Publicado en
la revista Tres
(06.11.98)


Uno de los pensadores más relevantes del siglo visitó Montevideo

Las magníficas batallas
de Giovanni Sartori


Uno de los más destacados pensadores contemporáneos pasó brevemente por Uruguay, trayendo consigo una polémica sobre la relación, en su opinión hoy conflictiva, entre la televisión y la democracia. Cerrando el ciclo de conferencias del 75° aniversario de radio El Espectador, Sartori habló de su último libro, Homo videns, donde cuestiona la contribución de la televisión actual en la difusión de la cultura y la formación de los ciudadanos racionales que necesita una democracia. Pero, por si esto fuera poco, habló además de otros temas de interés, como la corrupción en política y la originalidad del sistema político uruguayo. Su presencia fue recibida con frialdad por algunos medios de comunicación, lo que no parece haber preocupado a este florentino de cabello blanco y ojos vivaces, que habló con pasión, inteligencia y buen humor acerca de una de las grandes pasiones de su vida: las aventuras de la democracia en nuestro tiempo y los desafíos que enfrentará en el futuro.


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Entrevista:

"Hoy el candidato es un robot"

Sonriente, sin corbata y a la hora fijada, Giovanni Sartori recibió a tres. Con un café exprés en la mesa y buen humor conversó sobre su último libro y algunos peligros que en su opinión enfrenta la democracia en este fin de milenio.

-Su último libro, Homo videns, se diferencia de la mayor parte de los anteriores no sólo porque es más breve, sino también porque su contenido va más allá de su especialidad, la teoría política. Es un libro sobre los cambios de nuestra civilización. ¿Qué lo movió a escribirlo?

-Este es un problema que me preocupa y siempre he escrito como respuesta a problemas reales y concretos que me parecen importantes. Cuando yo comencé a escribir en 1956 lo hice porque me preocupaba el tema de las democracias y su futuro. Mi primer libro sobre la democracia fue una reacción a la invasión de Hungría por parte de la Unión Soviética. En ese momento yo veía una amenaza verdadera sobre las democracias europeas por parte del comunismo duro de esos años de "guerra fría". Escribí el libro como respuesta a esa preocupación. Y luego, he continuado ocupándome del tema de la democracia porque la paradoja es que casi nadie tiene cursos sobre la democracia en el mundo occidental. Y, cuando existen, hay que referirse a cientos de libros, lo cual es un poco dificultoso para los estudiantes.

Ahora escribí este pequeño libro, que utilizando la terminología del siglo XVIII, de la ilustración, yo digo que es un "panfleto". Es breve y no pretendo mostrar erudición sino llamar la atención y alertar sobre hechos de la realidad que me preocupan. En Homo videns, la tesis de fondo es que el vídeo está transformando al homo sapiens. Éste era producto de la cultura escrita y está siendo desplazado por la imagen. Todo acaba siendo visualizado. ¿Pero qué sucede con lo que no es visualizable? Yo me preocupo de la preponderancia de las cosas visibles sobre lo inteligible
que no se puede ver, lo cual nos lleva a tener cada vez más seres y niños que ven sin entender. Me parece justificado, entonces, alertar e incluso asustar a las madres. Porque este proceso me parece una absoluta bestialidad.

En lo hechos el discurso de nuestro tiempo parece ser que para extender la democracia deberíamos crear una masa cada vez mayor de asnos iguales. El discurso implícito de la televisión dice esto: todos los asnos sean iguales. Según yo entiendo, esto no extiende nada. Crea una situación en la cual hay una minoría, una elite, que es capaz, y una mayoría que no lo es. No es un gran progreso, ni para el ser humano, ni para la democracia. Se supone que las democracias son un gobierno donde importan las opiniones de todos y cada uno de los ciudadanos. Por ello es muy
importante el proceso de formación de la opinión y este proceso de formación de la opinión, en general, se está empobreciendo con la televisión. Una cosa es el progreso en extensión, pero no es progreso en el sentido real y positivo, aquel de que hablan los iluministas del siglo XVIII. El progreso positivo es cualitativo, en profundidad, no meramente en extensión; no es sólo que más ciudadanos voten, es que voten siendo buenos ciudadanos, informados y responsables. Está también el progreso del cáncer, y no es una buena cosa. Es decir que un progreso puramente cuantitativo que dice que las personas expuestas a la televisión eran un millón y ahora son dos millones, no es en realidad ningún progreso.

-¿Existe la posibilidad de una televisión de calidad capaz de extender el conocimiento y la cultura?

