|
Jorge Esmoris: “Ganar es para cualquiera.
Perder, sólo para elegidos”.
PLANETARIO
Miércoles 20.04.01 - Hora 22.15
Entrevista con Jorge Esmoris, conductor de “Nacidos para perder”.
ALEJANDRO FERREIRO:
¿Cómo presentar a una voz que ya se conoce en la radio?
Casi no te dejan entrar. ¿Es verdad?
JORGE ESMORIS:
Es verdad. Es verdad.
AF - ¿No te conocen?
JE – No quise hacer tráfico de influencias, no quise presionar. Cada uno tiene que cumplir su trabajo, y yo lo respeto.
AF – Está muy bien.
Bienvenido. Estamos con Jorge Esmoris. Ustedes ya lo conocen, fue anunciado en el día de hoy en las promociones de Planetario. Y presentarlo sería casi una falta de respeto. Mirá lo que te digo.
JE – ¡No! Pero hay que faltarle el respeto a las cosas.
AF - ¿Qué edad tenés?
JE – 45. Mañana los cumplo.
AF - ¿En serio?
JE – En serio: mañana cumplo 45.
AF – Me llamó la atención que dijeras que tenías 45 años porque hace poco te hicieron una entrevista en la revista Latitud 30/35...
JE – Y tenía 44. ¡Cómo pasan los años! (Risas)
AF – ¿Cómo los vivís?
JE – Bárbaro. Bárbaro. A mí, el tema de la edad no me preocupa. Además, en este país, para uno que está vinculado al teatro (porque en lo interior yo me defino como un “bicho del teatro”), es muy difícil crecer en el teatro. Hacés un espectáculo, y es lo mismo que hace 25 años, cuando empecé: hacer un comunicado, llevarlo a las radios...
AF – Ahora, por lo menos a una radio, no lo llevás, acá no tendrás que traerlo.
JE – No: acá los traigo, sí, pero ya sigo de largo...
AF – Te preguntaba cómo te llevás con la edad porque me imaginaba que una persona que te conoce como yo, como público, y no desde una perspectiva íntima, sos un tipo divertido, ¿no? “Esmoris es un loco divertido”. Siempre se está riendo: se levanta, se ríe, supongo que le hará bromas a su familia. Irá al almacén y hará bromas. ¿Cómo es el cumpleaños de Esmoris?
JE – No sé. Espero que alguien me lo haga.
AF – Pero, ¿festejás tu cumpleaños?
JE – No puedo porque toda la casa está en reforma, y es una especie de Bosnia. Me hubiese gustado hacer un asadito, pero es imposible.
AF - ¿Hay una práctica de todos los años, cuando la casa no está así?
JE – No. No soy de festejarlo. Pero nunca. Creo que el último que se festejó fue el de los 18 años. No soy de festejar. En casa, sí van los amigos, bueno... No lo recuerdo. Ahora lo dije porque me preguntaste la edad, y coincide con que mañana es mi cumpleaños.
AF – Los 18 años fue la última vez que lo festejaste. Fue la mayoría de edad.
JE – Es el último que recuerdo.
AF - ¿Cómo festejaste la mayoría de edad?
JE – Es que en aquellos años se estilaba festejar los 15, los 18... No es que me haya puesto el pantalón largo...
AF - ¿En qué año cumpliste los 18? ¿En plena dictadura?
JE – En plena dictadura. Ya estaba trabajando, haciendo los estudios en el liceo nocturno.
AF – ¿En la dictadura también eras políticamente incorrecto?
JE - ¡Y sí!
AF – No había otra forma. Cualquier cosa que uno hiciera...
JE – Ahí no te escapabas. Ahí éramos todos... Fue quizá la época más políticamente “incorrecta”, ¿no?
Pero, también para mí fue el nacimiento de lo que hago ahora.
AF – Uno hace cierta conexión, más allá de que estés actuando, de que “Esmoris es así, auténtico”. En la dictadura, supongo, aunque sin quererlo, uno va moldeando de una forma muy particular su manera de ver el mundo.
JE – Sí, totalmente. Y en lo que hace a lo que uno es. Yo me empecé a formar en el teatro en esa época, tenía muy claro que subirse a un escenario no era solamente “subirse a un escenario”. Recuerdo que en aquella época formamos cuatro grupos de teatro, y disolvimos cuatro grupos de teatro. Porque nos prohibían, y al año sacábamos el mismo grupo con otro nombre, y así la íbamos llevando. Y hacíamos una función en un lugar, y cuatro en Maldonado y Paraguay...
Eso te va marcando a fuego. Curiosamente, yo diría que más que autenticidad, lo que te va dando (por lo menos a nosotros nos daba, y lo mismo a mucha gente de esa generación) es una ética y un respeto por lo que estabas haciendo y por el público. Porque vos veías la avidez que había en la gente de recibir algo y de encontrarse. Quizá, los teatros de aquella época eran lo que originalmente fueron: realmente, eran templos. Eso te va moldeando en una fragua muy particular. Y eso lo tengo hasta el día de hoy. Es algo ya incorporado: yo sé por qué hago las cosas, sé que tiene un precio, y que hay que pagarlo. Pero es parte de eso.
AF – En esos años, sobre todo en los años finales de la dictadura, pensemos en la música popular, en el “Canto Popular”, como se denominó, era muy fácil lograr un aplauso. O sea: a la luz de esos años florecieron muchos grupos. Y los que quedaron después, los que realmente tenían una propuesta, fueron pocos. Porque era evidente, eso fue así.
¿Era más fácil hacer reír en esos últimos años de la dictadura? ¿Era más fácil llenar teatros que ahora? Sin duda.
JE – Sí, a pesar de que era mucho más difícil decir lo que uno quería. La gente aplaudía cosas no porque el artista, de repente, pensara que las iban a aplaudir. Yo recuerdo ver aplaudir, en aquellos famosos festivales de Canto Popular, “La última curda”: cuando decían “bajo el brazo de la zurda”... (Risas) O cosas impresionantes como todo el mundo coreando “Chivita, chivita”, de “Canciones para no dormir la siesta”. O sea que había una necesidad de estar juntos. Pero no era tan fácil.
A mí me parece que el problema vino a partir de 1985. Porque durante la dictadura uno tenía que rebuscar las cosas. Quizá, desde el punto de vista creativo, exigirse mucho más para decir lo que después fue más fácil decir. Y ahí me parece que se empezaron a desinflar algunas cosas. Porque las cosas cumplieron su etapa, y creo que hay que tomarlo así. Me parece que no hay que revolver mucha cosa, tampoco, de que desapareció esto o aquello, porque son momentos. No hay aquello de que “todo tiempo pasado fue mejor”. Para mí, todo tiempo que viene es mejor. Se vivió, cada uno hizo lo que quiso o lo que no quiso, y está. Ya pasó. Por lo menos, a ese nivel.
AF - ¿Viste que hay como una especie de pensamiento universal de que uno, no siempre, pero muchas veces en su vida, quiere ser quien no es, estar donde no está, esa sensación de movimiento perpetuo, de mudanza. ¿Vos sos quien quisiste ser? ¿Cómo te recordás de niño, proyectándote?
JE – Es muy difícil porque de niño jamás imaginé que iba a hacer esto. Había dos cosas: una que creo todo niño quiere ser: bombero. Y lo que realmente quería ser que era cura. Incluso, fui monaguillo.
AF –¿Por qué querías ser cura? ¿Porque habías tenido el llamado de Dios o porque “te gustaban las ostias”,
digamos?
