GIOVANNI SARTORI:
Yo estoy aquí para defender a la radio, obviamente, porque la radio transmite la palabra
y la televisión transmite la imagen. Entonces, si el debate es entre la radio y la
televisión, estoy a favor de la cultura de la palabra y por lo tanto me gusta mucho la
radio, la favorezco. Defiendo la radio: ¡cuidado si ustedes no se cuidan de la
competencia!.
DB - Usted conoce Uruguay; lo sabemos sobre todo a partir de su obra, y decía la noche de
su llegada a Montevideo que de alguna manera el sistema político uruguayos, como sistema
de partidos, es muy original en América Latina. ¿Por qué?
GS - No sé por qué, pero es claramente muy original. El chiste que yo hice es que el
Uruguay en el pasado era como Suiza desde el punto de vista económico, pero hoy también
es como Suiza políticamente, porque son los dos sistemas de gobierno constitucionales del
mundo occidental más raros, tanto el suizo como el uruguayo. ¿Por qué, por qué? Las
razones históricas las saben ya ustedes, pero tiene un sistema de partidos con dos
niveles -lemas y sublemas- que hacen un juego que en otra parte sería muy caótico. En
vez de eso, actualmente han logrado hacer funcionar un sistema altamente proporcional, que
en otro lugar daría lugar a excesivas fragmentaciones. Probablemente funciona porque lo
hacen funcionar desde hace ya un siglo y medio. Es una tradición ya muy antigua entre
ustedes.
DB - Ya vamos a volver sobre la política, pero vamos a la televisión. Usted hace una
referencia en el libro y también en algunas entrevistas, a la televisión en su vida
cotidiana. Ha dicho que durante diez años eliminó la televisión de su casa y que,
gracias a eso, su hija lee. Creo que su libro está dedicado a su hija, Ilaria.
GS - Sí , Ilaria es mi hija. Que se vio obligada a leer porque no había televisión en
casa, pero ahora me lo agradece, es una muy buena lectora.
DB - ¿Ella se lo agradece?
GS - No estoy seguro de haber entendido la pregunta
DB - ¿Su hija está de acuerdo con usted sobre su pensamiento sobre la televisión?
"El muro de Berlín no tuvo cobertura, a nadie
le interesó; fue algo dramático. La excusa es que al público no le interesa. Es que han
creado un público al que no le interesa lo que no entiende, y la televisión no explica
nada sobre el mundo, más que terremotos, incendios y pistoleros"
|
GS - ¿Ilaria, mi hija? Creo que sí, creo que sí, además, como no la
mira.... Ahora miro más yo que ella , porque tengo que mirar por razones profesionales.
Ella no la mira por interés propio; trabaja en editoriales, se ocupa de libros, o sea que
no mira mucha televisión y, a mi criterio, ha sido salvada del destino de "video
niña", me he ocupado de que no se transformara en una "video niña".
DB - ¿Usted recomendaría ese método a otros padres? ¿Que quitaran la televisión de
sus casas durante tanto tiempo?
GS - Los padres responsables no deberían utilizar la televisión como niñera, que es lo
que sucede actualmente. Para ellos es cómodo, pero para un niño pequeño es desastroso
por las razones que explico en el libro. En Norteamérica tenemos niños de tres años que
pasan tres, cuatro, cinco horas por día frente a la televisión, y naturalmente absorben
todo lo que ven, naturalmente sin entenderlo, porque a los tres años no se entiende, se
absorbe. Quedan con esta impronta de una realidad que está formada solamente por
imágenes, de las que después no salen más porque un "video niño" envejecido,
después sigue siendo siempre un "video niño".
Esta es un poco la preocupación; en mi opinión, esto es malísimo, y los padres
deberían asumir su responsabilidad, porque si producen hijos tienen que ocuparse de
ellos, aunque haya que sacrificarse un poco. Es muy cómodo ponerse todos frente a la
televisión y esperar que el Niño Jesús provea. No: los padres se deben ocupar y
preocupar por su bien, por su futuro. La televisión es una pésima maestra para un niño
de esa edad. Primero se debe aprender a leer y a escribir, y luego, como entretenimiento
para el Homo Ludens, como se dice en latín, ahí la televisión sirve. Yo no ataco a toda
la televisión sino la parte cultural, formativa y educativa.
