EN PERSPECTIVA
Martes 16.05.00 - Hora 09.10
DIEGO BARNABE:
Es para mí motivo de gran alegría presentarles por segunda vez, aquí en El Espectador,
tres años y medio después, a Arturo Pérez-Reverte, español, marinero de Cartagena,
puerto de la costa mediterránea.
Arturo siempre quiso viajar y hacer aquellas cosas que había descubierto en los libros.
Se hizo periodista por accidente, como forma de acceder a todas esas cosas que quería
ver, conocer y vivir desde niño. Pero le gustó; se hizo profesional del periodismo y
mantuvo esta profesión durante 22 años. La prensa, la radio, la televisión, guerras y
más guerras; el Líbano, las Malvinas, el Salvador, Nicaragua, Libia, Sudán, Mozambique,
el Golfo Pérsico, Bosnia y más. Sobrevivió 21 años como reportero de guerra, recibió
el Premio Asturias de periodismo por su trabajo en la ex Yugoslavia y escribió un libro
sobre ese infierno. "Cosas que te quedan, miradas, recuerdos, sensaciones, olores,
sentimientos, soledad", diría Pérez-Reverte. Eso fue "Territorio
comanche".
Arturo no quería irse sin contar cómo ve la guerra quien cuenta la guerra para los
demás. Eso sí, se hartó de esa guerra y de otras en la Televisión Española. La
literatura le dio la posibilidad maravillosa de largarse a tiempo, aprovechó la ocasión
y se fue.
Nuestro invitado tiene 48 años. Nació en 1951 en una casa con biblioteca grande, con
algo así como 5.000 libros, dicen las malas lenguas. Las buenas dicen que eso lo marcó y
que allí hay que buscar las raíces de "La tabla de Flandes", "El maestro
de esgrima", "El Club Dumas" o "La piel del tambor". Si no me
creen, pregúntenle al capitán Diego Alatriste y Tenorio. Ese tío, español, lo conoce
bien a este Pérez-Reverte. Es más: se conocieron en el siglo XVII, eran de la misma
barra de amigos con Quevedo, Góngora y un tal Lope de Vega.
Arturo Pérez-Reverte ha dejado libros por todo el mundo, millones; ha sido traducido a 25
lenguas, leído en 30 países y sus novelas inspiraron ya cinco películas.
Nuestro invitado es escritor y trabaja muy duro, aunque seguramente él me interrumpa y me
diga: "Perdón, Barnabé, pero aquí hay un malentendido: yo no soy escritor, yo soy
un lector, un tipo que lee y lee y que a base de leer un día decide escribir un poco de
su vida, de los libros que amó. Yo no quiero pasar a la historia de las bellas
letras".
¿Sigue siendo así, Arturo?
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"En un tiempo en que la gente sueña
mirando la tele, yo quería mostrar con esta novela que aún es posible encontrar un barco
hundido, un misterio, a veces un amor, en el metro, en una copa, en un amigo, en una
aventura, en un viaje" |
ARTURO PEREZ REVERTE:
Es literalmente así. Me has dejado delante de un espejo.
DB - Te recibimos con música de Miles Davis, ¿está bien?
APR - Sí, me parece estupendo, muchísimas gracias.
DB - ¿El jazz te atrapó o no?
APR - Sí, sobre todo me atrapó para la última novela. El jazz me gustaba pero no lo
entendía. Pero a la hora de escribir "La carta esférica" me di cuenta de que
esa estructura podía valerme para montar la novela, entonces me puse a estudiarla, a
empollarla, a oírla, y la usé para montar la novela. Ahora me gusta mucho y lo conozco,
pero hasta hace tres años era casi absolutamente desconocido para mí. Lo bueno de una
novela es que mientras la escribes aprendes cosas.
DB - En realidad esta presentación la escribió prácticamente el propio Arturo, porque
no hicimos otra cosa que recordar nuestra entrevista de tres años y
medio atrás. Curiosamente, en aquella oportunidad cumpliste años en Montevideo, en
noviembre de 1996.
APR - Es verdad.
DB - ¿Te sigue gustando escribir? ¿Seguís disfrutando, seguís jugando con la
literatura?
APR - En aquel momento te insinué que yo, aparte de "homo faber" y "homo
sapiens", soy sobre todo "homo ludens"; me gusta mucho jugar, el aspecto
lúdico de la literatura me fascina. Aparte de las muchas cosas que se escribe, una
literatura sobre todo es un juego, es armar una trampa, un campo de minas, un mecanismo de
relojes y de juegos de los cuales yo primero disfruto como lector y después espero que el
lector disfrute como cómplice de esa estrategia. Es la forma que yo tengo de entender la
literatura.
DB - Sin embargo, a pesar de que tratás de no tomártelo demasiado en serio, insistís en
ello en muchas entrevistas, en no pretender pasar a la historia de las bellas letras. De
todas maneras, te importa que la literatura sea profunda.
"El aspecto lúdico de la literatura me
fascina. Aparte de las muchas cosas que se escribe, una literatura sobre todo es un juego,
es armar una trampa, un campo de minas, un mecanismo de relojes y de juegos de los cuales
yo primero disfruto como lector y después espero que el lector disfrute como cómplice de
esa estrategia"
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APR - Es que hay una falacia que todavía se sostiene desde algunos sectores
académicos de la literatura de que la literatura debe ser, o bien profunda y aburrida, o
bien divertida y superficial. Eso es falso, debe ser ambas cosas: debe ser profunda y
amena, reflexiva y divertida, fascinante y al mismo tiempo que te deje un pozo y una carga
interior que te permita vivir esas vidas que no vives en la vida normal. Todo eso es lo
que intento combinar en la literatura. Eso se hace con trabajo, con esfuerzo, sin
acercarse a ella con solemnidad sino con la pasión del lector que se acerca a un mundo
maravilloso que está en los libros y que uno intenta multiplicar con sus propios libros.
DB - Seguramente, como gran lector que sos, te das muy bien cuenta cuando un libro es
entretenido. ¿Das a leer tus libros, apenas terminados, a alguien de confianza, a un
amigo, a algún familiar cercano, a tu mujer?
