Conferencia de Giovanni Sartori
en el Instituto Italiano de Cultura
GIOVANNI SARTORI:
Sólo quiero decirles que me disculpo por no hablar español pero pienso que de todas
maneras me haré comprender y les agradezco que me ahorren una conferencia pues desde que
llegué a América Latina ya he ofrecido cerca de cincuenta lo cual es muy cansador, así
que les agradecería mucho el poder entrar directamente al diálogo. De esa manera me
facilitan las cosas y por otra parte todas las cosas buenas llevadas al extremo causan
saciedad y yo ya he llegado a ese punto. De modo que me ayudan mucho si entramos de
inmediato "in medias res" por así decirlo. Rompamos el fuego.
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Pablo Mieres, Giovanni Sartori, Oscar
Bottinelli y Jorge Lanzaro. |
JORGE LANZARO:
Profesor Sartori, usted ha escrito sobre muchos temas fundamentales. A mí me gustaría
escuchar en particular sus impresiones, "coloquialmente" como dice, sobre un
tema del que hay un pequeño artículo que nosotros reprodujimos en la Revista de Ciencia
Política acerca de la evolución de los regímenes de gobierno, particularmente de los
regímenes de gobierno en América Latina y cómo ve, cómo aprecia, más allá del debate
clásico parlamentarismo-presidencialismo, las evoluciones que han tenido los regímenes
presidenciales en América Latina a la vuelta de la democracia en esta, digamos, etapa
democrática de fin de siglo en los que ha habido efectivamente cambios que no han ido en
el sentido del parlamentarismo sino en el sentido de unas modificaciones de distinto orden
a las formas del presidencialismo.
GIOVANNI SARTORI:
¿A qué artículo se refiere? Porque yo además de estar cansado he escrito demasiado y
me olvido a menudo de lo que escribí y de lo que dije lo cual no deja de ser original.
¿Cuál era? ¡Ah! Sí. "Ni presidencialismo ni parlamentarismo" Sí lo recuerdo
perfectamente. Sí, lo escribí yo. Los pongo un poco en antecedentes sobre el motivo de
este artículo. Muchas veces uno escribe por casualidad, porque se topa con los temas.
Asistí a una Convención, creo que era en Washington, sin llevar una ponencia preparada.
Luego comencé a enfadarme porque todos los eminentes colegas presentes atacaban el
presidencialismo latinoamericano y elogiaban el parlamentarismo. En cierto momento, dado
que estoy lleno de contradicciones, me dije que eso no me gustaba, yo no apoyo el
presidencialismo pero tampoco el parlamentarismo. Entonces escribí este artículo a mitad
de camino entre la carne y el pescado, diciendo que ninguno de los dos funcionaba. El
problema concreto era la situación de Brasil porque en esa época había mucha presión
de corrientes de opinión y hasta Juan Linz mi gran amigo lideraba la propuesta para
transformar a Brasil en un sistema parlamentario. Y luego este debate se transfirió
también a Brasil. Fue la única vez en toda mi vida que discrepé con Juan Linz. Brasil
es uno de los peores casos de presidencialismo porque en mi opinión su Constitución es
terrible y hay además una atomización de partidos que haría difícil hasta un gobierno
de sistema presidencial. Por lo tanto la de Brasil era la peor hipótesis posible, por lo
menos la peor hipótesis cuando hablamos de países enormes e importantes porque casos de
este tipo en países más pequeños de América Latina hay varios, pero no quiero ofender
a nadie. Brasil hasta sometió este tema a un referendum, como ustedes recordarán. En
Italia los referendum en general se ganan por despecho o sea que se vota contra todo lo
que propone el poder central. Si en Italia se somete a referendum el sistema presidencial
gana de manera abrumadora pero no porque la gente tenga la más mínima idea sobre el tema
sino porque sería un desaire para el régimen vigente. En Brasil fueron más sensatos que
en Italia, si bien pienso que no entendieron bien de qué se trataba, pero el resultado
fue que el sistema siguió siendo presidencial. Mi tesis en pocas palabras es que los
sistemas presidenciales, que fueron inventados por Estados Unidos a fines del 700 porque
ya no estaba la monarquía y entonces había que inventar otro sistema, por las
características y la manera en que fue concebido el presidencialismo americano reflejan
la experiencia de sistemas monárquicos que en cierto momento eran sustituidos por algo
parecido. Y en Estados Unidos el presidencialismo funciona en primer lugar porque lo viene
haciendo desde hace ya más de 200 años. También en Uruguay funciona así porque desde
hace tiempo que lo viene haciendo. Y luego porque los americanos quieren que funcione, lo
conocen, lo aprecian, y lo hacen funcionar. Magnífico. Pero desde el punto de vista de la
ingeniería constitucional los sistemas presidenciales son lo que en inglés se llama
"paralysis prone", predispuestos a la parálisis, o sea una estructura que
funciona sólo bajo ciertas condiciones pero no bajo condiciones adversas. Por eso soy un
admirador de los "Federal Papers" que son un extraordinario documento de
inteligencia constitucional, y eso que estamos a fines del 700. Pero un sistema de
división de poderes como lo es el presidencial presupone para funcionar lo que se llama
mayorías compartidas. Es decir que a la mayoría que elige el Presidente le corresponda
también una mayoría en el Parlamento y para que funcione bien debe estar constituida por
partidos lo suficientemente sólidos y disciplinados. Pero esta feliz coincidencia de
mayoría presidencial y mayoría parlamentaria, es decir de mayoría unificada, es cada
vez más infrecuente. Entonces un sistema presidencial debería quedar paralizado. Tenemos
un Presidente que no cuenta con una mayoría, un Parlamento que no tiene voz en el
Gobierno y entonces hay dos cuerpos extraños y enemigos que se enfrentan. En América
esta dificultad se supera por la indisciplina. Tenemos partidos muy indisciplinados, muy
pragmáticos y sobre todo tenemos también, en el buen sentido de la expresión, la
"compraventa" de votos. Es decir que un Presidente que quiere hacer aprobar
determinado proyecto busca los dos,tres cuatro o cinco votos que necesita para lograrlo.
Bueno esto es mejor que nada pero realmente no es un buen sistema. A mí no me gustaría
recomendarlo para el futuro. Es un milagro constitucional si pensamos que fue concebido en
el 700 y si pensamos en la circunstancia inédita de la votación porque desde la época
de las antiguas repúblicas, de la ciudad- estado, un sistema constitucional sin soberano
era inconcebible. Es decir que fue un gran invento. Pero no tanto cuando se le transporta
a América Latina. Porque reitero, Estados Unidos se acostumbró al sistema y por mucho
tiempo tuvo la mayoría única Tomar un sistema de división de poderes y trasladarlo a
América Latina que ha tenido regímenes intermitentes -porque cuando un régimen funciona
desde hace dos siglos aunque sea incorrecto es por su duración que lo hace- con sistemas
de partidos que en general, siempre hay excepciones, son muy frágiles, muy atomizados,
muy curiosos (sin querer ofender), revela las contradicciones de este sistema. Es por ello
que los presidentes latinoamericanos en general, son fuertes en el papel pero a menudo
débiles en sustancia porque no tienen un apoyo parlamentario Es decir que tienen
mayorías adversas o que no los apoyan y entonces se fortalecen ejerciendo poderes
ilegales o usurpados. Esto crea la debilidad del sistema y da lugar a episodios de
intermitencia con regímenes militares. Pero en realidad desde este punto de vista es más
inteligente el entendimiento a nivel parlamentario porque el sistema ya no es de división
de poder sino de compartimiento del mismo. En un sistema parlamentario el Parlamento es
soberano y establece determinadas mayorías y si se logra alcanzarlas entonces funciona.
