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Alberto Restuccia presenta “La semejanza será terrible”
EL TERMOMETRO
Miércoles 14.03.01 – Hora 15.10
Entrevista con el actor Alberto Restuccia.
FERNANDO TETES:
Con Alberto Restuccia comenzamos hablando de teatro, de teatros nuevos, de monólogos, y terminamos hablando de fútbol. ¡Somos bien uruguayos! No hay nada que hacerle: empezamos hablando de cultura y terminamos hablando de fútbol.
Bienvenido a El Termómetro, a presentar no sólo un espectáculo nuevo, sino un teatrito nuevo. Es como el caracol, que viene con su casita arriba.
ALBERTO RESTUCCIA:
Exactamente. Como vos decías, la cultura tiene mucho que ver con el “fóbal” en muchos aspectos. Más bien, el “fóbal” es parte de la cultura.
FERNANDO TORRADO PARRA:
Aparte, es el “fóbal”.
AR – Sí. Para mí, sí. Para mí es el “fóbal”. Todavía. Hasta que no lo deshagan del todo... [Risas], va a seguir siendo el “fóbal”.
Estamos presentado el Teatro La Cómica, que queda en Pocitos, a dos cuadras del club Bohemios, es un teatro que hace relativamente poco tiempo abrió la gente de Títeres Girasol. Gente con varios premios “Florencios” encima, etcétera, etcétera. Es gente muy prestigiosa, muy seria, muy trabajadora y abrieron un espacio muy interesante donde antes había un “pub”.
FTP – Y anteriormente había un barcito y un almacén –como hablábamos-, en un lugar, te diré, mágico. Porque es sobre esa placita que está en el corazón de Pocitos y en ese lugar se genera toda una cosa muy especial. No sé si los vecinos estarán pensando lo mismo que yo, pero...
AR – Quizá, cuando estaba el “pub”, pudiera sentirse un poco de música fuerte. Pero ahora no, porque hacemos un monólogo de humor.
FTP – Pero la gente se ríe mucho, me dijeron. Así que, por ruidos molestos, de repente, tenés problemas.
AR – No creo, pero esperemos que sí. Sería un poco de publicidad extra.
Bueno: yo sigo en Pocitos porque estuve trabajando allí todo el año pasado en el Teatro La Candela, en 21 de Setiembre y Ellauri que, lamentablemente, cerró. Y ahora, para seguir con la corriente de público, hacemos este espectáculo que se denomina “La semejanza será terrible”. Cualquier parecido con [Alejandro] Dolina es cierto, es de verdad.
FT – Recién hablábamos de tu historia con los monólogos: desde aquel “¡Esto es cultura, animal!”, hasta ahora has hecho muchos.
AR – Sí, mucho unipersonal. He trabajado mucho ese estilo.
FTP – Quisiera que ahora dijeras de quién es el título “¡Esto es cultura, animal!”, porque una vez usé esa expresión y no sabía a quién debía pagar el derecho de autor. ¿A quién debo pagar los derechos de autor por “¡Esto es cultura, animal!”?
AR – Mirá: en Agadu (Asociación General de Autores del Uruguay) no existe derecho de autor por los títulos, pero sí, naturalmente, por los textos y todo lo demás. Pero vamos a rendirle tributo al verdadero creador del nombre, que es Dalmiro Sáenz, el escritor argentino. El ideó ese título en el cual yo me basé para hacer el monólogo de humor.
Este espectáculo que realizo ahora, “La semejanza será terrible”, se hace en una modalidad que se llama “teatro con sobremesa”, que implica que por el mismo precio de la entrada el espectador consume un trago y la correspondiente picada. De manera que allí (según esa cosa tan linda que tenemos los uruguayos, que somos todos “garroneros”...) hace que en lugar de molestarse a tomar algo en la esquina, después de ir al teatro, ya tengas por el mismo precio de la entrada la posibilidad de hacerlo. Aparte, el precio de la entrada es muy popular (vale 75 pesos y, con los descuentos, que son para casi todo el mundo, 50)...
FT – Una oyente, Ana María, pregunta justo sobre eso: “Mi esposo y yo somos admiradores suyos. Por favor, que diga bien la dirección del teatro para ir a verlo y si podemos entrar como Socios Espectaculares”.
AR – Incluso, brindamos una “yapa”, porque el espectáculo culmina en la placita tan linda de la que hablabas, que está enfrente, con la gente al aire libre. Les digo a mis amigos que me llaman que sí pueden entrar como socios. La dirección es Manuel Haedo 3101, esquina 14 de Julio.
FTP – ¿Vos hiciste radio, no?
AR – Mucho tiempo hice radio. Tuve un programa que se llamaba “Eco contemporáneo”, con mi hermano Luis. Primero estuvo en la que fue Radio Panamericana; después, en Radio Centenario, y culminó en la que actualmente es X FM, que antes fue El dorado.
