El adiós a los signos
Análisis del semiólogo Fernando Andacht.
EN PERSPECTIVA
Viernes 03.12.99 - Hora 09.50
FERNANDO ANDACHT:
Quería hacer una suerte de revisión, sobre todo completar lo revisado de las entrevistas
transcriptas en Internet, ahora impreso sobre la mesa. Asusta la cantidad de signos
lanzados por allí, pero sobre todo hoy lo quería festejar, porque el cierre de algo
siempre es un momento de cavilar, además de ese análisis siempre tan urgente por la
cantidad de material de que debía dar cuenta. Es decir, celebrar esa trama que se fue
armando con el otro, sin el cual nada de esto funciona: la audiencia, que de las maneras
más insólitas en este largo trayecto de casi ocho meses muy extensos por su intensidad
sígnica, a través de los correos, de llamadas y en la calle a veces, se manifestaba.
Evidentemente es una cosa de mucho placer encontrar que el significado -como sostiene la
semiótica- sólo crece a través de otros signos, de lo contrario queda trunco, estéril,
por lo menos en vida latente. Esta es la manera de festejar esto con la audiencia que ha
acompañado y alimentado esta reflexión sobre el significado. En definitiva, la
semiótica no es ni más ni menos que eso, el complemento de la politología, la
sociología política, etcétera, de diversos encares que tratan de entender cómo ocurren
las cosas, sobre todo predecir.
Hablando de predecir, ¿cómo empieza este ciclo? De una manera cómica y muy seria, lo
que siempre fue nuestra meta. Hacer reflexionar no significa necesariamente amargar o
aburrir; espero que no lo hayamos hecho. Este ciclo empezó con el regreso de un
autoproscripto: Pinchinatti. Hace 10 años empecé exactamente igual, hablando de
Pinchinatti, cuando nadie hablaba de eso porque estaba mal darle bolilla a algo que
parecía tan menor como para ser un anticandidato perpendicular, como lo llamé alguna
vez. Realmente fue un crecimiento de abajo hacia arriba, lo que nació como un puro
sketch, un episodio de tantos de la viejísima tradición humorística, de murgas, de
chistes que corren por las calles de Uruguay -país afecto a la política, de otra manera
no se explica esta presencia mía y de ustedes acá en este momento-, llegó al Palacio
Peñarol al final del 89 y terminó de manera brusca, proscripto, porque la clase
política no lo vio con buenos ojos. Su des-proscripción demoró 10 años.
En marzo yo decía que así como había precandidatos había también preelectores. Nunca
hubo antes una elección como ésta que ya fue. ¿Sobre qué hace chistes el ser humano?
¿De qué se ríe? De todas las cosas que le generan ansiedad, como la muerte, el sexo, el
dinero, el otro. En todas partes del mundo encontramos los chistes racistas y los chistes
étnicos; basta cambiar de latitud para que cambien los protagonistas, pero los chistes
son muy parecidos. Todo lo que nos da angustia -palabra que viene del latín y quiere
decir que nos estrecha el horizonte y nos sentimos un poco constreñidos- nos hace reír
para descargar y buscar maneras de encarar eso que nos preocupa.
Entonces el ciclo empieza con risas de Pinchinatti volviendo y los uruguayos buscando,
ensayando cómo vestirnos con este nuevo sistema, por el que íbamos a votar muchas veces
y de manera distinta. Si habrá sido distinta que clásicos rivales como el Partido
Colorado y el Partido Nacional, que descargan su buena munición durante la interna y
hacia el 31 de octubre, terminan amigándose bastante rápido. No tanto como lo hicieron
Hierro López y Batlle, que fue fulminante; si hubiera una ley de amigarse rápido y ganar
éste podría haber sido el primer episodio. ¡Qué cultura política! La mismísima noche
del 25 de abril ya aparecen para la foto, que luego es el primer cartel que analicé el 10
de setiembre. En síntesis, esas risas nos permiten reflexionar, reposicionarnos, ver qué
íbamos a hacer ya en marzo sobre lo que nos esperaba, el largo trayecto que ahora
culminó.
