misteriosa. (Risas)

    EC - Buena pregunta, si la física nuclear no es la versión siglo XXI de la alquimia.

    PO - Es una evolución.

    JG - No, no es porque no hay continuidad, una cosa es ciencia y otra cosa es alquimia. Son dos cosas absolutamente distintas.

    MR - En la probeta de un alquimista buscando oro descubrieron la loza. Mirá qué plato.

    PO - A raíz de lo que dice usted, Rosencof, con respecto a las probetas, otra cosa que buscaban los alquimistas, por ejemplo Paracelso, con un nombre bastante complicado en alemán, Teodoro Bombastus…, era algo que se llamaba el “homúnculo”, era crear artificialmente la vida en el laboratorio. Hoy, traspolado al siglo XXI, podemos hablar de la fertilización in vitro o de las clonaciones. Creo que los alquimistas no estaban tan poco rumbeados, sino que no tenían los elementos tecnológicos que les permitieran lograr sus objetivos.

    Y me voy a atrever a hacer otro comentario. Hablando de Hermes Trimegisto, que escribió El Kybalion, los siete principios herméticos, él decía que los opuestos, frío-calor, luz-oscuridad, eran la misma cosa pero en diferente graduación, y eso lo podemos comprobar metiendo el dedo en tres vasos a diferentes temperaturas, nos va a parecer algo frío o caliente porque es relativo. Y hablando de la relatividad, los alquimistas manejan mucho el tema materia, trasmutación y espíritu, que están representados en símbolos geométricos: el cuadrado representa la estructura de la materia, el círculo el espíritu y el octógono es el proceso de trasmutación. Y allí yo me atrevo a decir –licencia poética de Patricia Olave, no lo leí en ningún lado– que la materia y el espíritu, como decían los alquimistas, como decía Hermes, son la misma cosa pero en diferentes estados de vibración. Para mí eso lo comprueba Einstein en su teoría de la relatividad cuando afirma que la materia acelerada a la velocidad de la luz se transforma en energía. ¿Y acaso el espíritu no es energía?

    EC - Te salió una desafiante de primera, Juan.

    CM - De cualquier manera, es un acto de alquimia formidable cuando Jesús en una boda trasmuta el agua en vino. Eso para mí es una de las cosas más delicadas.

    JG - Eso es un milagro.

    EC - Y es un acto de valentía admirable la actitud de Patricia plantándose frente a Juan Grompone.

    PO - Un acto de inconciencia.

    EC - Valentía, inconciencia…

    JG - No tenemos ningún punto en común, no podemos discutir, porque una cosa es la ciencia y otra cosa es la fantasía, son dos cosas que no tienen punto en común. Él habló de una cantidad de cosas, algunas de las cuales son ciertas, por ejemplo la unidad de los contrarios es una cosa de la filosofía taoísta, de la filosofía hegeliana, de la filosofía de Heráclito y de la dialéctica materialista, de la cual firmo debajo. Yo soy un dialéctico materialista y creo en la unidad de los contrarios, pero eso no tiene nada que ver con la alquimia, es una cosa que se descubrió una y otra vez y está en la naturaleza. No podemos mezclar todo con todo, si no hay método no hay conocimiento.

    CM - Una sola palabra, Juan: ¿por qué descartás las cosas simbólicas del mundo? El mundo está lleno de símbolos y de cosas abstractas.

    JG - No, el hombre ha creado símbolos para las cosas abstractas.

    CM - No se puede pensar, tú que sos un matemático, sin cosas abstractas que no están en ningún lado.

    JG - Son cosas humanas, no de la naturaleza.

    CM - ¿Qué te parece? ¿Qué te parece, que son cosas humanas que no están en la naturaleza? Casi nada.

    ***

    EC - Vamos a escuchar a Rosario.

    ROSARIO CASTELLANOS:
    Estoy casi encima de ustedes, me he instalado relativamente cerca de una puerta de salida, porque esto es un lugar para perderse.

