LECH WALESA:
Muchas gracias por la invitación. Me alegro mucho de que me hayan invitado. La radio ha
tenido un gran papel en la historia del mundo. Y (en el momento de) la historia en que nos
encontramos ahora me doy cuenta de que la radio tiene un papel enorme que jugar. Por eso
he venido, y siempre voy a aceptar las invitaciones para participar en ocasiones como
ésta.
Es verdad que madrugo. En Polonia decimos que quien madruga recibe más de Dios. Por eso
me levanto temprano.
EC - ¿A qué hora se levanta habitualmente?
LW - A las cinco y media.
EC - ¿Y a qué hora se acuesta? Porque también se acuesta temprano.
LW - Sí, es verdad. Trato de finalizar el día a las nueve de la noche, porque al día
siguiente me voy a levantar a las seis también.
EC - ¿De dónde viene esa costumbre de acostarse y levantarse temprano?
LW - Yo nací en un pueblo pequeño de Polonia, durante la Segunda Guerra Mundial. Por lo
tanto, tuve que trabajar muy duro desde niño para poder sobrevivir en este mundo. Y
empezábamos muy temprano y también terminábamos el trabajo muy tarde. Cuando era un
niño trabajé muy duro. En el pueblo existía la costumbre de que cada niño, desde los
cinco años, tenía que hacer algo. Al principio se cuidaba los animales, las aves;
después, los grandes animales en el pueblo, y después se ocupaban de otras cosas. Hoy,
que la vida ha cambiado, los niños no trabajan tan duramente en aquel pueblo y tampoco
tienen que madrugar.
EC - En abril de este año, en una edición dedicada a las 100 personalidades más
influyentes de este siglo, la revista Time publicó lo siguiente: "Sin Lech Walesa,
la huelga de ocupación en el astillero Lenin posiblemente nunca habría comenzado. Sin
él, Solidaridad nunca habría nacido. Sin él, el sindicato, probablemente, no habría
sobrevivido a la ley marcial y vuelto luego triunfante a negociar la transición del
comunismo a la democracia".
Le pregunto, entonces, si usted entiende que es correcto ese análisis, o si entiende que
el fin del régimen comunista polaco se habría producido de todos modos, aún si no
hubiese existido Lech Walesa.
Walesa y la revolución:
"Lenin, Stalin y Castro se ayudaron a sí mismos y defendieron sus carreras
políticas personales. Por eso sus revoluciones fracasaron, mientras que ellos pensaban
que ganaban. Mi revolución se comportó de otra manera, en cuanto se podía sentir la
resistencia. Y pasamos el poder a los que criticaban, que pretenden hacer las cosas de una
manera mejor. Por eso estoy convencido de que mi revolución va a ganar, porque yo nunca
he violado mis principios, nunca he hecho nada que fuera contra la revolución".
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LW - Esto no podemos definirlo con certeza. Pero si lo hace la prensa, podemos
estar seguros de que tiene una opinión justa. Porque la prensa ha vivido muchas
presidencias y, si trabaja bien, la gente de prensa, de los medios, tiene un juicio justo.
Estoy muy contento de haber logrado algo en la historia del mundo. He dado todos mis
esfuerzos para la causa, y de veras que el mundo ha cambiado. Ya tiene otro aspecto,
aunque han surgido nuevos peligros y nuevos sufrimientos.
Hay mucho que hacer y yo voy a participar en estos nuevos procesos también. La gente
común todavía no puede ver los grandes efectos de esta victoria. Si hay grandes
oportunidades, todavía no han sido plenamente aprovechadas.
EC - Otra pregunta, a propósito del proceso que vivió su país: en una sociedad como la
polaca, que es histórica y profundamente católica, ¿qué papel entiende usted que jugó
Juan Pablo II, o Karol Wojtyla, el Papa, en el proceso de transición a la Polonia
democrática?
LW - El Santo Padre tuvo un gran papel no solamente en Polonia sino en todo el mundo. Para
decirlo lo más brevemente posible: el Papa es una persona que revela verdades sin
compromiso alguno. Y revela esas verdades por todas partes por donde viaja.
Podemos hablar de tres verdades. Por ejemplo, descubrió una gran verdad sobre la juventud
de hoy, en París, durante su encuentro. Reveló una gran verdad en Cuba, pero comenzó
con la verdad en Polonia, donde nosotros logramos organizar esas verdades en un sindicato
que trataba de implementarlas. Y con eso llegamos a un gran éxito y a un cambio del
mundo: el de las divisiones impuestas por la Segunda Guerra Mundial.