Pero mi objeción y mi advertencia es que para que funcione bien un sistema parlamentario
es necesario que haya partidos "parliamentary fit", es decir que estén
preparados para actuar en un sistema parlamentario porque si tomo los partidos brasileños
y los pongo a funcionar en un sistema parlamentario sería catastrófico, mucho peor que
el sistema presidencial que tienen. Y como creo que decía en aquel artículo, son pocos
los países en América Latina que tienen partidos lo suficientemente estructurados,
consolidados y no demasiado atomizados como para soportar esta transición. Mencionaba
Argentina, y en aquella época se mencionaba también a Venezuela como sistema
bipartidista, pero ya comenzaba yo a tener sospechas. Pero una transformación de sistemas
presidenciales que ustedes mal o bien están acostumbrados a administrar, mal a menudo
pero ese no es el punto, en sistemas de tipo parlamentario hubiera sido saltar del sartén
al fuego porque el parlamentarismo resultante de esta transición sería de tipo
asambleísta Y no había, sobre todo en América Latina, ninguna tradición por así
decirlo suficiente de doctrina que solucionara este problema. La lógica de los sistemas
parlamentarios es la de la asamblea. Si el Parlamento es el soberano puede excederse. Este
defecto fue corregido en Inglaterra y en Alemania por la praxis y se crearon sistemas
parlamentarios que por un eufemismo se denominan como "racionalizados". En
realidad se trata de sistemas parlamentarios que han puesto un freno al parlamento o sea
de prevalencia del ejecutivo. Pero de todos modos en la doctrina no está muy claro este
proceso. Por consiguiente regalar esta "criatura" a América Latina me parecía
una medicina desastrosa. Bien, es todo lo que tengo que decir sobre este punto. ¿Hay
otras preguntas?
PABLO MIERES:
Yo me voy a referir sobre todo a la cuestión de los sistemas de partidos y a la
clasificación de los sistemas de partidos que constituyen una de las obras de referencia
de Sartori. Esa obra, que ya tiene un tiempo y que sigue siendo una construcción después
de la de Duverger de los años 50, es el siguiente esfuerzo fuerte yo diría analítico de
clasificación de los sistemas partidarios. Fue desarrollada en una época en la que una
parte importante de las sociedades vivían bajo la regla de los sistemas de partido
único, de partido de Estado. La pregunta estaría relacionada acerca de cómo ve Sartori
un tiempo después, transcurridos todos estos cambios que hemos vivido, esa clasificación
de sistemas de partidos, en particular en lo que serían los sistemas competitivos, qué
novedades observa, qué reflexiones haría ya bastante tiempo después acerca de cómo han
ido evolucionando estas clasificaciones, bipartidismo, pluralismo moderado. pluralismo
polarizado, sistema de partido predominante.
GIOVANNI SARTORI:
Una pregunta bastante larga la suya. El libro es antiguo, lo he escrito a fines de los
años 60. Después vino la llamada revolución estudiantil contestataria, estuve de
Presidente de Universidad, lo dejé, luego lo retomé. Enfin, es un libro de fines de la
década del 60. Mientras tanto yo comenzaba a combatir con total convicción una tesis que
sostiene que un sistema con partido único puede ser democrático cuando en su interior
tiene libertad de corrientes. De acuerdo a esta concepción Méjico se volvía
democrático y también otros sistemas. Entonces yo decía: " observen ustedes que
una cosa es la competencia interna de un partido y otra cosa es la competencia entre
partidos." La competencia interna de un partido no puede sustituir a la competencia
entre partidos. Por supuesto que es mejor que exista porque si un partido único no es de
tipo estaliniano es mejor. Pero esta confusión era aceptada por toda la literatura, hasta
por Diberger por ejemplo con todas sus credenciales.. Y por tanto yo combatí esta
confusión doctrinaria. Reivindico el mérito. En el ámbito de los sistemas de partido
único, que por lo tanto no son democráticos, distinguía sin embargo a Méjico por
ejemplo que tenía un sistema de partido hegemónico porque tenía la característica de
que si bien el PRI era el partido que controlaba, con una gran astucia dejaba una libertad
tutelada a los partidos menores. Pero con esto no quería decir que Méjico tenía un
sistema democrático, lejos de mí. Es un sistema increíble de dictadura que logra
sustituir al dictador. O sea es un gran invento, pero no deja de ser una dictadura.. Otros
no lo lograron, pero los mejicanos eran muy buenos en esto. Pero no era un sistema
democrático, era un sistema que yo denominaba como de partido hegemónico. Entonces
dentro de los sistemas de partido único no competitivos, esa era la característica, yo
distinguía tres tipos: totalitario, autoritario, y pragmático-hegemónico. Pero también
desde el punto de vista del multipartidismo o pluripartidismo mientras que la
clasificación tradicional era dos o más de dos, yo afirmaba que en el medio se situaba
otra categoría que llamé pluralismo moderado por oposición al pluralismo extremo. A
grosso modo el punto de inflexión sería el de cinco partidos. Reitero grosso modo.
Porque siempre digo cinco partidos, pero en realidad porque hay que decir un número y yo
digo cinco, pero ¿por qué cinco? Pueden ser seis, no es este el punto. El punto era como
contar los partidos porque no se puede establecer una clasificación de los sistemas de
partidos sin utilizar un criterio contable. Y yo trabajaba con cinco utilizando criterios
contables que establecían como decidir si un partido era relevante o no. Era la noción
de partido relevante que construía la tipología. Lo bueno del caso es que aún hoy el
periodismo por ejemplo, los medios de comunicación, cuando la última crisis italiana en
que cayó el gobierno de Prodi, el New York Times, el Herald Tribune y también el muy
importante The Economist, escriben que en Italia hay 40 o 46 partidos. Esto es una gran
tontería. Si fuera cierto sería peor aun que en Brasil y estar peor que el Brasil es muy
difícil. Italia no es un país que desde el punto de vista político se luzca mucho pero
ser peor que el Brasil es difícil. No tiene entonces 40 o 46 partidos. Esto es un conteo
que se hace basado sobre la maniobra astuta que hace que los políticos italianos una vez
que se estableció una ley de financiación del partido se subdividieron en el Parlamento
en tantas unidades como fueran necesarias para recuperar el dinero. Es un criterio de
carácter contable. O sea que entre 46 lograron hacerse de algún dinero. Esto es muy
italiano y requiere una gran habilidad que ningún otro país logró de dividirse el
dinero entre 46 por unanimidad. Lo mejor de todo es que esta contabilidad de reparto fue
aprobada entonces por unanimidad porque era un engaño y entonces tenían que estar todos
de acuerdo. Por lo tanto se pagó a todos para que todos quedaran contentos con tal de
hacer aprobar esta ley de financiación de los partidos Pero no es cierto que haya 46
partidos. Italia en el período de la proporcionalidad tenía 6 o 7 partidos relevantes,
los partidos nacen y desaparecen, pero a grosso modo eran 6 o 7. Y ahora existen 14
partidos relevantes de acuerdo a estos criterios contables. Y lo divertido es que son 14
gracias al sistema uninominal mayoritario al contrario de toda la doctrina que dice que
estos sistemas reducen el número de partidos y el sistema proporcional los multiplica.
