Entrevistas Radio El Espectador Uruguay


Carlos Fuentes: "Una novela funda
una realidad nueva. Es creadora
de realidad, y no sólo reflejo de ella".


Primera parte: El ciudadano

 

Montevideo Shopping

EN PERSPECTIVA
Lunes 05.03.99, hora 09.45.


DIEGO BARNABE:
Se encuentra con nosotros el escritor mexicano Carlos Fuentes, quien sin embargo nació en Panamá, en 1928, y debido a los cargos que desempeñó su padre en el servicio diplomático, pasó parte de su infancia y su adolescencia en Estados Unidos, Chile y Argentina.

Autor de una vasta obra que incluye novelas como "La muerte de Artemio Cruz", "Cambio de piel", "Zona sagrada", "Terra nostra", "La cabeza de la hidra", "Gringo viejo", "Cristóbal nonato", escribió también guiones cinematográficos, obras de teatro y ensayos como "El espejo enterrado". En 1993 publicó "El naranjo", un texto con el que cierra el ciclo narrativo que llamó "La edad del tiempo", y en 1995 conocimos "La frontera de cristal", una novela en nueve cuentos, que analiza la separación entre México y Estados Unidos a lo largo de 200 años.

Fuentes llegó al Río de la Plata para presentar su última novela, "Los años con Laura Díaz", que publicó Alfaguara. ¿Dónde pasa la mayor parte de su tiempo: en México o en los aviones?


"Hace 40 años, un escritor hablaba en nombre de los que no tenían voz. La sociedad civil era sumamente débil y la responsabilidad del escritor muy clara. Hoy la sociedad civil va ganando espacios, se manifiesta con una voz propia, y el escritor tiene menos representatividad que en el pasado. Pero le queda la enorme responsabilidad de ejercer su ciudadanía"

CARLOS FUENTES:
No, en México y en Londres. Paso la mitad del año en Londres porque allí escribo mucho: me levanto a las cinco de la mañana, escribo de seis a 12; tengo un día muy pleno para leer y escribir sin interrupciones... Miro hacia fuera y el clima es tan malo que no dan ganas de salir; la comida es muy mediocre y tampoco da ganas de salir; la gente es muy fría, ... Es perfecto para escribir. Llego a México, donde paso la mitad del año, y entonces me meto en las amistades, la política, las entrevistas, las conferencias ante el público, el contacto con los jóvenes... Son dos vidas distintas, aunque una es tan productiva como la otra.


DB - Y en México vive en el antiguo barrio de San Gerónimo, en los suburbios de Ciudad de México.


CF - Sí, si es que se puede hablar de suburbios en esa gran mancha en que se ha convertido la Ciudad de México.


DB - Vivió también en París, cuando fue embajador. Usted dijo alguna vez que aceptó ese cargo como homenaje a su padre.


"Me acaban de otorgar un premio 'por servicios a la civilización latina'... Yo no sé qué servicios le he dado a la civilización latina, pero si ellos deciden que es así, yo encantado"

CF - Sí, porque mi padre fue un diplomático de carrera. Entró a los 25 años, se jubiló a los 70; dedicó su vida a la diplomacia mexicana, y siempre había soñado con ser embajador en París. Cuando me lo ofrecieron dije: "En nombre de mi padre, lo voy a aceptar". Fue muy poco tiempo, dos años. Yo no estaba hecho para la carrera diplomática.


DB - ¿No volvería a hacerlo?


CF - No, no lo volvería a hacer.


DB - Usted fue premio Cervantes 1987, y en 1994 recibió el Premio Príncipe de Asturias de las Letras. Este último, "por su aporte a la cultura y su contribución a la solidaridad internacional y al progreso de los pueblos". ¿Cómo se traduce ese fallo en usted como escritor?


CF - No sé. Nunca he hecho más que lo que siento que debo hacer, independientemente de los premios. Ahora me acaban de otorgar un nuevo premio que me van a dar en Rio de Janeiro el 1º de junio, que se concede por primera vez: el Premio de la Latinidad. Lo dan la Academia Francesa de las Letras y la Academia Brasileña de las Letras, "por servicios a la civilización latina"... Yo no sé qué servicios le he dado a la civilización latina, pero si ellos deciden que es así, yo encantado.


