"Sartori es un ´clásico vivo´"
Entrevista con el sociólogo José Luis Castagnola
EN PERSPECTIVA
Jueves 22.10.98 - Hora 11.00
DIEGO BARNABE:
Para cerrar este ciclo de encuentros vamos a conversar con José Luis Castagnola, que es
sociólogo, tiene 42 años, trabaja como consultor y es profesor en la Universidad
Católica del Uruguay. Es autor de varios libros y también ha publicado en diversas
revistas académicas. En los últimos números de la revista Tres a reflexionado a partir
de la obra de Giovanni Sartori, la cual le interesa particularmente.
Sartori es un hombre que en uno de estos artículos definís como un clásico vivo, ¿no?
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"Yo llegué a Sartori por un tutor de
cuando estudiaba en Holanda. Me pareció un individuo de una claridad y una profundidad
muy singulares, y a partir de allí he seguido buena parte de su obra" |
JOSE LUIS CASTAGNOLA:
Sí, es una condición extraña o difícil en el mundo contemporáneo, pero es un clásico
vivo en el sentido de que es alguien que tiene un reconocimiento muy amplio y una visión
sobre todo del mundo político. Sin embargo, por su propia experiencia y trayectoria,
puede hablar algo más allá de su especialidad, que es la teoría política, para hablar
de la civilización, de este fin de siglo y el fin de milenio.
DB - ¿Por qué te interesó la obra de Sartori?, porque como queda claro en tus
artículos hace ya bastante rato que lo leías, ¿no?
JLC - Sí. Yo llegué a Sartori por un profesor mío, en realidad un tutor de cuando
estudiaba en Holanda. Fue él quien me acercó por primera vez un texto de Sartori, en ese
caso un libro clásico sobre los partidos políticos. Me pareció un individuo de una
claridad y una profundidad muy singulares, y a partir de allí he seguido buena parte de
su obra y creo que es autor de algunos de los libros quizás más interesantes a nivel de
teoría política de los últimos 30, 40 años. En particular su "Teoría de la
democracia", un libro bastante voluminoso y diría que casi imprescindible para
cualquier persona a la que le interese la teoría política; es un clásico de esta
segunda mitad del siglo XX. Luego hay un librito que es un poco la continuación de ese
primero, que se llama "La democracia después del comunismo", escrito en 1993,
después de la caída del muro de Berlín. Creo que son libros de referencia
imprescindible para la reflexión política y la civilización de occidente, la que
inventó la democracia.
DB - Nos hemos ido dando cuenta de cuánta gente hay interesada en la obra de Sartori
desde hace ya bastante tiempo aquí en el Uruguay y por lo tanto espera con expectativa su
presencia. Sartori está en Buenos Aires en estos días, presentando esta polémica obra,
"La sociedad teledirigida". ¿Cómo la recibiste mientras la ibas leyendo, en
relación con lo que conocías previamente de Sartori? ¿Dónde ubicarías este libro?
JLC - Es un libro polémico; eso es precisamente parte de su interés y del interés de la
conferencia del próximo martes. Lo ubicaría como la continuación o el desarrollo de una
de las ideas que está al final de "La democracia después del comunismo". En la
conclusión de ese libro menciona que uno de los grandes cambios y desafíos que tiene la
democracia en este fin de siglo es un cierto cambio cultural, de hábitos de la gente, el
cambio del mundo de las cosas leídas al de las cosas vistas. El mundo comienza a ser
aprehendido, entendido, conocido por los seres humanos cada vez más por imágenes y cada
vez menos por textos leídos o escuchados. Sartori expresa que ese cambio le parece muy
importante. En este otro libro desarrolla la idea de cuáles pueden ser las consecuencias
del enfrentamiento del homo sapiens, el hombre reflexivo, racional que ha desarrollado
conceptos para entender el mundo frente a la experiencia de la invasión de la imagen y si
eso no puede cambiar de un homo sapiens a un homo videns, un hombre que paulatinamente
deja de usar conceptos para recibir información básicamente por imágenes.
DB - "El acto de telever está cambiando la naturaleza del hombre", dice
Sartori. Allí refuerza lo que tú decías, ¿no?