    Patricia, te voy a dar una mano, te voy a apoyar para que no estés sola contra esos fenómenos que tenés enfrente, argumentando no desde la razón o sinrazón de la alquimia, sino desde la razón o sinrazón de esta arquitectura que me rodea. Porque a los que conocen este palacio Pittamiglio desde la rambla, obviamente les habrá sorprendido la Victoria de Samotracia, la alta torre de ladrillo, pero eso es en definitiva un balcón con un adorno estrambótico, diferente, un mirador con determinada forma de torre de viejo castillo feudal, en todo caso son recursos legítimos de un arquitecto que se emparentó en estos casos con el modernismo buscando un elemento decorativo. Pero si vamos del otro lado por Vidal, encontramos una fenomenal puerta y un muro absolutamente ciego, que respaldaría el argumento de Juan de que este hombre quería proteger su intimidad, su vida privada, tiene razón.

    EC - Esa es la entrada formal de la casa, por Francisco Vidal.

    RC - Exactamente, pero cuando uno se instala dentro, cuando uno empieza a recorrer las habitaciones, este dibujo que desde el punto de vista arquitectónico es un maravilloso disparate, empieza a pensar que este hombre al menos creía o buscaba algo que en su labor profesional no estaba contemplado. Porque seguramente ni el edificio San Felipe y Santiago, ni siquiera el que ocupa hoy Cantegril son en el interior otra cosa que plantas medianamente racionales, o funcionales al menos, como deben ser y seguramente él sabía por su formación de arquitecto. Pero esto no responde a ninguna razón, aquí cuando digo que me pierdo es porque no sé en qué medida esto siquiera tiene un plano. Hay que ver lo que es esta forma de recubrir las paredes, no hay una superficie exactamente plana, ni siquiera el recubrimiento en madera es parejo en toda la altura, porque hay distintos colores, hay formas, hay distintas alturas, hay corredores, pasadizos estrechos entre una habitación y otra que bajan y aprietan al que transita por ellos, hay formas extrañas en las habitaciones que no responden exactamente a la ubicación de una cama. Aquí me señalaban cuál podía ser su dormitorio, y la ubicación de la cama no responde a la geometría lógica del ambiente en el que se encuentra. Es decir, el interior nos da que este hombre buscaba algún tipo de sensaciones o explicaciones que no son exactamente las que un arquitecto daría en su condición de tal.

    EC - Uno de los detalles que llaman la atención del edificio es que siendo una vivienda tan importante, tan grande, tan costosa seguramente, carece de ambientes de grandes dimensiones, no tiene un lugar muy formal como para recepción, fiestas, algo por el estilo.

    RC - Son 1.300 metros cuadrados –imagínense lo que eso daría hoy en cualquier vivienda privada–, 54 habitaciones, 23 torreones. Además, curiosamente, el hecho de haber quedado pegado a las fachadas de edificios que nada tienen que ver con esta arquitectura, lo hacen todavía más misterioso. Todos estos elementos que él agrega, que significan además una enorme inversión –mayólica, extraordinarias maderas, bajorrelieves, fuente, piedra, ladrillo–, conforman una serie de resoluciones formales que en definitiva son no solamente el placer de lo diferente o la búsqueda de la modernidad. Porque Gaudí era un escultor arquitecto, pero había razón, razonabilidad en cualquiera de sus interiores. Por eso digo la magia y el misterio que tiene este edificio es descubrir o tratar de entender en qué creía este hombre, más allá de lo que fuera, que creo que era un hombre nada corriente, nada vulgar.

    EC - Tú estás aludiendo a los símbolos de los que está recargado este castillo. Por ejemplo, en esa planta en la que tú andabas creo que si vas por los corredores terminás haciendo un trayecto en ocho, ¿no?

    RC - Estoy tratando de descubrirlo.

    EC - Hay habitaciones circulares, hay habitaciones octogonales.

    PO - Les comento un poquito con respecto al tema del ocho y el octógono. Les comenté rápidamente que el octógono simbolizaba ese proceso de trasmutación, pero hay cosas bastante curiosas con respecto a la personalidad de Humberto. Cuando nació, por ser hijo de italianos, su nombre se escribía sin hache, y nosotros lo conocemos con sus iniciales H. P., que hacen que algunos niños cuando nos visitan digan que están en el castillo de Harry Potter, que tenía también su relación con la piedra filosofal. Pero Humberto agrega la hache, y vamos a encontrar muchas haches relativamente ocultas. Hay que abrir un poquito más los ojos y la conciencia, no están ocultas del todo, pero hay que saber encontrarlas, como en el hotel Argentino de Piriápolis, que tiene forma de hache. Porque la hache es la octava letra del abecedario, y en la numerología el ocho hace referencia a la unión del mundo terrenal y el mundo celestial, en posición horizontal al infinito, buscaban la vida eterna, entonces Humberto agrega la hache como inicial de su nombre para lograr un nombre que comenzara con la octava letra del abecedario. Y Umberto era un nombre de siete letras, pero agregándole la hache se transformaba en un nombre de ocho letras. Creo que todo eso no son casualidades.