DB - Pero, de todas maneras, usted alguna vez definió el papel del escritor latinoamericano, recordando incluso los dichos de Pablo Neruda sobre la obligación del escritor latinoamericano.


"A veces, grupos de estudiantes me lanzan a Presidente. Yo les contesto como García Márquez cuando le dijeron que Vargas Llosa se había lanzado a presidente del Perú, y García Márquez respondió: 'No, porque yo sí gano'. Ese es el problema: ganar y luego resultar que no es uno tan buen político"

CF - Sí: él decía que el escritor latinoamericano carga a su pueblo sobre su espalda. Creo que esto, en cierta manera, es menos cierto hoy en el sentido de que, hace 40 años, un escritor hablaba en nombre de los que no tenían voz y la sociedad civil era sumamente débil; hubo todos los regímenes represivos en América latina, entonces la responsabilidad del escritor era muy clara. Creo que hoy, a medida en que la sociedad civil va ganando espacios en América latina y se manifiesta con una voz propia, el escritor tiene menos representatividad que en el pasado. Pero le queda una enorme responsabilidad que es la de ser un buen ciudadano, la de ejercer su ciudadanía.


DB - ¿Fuera de lo que escribe?


CF - Creo que un escritor cumple con su obligación social mediante la imaginación y el lenguaje. Una sociedad sin lenguaje, sin imaginación, es una sociedad que perece presa de las peores catástrofes. Por algo Hitler y Stalin mandaban quemar libros, encarcelar escritores. Hay una función ahí que incluso el escritor más "apolítico" está cumpliendo al escribir bien. Ahora, aparte de eso, podemos tener (como lo tengo yo, como lo tiene García Márquez, como lo tiene Vargas Llosa, una inclinación ciudadana de acción política, de acción ciudadana; eso es otra cosa.


DB - Usted ha mencionado alguna vez novelas que cumplían la doble función: "Cien años de soledad", "Conversación en la catedral", "Rayuela"...


CF - Yo creo que toda gran novela cumple esa doble función. Indudablemente refleja la realidad, pero funda una realidad nueva. Esto no hay que olvidarlo nunca: una novela es creadora de realidad y no sólo reflejo de ella.


DB - De todas maneras, la política es una de sus pasiones.


CF - Sí, sí; absolutamente. Más en un país como el mío, que está pasando de 70 años de monopartidismo con el Partido Revolucionario Institucional a una nueva realidad democrática, pluripartidista, que podemos decir que está bien asentada, porque ya el 53 por ciento de los mexicanos están gobernados por partidos de oposición al PRI.


DB - Usted ha dicho que la vive con pasión también como periodista.


CF - Sí: escribo mucho. Me encanta el periodismo, escribo dos columnas al mes para el periódico Reforma, en México, para el sindicato de Los Angeles Times que las distribuye por varios países de habla española, en El País de Madrid... Me gusta estar muy cerca de la realidad cotidiana, de la política cotidiana en el mundo, porque creo que estamos en una época de una gran transición, de un siglo a otro, de un milenio a otro, con interrogantes terribles acerca del futuro. Tenemos que pensar muy seriamente en lo que está ocurriendo y lo que puede ocurrir.


DB - ¿Y no tuvo tentaciones políticas, no las tiene?


"Es siempre muy halagador encontrar jefes de Estado inteligentes. No es por echar un piropo, pero yo quisiera que Sanguinetti fuera presidente de toda América latina, ¿verdad? Creo que es el presidente más inteligente que hay en toda América latina, junto con Fernando Henrique Cardoso"

CF - No. A veces hay grupos de estudiantes que me lanzan a Presidente, pero yo les contesto como contestó García Márquez, una vez que le dijeron "Bueno, Vargas Llosa se lanzó de presidente del Perú. Usted ¿por qué no hace lo mismo?". Y García Márquez respondió: "No, porque yo sí gano" (risas). Ese es el problema: ser escritor, ganar, convertirse en presidente y luego resultar que no es uno tan buen político.