Ahora vamos a ver si la verdad que reveló a la juventud también podrá organizarse. Y la
de Cuba. Estas son preguntas todavía abiertas. En este sentido, el Santo Padre fue el
mayor arquitecto de la incitación de las verdades. Sin su participación esto hubiera
sido imposible por mucho más tiempo. Y me imagino que sin su participación lo habríamos
hecho de una manera más sangrienta, mientras que su enseñanza tuvo gran influjo en
lograr cambios de manera pacífica.
EC - Vayamos a una pregunta relativa a su personalidad. En el año 1983 a usted se le
otorgó el Premio Nobel de la Paz. Usted temía que si salía de su país a recibirlo no
le permitieran regresar. Por eso prefirió quedarse en Polonia, mientras que Danuta, su
esposa, se trasladó a Oslo para representarlo en la ceremonia de entrega de esa
distinción. En esa oportunidad Danuta pronunció una frase que luego se hizo famosa. Ella
dijo: "A mi esposo este premio no lo cambiará ni un ápice. No hay un alma viviente
que pueda hacerlo cambiar". ¿A qué cree que se refería su esposa?
LW - Sí, claro que yo soy un hombre convencido y
claramente definido. Creo 100% en Dios y en lo que estoy haciendo. Usted dijo que yo
temía ir a recibir el premio, pero no tenía miedo como tal.
No tenía miedo de perder la vida, sino de que no me permitieran entrar al volver a
Polonia, de no poder continuar con mi carrera. Yo no le temo a nada ni a nadie, sino a
Dios. Es lo único a lo que yo temo.
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SEGUNDA PARTE
EC - En 1989 se inició la transición política en Polonia. Hubo elecciones
parlamentarias después de varias décadas. En esa ocasión, Solidaridad se presentó como
un amplio grupo político y obtuvo una votación arrasadora, una votación muy amplia para
la Cámara de Diputados. Como consecuencia, fue designado primer ministro Tadeusz
Mazowiecki, uno de los ideólogos de Solidaridad, antiguo colaborador suyo, que tuvo que
cohabitar con el general Wojciech Jaruzelski como presidente. Al año siguiente se dieron
las primeras elecciones presidenciales libres de la historia polaca y usted recibió el
74% de los votos de sus compatriotas. ¿Usted entiende que el pueblo polaco lo eligió a
usted por sus condiciones para ser presidente, o como premio y agradecimiento por haber
derribado al régimen autoritario pro-soviético?
Walesa como ex gobernante:
"No quisiera volver a ser presidente. Aunque, claro, soy un patriota polaco. Aparte,
pienso que una participación presidencial buena y fuerte no debería durar más que un
período o, como máximo, dos. No hay gente que no se pueda reemplazar, y sería necesario
que haya más oportunidades para que más gente juegue papeles importantes".
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LW - Me imagino que contribuyeron las dos cosas. Pero tenemos que tener en
cuenta por qué yo decidí ser candidato a presidente, y fue por una única razón: que yo
preveía y sospechaba que podía haber una contrarrevolución. La gente del mismo régimen
se podría organizar para atacarnos. Así, les dije a mis amigos que teníamos que cambiar
al presidente, que estaba vinculado con el viejo régimen como tal, pero sus amigos
podrían participar en la Internacional Comunista.
Mis colegas y el señor Mazowiecki no querían participar en el cambio de presidente.
Entonces, yo fui obligado a hacerlo, a reemplazar al general Jaruzelski, lo que hace
recordar el golpe de Estado de Yamaiew, en Rusia, y que los bastiones comunistas de todos
los países comunistas estaban en el Kremlin. Tal vez estaban pensando cómo atacar
militarmente a las nuevas autoridades en Polonia y en otros países. Movimientos que
efectué después les impidieron dar un golpe. Yo estoy convencido de que fue así; la
mejor prueba es el golpe de Ianaiev, pero esto no se puede documentar. No estaba en el
Kremlin y no tenía un espía que pudiera decirme si yo tenía razón o no, pero ésa fue,
precisamente, la causa por la que yo me convertí en presidente.
Después empezamos cambios enormes, una reconstrucción total del país, tanto política
como económica. Y todas esas revoluciones tienen la misma característica: que en algún
punto la mayoría está en contra de la revolución. Así ocurrió con la revolución en
Rusia, en Cuba y en otros países. Ese es, precisamente, el reto para los líderes de las
revoluciones. Es el punto crítico.
