Guantes, martillo
y sobre de dormir fueron los requisitos para los voluntarios de la sexta construcción
que hizo esta ONG en Uruguay, entre el 8 y el 10 de abril. Durante ese tiempo,
los jóvenes que se anotaron para colaborar estuvieron divididos en dos
grupos. Uno se instaló en una escuela del barrio Marconi y otro en una
de La Unión. Cada uno de los equipos se dividió a su vez en "cuadrillas"
de unos 10 integrantes cada una.
Cargando palas
poceras y martillos, el sábado temprano entraron a dos asentamientos
de Montevideo con un desafío: construir, antes del domingo de noche,
20 casas de madera para 20 familias que vivían en condiciones de miseria.
La de Luciana fue una de ellas. "Es hermosa. No tengo palabras", dijo
emocionada, cuando cortó la simbólica cinta de inauguración.
La suya, como el
resto de las viviendas que construye UTPU, no es definitiva, sino de emergencia.
Son casas que representan una mejora importante, pero, por ejemplo, no tienen
baño. Son baratas, fáciles de construir y se hacen rápido.
(En la ONG aseguran que podrían hacerse en un día y explican que
se decidió hacerlas en dos para favorecer un vínculo entre las
familias y los voluntarios).
"La vivienda básica es un primer paso para optar a una casa más
definitiva. Y al no ser regalada tiene un alto componente educativo. La familia
beneficiada se da cuenta de que con un esfuerzo logra mejorar su situación
y se motiva a hacer un esfuerzo aún mayor para mejorar su casa básica
u obtener una casa definitiva. Esto se potencia con el acompañamiento
de los voluntarios, que acompañan en estos procesos a la familia",
sostienen.
Las casas de UTPU
se venden al 10% del costo. Cuestan 18.000 pesos (unos 600 dólares) y
los beneficiarios pagan 1.800. Ese dinero puede pagarse en cuotas, pero se pide
que el 50% esté saldado al momento de la construcción.
Los beneficiarios
no son elegidos al azar. Una de las comisiones de UTPU (Asignaciones) recorre
el barrio, habla con la gente y luego hace un estudio en base a las encuestas.
Intentan detectar, sobre todo, a las personas que tienen voluntad de superarse.
La ONG surgió
en Chile en 1997, con un grupo de jóvenes que quisieron hacer trabajos
con gente de distintas carreras y universidades. La primer propuesta fue construir
350 casas en el sur de Chile. Los que colaboraron quedaron motivados para seguir
construyendo y vino una meta más ambiciosa: 2000 casas antes del año
2000.
En 2000, el Arzobispado
de la Iglesia Católica propuso que esta fuese la campaña símbolo
de la Iglesia, ya que estaba representada por jóvenes con valores que
se quería resaltar. Sé aceptó la propuesta, siempre que
se siguiera aceptando la diversidad del voluntariado.
Un
Techo Para Chile nació en 2001, con la intención de llegar
al año 2010 sin asentamientos marginales. Comenzaron planes de intervención
en asentamientos, entregando capacitación en oficios, alfabetización,
planes de salud, fomento productivo y programas de microcrédito. Luego
surgió la idea de compartir el método y la experiencia con otros
países.
Con los terremotos
en El Salvador y el sur de Perú vino la primera motivación para
cruzar las fronteras. Luego, jóvenes de distintos países viajaron
a Chile con ganas de conocer la experiencia para replicarla.
En la última
construcción, Un Techo para Uruguay completó 65 viviendas. Este
año, se proponen lograr que 300 familias tengan su vivienda de emergencia,
movilizar 1200 voluntarios y transmitir su labor a los demás departamentos
del país. Y para eso es necesario juntar dinero.
En todas las agencias
de Red Pagos del país se puede colaborar mediante el sistema X-Cash de
Esquemas.com. También se puede hacer un depósito en la cuenta
Nº 3600545 del Banco Credit Uruguay.