-Si está, bienvenida sea, hay que ver si existe. La extensión del conocimiento es un progreso en el sentido positivo y cualitativo, es decir, en el sentido que la ilustración daba al término. Si se dice que 100 personas dicen que tres por tres da nueve, y otras 100.000 dicen que tres por tres da siete, no hay progreso. Se está difundiendo un error matemático. O sea que el tema siempre es ver si existe un contenido positivo en esta extensión. Por sí sola, la noción es neutra. Yo trato de promover un progreso cualitativo. Puede darse que el hombre que lee y el hombre que ve, la cultura escrita y la cultura audiovisual, se combinen en una síntesis armoniosa. Si esto fuera posible, sería entonces perfecto.

Pero es importante considerar que la imagen no da por sí misma ninguna inteligibilidad. La imagen debe ser explicada, y la explicación que se da de ella en la televisión es insuficiente. Si en un futuro existiera una televisión que explicara mucho mejor, entonces podría haber una integración positiva entre el homo sapiens y el homo videns. De momento no veo que haya una integración, sino una sustracción y por lo tanto el acto de ver está atrofiando la capacidad de entender. Concebir cosas que no se ven y ver cosas que no se conciben pero se comprenden son dos cosas que se combinan en una suma positiva. En el libro no digo que eso no pueda suceder, pero en este momento la relación, y lo tomo como una constatación, da una suma negativa una sobre la otra.
Son las ideas que organizan las cosas perceptibles. Con la escuela de la Gesthalt hemos aprendido que nuestras percepciones no son nunca reflejos o calcos inmediatos de lo que observamos. Que se vea primero y luego se formen las ideas es algo inconcebible, en eso está basada la epistemología y la filosofía. En realidad vemos el fondo de las cosas con los conceptos que tenemos en la cabeza. Vemos el mundo a través de las categorías que tenemos en la cabeza. Las percepciones están ordenadas por nuestra cabeza y no hay una percepción casual. Para ver las imágenes no se precisa comprender.

Según la tradición filosófica, el mundo sensible es el mundo de las cosas que se ven y se tocan y el mundo inteligible es lo que define al homo sapiens, capaz de hacer la relación entre las cosas que no se tocan ni se ven pero que se comprenden. Construcciones mentales. En el libro pongo
una veintena de ejemplos de conceptos importantes de la vida social, y además toda la ciencia está basada en conceptos abstractos. Y todas estas cosas son cosas que nosotros comprendemos con el intelecto, forman parte del mundo inteligible que no vemos. Por ejemplo la igualdad, la justicia, el bien, el mal, la responsabilidad, la imparcialidad, son todas cosas no visibles que, sin embargo, podemos comprender por el poder de abstracción. No se puede hacer una fotografía del bien. No es aprisionable en una representación. Casi todo el discurso cognitivo del hombre está fundado en conceptos abstractos para los cuales lo visible no corresponde. Este es el punto central.

-En este contexto ¿cuál es el futuro de los vídeo-niños?

-Los problemas se resuelven cuando se los detecta, cuando se los comprende. En el pasado el Dr. Spock ha transformado a los niños explicando a las madres que debían ser permisivas, que el niño no debía ser contrariado. Esperamos que venga un Dr. Spock que les explique a las madres que la televisión hace daño a los niños de tres años y que se sacrifiquen ocupándose ellas de los niños y no hagan de la televisión una baby sitter. Se supone que las madres amen a sus niños. Si se convencen de que algo les hace mal, entonces deben actuar. Yo digo: tengan cuidado porque un niño de tres años es una esponja. O sea que si está tres horas frente a la televisión, que además, frecuentemente, es una televisión para adultos, está absorbiendo un mundo reducido a la imagen, en su mayoría violenta.

-¿No fortalece al niño con respecto a la violencia y a lo que tendrá que enfrentar cuando se integre al mundo de los adultos?

-No. El niño no entiende nada. Ve, pero no comprende. Absorbe un modelo de vida que luego lleva a la práctica. De hecho el aumento de la violencia es colosal. No hay dudas de que a un niño que comienza a ver a los cinco o seis años que la gente es asesinada, le parecerá normal que le gente sea asesinada. Absorbe esta concepción de la vida.

-Pero es una realidad. La gente es asesinada.

-Sí, sí hay gente que es asesinada hoy. Pero en el pasado había una mayor reacción, una formación que decía que estaba mal matar a la gente. Estos conceptos morales parecen haber quedado sepultados. Porque hoy, a los niños les parece natural el hecho de matar. Lo demuestran los episodios de criminalidad por parte de los niños, nunca vistos antes. Y no me refiero a niños con deficiencias mentales o desesperados, sino a niños que integran la clase media burguesa. Antes, los niños de nueve o diez años no asesinaban. Jugaban con los juguetes.

