Carta de Luciano Alvarez


Señor director:

En El Observador del día miércoles 28 de octubre, página 6, se informa sobre la conferencia del politólogo italiano Giovanni Sartori.

Bajo un título que dice "Giovanni Sartori vino, vio y venció" se agrega un subtítulo que reza: "Los uruguayos no lograron cambiarle la teoría al padre de la ciencia política italiana, aunque estaba cansado y con calor". Luego en el primer párrafo se insiste y se agrega: que "sorteó sin contratiempos las preguntas finales de un panel de expertos (…) que intentó en vano hacerle cambiar sus pareceres".

En estos breves textos se acumulan varios errores y una inferencia frívolo-deportiva. El primer error consiste en sostener que el panel intentó en vano hacerle cambiar "la teoría" al conferencista. No es correcto puesto que, como el mismo Sartori lo reconoció, su texto es un panfleto, en el sentido técnico del término -aunque panfleto, como él lo dijo, suene menos fuerte- por lo que está lejos de ser una teoría. Una teoría debe caracterizarse por ser un sistema demostrable, contrastable, abierto, capaz de generar los recursos para su refutación. Más allá del error técnico, acepto que el periodista hubiese querido transmitir realmente que los panelistas quisimos cambiar sus ideas sobre la televisión y no su teoría. Tampoco es verdad.

Ninguno de los panelistas, me atrevo a decirlo, aspiró a tal cosa.

Particularmente en el caso de los académicos, más allá de los estilos individuales, se procuró que Sartori fundamentara sus argumentos. Además en los casos particulares de Rafael Bayce y el mío sostuvimos que aun, compartiendo sus ideas fundamentales, teníamos reparos sobre muchos de sus argumentos. Tales planteos hubieran podido ser asumidos por el conferencista de dos maneras aceptables. La primera, hacerse cargo de las observaciones y debatir con ellas, tal como es de estilo en los ámbitos académicos más respetables o, en una hipótesis de mínima, utilizarlas para ampliar los asuntos y temas con que se le desafiaba. En realidad optó por una simpática manera de evitar cualquier intercambio significativo. Quizás el cansancio y el calor contribuyeron a esta actitud. En todo caso, resulta claro que no puede afirmarse, si se escuchó bien lo dicho, que haya sorteado con éxito las objeciones; menos aun insinuarse que, cansado y acalorado, le ganó de taquito a los uruguayos, puesto que no hubo polémica. Lo que hubo fue un intento por nuestra parte de honrar de la mejor manera la invitación a compartir una mesa con Sartori. Para ello se procuró ampliar los horizontes de la conferencia mediante la exploración y el diálogo sobre asuntos de relevancia.

Como a buena parte de los humanos, no me gusta hacer el ridículo y menos aún aparecer en un diario como habiéndolo hecho. Es por eso que le transmito estas observaciones, preocupado, como siempre, porque el periodismo intente reconstruir de la mejor manera el sentido de los hechos y nos los sacrifique en el altar de algún título y frase ingeniosa.


Dr. Luciano Alvarez


P.D. Por suerte, el texto de mi intervención fue escrito, de modo que está a disposición como prueba de mis dichos.


-----------------------------------------
El Observador (Correo del Lector), 30.10.98