    EC - Evidentemente no, casualidades no son.

    CM - Yo estoy siempre volviendo al principio. Qué época tan poderosa el principio del siglo XX, se podía emprender lo que uno quería; configurar un mundo interior mediante la arquitectura es una empresa que nadie se propondría en este momento. Y este hombre hizo una especie de gran poema de ladrillos y hormigones en su propia casa, y fue una forma de expresarse, creadora, poética, loca, a mi entender simbólica y al margen de lo convencional, porque tenía una libertad absoluta para hacer lo que quería. Si hubieran entrado los inspectores municipales a tomar medidas esto habría sido muy parecido a una casa de apartamentos de la calle Colonia, pero no, hacían lo que querían y nadie se metía, y salía esto, que es una especie de soneto arquitectónico en el que uno puede estar dentro.

    EC - Rosario se mandó la bajada triunfal por la escalerita de madera haciendo crujir los escalones. Pero como le erró en el tiempo y no le dimos trascendencia a semejante movida, subió y bajó de vuelta, le volvió a errar en el tiempo, y ahora está en la platea.

    RC - Sacando fotos.

    EC - Elegiste un mal momento, porque si yo destacaba que estabas haciendo tu ingreso triunfal interrumpía a Patricia, y creo que no era lo que tú querías; al revés, estabas defendiéndola.

    CM - Está trabajando de fantasma desde el principio. (Risas)

    AV - Un comentario. Tú decías, Juan, que al hacer esto Humberto, con hache o sin ella, intentaba ocultar su homosexualidad. Yo creo que no era así. Primero porque desde mi punto de vista ser o no ser homosexual no condiciona los gustos y las formas en la vida. Felizmente ahora se han superado muchos tabúes.

    EC - Pero esa era una época muy opresiva para los homosexuales.

    AV - Pero observen, estamos ante un ser de una personalidad única y diferente, en aquella época y lo sería en esta. Hijo de un zapatero remendón, nació en los años en que nació Gardel, y hay que estudiar –los que creemos que Gardel nació en Tacuarembó– lo que era la vida de los Escayola y toda esa cosa alambicada, fenomenal, llena de fantasía. Un hombre que nace en esta tierra, hijo de un zapatero remendón, italiano por las dos puntas, padre y madre, heredero de esas tradiciones fenomenales que solo los italianos tenemos –no digo porque me parezca, porque soy muy orgulloso de mi tradición italiana–. Ese muchacho que a los veintipico de años ya tiene la intuición de venir a comprar terrenos acá, ¿por qué no nos ponemos a pensar ya en ese muchacho? Yo creo que era un hombre, como cualquier ser humano, desesperadamente en búsqueda de creer. Tú, Juan, sos un extraordinario racionalista, pero creo que este personaje para mí fascinante confió en la fe lo que no le daba la razón. Y eso tiene mucho de religión, por lo tanto creo que todo esto que hemos hablado de la alquimia hoy es una búsqueda que va mucho más allá de elementos materiales, tiene mucho de elementos espirituales.

    PO - Exactamente.

    AV - Equivocado o no, a él no le daba la razón, pero sí su mundo de fantasía, el lugar donde nació, el espacio donde se crió, la inmensa fortuna que llegó a hacer. Todo eso lo hizo diferente.

    EC - Patricia, te salió otro abogado defensor.

    PO - Por algo será.

    EC - Vamos a escuchar cómo contraataca Juan.

    JG - En la década de 1960 ocurrieron muchas cosas en este mundo, y una de las más desgraciadas fue la publicación de un libro que se llamó “El retorno de los brujos”, que tuvo un éxito muy grande y que puso de moda a la alquimia, a los orígenes extraterrestres de la civilización humana, puso de moda muchas cosas, y entre otras puso de moda a Fulcanelli. Yo tengo las obras completas de Fulcanelli –las compré porque no me gusta hablar sobre cosas que no conozco–, y tiene un libro muy interesante que se llama “Las moradas filosofales”. Fulcanelli supuestamente es un escritor del siglo XX que se declaraba a sí mismo alquimista y escribía en francés, con ese nombre tan italiano escribía en francés. En “Las moradas filosofales” hace un recorrido por las catedrales góticas mostrando que son un gran mensaje alquimista, dice “ven ese pájaro que está acá, esta paloma y esta otra cosa que hay ahí…”.

