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"Las nostálgicas reflexiones
de un destacado académico
de las Ciencias Políticas"


Entrevista con el periodista Tomás Linn.



EN PERSPECTIVA
Lunes 19.10.98. Hora 11.00


DIEGO BARNABÉ:
El título de esta entrevista es el subtítulo de un comentario
que Tomás Linn publicó en el Semanario Búsqueda, acerca del libro de Giovanni Sartori: "Homo videns: la sociedad teledirigida".

Tú eres un lector de Sartori desde hace tiempo, ¿verdad?


fot10192.jpg (27034 bytes)TOMÁS LINN:
Tengo casi como libro de referencia en mi biblioteca su famosa "Teoría de la democracia", en parte porque estoy escribiendo permanentemente sobre los aciertos y deslices de la política y muchas veces el libro me ayuda a ver, cuando estoy opinando o analizando, si me estoy yendo demasiado o estoy diciendo cosas atinadas. Es una especie de ancla con una visión muy interesante, sólida y trabajada sobre lo que es la democracia. En ese sentido creo que el aporte de este autor a lo que es la Ciencia Política ha sido muy importante.


DB- Y este último libro te sorprendió...


TL- Me sorprendió porque hace una reflexión que en sus grandes líneas no comparto. En este mundo los cambios tecnológicos se producen tan rápido que, generaciones que se ubican en forma diferente, viven los mismos problemas; y lo que unos toman como algo natural otros lo ven con alarma. Tengo la impresión de que en ese sentido Sartori integra la generación de intelectuales académicos que se llevan muy bien con la biblioteca pero que no se entienden para nada con la televisión. Creo que el tema es más complicado que simplemente ponerse en contra.


DB- El mismo contó en una entrevista que quitó la televisión de su casa durante 10 años y que gracias a eso su hija lee. Creo que vale la pena recordar algunas de las cosas que él plantea en la introducción de su libro: "Nos encontramos en plena y rapidísima revolución multimedia, un proceso que tiene numerosas ramificaciones: Internet, ordenadores personales, ciberespacio, y que sin embargo se caracteriza por un común denominador ¨tele ver´, y como consecuencia nuestro ´video vivir´. En este libro centraremos la atención sobre la televisión y la tesis de fondo es que el video está transformando al homo sapiens, producto de la cultura escrita, en un homo videns, para el cual la palabra está destronada por la imagen; uno acaba siendo visualizado, pero¿ qué sucede con lo no visualizable?. Así, mientras nos preocupamos de quién controla los medios de comunicación no nos percatamos de que es el instrumento en sí mismo lo que se nos ha escapado de las manos (...) el ´tele ver´ está cambiando la naturaleza del hombre". ¿Estás de acuerdo con esta última afirmación?


"¿Qué hacía antes de que hubiera televisión la gente que trabajaba ocho horas?, ¿leer lo libros que lee Sartori?, rotundamente no. Leían las tiras cómicas de Superman o del Llanero Solitario. Ya entonces había intelectuales que despotricaban contra los comics con los mismos razonamientos que ahora Sartori aplica a la televisión".

TL- Hasta un punto sí, creo que habría que ver cuán extendida era la cultura lectora previa. En el comentario que escribí en Búsqueda decía que las cifras de alfabetismo total que alcanzan algunos países del mundo, ni siquiera todos, es un dato de este siglo que además se mezcló con formas populares de lectura: la tira cómica, la novela policial, la romántica. Estos géneros recibieron las mismas críticas que hoy recibe el mundo de la imagen, por eso creo que hay que tener cuidado al plantear una visión tan absoluta.