JLC - Exacto. Lo interesante y lo polémico del libro es justamente que él toma ese
cambio civilizatorio, que en su opinión puede tener consecuencias bastante serias sobre
el conjunto de la vida social y en particular sobre el conocimiento y la vida política,
dos cosas que siempre han ido muy juntas a pesar de que no se suelen asociar. Si uno mira
la historia se ve que los griegos inventaron la democracia y un modo de reflexionar que
llamamos filosofía occidental. El conocimiento o el modo de manejar el conocimiento y la
política siempre han sido dos cosas muy asociadas. En este caso la tesis de Sartori es
bastante pesimista, o al menos no optimista en el sentido de que su libro pretende ser una
alerta -lo dice en algún momento- y quizás por esa razón a veces puede decirse que
exagera o que da los argumentos de un solo lado, pero su objetivo es sobre todo advertir
los peligros que pueden ir detrás de ese cambio.
DB - Y quizás provocar el debate, porque uno duda por momentos si realmente Sartori
"se la cree" con respecto a todo lo que dice aquí a propósito de la
televisión. En algún lado de la introducción desliza la idea de que su postura no es
tan radical, no plantea tiremos los televisores por la ventana ni los apaguémos, de la
misma manera que no se tira totalmente contra Internet; habla de algunas de sus virtudes,
defectos, y de alguna manera menciona la palabra esperanza. Quizás lo que de a pensar que
Sartori realmente cree a fondo todo lo que plantea en este libro es que él mismo ha
contado que quitó la televisión de su casa durante 10 años y que gracias a eso su hija
lee. Sería interesante interrogar a la hija para ver si efectivamente ese cambio se dio
porque su padre sacó la televisión de su casa.
¿Qué te pasó a ti con este libro? ¿Te peleaste, discutiste con él de alguna manera?
¿Estás de acuerdo con todo lo que plantea?
"En el mundo de la imagen el político se
convierte en alguien que cada vez más da mensajes muy precisos y rápidos; en la mayor
parte de las ocasiones no tiene oportunidad de desarrollar un argumento, debe hacerse
recordar por lo que dijo en 30 segundos. Eso está impactando sobre nuestra vida política
porque el ciudadano comienza a acostumbrarse a hacer sus juicios sobre ese profesional de
la política a partir de eso"
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JLC - Había leído el final del libro anterior, en que menciona el tema, y me
pareció bien interesante. Comparto tu juicio de que él exagera un poco para promover
polémica, creo que ése es su objetivo y que está bien. Buena parte de sus argumentos
son bastante válidos y que reconoce ciertos valores y aspectos positivos de la
televisión, sólo que no le interesa recalcarlos sino cargar las tintas sobre lo otro. En
cuanto a Internet dice incluso que es un instrumento de trabajo terriblemente útil, que
ahorra tiempo y permite trabajar con mucha comodidad. El problema es cuando se convierte
en un sustituto de la interacción humana: lo peligroso es cómo se puede llegar a abusar
de ese instrumento para llenar el tiempo vacío.
Sartori está tratando de decir que son tecnologías terriblemente útiles, que pueden ser
interesantes y potentes para avanzar, para sacarnos fatiga y por lo tanto mejorar nuestra
capacidad de trabajo e incluso de diversión. Pero también que, como muchas adicciones,
pueden generar la pérdida de hábitos muy importantes como la capacidad de reflexión
críticamente. El dice que tradicionalmente las imágenes eran una consecuencia elaborada
de una reflexión sobre problemas y una conceptualización de los mismos, y ahora ocurre
un poco a la inversa: las imágenes nos plantean los problemas y cada vez más el hombre
está perdiendo la capacidad de conceptualizar. Voy a un ejemplo concreto: leyendo libros
de texto escolares -no todos, algunos- uno ve que no hay definiciones, no hay conceptos;
se enseña con ejemplos, con la superposición de distintas imágenes, pero en ningún
momento se llega a conceptualizar, a dar una definición clara de qué es de lo que se
está hablando. Eso en el fondo es muy peligroso y pernicioso y creo que es hacia lo que
apunta Sartori. La conceptualización es lo que permite transmitir, acumular y mejorar el
conocimiento. Si uno tiene una sucesión de ejemplos de cosas nunca llega a aprender, a
hacer el acto de abstracción que le permita tener un concepto que luego lo oriente en la
vida para tomar lo desconocido y asociarlo con algo conocido. Creo que Sartori quiere
advertir acerca del peligro de la adicción a la imagen como algo que nos puede hacer
perder una de las cualidades básicas del homo sapiens, la capacidad de pensamiento
racional.
DB - ¿Nos puede hacer perder o nos hace perder?, porque la semana pasada conversando con
maestras que han tenido una experiencia de trabajo con los niños, en el ámbito de la
educación a nivel de primaria, tanto pública como privada, decían que confían y creen
que es posible reflexionar y trabajar ellos a partir de la imagen. Que se puede elaborar
conceptos a inclusive a partir de la emoción, cosa que Sartori también cuestiona en este
libro. ¿Crees que la imagen no nos deja margen para desarrollar el mundo abstracto?
