RUTH RICHARDSON:
Hace un año hablamos del caso de la transformación de Uruguay. Ha pasado un año desde
mi última visita y ahora no vamos a hablar; es el momento de actuar. Así que no les va a
sorprender que mi presentación de hoy sea concreta, que refleje las realidades que
Uruguay enfrenta, y espero que los inspire para seguir adelante, para pasar de los sueños
que tienen para Uruguay a la acción que se requiere para poder traducir esos sueños en
una realidad concreta para todos.
Esta es la tercera visita que hago a Uruguay en los últimos 12 meses. Es la primera vez
que visito Punta del Este. Pensé que sería mejor ir a Punta del Este primero, antes de
empezar a trabajar esta semana. Y lo más sorprendente de mi visita a Punta del Este el
domingo pasado fue la visita a Casa Pueblo, que es algo extraordinario, hecho por un
destacado uruguayo, Carlos Páez Vilaró. El soñó pintar el mundo, pero esa
extraordinaria Casapueblo no es sólo un sueño, es un sueño en acción. El construyó
ese tributo extraordinario a su sueño.
El lunes visité otro lugar extraordinario, la Asociación (Cristiana de Dirigentes de
Empresa) y me entrevisté con el señor (Juan Carlos) Deicas. Allí vi el sueño de otro
uruguayo que soñó no con pintar el mundo. Visité una bodega, Juanicó; ahí el sueño
era hacer un brindis con el mundo. Fue una inspiración para los uruguayos con respecto a
qué se puede lograr. Si ustedes pueden hacer una reforma tan maravillosamente como han
hecho el vino Tannat, les va a ir muy bien.
Estoy usando ejemplos concretos para demostrar lo que intento presentarles en el día de
hoy. No se trata de un sueño para ustedes, los uruguayos del siglo XXI. Esto puede
convertirse en su realidad. Quiero enfatizar nuevamente esto: hoy es el momento de actuar,
no hay que perder un solo minuto. Mientras estuve en otros países, todo el mundo hablaba
acerca de cómo podía hacer realidad sus sueños. Ha ocurrido mucho desde que estuve
aquí la última vez. Ustedes ahora tienen un nuevo presidente. Desde mi última visita,
hace tres meses, en el CEAD, han sufrido una recesión bastante seria con respecto a lo
que ocurría hace tres años.
Menciono estos dos temas solamente porque mientras una recesión significa una amenaza, la
elección de un nuevo presidente y la oportunidad que esto representa es de hecho algo
positivo para ustedes. Por eso tienen una amenaza y a la vez una oportunidad. De más
está decir que debemos concentrarnos en lograr lo máximo de la oportunidad para
sobreponernos a la amenaza.
He estudiado la realidad de Uruguay. Ustedes saben cuál es esa realidad, pero permítanme
por algunos minutos presentarles este panorama. Ustedes tienen una alta tasa de desempleo.
Las tasas oficiales están en el orden de 12%, 13%, 14%, pero todos sabemos que la
realidad es que existe una gran cantidad de trabajo informal, subempleo, que no está
siendo declarada. Sabemos que en Uruguay para muchas personas hay poco trabajo y que el
desempleo es una realidad que debemos enfrentar. Hay mucho para hacer con respecto a esa
realidad, pero debemos encarar el hecho de que sí existe.
Es claro, también, que la segunda realidad que enfrenta Uruguay es una recesión grave,
que se intensifica y que mientras existen influencias externas, como las del Estado
argentino, la situación de recuperación en Brasil, el precio del petróleo. Esas
influencias externas existen, pero muchas de esas influencias recesivas son el resultado
de factores internos. Si me fijo en el principal culpable de la recesión interna, es el
estado de las finanzas públicas. El presidente ha dicho a otros líderes de los partidos
políticos que el presupuesto es peor de lo que imaginan. Sabemos que las finanzas
públicas se encuentran en mal estado. No es nuevo que el costo Uruguay es un handicap
para todos los sectores. Todos los sectores sufren las consecuencias del costo Uruguay. No
es el costo Brasil ni el costo Argentina o el eurocosto; es el costo Uruguay. Es lo que
debemos enfrentar.