Ahora no voy a explicar el porqué. Si quieren lo hago después pero creo que me detendré
acá en esta paradoja que en Italia el sistema mayoritario uninominal ha multiplicado los
partidos y que hoy tenemos el doble de los que teníamos cuando existía el sistema
proporcional. Aunque no fuera tan proporcional como el de Uruguay era decorosamente
proporcional. Creo que lo que queda en pie de aquel libro son más o menos estas cosas
pues en otros aspectos ha sido superado. Hace veinte años que digo que voy a reescribirlo
y aún no lo he hecho. Pero tal vez lo haga ahora si no vuelvo muy cansado de esta gira.
IGNACIO DE POSADAS:
Usted ha escrito entre tantas cosas, sobre la evolución de la institución Parlamento.
Digamos simplificando de una institución Parlamento más a una institución Poder
Legislativo, de una institución ajena al aparato del Estado a una institución que forma
parte del aparato del Estado y que se ha ido absorbiendo mucho en la tarea de producir
leyes. El mundo ha vivido en las últimas décadas transformaciones muy profundas sobre
todo en el área económica en la línea del liberalismo, también para simplificar, pero
en esa dirección. Sin embargo no ha habido esa misma dirección en materia
político-institucional sobre todo con respecto al Parlamento. El Parlamento no se ha
liberalizado digamos. La pregunta es si esa lectura es compartida por usted y si usted no
cree que porque el Parlamento no ha evolucionado en el sentido que las economías han ido
evolucionando lo que probablemente suceda es un retorno de estas posiciones liberales al
influjo de Parlamentos que van a seguir legislando con un criterio distinto al de los
cambios de estas últimas décadas.
GIOVANNI SARTORI:
Esta es una pregunta de una complejidad que en este momento me desacomoda un poco. No creo
ser capaz de responderla. Pero la regla a la que me he ceñido siempre es la de que si
tengo un juguete entre las manos y no sé como fabricar uno mejor, me quedo con el que
tengo. Soy un animal muy prudente en estas cosas. Y cabe aquí la máxima inglesa
equivalente, tan graciosa: "If it´s not broken, don´t fix it". Conozco
perfectamente cuales son los múltiples inconvenientes de los sistemas parlamentarios pero
no sé como lograr algo mejor. Los cambios no siempre son para bien, a veces empeoran las
cosas. Y por lo tanto esperaré que surja una propuesta que me convenza en este sentido.
Los vínculos entre los sistemas parlamentarios y, si entendí bien la pregunta, las
transformaciones económicas y los sistemas de mercado, a mi entender, si bien todo está
relacionado, no están fuertemente concatenados. Porque en el fondo el Parlamento es un
grupo de unas 500 personas que deben "procesar" (como se dice en inglés)
decisiones. Es decir que le llegan asuntos, demandas de la sociedad, problemas serios y
debe arreglárselas para solucionarlos. El Parlamento es sólo una máquina de
transformación y lo importante entonces es que sea capaz de efectuar esas
transformaciones. Una es la transformación de las demandas de la sociedad en decisiones
de gobierno, otro tipo de transformación. O sea que hasta que esta máquina funcione con
sus engranajes de transformación, yo la conservo. Yo no puedo inventar todo, que alguien
más lo haga. "If it´s not broken, don´t fix it". Por ahora no se ha roto, no
anda muy bien pero ese es otro asunto. Lamento no haber contestado adecuadamente su
pregunta pero era de una gran complejidad.
GERARDO BLEIER:
Mi pregunta es un poco compleja pero de todos modos quiero sacarme las ganas de hacérsela
igual. Es un poco compleja en términos de la calidad de la problemática. Todo parece
indicar que uno de los problemas más sustantivos de la evolución de la cultura política
en las próximas décadas tendrá que ver con la forma en que se eligen los
parlamentarios. Es decir con el modelo de elección propiamente tal: si por
circunscripción o por otro mecanismo representativo. ¿Cuál es a su juicio el modelo,
comillas, ideal? Yo sé que es muy difícil. Pero me interesa en particular conocer su
opinión sobre el tema de circunscripciones en tanto que cada vez más la gente maneja
niveles de información que hace compleja la elección del legislador. Parecería en ese
sentido, se dice en teoría, que la circunscripción, acerca al legislador a la gente.
¿Comparte esa opinión?. ¿Cuál es su impresión sobre el problema, evolutivamente?.
GIOVANNI SARTORI:
La pregunta es compleja pero lo esencial se refiere a la circunscripción electoral o sea
si debe ser pequeña, grande o si debe ser de elección uninominal, que es la pequeña
circunscripción, o proporcional. Si he comprendido bien éste sería el punto central. Yo
siempre digo que en materia electoral, puesto que esta es una parte de la problemática
electoral, primero díganme que quieren ustedes y luego les diré cual es en mi opinión
el instrumento más adecuado para obtenerlo. La variable de las circunscripciones no es
independiente porque si tomamos el caso de las circunscripciones nominales de los sistemas
mayoritarios siempre son más pequeñas que las de los sistemas proporcionales, salvo
aquellos casos de circunscripciones binominales. Pero en general las circunscripciones de
los sistemas proporcionales son mucho más grandes que la de los sistemas uninominales.
Tenemos en ese sentido dos casos clásicos: EE.UU. e Inglaterra con sistemas mayoritarios
y uninominales. En el caso de EE.UU., en mi opinión, el efecto de la pequeña
circunscripción uninominal es el de incrementar cada vez más el localismo y crear
representantes más o menos atados al mandato de servir a sus colegios. Esta es la
fórmula "all politic is local" en la que creen muchos estadounidenses. Puede
ser que sea cierta pero entonces será un desastre para el interés general, el interés
colectivo, compensado justamente por contrapesos en el sistema norteamericano. De todos
modos creo que es bastante evidente que el efecto principal, no el único, de la elección
uninominal en un colegio pequeño, es reforzar el elemento localista de la política. El
representante debe seguir a su colegio. Si no lo hace es expulsado. En Inglaterra en
cambio el mismo sistema no produce por cierto las mismas consecuencias. La elección
uninominal mayoritaria no tiene este reflejo, esta implicancia localista. Y esto es así
porque en Inglaterra el sistema de partidos es muy fuerte. La primera consideración
entonces es que la incidencia del tamaño del colegio, de la circunscripción sobre este
aspecto está ligada también a la fuerza del sistema de partidos. Con sistemas de
partidos débiles, frágiles, el efecto es localista. En cambio con sistemas de partidos
fuertes y muy disciplinados como en Inglaterra, el efecto es diferente y sirve para
mantener el bipartidismo, para fortalecerlo.