JE – Tomé la comunión e hice el catecismo. Me interesó todo el tema. Pero después me parece que me fascinó la lectura, desde el punto de vista literario, el Viejo Testamento o el Nuevo Testamento. Creo que lo que me fascinaba era ese mundo. Luego, cuando pude descubrir que lo que me fascinaba era la expresión literaria y las imágenes, agarré para otro lado. O quizá hubo esa vocación de servicio que yo veía en los curas con los que andaba, que realmente eran muy campechanos.
AF - ¿De qué congregación me estás hablando?
JE – No, de la iglesia del Reducto. Es decir, Católica, Apostólica, Romana. Allí tomé la primera comunión.
Recuerdo una anécdota, por un hecho que me hizo tentar en la misa. Yo tenía que poner el vino a la copa, le puse unas gotitas, y el cura me dijo: “¡Echá, echá más, que no lo pagás vos!” ¡Un cura bárbaro! (Risas)
AF – Ahora: debe de ser muy divertida una homilía de Jorge Esmoris.
JE – Y, de alguna manera, ahora las hago. Creo que hay muchas cosas en común entre lo que hago y una homilía. Lo que un cura hace es, prácticamente, un monólogo. Y va llevando a la gente. El cura es un gran histrión, también.
AF - ¿Sos un tipo de fe?
JE – Sí, creo que sí. No sé de qué fe, pero fundamentalmente tengo fe en la gente. En la gente...
AF – Parecés un político.
JE – No, no. Justamente, por eso tengo fe en la gente: porque no soy un político. (Risas). Realmente creo en la gente. Y, por lo general, a mí siempre me gusta trabajar con más gente. Si bien, de repente, hago un monólogo, ese monólogo es producto de haber conversado con mucha gente, haberlo elaborado con otras personas. A mí me gusta el trabajo en equipo. Eso es lo que te da el teatro: aprender a trabajar en equipo. Si me toca hacer de protagonista, lo hago y si me toca ser secundario, también. Es estar al servicio de algo, y no medir las cosas por cantidad sino por calidad.
AF – El Uruguay es tu país porque naciste acá; pero es tu país, además, porque sos un tipo que te querés quedar acá.
JE – Totalmente. No podría, no podría (uno nunca sabe), pero no me imagino fuera del Uruguay. No me imagino fuera de Montevideo. Si bien yo sé que soy del Uruguay, soy un montevideano de alma. Y soy un montevideano de 18 de Julio. ¡La gasto!. Pero además respiro a Benedetti, respiro a Onetti, respiro el chorizo, respiro el fútbol. Y bueno: soy parte de esto. No me concibo en otro país, y lejos de Montevideo.
AF - ¿Qué podrías hacer en otro país?
JE – ¡No sé! Aburrirme como un hongo.
AF - ¿Tu trabajo, tu capacidad histriónica, sería trasladable a otro país con facilidad? ¿Tuviste chances, lo pensaste en su momento? Esto lo digo de atrevido, pero me imagino que los años anteriores deben de haber sido más difíciles para vivir del teatro que ahora.
JE – Totalmente. Yo, ahora (no sé si la palabra es “privilegiado”, porque no fue una cosa que me regalaron sino que llevó muchos años de estar con la del ómnibus, la del café y la de los cigarros, y a veces, para ninguna de las tres), últimamente, puedo vivir de lo que hago. No de una cosa específica, pero si sumo diferentes actividades, todas tienen un mismo tronco, que es la actuación. Porque me defino como un actor. Y, de repente, por ahí, pudo haber existido la posibilidad de haber salido del país, pero no puedo, realmente.
A veces, uno tiene las “baterías” en algo, y se dice: “Mis ‘baterías’ son irme del país”, o tratar de cruzar el “charco”, ir a Buenos Aires, que sería lo más cercano, si bien no lo más fácil. Pero mis “baterías” son que me gustaría hacer una gira por el Uruguay, y puse las “baterías” en eso. Y, de repente, se concreta el mes que viene. Eso de “ver Nápoles, y después morir”, para mí sería lograr hacer una gira por el interior del país. Yo sería el tipo más feliz del mundo. Quiero trabajar acá porque elegí este lugar para vivir.
AF – Una de las características de los uruguayos que hemos comentado muchas veces en el programa es esa cierta tendencia a plantear las cosas desde el punto de vista de lo negativo, y no de lo positivo. Por ejemplo, me ha pasado varias veces, y hace dos días me sucedió nuevamente. Parece chiste, pero esto pasa. Vas a cruzar la calle, para un auto, vos esperás que estacione para salir, y te das cuenta de que es un conocido. Y a lo mejor es un auto cero kilómetro. Y la persona conocida dice: “¿Qué hacés? ¡Tanto tiempo! ¿Cómo van tus cosas? ¡Aaah! Te va bien, ¿eh? ¡En la radio!” Porque al ser una cosa pública... “¿Y vos?” Y contesta: “Y... yo, acá, tirando”. Y yo pienso: “¿Tirando qué? ¡Tira un poco para acá, en todo caso!” Es esa queja permanente que existe.
JE – Cuando a un uruguayo le va mal, el uruguayo dice que le va mal. Pero si a un uruguayo le va bien, dice: “No me puedo quejar”. O sea que la queja siempre está.
AF – Sí: suavemente ondulada.
JE – Es una tendencia generalizada.
AF – Tu humor tiene muy en cuenta esas pequeñas características –o características grandes- que tenemos los uruguayos, que nos distinguen, pero que no las aceptamos.
JE – Yo, por lo menos, me defino como “resignadamente uruguayo”. ¿Qué voy a hacer? ¡Mala suerte!
AF – ¿Sos quejoso en la diaria? Iba a eso. ¿Te has escuchado decir: “Y... no me puedo quejar...”, “Tirando...”?
JE – Sí, por supuesto, porque es... como una cédula de identidad. Es un dicho popular y uno también está inmerso en eso. Y te quejás, pero te quejás porque se te cayó una botella o no prende la luz. Y andás refunfuñando siempre. El tema es tratar de que eso no sea lo constante. Ceo que no es en mí porque creo que el humor también me ha servido desde el punto de vista “terapéutico”. Me ha sacado de situaciones bastante embromadas, sobre todo en la adolescencia. Entonces, para mí es bastante importante, y tengo bastante sentido del humor.
Para mí, el sentido del humor no es estar siempre haciendo chistes o siempre con una sonrisa a flor de labios, sino que me parece que el sentido del humor pasa por tener una mirada piadosa para todo. Y aceptar todo lo aceptable.
AF – Sobre todo, lo de uno.
JE – Seguro. Y lo del otro también. Y darle a las cosas el valor que tienen. Entonces, decir: “Estamos mal, pero no estamos terrible. La cosa es un drama, pero no es una tragedia”. Darse cuenta de que hay matices. Ceo que, a veces, no vemos los matices y, o somos los campeones del mundo, o somos lo peor que se pueda esperar. Cada vez nos cuesta más matizar.
AF - ¿Trabajar contigo es fácil, o el humor está en el programa, y en tus actividades sos un tipo difícil? Porque suele suceder que detrás de la imagen de un tipo jocoso, divertido (no digo que sea tu caso) se esconde un tipo que no es así en la diaria. Incluso, suele pasar que es alguien bastante serio y difícil.
JE – Puede ser. Si lo que estamos haciendo es teatro o la murga, hay como dos etapas. En la etapa del ensayo soy un tipo muy difícil. Lo reconozco. Soy muy exigente, muy detallista y, a veces, muy neurótico. Creo –porque creo conocerme más o menos- que, después que largamos, soy un buen compañero de trabajo. Respondo porque sé que me responden. Lo mismo puede suceder con el programa.