DB - ¿Prefiere leer la política desde su tribuna de escritor?


CF - No: participar como ciudadano. Prefiero escribir, hablar y actuar, pero como ciudadano.


DB - De todas maneras, en diferentes reuniones, usted se ha codeado con algunos líderes del mundo: los presidentes Clinton, Mitterrand, Chirac, el rey de España y otros. ¿Qué le dejaron esos contactos?


CF - Me dejan la convicción de que el poder y la cultura son dos cosas muy diferentes. Que cada una tiene sus virtudes y deber haber un respeto mutuo. Es siempre muy halagador como persona encontrar jefes de Estado inteligentes. Esto no es por echar un piropo, pero yo quisiera que Sanguinetti fuera presidente de toda América latina, ¿verdad? Creo que es el presidente más inteligente que hay en toda América latina, junto con Fernando Henrique Cardoso. Creo que son las dos personas más esclarecidas. Pero Clinton es un hombre extremadamente inteligente, culto; no se puede estar siempre de acuerdo con su política, pero él personalmente es un hombre que ha leído mucho y que es muy inteligente, François Mietterrand lo era también... Hay otros de los que prefiero no hablar.


DB - ¿Y cómo cree que salió parado Clinton del caso Lewinsky?


CF - Creo que salió bien parado, porque fue obviamente una conjura de la extrema derecha norteamericana (podemos dar todos los nombres, sabemos quiénes son los actores de esta intriga, cuáles fueron los intereses) y creo que salió bien parado porque resistió esta inquisición digna de Torquemada. Vamos a ver cómo sale parado de Kosovo, que ese es otro problema: puede que de ahí no salga tan bien parado y su Presidencia salga muy, muy dañada por los problemas que el presidente Clinton no previó al meterse en esta aventura en Yugoslavia.


DB - Usted cree que, más allá de lo que tenga o no de cierto o de invención el affaire Lewinsky, cree que fue una campaña dirigida contra él.


CF - No me cabe la menor duda. Le puedo dar todos los nombres, todas las conexiones... Ya son bien conocidas.


"Clinton salió bien parado del 'caso Lewinsky, que fue una conjura de la extrema derecha norteamericana; resistió esta inquisición digna de Torquemada. Vamos a ver cómo sale parado de Kosovo, que ese es otro problema: puede que de ahí no salga tan bien y su Presidencia salga muy dañada por los problemas que Clinton no previó al meterse en esta aventura"

DB - El Carlos Fuentes que hemos leído más recientemente aquí es el analista de los temas internacionales, particularmente en las páginas de El País de Madrid. Y sobre el caso Pinochet y el proceso judicial que se le sigue en Londres ha escrito por lo menos dos artículos que leímos a través de Internet, el primero titulado "¡Viva Chile, mierda!", recogiendo la popular expresión chilena. En él cuenta su relación con Chile, y que usted define como "intensa, entrañable e inevitable". Porque vivió en Chile...


CF - Crecí en Chile entre los 10 y los 15 años, de manera que estoy muy ligado a ese país. Lo quiero muchísimo; es el país que me enseñó a leer, a escribir y a pensar en español.


DB - No es poca cosa para usted.


CF - No es poca cosa.


DB - Y el caso Pinochet le movió a otras reflexiones en otro artículo, donde habla sobre una de las víctimas en particular, Orlando Letelier, asesinado en 1976 en Washington. Lo conoció personalmente.


CF - Mucho, mucho. Lo conocí en Chile, lo traté mucho en Washington, y él me dio descripciones inolvidables del carácter del general Pinochet, de su sumisión, de su manía de halagar día y noche al presidente Allende y a los miembros de su gabinete para introducirse en las cenas del gabinete del Presidente, de cómo le pedía al ministro Letelier el derecho de cargarle su maletín, de cepillarle las espaldas... "Me daba la impresión", me dijo Letelier, "de que Pinochet era un ayudante de peluquería pidiendo eternamente una propina".

