Entrevistas Radio El Espectador Uruguay


Las rémoras de las dictaduras
del Cono Sur


Para el periodista argentino Horacio Verbitsky,
"un Ejército nuevo no merece que le aten
a los tobillos los grilletes de ese pasado tenebroso
en el que no participó"

 

 

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EN PERSPECTIVA
Viernes 18.08.00


DIEGO BARNABE:
Estuvo en Brasil, después en Argentina, y ahora en Chile. La secretaria de Estado de los Estados Unidos, Madeleine Albright, expresó ayer en Santiago un rotundo respaldo al modelo de transición democrática en Chile y a los procesos judiciales para esclarecer las violaciones a los derechos humanos durante el régimen militar que encabezó Augusto Pinochet. La señora Albright anunció que a mediados de setiembre serán desclasificados otros once mil documentos relativos a los abusos cometidos durante el régimen de Pinochet, que se sumarán a los siete mil que ya han visto la luz, como prueba de la voluntad de las autoridades de los Estados Unidos de aclarar la historia de un período muy controvertido. Allí en Chile termina esta mini-gira de la secretaria de Estado de los Estados Unidos.

Pero en su pasaje por Argentina, estuvo reunida en la residencia del embajador norteamericano en Buenos Aires con representantes de distintas organizaciones no gubernamentales. En esa reunión participó el periodista argentino Horacio Verbitsky. Recordemos que escribe su columna política semanal para el diario Página 12 de Buenos Aires desde el año 1987. Es un periodista de larga trayectoria que ha escrito varios libros, entre otros "Civiles y militares. Memoria secreta de la transición", el famoso y exitoso "Robo para la corona", y "El vuelo", que revelaba a través del testimonio de un ex militar los operativos por los cuales los militares argentinos se deshacían de los cuerpos de los detenidos en tiempos de la dictadura militar. Un hombre que jugó, además, un rol absolutamente esencial en la investigación de las violaciones a los derechos humanos por fuerzas militares y paramilitares en la República Argentina.

Estamos en comunicación con Verbitsky, quien participó en la reunión en Buenos Aires en su calidad de presidente del CELS, Centro de Estudios Legales y Sociales, una organización no gubernamental fundada en el año 1979. Queríamos enterarnos del contenido de esta reunión, sobre todo desde la perspectiva del Centro de Estudios Legales y Sociales que usted integra, que en Uruguay es menos conocido. ¿Qué esperaban de esta reunión?


HORACIO VERBITSKY:
La secretaria [Madeleine] Albright invitó a reunirse a un grupo de siete organizaciones no gubernamentales y, entre ellas, tres de derechos humanos: Abuelas de Plaza de Mayo, Madres de Plaza de Mayo y el Centro de Estudios de Legales y Sociales (CELS), que yo presido.

Los planteos que hicimos fueron de distinto tipo. Estela Carlotto pidió la desclasificación de archivos vinculados con la represión ilegal durante la década del 70 y que permitan ayudar a la búsqueda de los chicos detenidos desaparecidos, y denunció también el intento del Ejército de poner fin a los juicios. También pidió a la secretaria Albright que ejerciera su influencia sobre el gobierno argentino, de modo que el gobierno argentino pusiera coto a este desborde militar.

Carmen Lapacó, madre de Plaza de Mayo, recordó el entrenamiento que los genocidas argentinos tuvieron en la Escuela de las Américas de los Estados Unidos y habló acerca de la creación del futuro "Museo de la Memoria" en los terrenos de lo que fue la Escuela de Mecánica de la Armada.

Yo, por mi parte, planteé un par de temas. Recordé el diferente comportamiento que tuvo el gobierno norteamericano ante las dictaduras del Cono Sur con la administración de [Richard] Nixon - [Henry] Kissinger; recordé la reunión de Kissinger con el canciller argentino Bucetti, en Chile, durante la reunión de la Organización de Estados Americanos (OEA), en 1976, en la cual, cuando el canciller Bucetti dijo que había que matar a mucha gente en la Argentina, Kissinger le contestó: "Háganlo, pero rápido".

Y me referí también al cambio que hubo cuando el presidente [Jimmy] Carter y la secretaria de Estado Pat Derian se convirtieron en denunciantes importantes de estos atropellos.

Hice referencia, asimismo, a un par de temas que tienen que ver con la reaparición de una actitud militarista que amenaza desestabilizar la democracia. Por un lado, el intento del Ejército de apoderarse de fondos del Banco Mundial concedidos para los planes de auxilio a los desempleados para financiar a reservistas en la construcción de caminos, escuelas, planes de alfabetización y de vacunación, etcétera. Son préstamos de los cuales no corresponde que se encarguen de ninguna manera las Fuerzas Armadas, porque es tarea del gobierno civil.