En el programa es distinto porque la diaria va cambiando. Me parece que tenemos un buen ambiente de trabajo. Si no, no se podría lograr lo que se logra, que es que no parece que estuviéramos en un estudio sino en un café. Y todo eso me parece que empieza a gestarse antes de salir al aire. Pero en el teatro o ensayando un espectáculo, hay como dos partes. Una, que es difícil, porque el trabajo es difícil y yo me tomo las cosas muy en serio. Sobre todo, el carnaval. Después me divierto mucho, pero en los ensayos me cuesta divertirme.
AF – La “excusa” con que te invitamos, te aclaro, fue “Nacidos para perder”. Pero ésa es la excusa. Vamos a hablar de otras tantas cosas.
JE – Me parece muy bien.
AF – Porque, además, “Nacidos para perder”, por sí solo, se explica, se entiende, y la gente tiene que vivirlo, escucharlo.
¿Estás cómodo? Porque son los primeros días, y uno tiene que acomodarse.
JE – Yo creo que “estoy en vías” de estar cómodo.
AF – En vías de desarrollo...
JE – Eso también... (Risas) Lo que no implica que “estemos en la vía”... Pero me parece que vamos a estar muy cómodos. Cuesta adaptarse. Estar dos años trabajando en un lugar con características muy particulares, y venir a otro, que tiene su dinámica y su interna, como que nos estamos adaptando a la casa nueva, a nueva gente. Y nosotros, adaptándonos a un nuevo formato de programa, y con la incorporación de otra gente que estamos conociendo sobre la marcha.
AF – Convido a los oyentes a que participen, aunque ya lo están haciendo. Por ejemplo, éste es un mensaje de un oyente que nos escucha siempre desde Nueva York.
JE – Una de las cosas que me impactó y que me emocionó realmente es la cantidad de mensajes que recibimos desde el exterior. Pero, además, fue una cosa increíble. A Gonzalo Eyherabide le mandaron un mensaje (me parece que desde Texas), que decía: “Soy Moriana, te escribo de Texas. Todo bien”. Y Gonzalo dijo al aire que no sabía quién era. Y desde Inglaterra le mandaron un mensaje: “Gonzalo: Moriana es aquella que estaba en el liceo”... ¡Es una cosa como si hubiese pasado en la esquina!.
AF - ¿Eso es nuevo para ti?
JE – Sí, totalmente. Es ese Uruguay que está afuera, y tendría que ser el mismo. Esto me parece que puede servir para que no nos olvidemos que están allá.
AF – Hay varios oyentes de Canadá y otros lugares, pero de Nueva York hay varios oyentes que se comunican a diario. Uno de ellos es Diego, que en el “Asunto” del correo pone: “Son ganadores”. (Risas) Y dice: “Yo los escucho. ¡Vamo’ arriba! El programa está buenísimo. Desde Nueva York, ¡feliz cumpleaños!”
JE – Muchas gracias, Diego.
AF – Por leer alguno de los mensajes que están llegando, leo: “No soy muy de escribir, pero no podía dejar pasar la oportunidad para saludar calurosamente al señor Esmoris y comentarle que soy su ferviente seguidor en el dial desde ‘Ajo y agua’. Me causó una alegría saberlo nuevamente en el aire, y esta vez, para todo el país, como se merece la gente del interior. Entre los que me cuento, a pesar de que hace mucho tiempo vine a robar plata acá”.
JE – Bueno: ése es de los nuestros.
AF – “Felicitaciones y éxito. Marcelazo, un “younguense” en la capital. Pregunta: ¿qué va a ser de la vida de ‘El Semilla’? ¿Y Marcos?”
JE – Marcos era un compañero que estaba en “Ajo y agua”. El optó por otro camino laboral. En los últimos meses en que estuvimos en X FM ya se había ido. Pero sigue, de alguna manera, vinculado al programa. Y “El Semilla” es uno de los personajes que, en este nuevo formato, de a poco irán incorporándose, una vez que vayamos reacomodando las cosas.
AF - ¿Florecerá “El Semilla”?
JE – Florecerá en cada primavera...(Risas)
AF – Dice Eduardo, de la Unión: “Saludos a usted” (que soy yo), “a la doctora González y su señora productora. También al ilustre invitado. ¿Va a continuar con los ‘Clásicos de la literatura universal’? De no ser así, ¿cómo los puedo conseguir? Porque, sinceramente, creo que son piezas de colección”.
JE – Bueno: ayer arrancamos con “El combate de la tapera”. Realmente, a propósito de eso de “piezas de colección”, es muy probable que salgan en algún formato porque han sido muchos los pedidos, incluso desde el exterior.
Una cosa impresionante de la que nos enteramos fue que vino un italiano y se llevó “La Divina Comedia”, que habíamos hecho. Y la pasaron en una iglesia en Italia porque, como se celebraba el año de Dante Alighieri, estaban buscando diferentes formas de la obra. Y los italianos quedaron impactados porque nunca se imaginaron que “La Divina Comedia” pudiera transformarse en un partido de fútbol. Dicen que fue realmente impresionante. A partir de eso, puede ser que haya algún movimiento con los clásicos muy particular.
AF - ¿Exportación?
JE – La cosa puede ir por ahí.
AF – Sigue diciendo Eduardo: “Una curiosidad: en el trabajo de ustedes, cuando crean una pieza como la antedicha, ¿tienen un copyright sobre ella? Es decir: si te vas de la emisora, ¿podés disponer de ella o es propiedad de la empresa?”.
¿Qué pasa con el copyright del que habla Eduardo?
JE – Sinceramente, no sé qué es. Supongo que refiere a quién pertenece...
AF – Las ideas de adentro del programa son tuyas, ¿no?
JE – Sí. En realidad, de todo el equipo.
AF – Quiero decir: los clásicos, si te vas de acá, los hacés en otro lado.
JE – Sí, sí. Por supuesto. Pero a mí, particularmente, no me interesa mucho eso. Mientras se puedan hacer...
AF – “Flaco querido: Un enorme abrazo y feliz cumpleaños. Tu compañera de escenarios con el glorioso ‘Ciudad Vieja’. Daisy Tourné”.
JE - ¡Daisy Tourné! La diputada Daisy Tourné.
AF – Que, si no me equivoco, es fonoaudióloga.
JE – Sí. Fue mi primera fonoaudióloga, cuando arrancamos con el teatro. Y ella era una gran actriz. Ahora es diputada.
AF – Mirá que hay muchos diputados que son flor de actores...
JE – Creo que le debe de haber servido mucho para la Cámara, porque pronuncia muy bien. Daisy: muchos besos.
AF – Dice este amigo: “Como humorista, ¿sos triste?”
JE – No, no... Está esa imagen del payaso, que creo que está en la literatura. Pero no creo que soy triste. Tengo buen sentido del humor.
AF - ¿Sos un tipo feliz?
JE – Sí, sí.
AF – No digo de continuo, pero tenés tus momentos de felicidad.
JE – Claro. Pero soy feliz. Tengo un hijo de 5 años. Para mí, al ser padre, es prácticamente imposible no ser feliz. Verlo todos los días, darse los tiempos para jugar con él (y yo me doy mucho tiempo para jugar con él) y no ser feliz es imposible. Es imposible. Puedo llegar reventado a casa, con mil problemas, y el botija está ahí, te hace cualquier cosa, y ya está. Entonces, para mí, es imposible no ser feliz con él ahí.
AF - ¿Sos un fracasado orgulloso?
JE – Un fracasado, no: soy un perdedor.
AF – Está bien la aclaración. Está buena.
JE – Es distinto.