Lenin, Stalin y Castro se ayudaron a sí mismos y defendieron sus carreras políticas
personales. Por eso sus revoluciones fracasaron, mientras que ellos pensaban que ganaban.
Mi revolución se comportó de otra manera, en cuanto se podía sentir la resistencia. Y
pasamos el poder a los que criticaban, que pretenden hacer las cosas de una manera mejor.
Por eso estoy convencido de que mi revolución va a ganar, porque yo nunca he violado mis
principios, nunca he hecho nada que fuera contra la revolución.
EC - ¿Cómo le resultó pasar de un lado al otro del mostrador? ¿Cómo fue su relación,
cuando fue presidente, con los sindicatos?
LW - Es muy difícil en teoría, pero en la práctica
los activistas como tales están preparados para jugar diferentes papeles. Y yo tenía el
papel de vigilar que la revolución se desarrollara bien, que se implementaran las ideas
que proclamábamos. No trataba de ser un líder que está solucionando todos los
problemas, sino que trataba de promover, de animar la democracia. La democracia es la que
resuelve los problemas. Entonces, pienso que mi tarea no era muy difícil.
Sin embargo, desarrollé los principios democráticos y he animado a gente a tal punto que
incluso ellos lograron reemplazarme en mi función de presidente. Esto es la mejor prueba
de que he construido una democracia muy fuerte y de que he animado las ambiciones de la
gente. Si yo hubiera querido ser un líder fuerte como los otros, habría podido impedir
el desarrollo de la democracia. En la construcción de la democracia es importante que se
dé la oportunidad a otros candidatos. Las revoluciones no se han hecho para Stalin, Lenin
o Walesa. Tienen otros fines, otros propósitos. Pero ocurre que algunos líderes optan
más por su propia carrera que por la carrera de la revolución, mientras que mi
revolución gana solamente por el hecho de que yo he hecho lo que he hecho, porque pasé a
la otra parte de la escena política.
Usando el ejemplo de mi revolución, quiero decir que en muchas partes del mundo hay un
ambiente favorable para la revolución. Hay mucho sufrimiento, hay mucha injusticia, mucha
pobreza, muchos malos dirigentes, falta de democracia. Incluso me sorprende que no hayan
empezado en otras partes del mundo otras revoluciones. Yo no quiero agitar a la gente.
Incito a la gente a que se revolucione e incito a las personas a que se organicen.
EC - ¿Cómo se define usted ideológicamente?
LW - Yo podría formular unos conceptos, unas soluciones, pero no está de acuerdo con mi
filosofía personal. Yo no quiero imponer nada a nadie, y me parece que el mundo de hoy no
admite nada impuesto. El mundo de hoy requiere que discutamos, que nos organicemos.
Sacamos las mismas conclusiones en algunos puntos del mundo, coincidimos con las mismas
conclusiones. Entonces vamos a encontrar buenas soluciones, que serán admitidas en el
mundo. Incluso la mayoría de la gente rechazaría una solución que el hombre más santo
quisiera imponer. El mundo es así, no admite nada impuesto. La gente de hoy no tiene
confianza en los juegos políticos, no tiene confianza en los políticos. El hombre, para
admitir algo, tiene que estar muy convencido. Hay poca gente que podría seguir o soportar
una idea sin convicción interna.
Por eso hay tan poca participación en la vida de los partidos políticos, en las
elecciones... En este sentido, no se puede imponer cosas, sino que se puede discutir las
cosas, para que la gente saque sus conclusiones por sí misma. Que se dé cuenta de que
hay mucho sufrimiento, que nos gestionan de una manera mala, que tenemos que participar en
el movimiento sindical y encontrar soluciones en común. Así es que debemos proponer la
participación, el trabajo común.
EC - Usted, personalmente, ¿aspira a ocupar nuevamente el cargo de presidente de Polonia?
Walesa como sindicalista:
"Hay que presionar a los empresarios, sean estatales o sean privados. Nunca la gente
de trabajo recibirá nada gratuitamente. Cada día hay que requerir más, hay que
presionar e incitar a las otras áreas a que trabajen así, duro, como nosotros. Hay que
darse cuenta también de algo que yo siempre repito: que debemos comportarnos como un
microbio decente, que no puede destruir el organismo que parasita".
