Un relator uruguayo
exitoso en Argentina
Entrevista con Víctor Hugo Morales.
EN PERSPECTIVA
Lunes 13.01.97 - Hora 09.10
Transcripción: María Lila Ltaif
Edición: Julieta Sokolowicz
EMILIANO COTELO:
Después de haber estado con sus amigos de Cardona, después de haber dormido poco y muy
poco rato antes de emprender viaje otra vez a Buenos Aires, Víctor Hugo Morales ha tenido
la amabilidad de venir a los estudios de El Espectador a conversar con nosotros y con la
audiencia en este momento.
Víctor Hugo, mucho gusto, porque en realidad no nos conocíamos, nunca habíamos charlado
antes.
VICTOR HUGO MORALES:
Estoy encantado de participar y pido disculpas por esta disfonía que tiene que ver con el
esfuerzo de anoche, que era el primer partido del año, con esa tenida bastante brava que
tuvimos con mis viejos amigos del pueblo de Cardona y con no haber dormido nada, porque no
sé quién durmió anoche con la humedad tremenda que había. A mí me costó muchísimo y
al final, a las 6.30 de la mañana, me bajé de la cama y me fui a tomar un café. ¿Qué
iba a hacer?
E.C. - Casi 50 años, ¿no?
V.H.M. - 49 cumplí en diciembre del 96.
E.C. - ¿Mejor no pensar todavía en los 50?
V.H.M. - ¿Por qué no? No hay problema con los años.
E.C. - Tengo aquí, sobre la mesa (y después volvemos a la edad), el comentario tuyo de
anoche al final del partido. Está en el suplemento de El País: "Víctor Hugo es la
mitad de la cancha". Lo titula Jorge Savia, y señala que tú dijiste: "Este
empate es un buen resultado para los dos equipos. Un segundo tiempo jugado con ganas, con
dinámica, por dos equipos decididos a ganar, aunque para ninguno de ellos la igualdad
final sea un mal resultado. Por eso quizás el hincha uruguayo se retira un tanto serio;
no es un resultado encantador para el hincha oriental, claro. Uruguay tuvo estupendas
oportunidades de ganar pero Argentina también las ha tenido. En definitiva, fue un
partido jugado en forma viril, pero respetuosamente, que no tuvo una sola jugada desleal
en los 90 minutos".
Vayamos un poco más al detalle. ¿Cómo viste el enfrentamiento?
V.H.M. - A Uruguay, muy por encima de lo que evidentemente venía jugando. Y a Argentina,
también la vi muy superada. Creo que el gran mérito de Uruguay es haber merecido en el
balance general el triunfo contra la mejor selección argentina que ha jugado fuera del
país en todas estas eliminatorias. Y te diría que contra un equipo argentino que ni
siquiera de local supera su producción de ese segundo tiempo. Por allí pasa, entonces,
el mérito de un equipo que tuvo buenas individualidades pero que nunca dejó de jugar
como equipo, aún con ese estilo un poco lentón y anunciado que caracteriza al fútbol
uruguayo, pero con dos buenos marcadores de punta, Paolo Montero en un excelente nivel, la
jerarquía de Herrera, la personalidad de Moas, el esfuerzo denodado, guapo pero
totalmente en desventaja de Francescoli. Me parece que Uruguay, de haberlo tenido a
Francescoli bien, aún con la buena producción de Argentina, pudo haber ganado el
partido. Me parece que aunque hubo algún punto arriba de Uruguay en las tarjetas, si
hubiera sido boxeo ganaba Uruguay. Pero también Argentina tuvo alguna ocasión y alguna
de ellas malograda por una decisión muy torpe de un línea en una escapada de Battistuta,
que se iba camino al gol. Así que hechas todas las cuentas y considerando los otros
resultados, a mí me parece que es como para quedarse satisfechos.
Para mí era el resultado ideal. Porque entre el corazón oriental y los intereses que me
ligan al seleccionado argentino por dos motivos (un poco por el afecto que me generan
todos estos años de relación con aquel medio y de gratitud, y también porque a ésta
selección argentina yo la apoyo mucho, la veo con buenos ojos y tengo mis peleas
internas, ésas que vivimos los periodistas en el medio argentino, porque yo creo que este
equipo va estar en el campeonato del mundo, que es mucho mejor de lo que se dice en
Argentina, donde se lo está discutiendo enormemente, donde Passarella está siendo
constantemente víctima de una especie de polémica y de ataques de un buen sector del
periodismo-, a mí el cero a cero me vino de perillas.
E.C. - Justamente, lo que nos preguntábamos muchos anoche es cómo encara Víctor Hugo
Morales la transmisión de un partido tan especial como el de ayer.
V.H.M. - Yo tengo un profundo espíritu de justicia, deploro hacer este elogio, porque sin
duda un hombre con espíritu de justicia es un hombre elogiable, por lo menos en esa
faceta de su personalidad, y como los detalles objetivos estoy acostumbrado a enfrentarlos
con una opinión muy firme al cabo de tantos años, durante el partido a mí no me pasa
nada. Yo digo las cosas como las siento. Critiqué al línea cuando cobró esa posición
adelantada de Battistuta; opiné que no fue penal una mano que hubo en el área argentina,
porque me pareció que era casual; consideré que Tais mereció una tarjeta amarilla en un
agarrón, en una escapada de Ortega en que lo volteó y el juez no le mostró tarjeta
amarilla. También critiqué eso, así como por otro lado hubo jugadas en las que señalé
una cierta torpeza o criterio acomodaticio del árbitro brasileño favoreciendo al equipo
argentino en alguna ocasión, también cuando había alguna tarjeta amarilla para mostrar
y no la exhibía. Y en una jugada en la que Uruguay estaba con el arco libre, pudo haber
metido un gol y él inventó una falta técnica o una cosa por el estilo, típico de los
árbitros que quieren sacar la pelota de las áreas si les es posible. Así que a mí no
me pasa nada.
E.C. - Eso fue durante el partido. Pero, ¿qué pasa en lo previo?