DB - Quizá es muy elemental la pregunta que le quiero hacer, pero es la que se hacen
muchos de los críticos, de las personas que han discutido o polemizado con su libro.
Dicen que es un poco exagerada su visión sobre la televisión, que hay muchos juicios
categóricos, poco argumentados en comparación con su obra anterior (aunque todos
reconocen que es útil porque favorece el debate). ¿Por qué, entonces, este libro en
este momento de su vida?
GS - Bueno, fueron muchas preguntas, por lo que respondo desordenadamente. Como he escrito
libros muy largos, muy magistrales, muy académicos, ahora ya no siento la necesidad de
demostrar que soy un erudito y ahora puedo escribir pequeños libros ágiles (en inglés
se llaman "pamphlets", pero "pamphlets" como eran los del siglo XVI)
para un público más amplio, no libros pesados, con mucha bibliografía, y la razón es
que esto aumenta mucho la eficacia. Un libro erudito mío de seiscientas páginas vende 10
mil o 15 mil copias, y de este espero vender 100 mil. Entonces, es muy útil también para
el que lo lee, por supuesto, no sólo para mí.
Y la razón entonces de por qué elegí este tema que antes era marginal, es porque
siempre me ha preocupado. Siempre he trabajado en el tema de la democracia porque me
preocupaba durante la posguerra, que hubiera riesgos con la invasión de Hungría.
Escribí mi primer libro sobre la democracia como respuesta a este acontecimiento. Siempre
me preocupó mucho la historia de mi tiempo. Y la última preocupación, justamente por el
advenimiento de lo que yo llamo el "Homo Videns", es decir la sustitución del
Homo Sapiens, del hombre que sabe, producto de la cultura escrita y hablada por este nuevo
animal formado sobre todo por la imagen: el mundo se centra solamente en lo que se ve. Y
creé también la formula en latín, que la digo en italiano, "si no lo veo, no
existe". Es una extraordinaria disminución de la percepción de la realidad del
hombre, realidad simbólica que está formada en gran parte por conceptos e ideas que no
son visibles pero que la cabeza entiende.
DB - No es muy común que una personalidad con su prestigio en el ámbito académico tome
esta opción que usted acaba de explicar, hacer un libro sin tanta erudición, dirigido
quizás a un público más amplio. No es muy común, ¿no? Seguramente fue muy criticado
en el ámbito académico entre sus colegas.
GS - En realidad, no. Mi reputación, buena o mala, ya está establecida; nadie discute si
yo soy o he sido un gran profesor, sí lo fui o lo sigo siendo, por lo tanto mi status
cultural ya no se discute. Además ya soy demasiado viejo y puedo permitirme estas
divagaciones. Mi carrera ya la hice, ahora es tiempo de divertirme. No, desde este punto
de vista no he recibido, que yo sepa, ninguna verdadera crítica.
Naturalmente, son los mediólogos, los que viven de los medios, los que salieron al
ataque, en parte porque los ataco y en parte porque ellos son ya "video niños"
y entonces no entienden bien lo que digo. Muchos de estos mediólogos, mediáticos,
especialistas en medios masivos obviamente reaccionaron con rabia ....
DB - Pero uno de los primeros encuentros preparatorios de su llegada a Montevideo y de su
presencia en El Espectador fue con maestros y personas con intensa experiencia de trabajo
en la enseñanza primaria, tanto privada como pública; personas que han tratado de
practicar con los niños el ejercicio de lo audiovisual, que los niños tomaran una
cámara hicieran sus experiencias de televisión, y al mismo tiempo que reflexionaran
críticamente sobre la televisión. Maestros y educadores que confían en la coexistencia
de la televisión, del lenguaje audiovisual y de la lectura, de la enseñanza tradicional,
que creen en eso y lo defiende. Que no están en actitud de atacar ya a la televisión.