APR - No. Los leen mis editores ya para publicarlos. Tú sabes que yo nunca quise ser
escritor; empecé a escribir libros después de viajar y pasarme la vida por ahí leyendo
y viviendo cosas, porque me apetecía ordenar mi mundo. De pronto tuve la suerte de que
esos libros funcionaron bien y fueron un éxito en muchas partes; eso me cambió la vida.
Yo no pretendí jamás acercarme con solemnidad a la literatura; me he acercado como
lector. Para mí escribir no es más que una prolongación del acto de leer, que es un
acto realmente importante.
DB - De fondo, a pesar de que dejaste el periodismo, seguís siendo y sos seguramente una
persona muy curiosa, que se sigue haciendo preguntas, que busca conocer permanentemente
cosas.
APR - Creo que lo que justifica realmente el hecho de vivir es mirar a mi alrededor. Pasar
por la vida mirando la tele es absurdo. Sobre todo, es anestesiante y poco productivo en
lo personal. Creo que la forma de pasar por la vida es mirando, entonces esa curiosidad es
lo que hace que el hombre se mueva, lo que hizo que el molusco saliera de la concha y
nadase hasta convertirse en el hombre y se irguiese para caminar, que el hombre haya
viajado, haya buceado, amado, sufrido, que haya hecho cosas, que haya descubierto países,
costas, amores. Creo que va pobre por la vida aquel que no es capaz de mirar alrededor.
Para mí escribir, vivir, leer es una forma de mirar. Yo soy un hombre que mira, me
encanta mirar.
DB - En el final de aquella entrevista que hicimos en noviembre de 1996 me decías que el
periodismo te había dado cosas hermosas pero también te había negado otras. En ese
momento dijiste que querías tener esas cosas que te negaba. ¿Las conseguiste?
"Creo que lo que justifica realmente el hecho
de vivir es mirar a mi alrededor. Esa curiosidad es lo que hace que el hombre se mueva.
Para mí escribir, vivir, leer es una forma de mirar"
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APR - Sí. No todas, aún no he llegado al puerto final. Aunque espero que aún
haya cosas esperándome, que aún haya cíclopes, temporales y también cosas hermosas en
el camino. Pero es cierto que el periodismo me quitó muchas inocencias, muchas palabras
con mayúsculas, de ésas que suenan, como Honor, Patria, Bandera, Religión. Me dejó a
cambio otras igualmente útiles, buenas, nobles o dignas. Con eso me apaño, me monto en
la navegación. Pero aún me quedan suficientes para navegar. Cuando uno no espera nada en
la vida, ese día es la muerte, queda hecho un vegetal ahí.
DB - ¿Qué te negó el periodismo?
APR - Inocencia. Cuando salí al mundo creía en un montón de cosas, creía que el ser
humano es bueno y la sociedad lo hace malo; descubrí que es al revés, que el ser humano
es malo y a veces la sociedad lo hace bueno. Vi cosas que se me quedaron como fantasmas,
que me acompañan a veces. Sobre todo, vi que el hombre es igual, no hay negros ni blancos
sino que hay gamas de grises y que todos tenemos rincones oscuros, que el ser humano es
muy complejo y que hay una cosa que se llama soledad y horror, que al final te golpea,
tarde o temprano. En realidad, creo que la vida no es más que un esfuerzo del hombre por
dotarse de aquellos elementos, de aquellas armas o defensas que le permiten soportar la
soledad y el horror que al final golpean siempre.
DB - Ayer estaba repasando algunas entrevistas que te hicieron colegas en España a
propósito de la presentación de tu última novela que ahora trajiste a Montevideo. Por
allí, a propósito del periodismo decías que en buena parte de tu vida en el periodismo
creías que podías cambiar el mundo.
APR - Es verdad, al principio. Cuando era joven pensaba que una buena crónica, una buena
foto, un reportaje o una imagen apropiada pararían una guerra. Son esas cosas que todos
creemos cuando empezamos.
DB - "Eso me pegó en el estómago, porque de alguna manera creo que todavía tengo
esa ingenuidad. No cambiar el mundo pero sí de agregar un granito de arena para tratar
por lo menos de que algunas cosas cambien". Esa confesión tuya...
APR - Lo que ocurre es que al final comprendí que el mundo no se podía cambiar. Pero
también descubrí que al menos hay que pelear, aunque uno sepa que no va a ganar, aunque
sepa que van a ganar los malos...
DB - Ese ideal de alguna manera es un motor, una energía que te ayuda a pelear tu
trabajo.
APR - Al menos, que al malo le sangre la nariz; que, si gana, no gane gratis sino que le
cueste esfuerzo, que le cueste dolor y que vea que la gente no se deja vencer fácilmente.
Al fin resulta que lo único que justifica la vida es la pelea. ¿Merece la pena el tesoro
al final de la aventura? ¿Hay un tesoro? Qué más da; lo importante es buscar el tesoro,
lo importante es pelear. Detesto a los corderos que se dejan degollar, a los cristianos
que en el circo se dejan crucificar sin pelear; prefiero al que saca la espada y pelea,
porque a veces el hombre tiene que pelear para defender aquello en lo que cree, y el hecho
de pelear es lo que esto justifica.
DB - De tantos años de trabajo como reportero de guerra hiciste tus teorías sobre cómo
el público, la gente, los españoles, el mundo, miraban tus crónicas, cómo miran las
crónicas de un reportero de guerra.
"El periodismo me quitó muchas inocencias,
muchas palabras con mayúsculas, de ésas que suenan, como Honor, Patria, Bandera,
Religión. Me dejó a cambio otras igualmente útiles, buenas, nobles o dignas"
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APR - El mundo ha cambiado. Cuando empecé, a los 20 años, era un reportero;
era diferente. Ahora la televisión se ha convertido en un espectáculo y la gente mira
Sarajevo, mira Bosnia, mira la telenovela de la tarde y a veces ni siquiera distingue lo
que es real de lo que no es real. Me di cuenta de que la audiencia se está anestesiando.