V.H.M. - En lo previo, tampoco. Después del partido a veces vienen algunos disgustos,
aunque a veces no haya relatado. Tengo una anécdota verdaderamente llamativa, porque
además involucra de una manera decepcionante para mí a la propia Justicia del país, o a
un sector o a un intérprete de la Justicia del país. Hace un año hubo un partido
Uruguay-Argentina jugado en Punta del Este, que yo no relaté, pero alguien escuchó a un
relator que se me parecía, un canalla refugiado en el anonimato que tiene una columna en
un diario sin firma y publicó en el diario El Observador un ataque tan virulento, tan
repugnante a mi condición de uruguayo que motivó que le hiciera un juicio. Porque parece
una torpeza si yo hubiera relatado, porque nadie puede evaluar a un profesional que diga
las cosas honestamente, pensando que atrás de esto puede haber intereses vinculados a su
nacionalismo o a la traición a sus raíces. Entonces hice un juicio y hace muy poco nos
llevamos la sorpresa, con el doctor Gustavo Sayes, que me representaba, de que para Raquel
González Tornaría, que representó al ministerio público, la decisión era de sobreseer
porque se habían equivocado, porque había cometido un error este periodista de El
Observador y consecuentemente, el diario, quizás porque después no tenía más remedio,
apoyó a este periodista.
Fijate a dónde llegan la crueldad, el resentimiento, la cobardía y la capacidad de ser
canalla de una persona, que ya hubiera sido injusto totalmente si yo hubiera relatado,
pero yo no había relatado, ni siquiera había ido a la cancha.
E.C. - ¿La confusión vino porque tu suplente tiene un estilo parecido al tuyo?
V.H.M. - En este momento, al cabo de 30 años relatando, hay muchísimos relatores que se
me parecen. Habría sido como confundir -en el mismo momento en que convivían en el dial-
a Kessman con Solé; se parecen históricamente, pero hay diferencias. Aquí hay un
resentimiento previo, que es el que origina muchísimas veces que se diga: "¿Y éste
para dónde patea, al cabo de tantos años?". ¿Cómo puede pensar que mi vida, si
soy un hombre feliz o no, puede ser modificada por el resultado del partido de anoche?
¿Qué puede quitarle a mi vida -si no le agrega- un triunfo de Uruguay? ¿Qué puede
darle una victoria de Argentina? Es muy torpe pensar de esta manera, pero de todos modos
es muy curioso cómo yo tengo que enfrentar el hecho profesional del micrófono, porque se
despiertan comentarios cuando uno está opinando a la velocidad en la que por otra parte
se genera un relato deportivo. Y después, a consecuencia de ese mismo partido, en una
revista que sale con un diario, dirigida por uno de esos hombres que justamente son más
víctimas de su mediocridad porque no saben si llegaron por ellos o porque tuvieron la
suerte de casarse "bien", ocurrió que un oyente, alguien con una cuota muy
alta, también, de resentimiento, escribió que yo no relataba los partidos de Uruguay y
Argentina porque no me animaba a relatar un gol de Uruguay, cuando yo he relatado decenas
de partidos entre uruguayos y argentinos. He relatado partidos en campeonatos del mundo
entre Uruguay y Argentina, y no cambió mi vida ni la de nadie porque yo haya tenido que
relatar un gol argentino en el campeonato mundial del 86, por ejemplo. Y lo relaté con
énfasis, con sobriedad, obviamente; era una cosa muy rara estar gritando un gol contra
Uruguay más largo que lo que yo normalmente habría gritado si hubiera estado haciendo mi
trabajo para una audiencia uruguaya. Esto fue publicado con una foto y todo, porque en
muchísimas personas existe a veces esta insanía de pensar desde las interiores bajezas
que puedan tener cómo reacciona una persona frente a este tipo de compromiso.
Así que vos fijate de qué manera puede repercutir después lo que yo diga en un relato
de los partidos de Uruguay y Argentina.
E.C. - En la primera situación mencionaste al diario que había hecho el comentario; en
la segunda, no.
V.H.M. - Es muy evidente, si hago la precisión, a quién me refiero. Y lo único que me
falta, por estas cosas que menciono, es terminar yo enjuiciado. El primer caso es claro,
tengo un juicio, mantengo ese juicio pese a que al ministerio público le pareció
fantástico que alguien se pueda equivocar tan desdorosamente contra otra persona; pero en
el otro terreno no, porque la mención, al hacerse expresa, me comprometería. El que lo
sabe, lo sabe, y el que no...
E.C. - Agrego yo: fue en el diario El País, ¿verdad? Porque además el diario publicó
una carta tuya muy severa unos días después.
V.H.M. - Que yo no tenía intención de que fuera publicada. Si esto fuera tal como vos lo
decís, hubo un episodio que tiene que ver con una carta que yo envié a título personal
al doctor Daniel Scheck porque estaba verdaderamente mortificado por la insensatez que por
lo menos se cometía y la tremenda injusticia en un diario con el que yo he tenido tan
cordiales y buenas relaciones toda mi vida.
E.C. - Estábamos hablando de cómo te resulta transmitir un partido como el de anoche y
el énfasis terminó viniendo hacia cómo se te observa desde aquí, desde Uruguay.
¿Cómo es en Argentina? ¿El público argentino a esta altura del campeonato, 15 años
después de que tú te instalaras en Buenos Aires... ?
V.H.M. - 16 años van a hacer en febrero.
E.C. - ¿...sigue teniendo presente tu nacionalidad, tu origen, o ya estás asimilado
totalmente? ¿Sigues sintiéndote un "intruso", como te autodenominaste en el
libro?
V.H.M. - El público de Argentina, que es particularmente afectuoso, me considera "el
uruguayo". Ser un tipo conocido es placentero, sobre todo en la ciudad de Buenos
Aires. Te miman mucho, te acarician mucho, y uno se siente muy bien. Pero para el público
de Argentina yo sigo siendo el relator uruguayo que llegó hace 16 años y que es visto
como una persona absolutamente fiel a sus raíces, que menciona constantemente a su
pueblo, a su departamento, a su gente, a sus viejos amigos. Los comentaristas, quienes
escriben de mí, jamás dejan de mencionar esta condición de individuo uruguayo, aunque
yo sea ya más bien un tipo rioplatense, como casi lo marca mi destino. Yo soy de una
ciudad del litoral uruguayo, que miraba más a Buenos Aires que a Montevideo. Yo soñé
primero con Buenos Aires que con Montevideo, no por culpa mía sino por las estructuras
del país.