¿Usted cree que es posible la coexistencia entre la televisión, el audiovisual, y la
lectura, y la enseñanza tradicional?
GS - Sí, lo espero, porque si no fuera posible sería un desastre. Por lo tanto yo espero
que lo sea. Me limito a constatar que por ahora esta integración positiva no se está
dando, no se ha dado. Las relaciones tienen una carga negativa. Un aspecto perjudica al
otro. Seguramente es posible, pero será necesario concebir entonces una televisión un
poco distinta, porque el proceso que describo es un proceso en el cual el niño empieza a
mirar la televisión antes de saber leer y escribir, que atrofia la capacidad de
abstracción; y si esta capacidad se atrofia, generalmente, no se recupera más.
Por supuesto que hay excepciones. Pero si estamos al tanto de este peligro, primero se
enseña a leer y a escribir y después se lo expone a la televisión. Entonces, ahí sí
lo logramos.
DB - ¿Usted no cree que hay un lenguaje de la imagen con el que el niño está en
contacto antes que con el lenguaje escrito, inevitablemente? Inclusive cuando le presentan
a un niño un libro, es primero un libro de imágenes ¿no?
GS - Sí, pero antes de la invención de la televisión el niño veía (ojos tenía,
obviamente), pero el mundo que veía le era explicado por la madre, hablando. El ver
siempre estaba acompañado por un discurso, por una palabra que explicaba lo que se veía.
Pero la televisión ya no establece la relación de una madre que educa a un niño, sino
que es una relación de uno que mira un mundo de adultos al que se expone al niño, que lo
absorbe sin entender, y que no se le explica. Es una relación completamente distinta,
según mi opinión.
DB - Aquí vienen preguntas de nuestros oyentes. En función de este contexto que usted
describe, ¿cuál es el rol en la educación formal de la sociedad teledirigida? Usted
mismo dice en la introducción de su libro que la educación debería abandonar la mala
pedagogía y la degradación en la que ha caído, es muy duro con la escuela tal como es
hoy. ¿Qué puede hacer esa escuela para enfrentar esta sociedad teledirigida?
"La televisión es un gran progreso. Pensemos
en los ancianos del pasado que no tenían nada: ahora miran televisión y pueden morir
casi felices. Esta es una gran ventaja"
|
GS - Por suerte tengo bastante edad y recuerdo la escuela cuando yo iba. Cuando
yo iba a la escuela en Italia, en Florencia, teníamos una maestra malísima. La maestra
de italiano, de griego y latín era muy buena, la respetábamos, teníamos una disciplina
de hierro, éramos 35 en la clase y todo funcionaba muy bien (no es cierto que los grupos
tengan que ser de diez alumnos). La clase depende del maestro. Los maestros decayeron en
Europa sobre todo por la protesta en las universidades que formaban a los maestros, y por
lo tanto tenemos maestros de un nivel mucho más bajo. Y además la pedagogía que
triunfó es la pedagogía permisiva. Al niño, pobrecito, no hay que contradecirlo, no hay
que castigarlo, tiene que divertirse. Para mí, esta es una pedagogía suicida y estúpida
que ha destruido a la escuela. Es necesario cambiar de pedagogía y reconstruir a los
maestros. No es poco. El producto se ha visto terriblemente deteriorado y esto sin duda es
así, no hay duda, porque yo estuve 50 años en la universidad y soy testigo de los
cambios. Ahora tenemos estudiantes mucho menos buenos que antes, colegas mucho menos
buenos que antes, jóvenes que no están preparados, porque la escuela produce jóvenes
poco preparados, y el liceo, y la universidad. Por supuesto que hay excepciones felices y
afortunadas. Siempre digo que siempre hay alguien que es muy bueno a pesar de la escuela.
DB - Es un diagnóstico muy negativo, pesimista. ¿Es una fatalidad: la escuela ya no
puede hacer nada para dar al niño una educación crítica, reflexiva, para que sepa cómo
relacionarse con la televisión?
