Grandes relatos ¿infantiles?

Grandes relatos ¿infantiles?

    Jonathan Swift, Lewis Carroll, Rudyard Kipling, Sergei Prokofiev y Benjamin Lacombe: El guardián de los libros presentó cinco libros para niños que son obras maestras de la literatura.

    En 1726 Jonathan Swift escribió su libro para burlarse de las crónicas de viajes, por entonces de moda, y para enjuiciar a la raza humana, poniéndola frente a un espejo intolerable; de pequeñez, de monstruosidad, de salvajismo, de espantosa inmortalidad. Nadie lo interpretó así jamás. Alegres películas animadas e infinitas ediciones con colores y con finales felices han convertido a “Los viajes de Gulliver” en un gran clásico infantil.

    El caso de “Alicia en el País de las Maravillas” es diferente. Lewis Carroll corrió todos los riesgos que corren los autores que cuentan historias a los niños. El riesgo de ser pueril, el riesgo de ser rigurosamente incomprendido, el riesgo de escribir muy mal. Su libro, sin embargo, por más de un siglo y medio ha provocado el deleite y el asombro de lectores de todas las edades. Su maestría narrativa, su complejidad matemática, su sueño a veces melancólico, a veces feliz, parecen promover infinitas lecturas.

    “Los libros de la Jungla”, protagonizados por Mowgli, el cachorro humano, de Rudyard Kipling; “Madama Butterfly”, cuento de 1898 de tema japonés que dio vida, de la mano de Giacomo Puccini, a una de las óperas italianas más terribles y conmovedoras y que ha sido adaptado, recientemente, por el ilustrador francés Benjamin Lacombe en un libro ilustrado de singular belleza; y el cuento musical “Pedro y el lobo” del compositor ruso Sergei Prokofiev, completaron el catálogo de lecturas de la columna.