-Una de las dimensiones del libro es la discusión sobre la relación entre las imágenes y el conocimiento a que se refirió antes. Pero hay otra dimensión que usted trata en el libro, que es la relación de las cosas vistas en la televisión y la formación de la opinión pública en las democracias.

-Mi discurso sobre la formación de la opinión se basa en la diferencia de los ciudadanos imbéciles y los ciudadanos racionales. Si tenemos un ciudadano completamente vacío de opiniones, de lo que en realidad quiere o un sentido para lo que hace, entonces se crea una falsa democracia. Se trata de saber entonces si en las democracias existe un auténtico gobierno de opinión. Para comenzar a hablar, aunque también se podría discutir, se trata de saber si la opinión de los ciudadanos es autónoma, propia. Porque si el público que se consulta en las encuestas no forma racionalmente sus opiniones por sí mismo, entonces el gobierno de opinión está vacío de contenido y no tiene razón de ser. Y esto me parece un punto importante y preocupante. Porque cuando hoy se dice: el público quiere, el público piensa, a partir de los sondeos de opinión, en
realidad es muy probable que se trate solamente de un reflejo de lo que vuelcan hacia los ciudadanos los medios de comunicación. Es un círculo vicioso.

La televisión italiana es sin duda demasiado complaciente, temerosa del poder. Atrapada entre corporaciones al servicio de una determinada ideología. La televisión de Estados Unidos se va al otro extremo: insiste en tener que ser crítica y adversaria a toda costa. De todos modos existe un cierto equilibrio entre televisión, Estado y prensa. En Estados Unidos no hay un gran diario nacional. Es decir que la formación de la población de Estados Unidos, la realizan en un 95% los noticieros televisivos. Yo los he visto y son pésimos. Esto es lo que me preocupa. Yo no ataco a la televisión. Ataco su componente educativo y cultural. Si uno mirara sólo programas documentales sobre los animales, todo estaría bien; me parecen muy buenos, yo también los veo. Pero reitero: mi crítica se dirige a la falta de componentes educativos, formativos y culturales en la televisión. No sólo estos componentes han disminuido, sino que se han empobrecido. En cuanto a la opinión pública, cuando ésta se plasmaba fundamentalmente en los diarios, el equilibrio entre las opiniones personales de los individuos y las opiniones de esa prensa estaba garantizado por la existencia de una prensa libre y múltiple que representaba a muchas voces. La aparición de la radio no alteró sustancialmente este equilibrio. El problema surgió con la televisión, en la medida que el acto de ver suplantó el acto de discurrir. Cuando prevalece la comunicación lingüística los procesos de formación de la opinión no se producen directamente de arriba a abajo. Se producen en cascadas, o mejor dicho en una sucesión de cascadas interrumpidas por lagunas en las que las opiniones se mezclan. Y esto lo digo de acuerdo al modelo clásico desarrollado por Deutsch. Si, en cambio, la televisión controla nuestra formación y la información, entonces no podemos hablar de verdadera opinión pública. La televisión se convierte entonces en un mero vehículo del mensaje de los políticos más astutos. Por lo tanto podemos decir que no existe el gobierno de opinión.

-¿Este cambio en el papel de la televisión, puede entonces tener consecuencias sobre la conducta de los políticos?

-Los efectos de la vídeo-política son muy amplios. Uno de ellos es seguramente que la televisión personaliza las elecciones. En la pantalla vemos personas y no programas de partidos. Y además, personas constreñidas a hablar con cuentagotas. En definitiva, la televisión nos propone personas en lugar de discursos.

Pueden encontrarse ejemplos muy notorios. Silvio Berlusconi ha conseguido una cuarta parte de los votos italianos sin ningún partido organizado detrás, pero sí con un imperio televisivo a sus espaldas. Collor de Melo en Brasil llegó a la presidencia con un partido improvisado, pero con un fuerte apoyo televisivo. En Estados Unidos, Ross Perot consiguió uno de cada cinco votos en las elecciones presidenciales de 1993 sólo, con su dinero, pagando por sus apariciones televisivas.
Así, en definitiva, el personal político está cambiando radicalmente. En italiano se dice que hay rostros que buccano, que rompen la pantalla, que la atraviesan, que no son necesariamente lindos. Si son lindos, ¡mejor!