Mis jefes me pedían cada vez más mujeres violadas, niños violados, espectáculo, y cada
vez menos información. Me di cuenta que era el momento de irse, no por honestidad sino
porque no era mi televisión, no era mi mundo. Yo había vivido en otro mundo durante 20
años, para mí lo importante es una noticia, no que un niño me contara cómo lo habían
agarrado seis serbios y lo habían destrozado. Al final decidí que era el momento de
irme, que tenía mis libros, mi velero, el mar y un montón de cosas en la cabeza. Ese no
era mi periodismo, me lo estaban cambiando.
DB - ¿Camino sin retorno? ¿No extrañás el periodismo a veces?
APR - No. Lo que pasa es que a veces, como todo, te salta el automático; a veces estoy
viendo la tele y veo Kosovo; para mí eso significaba inmediatamente un pasaporte, un
avión y estar al día siguiente allí. A veces digo "lo hubiera hecho así o asá,
de otra manera, este chico no lo hace bien", ese tipo de cosas que hacemos los
abueletes. Pero realmente he ganado otras cosas, sobre todo libertad. Ahora no tengo
jefes, le doy la mano a aquel a quien se la quiero dar y sobre todo tengo la libertad de
elegir mi mundo, mis amigos, hasta mis enemigos. Y, sobre todo, puedo navegar y leer
tranquilamente, no dependo ya de la autoridad para vivir.
DB - Cuando viste las imágenes de Kosovo ¿no sentiste ese automático que te dijo
"me gustaría estar allí"?
"Lo único que justifica la vida es la pelea.
¿Merece la pena el tesoro al final de la aventura? ¿Hay un tesoro? Qué más da; lo
importante es buscar el tesoro, lo importante es pelear"
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APR - Sí, me pasa a veces. Pero para consolarme me digo: "En realidad, lo
que añoras es tu juventud, Arturo; no añoras el trabajo". Como ya no soy joven, me
resigno. Fue una etapa muy importante para mí; sobre todo, le debo una mirada, una forma
de ver el mundo, que para bien o para mal es la mía y la que está en mis novelas. Por
eso no puedo renegar de esa etapa en absoluto, que además tuvo momentos horribles y
momentos muy felices. Pero el tiempo pasa y hay cosas que el hombre también debe hacer,
debe moverse, debe cambiar, debe ir hacia donde cree que debe ir.
DB - Antes de Kosovo, cuando estuviste aquí en 1996, hablamos del hecho de que en
"Territorio comanche" anticipabas que iba a haber más guerra en los Balcanes.
APR - Estaba muy claro, cualquiera que estuvo allí y vio aquello comprendía que eso no
iba a parar. En efecto, después el tiempo me dio la razón, pero no tiene ningún
mérito; no es que yo fuera adivino, era evidente para cualquiera que conociera aquello.
Los únicos que parecían no verlo eran los de siempre, los políticos, la OTAN, los
diplomáticos, la ONU, los que nunca ven las cosas hasta que ya no hay remedio. Pero los
que íbamos de infantería lo veíamos clarísimamente desde un principio.
DB - ¿Has vuelto a ver a tu viejo amigo José Luis Márquez, el camarógrafo de
Televisión Española que, dicho sea de paso, ahora está en Medio Oriente?
APR - Sí, está en Israel, el hombre sigue allí. Hemos navegado juntos, vino a navegar
conmigo este verano pasado. Cuando viene a Madrid me llama por teléfono, nos
emborrachamos y hablamos de los viejos tiempos. El sigue todavía al pie del cañón, en
Israel. Como él dice: "Es que no sé hacer otra cosa, ¿qué voy a hacer?". Y
sigue con su cámara, entre guerras y tiros.
DB - Sé que para Arturo Pérez-Reverte hablar de estas cosas es un poco pesado, más
allá de que es un pasado del cual no reniega, pero seguramente le interesa mucho más
hablar de literatura. Pero cuando el domingo 7 de mayo nos enteramos de que habían
asesinado a José Luis López de Lacalle, este periodista vasco, inevitablemente uno se
acuerda y piensa: "¿Qué estará pensando, qué estará sintiendo Arturo
Pérez-Reverte? ¿Lo conoció?".
APR - Sí; lo había visto dos veces en el País Vasco. Era un vasco de toda la vida,
aunque el apellido no era vasco. Vivió allí mucho tiempo, en Guipúzcoa. ¿Qué voy a
pensar? Lo que piensa cualquier ser lúcido ante la estupidez, el fanatismo y la
irracionalidad.
DB - Desde nuestro programa en Montevideo hemos tratado infructuosamente de proponerles a
algunos colegas tuyos periodistas en Madrid que contestaran a algunas cosas que nos ha
dicho la gente de Herri Batasuna, ya que es difícil hablar con ETA directamente. Ellos
sostienen o tratan de interpretar las acciones de ETA, atacando directamente a
periodistas, con críticas que involucran a los medios de comunicación en esta guerra de
la cual ellos dicen que participan. Aquí mismo, en esta radio, en estos estudios, Mikel
Korta, representante internacional de Herri Batasuna que visitó América Latina, nos
decía que para ellos los medios de comunicación españoles participan de la propaganda
anti-País Vasco, de la guerra mediática fortísima y que tergiversan permanentemente la
realidad, que desinforman sobre la verdadera situación del País Vasco, y que por lo
tanto forman parte de lo mismo.
APR - Hay una conspiración de toda España y todo el mundo.
DB - Los guardiaciviles y los periodistas somos lo mismo.
APR - Los ciudadanos también, todo el mundo que manifiesta en las calles también, todos
están contra ellos.
DB - ¿Hay algo de razonable en esto o no tiene ni pies ni cabeza?
APR - Lo que no hay es discusión posible. Yo entiendo que haya periodistas que no quieren
hablar del asunto porque es como discutir con una pared o con un pedazo de madera o con un
adoquín. No hay discusión posible, es la estupidez y el fanatismo llevados al extremo.
¿Qué vas a explicarles a las SS y a los nazis, a los serbios que estaban arrasando los
Balcanes? ¿Cómo vas a discutir con un tipo de gente así? No hay discusión ninguna con
un fanático, con un ignorante, con gente que se cierra en el analfabetismo mental para
escudar la barbarie. No hay ninguna discusión, entonces es normal que nadie quiera
discutir.