Hay un tema que requiere atención de la manera más fundamental: tenemos una falta de
transparencia, una falta de información... Cuando el presidente, por ejemplo, dice que el
presupuesto es mucho peor de lo que imaginamos, ¿por qué debería ser sólo el
presidente quien conoce el verdadero estado del presupuesto? Es un tema que todos nosotros
deberíamos conocer. La transparencia por la que yo abogo nos llevaría a una mayor
comprensión y a una información de mayor calidad sobre el estado de las finanzas
nacionales. Porque sólo cuando conozcamos la dimensión del problema vamos a poder
entender dónde está la solución.
Yo no he venido aquí a ser negativa. He venido a ser realista. Como dijo el presidente en
su discurso inaugural, la realidad debe estar en la cabeza de la mesa, sentada cuando
tomamos nuestras decisiones. Yo estoy de acuerdo con él. Entonces, ésa es la realidad de
Uruguay. ¿Qué es lo que específicamente representa el obstáculo para ese progreso que
debemos hacer para llegar al sueño de un Uruguay mejor? ¿Qué es lo que se interpone
entre Uruguay y su sueño?
Estos son los obstáculos específicos que yo veo. En Uruguay hay monopolios o
comportamientos monopólicos. Somos un país con muchas regulaciones y reglamentaciones,
el proteccionismo se ha convertido en una forma de vida. Y también ha habido mucha falta
de competitividad que nos ha llevado a tener una vida económica especial. En lo que tiene
que ver con fútbol, ustedes ya saben qué significa ser competitivo, pero en muchos de
los arreglos internos ésa no ha sido la realidad. Ha sido la realidad de una gran
cantidad de reglamentaciones a nivel gubernamental y un comportamiento de estilo
monopólico. Ese ha sido el "statu quo" hasta ahora.
El segundo obstáculo es el Estado. Se ve claramente que el Estado es demasiado grande en
este país. Y -lo que es peor aún- el Estado no sólo es grande, sino que es altamente
intervencionista. No podemos movernos sin referencias del Estado diciéndonos "sí,
siga adelante", "no, no siga adelante". El Estado es altamente ineficiente.
Les voy a dar algunos ejemplos que encontré en el transcurso de esta semana. El Estado es
parte del problema y debería ser parte de la solución. En la forma en que está ahora es
grande, es intervencionista y es ineficiente.
El tercer obstáculo es que hay un muy mal hábito, compartido con
muchos otros países -no es único ni exclusivo de Uruguay-: el alto nivel de deuda
pública y déficit. Cuando estuve aquí el año pasado se suponía que el déficit era
del 1% o 2% del PBI. Ahora claramente está en un 4% a 5% del PBI una vez hechos todos los
cálculos. Así que tenemos una deuda y un déficit enormes. Esos son obstáculos
significativos.
El cuarto obstáculo que identifico es la falta de un buen sistema educativo y de un
mercado laboral que funcione adecuadamente. Vamos a ver las realidades del mundo en el que
vivimos, pero diría que los países modernos que desean tener salarios más altos y
mayores niveles de empleo deben abordar el tema del sistema educativo y deben asegurarse
que el mercado laboral funcione de manera que la gente tenga empleos seguros.
Eso es lo que tiene que ver con mi diagnóstico. Creo que es suficientemente claro que
Uruguay es excelente en su análisis, que ustedes saben hacer un muy buen diagnóstico,
pero ahora debemos concentrarnos en el remedio, así que pasemos de la etapa del
diagnóstico a una agenda de acciones.