¡También hay rostros negados para la televisión! Lamentablemente la facha de un individuo es un elemento determinante de la valorización del político: inspira confianza, no la inspira, te mira a los ojos, no te mira derecho a los ojos... en realidad, son elementos irrelevantes. Yo he conocido tremendos inmorales que me miraban directamente a los ojos y gente que no me miraba nunca y que sin embargo, era muy honesta. No se puede juzgar a la gente por cómo sale en la televisión.
Por otra parte, como hoy el tiempo en la televisión es muy breve, desaparecen los contenidos. Cada día hay una nueva línea, la frase importante del día, y a los periodistas les resulta cómodo. Cuando yo voy a la televisión me otorgan 30 segundos. Yo puedo ser muy capaz, soy bravínno, pero en 30 segundos no puedo explicar gran cosa, ¿no? Pasar de 15 o 10 minutos a 30 segundos no tiene sentido. Y luego está la sobreexposición del candidato político en el mundo actual. El presidente Truman venció las elecciones con tres ideas fijas. Él tenía un discurso excelente y lo repetía cada vez a 50 personas. Hoy estos desgraciados deben hacer cinco discursos diferentes por día. Que por otra parte ni siquiera escriben ellos, sino que los escriben los gost writers (escritores fantasmas). Está bien. Pero lo terrible es que a estos gost writers no les interesa en lo más mínimo lo que piensa el candidato. Hoy el candidato es un robot. A ellos lo que les importa es que su candidato sea electo. Ni siquiera le preguntan al candidato si tiene una idea de lo que querría hacer. Ellos le dicen: el Post dice que en este momento la cosa popular que hay que decir es esta. Y sobre todo le indican las cosas que no hay que mencionar para no crear complicaciones porque sólo hacen perder votos. Reitero: son sólo robots. En cambio el viejo político hablaba con más o menos picardía pero proponía sus ideas. Ahora todo ha cambiado. Es extraordinaria la transformación ocasionada por la vídeo-política. El discurso actual entre candidato y elector no se asemeja en nada del discurso político de hace 40 o 50 años. Tal vez los jóvenes no se percaten de esto porque simplemente nunca lo han visto. Pero la diferencia es colosal. Los candidatos de hoy están limitados a realizar discursos populares prelibretados. Podrían ser robots con un rostro adecuado.

-¿En este contexto es que usted relativiza los sondeos de opinión?

-Los sondeos de opinión pueden ser engañosos. La persona interrogada tiene opiniones muy débiles, casi en un 90% de los casos. Tanto es así que las cambia con extrema facilidad, es decir que es muy voluble. No está informada sobre los temas o problemas a los cuales responde y la
prueba es que se pronuncia sobre cualquier tema. Recuerdo la famosa pregunta sobre algo realmente inexistente: ¿Qué piensa sobre la ley de los metales metálicos? Por lo menos un 30% responde. No sólo la ley de los metales metálicos no existe sino que además no tiene sentido. Esto
demuestra la naturaleza compleja y potencialmente fraudulenta de muchas afirmaciones. Como sociólogo sé cómo se realiza un cuestionario para un sondeo y sé perfectamente cómo manipularlo, es un juego de niños. Basta con invertir el orden de los nombres en una lista de candidatos y se puede alterar en 10% un resultado. La respuesta a la pregunta sobre el aborto o el derecho a la vida cambia en un 30% según cómo se la formule y, sin embargo, es la misma cuestión. ¡Por caridad! La manipulación en estas cosas es colosal. El sondeo sobre lo que realmente sabe el que responde no se hace jamás. Se dice: ese señor respondió esto. Pero nadie
se pregunta: ¿pero qué sabe ese señor sobre lo que se preguntó?

-¿Cree usted que los jóvenes navegantes de Internet, que se mueven en un espacio virtual sin fronteras, sentirán debilitado su sentido de pertenencia a su sociedad, a su comunidad política?

-Internet crea lo que llamamos el mundo de las tribus. Allí se encuentran los pedófilos, los coleccionistas de mariposas, los amantes de ratones, etcétera. Esto crea un mundo transversal de tribus. En lo que refiere al globalismo, no where or my place (en todas partes, mi lugar), ahí nos
encontramos con un público errante, efímero, pero que se desanima rápidamente. Son millones de personas que al cabo de un mes desaparecen de Internet. Se podrá discurrir sobre el futuro de las ballenas o la vida privada de Clinton, pero cuando surge un verdadero problema nos volvemos tremendamente localistas y volvemos a my place. Esta es mi visión.Yo creo que Internet puede ser un instrumento formidable de uso práctico. Pero en la esfera de lo que a mí me interesa, es decir la Paidéia, la formación de conocimiento, depende del usuario. Si yo le doy una máquina maravillosa a un auténtico analfabeto, no la sabrá utilizar. Este es el punto. Es la capacidad del usuario que convierte positiva la utilización de Internet. Si el vídeo-niño entra en el mundo de Internet se repite el mismo problema. Es decir que podrá buscar sólo juegos o vaya a saber qué cosas. Toda máquina necesita un contexto de valorización por parte de quien la da. ¡Si yo le doy un reloj suizo a un chimpancé, lo rompe! Si metemos a chimpancés dentro de Internet podrán jugar con los niveles de chimpancés, pero no más.