E.C. - Y empezaste tu carrera radial trabajando en Radio Colonia, nada menos, que es una
emisora absolutamente fronteriza, más argentina que uruguaya, ¿no?
V.H.M. - Absolutamente. Empecé cuando tenía 16 años. O sea que, pese al pasaje de 10
años que después tuve por Montevideo, de alguna manera estoy ligado a Argentina y a su
radiotelefonía desde hace 32 años, va a hacer 33 años.
E.C. - ¿Cuán a menudo vuelves al Uruguay?
V.H.M. - En circunstancias concretas, muy puntuales; a grabar un aviso, a ver a mi tía si
se enferma, por un compromiso deportivo... Pero mi vida está hecha demasiado atrapado en
Buenos Aires. Yo trabajo todos los días de mi vida, no tengo días libres. Tengo
audiciones todos los días, de lunes a viernes a las siete de la tarde, los sábados a la
una de la tarde, obviamente hay fútbol cinco o seis veces por semana, y yo relato tres o
cuatro. No tengo manera de escaparme porque sí, necesito un pretexto como el que por
ejemplo se generó ahora, o que sea el verano, cuando vengo con mi familia a Punta del
Este.
E.C. - Hace unos minutos tú hablabas de algunas reacciones tristes que por tu desempeño
en Argentina y por el hecho de tener un pie en cada lado del río se han producido en
nuestro país. Pero también hay de las otras. Te pido que escuches, por ejemplo, lo que
decía hace muy pocos días Roberto Moar, que desde ayer es el relator de los partidos de
fútbol aquí, en El Espectador, al frente de esa disciplina, en una propuesta que es
bastante más amplia, que abarca todos los deportes y que se llama "Fútbol, rock and
show". Así calificaba su estilo Roberto Moar:
(Grabación: )
ROBERTO MOAR:
"Yo soy de los que cree que por lo menos los más jóvenes, a diferencia de los
relatores un poco más veteranos, no tenemos como modelo a don Carlos Solé. Por una
razón muy simple: no lo escuchamos o no vivíamos el fútbol a través de don Carlos. Y
tenemos como modelo a Víctor Hugo, que indudablemente es el maestro de los relatores
jóvenes. Cuando pasa el tiempo y nos pregunten a toda esta camada de relatores jóvenes
que venimos quién ha sido nuestro maestro, no tengo dudas de que todos diremos: Víctor
Hugo.
"Víctor Hugo ha revolucionado, indudablemente, la radiotelefonía y el relato, ya no
digo a nivel uruguayo, sino a nivel sudamericano, porque es un fantástico narrador. Y en
esa ruta, en ese camino que abrió además el Nene con varias vertientes, los más
jóvenes hemos escogido cuál es el que más nos gusta o el que nos provoca más placer,
insisto, porque aquello del disfrute del relato para mí es bastante importante. Y será
un relato ágil, dinámico, con muchas opiniones, con muchas intervenciones, viviendo el
partido a pleno, pero viéndolo también desde los otros sectores donde haya puestos de la
810, de La Banda, para que realmente la banda suene permanentemente, al compás del
fútbol y -ojalá- de muchos goles de la selección".
(Fin de la grabación)
E.C. - Víctor Hugo, ¿cómo reaccionas tú ante este tipo de elogios, de reconocimientos?
V.H.M. - A mí me abruma. Me provoca un inmenso pudor, digo gracias desde lo más profundo
de mi corazón, y esto tiene que ver -como vos bien decías- con la otra cara de una
moneda que a veces te puede mostrar estos episodios disgustantes. Viene de un muchacho
joven, que quizás coherentemente con la cuestión generacional tiene que ver conmigo como
relator, me hace sentir que he dejado una huella, me hace sentir muy bien. Como anoche,
porque debo decirte que yo relaté muy cerca de cientos de aficionados uruguayos que
estuvieron en contacto conmigo durante toda la noche. El trato fue cordialísimo, de una
inmensa calidez. A mí me cuesta creer que al cabo de 16 años todavía la gente se
acuerda de mí. Eso que viví ayer en el estadio me hace inmensamente feliz y esto que
escucho ahora de Roberto me provoca también una gran alegría.
E.C. - No es Roberto Moar el único que ha dicho que Víctor Hugo Morales revolucionó el
relato del fútbol y no sólo en Uruguay, sino bastante más allá, según Roberto incluso
a nivel sudamericano. ¿Cómo evalúas eso tú mismo? ¿Qué balance has hecho de tu
aporte al relato de partidos de fútbol?
V.H.M. - Yo creo que sí he dejado una huella...
E.C. - ¿Cuál es esa huella, cómo la has pasado en limpio tú mismo?
V.H.M. - Es un relato que tiene que ver con una mayor espontaneidad, con más ritmo, con
más búsqueda de la precisión, de nombrar a todos los jugadores que toman la pelota, por
los que pasa el balón. Pasa por anticiparse, por opinar mientras se va relatando, por
incorporar elementos que tengan que ver con el humor, con los conocimientos que uno va
adquiriendo de otras actividades, con el título de una película, de una obra de teatro,
de un libro, de una frase que se ha leído; alimentarse de los hombres que son capaces de
hablar con metáforas, poéticamente. Uno puede decir: "Son las siete de la tarde y
el día se está terminando". O puede decir: "Un persistente crepúsculo se
resiste a que se terminen las emociones de este domingo fascinante", usando en este
caso borgianas; qué sé yo... Y ahí seguís. Tiene mucho también de verso, de búsqueda
con los ojos cerrados de imágenes que puedan emocionar y hacer participar a la gente de
lo que está ocurriendo. Eso desacartonó el relato deportivo, lo hizo espontáneo, vital;
me parece que hubo un cambio y que de alguna manera yo tuve bastante que ver con eso.