DB- Dice más adelante, refiriéndose a la preponderancia de lo visible sobre lo inteligible: "La televisión, a diferencia de los instrumentos de comunicación que la han precedido, destruye más saber del que transmite. Quede pues claro: ataco al homo videns pero no me hago ilusiones, no pretendo frenar la edad multimedia. Sé que en un período de tiempo no demasiado largo una mayoría de la población de los países opulentos tendrá en su casa, además de la televisión, un mini ordenador conectado a Internet. Este desarrollo es inevitable y en último extremo útil, siempre que no desemboquemos en la vida inútil, en un modo de vivir que consista solamente en matar el tiempo. Así pues, no pretendo detener lo inevitable, espero poder asustar lo suficiente a los padres sobre lo que podría sucederle a su video niño para que lleguen a ser padres más responsables. Espero que la escuela abandone la mala pedagogía y la degradación en la que ha caído (...) Tengo la esperanza que los periódicos sean mejores y que a la postre la televisión también lo sea. Además, aunque la mía fuera una batalla perdida de antemano, no me importa". Esto significa que algún aspecto positivo Sartori reconoce.


TL- Tiene una carga sentimental con el tema que es muy interesante. Ojo, este asunto no es abordado por primera vez por Sartori, él rinde homenaje a un autor y un libro, -al que yo le pongo las mismas objeciones que a Sartori-, que está mucho más argumentado y elaborado. Es de Neil Postman y se titula "Amusing ourselves to death". Allí se plantea que efectivamente, desde Gutemberg hasta la fecha, se desarrolló una racionalidad de la letra impresa y que la imagen viene a revertir ese proceso. Sartori reconoce en este autor un antecesor e incluso lo cita, pero creo que la diferencia está en que Giovanni Sartori es mucho más emocional.


DB- No te parece que lo que causa polémica y, seguramente hasta el rechazo de muchos, es justamente su postura tan radical.


TL- Lo que me pasa a mi y, seguramente a otra gente que se siente incómoda ante el libro de Sartori, es que me considero un buen lector pero también me gusta sentarme frente a la pantalla del televisor y poder ver un programa de esos tontos, que lo único que hacen es hacerme pasar un buen momento, o quizás otros que no están destinados al entretenimiento y que de alguna manera me dejan la cabeza sacudida, pensando en algunos dilemas que ellos plantean.


DB- ¿Crees que es posible la coexistencia?, porque parecería ser difícil, incluso en relación al tiempo. Sartori plantea el caso de Estados Unidos, donde la gente trabaja tanto que le queda luego muy poco espacio libre en el que debe elegir entre la televisión y la lectura, y muy a menudo se queda con la primera.


TL- El hace ese razonamiento en base a experiencias ajenas a su realidad. Es un intelectual académico para el que sus ocho horas de trabajo en la oficina son horas dedicadas a la lectura metódica. ¿Qué hacía antes de que hubiera televisión la gente que trabajaba ocho horas?, ¿leer lo libros que lee Sartori?, rotundamente no. Leían las tiras cómicas de Superman o del Llanero Solitario, y ya entonces había intelectuales que despotricaban contra los comics con los mismos razonamientos que ahora Sartori aplica a la televisión. Aquellos que llegan a su casa y optan por ver televisión en lugar de leer antes tenían que hacer su opción entre un libro o un entretenimiento frívolo que les permitiera terminar la jornada con cierta tranquilidad. Creo que él concentra, en los tiempos de hoy, problemas que no son contemporáneos, que más allá de que la tecnología los plantee de una forma diferente, son problemas de siempre. En eso hay que tener cuidado y además respetarlo, porque es por algo que la gente opta por el entretenimiento al volver a su casa.


DB- Hoy nos quejamos y decimos que el joven no lee, que hay muchos que tienen graves faltas de ortografía e incluso problemas para expresarse o argumentar sus pensamientos, -porque siendo ambos docentes muchas veces nos encontramos con que a la hora de analizar un producto periodístico las respuestas son "me gusta" o "no me gusta". Cuando preguntamos por qué no saben explicarlo-; y este es otro punto que Sartori ataca. Él dice que los jóvenes consumen cosas que los llevan por el lado emocional pero que no les dan la posibilidad de la abstracción, de producir reflexión.


TL- Es cierto, nos hemos encontrado con ese problema. En la Licenciatura de Ciencias de la Comunicación de la Universidad Católica han puesto en primer año un curso de Argumentación, para paliar esa dificultad que tienen los alumnos de elaborar con ideas más o menos hiladas un argumento. ..