No puedo ofrecer entonces una respuesta unívoca. Hay otros elementos que deben considerar
conjuntamente y además, lo que cuenta es el objetivo. En Italia por ejemplo, hemos pasado
del sistema proporcional al sistema mayoritario porque decíamos que teníamos demasiados
partidos. Entonces para reducir la fragmentación de los partidos, y también por otras
razones, dijimos: "miren como en Inglaterra con sistema mayoritario tienen dos
partidos. Nosotros al pasar al sistema mayoritario también tendremos dos partidos".
Una gran tontería y ya se sabía de entrada que no funcionaría. Pero ni yo mismo pude
imaginar que el sistema mayoritario elevaría al doble el número de partidos en Italia.
Ahora he comprendido el porqué y hasta he teorizado sobre ello en mis recientes
reflexiones. En un sistema mayoritario el vencedor se lleva todo y en cada colegio gana
por un voto. Entonces cualquier partido menor pre-existente, es decir, que venía del
sistema fragmentado tiene un poder de recuperación formidable. En Italia los partidos se
multiplicaron porque los partidos pequeños le dicen a los grandes: "O me asignas 10,
20 80 o 90 escaños, como fue el caso de Berlusconi en la primera elección, o me presento
y te hago perder". Tenemos entonces un mecanismo perverso que justamente gracias al
colegio uninominal mayoritario multiplica los partidos. O sea que primero debemos tener
claro que es lo que queremos y luego es necesario comprender cabalmente como funcionan
estos mecanismos. Cosa que en realidad en la literatura no se da porque la evolución
siempre ha sido de transformación de los sistemas mayoritarios en sistemas
proporcionales. El primer pasaje a la inversa fue el caso francés que de un sistema
proporcional pasó a un sistema mayoritario pero con segunda vuelta. Esto fue justamente
lo que aseguró su éxito. En Italia no se estableció la segunda vuelta, no se entendió
bien que era muy difícil el pasaje desde el sistema proporcional y así fue que se
produjo todo este embrollo en el que estamos metidos. Me doy cuenta que no he contestado
su pregunta y solamente quiero agregar que el tema es muy complejo y que es necesario
saber en primer lugar cuales son los fines, en segundo lugar cuales son los instrumentos
adecuados para alcanzarlos y en tercer lugar que nunca es una variable aislada la del
tamaño del colegio. Depende de la naturaleza del sistema de partidos y también de otros
factores. O sea que con voluntad es un problema que tiene solución pero contando con más
tiempo. Gracias.
OSCAR BOTTINELLI:
Bueno, ahora voy a preguntar yo. En la conformación de un sistema de partidos influyen
muchos elementos: elementos históricos en la formación de los partidos, elementos
sociales e históricos en la fragmentación de esos partidos. Luego tenemos las variables
sistemas electorales que influyen en incidir para un lado o para el otro sobre ese sistema
de partidos. ¿Cuál es el peso que usted le da a la variable sistema electoral comparando
con variables de tipo más social o socio-cultural en la reducción o la fragmentación
del sistema de partidos?
GIOVANNI SARTORI:
No creo mucho en el argumento de que cada país tiene su historia, que es único y que
dada una cierta tradición queda atrapado en ella. Es demasiado cómodo como excusa y si
examinamos la historia de estas transformaciones no es cierto. Por supuesto que cada país
tiene su viscosidad de inercia y si queremos hacer una reforma tenemos que tener en cuenta
cual es la fuerza de esta viscosidad, de estas resistencias heredadas del pasado. Y
justamente por eso no se debe hacer lo que hizo Italia que se dijo si Inglaterra tiene
sistema mayoritario con una sola vuelta nosotros lo importamos y tendremos un sistema
bipartidista. Esto era una completa estupidez que no tenía en cuenta las viscosidades
precedentes o sea que por medio siglo Italia había enraizado un sistema de pluralismo
extremo y fragmentado. No tan extremo como el actual pero sí de seis o siete partidos.
Pero la historia, las tradiciones, los determinantes socio-económicos...Yo les he dicho
siempre que traten de instrumentar la reforma propuesta y yo acabo con las variables que
sobrevengan. En Italia propuse una doble vuelta del colegio pero de cuatro y con
recuperación proporcional sobre estos cuatro para el que se retira, que sirve para
eliminar el poder de recuperación de los partidos menores. Este mecanismo me basta para
crear, no digo un sistema bipartidista, pero sí un sistema bipolar como el francés, la
"quadrille bipolaire". Entonces está presente acá la historia, está presente
la viscosidad, los malos hábitos por supuesto son muchos, pero si me dan este sistema
electoral, y estuve muy cerca de obtenerlo, les garantizo que este problema se los
resuelvo. Puede ser que me equivoque pero el caso de Francia lo demuestra. Porque Francia
en 1959 estaba en la misma situación que vivía Italia en 1994 o 1996 y le tomó más
tiempo incorporar esta estructura bipolar que tiene hoy, esta "quadrille
bipolaire", porque era una segunda vuelta pero con balotaje . Es decir que entraban
los dos primeros lo que enlentecíó este proceso de aglutinamiento que con mi propuesta
en cambio se aceleraba porque entran los cuatro primeros. Pero queda claro que el colegio
se convierte en uninominal en la segunda vuelta. Es decir que son solamente dos los
partidos que pueden vencer y entonces los partidos menores que entran se enfrentan a esta
alternativa: si se retiran tienen derecho a una recuperación proporcional pero si no lo
hacen lo pierden. Rifondazione Comunista, antes de la escisión, si no se retiraba con
este sistema quedaba con cero diputados. Entonces había un fuerte incentivo para el
retiro pero a su vez perdían el poder de recuperación y finalmente, a pesar de haber
comenzado con hasta diez partidos, cuando se llegaba a la segunda vuelta ya no había un
poder de recuperación de los partidos menores. Porque podían ser penalizados por no
haber obtenido una representación. Les digo esto a vía de ejemplo de que siempre se
puede elucubrar un sistema electoral que de alguna forma resuelva los problemas de
viscosidad o de resistencias que derivan de los factores que ya conocemos:
socioculturales, pasado, malos hábitos. Esta es pues mi posición y como no he tenido
oportunidad de aplicarla no puedo probarla. Pero yo insisto de todas maneras.
 |
En primera fila, Washington Abdala, José Luis
Castagnola, Emiliano Cotelo, Javier Massa, Ignacio de Posadas, embajador de Italia y
Nelson Stratta. |
OSCAR BOTTINELLI:
¿Cómo se hacía la recuperación de los partidos que se retiraban?
GIOVANNI SARTORI:
Bueno, esta es la misma propuesta apoyada por D´Alema, si bien es de mi autoría. La
recuperación era la siguiente: en cada colegio a la segunda vuelta pasan cuatro partidos.