E.C. - Una de tus herramientas fundamentales para ese estilo que definiste es el
vocabulario. Tengo la impresión de que hasta que tú apareciste en escena el léxico de
los relatores de fútbol era relativamente limitado.
V.H.M. - No el de don Carlos, que era un intuitivo formidable, que tuvo algunas frases que
verdaderamente marcaron la necesidad y la posibilidad de los hombres de buscar una
metáfora hasta para dar una información. Yo creo que es lindo hablar de la mejor manera
cuando tenemos un idioma tan agradable. Y don Carlos, qué sé yo... Aquello de "el
león herido sacude su melena" en el 54, en mi niñez, no es lo mismo que decir
"un equipo muy valiente" e impostar la voz para tratar de dar a entender la
emoción con el tono. Es muy lindo hacerlo también a través de las palabras. Don Carlos
fue un extraordinario maestro de un relato de otro tiempo, quizás con otra lentitud,
salteándose algunas jugadas, yendo más estrictamente a lo que importaba, sin transitar
por tantos detalles, sin permitirse demasiado el humor; más bien en un tono de hombre que
estaba dando órdenes, porque así era él.
Cuando un chico se me aproxima para preguntarme qué puede hacer para relatar, le digo:
"Leé mucho". Porque justamente hablando a toda velocidad durante 90 minutos, en
una tarea que puede hacer cualquiera (porque fijate que relatar fútbol es algo que puede
hacer cualquiera que tenga buena voz, una cierta resistencia y buen golpe de vista) no
necesitás ningún elemento cultural. Esto es muy peligroso, es una trampa, porque al vos
poder hacer tu trabajo muchas veces no te esmerás para nada y recurrís a las mismas
palabras y a los mismos latiguillos durante absolutamente toda tu vida. En cambio, si sos
una persona que lee, que se alimenta, que se preocupa de lo que decíamos antes, de buscar
algún camino a través de la poesía, de las metáforas, de lo que otros han escrito...
Porque hay gente que ha tenido la sabiduría de pensar y de decir las cosas para que
nosotros, si no somos capaces de crearlas, por lo menos las asimilemos.
E.C. - Hay una pregunta que me he hecho después, con el tiempo, cuando ya te habías ido
a la República Argentina y cuando por lo tanto aquí se te podía escuchar poco: ¿cómo
hace ese relato de Víctor Hugo Morales, tan caracterizado por el ritmo, para transmitir
fielmente un partido que en realidad es lento? ¿No se corre el riesgo de distorsionar lo
que está pasando?
V.H.M. - Conviven frente al micrófono el relator y el periodista. Si a mí me pidieran
una definición de qué soy profesionalmente, yo diría que soy un periodista que relata.
Aunque no sé si bueno, malo o regular. Esto me coloca en dos actitudes frente al
micrófono. La primera es objetiva: el ritmo, la dinámica, la pelota siempre está en
movimiento aunque el partido sea lento. Eso pasa por mis recursos de relator. Y después
está la parte ética periodística, que tiene que ver con la mención que yo hago a la
calidad del partido o a lo que está ocurriendo. Entonces hay ocasiones en las que
mantengo el ritmo del relato porque la gente está acostumbrada a ese ritmo radial, pero
la parte de comentario, la parte crítica del partido, está aclarando expresamente qué
es lo que yo creo que se está viendo en esos momentos.
E.C. - Y por último, a propósito de tu relato -tú lo marcabas hace un rato y después
aparecía el testimonio de Roberto Moar-, hay muchos relatores jóvenes o más jóvenes
que tú, tanto en Argentina como en Uruguay, que han seguido tu escuela, algunos que se
parecen muchísimo. ¿Cómo te resulta eso? Y podríamos decir, como segunda parte de la
pregunta, ¿quién es tu mejor alumno?
V.H.M. - Me resulta muy halagüeño.
E.C. - ¿Halagüeño? ¿No te fastidia que te imiten, como podría ser una reacción?
V.H.M. - No; me gusta, me hace sentir muy bien, me hace comprender que efectivamente he
dejado una huella. Es fascinante que alguien haya caminado por la calle hablando solo y
tratando de relatar como uno, o poniendo ese tono de voz, o recorriendo el camino de las
mismas palabras.
En este contexto, yo creo que hoy en día el relator alterno que me acompaña en Radio
Continental, que es de mi pueblo, de Cardona, hijo de mi profesor de dibujo, con el que
nunca yo aprobé un examen (siempre iba a diciembre, en diciembre lo perdía y en febrero
otro me hacía el dibujo y entonces sí yo aprobaba, mientras yo hacía las cuentas)...
E.C. - Supongo que el profesor ya sabe eso.
V.H.M. - El profesor ya ha fallecido, pero supo...
E.C. - ... que tú terminabas aprobando con el dibujo hecho por otro.
V.H.M. - Nunca un dibujo mío fue aprobado por el papá de este relator que es José
Gabriel Carbajal. Yo creo que se produce en él un caso sorprendente; él tiene
verdaderamente mi mismo tono de voz, y con años y años escuchándome, te imaginás lo
que es un muchacho de mi pueblo. Si para otros relatores yo puedo ser un referente, para
alguien nacido en Cardona imaginate que naturalmente en sus ganas de ser relator todo lo
recorrió acompañándome. Y tiene, milagrosamente, un tono de voz muy pero muy parecido.
Esto hace que muchísimas veces hasta se den confusiones sin que él sea un imitador.
Los que son deleznables son los que te imitan robándote palabras y recursos radiales, y
nadie se da cuenta. Esto sí es muy irritativo. En Argentina -pero no quiero dar nombres y
convertir esta nota en una cuestión de confrontación, ya bastante transité por eso sin
haberlo pensado-, hay gente que toma maneras de trabajar, actitudes frente al micrófono y
después las da como propias. Y esto sí es imitación con trampa, sin el reconocimiento
expreso que tiene aquel relator que se parece y no lo disimula.
E.C. - Destacaste a tu alterno en las transmisiones en Radio Continental en Buenos Aires.
¿Y en Uruguay?