DB- ¿Tu cree que la televisión tiene responsabilidad en eso?.


"A mi me pasa y, seguramente a otra gente que se siente incómoda ante el libro de Sartori que, a la vez que me considero un buen lector, también me gusta sentarme frente a la pantalla del televisor y ver un programa de los tontos".

TL- Yo te hago este planteo: habrás visto que del total de estudiantes que van al curso hay un tanto por ciento que tiene capacidad de leer, de entender, no tiene faltas de ortografía y argumenta bien; con el resto hay que remontar para lograr esto. En 1960, cuando empieza la televisión, ese 10 o 20 % que tiene capacidad de argumentar porque tiene una cultura lectora, era la totalidad del estudiantado universitario. No es que haya habido una distorsión hacia abajo sino que ha entrado más gente a la universidad, gente que tiene que empezar a incorporar nuevas formas de leer y razonar las cosas.


DB- ¿Te refieres a otro tipo de gente?


TL- Sí, gente que no estaba entrenada en la cultura de la lectura. A partir de los años ´50 o ´60 la enseñanza se masifica prácticamente en todo el mundo, casi junto con la televisión. Entonces estas cosas que vemos, ¿ocurren por culpa de la televisión?, es difícil argumentar si es ella la culpable o si los cambios son un producto de esta masificación que habrá que ver cómo se afronta.

SEGUNDA PARTE


DB- A propósito de esto Sartori dice en el fragmento de una entrevista realizada en Madrid por un periodista del diario argentino Página 12: "¿Cuáles son los pecados de la televisión?", le preguntan, "Su papel es terrorífico y hace daño, produce el video niño que está menos preparado que las personas maduras de los viejos tiempos" .¿Cree que se puede deber a este mundo de la televisión, en el cual la imagen domina, en el que las personas de hoy están menos preparadas que las de generaciones anteriores?


TL- Están preparados distintos, por la televisión y un montón de otros factores. Si eso los hace más o menos maduros, no lo sé, tampoco sabría cómo medir la madurez. Creo que eso es difícil de demostrar pero podría estar más vinculado a un cambio social, al que ya hacíamos referencia y que no solamente ocurrió en Uruguay sino en todas partes del mundo. La masificación se da primero en el paso de primaria a secundaria, también por los años ´50, más gente termina por lo menos los cuatro años de secundaria. En la generación de nuestros padres lo principal era terminar la escuela, el que iba a hacer la universidad después seguía y, el que no, hacía un par de años más en secundaria y ya estaba muy bien formado. Incluso en las carpetas de algunas generaciones anteriores, se puede ver que en primaria tenían una formación que iba mucho más allá de la Matemáticas y la gramática, en la escuela se concentraban una serie de conocimientos básicos que se suponían completaban la formación.


DB- Pero hay cosas que plantea Sartori que creo que podemos estar de acuerdo, ¿no?, el hecho de que la gente pasa muchas horas frente al televisor y que, a su vez, los diarios se venden cada vez en menor cantidad, un ejemplo es nuestro país, sin ir más lejos.


TL- Sí, eso ocurre en Uruguay, sin embargo en otros países ha habido cambios pero no tan grandes. Hay un periodista del Washington Post, especialista en el tema de medios, que a pesar de tener una visión un poco pesimista de la televisión, reconoce que las grandes noticias contadas por este medio tienen repercusión al día siguiente en un aumento de la venta de diarios. Cuenta que al otro día que la televisión dio la noticia de que Magic Johnnson tenía SIDA los diarios duplicaron sus ventas. Todo lo que la CNN transmitió sobre la Guerra del Golfo también implicó un aumento en la venta de órganos de prensa escritos. Creo que hay una retroalimentación entre los medios. La gran crisis en los diarios ha atacado fundamentalmente a los vespertinos, que compiten contra la televisión porque lo que hacen es dar una especie de flash informativo de las 19:00. Los matutinos, sin embargo, han aumentado sus ventas; el New York Times alcanza un tiraje de casi un millón de ejemplares diarios y es pura letra. Nuestro país es poco lector; Argentina tiene el diario que más vende en castellano que es Clarín, hablamos de un país que tiene una población similar a la de Colombia en donde el mejor diario no alcanza ni cera las ventas de Clarín. En Argentina se leen los diarios, hay cantidad de radioescuchas y además se mira televisión.