DB - Con respecto al tema vasco y a la ETA parece que el periodismo español en general ha
dado al mundo la imagen de que este conflicto es bastante independiente.
APR - Pero es que cualquiera que conozca la realidad social española... Es que están
hablando como si llegaran de Marte, parece que están hablando de un país que no existe.
Yo me niego a seguir hablando de este tema.
DB - Quería que alguien me contestara la pregunta, porque uno solamente escucha. Hace
poco escuchábamos los cuestionamientos de la gente de Herri Batasuna desde el País
Vasco...
APR - El mero hecho de discutir eso ya me parece una bajeza.
DB - ¿Cómo viste desde España todo el asunto Pinochet, donde España estuvo
extremadamente involucrada? ¿Cómo ves el tema de una Justicia internacional de ese tipo?
"Ahora la televisión se ha convertido en un
espectáculo y la gente mira Sarajevo, mira Bosnia, mira la telenovela de la tarde y a
veces ni siquiera distingue lo que es real de lo que no es real. Me di cuenta de que la
audiencia se está anestesiando"
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APR - A mí, independientemente del resultado final, de que Pinochet fuese a
Chile y esas cosas, creo que ahí se ha alumbrado algo, se ha puesto en el tapete algo que
es importante y que me entristece que no se haya resuelto del todo correctamente por miedo
o por timidez de mi propio gobierno. Yo creo que España tiene la obligación moral de
desempeñar... Hay un vínculo europeo, un vínculo de la vieja Europa, Europa como factor
moral en la sociedad occidental. Aquí, en Uruguay, en Chile, en Argentina, en todo lo que
es América Latina, España ha sido el puente de esa franja cultural y de memoria que nos
une y que creo que compartimos.
Creo que España ha tenido siempre -y tiene todavía- la obligación moral de desempeñar
no un papel de injerencia pero sí un papel de referencia. Y justamente con el asunto
Pinochet España volvió de alguna forma, aunque no fuese el gobierno sino una iniciativa
judicial, a desempeñar esa especie de presencia, de factor moral que creo que es
necesario realmente en el mundo en que vivimos cuando, además, la presión anglosajona es
tan intensa sobre nosotros. Cuando digo "nosotros" incluyo también a Uruguay,
Argentina, Chile, todo eso. Sin embargo el gobierno, por razones políticas y tácticas se
ha retraído, no se ha atrevido a ir más allá de lo poquito que ha ido. Pero creo que es
una lástima, que hemos perdido una oportunidad importante de afirmar y asumir esa especie
de referencia. Tiene que haber una especie de tribunal moral, independiente de lo que sean
los juicios concretos. Creo que estamos perdiendo la identidad que nos une, aquellos lazos
que nos están vinculando a todos. Es muy triste que eso ocurra.
DB - Hubo quienes criticaron la actitud de España en todo ese caso, en particular aquí,
en América Latina. Dentro del propio gobierno chileno, algunos de sus representantes
deslizaban una y otra vez el argumento de que España quiere ahora juzgar a Pinochet
cuando no se ocupó de juzgar a los responsables del Franquismo que hicieron tanto horror.
APR - El gobierno de España estaba incomodísimo con la situación. Eso fue una
iniciativa judicial, fue un juez y un movimiento ciudadano que apoyó a ese juez, pero el
gobierno estaba incomodísimo con todo eso.
DB - No hay que confundir al juez Garzón con el gobierno de España.
APR - Para nada, todo lo contrario, el gobierno español estaba como con una patata
caliente, deseando liberarse del problema. Cuando por fin a Pinochet lo mandaron a Chile
el gobierno español respiró aliviadísimo, eso te lo aseguro. Fue una iniciativa
judicial, de un juez y de una gente.
DB - Hemos forzado a Arturo Pérez Reverte a hablar de estas cosas porque en realidad me
parece que tienen que ver con buena parte de los fundamentos que luego lleva a su
literatura. Para Arturo hay una palabra un poco mágica que seguramente está en el origen
de casi todo lo que ha escrito, que es "memoria".
APR - Es cierto.
DB - Una de las cosas que evidentemente sacaste como conclusión -lo has dicho en muchas
oportunidades- de todos estos años de periodismo y de reportero de guerra es que mucho
del horror del cual fuiste testigo en buena medida ocurrió, sigue ocurriendo y va a
seguir ocurriendo en la medida en que los pueblos sean ignorantes de su propia memoria, no
tengan memoria, se olviden de su historia, del pasado, no se detengan a tratar de
comprenderlo.
APR - Así es. Si uno mira hacia atrás, eso hace que delante no vea las minas que le van
poniendo en el camino.
**************
DB - Esta tardecita, a las 19.30 horas, en la librería DVD, ubicada en el
segundo piso de Punta Carretas Shopping, Arturo Pérez-Reverte estará firmando ejemplares
de su última novela, que tenemos aquí sobre la mesa: "La carta esférica".
Tiene casi 600 páginas y supuso dos años y medio de duro trabajo.
APR - Sí, tuve que trabajar a base de cartografía, cosmología, arqueología
subacuática, historia y música. Sobre todo, tuve que revisitar toda la literatura del
mar -desde Homero- que leí en mi vida y refrescarla y aplicarla a la actualidad. Hasta
Alejandro Paternain, el uruguayo, está ahí, en esa novela.
DB - En este libro están tus dos grandes pasiones: el mar y la literatura. Tu historia
con el mar es de toda la vida, de niño salías a pescar con tu familia...
APR - Nací junto al mar en el Mediterráneo; es mi mar, de pequeño buceaba y sacaba
romanas del fondo del mar con mis hermanos y después las vendía a los turistas y cosas
de ésas. Para mí todo eso está muy vinculado a mi memoria. El mar es un tema que
siempre ha estado en mi vida, he navegado toda mi vida, lo que pasa es que estaba como en
la retaguardia, no aparecía para nada en mis novelas. Pero esta vez no. Las novelas son
como las mujeres: son ellas quienes te eligen a ti. Una historia dice "vas a
escribirme" y tú no puedes elegir. Yo estaba en una subasta de objetos náuticos en
Barcelona y de pronto me di cuenta de que esa historia tenía que escribirla ya. Y empecé
y escribí "La carta esférica".