GS - Se sigue diciendo que soy pesimista, que soy catastrófico. Lo que importa es si lo
que digo es cierto o no. El punto es este, en qué medida es verdadero y en qué medida es
falso. Si me demuestran que es falso yo me quedo contentísimo. No es que me puedan
contradecir diciendo que soy pesimista. Si veo todo negro, digo "negro". Hay que
dejar de sistematizar todo y de decir "¡Es pesimista, es catastrófico!". Tengo
razón o no la tengo. Soy un pesimista constructivo, pese a todo. A veces exagero, tal
vez. Cuando creo alarmas es con fines constructivos. Pero el punto siempre es: ¿tengo
razón o no? Que sea o no pesimista no es el punto.
DB - Muchos lectores de "La educación teledirigida", dicen adivinar de alguna
manera que usted ha exagerado un poco para crear alarma, pero que no cree al cien por
ciento lo que dice o la forma en que lo dice.
GS - La fórmula es seca, pero yo escribo así. Nunca fui españolizante, retórico
(aunque esto vale también para el italiano). Yo tengo una manera de escribir directa,
anglosajona, no tanto como se escribe en italiano, en español o en francés. Pero no: yo
en realidad no calculo, no hablo exageradamente para crear una alarma. Digo exactamente
las cosas como las veo. Puedo conceder que me digan que tal vez exagero, pero yo lo veo
así. No lo hago con la intención de exagerar para tener más impacto. No es así. Pero
tal vez, si uno exagera un poco, mejor.
DB - Volviendo entonces a ese planteo, ¿cree usted que es posible (de hecho, usted lo
hace) convivir hoy con la televisión, leer y al mismo tiempo ver televisión? Un
periodista que nos visitó decía: "Lo que me pasa a mí es seguramente lo que le
pasa a otra gente que se siente incómoda ante el libro de Sartori: nos consideramos
buenos lectores pero también nos gusta sentarnos frente a la pantalla del televisor y ver
un programa de esos tontos, que sólo nos hacen pasar un buen momento, entretenernos.
Podemos hacer las dos cosas".
GS - Es cierto.
DB - Incluso, dice este periodista, la televisión puede sacudirnos con algún tema que
plantea, puede dejarnos pensando.
GS - Es cierto; está bien. En el libro distingo muy claramente,
espero, que yo no ataco a toda la televisión. La televisión como un instrumento de
esparcimiento, de entretenimiento del hombre que juega, la televisión es formidable para
el Homo Ludens. Ciertos programas me parecen de mal gusto, pero hay libertad, cada uno se
divierte como quiere; no es esta la televisión que critico. Es un gran progreso. Pensemos
en los ancianos del pasado que no tenían nada: ahora miran televisión y pueden morir
casi felices. Esta es una gran ventaja.
Yo no ataco la televisión como instrumento de esparcimiento y diversión. Ataco la parte
de la televisión que informa a la opinión pública sobre cuestiones públicas, que es
una parte cuantitavimente extensa, que es crucial en la formación del hombre y del
ciudadano. Allí falla la televisión, y allí está la crítica, en la paidea, en la
educación, en el proceso cultural. Creo que yo dejo bien en claro que este es el punto
peligroso para mí. Estoy totalmente de acuerdo con lo que dice este crítico. Yo
también, cuando estoy cansado de noche, prendo la televisión y me quedo mirándola muy
contento.
DB - De todas maneras, usted no le otorga demasiada importancia a la televisión en el
papel informativo. Dice no es posible informar sobre las elecciones de Alemania en 20
minutos...
GS - No: en 20 segundos. Dije "20 segundos" y el periodista escribió "20
minutos". ¡Ojalá fueran 20 minutos! En 20 minutos le cuento toda la historia de
Alemania desde Napoleón, pero en 20 segundos no. Fue un error de impresión.
DB - También los tiempos de la televisión son los que usted acaba de ejemplificar. ¿No
le estamos pidiendo demasiado a la televisión? ¿Debe informar a fondo, por ejemplo,
sobre las elecciones en Alemania?