    EC - ...Eso es lo que ocurre cuando se recorre el castillo Pittamiglio y el guía va mostrando cada símbolo.

    JG - Exactamente. Eso no fue inventado por Pittamiglio, es una construcción posterior a 1960 gracias a “El retorno de los brujos” y a los comentarios de Fulcanelli. Es una cosa que se inventó en la segunda mitad del siglo XX, el interpretar como que la morada era un mensaje misterioso. Pero sabemos que las catedrales obedecen a la simbología cristiana, entonces donde Fulcanelli ve la paloma como símbolo de Venus o no sé qué, viene un teólogo y dice “la paloma es el símbolo de tal apóstol” o de tal mártir o tal cosa.

    AV - Del Espíritu Santo.

    JG - Bueno, del Espíritu Santo. Es una simbología cristiana que este señor se toma la libertad de convertir en una simbología alquimista. En otras palabras, creo que eso es lo que se hace con este edificio, que es una construcción posterior, incluso posterior a la muerte de su autor, de modo que no podía desmentir, no podía decir “no, lo que quise hacer…”. Mi padre era hijo de padre y madre italianos, mi abuelo era picapedrero, vino con una mano atrás y otra adelante, mi padre llegó a abogado, ocupó una posición importante, logró hacerse una casa filosofal también, todo eso lo logró hacer, de modo que conozco bien ese ambiente. Y creo que lo que este hombre hizo fue hacer una casa que pedacito por pedacito era un pedazo de Italia, para donde se mire, cada foto que uno toma de esta casa es como un paisaje italiano, un pedazo de un edificio italiano. Es un gran mosaico de edificios italianos, quiero toda Italia en mi casa, eso es lo que quiero hacer. Y sobre todo un hijo de un inmigrante pobre que llegó a ser rico.

    CM - Juan, leí con mucho gusto el libro de Fulcanelli y las catedrales, y tiene que ver mucho con los templarios, con los misterios arquitectónicos del momento, que eran secretos, tiene que ver con los masones, que no en vano significa ‘albañiles’, todo eso tiene que ver con esto, la arquitectura estaba rodeada de un misterio, de un conocimiento esotérico. Tiene mucho que ver lo que dice Fulcanelli, son todos símbolos, cada uno puede interpretarlos de una u otra manera, pero detrás de eso había conocimientos tecnológicos que estaban reservados. Los templarios podían hacer los templos que hacían, los otros no podían, y ellos mantenían su secreto. Y esa forma secreta de organizarse terminó aquí y ahora con las sectas secretas masónicas cuando la revolución del año 11. Tú leés lo que se escribía en ese momento, lo que escribía Dámaso Antonio Larrañaga, que era masón, a propósito de la apertura de la Ilustración, y ves que está hecho como este edificio, mostrando una cosa y queriendo decir otra.

    JG - Mi padre era masón también, conozco el tema de cerca.

    CM - Eso tiene que ver todo con todo, por eso este lugar tiene un encanto muy grande.

    ***

    EC - Patricia, armaste un buen revuelo. Creo que los oyentes ahora tienen más razones para venir a hacer la recorrida; curiosidad supongo que despertamos.

    PO - Sí, uno de los motivos de que yo me encuentre hoy acá en el castillo, y uno de nuestros propósitos junto con APPCU (Asociación de Promotores Privados de la Construcción del Uruguay), que lleva adelante la refacción y permite que este edificio sea visitado y disfrutado por todos, es crear en Pocitos un centro cultural para toda la sociedad, con diferentes expresiones de la cultura, la música, la literatura, el teatro, tanto desde la perspectiva del que lo hace como desde la del que lo ve. Y la alquimia tiene un lugarcito pequeño, no todo ronda en torno a ella, y no fabricamos oro, eso lo pueden descartar. Quizás otro tipo de oro que es bastante más interesante que el que tenemos en un anillo o en una cadenita, que es buscar la realización personal y la trascendencia.

    ***

    Transcripción: María Lila Ltaif


    Galerías asociadas:

    Una recorrida por el castillo Pittamiglio

    La Tertulia de los viernes en el castillo Pittamiglio