JLC - Por un lado me parece que sin duda se puede hacer un esfuerzo de reflexión y
conceptualizar a través de la imagen. Creo que lo que trata de decir Sartori es que el
abuso o el monopolio de la misma es lo malo. No creo -sería tema para preguntarle la
semana próxima- que su posición sea absolutamente antiimagen. En el tema en particular
de la emoción estoy completamente de acuerdo con Sartori y es interesante reflexionar
sobre esto al fin de este siglo en términos de la teoría política, porque en definitiva
en ese campo una política emotivizada en las experiencias que históricamente podemos ver
en el mundo -algunas de ellas muy próximas- siempre ha terminado mal. Cuando la emoción
domina la escena política se pierde la política de la razón, la única posible en una
democracia en el sentido de que la democracia es una apuesta al homo sapiens, a un hombre
con capacidad de usar su razón. La emoción tiende a anular la razón en el campo de la
política porque tiende a producir fenómenos de masa que anulan al individuo y que por lo
tanto buscan construir rebaños mas que una sociedad de individuos racionales.
DB - Emoción que viene en gran medida de la mano de la imagen, en el lenguaje de la
televisión.
JLC - Exacto, por eso también la advertencia de Sartori. Yo comparto bastante su visión
en ese punto.
DB - En un pasaje dice que "la televisión favorece voluntaria o involuntariamente la
emotivización de la política, es decir una política dirigida y reducida a episodios
emocionales". Dice más adelante que "apasionarse es implicarse, apasionarse
está bien cuando se hace en su momento y en su lugar, pero fuera de lugar es malo".
"...La palabra produce siempre menos conmoción que la imagen. Así pues la cultura
de la imagen rompe el delicado equilibrio entre pasión y racionalidad. Sartori quiere
decir que la televisión sobre todo vehiculiza los aspectos más emotivos que puede tener
la política y mucho menos los racionales. Me pregunto si en este aspecto hay que
endilgarle todo a la televisión porque da la impresión de que lo emotivo siempre estuvo
desde que algún político se subía a un estrado o a un cajón para dirigirse a un grupo
de gente, a sus posibles futuros votantes o seguidores, ¿no?
JLC - Sin duda. En los extractos que leías el mismo Sartori reconoce que la emoción
siempre ha estado presente en la vida política y es natural y bueno que así sea; lo que
tiene que haber un cierto equilibrio con el uso de la razón por parte del ciudadano. La
emotividad obviamente es un elemento constitutivo de la vida política como de todos los
aspectos de la vida del hombre: un autor uruguayo cuando describía los partidos
políticos decía que en el Uruguay éstos eran patrias afectivas. En muchos países los
partidos son patrias afectivas, referencias importantes para las personas, resumen parte
de su experiencia vital, de su iniciación a la política, de su llegada a la madurez.
DB - En la historia política del Uruguay seguramente lo eran mucho más antes que ahora,
si pensamos en las tradiciones políticas de colorados y blancos.
"Cuando la emoción domina la escena política
se pierde la política de la razón, la única posible en una democracia en el sentido de
que ésta es una apuesta al homo sapiens, un hombre con capacidad de usar su razón"
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JLC - Yo diría que quizás también ahora en Uruguay tenemos una fuerte
presencia del elemento tradicional por lo menos en tres partidos en lugar de en dos.
Volviendo al tema de Sartori, sin duda la emoción y la pasión tienen un lugar en la
política.
DB - Quizás hasta por razones prácticas en la televisión se tiene poco espacio.
JLC - Ese hecho es extremadamente importante porque en la televisión los espacios
cotidianos de entrevista son a lo sumo de un minuto, a veces de 30 segundos, más allá de
que existen programas destinados a desarrollar argumentos, pero no son los mayoritarios ni
los que tienen más rating. El político que se convierte en alguien que cada vez más da
pequeños mensajes, muy precisos y muy rápidos; en la mayor parte de las ocasiones no
tiene oportunidad de desarrollar un argumento, debe hacerse recordar por lo que dijo en 30
segundos. Eso está impactando sobre nuestra vida política porque el ciudadano comienza a
acostumbrarse a hacer sus juicios sobre ese profesional de la política a partir de cosas
que no siempre son las mejores para juzgarlo.