La propia noche del 28 de noviembre Emiliano me decía que no había visto tantas
sonrisas. Yo hice mis deberes, repasé los videos...
EMILIANO COTELO:
Yo decía que no había visto tantas sonrisas en los discursos de esa noche, sobre todo de
los triunfadores.
FA - Yo revisé y encontré una cosa curiosa. ¿Saben quién se sonríe mucho, salvo en un
instante? Tabaré Vázquez. En el Hotel Figari, en el balcón. El que no se sonríe nada,
que al final está muy nervioso, es Jorge Batlle y sus "petirrojos". En una
oportunidad un oyente me hizo llegar un mensaje que decía: "Revisá el principio
petirrojo hacia Mercedes Menafra". Tenía razón: las esposas juegan tanto que
Batlle, a micrófono abierto -supongo que olvidado en el Hotel Radisson- le dice
"¡Ligia, dame un beso!". Termina el discurso, no hay nadie de a pie, están
todos sentados. En el doble sentido: son élites, la gente está afuera, en la Plaza
Independencia, esperando. Se paran para la foto y Batlle tiene de un lado a su esposa y
del otro lado al petirrojo doble. En la escena del balcón que sigue, la bandera que en el
momento de ganar el balotaje había sacudido Luis Hierro ahora la sacuden Ligia Almitrán
y, de una manera menor, Mercedes Menafra.
EC - Sonrisas pocas en Batlle, sonrisas pocas en Lacalle...
FA - ¿Por qué será? Hay una solemnidad tan grande en Jorge Batlle que creo que es el
epílogo de esas risas con que comienza este ciclo. Yo les decía que hay que empezar por
la parodia, y sólo se parodia y se hace chistes sobre lo que importa. No hay chistes de
ballet, de ópera, porque son actividades minoritarias -no las pongo en menoscabo- que no
conmueven a las masas, no son elementos ansiógenos. Al inicio de la primera vuelta había
salido un cartel con Luis Hierro López y Batlle mirando hacia la altura. Yo comentaba que
esa mirada mística era rara en un partido agnóstico. ¡Oh, casualidad! En ese afiche hay
una mirada solemne y casi mística, la leyenda "la fuerza de la unidad" y una
enorme bandera uruguaya atrás.
EC - Era el anuncio de vía pública de la Lista 2000; ya empezaban a insinuarse dos
campañas.
FA - Era un símbolo no de gobernabilidad -como se dijo en el Victoria Plaza y en el
Partido Nacional, inaugurando el neo-bipartidismo- sino de gobierno, de un partido que es
gobierno ahora, lo seguirá siendo, fue gobierno en la transición democrática del 85 y
que está marcando lo que llamé muchas veces un "batllismo atmosférico". Si
tuviera que decir algo sobre la victoria colorada... Hace años Hugo Fernández Faingold
-un poco un cerebro, una presencia gris en varios sentidos de la palabra del Partido
Colorado, uno de sus pensantes- dijo en un programa de televisión que la clase media
uruguaya es muy especial, muy distinta del resto del mundo. Fue una afirmación muy
tajante. Yo creo que esta última elección del siglo marca que este batllismo del Partido
Colorado es todavía el mejor intérprete semiótico de esa medianía, que no se mide por
ingreso per cápita, por la edad, el nivel educativo, sino que es algo atmosférico, un
clima de opinión, así como hay un peronismo atmosférico muy difuso que abarca la
derecha, la izquierda y el centro en el vecino país.