TERCERA PARTE


DB- Me da la impresión de que Sartori, en muchos de estos temas, tiene una visión un poco más intermedia de la que plantea en el libro, pero que se muestra tan extremista como modo de agitar el debate.


TL- Sí, y eso es lo bueno que tiene. Sartori dice que la crítica más seria que se le hace a su punto de vista, a pesar de que él no la comparte, es recalcar que el texto y la pantalla pueden convivir. Yo cuestiono sus puntos de vista, a veces un poco duramente, pero creo que es bueno que haga un planteo de este tipo y con tanta virulencia para disparar la discusión.


DB- Además la televisión está instalada entre nosotros hace mucho tiempo y sin embargo no debatimos demasiado sobre su papel, ¿no?


TL- Eso es verdad, pasa a ser una cosa cotidiana. Creo que mi generación ve a la televisión de una manera diferente de lo que lo hace mi hija. Las mismas series de terror que a nosotros, de chiquilines, en las salas de cine, nos aterrorizaban, los chicos de hoy las ven en televisión y se matan de la risa. Pasó con la radio, cuando Orson Welles hizo un simulacro de la llegada de los marcianos a la Tierra; hoy eso no se lo cree nadie.


DB- A propósito del tratamiento de las noticias, hay un capítulo en el libro de Sartori que es sumamente interesante y que se titula "Más desinformación". Dice: "Analicemos qué es la verdadera desinformación, no informar poco sino informar mal, distorsionando. Parto de la base de que, por lo menos en parte, la desinformación televisiva es involuntaria y de algún modo inevitable. Empiezo con esta constatación: la "aldea global" de Mc. Luhan es global solo a medias, por lo que en realidad no es global. La cámara de televisión entra fácil y libremente en los países libres, entra poco y con precaución en los peligrosos y no entra nunca en los países sin libertad. De esto se deduce que, cuanto más tiránico y sanguinario es un régimen más lo ignora la televisión, y por lo tanto lo absuelve. En el pasado se han cometido atroces masacres en Madagascar, en Uganda, en Zaire, Nigeria, y la lista sería aún más larga. Nadie las ha visto nunca en televisión y por tanto, para la mayoría, no han existido (...) ´non vidi ergo non est´. Es comprensible que no se pueda imputar a la televisión que no muestre lo que no puede mostrar, pero se tiene que imputar a la televisión el avalar y reforzar una percepción del mundo basada en dos pesos y dos medidas y por tanto enormemente injusta (...) Aunque sea de un modo involuntario la televisión penaliza a los países libres y protege a los que no tienen libertad en los que las dictaduras gobiernan matando".


TL- Esto no se relaciona con la televisión solamente sino con toda la práctica periodística. La falta de libertad en varios países del mundo y por lo tanto la imposibilidad de los periodistas de acceder a ellos ocurre, nosotros también lo vivimos. Pero desde el ´85 a la fecha los gobiernos han sido más amplia y abiertamente cuestionados por cada una de las medidas que han tomado como no lo habían sido nunca. La razón es muy obvia: antes no había libertad y ahora la hay. Lo que sí cabe preguntarse es si no hay manera, al no poder acceder los periodistas a lo que está ocurriendo en países sin libertad, que la televisión pueda suplir esta falta de información. Esa es una pregunta válida que los directores de noticiarios deberían hacerse.


DB- Me llamó la atención que no plantea como ejemplo la Guerra del Golfo, como el conflicto bélico que no se vio por televisión.