Pero pasan con la distribución italiana. El primer partido con el 20% o el 25%, los dos
menores con el 10% o el 7% o sea que saben que no pueden vencer. Entonces la opción es
como sigue: si se retiran tienen derecho a una recuperación del 15% en las las listas
nacionales, proporcional. Claro que esto es negociable. Si queremos darles un 20% debemos
sacar cuentas y ver que sea una recuperación que no destruya la gobernabilidad. En todo
caso si se consideraba que era necesario para lograr la aprobación del sistema, se podía
otorgar el 20%. De todas maneras yo había propuesto el 10% para obtener el 15%. Pero en
la segunda vuelta quedan sólo dos partidos. Se convertía entonces en una verdadera
competencia y casi nadie se habría resistido al ofrecimiento porque si no desaparecían.
¿Quién entraba en segundo lugar? Los democristianos, o los populares de izquierda o los
democristianos de derecha o Rifondazione antes de la escisión Si no se retiraban no
obtenían casi representación ni colegio. No hay ningún colegio en que los
democristianos, los populares o los de "Rifondazione" puedan obtener la mayoría
absoluta o aun relativa. Se llegaría entonces a la representación cero y está claro que
el incentivo para retirarse era muy fuerte. Este era un mecanismo que eliminaba la
corrupción que significaba el poder de recuperación en el sistema mayoritario, porque en
los sistemas representativos no existe el poder de recuperación. En este sentido allí
está el motivo por el cual el sistema proporcional dejó a Italia con 6 o 7 partidos
porque cada uno se presenta y unos ganan un punto porcentual y otros pierden dos, pero
finalmente todos se reparten proporcionalmente.
No hay sólo uno que arrasa con todo y todos los demás pierden. Este gobierno no lo
ofrece. Lo crea el propio sistema mayoritario y no nos habíamos dado cuenta. Esta es la
idea, el mecanismo, que sigue estando en discusión en Italia. Ahora se tomaron vacaciones
porque estoy viajando. Pero hace cuatro años que vengo luchando en este tema. Deberían
darme un premio por resistente, por obstinado.
PREGUNTA:
¿Cuál es su opinión sobre el nuevo modelo uruguayo?
GIOVANNI SARTORI:
A veces hablo de cosas que no conozco porque mi profesionalismo me lo permite pero,
reconociendo mi ignorancia y que por tanto es muy probable que diga tonterías. Pero si a
ustedes les complace escucharme les diré que el sistema uruguayo me ha intrigado siempre.
Ya en 1970 en el volumen sobre los partidos decía que en realidad no tiene un sistema
bipartidista porque los partidos son dos a nivel de lemas pero como cuentan también los
sub-lemas el tema es mucho más complicado y establecer cual es la verdadera unidad
política se me torna difícil. Pero no me parece que sea un sistema bipartidista de tipo
clásico, es muy sui generis como sucede también en Colombia. La reforma actual de llegar
a una elección presidencial en sustancia con mayorías absolutas, porque si van al
balotaje los dos primeros evidentemente por razones aritméticas notorias el vencedor gana
con mayoría absoluta, la recomiendo vivamente. No sólo porque impide lo que sucedió
entre otros en Chile, un Presidente que gana con la mayoría relativa. Allende nunca
hubiera ganado con la mayoría absoluta, él ya estaba allí y fue elegido con un
porcentaje levemente inferior al que había obtenido anteriormente. Sucedió lo mismo en
la República de Weimar. También en ese caso el Presidente era electo por mayoría
relativa y esto es muy riesgoso. Es por eso que siempre aconsejo una segunda vuelta que
justamente con el balotaje que enfrenta a los dos primeros, permita una elección con
mayoría absoluta porque va a incidir sobre la elección del Presidente. Cuando compiten
tres si ya se sabe que debe surgir por mayoría absoluta, la elección -salvo que sean
sistemas muy polarizados- recaerá en un candidato situado más al centro, no en los
extremos. Porque si debe llegar al 51% de los votos generalmente no se encuentra en las
puntas. Si fuera ese el caso entonces es un sistema muy polarizado y estamos ante la
posibilidad de una guerra civil porque es una distribución bimodal. Pero en las curvas
normales de distribución unimodal si hay dos candidatos serán candidatos relativamente
moderados. Esto es una garantía para un país. El otro motivo por el cual recomiendo que
la elección de un Presidente se haga por mayoría absoluta o sea por el sistema que
también acaba de adoptar Uruguay, es que es mucho más aglutinante o sea que obliga a los
partidos, dado que el cargo del vencedor no se puede dividir, a unirse porque si no
pierden la carrera. Justamente por ello en Francia hasta los años 80 la izquierda siempre
perdía porque los comunistas y los socialistas no lograban unirse. Mitterand ganó porque
logró que se le unieran también los comunistas, si bien después los neutralizó y los
destruyó. O sea que hay una fuerza aglutinante en la elección presidencial cuando es por
mayoría absoluta que no se da cuando lo es por mayoría relativa, la cual por el
contrario mantiene la dispersión. Dos motivos por los que afirmo que plantea menos
preocupaciones. Pero como el Presidente tiene mucho poder -o debería tenerlo porque si no
un sistema presidencial no funciona- tener un Presidente que cause menos problemas a mí
me parece un "asset" no una "liability", es decir que es positivo, no
negativo. Si queremos estar más tranquilos el mejor sistema es el que se está adoptando
ahora. Si queremos favorecer la aglutinación de los partidos este objetivo se ve
facilitado por un cargo indivisible de mayoría absoluta.
PREGUNTA:
¿Cómo prevé el funcionamiento de un Presidente elegido por mayoría absoluta con un
Parlamento que ha sido elegido con una proporcionalidad pura en que no necesariamente la
mayoría que pueda formarse en un Parlamento coincida con la mayoría electoral que lo
respaldó? Es decir ¿qué riesgos tiene y qué formas de operar se requieren para buscar
una funcionalidad?
GIOVANNI SARTORI:
Bueno, este es el motivo por el cual yo no recomiendo los sistemas presidenciales porque
no logran solucionar el problema de las mayorías divididas. Son sistemas que llevan a la
parálisis y que después son atropellados por poderes usurpados por el Presidente. Vean
ustedes el caso de Argentina. Aunque allí no sea necesario ya se ha creado un hábito y
el Presidente gobierna por decreto a pesar de que las mayorías con que cuenta le
permitirían no hacerlo. Pero a todos les parece bien y lo mismo harán los Presidentes
que vengan después. Reitero, es un sistema disfuncional y por eso recomiendo los sistemas
semi-presidenciales de tipo francés. En mi lectura los sistemas semi-presidenciales
tienen una ventaja y una fuerza extraordinarias: producir siempre una mayoría en el
Parlamento. O sea que gobierna en sustancia el que tiene la mayoría en el Parlamento. Si
la tiene el Presidente, el Presidente es fuerte. Si no la tiene el Presiente la tiene el
Jefe de Gobierno quien lo es en la medida en que tenga la mayoría en el Parlamento. Yo lo
describo como una diarquía de prevalencia variable. Pero de todos modos gobierna el que
tiene la mayoría y esto resuelve los problemas que no resuelven los sistemas
presidenciales cuando existen mayorías divididas. Desde este punto de vista el sistema
francés me parece genial y como sucede a menudo con las cosas geniales acontecen sin que
uno se percate porque si leemos los trabajos de los constituyentes comprobamos que no era
éste el verdadero esquema, que no habían pensado en eso, pero después surgió este
sistema en el que siempre hay una mayoría. O el Jefe de Gobierno o el Jefe de Estado con
mayoría. Magnífico. Nadie lo había logrado. Por eso considero que es un sistema
extraordinario. No es cierto, como yo siempre había afirmado, que la cohabitación lleva
a la parálisis porque en realidad si uno mira la Constitución, no sólo la formal sino
también la que en Italia llamamos "material" o sea la praxis constitucional, un
Presidente que no tiene mayoría si trata de enfrentar al Jefe de Gobierno que tiene la
mayoría, pierde. Hasta Mitterand que era una personalidad tuvo que aceptarlo y Chirac que
es muy testarudo también, porque no hay duda de que el que lleva la batuta es Jospin. O
sea que la cohabitación funciona perfectamente. El sistema es realmente un sistema de
arcos oscilantes que otorga el verdadero poder al que tiene la mayoría en el Parlamento.
