Lech Walesa

Nació en setiembre de 1943 en una pequeña ciudad del este de Polonia, llamada Lipna, en una familia humilde, de campesinos.
Durante la Segunda Guerra Mundial su padre fue enviado a un campo de concentración. Salió con vida, pero murió un par de meses después de regresar a su hogar, en 1945.
Lech concluyó sus estudios en una escuela de oficios y comenzó a trabajar como mecánico de maquinaria agrícola.

En 1961 Walesa dejó su casa para servir en las Fuerzas Armadas. Pasó seis años cumpliendo con el servicio militar obligatorio, y cuando terminó ese período no regresó a Lipna. Se mudó a Gdansk con la intención de mejorar su situación económica. Allí consiguió un empleo como electricista en los gigantescos astilleros Lenin.

En 1970 se iniciaron las primeras revueltas pro-derechos de los trabajadores en Gdansk. En ellas Walesa participó y vio directamente cómo varios manifestantes eran ejecutados en la vía pública por las tropas gubernamentales. A partir de entonces, tomó un lugar preponderante en la lucha por la creación y mantenimiento de sindicatos obreros auténticamente libres.

Pero el nombre de Lech Walesa recién comenzó a ser conocido internacionalmente en 1980.

Hay una fecha clave en su biografía, que es el 14 de agosto de 1980.

Por aquellos días, en los astilleros Lenin, en Gdansk, tenían lugar una serie de manifestaciones de protesta provocadas por dos razones: un aumento de precios de los alimentos y el despido de Walesa y otros dos activistas sindicales.

El 14 de agosto, Lech Walesa saltó por arriba de un muro, ingresó al predio e improvisó un fervoroso discurso llamando a la huelga a los 17.000 trabajadores de aquella empresa.
Walesa fue designado como líder de un comité de huelga que negociaba con la dirección del astillero.

72 horas más tarde, las demandas de los huelguistas fueron aceptadas. Pero entonces los huelguistas de otras fábricas de Gdansk le pidieron a Walesa que continuara su huelga en solidaridad con ellos. Walesa aceptó y se formó un comité inter-empresarial de huelga que abarcó las plantas de Gdansk, Sopot y Gdynia, que lanzó de inmediato una huelga general.
El 31 de agosto de ese año 1980, Walesa y el gobierno firmaron un acuerdo que concedió a los obreros varias de sus reivindicaciones: el derecho a organizarse de manera libre e independiente, y concesiones en cuanto a aumentos de salarios y mayor libertad de expresión en materia política y religiosa.
Fue entonces cuando aquel comité inter-empresarial de huelga dio paso a lo que el mundo conocería como Solidarnosc (Solidaridad).

Como principal figura de la unión de gremios, Lech Walesa obtuvo mayores concesiones. Pero las conquistas fueron efímeras.

El 31 de diciembre de 1981, el gobierno polaco impuso la ley marcial, Solidaridad fue declarado ilegal y la mayoría de sus líderes fueron arrestados, incluyendo a Walesa, quien estuvo detenido por cerca de un año. Los movimientos obreros continuaron pero fueron acallados al mantener el gobierno pro-soviético una política de acoso a Walesa y otros activistas.

Por permanecer firme en su lucha, sin acudir a la violencia, Lech Walesa recibió en 1983 el Premio Nobel de la Paz, una decisión que fue duramente criticada por el gobierno polaco. Temiendo que si salía del país no se le permitiese retornar, Walesa se quedó en Polonia mientras que su mujer, Danuta, viajó a Oslo a recibir el premio en su nombre.

En 1988 y 1989 participó en negociaciones con el gobierno de Polonia. Obtuvo la legalización de Solidaridad y otros sindicatos, elecciones libres para la recién restaurada Cámara Alta del Parlamento, el establecimiento de la figura de presidente de la República y la implementación de algunos cambios económicos.

En 1990, Walesa donó los US$ 200.000 que obtuvo del Premio Nobel a un fondo destinado a reconstruir el país.

En 1989 ayudó a Tadeusz Mazowiecki, un intelectual que desde la primera hora había apoyado a Solidaridad, a obtener el cargo de primer ministro. Pero un año más tarde compitió con él por la Presidencia y le ganó en la primera elección libre y directa de la historia polaca.

Cinco años después, en 1995, Lech Walesa intentó la reelección pero fue derrotado, aunque por un margen no muy amplio, por el ex comunista Aleksander Kwasniewski, principal de la Alianza de Izquierda Democrática.

La revista estadounidense Time sintetizó muy claramente la importancia del legado histórico de Lech Walesa: "Es de las grandes ironías de la historia: una de las cosas más cercanas a una genuina revolución de trabajadores que hayamos visto fue dirigida contra un autodenominado «estado de los trabajadores». Polonia fue el rompehielos para el resto de Europa Central en las «revoluciones de terciopelo» de 1989. La contribución de Walesa al fin del comunismo en Europa, y por lo tanto al fin de la guerra fría, está al mismo nivel que la de su compatriota, el Papa Juan Pablo II y la del líder soviético, Mikhail Gorvachov".