FTP – Se te nota que estuviste en radio por tu manera de decir “Manuel Haedo”, para que no haya ninguna duda de dónde va a estar Restuccia.
AR – Bueno: son los “vicios” del actor, que trata de modular la dicción.
FTP – Alberto, si tuvieras que elegir, ¿elegirías la dirección o la actuación?
AR – En este momento, la actuación. Me da menos “laburo”. Bueno: justamente, con todos estos juegos del lenguaje, parafraseando a mi admirado Alejandro Dolina, el espectáculo está dedicado a Enrique Pinti, Alejandro Dolina, a Michael Moore -el animador televisivo- y a Frank Zappa. No me pregunten por qué a Frank Zappa porque es una dedicatoria de corazón. A Zappa como un artista muy, muy, muy creativo que, largado a la improvisación, era imparable. Y esto es un poco lo que pasa con el espectáculo que estoy haciendo, “La semejanza será terrible”.
FTP – ¿Significa que vos improvisás mucho en el espectáculo?
AR – Sí. Porque es un espectáculo interactivo y hay mucha participación. Y según el tipo de participación del público, se puede llegar hasta los límites del disparate absoluto. Y eso es lo que más le divierte al público: que uno se ría de uno mismo y, a su vez, el público también.
Yo vengo escuchando hace mucho a Dolina, lo he visto en vivo. Pero, fundamentalmente, yo vengo haciendo lo mismo sin saberlo desde el año 1979, cuando el espectáculo de “¡Esto es cultura, animal!”.
FTP – ¿En 1979?
AR – Sí, fue ese año. Se inauguró en plena dictadura.
Y eso de que a partir de un cuento, de glosar un texto, se dispara una improvisación que es un disparatario total, que no se sabe dónde va a parar, realmente, porque depende del espectador.
FTP – ¿Qué estás “vichando” ahí, que me tenés como loco mirando?
AR – Estoy “vichando” una cosa que se llama “A la manera de prólogo, del programa del espectáculo”. [Risas] Porque, si no, no me acuerdo de lo que tengo que decir.
FT – ¡Se trajo el “trencito”!
FTP – ¡Estás copiando! ¡Estás copiando!
(Risas)
AR – Bueno: ahora sí les voy a leer abiertamente...
FT – ¡Ahora que te descubrimos!
(Risas)
AR – ¡Sí, sí! Les voy a leer abiertamente lo que dijo Alejandro Dolina, el martes 9 de enero del año 2001, desde el Teatro Auditorium, en el programa emitido por Radio Del Plata y retransmitido por El Espectador. Así dijo:
“El nombre de este programa, ‘La venganza será terrible’, es nada. No hay nada fuera del pensamiento y la creación. Lo que interesa de nosotros será nuestra capacidad de pensar. Lo demás –los nombres, los títulos-, son cosas que van y vienen y que a nadie interesan. No les tenemos miedo.
Lo más apasionante es la poesía. Si esa copa se llama ‘copa’, puede llamarse de otra manera. Saber cómo se llama una cosa realmente sería muy difícil. El nombre que nos toca está muy lejos de nuestra decisión.
Esto está dedicado a los que están disconformes con sus nombres y a los que están demasiado conformes.
Ser sólo nuestro nombre es reducirnos a ser sombra. En todo caso, esto es para provocar algo que tiente al poeta de cinco pesos que uno es”.
Y esto último lo dijo Italo Calvino:
“Por último, esto de los nombres y del lenguaje está hecho para provocar, para fomentar el escepticismo gramatical o estructural, que hacen que un hecho minúsculo tenga una consecuencia desaforada. Porque cualquier texto, si uno lo desmenuza, puede resultar ridículo, alegre, humorístico. Hasta la guía telefónica. Algunas de las cosas más importantes de la vida son coincidencias”.
Y me baso en esto, justamente, para hacer este espectáculo.
FT – Yo lo escuché ese día. Fue el día que arrancó en Radio Del Plata.
AR – Exactamente: el primer día que arrancó en Mar del Plata.
Yo creo que Dolina no se va a enojar por parafrasear el nombre de su programa radial, como referente cultural, porque es un hombre muy inteligente y con mucho sentido del humor. Y, si no, yo también tendría que enojarme porque, cuando lo escuché, vi que él me había copiado... [Risas] Por lo tanto, los dos somos seres pensantes y eso s lo divertido.
FTP – Lo que pasa es que él tiene un aparato brutal de difusión. Dolina ha tenido una penetración enorme, que también es responsabilidad de esta emisora, que te recibe con mucho cariño, Alberto.