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LW - No, no quisiera volver a ser presidente. Aunque, claro, soy un patriota
polaco. Aparte, pienso que una participación presidencial buena y fuerte no debería
durar más que un período o, como máximo, dos. No hay gente que no se pueda reemplazar,
y sería necesario que haya más oportunidades para que más gente juegue papeles
importantes. Estoy observando varias carreras políticas, el proceso de participación en
la vida política, y juzgo como muy malo que una persona siga viviendo toda la vida en la
política. Claro que hay varias desviaciones, e incluso desviaciones políticas. Eso
existe.
EC - Pero, concretamente, ¿usted va a intentar o no ser nuevamente presidente de Polonia?
LW - En la situación que tenemos hoy, no voy a ser candidato.
EC - Se lo pregunto porque usted intentó una reelección y fue derrotado.
LW - No, yo no perdí nada. Yo estaba explicando que los que perdieron fueron Lenin,
Stalin y Castro. Porque eran ellos los que ocupaban su posición, su conducción, toda su
vida. Los líderes como yo, Lenin y Stalin tienen que lograr el éxito; es decir, el
éxito de la revolución. Pero la implementación y la construcción de nuevas realidades
debe estar hecha por otros, por otra gente. Tenemos caballos que saben correr, tenemos
caballos que pueden cargar grandes pesos, y también tenemos hombres que saben hacer
revoluciones y otros hombres que saben trabajar. Yo fui el elemento decisivo que influyó
en el cambio decisivo del sistema, mientras que la implementación la tienen que hacer los
demás.
Yo tuve que ser el candidato. Aunque sabía que no iba a ganar, porque yo no tenía nada
que ofrecerle a la población. Yo tenía solamente las reglas de la revolución, mientras
que en la democracia tiene que haber otros, como un equipo, como un aparato bien
construido. Los que tienen un equipo pueden ganar en la democracia. Yo he construido una
democracia tal que, incluso un ex comunista, con su equipo bien organizado, ganó la
elección. Porque él aceptó, en este momento, las reglas de la democracia.
EC - La pregunta podría ser cómo juzga usted, cómo analiza los resultados del gobierno
de Aleksander Kwasniewski, este dirigente ex comunista. Algunos números de la economía
parecen ser buenos. Polonia viene teniendo un crecimiento anual de 6% a 7%, en promedio,
últimamente. La inflación del año 1997 fue del 13% y el desempleo de 10,5%, el más
bajo de los últimos siete años. Entonces, ¿usted tiene muchas discrepancias con el
modelo que se está aplicando hoy en su país?
LW - Los números económicos incluso son mejores que los que usted ha citado, pero lo que
pasa es que en Polonia no tenemos un régimen presidencialista. Antes, en Polonia
decidimos cuál iba a ser el sistema político, y ahora el presidente, cualquiera sea, no
tiene la oportunidad de cambiar mucho las cosas. Entonces, el cambio que nosotros
iniciamos ya nos está dando resultados, mientras que la democracia tiene sus reglas, que
hay que obedecer. No se puede cambiar las reglas de la democracia; hay que respetarlas. Y
yo soy el primero en respetar sus reglas.
Tenemos un presidente, un sistema político que seguimos implementando. Podemos estar en
una situación en que con una persona no seamos grandes amigos, pero de cualquier modo
tenemos que aceptar que es la democracia.
EC - El año pasado, los astilleros de Gdansk fueron clausurados por el gobierno porque
eran altamente deficitarios y arrastraban una deuda cercana a los 150:000.000 de dólares.
Con el cierre de los astilleros Lenin perdieron su trabajo unos 3.600 empleados. Y unos
meses después de la medida, ya a fines de año, se inauguró Fridays, la discoteca más
importante de la ciudad. ¿Cómo ve usted semejante cambio?
LW - No estoy contento, es obvio, con esta situación ni con que no logramos encontrar una
solución para los astilleros de Gdansk, que son una bandera del pasado. Pero tampoco me
alegran otras cosas. Después de mi experiencia como sindicalista y como hombre de
política, estoy más convencido de que la reforma la paga más la gente sencilla, y de
que ellos sufren más todos los cambios. Claro que hay que cambiar esa situación. La
gente debe organizarse en los sindicatos para defenderse, la gente debe luchar contra los
empresarios. Nunca la gente trabajadora recibe nada gratuitamente.