DB - ¿Cómo fue la historia de esa subasta? Fuiste a buscar algo que te interesaba...
APR - Iba a comprar cartas náuticas del siglo XVIII.
DB - ¿Porque coleccionás objetos o todo tipo de cosas que tenga que ver con el mar?
APR - Más que coleccionar, digamos que me gusta tener libros y cartas náuticas, porque
yo navego también con cartas náuticas antiguas y me gusta.
DB - Si son originales, mejor.
"Las novelas son como las mujeres: son ellas
quienes te eligen a ti. Una historia dice 'vas a escribirme' y tú no puedes elegir"
|
APR - De eso se trata. En la subasta salió un juego de cartas náuticas que
para mí era muy importante. Fui a firme con él, en ese momento podía pujar por él,
empecé a pelear con otro tipo y cuando salí de allí con las cartas náuticas debajo del
brazo me di cuenta de que acababa de empezar a escribir mi nueva novela, que mi novela
empezaba así exactamente y que esta vez el mar sí iba a estar dentro de una de mis
novelas.
DB - También tenés capitanes mercantes en tu familia.
APR - Sí, varios. Mis cuñados lo son, mi tío lo es, mi padre lo fue aunque se alejó
del mar, mi abuelo también fue marino y toda la familia lo fue durante mucho tiempo. El
mar estuvo muy presente en mi vida y en mi memoria; lo está todavía.
DB - Y bicho raro tú, como escritor, ¿o no? Porque había muchos libros en tu casa.
APR - Es que eran marinos ilustrados; yo también. Hay una biblioteca muy grande. Yo
pensé en un momento determinado en ser marino mercante, como mi familia, lo que pasa es
que me tiraba más la libertad, la independencia, no depender de un barco ni de una
compañía, por eso me hice periodista, para viajar y moverme por ahí. Pero siempre
mantuve el vínculo. De hecho yo navego, tengo un velero, navego desde hace años y sigo
navegando ahora, ahora más porque ahora tengo más libertad y más tiempo. El mar siempre
estuvo ahí, tenía que aparecer en alguna de mis novelas y ha aparecido en ésta, y lo ha
hecho en forma espesa; son 600 páginas de mar.
DB - Pregunta tonta quizás, pero para perderle el miedo al mar no hay como hacerse al mar
de niño, ¿no?
APR - Claro. Yo al mar le tengo miedo todavía. Más que para perderle el miedo -el miedo
no se pierde nunca-, para decidirte a moverte en el mar con libertad, para estar cómodo,
hay que conocerlo desde niño. Pero al mar le tienes miedo todavía. Cuando el viento sube
a 40-45 nudos y empiezan a pegarme olas de seis o siete metros, digo: "Dios, ¿qué
va a pasar aquí?". Claro que tengo miedo.
DB - Arturo Pérez-Reverte pasa buena parte de su año navegando. De hecho, después de
estas visitas por América Latina vuelves a España y vuelves a navegar.
APR - Sí, voy un mes a las Islas Eólicas, al Sur de Italia o Sicilia, a navegar un poco,
a leer y descansar de toda esta campaña.
DB - ¿Tu barco tiene límites en cuanto a hasta dónde te animas a ir o no?
APR - No tiene límites, lo que pasa es que me gusta mucho el Mediterráneo, yo nací
allí, es un mar en el cual tú navegas -está en la novela- y puedes estar viendo un
templo romano; buceas y hay ánforas romanas, ves los olivos, ves un castillo cruzado, ves
una muralla bizantina. Es como estar navegando en una especie de biblioteca de tu memoria.
Eso le da un encanto tan especial para mí que es el mar que más me gusta. Aunque he
navegado por otros, en ése es en el que estoy más a gusto de todos. Es mi mar.
DB - ¿Te llevás equipo de buceo siempre?
APR - Sí, llevo todo: libros, equipo de buceo... Llevo con lo que poder vivir a bordo
durante el tiempo que quiero.
DB - Vas solo.
APR - A veces sí y a veces no, pero a menudo voy solo.
DB - El próximo viaje es con tu esposa y tu hija.
APR - Sí, voy a irme con mi mujer y mi hija.
DB - Ya saben lo que es.
APR - Mi mujer es capitán de yate, tiene también la titulación y le gusta el mar tanto
o más que a mí. Además ella es de tierra adentro, es una montañesa alta, rubia, de
tipo celta, pero descubrió el mar conmigo, se enamoró de él y ahora tiene su
titulación y navega tanto o más que yo.
DB - Esta novela tiene ingredientes de tus novelas anteriores. Uno va a reconocer a Arturo
Pérez-Reverte, pero también aparecen allí de una manera muy fuerte dos temas que te
importaron mucho: la mujer, una de las dos protagonistas es una mujer y te ocupas mucho de
ellas, y luego el héroe cansado, a pesar de que no es muy viejo.
APR - Es que no hace falta ser muy viejo para estar cansado. Yo a veces me siento
cansadísimo. Según la vida que lleves te cansas más o menos, se te cansan ciertas
cosas.
DB - El protagonista, Coy, es un marino de 38 años.
APR - Sí... Pero, sobre todo ella... Es la mujer, un tipo de mujer que me fascina porque
uno al final descubre que el hombre da vueltas por ahí por el mundo y por la vida
buscando respuestas a preguntas cuya respuesta no tiene y resulta que un día descubre que
la mujer las tiene todas, aunque ella misma no sepa que las tiene. La mujer tiene una
especie de biblioteca personal genética de la que el hombre carece. Yo tengo una teoría:
durante mucho tiempo el hombre ha estado con la guerra de Troya, el fútbol, en el bar de
la esquina, hablando fuerte, siendo muy viril, muy machote, y la mujer estaba callada,
cosiendo, mirándonos, rehén de nosotros, pariendo hijos para después enterrarlos, sobre
todo mirándonos junto al fuego y en silencio. Esos largos siglos de silencio le han dado
una especie de lucidez, de conocimiento, de sabiduría, de la que el hombre carece.