Pero hay un parentesco muy grande entre el humor de algunos argentinos y el humor de muchos uruguayos. Capaz que sea porque nosotros somos menos y nos emparentemos con el humor. Pero aquello de “Telecataplum”, aquello de Les Luthiers, los monólogos que están haciendo vos, lo que hizo Armando Halty con “Bulevar Sarandí”... Se toman algunos sectores del teatro argentino y otros que ni se conversan.
AR – Sin duda. Yo creo que sí: los argentinos nos respetan mucho como humoristas. O como parodistas. Yo, por ejemplo, haciendo este espectáculo, me considero un parodista unipersonal. Estoy en la “Liguilla” de Carnaval... No voy a concursar, pero estoy ahí...
(Risas)
FTP – ¿Y vos podrías hacer este mismo espectáculo en Buenos Aires, por ejemplo?
AR – Yo pienso que sí. Incluso, pienso que podría hacer “¡Esto es cultura, animal!”. O el monólogo que se llamaba “La hipocresía uruguaya: cómo superarla y salir del bajón”. Ese espectáculo, por ejemplo, funcionaría muchísimo porque la temática rioplatense es muy común. Y las hipocresías son muy comunes, también...
FTP – “La hipocresía uruguaya”, ¿de cuándo es?
AR – Se estrenó en 1996, con gran éxito, en la desaparecida Casa del Teatro.
Y la hacíamos con esta modalidad de “teatro con sobremesa”, en el que el espectador puede tomarse un trago, comerse una picada y puede quedarse a charlar con los artistas después del espectáculo. A veces, hay como un divorcio entre público y actores: se termina el espectáculo y cada uno se va para su casa. Acá, existe la posibilidad de un cambio de ideas, la posibilidad de hacer algo en común. Los espectadores me han ayudado mucho con muchas ideas. Y yo lo agradezco. Agradezco tener esa corriente de público que me sigue a las distintas salas donde voy. Eso es muy importante, es mi mayor capital.
FT – ¿Cómo reacciona la gente ante dos situaciones distintas y que la tienen como protagonista? La primera, la de interactuar. Hay mucha gente que dice: “Mmmh... ¿Qué querrá Restuccia que yo haga? A mí me da un poco de vergüenza”. Eso, por un lado.
Y, por el otro, el del final: el hecho de que la gente se quede, de que interactúe de otra manera, ya no formando parte del escenario, sino del camarín, de charlar con el actor.
AR – Te puedo asegurar una cosa: no se va nadie. Eso es muy importante. A la gente le gusta. Y quien dice que el público uruguayo no es participativo, miente. Lo que pasa es que se le da muy pocas ocasiones de participar. Y hablo de todo, no sólo del teatro. Hablo de la política, de la vida pública, del deporte. En todo tiene pocas ocasiones de participar. Si al uruguayo vos le das oportunidad de participar, es muy participativo.
Y respecto a eso de “qué irá a hacer Restuccia”, yo te podía mostrar videos (y se los podría mostrar al público) de las cosas que ¡el espectador me hace hacer a mí! [Risas] Es muy divertido el intercambio que hay. Y al público uruguayo, realmente, le gusta participar. Y si no quiere, no participa. Porque no hay nada forzado, por otra parte. No hay nada personalizado. No es hacia un espectador o espectadora (porque tengo un gran público femenino) en especial, sino que, de pronto, va una pregunta largada al aire y la toma quien quiere. No está personalizado. Así que, en ese aspecto, no hay por qué tener miedo: uno se puede divertir callado o hablando.
FT – ¿Es un paso posterior a Pinti, por ejemplo? Porque él, en los monólogos, es mucho más retraído hacia sí mismo, hacia el escenario. Vos hacés un monólogo en el cual no sólo está tu desgaste de monologuista, sino, además, el paso siguiente, que es el de “bajar del escenario”, por llamarlo de alguna manera.
AR – Sería un Pinti “abierto”. Es un teatro más abierto. Pinti se “cierra” y, además, habla tan rápido, que es imposible meterle un parlamento. Porque es una máquina de hablar...
FTP – Se me ocurre que debe de ser dificilísimo ese tipo de teatro. ¿Cuánto dura el espectáculo?
AR – El espectáculo está programado para 90 minutos.
FTP – Una hora y media sin parar. ¿Hay silencios u otros efectos? ¿Hay algo que funcione de manera mecánica o el espectáculo sólo es tuyo?
AR – Hay música grabada. Como la hay en Dolina. De pronto, el público que va a verlo en vivo escucha un tema, todos tranquilos, en silencio.
Es muy importante la pregunta que me hacés. Porque yo creo que los silencios son importantísimos en el teatro. Y, por supuesto, en la radiotelefonía, también. Los silencios son realmente importantes.
Hay un manejo que alguna gente que me ha visto dice que yo lo sé hacer muy bien. Eso depende del que lo diga. Pero, realmente, es muy importante el silencio que vos hacés después de un chiste, o antes, en el momentito antes de hacerlo. Y para esto no hay recetas. No se podría abrir una escuela para decir “hay que hacer esto”. Porque, además, vos te das cuenta que los públicos son diferentes y que un chiste que resultó en la función de ayer no resulta en la de hoy.