Vamos ahora a lo que marcó esta elección, la Lista 15, don Jorge Batlle. Revisando estas
notas encontré que el 2 de abril acá analizamos la campaña testimonial de Jorge Batlle,
que fue la primera y única de la interna, que llamé de ventrilocuismo. Desde un taxista
enojado que dice que después salen todos con la corneta, hasta un "pae" umbanda
en su "terreiro", toda esa gente va a decir al candidato, al que llamé
"signo cero" porque no aparecía, era dicho por la gente. En un momento dado del
análisis dije lo siguiente: "Estamos hablando de aquella frase de Eva Perón,
'volveré y seré millones', pero que hoy podemos resumir, como vox populi, vox dei,
'hablaré y seré la palabra justa'". Hablamos de vox populi antes de que fuera la
gran largada, de que todas las campañas de la primera vuelta se dedicaran a eso y una de
ellas se llamara incluso "Vox Populi". Dejo abierta la posibilidad de haber
estado componiendo con la ventana abierta, como decía un amigo.
Hubo tanta cosa nueva, se empezó a todo humor y se termina con una gran solemnidad. Me
refiero al equipo ganador, en un hotel del Centro, no en la casa del Partido Colorado.
Esto es una enorme novedad; la casa aparece casi vacía, con poquita gente, que luego se
trasladará hacia el hotel. Todo empieza con el discreto encanto de salirle de testigo a
alguien, que aquí llamé el modo kerigmático, que es el de la Biblia, de los Evangelios,
donde una cantidad de personas no tratan de convencer a nadie mostrando virtudes sino que
simplemente da testimonio; eso quiere decir kerigma. Aquí vemos un desfile de toda la
sociedad uruguaya -jóvenes, viejos, ricos, pobres, tacheros, mecánicos, etcétera- en la
interna de Jorge Batlle, que luego cunde como un virus informático y todo se vuelve
testimonial, todos salen de testigo.
Se llega al hito con Benito Villanueva, el viejito de 94 años que se sube al estrado y
cuenta una historia memorable donde se muestra el fuerte de lo que la semiótica llama
indicio. Es muy difícil preparar a un viejito de más de 90 años, producirlo; en eso se
basa todo testimonial. Es curioso que hayamos comenzado con el discreto encanto de salir
de testigo y terminemos en la odisea de la verdad y nada más que la verdad.
El último tramo fue un feroz cruce de acusaciones mutuas sobre algo que en la última
columna dije que no tiene demasiada importancia en la política como actividad humana y
semiótica, que es la verdad. Los dos se acusaban de mentir, lo que supone que el otro
dice la verdad; uno acusa de mentiroso siendo mentiroso o presentándose como tal.
Decía que la política no es la forma de búsqueda de la verdad sino que es otra cosa,
muy compleja, muy respetable, muy seria, porque el gobernar es tan serio y debe atender a
los hechos que son resistentes y obstinados y todo el tiempo ocurren -devaluaciones, el
mundo cambia, se caen los muros, se reparan otros, hay guerras-, y por otro lado nada
menos que la opinión pública. Si será protagónica que hoy los candidatos -como el
enfermo imaginario de Molière, que se pasa observando todo lo que le pasa en el cuerpo-,
con la tecnología más avanzada, se pasan pendientes de lo que viene del colectivo. No es
algo malo, no es algo decadente ni a corregir en la política.
Dije ante este micrófono que cualquier régimen que se base en la verdad y nada más que
en la verdad es dictatorial, autoritario, porque prescinde de y le molesta la discusión,
no le interesa en absoluto. Un ejemplo banal: si llega mañana un estudio científico que
dice que la pena de muerte y la tortura son eficaces para conseguir datos rápidos no se
puede aplicar, hay que inaugurar un debate. A un científico eso le molestaría, pero la
política no funciona así, es el reino de la opinión, y creo que está bien porque se
llama democracia. Ya conocemos la alternativa, que es bastante menos agradable.
*******
EC - La sonrisa de Vázquez el 28 de noviembre.
FA - Nos queda uno de los elementos clave de la campaña, nada menos que el Encuentro
Progresista-Frente Amplio, ganador de la primera vuelta. La noche del 28 de noviembre
Emiliano me decía que no había visto muchas sonrisas. Me puse a revisar lo que había
visto y, efectivamente, el clima era entre solemne y casi trágico, más allá de alguna
evocación del accidente fatal de Florida. Lacalle, poniéndose en el lugar de la
política, también hablaba desde cierta formalidad extrema; incluso se colocaba delante
de su propio retrato, del presidente Lacalle, en su propia pertenencia, hoy tan
cuestionada.