"Si esta técnica quiere llegar también al
indiferente, al obtuso, al animal sin mente, que es capaz de prestar solamente 30 segundos
de atención, baja al mínimo común denominador. En vez de intentar crear ciudadanos
informados, competentes, interesados, termina por crear ciudadanos incompetentes,
desinformados y desinteresados"
|
GS - No, la televisión tiene imperativos técnicos. La imagen prevalece, y el
tiempo es necesariamente corto. Porque la imagen no puede ser fija, debe estar en
movimiento, entonces es necesario un discurso también breve. Ahora se exagera, porque yo
recuerdo la televisión de hace algunos años, cuando en estudios, había alguien que
hablaba y tenía dos minutos, tres minutos. Ahora se reducen a 20 segundos. Entonces la
responsabilidad de la televisión no es la de agotar un tema sino de hacerlo
ininteligible. No se entiende, y yo que la miro y sé de esas cosas porque es de lo que me
ocupo profesionalmente, siempre digo sobre los informativos: "No entendí nada".
Si yo no entiendo, imagínese el público en general.
Si no se entiende algo, ese algo ya no interesa. La televisión mató el interés sobre el
mundo, sobre la política, sin razón. Porque lo pueden inventar con poco: los diarios
pueden desarrollar, la radio puede hacerlo mucho mejor. Pero mató el interés. El muro de
Berlín no tuvo cobertura, a nadie le interesó, fue algo dramático. La excusa es que al
público no le interesa. No: es que han creado un público al que no le interesa lo que no
entiende, la televisión no explica nada sobre el mundo, más que terremotos, incendios y
pistoleros.
DB - ¿Usted cree que es la televisión la que impone al hombre esos tiempos cada vez más
cortos? ¿No es también la sociedad que vive a ese ritmo?
GS - No: yo creo que la razón por la que las sociedades avanzadas recurren cada vez más
a los tranquilizantes, a los psicoanalistas, al análisis, a las píldoras, es porque
ahora vivimos a un ritmo muy veloz para un animal (porque en parte somos animales; en
parte nos superamos, pero en parte tenemos un organismo). Somos víctimas de un estrés de
velocidad. La televisión lo agrava. No es una necesidad fisiológica correr cada vez
más, en cambio es una necesidad fisiológica disminuir un poco la velocidad, porque no
creo nos haya ayudado que la aceleración histórica haya aumentado en estos últimos cien
años. A esta pregunta contestaría que no, no estoy de acuerdo.
DB - Los creadores de estas cadenas informativas, tanto de radio como de televisión,
modelo CNN, France Info y otros, justifican ese modelos información diciendo que el
público tiene cada vez menos tiempo y debe hacerlo rápidamente cuando sale a la calle,
cuando se sube al auto, cuando se está duchando: tiene dos o tres minutos para informarse
sobe lo que pasa en el mundo y en su país. Es el argumento que a menudo exponen para
justificar esa forma de informar al público. ¿No es un poco eso también, la vida del
hombre que manda sobre el modelo informativo?
"La comprensión de la política no puede ser
emotiva. Si uno es emotivo no entiende nada. El aspecto movilizador debe ser emotivo, pero
el aspecto cognitivo no puede serlo. Si es emotivo ya no es cognitivo. Entonces, el
diagnóstico de los fenómenos no es el correcto, y eso podría ser castastrófico"
|
GS - En mi opinión este discurso es perfectamente hipócrita o errado, una de
dos. Porque en esta materia, como en otras, el productor hace al consumidor, no al revés.
El productor ofrece el producto al consumidor y el consumidor se acostumbra. Entonces, a
este animal simbólico que es sólo paciencia por un minuto, todo rápido, lo construyó
él, no nació así. Mi padre se interesaba muchísimo por el mundo, porque leía los
diarios, y los diarios habían fabricado en cierto momento un animal que se interesaba por
el mundo, porque había servicios que lo explicaban. Pero ahora todo esto ha desaparecido.