FT – ¿Cómo te das cuenta las diferencias que hay entre distintos públicos?
AR – Es una especie de intuición. Por ejemplo, yo tengo mucho público joven. Pero me puede tocar, de pronto, público un poquito más veterano, y vos ya sabés a qué tenés que recurrir y qué tipo de cosas tenés que hacer. Y eso va en los 40 años de teatro que uno lleva encima.
FTP – ¿Y qué se enseña, entonces, en la Escuela, si decís que esto no se puede enseñar?
(Risas)
AR – Yo les digo que no hay ninguna receta, que lo fundamental es aprender de la propia intuición. Y, justamente, ahora que me preguntás de la Escuela, te digo que tenemos abiertos los cursos...
(Risas)
FT – “Aprovecho para meter el aviso”... Mucha radio junta tiene Alberto Restuccia... ¡Se las conoce todas!
(Risas)
AR – Es que no sé dónde tengo el papel...
FTP – [Con marcada voz de locutor:] “Cualquier monedita sirve...”
(Risas)
AR – Ahí está. La Escuela de Teatro Uno de Montevideo, se fundó en 1961. O sea que cumple los 40 años de su fundación en esta temporada. El Teatro Uno, fue fundado por Luis Cerminara, hoy desaparecido; por Jorge Frecero, hoy desaparecido. Graciela Figueroa y yo somos los dos que quedamos de los fundadores del grupo.
Las clases son exclusivamente prácticas; la cuota es muy accesible. Hay descuentos para todos: menores de 18 años, mayores de 18 años...
FTP – ¿Cuánto es la cuota? Porque esto es “radio verdad”.
AR – Son 400 pesos. Es una cuota absolutamente accesible.
FTP – ¿Cuál es la carga horaria? Porque la gente trabaja. Por ejemplo, Tetes está mangueando hace horas un curso de teatro...
(Risas)
AR – Son 16 horas mensuales. Es importante para el precio.
FT – Es una carga horaria “soportable” para la gente que trabaja.
FTP – Son cuatro horitas semanales.
AR – Claro: son dos clases de dos horas por semana.
No se requiere experiencia previa, no hay límite de edad ni hay examen de admisión.
FTP – ¿Y salís con trabajo?
AR – Vos vas a la bolsa de trabajo de Teatro Uno de Montevideo, y los alumnos pueden decir que nosotros empleamos la “mano de obra” de la Escuela. Te puedo citar mucha gente: Luis Orpi, que trabaja en televisión, por ejemplo. Y así mucha gente ha terminado trabajando, haciendo teatro profesional, de pronto, a los dos años de salir de la escuela.
FTP – ¿Así que Luis estudió en la Escuela?
AR – Sí: estudió con nosotros. Y tanta gente, que no podría citarlos.
Cuando en julio se cumplan los 40 años, vamos a venir a visitarlos...
FTP – Capaz que no estamos...
AR – O capaz que sí...
(Risas)
AR – Los vamos a venir a visitar y vamos a traer la larga lista de gente que estudió en Teatro Uno, que es impresionante.
FT – Danos los datos de la Escuela.
AR – Sí: es en Gonzalo Ramírez 1647, esquina Minas, y el teléfono es el 401 8447. Allí se entregan las bases a los interesados.
FTP – El tema del monólogo, ¿es un recurso de vocación o es una consecuencia de la recesión?
FT – Que hay que ir bajando gente del escenario...
AR – Pensalo: el primer unipersonal lo hice en 1979. En ese momento, había un panorama económico. Después seguí haciendo unipersonales en los años 80 y en los años 90. Y en los 80 era otro panorama económico, y en los 90, otro. Así que no es una necesidad absolutamente perentoria, no es una cuestión del momento.
Yo creo que es una necesidad de expresión y, a su vez, un poco, la pereza que te da dirigir tanto a tantos actores durante 40 años. Al final, uno dice: “Bueno, mirá: mejor, antes de explicarte tanto lo que quiero que hagas, lo voy a hacer yo”. Es un poco eso. Pero también está que uno se divierte mucho. Y yo creo que la manera de hacer divertir al público es divertirse uno.
FT – Entonces: “La semejanza será terrible”, teatro con sobremesa, se presenta todos los sábados de marzo y abril a la hora 21:30, en Teatro La Cómica, en Manuel Haedo 3101, esquina 14 de Julio, a dos cuadras del club Bohemios. El teléfono es 628 7977. Allí está Alberto Restuccia, haciendo el monólogo e invitándolos a participar y, después, a tomar algo con él.
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Transcripción: Fernando Iglesias
Edición. Mauricio Erramuspe
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