DB - Los propios políticos lo dicen. Me llamaron mucho la atención algunas cosas que el
sábado 1º de agosto del 98 en una entrevista en el diario El Observador decía el
contador Ricardo Lombardo, en ese momento todavía en carrera para ser candidato del Foro
Batllista. En un momento de esa entrevista le preguntaron si creía que Hierro estaba
teniendo un buen manejo de los medios -Hierro era todavía ministro del Interior-, y
Lombardo contestaba: "Sí, pero eso es imprescindible, no creo que sea una cosa mala.
Cuando hablábamos de la gestión de Antel nos decían que es muy marketinera. Es parte de
la historia, en el mundo moderno no solamente hay que ser sino además parecer".
JLC - Eso siempre ocurrió en la política, convencer también es parecer. Eso es casi
inevitable en todos los ámbitos.
DB - ¿Crees que Sartori reconoce eso?
JLC - No sé, habría que preguntárselo. Sartori trata -a mi juicio- de advertir que el
equilibrio entre ser y parecer se está rompiendo, que antes quizás era más fácil
exigir un equilibrio y que ahora la balanza se está yendo más hacia el lado del parecer
que del ser. Razonando desde los críticos de Sartori se podría decir que también es
cierto que el político ya no es el individuo sino un equipo. Puede haber una división de
trabajo en el mundo político donde haya alguien que aparece y otros que le dan la
consistencia desde el punto de vista de la propuesta, de la capacidad de llevar adelante
una gestión política. Pero también es cierto que los mejores exponentes de la vida
política siempre han sido hombres completos. Si uno mira hacia atrás los que han dado
los grandes vuelcos positivos en la historia política son aquellos que no sólo parecen y
tienen un gran equipo, sino que además tienen la capacidad de liderarlo.
DB - Sartori le da mucha importancia a la opinión pública vinculada con la democracia.
Dice que la opinión pública es fundamental para que exista la democracia y que la misma
se forma en la educación, en la familia y también a través de los medios de
comunicación: y agrega que la televisión "ataca" o "degrada" a esa
opinión pública. En una entrevista en el diario Clarín le preguntan: "¿Usted
piensa que la tevé promueve una mentalidad antidemocrática?". Sartori dice:
"No. Lo que yo digo es que empobrece la democracia porque degrada la opinión
pública, que debería ser el sostén de los procesos democráticos". Es una
afirmación bastante tajante, dura.
JLC - Así es. Si uno mira la obra de Sartori, él reconoce una cantidad de méritos bien
importantes a la televisión, en particular en la caída de algunos de los regímenes
políticos autoritarios en la década de los 80. Reconoce el importante papel que tuvo la
televisión para hacer posible una transición pacífica en la Unión Soviética y los
países del Este europeo. Dice que la televisión fue la que, por un lado, hizo visibles
los procesos políticos para el resto del mundo y por lo tanto limitó las posibilidades
de control policíaco sobre los mismos y, por otro lado, también le quitó el miedo a la
gente acerca de poder expresar su descontento. Sin embargo no es que la televsión sea
culpable, pero puede tener un efecto bastante negativo. Me parece que trata de recuperar
algo que está en un libro de mitad del siglo pasado del visionario Alexis de Torville, un
francés aristócrata e inteligente, que en su libro "Democracia en América"
advirtió, viendo los Estados Unidos de mitad del siglo pasado: cuidado con la tiranía de
la mayoría sustentada sobre la opinión pública. Esta es un sustento de la democracia
pero también se puede convertir en un mecanismo terriblemente peligroso si es el único
elemento de juicio. Los sondeos de opinión tienen una función muy importante en las
sociedades contemporáneas porque ayudan a hacer circular información y el debate, algo
esencial en una democracia. Lo que Sartori trata de decir es cuidado con absolutizar los
sondeos de opinión, porque las opiniones expresadas frente a un sondeo son distintas de
cómo el individuo actúa al votar. Votar es un acto de otra naturaleza.
DB - Cuidado con la opinión pública pero en todo caso también cuidado con cómo se
forma esa opinión pública, esas son de algún modo las advertencias de Sartori.
JLC - Sí. A él le preocupa que se considere que la opinión pública puede sustituir
otras formas de la democracia representativa. Hoy existen posibilidades tecnológicas para
que cada individuo exprese su opinión electrónicamente en forma rápida sobre muchos
temas y eso puede traer la ilusión de generar formas de democracia directa. Cree,
siguiendo una tradición bastante antigua en la teoría democrática, que la democracia
directa no es democracia porque conduce a desviaciones peligrosas; que la única
democracia que merece ese nombre es el sistema de la democracia representativa.
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Transcripción: María Lila Ltaif Curbelo
Edición: Mariana Viera Cherro
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