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Conferencia de prensa de Giovanni Sartori

"Las campañas electorales
deben ser cortas"


El profesor Sartori brindó una conferencia de prensa donde lo sustancial de sus respuestas giró en torno a dos temas polémicos y centrales para el futuro de las democracias: la corrupción y la relación entre los medios de comunicación y la política. Aquí lo fundamental de las respuestas de
Sartori en esa rueda de prensa, a la que concurrieron muy pocos medios de comunicación.


Corrupción privada y robo político

En general se habla de la corrupción privada, aunque además está el robo político, que también es un delito pero de otra naturaleza. Están los que roban para el partido, para la causa y los que roban para sí mismos. Y si hago esta distinción es porque para mí tiene un sentido. La corrupción
privada por excelencia deriva de dos factores. El primero es que hay demasiado dinero, estamos inundados de dinero. Entonces la tentación es grande y la facilidad también lo es. Y la facilidad hace al ladrón. El otro factor es esencialmente moral. En la Italietta, como nosotros llamamos afectuosamente a mi país, desde el fin del siglo pasado y hasta la mitad del actual, había una clase burocrática con una entereza moral, con sentido del deber, con sentido del Estado, de la responsabilidad. Existía el Gran funcionario, el Grand Commis del Estado. Pero esto fue desapareciendo. Después de la segunda guerra mundial desapareció rápidamente un sentido moral. Y no me refiero a pura moralina sino a la existencia de un tejido moral, un sentido de los valores de la responsabilidad y lo correcto en la administración. Pero el sentido de la moral se fue perdiendo también por distintas razones, no exclusivamente individuales sino también políticas e ideológicas. El marxismo, por ejemplo, denunciaba la moral como una súper-estructura burguesa y predicaba la lógica del interés económico, o sea que reabsorbía la ética en la economía, desvalorizándola. Y ahora hemos llegado a otra situación con relación a la corrupción: con todo este dinero fácil se dice hoy que "el que no roba es un tonto". Ahora, la legislación italiana está procediendo sobre este problema. Entonces el dicho es más complicado: "El que no roba es un tonto. Pero el que se hace pillar robando es todavía más tonto". Insisto: hay demasiado dinero fácil para robar.

También está la corrupción con fondo político, es decir que no se roba para sí mismo, sino para el partido o la causa, para un lema, un sublema. Y esto es en parte debido a que la política cuesta demasiado. Si mi enemigo tiene más dinero que yo, algo hay que hacer. La competencia tiene que ser igual. En algunos países el costo de la política es demencial. En Estados Unidos, por ejemplo, el costo promedio de un puesto es de diez millones de dólares. Es decir que cada candidato necesitaría diez millones de dólares. Allí hay un cierto control, el sistema es moderadamente cristalino. No digo limpio, pero existen organismos de control. Y el costo del cual hablamos es el costo de la televisión. Y esto se está generalizando porque la televisión tiene cada vez más peso. Al menos que no sea gratis, ya que la televisión pública se está convirtiendo en algo tremendamente costoso. Por eso yo sotengo que debe haber un financiamiento público de la política. En Italia tenemos el financiamiento público y existen penas muy severas para el robo privado, que lo hay.

Algunos países demuestran que el problema tiene solución. En Inglaterra la política cuesta poco, las campañas electorales son cortas. Este problema de las campañas muy extensas parecen tenerlo también aquí, según he escuchado esta mañana. De hecho las campañas electorales deben ser cortas. Los plafones de gastos tienen que ser precisos. Y el control es fácil, porque es tu adversario político el que te controla. En un sistema bipartidario, por ejemplo, tratándose de una competencia de dos, unos les pueden controlar el gasto a lo otros. Y entonces en Inglaterra, reitero, la política cuesta relativamente poco. Además la corrupción es bajísima con respecto a otros países. Y esto también es así para las pequeñas democracias nórdicas. Por supuesto que siempre hay un poco de robo, siempre existe una desviación, porque forma parte de la naturaleza humana y de la naturaleza de la política. Aun en los países nórdicos, y en la propia Alemania, se descubren cada tanto pequeños escándalos. En realidad los países más corruptos, para mí, son los países del sur, los países cálidos. Parece que el sur hace mal, el calor y la humedad parecen ser muy nocivos. Italia es un país bastante corrupto, pero es más corrupto el sur que el norte. Y aquí en América Lastina, la llamada América del Sur se supone entonces, que también por razones climáticas, es más corrupta.

Pero más allá de bromas, aquí el punto realmente serio es si la corrupción tiene un origen ético cultural. Y al respecto los hechos evidencian que América Latina está muy expuesta. De todos modos, si constatamos que en el mundo existen unas 15 democracias que no son corruptas, podemos entonces decir que el problema tiene solución o se puede manejar. ¡Pienso que es más fácil combatir la corrupción que la televisión!

