La primera radio uruguaya en Internet

Miércoles 22 de agosto de 2001

  Ediciones anteriores
 Noticias
 Entrevistas
 La Tertulia
 Análisis político
 Economía
 Editoriales
 Especiales
 Deportes
 Documentos
 La audiencia opina
 Cultura
 Dinámica rural
 Correo de Vos
 Nacidos Para Perder
 Planetario
 Café Torrado
 Uruguayos por
 el mundo
 Empresariales
 Ojos de la Radio
 Tímpano
 Rodolfo Bebán
Acerca de la Radio
 Temas abiertos
 Spam
 Programación
 Publicidad
 Nuestra Gente
 75º aniversario
 Archivo de voces
aEscríbanos!

 


La agenda de En Perspectiva en estos tiempos de crisis


Comentario a cargo de Emiliano Cotelo.


Opinión En Perspectiva
Miércoles 22.08.01
 - Hora 07.00


En estos tiempos de crisis económica, pocas cosas son fáciles.  Eso es “de perogrullo”.  Pero, en particular, estos tiempos de crisis económica son tiempos difíciles para hacer periodismo.  O, por lo menos, para hacer periodismo en un programa radial como este.

¿Por qué lo digo?

Porque la proporción entre malas y buenas noticias resulta demasiado fuerte a favor de las primeras. 

Y aquí, EN PERSPECTIVA, nos interesan mucho más las buenas noticias que las malas. 

Esta confesión es, como se darán cuenta, una definición importante.

En EN PERSPECTIVA nos gusta mucho más informar buenas que informar malas. 

Francamente, en este programa NO disfrutamos con las calamidades, las catástrofes, los errores, las inconductas, la corrupción, los abusos...

No. 

Disfrutamos, sí, cuando podemos destacar algo bien hecho, un avance científico o una mejora en lo social.

Disfrutamos, sí, cuando podemos informarles sobre  un descubrimiento, una creación o sobre una inversión importante que va a generar empleo...

En suma, disfrutamos cuando podemos verificar, aunque sea mínimamente, que nuestro país mejora, que el Uruguay se agranda, que todos crecemos un poco.

Y en estos tiempos de crisis, esas noticias escasean y, en, cambio, abundan las otras: las amargas.

Y, lo que es peor, aquí, EN PERSPECTIVA, estamos convencidos de que esas malas nuevas, así amontonadas, son, a su vez, alimento para la crisis. 

Pero además, yo me coloco del otro lado del receptor y me pregunto: si yo estuviera en mi casa a esta hora, siete de la mañana, escuchando la radio, ¿bancaría un programa todo cargado de pálidas?  ¿Tendría ganas de arrancar el día acompañado por un catálogo de problemas y de bajones, por más que fueran reales e indiscutibles?

No sé.  Creo que todos necesitamos respirar. 

Creo que, aunque queramos tener los pies bien puestos en la tierra, también necesitamos la cuota de esperanza.  Y eso no implica ser escapistas.

Si la oferta informativa sólo cae para el lado negro, invariablemente; y si esa tendencia se mantiene durante tres años y sin perspectivas de cambio, quizás yo mismo, puesto como oyente, terminaría escuchando un ratito la radio pero después apagando o poniendo música.  Y esa reacción posible de la audiencia, claro, nos preocupa.

Porque es bastante natural eso de terminar matando al cartero, si el cartero sólo nos trae malas noticias; y si no llegamos al extremo de matarlo, probablemente sí optemos por no abrirle la puerta o, antes que eso, no lo aguardemos con ninguna expectativa.

Francamente, no nos interesa que ustedes nos esperen sin entusiasmo.

Y ahí está uno de nuestros desafíos de cada mañana en estos tiempos de crisis.

¿Cómo hacer para que nuestro menú refleje la realidad pero al mismo tiempo no abrume?

¿Cómo hacer para dar espacio a la luz y al aliento, sin que, por eso, nos estemos evadiendo de la verdad?

La respuesta es bien complicada, y no hemos encontrado la fórmula todavía. 

Pero quería contarles que ese problema está siempre en nuestra cabeza, cada mañana, antes de salir al aire, y cada mañana, un poco más tarde, cuando nos reunimos a planificar los programas que vendrán.

Otro día seguimos hablando de esto.