Era un hombre totalmente torcido: la mañana misma del golpe se presentó ante Letelier, ministro de la Defensa, a jurar la lealtad del Ejército a las instituciones, y esa noche, cuando entró Letelier a su oficina, los soldados lo agarraron a golpes, lo metieron a la cárcel, y ahí acabó la fidelidad proclamada del general Pinochet, el gran traidor a la democracia chilena.


DB - ¿Cómo evalúa usted el proceso seguido en Inglaterra, el pedido de extradición de España con el reclamo de Chile de juzgarlo en su país, de tener su propia jurisdicción para llevarlo a la Justicia?


"El fin de la Guerra Fría reveló la existencia de múltiples culturas en el mundo, con distintas aspiraciones, y hemos enfrentado a la aldea global con sus supuestas virtudes, y por otro lado la aldea local con sus retornos ancestrales, que habían sido escondidos debajo del tapete por el maniqueísmo de la Guerra Fría"

CF - Por una parte, el general Pinochet mal puede alegar soberanía para ser juzgado en Chile, si él mismo entregó la soberanía de Chile a los Estados Unidos. No hubiera llegado al poder sin el apoyo de Henry Kissinger, del Departamento de Estado, de la CIA, del gobierno de Nixon en general. De manera que no tiene derecho a hablar de soberanía.

Lo importante en este caso -y es una de las cosas buenas de este fin de siglo- es que hemos sido testigos de la universalidad de los derechos humanos y la no prescripción de los delitos contra la humanidad que se haya cometido. Esto es algo sumamente importante en el caso Pinochet, es lo que resalto más, aparte del desagrado que me pueda causar la figura de este militar.


DB - Pero ¿considera que está bien que intervengan tribunales de otros países...


CF - Por supuesto, por supuesto.


DB - ...para juzgar a chilenos?


"Milosevic ha violado derechos en Yugoslavia, pero no se puede responderle con una alianza que viola todos los principios del derecho internacional y hace a un lado totalmente a las Naciones Unidas. No me parece la respuesta justa. Creo que sólo se agranda el problema"

CF - Por supuesto, por supuesto. Si uno lee todos los convenios sobre derechos humanos, contra la tortura, que se han venido firmando en los últimos años, un juez tiene derecho -por un solo caso- a invocar en otro país esas convenciones puesto que las han firmado todos los países. Todos son parte, sobre todo cuando se ha torturado o asesinado a ciudadanos de un país, un juez de ese país tiene la perfecta obligación de reclamar in toto la aparición del personaje implicado y reclamar in toto, nuevamente, la violación de derechos humanos.


DB - En ausencia de un tribunal internacional permanente para juzgar delitos contra los derechos humanos, y que usted cree que sería necesario, imprescindible.


CF - Yo creo que está, y el que ha puesto la única objeción es Estados Unidos. El tribunal está ya previsto para establecerse en Roma, y no tiene más que un obstáculo que es que los Estados Unidos se niegan.


DB - Finalmente, a propósito de estos artículos que usted ha escrito, el miércoles pasado usted escribía sobre el conflicto en los Balcanes, en particular sobre el drama de Kosovo: "Kosovo y el nuevo orden internacional". ¿Cree que las causas de este conflicto encajan en un nuevo orden internacional?


CF - No, al contrario: impiden que se cree un nuevo orden internacional, pero revelan lo difícil que se va a ser crearlo. Parecía una cosa tan bella, tan justa, tan inmediata, tan accesible, cuando el presidente Bush proclamó el Nuevo Orden Internacional y el historiador norteamericano Francis Fukuyama proclamó el fin de la Historia. ¡Vaya orden y vaya fin de la Historia: estamos metidos más que nunca en la Historia, en conflictos terribles, y el fin de la Guerra Fría reveló la existencia de múltiples culturas en el mundo, con distintas aspiraciones, y hemos enfrentado a la aldea global con sus supuestas virtudes, y por otro lado la aldea local con sus retornos ancestrales, que habían sido escondidos debajo del tapete por el maniqueísmo de la Guerra Fría, y que ahora han reaparecido.