V.H.M. - Yo no sigo mucho los casos de los relatores uruguayos. Walter Hugo, que ahora
está en Rosario, en Argentina, se me parecía un poco, creo. Yo digo estas cosas con
cierto pudor, a ver si ofendo o termino molestando a alguien por yo permitirme interpretar
que su relato se parece al mío. Por ahí dice: "Yo jamás he querido imitarte, no
creo que me parezca a vos". Pero me parece que Walter Hugo también tenía algunos
parecidos. Son todas cuestiones generacionales; son muchachos que a los 13 o 14 años me
escuchaban a mí cuando yo en el año 76 o 77 empezaba a ser una figura más o menos
importante en el relato de deportivo.
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SEGUNDA PARTE
E.C. - Víctor Hugo Morales tiene 49 años recién cumplidos, nació en Cardona, en la
frontera entre Colonia y Soriano, desde hace 16 años se estableció en Buenos Aires,
donde es hoy el relator de fútbol más popular, y está por estas horas en Uruguay, para
relatar el partido de anoche y para descansar con su familia. De ahí que apenas termine
este reportaje se suba al ómnibus con destino a Punta del Este. ¿Hasta cuándo?
V.H.M. - Hasta el 20 o el 21, cuando empezaré otra vez con los relatos continuadamente;
ya viene todo el fútbol del verano. En realidad empieza esta noche, pero José Gabriel se
hace cargo los primeros 10 días, después descansa él, después vuelvo a descansar yo;
nos vamos turnando en enero y febrero.
E.C. - A propósito de periodismo deportivo, me llamó la atención especialmente un
comentario, una opinión que diste durante una entrevista que te realizó la revista Tres
en el mes de setiembre. Es un tema que varias veces me da vueltas en la cabeza. Tú
dijiste: "No todos los relatores y comentaristas de fútbol son periodistas, aunque
trabajen dentro del periodismo. El periodismo exige una actitud visceral, ética, de
fiscalía de control, de conductas; el periodista es un fiscal que actúa en nombre de la
gente". ¿Cómo ves al gremio de los periodistas deportivos?
V.H.M. - No puedo ser demasiado elogioso. Me parece que en la mayoría de los casos no hay
un esfuerzo por mejorar; quizás esto lo van a cambiar los jóvenes, los que vienen
empujando de atrás. Se establecen -cuando hay éxito- en el éxito y muchas veces, si no,
en el fracaso. En algún punto se quedan y no hay ansias de superación. ¿A qué le llamo
yo deseos de superarse? A la sensación de que uno nunca sabe nada. Qué sé yo... Viene
el campeonato mundial del 98; como vos dijiste, tengo 49 años, y hace un año y medio que
estoy estudiando francés. Yo sabía algo del liceo y cuando iba a Francia podía pedir un
vaso de agua, comer, preguntar dónde estoy parado; pero no me servía para hacer un
reportaje. Entonces yo estudio francés tres veces por semana, unas cuatro horas
semanales. ¿Qué me va a dar esto a mí? Que cuando llegue 1998 podré hacer una
entrevista en francés a Platini si me lo encuentro, y no tendré que balbucear. Estas son
mis ganas de superación; deploro un poco ponerlo como ejemplo, pero si no uno no está
diciendo claramente a qué se refiere.
Me parece que hay un escaso esfuerzo cultural; que los que hablan, cuando escriben,
escriben como cuando hablan y no establecen una diferencia importante que hay entre los
medios. O que cuando hablan por radio se parecen también a cuando hablan por televisión.
Esto ya serían cuestiones formales, pero de fondo, la principal crítica tiene que ver
con la cuestión cultural, que después es la que establece desde qué estructura de
pensamiento vos afrontás las cuestiones que te plantea la responsabilidad periodística.
E.C. - ¿Y por qué no desarrollamos más esto último, eso de la estructura de
pensamiento desde la cual se ejerce el periodismo o la función periodística?
V.H.M. - Si vos tenés una cultura no muy alta, sos una persona cuyo razonamiento...
Haciendo un recorrido por matemáticas, hay personas que pueden hacer en el aire una
cuenta de tres por tres y ésta sería su estructura, y hay personas que pueden hacer 120
por 120; tienen otro recorrido. Esto también en el mundo de las ideas se produce. No sé
si la comparación te satisface.
E.C. - Sí. Pero tú además hablabas de que el periodismo exige una determinada actitud
visceral, ética. ¿Cómo es la ética de un periodista deportivo?
V.H.M. - Tendríamos que hablar horas, porque hay una ética referida a muchos aspectos.
Hay una ética de la relación con el protagonista, por ejemplo. La que yo propugno es la
de distancia total, para tener una absoluta independencia de criterio. Hay una ética
frente al oyente, y esto es el deberse a él, el decirle las cosas generando una
credibilidad muy profunda en lo que uno está diciendo, no debiéndose a nadie, a ningún
dirigente, a ningún jugador, absolutamente a nadie. Es decir que hay una ética pensada
para los distintos frentes a los cuales uno tiene que referirse. Hay una ética de la
superación, de querer ser uno mismo mejor para darle un mejor producto a la gente, y para
ayudarla a pensar más y mejor. Hay una ética y una responsabilidad de que aunque vos
cumplas una tarea menor, como es la de relator deportivo, vos sos una persona que fije su
posición dentro de la sociedad, tus puntos de vista hasta políticos y filosóficos; una
orientación para ver si podés generar una posibilidad de mejorar nuestra vida.
E.C. - De eso vamos a hablar enseguida. Pero a propósito de la ética en la relación con
el jugador, tú decías "la mayor distancia posible", con el jugador, con los
técnicos, me imagino. ¿Qué implica o en qué se traduce en los hechos esa distancia?
V.H.M. - En no irse encima del jugador en la convivencia en los hoteles y ponerse a
charlar con él, insistirle demasiado pidiéndole una nota, porque uno necesita en esos
momentos de la palabra de ese jugador, ya sea para el diario o para la radio. No
involucrarse en halagos en el mano a mano, "qué partido te jugaste tal día",
"qué fenómeno sos", porque ocurre que después el protagonista espera una
correspondencia amistosa en las críticas que uno hace y entonces se enoja dos veces
cuando uno lo critica: se enoja por la crítica que a todos nos duele, que a nadie le
gusta, pero además se enoja porque es una crítica inesperada, ya que viene de alguien
que se comportó amistosamente con uno. Cuando uno tiene una distancia muy grande, cuando
no hay una proximidad...