El 9 de abril yo hablaba de Tabaré Vázquez, "un afiche viviente". Con esto
quise decir que en el duelo contra Astori había muy pocos carteles de Vázquez, muy poca
propaganda; en general hubo poquísima propaganda del Encuentro Progresista-Frente Amplio
en esa primera elección, contratada con la de colorados y nacionalistas. Explicaba acá
que Tabaré Vázquez mismo encarna algo muy espinoso, un tabú uruguayo, que es la fama,
la celebridad. Es una cosa que se vive mal, sólo se acepta módicamente desde la otra
orilla; cuanto más lejos mejor. El paisito no admite muchos célebres, como un Maradona,
un Charly García, etcétera, que nunca dirían ante las cámaras "no soy
nadie", "soy poca cosa", ese fenómeno tan pintoresco que en algún libro
he llamado la jactancia negativa, jactarse de no jactarse, que también es una arrogancia,
pero de un sabor particular, muy uruguayo.
Vázquez había dicho que si ganaba -su fuerza política y él- ese gobierno iba a hacer
temblar hasta las raíces de los árboles. Creo que pocas frases tuvieron tanta progenie,
tantos impactos en el periodismo, que le pregunta cómo es ese vendaval, ese pampero que
va a hacer temblar -está hablando de una revolución- y cómo llegó a esa suave brisa de
lo que llamé el Uruguay natural, que es esa voz en off, tan apacible que parece un video
preparado para vender al Uruguay afuera.
EC - Tú te refieres a una de las piezas de la última etapa del proceso electoral.
FA - Es la última pieza previo a la gran victoria. Estoy hablando de que hubo un cambio
fenomenal a lo largo de esta campaña. Cuando uno dice Lacalle, Batlle, Tabaré Vázquez o
Tabaré -hablamos de la fuerza del nombre propio- se crea la ilusión de que siempre
estamos hablando de lo mismo. Esto es un grueso error. Si algo hacen los símbolos es
crecer, cambiar, complejizarse. Acá mismo analicé un pequeñísimo intercambio entre la
prensa y Danilo Astori, luego del acto en el Palacio Peñarol, donde Tabaré Vázquez dice
-entre otras cosas- que sus cambios van a hacer temblar las raíces de los árboles, es
decir algo que va a derribar estructuras y que va a hacer otro Uruguay. Danilo Astori
comenta a la salida "no sé cómo lo va a hacer, un gobierno de izquierda sólo con
el tiempo, a largo plazo, va a hacer cambios más profundos, vamos a hacer cosas
gradualistas", y pierde como en la guerra, porque encarna una fuerza bien de
medianía, bien mesocrática, que tiende a confundirse con el otro, con Batlle, con
Lacalle, que también hablan de mejorar.
Observen la campaña y van a ver cómo siempre es la traducción amplificada de un slogan.
¿Qué hizo "el cambio a la uruguaya"? Acá analicé una memorable entrevista
Néber Araújo-Tabaré Vázquez en el programa Agenda Confidencial. En un momento Araújo
pregunta "¿usted va a hacer Cuba de Uruguay?". Y Vázquez le responde:
"Entonces el presidente Sanguinetti también, porque él lo invitó a Castro". Y
Araújo replica: "Pero yo estuve en desacuerdo". Vázquez lo sketchiza, lo
vuelve un sketch.