Los trabajadores de los astilleros rechazaron a los sindicatos. Hay pocos trabajadores en
los sindicatos desde que yo abandoné el sindicalismo y entré en la política. No sabían
defenderse. Como sucede en otras partes del mundo, la gente no sabe defenderse bien. Hay
que presionar a los empresarios, sean estatales o sean privados. Nunca la gente de trabajo
recibirá nada gratuitamente. Cada día hay que requerir más, hay que presionar e incitar
a las otras áreas a que trabajen así, duro, como nosotros. Hay que darse cuenta también
de algo que yo siempre repito: que debemos comportarnos como un microbio decente, que no
puede destruir el organismo que parasita.
Pero el mundo de hoy requiere una lucha bien organizada y bien sana. No pide huelgas
insanas, pero requiere una manera de lucha bien organizada, bien preparada, porque si bien
es cierto que el empresario necesita sus recursos financieros para invertir más, para
desarrollarse, también lo es que tiene que trabajar tan duro como los trabajadores
sencillos. Mis astilleros sí que sufren mucho. Hago lo posible para salvarlos. Espero que
podamos salvarlos. Pero, claro, es que las reformas económicas cuestan mucho. Y como
acabo decir, el máximo precio lo paga la gente más sencilla. Siempre ha sido igual.
EC - En el año 1989, al comentar la expansión de las nuevas tecnologías de
comunicación y la democratización cada vez mayor de la información, usted dijo en una
entrevista que "hoy es imposible, por ejemplo, que aparezca un nuevo Stalin, que
asesine masiva e impunemente". ¿Podría explicar brevemente cuál es su análisis de
los medios de comunicación en el mundo de hoy?
LW - Ya en la Biblia está escrito que "al principio fue la Palabra", que fue el
Señor. Tanto la prensa como la radio siempre han jugado un papel importante, pero en la
situación de transición, de mayores cambios, en la que estamos viviendo -dondequiera que
vivamos-, cuando están agotados los sistemas políticos, cuando se han terminado los
sistemas de odio, tanto el comunismo como el nazismo, ahora tenemos una hoja blanca que
empieza con la palabra. Entonces, con la prensa, con la radio... Hay que dar mayor
independencia política y financiera a los medios de comunicación, para que la gente de
los medios, que ya tiene mucha experiencia con muchos presidentes, que tiene la mayor
experiencia, pueda demostrar lo que es bueno, y también le diga a la gente:
"Cuidado, eso es malo". Las personas de los medios de comunicación tienen la
mejor preparación profesional, y si les permitimos jugar su papel libremente lograremos
un mundo mejor, más sabio y más seguro.
Hoy, los partidos políticos quieren comprar a los medios, quieren destruir su trabajo, y
por eso tenemos tanto sufrimiento y desigualdad en el mundo. Tenemos que luchar por la
libertad. Todos tenemos que luchar por la libertad de la prensa. Y la gente que trabaja en
los medios de comunicación va a demostrar a todo el mundo qué es lo que se necesita
hacer hoy.
EC - Señor Walesa, se nos terminó el tiempo. Tenemos que salir desde aquí ya mismo al
Edificio Mercosur para su conferencia. Por eso le pregunto finalmente esto: cuando usted
era presidente de Polonia, en 1993, contó que si consigue terminar un crucigrama a
primera hora de la mañana sin demasiadas dificultades sabe que ese día nada ni nadie
podrá con usted. ¿Qué tal le ha ido últimamente con los crucigramas de la mañana?
LW - Es verdad que así pruebo en qué forma estoy un día. Si los crucigramas me resultan
bien -es decir, que la "computadora" trabaja bien-, entonces ese día puedo
tomar decisiones difíciles. Si me salen mal, quiere decir que he pasado una mala noche,
que he cenado demasiado la noche anterior o que tuve malos sueños. Porque tanto los
grandes de este mundo como los más pequeños sufren lo mismo con las cosas más
prosaicas, y así todos tenemos que probar en qué forma estamos.
EC - ¿Hoy hizo su crucigrama?
LW - No me he dado tiempo, porque el día va a ser bastante fácil. Voy a encontrarme con
la gente que me va a oír, no tengo que pensar en nuevas cosas. Bastará con decir lo que
pienso. Además, tengo la conferencia ya escrita, lo que será fácil, y después vienen
las preguntas que yo voy a responder sin ningún juego. Voy a decir solamente lo que
pienso, porque no soy un político que juega de cualquier manera. Sigo siempre en la vía
recta. Claro que por la mañana recé a mi ángel de la guarda para que me conduzca bien.
Es lo que necesito.
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Traducción: Magdalena Iwínska y Bogdan Arazny
Transcripción: Fernando Iglesias
Edición: Julieta Sokolowicz
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