AF - ¿Y un perdedor orgulloso?
JE – Totalmente. Totalmente. Me siento feliz.
AF – Ahora, ¿cómo se mantiene uno perdedor? Es difícil mantenerse. Así como es difícil mantenerse exitoso, es mucho más difícil mantenerse perdedor.
JE – Es como yo siempre digo: “Ganar es para cualquiera; perder, sólo para elegidos”.
AF – Dice Ramón, de La Teja: “Hay algo del pasado que sí fue mejor”. Se refiere a que tú dijiste que no siempre el pasado fue mejor. Y dice: “El puchero”.
JE - ¡Bueno! Es que el puchero... ¡fue! No es que sea peor el de ahora: antes, fue, y ahora ya no es. No son cosas comparables. (Risas)
AF – Walter, de Pocitos, dice: “Soy un fanático de la radio. Hoy lo escuché y quiero mandarle un abrazo, y preguntarle si es muy tarde para empezar a hacer teatro a los 40. Porque varios compañeros me han dicho que tengo condiciones”.
JE - ¡No! Nunca es tarde. Nunca es tarde. Creo que Gene Hackman empezó tardísimo a hacer cine.
AF – Y podemos pensar en Pedro Figari, que empezó a pintar muy tardíamente, por nombrar a alguien.
JE – Por nombrar alguno. Pero él quiere actuar, no pintar...
AF – Bueno: pero no debe de haber mucha diferencia. A la hora de ser creativo...
JE – Puede ser que sí. Pero creo que nunca es tarde.
AF – A no ser que ser actor requiera alguna preparación física más exigente que la de un pintor.
JE – Depende de lo que vayas a pintar, y depende de lo que vayas a actuar. Porque, después, te “pintan la cara” los críticos... Así que hay que tener cuidado.
AF – A los 45 años, que pronto tendrás, ¿qué cosas que no has hecho arrancarías ahora? ¿Tenés alguna deuda pendiente contigo mismo? Por ejemplo, que te encantaría dedicarme a ser un buen pescador, por decir algo.
JE – No... Tocar algún instrumento.
AF - ¿No tocás ningún instrumento? ¿No “rascás” la guitarra?
JE – No. Nada. Nada. El tambor, y ahí... Solo, toco. Si me ponen en la cuerda, ya me perdí.
Hay dos instrumentos que me hubiese fascinado tocar, que son la guitarra y el saxofón. Y tengo una sana envidia de quienes lo tocan.
AF - ¿Y no vas a intentarlo?
JE – No. No.
AF - ¿Ya está?
JE – Ya está.
AF - ¿Te parece que es tarde?
JE – No, no creo que sea tarde.
AF – “Nunca es tarde”, acabás de decir.
JE – Por eso, pero prefiero tenerlo ahí: que esa asignatura pendiente quede ahí, como una asignatura pendiente.
AF – ¿Conocés a Mauricio Williman?
JE - ¿Mauricio Williman? Lo ubico. Lo saco...
AF - ¿Te suena?
JE – De él recibimos el primer “no” en El Espectador.
AF - ¿Cómo fue eso?
JE – Estábamos buscando un tema para dar con la onda musical. Estuvimos buscando con Virginia, también, en la discoteca. Y me dijo que hablara con Mauricio. Entonces, yo le dije: “¿Viste las películas de Woody Allen, el jazz que usa?” Y contestó: “¡No! ¡No hay! Pero hay que comprar”. (Risas) Lo dijo con conocimiento de causa, y se ve que ya lo tenía en mente. Y dijo: “¡No! ¡No hay nada de eso! Pero hay que comprar”. Así que, prontamente, lo vamos a tener.
AF – Mauricio, que también es oyente de la radio (es como el milico que va a tomar mate al cuartel...), dice: “¿Cómo fue grabar ‘El club de la risa’ en Buenos Aires? Tengo entendido que el programa no fue pasado al aire”.
JE – Acá sí, no sé en la Argentina. Sinceramente, no sé. Pero para nosotros fue una experiencia bárbara. Nosotros vimos grabar el día anterior a Pinti y a varios más, todos argentinos. Y tenían claque, gente que llamaban especialmente para hacer de público. Nosotros, al día siguiente, empezamos de mañana, pero al segundo monólogo, en la tarde, le dijo al director de la claque que dejara al público, como que nosotros no precisábamos la claque, que del público iba a ir surgiendo la risa naturalmente. Y cuando terminamos y salimos a saludar, con el teatro lleno, la gente se paró y parecía Núñez cuando entraba Francéscoli, y comenzó a gritar: “¡Uruguay, uruguayos, uruguayos!”
Luego querían comprar los libretos de los monólogos. Obviamente, eso no se arregló. Y si los pasaron allá, no lo sé.
AF – Desde hace años se escucha que el humor argentino es distinto al uruguayo y bla, bla, bla. ¿Tenés información como para hablar de eso, de si realmente tenemos un humor distinto, ya que somos tan rioplatenses y parecidos en tantas otras cosas?
JE – Por nombrar a algunos: Fontanarrosa, Les Luthiers, Pinti, creo que tienen humor rioplatense, así como de aquí puedo nombrar a Juceca o Leo Maslíah. También hay otro tipo de humor, y acá también está ese otro tipo de humor.
Para mí, Woody Allen es un uruguayo. Yo voy a ver a Woody Allen, y me parece que en cualquier momento me lo voy a encontrar por 18 de Julio. Me parece que hay un humor universal. Las cosas son universales. Eso de que “los uruguayos somos así o somos asá” no sé si es porque tenemos complejo de inferioridad o porque nos creemos más que lo que somos. Porque no somos tan distintos al argentino ni al alemán. Podemos tener nuestras particularidades, pero de ahí a que somos diferentes a todo el mundo y que somos o menos o más, no. Con particularidades, sí.
Creo que hay un humor general. Obviamente, a mí me gusta el “palo” del humor de situación, el humor tipo “matemático”, como podría definir el humor de Woody Allen; como una ecuación que te va llevando por diferentes caminos, hasta que, al final, se devela la incógnita.
No me gusta, de repente, el humor fácil o la sucesión de chistes. Lo disfruto, no lo sé hacer, y tampoco es el “palo” que me gusta desarrollar.
AF - ¿Olmedo te interesaba?
JE – Seguro: como histrión. Como actor, como comediante o como “capo cómico”, realmente era formidable. Como acá lo fue Roberto Barry. Tuve la suerte de verlo de cerca. Estábamos en el Teatro Palacio Salvo, haciendo las primeras cosas que yo hacía, y ese teatro lo tenía Barry. Nosotros estábamos en bermudas, a las 7 de la tarde, haciendo una obra de un brasileño, y después de nosotros venía él. A veces me quedaba, y veía que en el manejo que tenía del público era un maestro. Pero maestro de los maestros.
AF – Barry estuvo en esta casa.
JE – Bueno, sí... Por acá ha pasado todo el mundo, por las fotos que estaba mirando colgadas en las paredes de la radio: Juceca, Zitarrosa, Barry.
En la radio, en aquel tiempo, había muchos programas de humor. En algún sentido, nuestra propuesta de “Nacidos para perder” es recuperar el viejo espíritu de la radio en cuanto al libreto. Lo que nosotros hacemos, prácticamente, es como un gran radioteatro todos los días. No hay una historia, pero el 80 por ciento de lo que hacemos está libretado, y es un libreto bastante duro, que hay que respetar porque está muy elaborado.
AF - ¿En qué momento se elabora ese libreto?