Esto nos lleva al punto de que el problema más grave para las democracias, que hoy están fuertes porque no existe otra forma de gobierno alternativa legítima, es la corrupción. En todo el Medio Oriente, la corrupción no es vista siquiera como corrupción. Porque la corrupción comienza a ser tal cuando hay un servicio público pagado por fondos públicos. El concepto de corrupción resupone que exista un Estado de derecho servido por una burocracia pagada por el Estado y entonces comienza la noción occidental de corrupción. Es decir que tenemos que tener un aparato burocrático serio, pagado adecuadamente, y un sistema jurídico que funcione.

En Italia existe la corrupción, por lo menos tenemos una magistratura capaz de atacarla. Diría entonces que, hablando del mundo occidental, en América Latina esta patología se presenta como más grave. Ahora, si quieren ver más corrupción, viajen a Medio Oriente y verán que es aun peor...


El periodismo frente a la corrupción

En Estados Unidos la percepción que tiene un periodista de sí y de su profesión es que la prensa y la televisión deben ser los salvaguardas de la sociedad. Como son además diarios y televisiones independientes, privados, para bien o para mal, por lo general, diría que desde ese punto de vista el sistema de los medios de comunicación estadounidenses funciona. Es un fuerte instrumento de control de la corrupción. Por supuesto que la magistratura funciona también a estos efectos. ¡De pronto hay magistrados corruptos porque son elegidos por corruptos! Pero a niveles de apelación y generales funciona. En cambio en otros países el hábito mental de los periodistas es de una gran prudencia. Entonces no atacan, no confrontan, sino que simplemente registran todo lo que le cuenta el político. A tal punto que si un hombre de poder le dice al periodista que el sol es cuadrado, el periodista escribe que el sol es cuadrado. No se atreve a hacer otra cosa. Y esto se puede ver también en Italia, donde el periodista es muy prudente. La televisión hasta hace muy poco era estatal, así que ¡cuidado con perturbar al poder! Pero aún la prensa escrita no asumió nunca una actitud crítica. Los periodistas actuales de Italia, y no sólo en Italia, no quieren problemas, es mucho más fácil acompañar el poder o a los que tienen o pueden llegar a tener
poder. Y, además, desgraciadamente, a menudo los periodistas no tienen una preparación crítica. Yo recuerdo que los periodistas de hace unos 40 años eran en general gente muy competente desde el punto de vista cultural. Actualmente la profesión está invadida por gente que decide que
va a ser periodista, como un niño dice querer ser actor o top model. ¡A veces funciona! Tienen la obstinación para esta profesión, pero no la formación. Luego son sólo analfabetos. No son capaces de realizar una entrevista, de comprender los problemas. Sólo captan lo que se les está diciendo, lo transcriben y punto. Este periodismo no sirve para mucho.


Información y poder

En Inglaterra la competencia de la BBC con las cadenas privadas ha tenido un resultado óptimo. La BBC mantiene niveles de calidad muy superiores y funciona imponiendo un estándar. Debe haber una televisión pública absolutamente independiente del poder. La BBC lo ha logrado y,
afortunadamente, prueba que es posible. En Homo Videns hay un punto que no desarrollo, pero que menciono al pasar, y es que desgraciadamente la competencia no mejora la televisión. Esto es un punto importante, porque ahora todos creen que la soluciones se encuentran en la competencia. Y a esto yo respondo: sí, pero sólo cuando la competencia es real competencia. La competencia existe bajo ciertas condiciones. El modelo de competencia es el de la competencia económica. La competencia ideal, en el terreno del mercado económico, necesita una tutela legal. Necesita un ordenamiento jurídico que sancione los falseamientos. Si con un metal amarillo todos dicen que están vendiendo oro, entonces la competencia económica no sirve. El ordenamiento jurídico debe autentificar los productos. Se necesita también un anti-trust, es decir una legislación que combata los monopolios y los oligopolios. Aun en su contexto ideal, es decir la competencia del mercado, ésta necesita condiciones específicas para poder funcionar. Yo siempre dije: ¡cuidado con las analogías! La competencia económica es una cosa. Pero decir que el mercado político es igual al mercado económico es una exageración. La competencia partidaria no tiene nada que ver con la competencia de valores económicos.

Cuando hablamos de la competencia entre los medios, y sobre todo en la televisión, lo explico en Homo Videns y en otros trabajos, concluyo que esta llamada competencia no tiene las características de la competencia económica. Porque la competencia económica asegura, en gran manera, un mismo producto al más bajo precio posible. La competencia entre televisoras no tiene de ningún modo estas características. Está hecha para obtener el más alto número de público, para lograr a la vez el más alto número de publicidad. Esto es una lógica totalmente distinta a la
del mercado económico. La competencia de los medios de comunicación no se vuelca al público consumidor sino que se vuelca al mercado publicitario.