Desde la época de los antiguos romanos que no se encontraba una solución tan
inteligente. Y no se entiende cómo porque la inteligencia constitucional es poco común.
Son problemas muy difíciles. Pero cada tanto se encuentran soluciones fortuitas que
funcionan y naturalmente muchos de mis colegas constitucionalistas no quieren entenderlo.
OSCAR BOTTINELLI:
Profesor, una pregunta que enviaron los estudiantes: ¿Cuándo o hasta cuándo es
razonable la democracia directa? ¿Cuáles son los límites de razonabilidad de
funcionamiento de plebiscitos, referendum...?
GIOVANNI SARTORI:
Bueno, contesto enseguida dando vuelta un poco la pregunta. Una democracia directa es
razonable si el público lo es. Con un público razonable es maravillosa. Pero hay que
determinar antes que nada en que medida el público es razonable o sea lo suficientemente
informado, capaz de decidir sobre los asuntos, etc., etc. En teoría podría tomar el todo
por las astas y como todos los que son políticamente correctos decir que a mayor
democracia directa mayor democracia, pero como siempre soy políticamente incorrecto y no
quiero desdecirme, me planteo: un momento, los sistemas de democracia representativa
funcionan aun cuando el público no es muy competente ni está bien informado sobre los
problemas porque se limita a elegir a quien decidirá. El elector no decide por sí, sino
que elige a quien decidirá. Es una elección muy elemental, a veces al azar, a veces por
afinidades de derecha o de izquierda. En cambio en la democracia directa, el elector
resuelve por sí los problemas. Entonces debe decidir por ejemplo si es mejor bajar las
tasas de descuento o emitir moneda o lo que sea. Es un absurdo. En un mundo que se vuelve
cada vez más complejo, en el cual los propios economistas ya casi no entienden de
economía y en el que los politólogos han mejorado en consecuencia su imagen pues siempre
quedaban en segundo plano ante ellos, es imposible que el ciudadano común que en general
no está muy bien informado sea capaz de decidir sobre los asuntos con un mínimo de
inteligencia que no sea destructiva para el conjunto. Creo que esto es tan probable como
que un chimpancé se siente delante de una máquina de escribir y produzca una novela. No
sé calcular la posibilidad pero es muy baja. Bueno, al menos es lo que pienso y así lo
manifiesto a pesar de que ello no me haga muy popular. En concreto, la imagen que surge es
que en esta época de "directismo" estamos expidiendo libreta de conducir a
quien jamás ha visto un auto. O sea que si queremos maximizar el nivel de democracia
directa debemos maximizar el nivel de capacitación del público de masas. Yo sostengo que
el proceso se da a la inversa. La opinión pública es cada vez más pobre, menos
informada, más desinformada. Por un lado les decimos: "Decidan", pero por otro
no nos damos cuenta que estamos muy lejos de las condiciones mínimas necesarias para
correr este riesgo. Entonces, ante el interrogante de si la democracia directa es
razonable reitero que es razonable sólo si el electorado también lo es. Por supuesto que
sin exigencias desmedidas. No estamos pidiendo un Aristóteles sino una racionalidad
mínima.
WASHINGTON ABDALA:
Profesor, la relación sociedad civil y sistema de partidos. Se está viendo en estos
últimos años todo un desafío de cómo hacen los partidos políticos para entender las
señales que la sociedad civil está mandando. Inclusive hay hasta una tensión, (he
leído algunos politólogos que vienen manejando un punto de conflicto entre la sociedad
civil y su nivel de representatividad y los partidos políticos y su nivel de no
representatividad. ¿Cómo lo está viendo eso?
GIOVANNI SARTORI:
Estamos viviendo desde hace más de 40 años en una sociedad de expectativas crecientes.
Las expectativas son crecientes pero los resultados no lo son. Entonces la relación entre
el ciudadano y la política se ha vuelto muy difícil. Se dice que la culpa es de los
partidos. Por supuesto que hay partidos y políticos a los que habría que tomar a
puntapiés en el trasero todo el día No es que quiera defenderlos. Pero es la expectativa
creciente que como reflejo al no ser satisfecha, no puede serlo, crea el descontento. Y el
descontento hace que el péndulo oscile cada vez más. Se dice que actualmente en Europa
son todos gobiernos de izquierda. Sí, claro. Antes fueron todos de derecha y ahora son de
izquierda. Esto sucede por el descontento del electorado que cree que cambiando obtendrá
más cosas. Tal vez sí, tal vez no. Este es el drama peligroso de las sociedades con
expectativas crecientes. Dado que las expectativas han sido satisfechas por el estado
social, el "welfare" , que a su vez ha sido satisfecho a través del
endeudamiento por lo que muchas veces llegamos al final de esta carrera con las arcas
vacías, a veces con inflaciones desastrosas. Y aún en los países que no tienen
inflación del tipo latinoamericano como el de Brasil, Argentina u otros, ya no pueden
sostener el costo del estado de bienestar que había sido impulsado por las expectativas
crecientes. Y no sólo tenemos las arcas vacías. Los gobiernos de izquierda suben al
poder pero tampoco pueden hacer algo distinto sin dinero. Por supuesto establecen otras
prioridades pero finalmente mucho no pueden hacer sin dinero. El drama es que la
globalización de la economía ya no permite descargar sobre los bienes y productos de
cada país los costos del estado social. El mecanismo era más o menos el siguiente: los
impuestos necesarios para el estado social eran trasladados por el productor de los bienes
a los productos . Su producto entonces no era competitivo pero como vivíamos bajo un
régimen de economías protegidas esto funcionaba. Pero ahora con una economía que en
gran parte se ve obligada a globalizarse, no podemos dar marcha atrás y crear un estado
comercial cerrado, un estado autárquico y ni siquiera la economía de sustitución que ha
sido teorizada en América Latina ha funcionado. No hay manera entonces de pagar los
costos del estado social lo que aumenta el descontento. Porque a nadie le gusta retroceder
y como habíamos ido hacia delante demasiado rápido surgen resistencias al retroceso que
son normales, fisiológicas, inevitables y que crean este problema. Es decir que si bien
los partidos tienen muchas culpas, en realidad nos hemos enredado en una situación de
profunda crisis que en mi opinión es muy peligrosa. Por eso escribo que la política se
está volviendo cada vez más difícil con esta situación . De todos modos, junto al
descontento existe el temor. Cuando en determinado momento se disparó la expectativa
creciente terminó en una recesión económica, o sea cuando se alcanzan los límites de
las normas keynesianas la gente se asustó y redujo las expectativas. Están siempre
presentes y siguen creando descontento pero ya no son las de los años 60 o 70. O sea que
lamento decirles que la mejor cura es el temor. Si ustedes conocen otra me la dicen y yo
la difundo. Pero en este momento todo se ha tranquilizado porque la gente se asustó. Hay
mucha desocupación y si bien, por supuesto, la desocupación crea descontento también
hay mucho temor a perder el puesto. Por consiguiente sobrenadamos en este equilibrio de
descontento que, por lo menos en Europa, no es explosivo.