En el Hotel Figari Tabaré Vázquez no hace más que ratificar su enorme poder como
expresor. ¿Quiénes son los reyes de la escena en política? Un Clinton, un Menem -que
ahora está en decadencia- y un Tabaré Vázquez. ¿Por qué? Porque cada gesto suyo, cada
silencio, cada palabra, cada sonrisa... ¿Saben en qué momento deja de sonreír en el
Figari? En un momento cambia un gesto más bien evangelizador, didáctico, cierra el puño
-cosa curiosa, porque venía siendo muy confraternizador con el que ganó, muy amigable,
"user-friendly"- y promete su ayuda, su cooperación. Dice "estaremos acá,
dispuestos desde nuestro lugar", se enoja casi. Yo pienso que es una manera de
encarnar en ese instante lo histórico del Frente Amplio. El líder está diciendo
"no dejaremos que nos olviden como fuerza mayoritaria que somos", encarna la
mística de la izquierda.
El siglo termina con un símbolo que empieza siendo el gobierno, pero mucho más que eso
el tono social del Uruguay que se termina y que ya nunca será igual: Jorge Batlle,
último avatar de aquel otro Batlle y de mucha gente en el medio -incluso la izquierda que
quiso ocupar ese lugar-, cierra con esa alternativa en el poder que fue el Partido Blanco.
Lacalle se basa no en las ideas de salir a pelear sino en la telegenia. La telegenia más
fuerte la plantean él y Julita, la única que se atreve con un diminutivo en una bandera.
Termina, también, con una fuerza de izquierda muy distinta a la que analizaba un tipo tan
brillante como Aldo Solari en un artículo llamado "Réquiem para la izquierda",
que decía con tono melancólico "la izquierda no entiende a la gente, nunca va a
ganar si sigue así". Creo que la izquierda entendió eso y no sigue así, Tabaré
encarna hoy una mística traducida al fin del siglo y es ante nada ese afiche viviente que
analicé acá, que genera un impacto emocional muy grande, en un partido que curiosamente
fue de las ideas, de la ideología, de la crítica intelectual. Eso no es ni malo ni
bueno, estoy señalando tres grandes tipos de signos, que son los que terminan el siglo y
van a dar mucho que hablar y pensar en el que viene.
EC - Están llegando mensajes para Fernando. Me llamó la atención uno en particular que
dice: "Primero, quisiera que Fernando recomendara textos básicos como para
iniciarnos en la semiótica y así poder cultivar un criterio más crítico sobre la
tormenta de símbolos que es nuestra vida social y los medios de comunicación en
particular. Segundo, más allá de la comunicación política, ¿no podría hacerse un
análisis semiótico, semana a semana, de la publicidad en su conjunto, de películas de
cine, quizás, libros, etcétera, y de esa forma poder seguir disfrutando de la compañía
de quien nos entretiene, informa y forma?".
FA - Voy a nombrar a esta persona representante oficial de cualquier tipo de actividad que
haga en el futuro. Quiero redondear lo que dije al comienzo: les agradezco el espacio que
han generado porque me permitió algo insólito que no existe en otra parte del mundo.
Este año estuve como en cuatro congresos y no existe en otra parte del mundo, lo marcaba
César Aguiar en una reunión de una asociación mundial de opinión pública.
Fue una idea que tuvo Emiliano, estando en otra radio, pero ya con este programa, de hacer
esto tan insólito, tan inusual, que creo que es una forma de democracia. Celebro las
radios que tiene Uruguay, los periodistas, el nivel de la gente. Pienso que la única
revolución que realmente es de largo plazo y de consecuencias benéficas para la
humanidad es la semiótica, en el sentido de lo que es la educación, el pensamiento, la
crítica, como decía esta oyente. Ese loco que fue José Pedro Varela decía: "¿Por
qué, en vez de que entiendan unos pocos, que entiendan los más?". Los medios
masivos toman la posta. Para la gente que tiene una postura apocalíptica y se queja de la
tele y de la radio, les digo que piensen un poco. La tele y la radio son traducciones de
aquella escuela, del aprender. Más que enseñar -que es aburrido- me gusta aprender. Creo
que si esto ha sido un lugar de aprender algo entre todos ha sido bárbaro.
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Transcripción: María Lila Ltaif Curbelo
Edición: Julieta Sokolowicz
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