Tata Consultancy
Services, el gigante asiático de software necesitaba un lugar para realizar
sus operaciones en Latinoamérica. Por eso dio una mirada a la región:
Costa Rica, Chile, Brasil y Argentina, pero al final la firma india se estableció
en Uruguay, proveyendo al pequeño país sudamericano con 500 nuevos
puestos de trabajo bien remunerados y 30.000.000 de dólares de inversión,
informa Joshua Goodman, en su artículo publicado en enero de 2004 en
la revista
Latin Trade. Esta publicación se distribuye en inglés, portugués,
y español en los principales mercados de América Latina y Estados
Unidos.
Conocido como un
imán para los argentinos ricos que van a sus playas y para los evasores
de impuestos, Uruguay rápidamente está ganando reputación
como la Bombay de Sudamérica. Las exportaciones de software, que no existían
hace una década, hoy alcanzan 90 millones de dólares al año,
con la creencia de que alcanzará medio billón de dólares
en un futuro cercano. Cuarenta compañías exportan más software
desde Uruguay que de ningún otro país de Latinoamérica,
seis veces más que Brasil y casi tres veces más que Chile o Argentina.
"Es el ambiente de trabajo más parecido a mi casa que encontré
en América Latina", dice Balasubra-manyam Chivukula, nativo de India,
director de operaciones del Centro de Desarrollo Global de Tata en Uruguay.
La inversión
de Tata debería acentuar la imagen de "Hecho en Uruguay" aún
más. El nuevo Centro Global de Desarrollo fuera de Montevideo es sólo
uno de un grupo de empresas de software que la compañía dirige
fuera de India. Asimismo, es el segundo de este tipo de Centro de Latinoamérica
que logró el nivel de certificación CMM nivel cinco, el standard
más alto de la industria en el mundo. El equipo del Centro, integrado
por ingenieros uruguayos e indios es el responsable del mercado hispano parlante
de América Latina, España, Brasil y Estados Unidos.
"El efecto
indirecto en el resto de la industria de software de Uruguay puede ser enorme",
dice Alexandra De Royere, investigadora en el centro de investigación
de Latinoamérica de Harvard Business School.
Uruguay está
cerca de duplicar el éxito de India, la cual exportó 8 billones
de dólares de software el año pasado. El potencial de crecimiento
es real. De acuerdo a Forrester Reserch, las compañías de Estados
Unidos proyectan re-localizar 3.3 millones de empleos en la industria de servicios
de tecnología en el extranjero durante los 10 próximos años.
La mayoría de estos empleos irá a países con un probado
record y un fuerte desempeño del inglés, como India e Irlanda.
Pero Uruguay también se beneficiará. El país tiene el ranking
más alto de alfabetismo de la región, en 97,3%, tiene una gran
cantidad de graduados universitarios de clase media y una red de telecomunicaciones
completa.
A diferencia de
sus vecinos: Argentina y Brasil, Uruguay no tiene un mercado propio. Sus compañías
deben buscar negocios constantemente en el exterior. Está lleno de negocios
para emprender en la región donde Uruguay ya ha empezado. Multinacionales
como ABN AMBRO y Merril Lynch concentraron sus centros de operaciones en español
en Zona América de Montevideo, uno de los negocios más modernos
de Latinoamérica.
"En Miami nunca pude pagar para conseguir el mejor talento como acá",
dice Nicolás Joal, vicepresidente y fundador de ARTech, el mayor exportador
de software de Uruguay. ARTech es un modelo para los creadores de software de
Uruguay. Fundada en 1988, las ventas de su generador de códigos GeneXus
software alcanzaron 11.000.000 de dólares y 30 mercados el año
pasado, el mayor volumen fue para los Estados Unidos. "Viviendo en una
región cambiante tenemos que adaptarnos rápidamente al cambio
y nuestro software refleja eso", explica Jodal, quien divide su tiempo
entre Montevideo y las oficinas en Chicago, México y San Pablo. "Hoy
toda compañía del mundo quiere esa misma flexibilidad, incluso
aunque no sea una cuestión de supervivencia como lo es para nosotros",
agregó.
Hasta hace poco,
el gobierno uruguayo era ciego al software. A diferencia de Brasil e Irlanda
donde los incentivos del gobierno han sido distribuidos para atraer inversiones,
la industria del software en Uruguay ha crecido prácticamente por si
misma. La inversión privada en Uruguay tradicionalmente ha enfrentado
altos impuestos y una pesada burocracia. Llamada la Suiza de América
por su extendido Estado benefactor, el gobierno de Uruguay está envuelto
en actividades entendidas por pocos como embotellamiento de whisky y tiene un
monopolio virtual en la mayoría de los servicios públicos. Los
empleados públicos tienen una cuarta parte de todos los trabajos de Uruguay.
Pero el éxito
de ARTech y de otras firmas y la debacle de la economía uruguaya en 2002
junto al colapso de Argentina, forzaron al gobierno a reevaluar sus antiguos
caminos. Reconociendo la importancia estratégica de la industria para
la economía, el presidente Jorge Batlle creó varios incentivos
para atraer inversión, incluido exoneraciones de impuestos.
Por lejos, el mayor
desafío es encontrar capital. Uruguay raramente aparecía en las
pantallas de radar de muchos de los inversores extranjeros. Pero eso también
está cambiando. Misiones de negocios con el sponsor de la Cámara
Uruguaya de Tecnologías de la Información, han llamado el
interés de inversores irlandeses, españoles e israelíes.
Mientras tanto,
el fondo de inversión Peagasus Venture Capital de Buenos Aires, junto
al Banco Interamericano de Desarrollo y el Banco Nacional de Desarrollo de Uruguay
están creando un fondo de 15.000.000 de dólares para asistir a
las compañías en las primeras etapas de crecimiento.
Una de las compañías
candidatas a recibir el beneficio es Interactive Networks. El año pasado,
su software de mensajería instantánea fue el único producto
hecho en Latinoamérica elegido por la revista PC Magazine como el finalista
en su competencia en el show Comdex de negocios de tecnología de Estados
Unidos. A pesar de que el éxito del producto fue de más de 200.000
usuarios en todo el mundo encontrar capital para lograr un negocio fue casi
imposible. "Hemos perdido mayores tratos sólo porque no pudimos
costearnos el pasaje y la estadía para enviar a alguien a Nueva York
para pasar una semana recibiendo ofertas de contratos", dice el empresario
de 27 años, Pablo Solomon, quien empezó Interactive en 1999 después
de dejar de trabajar para el creador de software Adobe en el Valle Silicon de
California. "Sólo puedes contar con los amigos y la familia".