JE – No se hace antes ni después del programa. Cada uno de nosotros trabajamos fuera de los horarios de la radio. Quien tiene la mayor en cuanto a los libretos es Gonzalo Eyherabide. De pronto, son las 2 de la mañana, y nos estamos hablando por teléfono con Gonzalo porque se nos ocurrió algo.
AF - ¿Sos amigo de Gonzalo?
JE - ¡Sí! Realmente, tenemos una “química” muy especial, que la teníamos los tres: con Marcos, Gonzalo y yo, que fuimos quienes arrancamos con el programa. Que, de alguna manera, jugábamos a los hermanos Marx. Cada uno de nosotros tenía un poco su perfil, y desarrollamos ese tipo de humor, que es el que desarrollamos en “Nacidos para perder”.
Estamos prácticamente todo el día trabajando. A mí y a todos nos ha absorbido mucho el programa de la radio. Tuve que dejar mucha cosa, fundamentalmente en publicidad. Y si bien económicamente fue una pérdida, en la radio yo encontré lo más parecido al teatro. Yo salgo a hacer “Nacidos para perder” y me parece estar en un teatro.
AF - ¿Y no te hace falta el público? ¿Lo extrañás o no es necesario?
JE – No, porque lo imagino. Y creo que la gente nos imagina bien, que se hace una buena película de lo que es el estudio con nosotros dentro, y nosotros nos hacemos una buena película de lo que es la gente escuchando el programa. Y lo corroboramos después con el tipo de mensajes que llegan y de gente que nos escucha. Por lo que nos mandan y por lo que nos dice la gente en la calle, creemos que la gente está con un sentido del humor muy, muy grande.
AF – Recién mencionabas a Juceca y a Leo Maslíah, dos uruguayos humoristas, entre otras cosas. Por mi parte, me encanta Juceca, que me parece un capo, y me encanta Leo Maslíah. Pero también me parece que hay un gran público al que le encanta Juceca y que, a lo mejor, no le va Leo Maslíah, y puede suceder al revés. Son distintos entre ellos, de alguna manera, aunque haya un público que los “consuma” a los dos. Lo que hacen ustedes, ¿a qué público está dirigido? ¿Lo pensás mucho o no te interesa?
JE – No, porque pensás con la cabeza de espectáculo. Yo creo que el primer público somos nosotros: hacemos las cosas que realmente nos divierten a nosotros. Y, por suerte, me parece que no llegamos a esa etapa en que hablamos demasiado del pueblo en tercera persona, o de qué le puede gustar “a la gente” o “al pueblo”, o qué pensarán. Porque nos decimos: “Bueno, ¡caramba! ¡Nosotros somos ‘gente’ y somos ‘pueblo’!” Y las cosas que nos gustan a nosotros pueden gustarle a muchos. Realmente hacemos eso: el primer públicos somos nosotros, y si las cosas no nos gustan, no las hacemos.
AF – Voy a intercalar algunos de los mensajes de los oyentes.
“Saludos para Esmoris”, de “El pelado de Santa Catalina”.
JE – “El pelado de Santa Catalina”, viejo oyente.
AF - ¿Lo conocés?
JE – Sí. Maravilloso.
AF – “El pelado de Santa Catalina”, si no me equivoco, nos manda algo por el sistema Skitel. Nos ataca por todos lados.
JE – Es su característica. Es capaz de mandar, en 10 segundos, 15 mensajes.
AF – Acá manda todos los días mensajes...
JE - ¡Ah! ¿Manda siempre mensajes?
AF – Manda muchos mensajes, además, para Adriana González, que es una integrante del equipo que está en la calle haciendo móviles, y uno de los mensajes que mandó es el siguiente: “Esmoris: Contale a la González qué factura se lleva con ‘el pelado de Santa Catalina’. Haceme la ‘gamba’, vos que sos mi amigo y me conocés personalmente”.
JE – Es de primera. De primera.
AF – Esa es una manera de cuidar los oyentes.
JE - ¡No! Es un “desprolijo prolijo”. Es maravilloso.
AF – Saludos de Cacho, del Cerro.
JE – Gracias, Cacho.
AF – Nila y su hija Katy dicen: “Queremos mandarle un beso de cumpleaños. Somos oyentes de ‘Ajo y agua’ y lo felicitamos por su nuevo programa”.
JE – Muchas gracias.
AF – Adrián, de Villa Española –que es otro “clásico” de Planetario-, dice: “Yo soy el que en ‘Ajo y agua’ cantó una canción a la cual Esmoris llamó ‘La canción del verano’”.
JE - ¡Ah, sí!. ¡La tenemos grabada!
AF - ¡Adrián cantó! Lo que hace acá es mandar música. Nunca canta. Ahora que sabemos que canta, le vamos a pedir que cante.
JE – Además, te la voy a traer, para que veas que “La canción del verano” es impresionante. Impresionante.
AF – Estaría bárbaro pasarla acá, en Planetario.
JE – Es un “hit” impresionante.
AF – Y agrega: “Estoy muy contento con su programa. De tarde, me lo graba mi madre porque de tarde no lo puedo escuchar. Veo que sigue en su línea. Además, quiero felicitarlo por haber incorporado al licenciado Gustavo Fernández Inzúa, que, en mi opinión, hizo en El Espectador lo mejor que he escuchado en radio. Felicitaciones”.
JE – Muy bien. De “La radio ataca”.
AF – Sí.
Un mensaje de Mabel, de Colón: “Quiero decirte ‘Feliz cumpleaños, Esmoris’. Excelente el programa ‘Nacidos para perder’”.
Daniel, de La Teja: “Un abrazo para el flaco Esmoris. Lo sé un gran hincha de Peñarol. Nos vemos con la barra de siempre en la Amsterdam. En el próximo partido, que no se olvide de llevar la bandera”.
JE - ¿“Hincha de Peñarol”?
AF – Sí.
JE - ¿Pero qué? ¿Me quiere linchar?
AF - ¿No sos hincha de Peñarol?
JE – (Se ríe) ¡No!
AF - ¿Y por qué dice eso?
JE – Y... bueno: ¡soy amplio!
AF - ¿De quién sos hincha?
JE – De Nacional: ¡“Nacidos para perder”! ¡Es autobiográfica la cosa!
(Risas)
AF – “Esmoris: En Santa Catalina te siguen esperando. Pero no el público, que te vio actuar, sino el almacenero, que está esperando que le pagues el casillero de cerveza que dejaste a mi nombre”. (Risas) Este mensaje lo manda “el pelado de Santa Catalina”, que ataca de nuevo.
Oscar, del Prado: “Esmoris: Tengo un vale de un Tico-Tico. ¿Dónde lo cobro?”
JE – En el programa tenemos un espacio deportivo, contratado, que se llama “Malo pero nuestro”, y hay un profesor que hace las preguntas y todos los lunes se regala un Tico-Tico, que es un ciclomotor. Tiene que venir por la radio a retirarlo.
AF – “Saludos para el presidente del Club de Toby de los demás integrantes del Club”.
JE – “El Club de Toby” es la barra desprolija de Antimurga BCG. O sea, los chicos que vamos en el fondo de la bañadera.
AF - ¡Ah! ¿Porque la Antimurga BCG tiene también una barra desprolija adentro?
JE – Ahí va.
AF – Donde está el director, obviamente...
JE – Sí, sí. Soy el más prolijo de todos. Los fumadores van en el fondo y otros son los que van en el fondo. Y ése el Club de Toby. Pero el presidente no soy yo, sino Julio Icasuriaga. Yo soy un vocal, nada más. No soy el presidente del Club.