Porque el productor crea al consumidor. No hay dudas. Este discurso de la aceleración, de
"todo se ha transformado", es la propaganda de esta técnica. Porque si esta
técnica quiere llegar también al indiferente, al obtuso, al animal sin mente, que es
capaz de prestar solamente 30 segundos de atención, baja al mínimo común denominador.
En vez de intentar crear ciudadanos informados, competentes, interesados, termina por
crear ciudadanos incompetentes, desinformados y desinteresados. Pero la culpa es del
productor, no del consumidor. El consumidor es la víctima.
DB - Entonces usted no cree en los estudios de mercado, por ejemplo, porque los directores
de estas cadenas de información dicen basarse en estudios que les dicen cómo vive la
gente, y por lo tanto qué tipo de información están dispuestos a recibir.
GS - No. En el libro sostengo en varias oportunidades que este público es un efecto que
refleja la televisión. Es creado en los medios. No sale de la cueva de Platón con ideas
innatas. Esta escuela, estos medios, esta televisión crean este público. Después se
manda al analista de mercado que nos dice que esa televisión es la que quiere el
público. Entonces, el mango de este proceso lo tiene el productor. El público es la
víctima; es muy cierto que es así. Es así porque como la escuela crea el niño malo, la
televisión crea el mal ciudadano, el mal adulto. Y es así pero no por culpa del hombre
sino por cómo ha sido formado. Entonces todo se da vuelta . Esto lo digo en el libro y es
la verdad.
DB - Llegamos ahora al capítulo sobre la "video política". Usted habla de la
emotivización de la política y la relación con lo racional, dice que de alguna manera
la televisión favorece el acercamiento del público más emotivo al político. Pero, de
alguna manera, ¿la política no estuvo siempre vinculada a la emoción, el acercamiento
de los ciudadanos a los políticos no estuvo siempre por la emoción además de la razón?
GS - Sí es verdad, pero la emoción es el instrumento movilizador de la política: si
queremos movilizar a grandes públicos debemos recurrir a tonalidades emotivas, afectivas,
es cierto. Pero la comprensión de la política no puede ser emotiva. Si uno es emotivo no
entiende nada. El aspecto movilizador debe ser emotivo, pero el aspecto cognitivo no puede
serlo. Si es emotivo ya no es cognitivo. Entonces, el diagnóstico de los fenómenos no es
el correcto, y eso podría ser castastrófico. Hay que mantener esta relación entre un
llamado a los afectos y las emociones, que es movilizante, y un diagnóstico inteligente
del evento que se quiere corregir o mejorar.
DB - ¿Usted cree que no es compatible la emoción con la razón, en el sentido de
reflexionar a partir de la emoción? Hoy se habla de la inteligencia emocional, por
ejemplo. Es un concepto sobre el que se ha escrito mucho, y hay quienes sostienen (incluso
entre los educadores, si pensamos en los niños, pero podría ser válido para el adulto
que sigue una entrevista o un debate político a través de la televisión) que se puede
reflexionar o que discutir después que la emoción pasa. ¿Cree que no es posible?
"Para argumentar por la superación de la
democracia representativa estamos dando licencia para conducir a alguien que nunca subió
a un automóvil"
|
GS - Son discursos para "video niños", en mi opinión. Durante 2000
años la filosofía occidental ha dicho siempre que la emoción es enemiga de la razón.
Para razonar hay que apagar las pasiones. Lo dicen 2000 años de saber. No solamente
adhiero a esta tradición (he enseñado Historia y Filosofía, o sea que la conozco), sino
que en realidad estoy a favor de la lógica. Estos son personajes que han perdido hasta el
mundo de Negroponte, personajes que ya no saben siquiera establecer un argumento lógico.
Entonces, la inteligencia emocional es útil a una persona que no sabe desarrollar un
argumento lógico. ¿Por qué la inteligencia debe ser emocional y la emoción
inteligente? Las emociones nos hacen sentir cautos, nos apasionan, nos entristecen, nos
calientan, nos agitan, nos hacen enojar... La razón es fría; razonar es tranquilizarse,
analizar, descomponer, coordinar un discurso... Son dos cosas distintas. Quien las mezcla
tiene una confusión mental, y para mí es un ex "video niño" que ahora es
adulto.