El verdadero objetivo de la televisión es el mercado publicitario. Solo atiende al ranking de telespectadores para poder decir a los anunciantes: ¡paguen más publicidad! Es decir que es una lógica competitiva totalmente pervertida con respecto a la competición de mercados abiertos. Y esto es notorio. Cuando miro la televisión en Estados Unidos me divierto haciendo zapping entre las tres grandes cadenas. Y uno ¡no se entera de nada! Las informaciones internacionales se reducen a cinco minutos, o sea que estamos viendo un mundito y no el mundo. Pero además, las noticias son absolutamente iguales en todas las cadenas. ¡No compiten, se copian! Es decir que ni siquiera quieren correr riesgos compitiendo. El que trabaja como periodista sabe que de las agencias salen al menos unas 100 noticias internacionales al día. Estadísticamente es imposible entonces que sobre cinco noticias escogidas, cuatro sean absolutamente iguales en todas las cadenas. Es imposible. Entonces hay dos posibilidades: o hay un código de elección de la noticia preestablecido o simplemente se copian para estar así más tranquilos. La única diferencia entre las cadenas es el rostro de los comentaristas. La así llamada salvación de la competencia en los medios de comunicación no existe, es una fórmula completamente vacía. Este es un punto muy importante. ¡Yo creo en el mercado! En el mercado como determinante de costos y de precios. Pero no es cierto que en cualquier contexto. Repito, cuidado con las analogías inapropiadas.


Oligopolio: el abuso de poder

Hay que impedir el abuso de poder. Si la televisión es pública hay que crear una estructura independiente. No es fácil pero es posible. Ya dije que la BBC lo hizo. Para la televisión privada el problema es siempre el mismo: impedir el exceso de concentración. Y aquí se aplican los
principios generales de la legislación antitrust. Cuando se crea un oligopolio demasiado fuerte y desbalanceado deben intervenir los legisladores. Y esto es cada vez más importante, ya que hoy el
propietario de un diario también es poseedor de una televisión, pero además y por si fuera poco es propietario de una editorial. Esto sí que es un control incubierto. Berlusconi tiene un canal, una editorial muy importante que se llama Mondadori, y contraviniendo la ley, un diario que está a nombre de su hermano: ¡sinergias! Y no es cierto que haya una razón económica para que estas sinergias sean necesarias. En el caso de Estados Unidos ciertas sinergias han resultado desastrosas. Porque cada empresa tiene sus competencias pero también sus incompetencias. Metiendo juntas una farmacia y una editorial no se logrará que funcione mejor la farmacia o la editorial. No se trata de una suma en positivo sino de una forma de la autodestrucción. Es decir que las sinergias ni siquiera tienen una real justificación económica.


Montevideo

Y ahora que ya hemos hablado de todo un poco, ¡desearía ver la ciudad de Montevideo!

El arribo

Giovanni Sartori llegó a Uruguay invitado por radio El Espectador para cerrar el ciclo de conferencias de su 75° aniversario. Su visita fue también acompañada por el grupo editor Santillana, cuya editorial Taurus tiene la traducción castellana de su último libro "Homo videns. La sociedad teledirigida". La Embajada de Italia en Uruguay, por su parte, auspició y apoyó esta visita. Representantes de esa radio, de la editorial y de la Embajada de Italia lo recibieron en el aeropuerto de Carrasco. Pocos minutos después de las 13 horas del pasado domingo 25 de octubre, calmo y sonriente desembarcó este florentino de 75 años en nuestro país. Luego de las presentaciones y algunos comentarios sobre sus días previos en Buenos Aires, su preocupación principal fue muy profesional: consultar la agenda para ver en qué momento disponía de unas horas para leer y preparar su conferencia. Así se enteró de que las dos entrevistas previstas para esa tarde, con un canal de TV abierta y con el canal de la Intendencia de Montevideo, habían sido suspendidas unilateralmente por esos medios. "Bien, dijo, esto me da tiempo para ver la prensa y enterarme de qué está pasando en Uruguay". De inmediato consultó, "¿cuánto tiempo de exposición está previsto para mi conferencia? Si tengo tiempo en la tarde quiero prepararla hoy, antes de la cena".

 

El mejor invento italiano

El lunes 26 a las 9 de la mañana, sonriente y sin corbata, recibió a tres y pidió un café exprés, "este es el mejor invento italiano. No el café, que es de origen americano, sino la forma de prepararlo, que es una gran invención de mi país". El rito del "expresso" se repitió luego en cada una de las escalas importantes, al comienzo de cada entrevista procuró siempre la compañía del pequeño pocillo aromático y humeante.