AF – Alberto dice a ver si podés dar al aire (supongo que no, y que lo mejor será dejarlos en producción) los teléfonos de tu representante por la gira de “Esmoris Presidente”. Alberto, a su vez, dejó el teléfono en producción. Se ve que tiene ganas de invitarte.
JE – Bueno. ¡Bárbaro!
AF – Que se conecte con producción.
JE – Ahí está. Sí, sí.
AF – A no ser que quieras dar tus teléfonos al aire.
JE – No, no. Porque es una cosa que se está preparando y hay otra gente en el medio. No son representantes. Es una cosa mucho más grande. Pero yo, más o menos, veo por dónde la puedo llevar...
AF – “Siempre escucho el programa. ¡Buen programa! En particular, el de hoy, con Jorge. Se respira el ‘paisito’ por todos lados. Desde la heladera, Alberta, Canadá, un abrazo. Pablo”.
JE – Un abrazo, realmente, Pablo.
AF – Para que Pablo entre en calor.
* * *
AF – Un mensaje: “Un saludo con admiración para Esmoris, y tres admiraciones para las tres muchachas de la BCG, que me refrescan el carnaval”. Y firma “Rácula, de Playa Honda”. ¿Puede ser “Rácula”, o será “Drácula”?
JE – Los dos pueden ser, ¿no? Me suena más “Drácula”.
AF – Ahora estás concentrado totalmente en el programa, ¿no es cierto?
JE – Sí. Por ahora, todas las energías están concentradas en el programa. Hasta que no nos instalemos definitivamente, como que no quiero agarrar nada. Después se verá. Estoy muy contento con lo que hacemos. Por eso, si puedo dedicarme exclusivamente al programa, me encantaría. Y tendría el teatro como escape y como lugar.
AF – Y la murga, obviamente, ¿no?
JE – Sí. La murga cumple también otro aspecto que para mí es Esmoris y es el carnaval, que me encanta.
AF – El apellido Esmoris, ¿qué origen tiene?
JE – Es de La Coruña, gallego. Soy gallego. Y, además, hincha del Deportivo La Coruña.
AF - ¿Fuiste alguna vez a La Coruña?
JE – No, no.
AF - ¿Viajaste?
JE – Viajé muy poco.
AF - ¿Te resulta importante para tu tarea?
JE – No. Cuando viajé, recorrí Latinoamérica. Y creo que fue ahí que decidí que el Uruguay era donde quería vivir. Porque iba con la ilusión de “Latinoamérica, las alturas de Machu Picchu y el folclore”... Y, después, realmente, lo que para mí era “folclore”, cuando lo vi y lo viví, era miseria, y no folclore. O sea que se me fueron derrumbando determinadas cosas.
Viajé en 1982, por seis meses. Estuve en toda Argentina, en el norte de Argentina y Chile; estuve mucho tiempo en Cuzco, Bolivia; también en una comunidad indígena en el lago Titicaca, en la isla Taquile. Y después volví y puse el ancla aquí. Ahora me cuesta muchísimo hacer las valijas, pensar en que existe la posibilidad de ir a tal lado.
AF – Pero cuando venís a cobrar acá, ¿no venís con las valijas?
JE – No, todavía no.
AF - ¿Todavía no cobraste?
JE – Todavía no cobré... ¡Espero venir con una valija!
(Risas)
AF – La BCG tiene muchos años, ¿no?
JE – Sí,18 años.
AF – Ya es mayor de edad. Lo que implica que hace 18 años tenés una actividad que realizás con periodicidad. ¿Sos un tipo que podés mantener una dinámica mucho tiempo, o sos de esos que necesitan cambiar continuamente? Porque la murga podría dar la idea de que sos un tipo que se mantiene firme en algo. Pero hay otras partes artísticas tuyas que han ido mutando mucho: estás más jugado a obras unipersonales.
En cuanto a la radio, estuviste en una radio, ahora estás en otra...
JE – A mí, no me gusta cambiar mucho de cosas. Si tengo que hacerlo, lo hago. En lo que tiene que ver con la murga, no es una actividad rutinaria porque es muy cambiante. De repente, lo que es rutinario es crear el espectáculo, armarlo. Pero sabés que llega el 1º o el 2 de febrero, cuando arranca el carnaval, y te esperan 30 o 40 noches que son muy cansadoras, pero en las que te encontrás con cosas maravillosas.
Somos una murga, un grupo o una banda que conseguimos un espectáculo para los tablados, que es donde está nuestro fuerte. Las cosas que nos pasan a diario –o en cada función que hacemos en cada escenario- son hermosas. Nada es igual, no sólo de un día para otro, sino de un tablado a otro. Si una noche salís a tres tablados, sabés que vas a tener tres vivencias y tres funciones completamente distintas. Es muy difícil que se te haga rutinario.
Pero, además, es lindo ir en la bañadera... Todos tenemos más de 6 o 7 años trabajando en la murga, hace mucho tiempo que el grupo se mantiene, y entonces, nos conocemos y sabemos cuándo tenemos que pelearnos (cada tanto, pelearnos, para mantener la cosa...). Pero somos una gran familia, somos amigos. Hay gurises que tienen 18 años que los vimos nacer. Y van. Se da el caso de que una de las muchachas es hija de uno de los que fundó la BCG. El ya no sale, pero sale la hija. Entonces, realmente, no es para nada rutinario. Uno espera que llegue el carnaval siguiente para salir.
AF - ¿Es un recurso económico la BCG?
JE – No, no. Bueno, por lo menos, para nosotros, no.
AF - ¿Pero pierden plata, empatan?
JE – No, no. Tenemos un buen sueldo, creo yo. Este año, por ejemplo, ganamos lo mismo que el año pasado. Nosotros sacamos 225 pesos por escenario, cada uno. Este año hicimos pocos escenarios, pues creo que llegamos a 60; o sea, 20 o 30 escenarios menos que el año pasado. Estamos hablando de 14.000 pesos, como pago de dos meses de ensayo y uno de carnaval. Es un sueldo. O es un sueldo en carnaval. No cobramos los ensayos.
Pero hay otra cosa que es...
AF – Impagable...
JE – Sí. Claro que eso, en teatro, no lo ganás. Pero es esa cosa que está más allá. Aunque parezcan frases hechas –por lo menos a uno le pasa, las puede disfrutar-, hay cosas que es muy difícil llevarlas a pesos, hacer la conversión de cuánto gano en dinero. Es muy difícil, cuando sé las cosas que la gente me da.
Una vez, estando en el Albatros, en la parte en que salimos a “agitar” y a bailar, de pronto, una señora mayor, de unos 60 o 70 años, me abraza y me dice: “Mi esposo era un fanático de ustedes. Falleció hace unos meses, y hoy yo estoy bailando con ustedes y con él”. ¡Me lo dijo en medio de todo un jolgorio! Yo no sabía qué decirle. Y empecé a lagrimear, y ella me dijo: “No, no. Te lo digo porque estoy bien. Andá tranquilo”.
Entonces, ¿cuánto ganamos? ¿Primer premio, segundo premio...? No, hay cosas como ésas en cada escenario, como “El pelado de Santa Catalina”, que viene a entregarnos una botella de vino, que yo sé que le costó quizás un jornal, y te la viene a ofrecer. Estamos hablando de una botella de vino, y de repente a alguien le puede parecer muy “grasa” la cosa”, pero, para mí, la “grasa”, todavía tiene su valor, en este aspecto.
AF – Dice “el pelado de Santa Catalina”: “Esmoris: ahora que estás en El Espectador, ya que sos mi amigo, contame cómo está Adriana González”.