Yo tengo un solo jugador casi, con el que estuve a punto de ser amigo, nos faltó más
tiempo juntos, que es Juan Ramón Carrasco. Verdaderamente, yo le tenía y le tengo un
cariño impresionante, me parecía un tipo como yo en algunos aspectos; jugábamos
muchísimo al billar en Buenos Aires y fue el único desliz de mi vida en cuanto a generar
una corriente demasiado afectiva, que yo sé que gravitaba en mis comentarios. Juan Ramón
no jugaba mal, yo no podía verlo jugar mal; yo no mentía, pero yo no lo veía jugar mal.
Es como el papá de un muchacho o el amigo: si Juan Ramón le pegaba mal a la pelota es
que la pelota le picó mal, o el compañero se la había dado mal, o él se la dio bien y
el tipo no corría a tiempo. Cuando vos llegás a revisar estas cosas, pasalas a temas
más importantes: cuando se generan intercambios fuertes de opiniones, cuando hay puntos
de vista filosóficos, digamos -para hablar grandilocuentemente-, que se enfrentan, si vos
tenés una cercanía al hablar con los dirigentes. Aquí yo sufrí muchísimo durante
años, porque me enfrentaba a un grupo de dirigentes que después el tiempo fue
demostrando lo que eran y en algún caso han desaparecido físicamente, así que no sería
respetuoso mencionarlos. Pero el periodismo deportivo, quizás porque el medio era chico,
les pertenecía en un 80% a ciertos personajes sumamente poderosos de la época en la que
yo ejercía el periodismo. Yo nunca podía entender, estando de viaje, por ejemplo, que un
dirigente mandara una vuelta y les pagara su copa; no se puede aceptar absolutamente nada
de una persona que va a ser objeto de tu crítica en algún momento.
E.C. - Hoy los poderosos son otros, pero a veces ni siquiera dirigentes.
V.H.M. - Sabés que no estoy al tanto del movimiento; no voy a entender lo que me decís
porque de lo que pasa localmente no estoy muy al tanto.
E.C. - Lo que digo es un hecho conocido por todos. Hoy, por ejemplo, tienen mucho poder en
Uruguay determinados contratistas de jugadores, no tanto ya dirigentes.
V.H.M. - Si uno todavía le llega a pertenecer a un contratista está todavía más
complicado que si le pertenece a un dirigente, que por lo menos está haciendo un esfuerzo
gratuito, en el caso de los dirigentes honestos, que son la mayoría. Siempre discutí yo
la capacidad de algunos y apenas la honestidad de cuatro o cinco que se movían en aquel
tiempo dentro del fútbol.
E.C. - Viviendo y trabajando con gran éxito en un país como la República Argentina,
donde se da una vinculación muy fluida entre las estrellas del espectáculo y las
estrellas de la política (se llega a conformar un "jet-set" único, fuertemente
interrelacionado), ¿cómo has manejado ese tema, cómo es tu relación con el mundo
político argentino?
V.H.M. - Cordial con algunos. Digamos que soy un conocido al que ven con respeto. Y yo los
veo con respeto a ellos, a Chacho Alvarez, a Freddy Storani, a Fernando de la Rua. Soy un
hombre que ve con muy malos ojos el poder político actual en la Argentina.
E.C. - ¿Cómo son tus relaciones con el gobierno, con Menem?
V.H.M. - No existen; todas las veces que he podido y desde el pudor que provoca el hecho
de que yo soy una persona nacida en otro país, he sido siempre muy crítico, muy duro,
porque realmente no me gusta nada. Pero no sería bueno que yo ahondara mucho en estos
detalles aquí; en mi actitud frente al micrófono, en lo que escribo y en los reportajes
que me han hecho toda mi vida me he pronunciado de esta manera, pero dicho aquí me
provoca algún pudor.
E.C. - Yo no voy a preguntarte qué es lo que opinas tú del gobierno ni de la oposición;
lo que sí me interesa saber es en qué medida intervienes en la vida política argentina.
V.H.M. - Opinando, hablando críticamente de aquellas cosas que me merecen una opinión,
actuando como una persona que también tiene sus derechos. Porque yo me manejo con cierto
respeto, pero soy una persona que paga sus impuestos, que tiene a sus hijos hace mucho
tiempo en Argentina, que tiene una relación de verdadero amor con el país, y la gente lo
sabe. Hablo de la credibilidad. Por supuesto que no fui el primer día y dije "esto
no me gusta", porque es como si un amigo te invitara a su casa y vos le dijeras:
"Che, qué cuadro tan feo tenés". Pero a los dos o tres años de cierta amistad
vos le podés decir al amigo, porque lo querés: "Oíme una cosa, ¿por qué no
cambiás ese cuadro?".
E.C. - ¿Hoy esto está admitido en Argentina o comentarios tuyos de la vida política
interna caen mal en algunos sectores?
V.H.M. - Caen mal, no son bien vistos; algunas veces he pagado algún precio por esto.
Alguna vez se ha manejado alguna campaña periodística en contra mío, una vez estuve
bastante enfrentado con la selección argentina antes del mundial del 94. Les dio un
ataque xenófobo desde el sector del canal oficial, que tiene que ver con el gobierno,
justamente, y me consta, porque desaprobaban mis criterios, que ellos entendían que eran
más pertinaces de lo que yo quería creer que eran. A lo mejor tenían razón y yo
hablaba más de lo prudente sobre mis puntos de vista con respecto al gobierno, pero he
sufrido alguna campaña, alguna marginación. No soy un hombre que vaya a trabajar en el
canal oficial, pero a mí esto me da mucho placer, de alguna manera me gusta.
E.C. - ¿Por qué placer?