Y, por otro lado, en las presiones para incluir a los militares en la lucha contra el narcotráfico, es decir, en funciones policiales que desvirtúan su rol, de lo cual en el Río de la Plata hemos tenido trágicas experiencias.


DB - La señora Albright ¿le hizo algún comentario a propósito de las diferentes actitudes de los distintos gobiernos de Estados Unidos en los años de las dictaduras militares en el Cono Sur?


HV - Estaba muy adusta cuando hice la referencia a Kissinger - Nixon, y se relajó y sonrió cuando hice la referencia a Carter y Pat Derian. No dijo nada, pero fue muy expresiva su gestualidad al respecto.


DB - Respecto al Plan Cóndor y las dictaduras militares en el Cono Sur, ¿cree que Estados Unidos puede aportar información valiosa?


HV - Creo que puede tener información valiosa. De hecho, ya ha habido descompartimentación de información valiosa en los últimos años, a partir de la investigación que inició el juez [Baltasar] Garzón en España; el Departamento de Estado ha contribuido con mucha información muy valiosa.


DB - Sobre todo, vinculada con Chile.


HV - Sobre todo, vinculada con Chile. Que, por cierto, no es toda la que tienen.

También han desclasificado mucha información sobre la Argentina. Un equipo de periodistas del diario Clarín ganó el Premio Rey de España por una serie de artículos que hicieron sobre la base del material desclasificado por el gobierno de los Estados Unidos.

De parte del Departamento de Estado, me parece que hay una actitud muy abierta en ese sentido. No ocurre exactamente igual con la Agencia Central de Inteligencia, la CIA, que se ha negado a abrir sus archivos o que los ha abierto en forma reticente ante órdenes del presidente [Bill] Clinton, con una selección arbitraria de documentos y con muchas tachaduras que les restan validez. Hay un caso de Chile, en el cual un documento desclasificado ahora fue cotejado con una desclasificación anterior, de varios años atrás, y se vio claramente cómo las tachaduras de los documentos pueden desvirtuar su contenido y dar una idea falsa de qué es lo que están afirmando.


DB - ¿Hablaron sobre este punto?


HV - No. No hablamos sobre este punto.


DB - ¿Y el compromiso o, por lo menos, el anuncio que Albright hizo ante los medios periodísticos respecto a esta reunión?


HV - Yo no estuve en su reunión posterior con la prensa; salimos por puertas distintas: ella salió hacia el encuentro con la prensa y los visitantes salimos por otro lado.


DB - Habló de hacer todo lo mejor posible para ver qué documentos hay en el Departamento de Estado, y dijo que Estados Unidos quiere cooperar y ayudar a comprender qué ocurrió en esas situaciones trágicas en los años de las dictaduras militares aquí. ¿Se puede confiar que en estos pocos meses que le quedan en el gobierno de los Estados Unidos efectivamente pueda obtener resultados?


HV - Para dar respuesta a esa pregunta hay que volver al punto inicial de lo que yo planteé en la reunión. Porque uno dice "Estados Unidos" y se hace una imagen monolítica; pero la verdad es que Estados Unidos es un país como cualquier otro donde hay grupos, sectores, tendencias, conflictos. Y esto explica por qué en un mismo año pueda existir un gobierno como el de Nixon - Kissinger, que alienta el genocidio, y otro como el de Carter, que se convierte en su principal denunciante en el mundo.

Entonces: creo que de este gobierno demócrata en sus últimos meses se puede esperar la desclasificación de documentos, sobre todo porque ellos tienen la tranquilidad de que no va a aparecer ningún funcionario demócrata, puesto que toda la colaboración y el aliento a las dictaduras del Cono Sur se produjeron durante la administración republicana. Y ocurrió todo lo contrario con el cambio de gobierno.

De modo que creo que sí se puede esperar que haya desclasificación de materiales importantes.


DB - En lo que es estrictamente personal (es un poco imposible separar al periodista en esta entrevista), ¿usted continúa investigando, sigue preparando algún tipo de investigación en torno a estos temas, desde el punto de vista netamente periodístico, pensando en algún libro?


HV - Bueno, sí. Permanentemente estoy trabajando en estos temas. Si después las investigaciones darán lugar a un libro o no, es más difícil de decirlo. Pero estoy permanentemente trabajando sobre estos temas.


DB - En función de todo lo que ha averiguado, investigado y divulgado en los últimos años, ¿qué es lo que más le interesa en estos momentos de lo que pasó en aquellos años?