(Risas)
JE – Yo quisiera saber “dónde está”, no “cómo está”... (Risas)
No, no te puedo decir porque, si no, te voy a amargar la noche. Si te empezás “a hacer la película”... ¡No, no quiero! No quiero.
AF – Por el correo electrónico dicen: “Esmoris: no me leés los mensajes, pero siempre estoy ahí. Si seguís con ese boicot contra mí, voy a volver a tomar la radio con un comando terrorista”. Firma “Individuo no identificado”.
JE – “Individuo no identificado” es alguien que copó literalmente la otra emisora. Lo que pasa es que el formato que tenemos en este nuevo ciclo, “Nacidos para perder”, no nos permite leer los mensajes como los leíamos antes. Primero, porque son muchísimos más. El otro día hicimos el cálculo de que todo el programa seguiría con los mensajes de los oyentes. Queremos tener la totalidad del programa (por lo menos, fue la idea y la mantenemos) en nuestras manos. No sacamos llamadas al aire, no hacemos entrevistas. Es un programa que, desde que empieza hasta que termina, lo hacemos nosotros. Podrá salir bien, mal o regular, pero así es. Estamos buscando, eso sí (lo estamos hablando con la gente de El Espectador, y sobre todo con el ingeniero informático), de ver cómo podemos hacer para que a través de Internet, tal vez, se de cabida a todos estos mensajes, que son realmente muchos. A veces, leemos algunos, pero no leerlos todos es como raro.
El primer día fueron cerca de 150 “mails”, no sé qué cantidad por el Skitel, y no sé cuántos faxes. El teléfono no dejaba de sonar. ¡Imposible!
Pero al “Individuo no identificado” le pedimos que, por favor, como es nuestro trabajo, que no venga a copar la radio... [Se sonríe]
AF – Carlos, de Maroñas, dice: “Le quiero preguntar a un experto del humor: yo me levanto de buen humor, y me acuesto de mal humor. Es decir que tengo humor en las dos direcciones. ¿Es esto un problema de doble ‘humoridad’? Además, quiero saber qué piensa del humor de la tele y por qué él no hace televisión”.
JE – Se levanta de buen humor, y se acuesta de mal humor...
AF – Algo pasa en el medio.
(Risas)
JE – Exactamente: que no se levante. Que siga acostado.
AF – Que invierta los horarios.
JE – Seguro. Que trabaje de noche... (Risas)
Respecto al humor de la tele, para mí hay algo que es clave: “humor”, para mí, es sinónimo de “libertad”. No existe el humor si no hay libertad. Y, de repente, a la televisión le falta un poco de eso: permitir abordar todos los temas con humor.
Uno mira el humor norteamericano y podrá no entenderlo, pero es muy fuerte. Es bravo, irónico, ácido. Dicen de todo contra quien quieren. Y es parte del juego, y me parece que hay un sentido del humor generalizado.
Creo que a nivel oficial, Uruguay, como país, tiene cada vez menos sentido del humor. Como individuos, puede ser que nosotros tengamos buena onda. Pero, como país, tenemos una mala onda tremenda. Nos juntamos y somos terribles.
Entonces, el humor que a mí me gusta, me parece que no sería posible en la televisión. Además, no creo sinceramente que sea mi medio. No he hecho nada en televisión, pero he ido a alguna entrevista o a algún programa y realmente me siento ajeno. No creo que pueda tener una buena relación con la cámara.
Sí me gustaría (incluso, es un proyecto que tenemos “en carpeta”, con Gonzalo), hacer algo en televisión tipo serie, a medio camino entre el cine y la televisión. De imagen, sí, pero fundamentalmente de buen libreto, que vaya por el absurdo. Lo definiría como un programa de “humor”, pero no con lo que se asocie a un tipo de programa de “sketches” o chistes.
Yo respeto mucho a la gente que hace humor en televisión, porque la televisión es una devoradora, una máquina de picar carne, gente, sueños e ideas. Alimentar un programa de humor con lo que puede hacerse aquí... Con lo que Tinelli hace un programa, de repente, aquí tenés que hacer un año. Entonces, eso también va en detrimento del resultado.
AF – Ahora que hablás del humor de los uruguayos –quizá quienes estuvieron más cerca suyo pueden confirmarlo- de que el pesidente que tenemos hoy en día es un tipo con cierta cuota de humor, ¿no?
JE – Sí.
AF – Yo leía, en la entrevista que te realizó la revista Latitud 30/35 (creo que fue Daniel Vidal, si no me equivoco), que en un momento te gustaría hablar con el presidente Batlle...
JE – “De presidente a presidente”...
JE – “De presidente a presidente”, en torno a algunas cosas que vendría bien conversar y que le harían bien al país. Te lo digo porque creo que el presidente Batlle escucha el programa, y por ahí llama para hablar contigo...
JE – Desde Japón.
AF – Sí, pero los asesores están ahí...
JE – Creo que el Presidente Batlle –o Batlle- introdujo, más allá de posiciones políticas, un cambio en lo que para mí venían siendo las últimas figuras presidenciales. Para mi gusto, muchas veces mostraban una soberbia y como un desprecio por los demás que... yo qué sé...
Y Batlle me parece que agarró por otro lado. No sé si será por la edad. Pienso: ¿qué ambición puede tener?. Junto por un lado, a Seregni y a Batlle que, por edad, pueden estar por ahí. Creo que tanto uno como otro han sido las personas que han “largado” cosas que han conmovido, para bien o para mal, pero que han sido urticantes, polémicas. Una cosa que escuché de Seregni que realmente me dejó pensando fue: “Ahora puedo pensar libremente”. Como si fuera: “Ahora que me alejé un poco de lo político, puedo pensar de otra manera”. Quizá para desarrollar y conversarlo con él con mayor profundidad, pero es brutal lo que significa eso: que la política, o el ejercicio de la política, no te permite pensar con tu cabeza.
Y me parece que Batlle, dentro de todo, tiene esa cosa. Es muy difícil asociarlo al Partido Colorado, por ejemplo.
AF – No es del pelotón, sino que es más escapado.
JE – Lo ves como un presidente (quizá sea una frase o un eslogan) de los uruguayos. A mí me costaba, de repente, por una cuestión humana y no política, decir “es mi presidente”. Uno puede decir “es el presidente del país en el que vivo”, y Batlle, para mí, lo es más allá de que pueda estar de acuerdo con algunas cosas y discrepar en otras.
Entonces, me parece que, desde ese punto de vista, él tiene como una línea en la que, para mí, las intenciones son buenas. Independientemente de que creo que los gobiernos, por estas latitudes, tienen poca posibilidad de hacer cosas.
Me parece que pueden trabajar a nivel interior, como se está trabajando, como con la Comisión para la Paz. Cuando yo decía que en el país es puede hacer mucha cosa, me parece que lo que se puede es “limpiar” adentro, en aquellas cosas que él ha definido “estado del alma”. En el tema de los derechos humanos, es un “estado del alma”, y creo que a todos nos va a hacer bien.
El otro aspecto es el tema de la corrupción, en el que sería bueno hacer algo. Una cosa es que me digan: “Mirá, tenemos que hacer un esfuerzo”, y creo que lo hago, como muchísimos más. Está bien, vamos a hacerlo. Pero que te enteres por ahí que hay 200 millones de dólares que no sabés dónde fueron o aquello o lo otro, y sabés que el sistema político funciona como una especie de cosa extraña, como una corporación, se cierra, y de esto no se habla.