TL- Allí hay más un problema de método. Creo que la televisión, y el periodismo en general, pasó un papelón muy grande que, de haberse expandido la guerra, quizás hubiera revertido. En una guerra siempre el comando que lleva a cabo la parte bélica trata de evitar que se pase información incluso a los ciudadanos de su propio país. El periodismo lo que procura es, según el contexto y el clima histórico, tratar de revertir esta tendencia. No lo hizo tan abiertamente en la Segunda Guerra Mundial, sí después de un tiempo en Vietnam: ¿qué hubiera pasado si la Guerra del Golfo se hubiera prolongado, cuando los periodistas que estaban en la zona y no podían hablar por la censura impuesta regresaran?... no sé.


DB- ¿Crees que la televisión distorsiona la información más que otros medios?


TL- Pero allí había una censura militar, y eso siempre distorsiona. Tengo la impresión de que si se alargaba la guerra y los periodistas aprendían a rebuscarse en los vericuetos de la censura, hubieran sido los primeros en romper el cerco de la información.


DB- Otro asunto que plantea Sartori son los tiempos, en la medida en que la toma de una cámara es parcial se olvida del contexto en que la noticia está implicada... en este sentido él cuestiona muy severamente a la televisión como un medio para tratar la noticia de una manera idónea.


TL- El informativo televisivo va donde va la cámara, con tiempos muy cortos pero imágenes muy precisas. Yo, como periodista de prensa, puedo contar con las palabras que mi vocabulario me permite. En el informativo de televisión logro meter una cámara ahí y demuestrar que fue de ese modo y no de otro.


DB- Un ejemplo que él plantea en el libro es aquel caso emblemático de King, el negro apaleado por algunos policías en una calle de Los Angeles el 3 de marzo del ´91. Fue un asunto que desató debates y conflictos sociales muy serios en Estados Unidos: "Las imágenes de King se retransmitieron por todas las televisiones americanas centenas de veces; no decían que la detención del hombre apaleado le había costado a la policía una larga y peligrosa persecución en coche a 180 kilómetros por hora ni que estaba drogado y borracho y no hizo caso cuando se le mandó detenerse. De aquellas imágenes se deducía prácticamente una guerra racial, la brutalidad de la policía era indudable; pero el episodio puesto en contexto no justificaba en modo alguno el escándalo que suscitó. Aquella imagen, tal como se ofrecía, era una engaño". Se plantea aquí el tema del espectáculo, "la televisión es espectáculo", dice Sartori.


TL- Todo lo que dice el autor sobre el episodio de King fue realmente así, incluso después de que pasó esa vez, King volvió a reincidir, se pasó de copas y manejó a alta velocidad. Pero lo que esas imágenes hicieron ver era que, más allá de todas las culpas que pudiera tener el delincuente, la policía actuó por medio de un procedimiento que no estaba previsto, que realmente habían abusado de su función y su poder. Más allá de que no se mostró el episodio completo, supongo que porque el que tenía la cámara vio eso y no la parte de la persecución, se podía ver que allí había algo que no andaba bien, que esa no era la manera de arrestar a alguien una vez que se lo detiene. Puedo entender que los policías vinieran con toda la adrenalina generada en esa persecución a 180 kilómetros por hora, pero objetivamente hubo un problema de violación del manual del procedimiento de detención.

Otro ejemplo que yo siempre doy es el de O.J. Simpson, que tanto se televisó y que para muchos la consecuencia fue una trivialización del episodio. Yo estaba en Estados Unidos justo para el cierre del proceso, y me resultó fascinante poder verlo todo en televisión, porque significaba también ver a la policía rindiendo una especie de examen sobre como procedió, discutir sobre la violencia doméstica, sobre el racismo...temas sumamente amplios que estaban presentes en ese juicio contra un X señor. A partir de algo que tenía una apariencia muy frívola y visual la sociedad en su totalidad se puso a discutir, y en eso tuvo suma importancia la televisión. Por eso yo no minimizo lo que significó la televisación del caso Simpson. Quizás el resto del mundo no norteamericano miraba un debate que le era ajeno, pero para ese país se trataba de un problema, que planteaba muchos otros, y todos desde el seno de esa sociedad.


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Transcripción: Mariana Viera Cherro