DB - Globalización que para usted tiene defectos y virtudes.


CF - Y virtudes, cómo no.


DB - En ese artículo, usted dice que un estatuto de autonomía para Kosovo dentro de la unidad de la nación es una solución factible, como lo demuestran las autonomías españolas.


"Si se entrega todo el poder diplomático a un solo país, donde la señora Albright tiene, por su origen checoslovaco, resentimientos y complejos contra los regímenes comunistas del Este y toda la situación de la Europa central, pues esto colorea definitivamente la política de los Estados Unidos"

CF - Creo que sí, que sería la solución lógica. Aunque, claro: Milosevic es un tirano intratable, sangriento, pero no se le puede responder con la violación del derecho internacional. Milosevic ha violado derechos dentro de Yugoslavia, pero no se puede responderle con una alianza que viola todos los principios del derecho internacional y hace a un lado totalmente a las Naciones Unidas. No me parece la respuesta justa. Creo que sólo se agranda el problema.


DB - Usted establecía en ese artículo algún tipo de comparación con la situación de Chiapas en su país. ¿Son situaciones comparables?


CF - No son comparables: el problema de Chiapas tiene una solución, el Ejército Zapatista que encabeza el Subcomandante Marcos es un ejército pequeñísimo, prácticamente desarmado, y no tiene más fuerza que la de la razón y la moral. No tiene otra fuerza, no podría liberar una batalla; el Ejército mexicano lo podría destruir en 24 horas. No es este el caso: el caso es cuál va a ser el estatuto de los pueblos y comunidades indígenas de México en el futuro.


DB - Usted insiste una y otra vez en que todo es posible, pero todo debe discutirse y resolverse en un ámbito de pleno ejercicio de la democracia.


CF - Y de la diplomacia, diría también.


DB - ¿Por qué la diplomacia?


CF - Porque creo que hay otros muchos problemas que no se resuelven por falta de pericia diplomática, entre ellos el de Yugoslavia.


DB - Sin embargo, la impresión que uno tiene es que la diplomacia no ha servido para mucho, ¿no?


CF - Porque quizá falta imaginación y maneras de conducir hábilmente la diplomacia. Si se entrega todo el poder diplomático a un solo país, donde por ejemplo la señora Albright -muy respetable secretaria de Estado- tiene una serie de resentimientos y complejos por su origen checoslovaco, en contra de los regímenes comunistas del Este y toda la situación de la Europa central, pues esto colorea definitivamente la política de los Estados Unidos.

El presidente Clinton debería estar por encima de esto; creo que el mundo está muy arrepentido de lo que ha pasado y habría buscado otras maneras de negociar, y creo que estamos en la obligación -los latinoamericanos por un lado y los europeos por el otro- de incidir sobre los Estados Unidos lo más posible para hacerles ver los peligros que entraña su política. Porque bombardear desde el aire no va a resolver el problema de Kosovo, y entrar con tropas significa entrar a un callejón sin salida. Tito derrotó a la Wermacht, y nadie sale de la guerra de guerrillas desde las montañas de Yugoslavia. De manera que los Estados Unidos están en un brete.


DB - Para volver a México y a Chiapas, redondeando este capítulo político, usted decía hace cuatro años que era imprescindible completar la transición hacia la democracia en su país. ¿Cómo evalúa esa transición en la actualidad?


CF - Estamos en la transición, en el sentido de que va a haber una elección en el año 2000, y va a ser muy interesante ver si, por primera vez, el PRI pierde el Poder Ejecutivo, el poder presidencial. Esto podría ocurrir, dependiendo de muchos factores. Ya se percibió un cambio porque el PRI ha estado en el poder durante 75 años, de manera que perder el poder ahora sería una novedad muy grande para México.


Segunda parte: la literatura

-------------------
Transcripción y edición: Jorge García Ramón