 

"Ya no siento la necesidad de demostrar erudición"

En la tarde del lunes 26 el periodista Diego Barnabé entrevistó a Sartori en radio El Espectador. La entrevista se grabó para ser difundida en el programa En Perspectiva de la mañana siguiente, mientras Sartori dictaría su conferencia. Allí aclaró por qué no le preocupan las críticas academicistas que dicen que su último libro no desarrolla los fundamentos de sus afirmaciones como los anteriores. "Ya no siento necesidad de demostrar erudición. Tengo una reputación, para bien o para mal, que no la voy a cambiar ahora. Todos conocen a Sartori. Cuando escribo un libro académico tiene 700 páginas. Este libro es otra cosa, es un 'panfleto' en el sentido en que se usaba ese término en el siglo XVIII, procuro llegar a un público más amplio que el académico, porque toco un tema que me preocupa y creo que debe debatirse en forma amplia".

 

La imaginación política de los uruguayos

El lunes 26, a las cinco de la tarde, el Instituto Italiano de Cultura fue anfitrión de un encuentro entre académicos y políticos uruguayos con el profesor Sartori. Allí las preguntas se refirieron en general a los libros anteriores del visitante. No se habló casi de su reciente Homo videns ni de su anterior La democracia después del comunismo. Las preguntas discurrieron sobre las características de los sistemas políticos y de los partidos políticos. En un momento de la conversación, Sartori dijo: "Una de las cosas más difíciles y escasas es la imaginación política para dar forma institucional a la vida de las democracias. En Italia tenemos una imaginación política casi tan buena como la uruguaya, pero la de ustedes es mejor. Han logrado hacer funcionar bien un sistema en dos niveles, el de los partidos y el de los sublemas; es muy original y muy difícil de lograr. Por eso desde que escribí mi libro sobre los sistemas de partidos me interesa el caso uruguayo. Es una obra notable de imaginación e ingeniería política".

Sobre el final del encuentro algunos de los estudiantes presentes acercaron una pregunta a la mesa, que se refería a la opinión de Sartori sobre las formas de la democracia directa. Un tema sobre el cual ha expresado una clara visión crítica en su extensa Teoría de la democracia.

Su respuesta, sin embargo, evitó mencionar sus escritos y citar los autores en los cuales se fundamenta su posición; fue breve y directa: "La democracia directa sería posible si todos los ciudadanos fueran racionales y responsables".

Una vez finalizado ese encuentro, antes de concurrir a la cena que en su honor ofrecieron el embajador de Italia y su esposa, Sartori comentó sus impresiones sobre este encuentro. Entre las preguntas que estimó más agudas estuvieron las dos que recibió de políticos presentes: una del ex ministro y ex senador Ignacio de Posadas, sobre los cambios económicos y la responsabilidad de los parlamentos y otra del diputado Washington Abdala sobre su opinión acerca de las nuevas reglas electorales en nuestro país.

 

El halago y la crítica

En la mañana del martes 27 se realizó la conferencia que cerró el ciclo organizado por radio El Espectador. La exposición de Sartori fue precedida por una presentación realizada por el presidente de la república. Sanguinetti elogió la contribución del visitante para la teoría y la práctica de la democracia, identificándolo como una compañía para todos los que quieren transitar senderos democráticos en estos tiempos. La conferencia fue seguida por una discusión con un panel formado por académicos y periodistas. Allí se destacaron las críticas más que los acuerdos. De regreso al hotel para almorzar, algo cansado y con mucho calor, Sartori comentó, aún emocionado, las gentiles palabras de elogio del presidente, "no es usual que un estadista preste tanta atención a un académico, a un teórico como yo, al menos en público". Y también comentó con entusiasmo las observaciones críticas del sociólogo Rafael Bayce, "sus preguntas fueron incisivas, frontales y precisas, me agrada encontrarme con este tipo de críticas".

 

¿Qué es ese edificio?

Al regresar de su conferencia el martes hacia el hotel, Sartori preguntó por el hotel Carrasco, con su destacada figura. Sentía curiosidad de saber qué era ese edificio frente a la playa que ya había visto varias veces. "Está muy deteriorado, pero me parece magnífico. Por su exterior adivino que sus interiores deben ser estupendos. Espero que lo puedan cuidar, que no se deteriore o que no lo estropeen. Este tipo de edificios requieren de mucho cuidado y dedicación para no desvirtuar su personalidad con reformas inadecuadas. Sería bueno que logren conservarlo, me parece una pequeña joya".



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Revista Tres, 06.11.98