PROF. RODRIGUEZ:
Tengo que recordar en este debate sobre democracia directa o representativa el argumento
que la democracia directa sería aceptable en la medida que fuera racional el público. El
argumento que puede ser invertido por el público que si renuncia a su decisión directa y
se le proponen las bondades de la representatividad quisiera también una garantía sobre
la racionalidad de aquellos a los que elige. Y como este es un debate que viene de
milenios me parece que este argumento si bien es una "bella barzelletta", no
sirve para negar la posibilidad de que exista una racionalidad aunque sea probabilística,
donde su anule la irracionalidad de los muchos. Porque se argumenta además la dificultad
o incluso hasta la decadencia de la información que capacite. Por una lado está un
argumento que en definitiva no es un argumento, y es que la abundantísima avalancha de la
información se transforma en no conocimiento, o mala y poca información, ocultando que
en la información siempre hay instrumentos para elegir la información con la que se
opera. En segundo lugar yo me pregunto :¿Cuál es el baremo, el cartabón a partir del
cual yo digo que una información es peor que otra? Por ejemplo podríamos elegir la del
comienzo de la guerra del 14 en la que los soldados italianos no entendían al
"maresciallo" porque cada uno hablaba dialecto y no comprendían el italiano.
Acaso lo que ocurrió cuando en los inicios de la Revolución en el Río de la Plata y
vivíamos los avatares de las modificaciones de la política y de la invasión
napoleónica y que llegaba un barco con una noticia un mes y medio después que ya hubiera
llegado a su segunda o a tercera fase. Yo creo que la información de hoy ha democratizado
la posibilidad del conocimiento de modo gigantesco. Si no, siempre me remito cuando oigo
que algunos hablan mal de Internet y recuerdo que Demócrito hablaba de un mito egipcio
según el cual se amenazaba con la destrucción de la Humanidad porque los hombres
depositaban en lo ajeno, en el papel escrito, la memoria interna. Argumento que se volvió
a repetir cuando se inventó la imprenta y que respecto a lo mismo se reiteró cuando se
inventó la máquina de escribir y ahora con Internet. Ninguno de estos instrumentos nos
ha dado sino las posibilidades y medios para democratizar, aumentar y potenciar la
información. En cada uno de nosotros está el cómo hacerlo.
GIOVANNI SARTORI:
Usted plantea un conjunto de argumentos absolutamente contrarios a los que yo expuse en mi
libro. Entonces usted mantiene su posición y yo la mía. Si usted criticase los
argumentos que empleo para explicar por qué la opinión pública se empobrece, por qué
las informaciones disminuyen, por qué la desinformación aumenta. Si usted me dijera que
todos estos argumentos están errados, entonces aceptaría su punto de vista, pero por el
momento estamos ante dos tesis opuestas. Mi posición en síntesis: la comparación que yo
hago sobre la disminución de información no se retrotrae a la Primera Guerra Mundial.
Evidentemente en esa época el analfabetismo era muchísimo mayor y no existían
instrumentos de información. La comparación que hago es por ejemplo entre mi padre y yo.
Es decir, una experiencia de vida de la que puedo opinar porque es la mía. Mi padre que
leía los diarios - no había sido criado en la cultura de la televisión- tenía mucho
interés por la política exterior porque en esa época había enviados especiales que la
explicaban, y él, por supuesto hablamos de una elite no de las masas, captaba la
importancia que tenía el comprender el mundo. Ahora llegamos al absurdo en que cae el
Muro de Berlín, tal vez el acontecimiento históricamente más importante del siglo y en
las televisiones norteamericanas tuvo mucho menos audiencia que los programas de
variedades. Si usted ve en esto un progreso respeto su opinión pero yo en cambio veo un
enorme retroceso que explico diciendo que la opinión pública norteamericana se informa
por la televisión que es prioritaria como en otros países porque en EE.UU. no tienen
diarios nacionales importantes.
En EE.UU. hace veinte, treinta o cuarenta años estaba Cronkite que contaba en media hora
pero explicándolos los acontecimientos mundiales. Ahora otros lo hacen pero en la quinta
parte de ese tiempo y lo que Cronkite debía decir en dos minutos lo dicen en treinta
segundos. A mi entender este no es un mecanismo que produzca mayor y mejor información.
Es un mecanismo infernal que reduce la cantidad y la calidad de la información y la hace
ininteligible. Hoy cuando miro TV en Italia me enfado porque después de escuchar lo que
sucede en Argentina en diez segundos me digo que no entendí nada. Y eso que conozco mucho
sobre Argentina. Imagínense las demás personas. Por eso el desapego y el desinterés del
público en todo el mundo, confirmado por las estadísticas, es culpa de este tipo de
información. Algunas estadísticas son seguras. Sabemos muy bien que por ejemplo en
EE.UU. la cantidad de jóvenes que leen diarios ha descendido a la mitad con relación a
30 años atrás. Sólo un 5% de personas se interesan en la política. No existe, al menos
que yo sepa, ningún dato que indique un "trend" contrario. Así que respeto su
opinión pero pienso que se debería decir: "estos argumentos suyos son falsos".
Y tal vez en ese caso pudiera reconsiderarlos. Pero por el momento quedamos amigablemente
en desacuerdo.
PABLO MIERES:
Este tema es apasionante pero me gustaría volver a centrar la discusión en los asuntos
relacionados en particular con la temática de los partidos políticos. A mí me queda una
duda que incluso se ha discutido con estudiantes y ya que estamos aprovechamos. Cuando se
establece la calificación del viejo sistema de partidos italianos como un caso de
pluralismo polarizado hay un elemento clave que es la calificación del viejo partido
comunista italiano como partido anti-sistema y mirado desde acá y pensando incluso en los
años 60 o 70 con más razón, nos quedaba como la pregunta acerca de en qué sentido el
Partido Comunista Italiano puede ser considerado un partido anti-sistema y en definitiva
cuál es el concepto a partir de eso, de partido anti-sistema.