HV - Están por cumplirse los 25 años del golpe militar de 1976, que debería ser el último, y me parece que ese cuarto de siglo transcurrido debería ser una oportunidad para que categóricamente las propias Fuerzas Armadas argentinas tomaran distancia terminante e irreversiblemente de aquel pasado tenebroso. Yo creo que la Argentina es el país que está más cerca de esa meta. Creo que está más cerca que Chile y más cerca que el Uruguay, donde todavía las Fuerzas Armadas intentan reivindicar su participación en el genocidio.

En la Argentina, esas reivindicaciones sólo están en boca de algunos retirados muy desacreditados, los que, además, han sido beneficiados por las leyes de "obediencia debida" y, si no, estarían presos; o por alguno de los que sí están presos por el robo de bebés. De la conducción militar en actividad, a lo sumo se escuchan frases solapadas como referencias a que una parte de la verdad es tan falsa como una mentira. O hay intentos de diluir culpas en el contexto histórico, o de recrear la doctrina de "los dos demonios". Pero esto sucede cada vez con menos fuerza.

Ayer hubo en Buenos Aires un enorme desfile militar, el primer desfile militar importante desde la finalización de la dictadura, y nueve de cada 10 de las personas que desfilaron no estaban en actividad en las Fuerzas Armadas en el momento de la dictadura, en el momento de la represión. Entonces, están dadas las condiciones objetivas para que haya esa toma de distancia clara y contundente. Que en alguna medida ya la hubo en la gestión del general [Martín] Balza al mando del Ejército, pero que debería concretarse en gestos institucionales del tipo del retiro del retrato del dictador [Rafael] Videla del Colegio Militar, o en la colocación de placas recordatorias allí donde funcionaron campos clandestinos de concentración, y mensajes claros de la conducción militar a todas las unidades en el sentido de que hoy sólo son admisibles Fuerzas Armadas en democracia. Y como dijo hace pocos días el comandante de la Fuerza Aérea, en el Día de la Fuerza Aérea, unidas en el amor a la patria, el respeto absoluto a la Constitución nacional y a los derechos y garantías individuales. Fue un discurso novedoso.


DB - Usted, justamente, escribe sobre estos temas en su columna del diario Página 12, con el título: "Heridas, silencios y cansancios". En esta columna se refiere al jefe del Estado Mayor del Ejército, Ricardo Brizzoni. No le ha gustado demasiado su actitud...


HV - Bueno: Brizzoni es, justamente, el que está tratando de hacer ese tipo de discursos ambiguos, a los que yo hacía referencia, con muy poco éxito hasta ahora. Creo que ya ha comenzado una prudente retirada de esa estrategia. Porque, justamente, un ejército nuevo no merece que le aten a los tobillos los grilletes de ese pasado tenebroso en el que no participó. Es mezquino, es injusto. Y no contribuye a una inserción plena de las Fuerzas Armadas en el sistema democrático.


DB - Volviendo a la información que se puede esperar de Estados Unidos: ustedes, en Argentina, ¿avanzaron en ese sentido? Han revelado mucho de lo que ocurrió, y seguramente falta mucha información, ¿pero hay determinada información sobre la que ya no se puede avanzar más en la Argentina y que sí podría tener Estados Unidos?


HV - Es difícil saberlo. En las piezas que se ha desclasificado sobre Chile, por ejemplo, y que son importantes, lo que hay son constataciones de que en Estados Unidos se sabía lo que estaba ocurriendo y que había, por parte de algunos funcionarios del "establishment" de seguridad, una actitud cómplice con lo que estaba ocurriendo. Y, de hecho, es sabido el grado de involucramiento que tuvo la CIA en la producción del golpe militar que derrocó a Salvador Allende.

Que no es lo mismo sucedido en la Argentina y en el Uruguay. En la Argentina, por lo pronto, la mayor influencia en la formación de los militares no fue norteamericana, sino francesa. Si bien a partir del triunfo de la revolución castrista en Cuba hubo una presencia norteamericana en ese sentido, el molde, la matriz fundamental en la Argentina ha sido francesa, y no norteamericana.

En Chile, en cambio, hubo una injerencia directa sumamente conocida para el derrocamiento de Salvador Allende. Incluso, hubo participación de empresas importantes, transnacionales de origen norteamericano. Y esta información ya es conocida. Seguramente, Estados Unidos tiene más información de la conocida, que podría ampliar detalles de un panorama que, de todos modos, no es ignorado ni novedoso.

Sobre la Argentina y sobre Uruguay, seguramente lo que puede encontrarse son corroboraciones generales y algunos detalles que pueden ser importantes para profundizar las investigaciones. Por ejemplo, el juez argentino Adolfo Bagnasco, que está investigando la Operación Cóndor, ha pedido también al gobierno de los Estados Unidos la desclasificación de documentos. Y está esperando la respuesta.


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Transcripción: Fernando Iglesias
Edición: Jorge García Ramón