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Discurso del escribano Javier Massa,
director de El Espectador, con motivo
de la conferencia de Lech Walesa

 

Queridos amigos:

En abril de 1922 llegó al Uruguay un pequeño transmisor de tan sólo 10 vatios de potencia, con el cual General Electric puso en el aire las primeras transmisiones de prueba que se produjeron en territorio nacional.

Fue unos días antes de la inauguración de la BBC de Londres, y sólo 17 meses después de que la KDKA de Estados Unidos concretara la primera emisión oficial de radio en el planeta.

Aquel transmisor, que llegó imprevistamente a Montevideo luego de un accidentado viaje por otras capitales, se conserva hoy como un tesoro en la sede de Andebu. Con él, instalado provisoriamente en el Teatro Urquiza, en la esquina de Andes y Mercedes, se inauguró la radiodifusión nacional. A través de él se realizaron los primeros informativos, la primera transmisión de fútbol y los primeros gérmenes de programas de interés general.

En 1923, hace hoy 75 años, aquellas transmisiones experimentales se hicieron regulares. Con 1.000 vatios de potencia y la característica CWOS, nuestra emisora se transformó en Radio Sud América General Electric.

El 15 de mayo de 1931 adoptó su nombre actual, el de sus ya famosos informativos, nombre concebido en homenaje a ese inmortal ensayista que es José Ortega y Gasset, creador de la filosofía de la razón vital, y autor -entre otras obras- de "El Espectador", magistral ensayo de ocho volúmenes escrito entre 1916 y 1934.

Los hitos que marcan la historia de nuestra radio fueron muchas veces acontecimientos de escala mundial. Como ustedes podrán observar en la exposición que les presentamos en el salón contiguo, los logros fueron múltiples y continuos.

No se trata ahora de enumerarlos, pero sí de destacar que con el aporte de periodistas, técnicos, locutores y artistas uruguayos y extranjeros de primer nivel se fue construyendo día a día una historia de riqueza singular. Así, El Espectador se convirtió, probablemente, en la emisora más conocida en nuestro país y en el mundo.

……………

Pero obviamente no todas fueron buenas en una vida tan larga. La radio tuvo, promediando los años 80, un período de crisis que redujo a
El Espectador por esa época a una presencia casi marginal.

Se inició entonces una segunda época de pujanza. Haciendo "camino al andar", el espíritu indomable de Luis de María enderezó el rumbo de aquella nave herida para devolverle sus señas de identidad esenciales, aunque con la mirada puesta en nuevos desafíos.

Algunos de esos desafíos sólo podían ser intuidos entonces, como el reciente desarrollo de la red mundial de computadoras. Así, "la primera radio" se convirtió en la primera emisora uruguaya con presencia en Internet y en el primer medio electrónico nacional que transmite toda su programación en vivo a través de la red de redes.

Es reconfortante saber que, cada mes, más de 50.000 uruguayos se conectan desde los más remotos lugares del mundo con nuestro sitio web para mantenerse ya no al día, sino al instante con lo que acontece en el país.

……………

Pero en estos 75 años, El Espectador no sólo forjó una sólida tradición de espíritu pionero, sino también de periodismo independiente. Siempre hemos creído, además, en la vigencia de la radio como instrumento privilegiado de comunicación, con plena capacidad para sustentarse por sí misma, con prescindencia de cualquier alineamiento con centros de intereses políticos, religiosos o económicos de cualquier signo: hemos priorizado siempre la canalización de nuestras energías en mantener los más altos estándares de calidad en la producción de los contenidos periodísticos, convencidos de que la oferta de un producto altamente profesional, creíble y confiable para la audiencia es la mejor estrategia competitiva.

"Al volver la vista atrás", estos festejos no podían ser sino una nueva mirada hacia delante, manteniéndonos fieles, además, a otro caro principio de nuestra emisora: la vocación de servicio.

Consecuentes con esta vocación, entendimos que nuestra celebración debía materializarse en un aporte cultural significativo para nuestra comunidad. Por eso, El Espectador optó una vez más por organizar actividades que enriquezcan el debate nacional, trayendo al país a figuras de peso en el mundo de las ideas de hoy, que vienen a decir su verdad, obligándonos a pensarla, a discutirla y a tomar posición al respecto. En una iniciativa sin fines de lucro, ya que si eventualmente este ciclo de conferencias que hoy iniciamos arroja ganancias, las mismas serán volcadas a beneficio de Unicef Uruguay.

Nuestros 75 años encuentran al mundo en un proceso de grandes transformaciones simultáneas:

  • la revolución de la sociedad multimedia, de la que formamos parte,
  • la revisión de las ideologías que fundamentaron el pensamiento político de este siglo,
  • fenomenales avances de la ciencia y la tecnología, que llegan incluso a desafiar a la propia naturaleza y a poner en cuestión el empleo productivo.

Todos estos temas ya han llegado al país, y nuestra programación ha dado espacio a su debate en varias oportunidades. A partir de hoy, en el marco de esta celebración, junto a ustedes dialogaremos en forma directa con algunos de los principales protagonistas de estos temas del fin del milenio.

Por último, no podría terminar estas palabras sin una especialísima mención de reconocimiento a las empresas auspiciantes de este ciclo, que creyeron desde un primer momento en nuestra idea. Un sentido agradecimiento para ellas. Vayan también las gracias muy especiales para nuestros colegas, de prensa, radio y televisión, que en un gesto que no es común en nuestro mercado, han respaldado este esfuerzo y, dejando de lado enfoques competitivos menores, han sabido comprender la dimensión de esta celebración, sumandose al festejo de los 75 años de la primera radio de todas las existentes hoy en nuestro país.

En nombre de todos quienes día a día hacemos este presente de
El Espectador, y con un recuerdo muy especial para Luis de María, espíritu pionero por excelencia, es un honor para mí darle la bienvenida al primer conferencista de este ciclo: el presidente Lech Walesa.

¡Muchas gracias!