Por eso me parece que sería muy sano, y de repente por ahí levantamos el estado de ánimo, que podamos decir: “Si todos vamos a hacer un sacrificio, que seamos todos. Y el que las hace, las pagua”. Esto me parece que sería bueno. Y aprovechar lo bueno de un país chico, que lo decía en Latitud 30/35, que lo pienso. Somos chicos, y eso tiene sus desventajas, pero alguna ventaja debe tener. Podríamos pensar qué ventajas tiene un país chico. Creo que las tiene, y muchas. No son en la macroeconomía, sino que tiene ventajas, de repente, para sus habitantes. Como es chico, todo se sabe; y si todo se sabe, todo podría solucionarse.
Por ahí, yo creo que podríamos ganar en calidad de vida, que no solamente pasa por aspectos económicos, sino que pasa por saber que en definitiva, todos somos iguales ante la ley.
AF – Eso también lo incluís en lo que es “estado del alma”.
JE – Totalmente. Totalmente.
AF – Javier, de La Blanqueada, pregunta: “¿Por qué te fuiste de un día para otro de X FM?”
JE – Eso lo aclaramos el último día del programa, que no fue un programa, sino que fue media hora. Porque tampoco íbamos a hacer una especie de velorio o un entierro. El motivo fue por el tema económico. El programa que teníamos pensado tenía un costo; nosotros también entendíamos que merecíamos otro arreglo. Se nos dijo que no, y nos propusieron otra cosa que no se correspondía con lo que queríamos.
AF - ¿Es caro Esmoris?
JE – No, no. Para nada. Ahí, ahí... (Risas) Nosotros decimos: “No somos baratos; somos buenos”.
(Risas)
AF – Te mandan saludos Bartolotta y Sebas. Y agregan: “Estamos arreglando el muñeco”.
JE – Ellos son dos colaboradores de “Nacidos para perder”. Son los encargados de algo realmente impresionante. Son los encargados de un espacio que se llama “Gran familia” (una emulación de “Gran hermano”), un trabajo que lleva horas de edición en la computadora de Sebas. Supongo que están trabajando. Y que están “arreglando el muñeco” (Se ríe). Quiere decir que están arreglando algo de ese espacio. Para que veas que la gente trabaja a toda hora.
AF – O sea que, además de los cinco que están en la radio, hay más gente.
JE – Sí, hay más gente.
AF - ¿Es gente incorporada al programa realmente?
JE – Sebas y Bartolotta son gente que graba cuanta cosa anda por ahí de discursos y de otras cosas. “Gran familia” es una parodia de “Gran hermano”. La idea es que nosotros tenemos encerrados aquí a cinco invitados que tienen que convivir. Los cinco invitados de estos primeros capítulos son: Batlle, Lacalle, el Pepe Mujica, Oscar Magurno y Rafael Michelini.
Entonces, son conversaciones que se han armado. Por ejemplo, en el capítulo de mañana, ellos van a hacer gimnasia. La invitada de mañana es una profesora de gimnasia, y ellos hacen una gimnasia jazz. Sebas y Bartolotta son los encargados de armar ese paquete.
AF - ¿Ya viene grabado?
JE – Sí.
AF - ¿Y está hecho con los propios discursos de esos personajes?
JE – Exactamente: es un trabajo de horas y horas y horas de grabación. Ayer hicimos una entrevista con Cavallo, por la que la gente llamaba para preguntar si realmente era en serio. Porque se hizo con varios discursos de Cavallo. Bartolotta se encarga de grabarlas, y con Sebas lo arman. De tres palabras, sacan otra. Por ejemplo: a “vaso”, le sacan la sílaba “va”; y de “papá”, sacan la sílaba “pa”; y van formando la palabra “vapa” hasta llegar a la que desean. Realmente es enorme el trabajo. Y el resultado es impresionante.
La gente queda impresionada. A tal punto, que llamaban, porque “era Cavallo”. En función de un discurso que hizo, se le fue buscando la vuelta y lo llamamos por teléfono. Porque teníamos un problema con la radio ya que no nos servía económicamente lo que nos proponían. Entonces, Cavallo empezaba a darnos consejos de cómo teníamos que manejarnos. Y nos decía que teníamos que poner un impuesto a los oyentes... Y la gente empezó a llamar por teléfono, porque, además, ¡lo decía Cavallo! (Risas)
Seguro, todo eso se fue armando por “Nacidos para perder”. La gente decía: “Pero no puede ser que esté hablando por la radio diciendo esto”. Al final, Cavallo decía: “Mañana me voy a ir por la radio, me voy a instalar ahí”... Y “era Cavallo” que lo decía. Y nosotros no dijimos nada si era en serio o en broma. Lo dejamos así. Y eso es lo formidable.
AF - ¿Eso te puede traer problemas? ¿Te ha traído problemas con los actores políticos en nuestro país?
JE – No. No. Primero, que está hecho con mucho respeto. Y, además, está hecho con un doble fin. Nosotros decimos en la “promo”: “Una casa, cinco uruguayos, un solo objetivo: convivir”. Y más allá de todo lo que puedan ser, son cinco políticos, de todas las corrientes, que están en esa casa, que están conviviendo, y la están pasando bien (en la grabación, por lo menos). Quizá haya otras lecturas de esa “gran familia”.
AF – Te agradezco el tiempo que estuviste con nosotros, sobre todo porque es rato que le estás sacando a “Nacidos para perder”.
JE – Mañana ponemos algo grabado. Tengo musicales.
(Risas)
AF – Gracias por visitarnos. Ojalá que pases mucho tiempo acá, en esta radio.
JE – Ojalá.
AF – Y nosotros también... (Risas) Que “convivamos”...
JE – Yo creo que sí. Realmente, hace poco tiempo que estamos, pero me impactó la onda que hay en la radio y la cantidad de gente joven. A mí particularmente –no sé si será porque me estoy poniendo viejo-, pero un ambiente con gente joven me tira una “polenta” brutal”. Y acá mirás para adentro de cada oficina y hay gente joven, hay gente joven, hay gente joven.
AF – Mirá que Caterina tiene varios “liftings”...
JE – Pero yo vengo poco de noche... (Risas) Y de noche, con poca luz...
AF – Alberto, de Nuevo París, dice: “Escuché la entrevista a Cavallo y me pareció un alarde maravilloso de edición. Pero, al mismo tiempo, me pareció muy larga. Sobre todo, los diálogos”.
JE – Duró 10 minutos... Era parte del juego.
AF – Muchísimas gracias, y estamos en contacto. La próxima, tenés que ir vos, de tarde.
AF - ¡Ah! ¡No sabés las cosas que se me ocurren! Porque yo también soy un perdedor...
(Risas)
JE – Y el viernes vamos a tener nuestro espacio para perdedores. Ese va a ser un espacio exclusivamente para perdedores. ¡La gente se “enrosca” de una manera! No se nos ocurrió a nosotros,. pero el primer día la gente empezó a mandar cosas: “Yo perdí, yo perdí”... A veces, claro, algunos “caen”. Una señora llamó por teléfono el primer día para decir que había perdido la cédula de identidad porque se pensó que era una especie de servicio que estaba haciendo El Espectador... ¡Para gente que había perdido cosas! (Risas) Entonces, tuvimos que explicar que no, pero igual dijimos al aire que la señora había perdido la cédula. Así que vamos a tener nuestro espacio para “perdedores”.
AF – Anunciá lo de mañana.
JE – Mañana tenemos la “Gran familia”. Tenemos el “Dossier 810”, que son investigaciones periodísticas a fondo, llevadas adelante por el licenciado Gustavo Fernández Inzúa. Y creo que el tema de mañana es sobre la inminente llegada de Steven Spielberg para filmar la vida de Artigas. Y la dejo por ahí.
------------------------
Trascripción: Fernando Iglesias
Edición: Moriana Peyrou
|