V.H.M. - Con respecto al poder, creo que la única posibilidad ética en la vida es la
oposición. Es más: creo que los hombres, los ciudadanos hoy día deberían ocuparse cada
vez más de la oposición que eligen, porque el gobierno termina siendo ejecutado
irremediablemente casi de la misma manera. Las variantes son mínimas y esto es como
consecuencia de que no somos países que podamos realmente decidir por nosotros mismos
todo lo que queramos sobre nuestra organización económica. Eso deriva en lo político.
E.C. - Oposición.
V.H.M. - Sí. Eticamente me parece que son los únicos caminos. Necesariamente, el poder
miente, tergiversa, es intolerante, transita por todas las taras que uno quisiera que no
existieran en la relación de los seres humanos.
E.C. - ¿Y a la oposición muchas veces no le falta conocimiento de la realidad, de la
práctica del poder y entonces plantea críticas o alternativas que no son factibles?
V.H.M. - No importa si el poder es criticado de una manera equivocada; muy rápidamente te
lo va a demostrar, porque siempre tiene los elementos como para hacerlo. Pero es buena una
oposición muy vigilante, muy actuante, muy pertinaz, muy consecuente, porque el poder es
malo, el poder no va a proceder bien, va a determinar que si un presidente sabe que tiene
ladrones alrededor pero esos ladrones le son útiles, no los va a echar. Y alrededor de
esos ladrones hay otros ladrones, y si van a la Justicia va a tratar de hablar con un juez
y va a generar una justicia que no siempre sea lo que corresponde. El poder va a actuar de
esa manera, te va a mentir; el poder te va a presentar como exitosa una instancia
internacional que no lo ha sido tanto, va a utilizar todos los medios a su alcance para
engañarte, va a tratar de acumular más poder y de tener la unanimidad.
Estoy viendo, espantado, que en las elecciones del Club Atlético Peñarol están
enojadísimos porque tomaron 10 cargos y no los 11; no sé qué les puede molestar un
pobre individuo que se va a sentar allí, en una absoluta minoría y al que le van a
decir: "Usted se calla". Eso me asusta. Hago una pequeña comparación porque
justo me viene a la cabeza cómo los hombres que tienen poder quieren cada vez más poder.
Entonces, ante esto hay que estar con mucha fuerza ética en la gente que va a ejercer la
oposición.
E.C. - Aquí en Uruguay se ha recurrido a tu imagen y a tu palabra en distintas campañas
políticas previas a plebiscitos o a elecciones nacionales. Por ejemplo, tú te
identificaste durante varios años con el Partido por el Gobierno del Pueblo; cuando éste
se fracturó en el año 94, te inclinaste por el Nuevo Espacio, liderado por Rafael
Michelini, y lo hiciste saber públicamente. Recién te preguntaba en qué medida opinabas
y te metías en la política argentina; ahora vayamos al otro lado del río, donde
también tienes puesto un pie. ¿En qué medida puedes seguir realmente la vida política
uruguaya viviendo tan absorbido por la realidad argentina, teniendo -como decías recién-
hijos que crecen y se educan en Buenos Aires?
V.H.M. - Sólo en los grandes temas, bien informado y creyendo mucho que se me dicen las
cosas con la mayor buena fe; nutriéndome de unos cuantos amigos que me merecen confianza
y por supuesto los contactos que mantengo con Rafael Michelini, en este caso.
Yo fui frenteamplista, estuve dentro del Frente Amplio en el grupo de Batalla. Cuando se
fueron del Frente, que me parece muy respetable como oposición, no sé si lo podría
votar para que sea gobierno, no me negaría en alguna instancia a esa posibilidad...
E.C. - A la posibilidad de un gobierno del Frente Amplio.
V.H.M. - Exactamente; lo preferiría incluso a los gobiernos de los partidos
tradicionales, me parece que merecen una oportunidad, pero me gustaba muchísimo más como
instancia de oposición. Pero dentro de ese espectro del Frente Amplio, la izquierda tiene
muchas cosas para discutir diferentes a lo de la derecha. La derecha es más práctica, no
tiene grandes discusiones internas. En cambio la izquierda sí; vos podés ser un hombre
de izquierda porque te importan los derechos humanos, porque te importa la independencia
de la Justicia, porque te importa mucho el respeto por los individuos. Pero en cuanto a la
generación de recursos y de bienes podés haber aprendido que tienen mucho que ver
también las ideas liberales, y que es muy difícil avanzar y progresar sin acompañar
este movimiento que se da en todo el mundo, aunque sea perverso e injusto. Entonces, vos
podés ser un hombre de izquierda en este matiz; la izquierda más acendrada no te perdona
que vos no vayas totalmente hasta el fondo de la cuestión, como en algunos casos pueden
ir. Y en vez de valorar, de repente, que vos por ser un hombre izquierdoso, un hombre de
oposición siempre, porque nunca te toca estar del lado del poder, resignás muchísimas
oportunidades personales... Uno tiene muchísimo más para perder. A mí me cuesta mucho
más que a mucha gente que quizás presuma ser más de izquierda que yo, decirlo y
comportarme como tal y hacer una vida que tenga que ver con esos puntos de vista; me
provoca más dolores de cabeza.
Sin embargo, dentro del Frente Amplio siempre había como una incomodidad, como que te
pinchan para ver hasta dónde vos sos realmente, y entonces es como una carrera a ver
quién es más. Y yo me sentía un poco incómodo, entonces, cuando salió Batalla yo
encontré la posibilidad de tener un partido político que se preocupara por estas cosas
que a mí me angustian, que fuera una oposición ética, que no tuviera relaciones con el
poder, pero que al mismo tiempo me permitiera saber dónde estoy parado políticamente sin
que nadie me esté cuestionando de una manera permanente. Este era el punto de vista por
el cual yo salía aliviado del Frente Amplio sin perderle simpatía.