DB - No solemos darle importancia.
"La mujer tiene una especie de biblioteca
personal genética de la que el hombre carece. Esos largos siglos de silencio le han dado
una especie de lucidez, de conocimiento, de sabiduría, que el hombre no tiene"
|
APR - Claro, pero ella tiene esa capacidad de reflexión y de análisis lúcido
de la que el hombre carece. Cuando la mujer decide pelear por algo, salir de esa cocina,
de ese fuego, de ese silencio, y pelear por algo en lo que cree o algo con lo que sueña,
es tan decidida, a veces tan cruel y tan dura, mucho más que el hombre. Porque ella no
tiene retaguardia; si fracasa no tiene dónde meterse, si fracasa no tiene más que volver
otra vez al fuego de la cocina. Por eso a veces es tan cruel cuando es cruel. El hombre
puede ser malo por estupidez, por ignorancia, por lo que sea; la mujer es mala por
necesidad, por supervivencia. El día que descubrí eso para mí el mundo cambió de punto
de vista. Eso está en la novela, es uno de los móviles de "La carta
esférica".
DB - A pesar de todo decís por allí que una carta de navegación te permite bastante
bien guiarte en el mar pero que no hay carta que valga para una mujer.
APR - Es verdad. El problema de Coy, en esta novela, es que él es un marino, navega por
el mar y sabe que en el mar hay cartas náuticas, faros, derroteros, sextantes... Hay un
montón de medios para navegar por el mar, pero no hay ninguna carta náutica que ayude a
navegar por una mujer. La mujer, por todo lo que he dicho antes, es un enigma, un
misterio, a veces un peligro; los hombres se pierden como los barcos en el mar y en la
costa. Para ella no hay ninguna carta que enseñe a navegar, hay que navegar a ciegas, con
los riesgos que eso implica. El navega a ciegas por una mujer y eso lo pone en una serie
de peligros que el lector deberá averiguar si lee la novela.
DB - Has dicho que, como interés intelectual, en los últimos tiempos el mayor que
encuentras está a menudo en las mujeres.
APR - Es la única tentación que queda. Hay una serie de tentaciones para las que el
tiempo te va templando: la ambición, la lujuria, el poder, la aventura, pero la mujer
como tentación intelectual creo que es la única última gran tentación. Es el único
gran misterio, la esfinge que el hombre no ha podido develar es justamente la mujer, esa
Mujer con mayúscula que resume a todas las mujeres del mundo. Hasta una niña de siete
años... Te voy a contar una cosa: una vez mi hija Carlota, cuando tenía nueve años, me
dijo "¡pero papá...!", con un desprecio tal que dije "no puede ser, no ha
tenido tiempo de aprender a despreciar a los hombres de esa manera, nadie la ha engañado,
nadie le ha mentido". Eso no es aprendido, eso es genético, está en su memoria
genética esa especie de lucidez para saber que el hombre a menudo es despreciable. Eso me
hizo pensar mucho, todo eso me ha ido llevando a lo que ahora he intentado escribir en
"La carta esférica".
DB - ¿Tu madre vive?
APR - Sí, vive todavía. Es una de esas mujeres mediterráneas, también callada, de ojos
oscuros y mirada sabia, que están ahí.
DB - ¿En ella encontraste estas cosas también?
APR - Claro, es que no hablo de una mujer, hablo de cualquier mujer. Creo que el hombre no
es capaz de percibir a menudo lo que hay tras esos silencios. O sea, hay silencios de
mujeres que son tan elocuentes, tan devastadores, más que las palabras. A mí me han
marcado más -te doy mi palabra de honor- silencios de mujeres que palabras de mujeres.
¿Qué te digo de una espalda silenciosa una noche? Esa espalda de una mujer silenciosa
que te da la espalda y tú estás diciendo: "¿Qué es? ¿Qué dije, qué no dije,
qué hice?". Y calla, calla y calla. ¿Qué tiene esa mujer en la cabeza? Hay
silencios de las mujeres que ponen a los hombres en su sitio.
DB - Además son las que guardan mucho mejor que nosotros la memoria, los tesoros, todo
eso.
"Hay un montón de medios para navegar por el
mar, pero no hay ninguna carta náutica que ayude a navegar por una mujer. La mujer es un
enigma, un misterio, a veces un peligro; los hombres se pierden como los barcos en el mar
y en la costa"
|
APR - El hombre es un cazador que entra y sale, pero donde queda la simiente,
todo el crisol, el fuego del hogar, el eje de todo es la mujer, ella está ahí. Nosotros
vamos y venimos y morimos... Yo he visto sociedades, en Africa, donde el hombre va y viene
y la madre es madre de varios hijos y los padres dan igual, es ella la que está creando
ese entorno, ese núcleo, ese crisol. Por eso es tan importante y sobre todo tan
enigmático y tan misterioso. Todos nuestros miedos, nuestras pasiones, nuestras
angustias, nuestros temores, nuestras preguntas si uno se acerca despacio, con humildad a
la mujer, la mira, intenta estudiarla, tocarla, saber por qué, penetrar, descubre que las
respuestas están ahí.
DB - ¿Algunas te impactaron más en tus años de reportero de guerra, donde diste la
vuelta al mundo?
APR - Claro.
DB - ¿Cuáles? ¿En qué país?
APR - Pues... ¿te refieres a mujeres en las ciudades o mujeres en general?
DB - Mujeres de nacionalidad, porque el mundo es muy diferente. Seguramente no es lo mismo
una mujer en Yugoslavia...
APR - Pero eso no va por lugares, va por circunstancias. La guerra para mí ha sido muy
importante; 21 años de guerra me han hecho ver muchas cosas que a lo mejor en la vida
normal tardaron mucho más tiempo en verse. En la guerra es donde yo he aprendido a mirar
a la mujer. El valor, la entereza... La mujer es mucho más entera que el hombre, mucho
más dura. Hay un ejemplo: tú te pones enfermo y vas al médico y te lleva tu mujer. Tú
ves en el medio del hospital a los viejitos que llegan con las señoras: "Siéntate
aquí que ahora viene el médico". Cuando la mujer nota un bulto en el pecho o se
siente mal ella va al médico sola, se calla y no se lo dice a nadie. Hay una fortaleza
moral, una especie de fuerza, de coraje personal, por necesidad -supongo- genética, de la
que el hombre carece. En la guerra he visto al hombre pelear valientemente, pero la
capacidad de resistencia ante el horror, de sobreponerse ante el horror y continuar viva
en mitad del horror porque tiene hijos a los que defender o hijos a los que parir, eso
solamente lo he visto en la mujer.