GIOVANNI SARTORI:
Mi argumentación en la sistematización sistemática de los sistemas de partidos era una
la del criterio contable -cuantos son los partidos- y la otra la de la distancia
ideológica. Estas son las dos variables inter-relacionadas que nos permiten construir no
sólo una clasificación sino también una tipología de los sistemas de partidos con
implicancias predictivas de tipo sistémico. El partido anti-sistema no es determinante en
mi discurso porque yo decía el partido anti-sistema es un indicador de distancia
ideológica . Pero como entonces no tenía medida de distancia ideológica digo: un
indicador de distancia ideológica, de una situación muy fuerte de alejamiento es la
existencia de partidos anti-sistema. Pero entonces decía -ya en mi Ensayo con- si tengo
una medida ideológica ya no necesito del sistema anti-partido, me basta con esta medida.
Es decir que era un indicador pro tempore. Pero agregué -no quiero escapar a mis culpas,
digamos, ideológicas- el partido anti-sistema definido por mí no como un partido
revolucionario sino como un partido que no acepta los valores del sistema vigente y en tal
sentido esa era la situación del Partido Comunista hasta fines de los años 70. Más
tarde yo mismo admití que ya no era un partido anti-sistema y tampoco un partido
comunista . O sea que no es que me eternicé con mi concepto. En un cierto momento fue
así. Yo estaba allí, los veía, hasta llegaron a decirme en el 48 que me enviarían a un
campo de concentración. Es decir que muy amables no eran entonces. Yo conozco a todos los
comunistas italianos, he convivido con ellos y finalmente no me mataron, pero
evidentemente su modelo de referencia fue, por mucho tiempo, la Unión Soviética. Un
Paraíso en el cual yo no creía y en el cual no quería verme algún día. Existía
entonces allí una enfrentamiento de valores y esto justifica el concepto de partido
anti-sistema , que no es un partido revolucionario sino un partido que no acepta los
principios de valor sobre los que se basa el régimen existente. En consecuencia el
concepto "anti-sistema" continúa siendo útil siempre que esté claramente
definido pero a los fines de mi clasificación, de mi tipología, me alcanza con la
distancia ideológica si tengo la medida.
OSCAR BOTTINELLI:
Hay otra pregunta por ahí, pero quiero repreguntar sobre lo de Mieres. Si la variable es
la distancia ideológica y no la funcionalidad del sistema político, hoy, el nuevo
Partito dei Comunisti Italiani, que intervienen con ministros en el gobierno o incluso
Rifondazione Comunista que fue hasta veinte días atrás sustento del gobierno ¿Son en su
clasificación, anti-sistema? ¿Los dos? Hoy.
GIOVANNI SARTORI:
Tengo los límites de una definición diferente, más moderada , del concepto
"anti-sistema". Sí a Bertinotti con su partido Rifondazione Comunista lo
consideré y lo considero un partido anti-sistema. La diferencia es que Bertinotti llegaba
al 10% mientras que el Partido Comunista llegaba al 30%. Entonces el peso era diferente y
a pesar del la presencia de Bertinotti yo considero que el espacio político italiano
actual está mucho más restringido que veinte años atrás. Desde determinado punto de
vista también Bossi es anti-sistema porque quiere , o quería porque dio marcha atrás,
una secesión. Entonces un partido que quiere desmembrar un Estado evidentemente profesa
valores y principios contrarios al régimen. O sea que ¿por qué no Bossi? No son sólo
los comunistas son anti-sistema. También los fascistas lo eran al principio. Es decir que
ésto no es lo que realmente altera mi argumento. El punto reside en la paradoja actual
porque Rifondazione se escindió y este partido que era anti-sistema tomó un camino
centrífugo y Bertinotti corrió o huyó, -no se sabe bien- hacia la izquierda.
OSCAR BOTTINELLI:
¿Y Cossuta?
GIOVANNI SARTORI:
Cossuta en cambio entró al Gobierno pero con una proporción muy modesta de sólo un 4% y
el problema, en esta contingencia quiero decir pues son "trends" de hace uno o
dos años, no es tanto si él es anti-sistema sino que se encastró en el Gobierno. No
sólo con un peso en el electorado del 4% o 5% sino sobre todo que no puede permitirse de
hacer caer al Gobierno porque como al escindirse dijo que no podía ser que Rifondazione
Comunista hiciera caer al primer gobierno de izquierda, ahora él no lo puede hacer. Y
entonces su potencial de rescate con respecto al Gobierno de D´Alema es mucho menor
porque si bien, por supuesto, pedirá un precio que le será pagado, se escindió de
Rifondazione diciendo que no se podía tirar abajo el primer gobierno de izquierda y por
lo tanto ahora no lo puede hacer. Allí hay entonces un problema de difícil manejo para
Cossuta como también lo es la de Cossiga.
PREGUNTA:
Quería hacerle una pregunta sobre Uruguay que es un pequeño país de escasos tres
millones de habitantes donde en su sistema de partidos conviven desde hace varias décadas
tres partidos. Un partido claramente anti-sistema y dos partidos que convivieron
tradicionalmente .¿Cuánto tiempo soporta un país de escasa población demográfica la
convivencia de un sistema de tres tercios que se vienen pisando los pies en su sistema de
partidos?
GIOVANNI SARTORI:
Yo soy muy bueno en profecías sin fecha. Si fijo una fecha a menudo me equivoco, a pesar
de que en el caso de Prodi acerté pues dije que caía en octubre y en octubre cayó. No
lo digo mucho porque Prodi terminará afirmando que traigo mala suerte Retornando ahora a
la seriedad, creo que siempre se pueden establecer los "trends" o sea líneas de
tendencia que son previsibles . Cuando el hecho ya ocurrió ya no se puede prever. Por eso
digo: si tienen que prever el fin de un plazo háganlo todas las mañanas. Corríjanlo
todos los días. Sin embargo no considero, dado lo que creo haber comprendido que
obviamente no es mucho, que la situación de Uruguay a pesar de ser bastante paradójica
sea necesariamente grave. Porque situaciones igualmente complejas se han dado en varios
países y en determinado momento la izquierda que a menudo nace como anti-sistema luego se
integra y ya no lo es. Quiere decir que no necesariamente un sistema que presenta
contradicciones tan lacerantes, si dura, no pueda superarlas. Esto también sucedió en
Italia, el Partido Comunista de los años 50 era un partido pesado, no se jugaba con él y
seguramente que era anti-sistema. Pero si durante 30 años un grupo de personas se
encuentran en el Parlamento, conversan, de a poco van llegando a un modus vivendi y
terminan deponiendo actitudes. Por supuesto que además sucedió lo de Rusia, pero ya en
los años 80 el Partido Comunista era un partido que aprobaba todas las leyes. Si en las
Comisiones ellos no aprobaban no prosperaban. Por supuesto que se negociaba pero de todas
maneras se había vuelto un sistema de asociación. Y como en Italia no teníamos mucha
transparencia, o sea que había Comisiones que funcionaban en un secreto absoluto cuando
se discutían los asuntos sin siquiera levantar actas, esto permitía a los comunistas
aprobar las leyes. Si hubiera sido en Sala tenían que oponerse. Como ven eramos muy
buenos en este sistema que funcionaba de esa forma. De a poco se volvió asociativo y
luego tuvimos la suerte de que cayera la Unión Soviética. Si algunas contradicciones o
tensiones duran, en mi opinión el tiempo las desgasta y luego en cierta forma las
resuelve. Pero por favor no me pida fechas.
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Lunes 26.10.98
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