DB - Usted cree que no podemos hacer las dos cosas simultáneamente.
GS - Nunca fue así en toda la historia. Ahora (también gracias a los medios) dicen
cualquier tontería para ser noticia, por que si son noticia van a la televisión, y
multiplican esas tonterías difundiéndolas. Es noticia lo absurdo, lo estúpido, lo
exagerado. Las personas normalmente inteligentes no son noticia y esto ha subvertido
totalmente los criterios de la sociedad ordenada. y más o menos capaz de funcionar. Las
emociones son el contrario de la razón, y la razón levanta vuelo cuando se apagan las
emociones. Por supuesto que se necesitan las dos, pero ambas se oponen. Cada una en su
lugar. La emoción hace lo que tiene que hacer y a la razón hay que salvarla, mientras
que la estamos destruyendo.
DB - Quizá vamos muy rápido saltando los temas, pero los oyentes de El Espectador han
podido escuchar fragmentos de este libro, han escuchado diferentes análisis sobre él.
Usted dice: "Para la democracia es fundamental un buen desarrollo de la opinión
pública; para desarrollar esa opinión pública, para que exista, la familia tiene un
papel importante, la educación tiene un papel importante y los medios de comunicación
tienen un papel importante". Con este diagnóstico que usted hace sobre la situación
actual, y sobre todo sobre los medios de comunicación y en especial la televisión ¿qué
futuro le espera a la democracia?
GS - Insisto mucho en decir que si la democracia sigue siendo como hasta ahora en
términos generales, es decir de tipo representativa, el papel del votante es sólo el de
elegir a quien decidirá. Basta con que elija de manera no muy estúpida. Pero las
decisiones no las toma el incompetente, las decisiones las toma quien se supone que es
más competente. En cambio, vamos hacia formas llamadas más avanzadas, democracias más
directas, electrónicas; entonces vamos hacia el desastre, porque maximizar la democracia
directa implica maximizar el grado de competencia del público para que decida
directamente sobre las cuestiones, y no sobre quién tomará las decisiones. Este es un
proceso suicida , lo afirmo. Para argumentar por la superación de la democracia
representativa estamos dando licencia para conducir a alguien que nunca subió a un
automóvil.
DB - Tratando de llevar algún ejemplo a esta lectura, a estos instrumentos que usted
utiliza en su libro, quiero preguntarle por el asunto Clinton - Lewinsky y la difusión
televisiva que ha tenido. ¿Cómo leyó usted este caso en su tratamiento en la
televisión, y la relación de los estadounidenses con él?
"Todo debe ser transparente, hasta lo que se
hace en la cama. Nadie osa decir «no publiquemos»: pasa a ser antidemocrático,
reaccionario, expresión de intereses siniestros"
|
GS - Este libro lo escribí antes del caso Clinton, así que quizá lo mencione
en la próxima edición. Clinton es un caso típicamente mediático. Es una pequeña cosa
inflada por la televisión. Porque sobre todo en Norteamérica (todavía no en otros
países), "los medios tienen sed de sangre", porque la sangre les da más
audiencia, más dinero, más publicidad. Entonces van al asalto como tiburones cuando
huelen la sangre. El caso en sí es risible, por su relevancia histórica. Yo sostengo que
en materia de relaciones sexuales la mentira es beneficiosa, porque si el marido llega a
la casa y le dice a la mujer "te fui infiel" o viceversa, se destruye la
familia. Son mentiras necesarias y beneficiosas.
He vivido durante tres meses en televisión esta oleada de indignación que atravesó los
Estados Unidos y otros países. Se expresa en los rostros. Los periodistas están
convulsionados por la indignación: "El presidente mintió"; los ojos se
agrandan, los poros se abren, gotas de sudor... Pero ¿sobre qué mintió? Sobre sus
relaciones personales, modestas, con una muchachita. Todo salió de sus proporciones. Este
es un clásico de un presidente que se arriesga al impeachment porque mintió sobre una
vivencia personal en una relación sexual. Y esto demuestra la peligrosidad de los medios,
porque se hace una montaña de un grano de arena.