DB - ¡Qué nombre le pusiste a esta mujer! Tanger Soto. ¿De dónde salió ese nombre?
APR - El Soto es una cuestión mía, es un guiño personal a mi memoria. El Tanger me
gustaba cómo sonaba, suena bien, suena duro, suena corto, suena recio y es una ciudad
mediterránea, del Norte de Africa, de Marruecos. Me gustaba el sonido Tanger, siempre me
ha gustado mucho para una mujer. Además nunca conocí a una mujer que se llamara Tanger,
así que creí que era una buena forma de llamarla.
DB - En este libro hay muchos homenajes -algunos más visibles, otros más ocultos- a los
grandes escritores que hicieron del mar su escenario.
APR - Toda la literatura del mar que leí desde niño está ahí.
DB - Citada, incluso, en algunos casos.
APR - Directa o indirectamente, explícita o implícitamente, están. Ya te digo que está
hasta Paternain, que para mí es un clásico. Además, respeto muchísimo a don Alejandro;
su novela "La cacería" es extraordinaria y forma parte de mis libros de culto.
También hasta hay una referencia no directa que cualquier lector de Paternain reconoce
enseguida.
DB - Te refieres al uruguayo Alejandro Paternain.
APR - Leí "La cacería", me encantó y dije: "Cómo es que a este tipo no
lo conocen en España? Esto es una barbaridad". Hablé con mis editores y les dije:
"Mirad qué novela tan estupenda" y la publicaron allí. Además, se vendió muy
bien. Cantidad de gente -amigos, lectores-me dice por la calle: "He leído el libro
de su amigo Paternain, me ha gustado, gracias por decirnos que existía ese libro".
"La cacería" para mí es un clásico, es un libro de culto, un libro
extraordinario.
DB - En España se vendió muy bien.
APR - Muy bien. Ahora va a salir otro, que es "Los fuegos de sacramento", que
espero se siga vendiendo bien.
**********
DB - Terminaste esta novela, "La carta esférica", en el filo del 99, para
Navidad.
APR - Sí, la terminé en los últimos días del año.
DB - Dejamos el tema de la mujer; me decías que es un tema como para hablar despacio...
APR - ...y sentarse con una copa y muchas horas por delante; no es para hablar así en un
momento.
DB - Vamos a hablar de la cocina de éste y otros libros, un tema del cual algo hablamos,
pero que de alguna manera nos llama la atención a los periodistas cuando entrevistamos
escritores: nos encontramos cada vez más con escritores que van al pasado, que quieren
servirse del pasado para la ficción, para sus novelas, y por lo tanto se van a bucear a
ese pasado como tú lo haces en la realidad bajo el mar, investigan mucho, leen mucho, se
documentan para luego recién comenzar a escribir. Sobre la base de esa acumulación de
información, en la investigación, la documentación comienzan a aparecer la novela y la
ficción. Se lo preguntaba a Mario Vargas Llosa hace pocos días y él decía esto:
(Grabación:)
"MARIO VARGAS LLOSA:
Yo creo que pocos escritores escriben sólo a partir de la imaginación; creo que la
memoria es un ingrediente esencial de la creación literaria, que uno recurre siempre a un
material que está almacenado allí en el recuerdo, y que busca en esas imágenes
situaciones, personajes, la materia prima a partir de la cual fantasea. Por lo menos esa a
sido mi experiencia. Todos los libros que he escrito, incluso los que parecen más
desconectados de la realidad objetiva, tienen siempre unas raíces en la experiencia
personal. Hay algunos escritores que tienen una vocación más hacia lo puramente
imaginario, otros menos; yo creo que estoy entre los que están más cerca diríamos del
realismo.
"DB - Pero, la historia, los documentos, ese largo proceso de casi tres años que a
usted le llevó este trabajo, ¿es una fuente de inspiración importante?, ¿la
inspiración va apareciendo a medida que uno entra en contacto con la historia, con los
documentos, en todo ese proceso largo de investigación?
"MVLl - Exactamente. Esa investigación, en mi caso, no es para encontrar una verdad
histórica y trasponerla en la ficción, ni mucho menos. Esa documentación es para
familiarizarme con un ambiente, con un medio geográfico, social, cultural, y mentir con
conocimiento de causa; es decir, fantasear, inventar, imaginar, a partir de una realidad
que me es familiar, en la que me siento más o menos instalado, con desenvoltura; esa es
la razón de ser de la investigación".
(Fin de la grabación)
DB - Mario Vargas Llosa decía esto a propósito de "La fiesta del chivo", su
última novela, que por otra parte leíste. Tu última novela te llevó dos años y medio,
mucha investigación y mucha lectura de la historia.
"El mar es un museo lleno de bibliotecas. Mi
concepto del mar es el del Mediterráneo, un mar muy rico, muy lleno de cosas. Es la
enorme losa de una tumba en la cual hay cantidad de cosas dentro que todavía están
vivas, a diferencia de las tumbas de verdad"
|
APR - Estoy de acuerdo con Vargas Llosa; realmente es así, la historia te
ayuda a mentir con propiedad. Pero yo añadiría una cosa más: que en estos tiempos de
desmemoria y desmantelamiento de los mecanismos culturales que hemos tenido siempre, la
memoria nos ayuda a entender el presente. Justamente, el problema del hombre actual es que
es como un huérfano sin memoria, a merced del primero que llegue, que nos manipula.
Justamente, a la hora de plantear, de analizar un conflicto narrativo que permite situar
una acción en el presente, la memoria, el mirar hacia atrás, te ayuda a entenderlo
mejor.