Cuando se fue Batalla con Sanguinetti esto ya me pareció absolutamente imposible, como si
Michelini un día se fuera con los blancos o con los colorados; ya no sería lo mismo para
mí. Cuando Batalla -al que yo quiero enormemente como persona- se fue, charlamos en
Buenos Aires. El tuvo la delicadeza de hablarme, de decirme: "Confíe en que yo
quiero hacer las cosas desde adentro, estoy cansado de pelear desde afuera;
acompáñeme". No era importante que yo lo acompañara, pero era agradable que me lo
pidiera. Yo le dije: "Mire, Hugo, con todo el dolor del mundo, yo no lo puedo
acompañar; me voy a quedar con Rafael". Eso me gustó muchísimo de lo que es la
política uruguaya. Me importa decir que es extraordinario todavía que haya un hombre de
la política que se preocupe en explicarle a un ciudadano común y corriente, con el que
tiene alguna relación afectiva, que en Buenos Aires se preocupe de llamarlo, de
encontrarse en un boliche y de explicarle, y es nada menos que el vicepresidente del
país. Es una cosa asombrosa.
Yo vivo este orgullo muy grandemente. Quizás soy un tipo de raíz política. Yo empecé
como locutor en un club político. Quizás éste es el factor que más habla de mis
raíces: la educación que recibí en la escuela y en el liceo en en el Uruguay y lo que
yo siento por la política del país. Yo nunca lo votaría a Sanguinetti porque Batalla se
fue con Sanguinetti y yo no lo acompañé. Pero cuando Sanguinetti cruza y va a Buenos
Aires, yo me siento muy orgulloso de lo que significa ese hombre tan culto, tan preparado,
tan seductor, comparado con lo que es el "establishment" político de la
Argentina, que está realmente muy por debajo. Porque aquí, el ser político todavía
-ojalá que eso no se pierda nunca- es como una carrera. En cambio, para los hombres
realmente capaces en Argentina es la vida privada la que les va a dar las grandes
satisfacciones. Yo tengo siempre la sospecha de que los hombres más capaces no se
encaminan para la política; en cambio en Uruguay sí, los hombres más capaces sueñan
con tener una trayectoria política. Quería decir esto a propósito del pequeño desliz
de charla política que tuvimos.
E.C. - ¿En qué medida puede seguir o no la vida política uruguaya desde Argentina?
V.H.M. - Te digo una vez más: en los grandes temas. Cuando Rafael Michelini me ha dicho
si no puedo participar más activamente, le he contestado que soy un pelotazo en contra.
Porque lo primero que alguien va a decir desde el punto de vista político, si yo
participara de manera activa, que a veces uno tiene la tentación y también el miedo, es:
¿de qué y de quién puede hablar un tipo que hace 16 años que no vive en el país? Y
con esto yo creo que muy fácilmente le harían mucho daño a Rafael.
E.C. - Ya en el final, casi obligadamente nos interesa mirar hacia adelante. ¿Cuáles son
tus planes?
V.H.M. - No tengo. Soy un hombre sin proyectos, no me propongo nada; dejo fluir la vida
como un río que está establecido. Va bien, me gusta la vida que vivo; a veces siento
necesidad de estar un poco más solidario para tiempos en que la sociedad se ha tornado
muy insolidaria, muy autista, incluso por la evolución de los medios de comunicación, lo
que tiene que ver con la televisión, Internet, las computadoras. Me parece que es un
mundo cada vez más aislado y quiero estar más participativo; busco mis maneras de
hacerlo.
E.C. - Por ejemplo, ¿cuáles?
V.H.M. - No debo mencionarlas, porque tienen que ver con cuestiones personales y el
mencionarlas les quita toda gracia. Pelear por algunas ideas políticas; me divertí mucho
anoche charlando de política con mis amigos de mi pueblo, calentándonos como en los
viejos tiempos en que discutíamos de blancos y de batllistas. Yo nací blanco al mundo
político por influencia de mi abuela; después de la aparición de lo que fue el Frente
Amplio y en la edad mía, en la que aquello fue una posibilidad ética, el primer voto de
mi vida fue para Enrique Erro. Fijate que era todo un planteo casi romántico... Tampoco
me acuerdo cómo vino a colación esto...
E.C. - A propósito de tus planes, de tu actividad.
V.H.M. - No los hay.
E.C. - Hace un par de años o algunos más, en publicaciones argentinas se hablaba de una
especie de sordera creciente que ponía en serio peligro tu carrera profesional.
V.H.M. - Me tuve que quitar los auriculares para que no avanzara esa carrera. Perdí como
el 40% de los agudos del oído izquierdo, así que quedé con una disminución, digamos,
en el total de mi capacidad auditiva de un 10% o un 20%, lo cual, con lo que después va a
venir por el paso natural del tiempo, podía hacerse demasiado grave. Me pegué un gran
susto y me quité los auriculares, que es más difícil que dejar de fumar. Tú lo sabrás
porque te veo con los auriculares puestos.
E.C. - Exactamente, es casi un vicio en radio. Esa fue la solución y entonces, como
problema de futuro...
V.H.M. - Lo hice más lento, por lo menos.
E.C. - Y a propósito de Uruguay, la posibilidad de volver a este país a trabajar, o
simplemente a residir, ¿existe en tu horizonte?
V.H.M. - Sí. No me lo planteo, me parece que va a ocurrir; yo veo que va a suceder,
volveré a conducir. Como expectativa, podría pensar en conducir un noticiero de
televisión, manejar un programa de radio durante la mañana. Lo que no me veo es
relatando fútbol otra vez aquí. Nunca se debe decir "de esta agua no he de
beber", porque uno a veces no puede armar su vida tal como quiere. Pero si yo pudiera
ser dueño siempre de mis decisiones, en el caso de volver sería para hacer periodismo en
general, como el que vos hacés, por ejemplo.
E.C. - ¿En qué plazos?
V.H.M. - Cuando el éxito que el relator pueda tener en Buenos Aires se apague, cuando se
vaya apagando su estrella. El relator sólo puede vivir en Buenos Aires en este momento,
no en Uruguay. Las otras facetas profesionales que se van enriqueciendo con el paso de los
años, creo yo, al menos, pueden explotar en cualquier momento. Mejor todavía si es
cuando tenga 60 o 65 años, porque además yo he ido haciendo un entrenamiento en
televisión. Por lo general, yo en lo que trabajo es en programas que no tienen nada que
ver con el deporte. Obviamente, me gusta el periodismo en general, pero no tengo para este
año un proyecto, un plan. Dejo que las cosas ocurran y voy viviendo.
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