DB - ¿Usted cree que esto partió de los medios? Porque llama la atención la gran
facilidad con la que en Estados Unidos pasan a los medios de comunicación absolutamente
todos los contenidos de las declaraciones judiciales, de las declaraciones ante el
Congreso... Son los políticos los que dan estos contenidos a los medios de comunicación
para que publiquen automáticamente, sin ningún impedimento, absolutamente todo lo que
Clinton declaró a la Justicia, sin ningún tipo de barrera legal, para que los medios lo
difundan y hagan por supuesto mucho dinero.
GS - Sí: nosotros galopamos por la transparencia. Todo debe ser transparente, hasta lo
que se hace en la cama. Nadie osa decir "no publiquemos": pasa a ser
antidemocrático, reaccionario, expresión de intereses siniestros. "¡Cómo, el
público lo debe ver!", pero el público no se lee 20 mil páginas.
El eslogan de la transparencia hace que se publique o produzca cualquier cosa, pero si los
documentos secretos de Estado de hace algunos años se publicaran, sería un desastre
porque ahora la gente no registra más, pero dentro de cinco años, golpeada por
acusaciones porque hizo acuerdos privados, acuerdos no públicos... Entonces la frase
inglesa "open the oven...." Sería un desastre si en política internacional
hubiera un acuerdo y todo se supiera. Pero ahora nadie logra resistir a la ola que yo
llamo del "transparentismo". El deber ético del nuevo mundo es ser
transparente. Yo prefiero defender un poco lo contrario. Yo tengo poco para esconder, pero
creo que hay un derecho a la privacidad que es muy importante.
DB - Y la difusión de todo este asunto por televisión, como algún otro en Estados
Unidos como el caso Simpson ¿tiene solamente un efecto negativo? Hay quienes piensan que,
a partir del caso Clinton, los ciudadanos de su país lo pueden ver de una forma más
humana, y eventualmente ya no pesarán tanto los escándalos sexuales en la política
norteamericana como en el pasado, como cuando algún candidato era eliminado de carrera
porque se divulgaba algún escándalo sexual. ¿Puede cambiar algo esto en forma positiva
para las reglas de la política en un país como los Estados Unidos?
GS - Esta invasión del periodismo, de la televisión, para mí en principio es terrible
porque la afirmación del derecho a ser seres privados ha sido una batalla milenaria. Yo
no la quiero tirar a la basura en pocos días, porque le sirva a la publicidad de los
medios masivos. Hay conquistas históricas demasiado importantes para tirarlas a la
basura. En mi opinión estamos tirando a la basura al niño y por eso defiendo al niño.
Si luego los efectos de esta invasión de la transparencia son positivos, bueno... No se
puede decir que todo sea negativo: algún efecto positivo por supuesto hay, pero
prevalecen los efectos negativos y contraproducentes. Por ejemplo el hijo de Bush, que era
un candidato republicano, frente a este moralismo de los medios (porque no es cierto que
los norteamericanos sean puritanos, ésa es una invención historiográfica absurda), Bush
dijo: "Yo aquí no me meto". Es un efecto negativo: hay muchas personas que no
quieren entrar en un medio en que están perseguidas todo el tiempo. Tanto puede modificar
la selección del personal.
Pero en segundo lugar, la política necesita del silencio. Casi todas las negociaciones
tiene aspectos no revelados; si no, no tienen éxito. Si a un ministro de Finanzas le
preguntan "¿Mañana va a devaluar?" y dice que sí, ya devaluó. Debe decir que
no, aunque mienta. Se crea la imposibilidad de una política sensata. Por eso para mí los
efectos negativos superan a los positivos. Estos son en realidad sólo fenómenos
histéricos. Histerismos que son alimentados, y después se detienen y hay que inventar
otros. No creo en un mundo conducido por el histerismo.
----------------
Traducción: Myriam Fabini de Lerena
Transcripción: María Alicia Correa
Edición: Jorge García Ramón
|