Yo no tengo casi ninguna novela histórica; casi todas ellas utilizan la historia como un
mecanismo para entender mejor el presente, para explicarlo, abrir esa puerta, esa
biblioteca, ese recorrido, esos eslabones de la cadena para poder entender lo que nos
está pasando. En ese sentido la historia no solamente es necesaria; es imprescindible. Y
la documentación. Creo que el escritor que intenta hacer una historia, la que sea,
prescindiendo de la memoria, de la mirada hacia atrás, aunque ésta esté detrás como
perspectiva, como sostén, aunque no aparezca de una forma explícita en la novela, comete
un error. La memoria es fundamentalísima, nada se crea de la nada y no hay ningún lector
que pueda moverse por la nada.
DB - En este libro, de hecho, uno de los grandes temas que mueven el hilo de la acción es
que esta mujer, Tanger Soto, busca a este hombre, Coy, a este marinero que está
suspendido, sin trabajo, por un tiempo, para irse a buscar un tesoro que está bajo el
agua.
APR - A buscar un barco hundido que desapareció dos siglos antes, donde puede haber un
tesoro, puede haber un misterio, hay un enigma ahí que ella quiere descubrir.
DB - Cosa que los uruguayos conocemos bien, porque también está de moda por aquí que
algunos salgan a buscar barcos hundidos. Es una zona muy rica en eso últimamente. Allí
para ti también hay una metáfora en esto de la memoria; también dijiste que el mar -no
sé si es una imagen poética o es una convicción para ti- es uno de esos sitios donde
mejor se conserva.
APR - El mar es un museo lleno de bibliotecas. Mi concepto del mar es el del
Mediterráneo, un mar muy rico, muy lleno de cosas. Es la enorme losa de una tumba en la
cual hay cantidad de cosas dentro que todavía están vivas, a diferencia de las tumbas de
verdad. El mar que me creé en mi novela era ése, el mar como biblioteca, como clave y
como fuente de enigmas, de vida y de aventura. Todavía es posible. Además hay otra cosa:
que, en realidad, en un tiempo en que la gente sueña mirando la tele, yo quería mostrar
con esta novela que aún es posible encontrar un barco hundido, un misterio, a veces un
amor, en el metro, en una copa, en un amigo, en una aventura, un viaje, lo que sea. Cuando
el hombre mira ya es mirada hacia atrás, buscando claves e interpretaciones, y todavía
puede encontrar aquello que justifique la vida, que aún es posible ir de "A" a
"B" y en ese camino transformarse, aprender y volver más lúcido, más sabio;
vivir, en suma.
DB - A los ciudadanos de este mundo nos hace falta ir a buscar atrás, saber de dónde
venimos.
APR - Es que es necesario; sin esa mirada estamos listos, no somos nada. El hombre es un
eslabón que se apoya en otros eslabones, es así como debe ser. Aparte, yo soy un lector
que accidentalmente escribe, entonces una novela además es un pretexto para leer. Durante
esos tres años de preparación estás leyendo, estás continuamente aprendiendo cosas
nuevas. Tú también te transformas en el curso de esa aventura, también escribir es una
aventura fascinante.
DB - Te gusta releer. ¿Estás releyendo algo?
APR - Yo releo habitualmente; hay un momento de la vida en el cual relees más que lees,
es el momento en el cual ya has pasado cierto "ecuador" importante en tu vida.
Yo releo muchísimo, sobre todo los clásicos españoles de los siglos XVI y XVII, y releo
mucho también a los latinos, los clásicos latinos y griegos, porque los tengo en la
cabeza y además me son útiles para muchas cosas. Pero para esta novela además releí
toda la literatura del mar. ¿Tú sabes lo que es leer otra vez "Moby Dick" o
"La isla del tesoro", pero esta vez con la visión de adulto? No es lo mismo
leer "Moby Dick" con 10 años -cuando lo hice, la ballena era la mala- que
leerlo con 48 -ahora la ballena es la buena-; el mundo cambia, cambia tu corazón, cambia
la forma de leer los libros y cambian los libros. Lo hermoso es ver cómo un libro leído
con 10 años era una cosa y ahora es otra. Que los libros están vivos y forman parte
también de la vida y la aventura.
DB - Arturo me decía que leyera "La carta esférica" en el verano. Yo les
diría que la lean en este invierno, porque va a venir muy bien sumergirse en esta
historia que Arturo nos regala con la intención de hacernos pasar un muy buen rato y de
despertar en nosotros toda clase de cosas de las buenas.
Cuéntanos brevemente de "Gitano", un guión que has hecho para cine.
APR - Un amigo productor de cine quería hacer una película determinada, me pidió un
guión y, como era muy amigo, decidí hacerlo como cosa muy excepcional. Lo hice, la
película se rodó en Granada con Laetitia Casta, la modelo francesa, y con Joaquín
Cortés. Es un film policíaco en el mundo de la música flamenca moderna en Granada. Yo
estoy muy contento de la historia; ahora la están montando y se estrenará en setiembre
en España. Todo el mundo dice que está muy bien. Laetitia estaba espléndida, verla
actuando... Para mí fue una sorpresa, pensé que era una niña tonta, pero resulta que es
una mujer muy inteligente, que además trabajó mucho y lo hizo muy bien. Joaquín
Cortés, que es un encanto, es amigo mío, también. Fue una experiencia muy agradable.
DB - ¿Qué tal es como actor? Porque lo conocemos como excepcional bailarín.
APR - Está bien; no es un actor, evidentemente, pero trabajó, se preparó, estudió
durante meses, lo tomó muy en serio. No era una aventura, era realmente un trabajo. La
película es muy solvente, no la he visto montada todavía, he visto lo rodado. Me gustó
mucho, así que espero que el montaje me guste también. De cualquier forma, en este
otoño podremos verla.
DB - La cultura gitana está allí muy presente.
APR - El flamenco moderno en España es importantísimo, no tiene nada que ver con el
flamenco clásico, es diferente. Es un mundo fascinante. Meter una historia policíaca
dentro de ese mundo para mí fue un desafío y espero que haya quedado bien.
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Transcripción: María Lila Ltaif Curbelo
Edición: Julieta Sokolowicz
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