¿Cuáles son las oportunidades para Uruguay? Creo que son muy claras. Las oportunidades
para Uruguay son temas que abordamos, no en el contexto de los límites de Uruguay puesto
que cada país debe abordar sus oportunidades con una nueva realidad que es que hay dos
fuerzas en juego: las fuerzas de globalización y las de tecnología, que ofrecen
fantásticas oportunidades. No hay forma de ocultarse de esas fuerzas, Uruguay no puede
decir "yo no creo en la globalización", "yo no voy a ser parte de esas
influencias". Tampoco puede decir "preferimos estar fuera de la era de
Internet", puesto que éstas son fuerzas extraordinarias que ya están en juego y
dimensionan las decisiones que podamos tomar. Debemos asegurarnos de que Uruguay pueda
desempeñarse y ajustarse de tal manera de aprovechar las oportunidades extraordinarias
que conllevan la globalización y la tecnología, para que éstas no dominen ni dicten
nuestras decisiones, ya sea que nos guste o no. Sé que hay gente a la que no le gusta
esta idea, pero ésta es la realidad, éste es el mundo en el que vivimos.
Además, queremos asegurarnos de que podemos aumentar el desempeño de nuestra economía y
crear nuevas fuentes de trabajo en este nuevo mundo. Una de las cosas que necesitamos para
aprovechar mejor estas oportunidades es el crecimiento del sector privado, que va a ser el
motor del crecimiento. Tenemos que concentrarnos en aquellas políticas que hagan que el
sector privado sea más competitivo, porque si le negamos un entorno competitivo no vamos
a poder deshacernos del dolor de cabeza que significan la recesión y el desempleo. Hay
una cura para ese dolor de cabeza que comienza con abordar sin miedos, sin favores, la
competitividad del sector privado. Necesitamos asegurarnos de que el Estado desempeñe su
papel. No podemos por un lado pedir "apresuren al sector privado" y por otro que
el sector público vaya más lento. Debemos asegurarnos de que el Estado sea capaz de
contribuir a nuestras ambiciones de mayor crecimiento, mejores sueldos y mejores
oportunidades de trabajo. Para lograrlo, un Estado moderno debe ser reducido y
modernizado. Debe ser un pequeño Estado inteligente. Eso es lo que buscamos en este mundo
moderno.
Queremos asegurarnos de que las finanzas públicas sean sólidas y sanas. Si los balances
bancarios no dan buenos resultados no podremos funcionar bien. Y los balances de las
finanzas públicas, cuando están en mal estado, representan un handicap, un obstáculo.
Debemos asegurarnos de que las buenas finanzas públicas sean parte de un Uruguay moderno.
Por último, debemos asegurarnos de tener un sistema educativo que funcione bien y un
mercado laboral eficiente. Para mí, ésa es la agenda de acción. No nos sorprende, es
ortodoxa, pero la realidad que veo en Uruguay es que el sector privado no es competitivo
por culpa de las reglamentaciones y el control. Tenemos un Estado sobredimensionado,
ineficiente, tenemos finanzas públicas en mal estado, veo un sistema educativo que no les
está dando el equipo necesario para convertirse en una economía con conocimientos
sólidos y veo un mercado laboral que impide a muchos uruguayos su acceso al trabajo.
Para mí eso nos lleva a una agenda de acción. ¿Qué podemos hacer para transformar
nuestro desempeño? Es fácil decir "creo en el sueño"; lo difícil es hacerlo
realidad. ¿Cuáles son las cosas más importantes si queremos lograr esta transformación
de Uruguay? Lo he dicho muchas veces y lo repito. Hace un año dije: "Ustedes tienen
que darle sentido de urgencia a estos temas". Desde que hice esa exhortación ha
bajado el crecimiento, ha aumentado el desempleo, la deuda pública se ha vuelto más
grave y las finanzas públicas han empeorado. El nuevo presidente está ahora en proceso
de finalizar su presupuesto y ésa es la plataforma desde la cual tenemos que partir para
demostrar ese sentido de urgencia.
Resulta crítico que empecemos a cambiar las reglas de juego moviéndonos hacia una
competitividad, un Estado moderno, un buen mercado de trabajo y un buen sistema educativo.
En segundo lugar debemos asegurarnos de que se dé una reforma amplia. Ustedes lo van a
hacer a su manera. Como me dijo el presidente el lunes: "Yo soy Frank Sinatra, lo voy
a hacer a mi manera". Lo comparo con Ronald Reagan: no sé si él estaría contento
con esa descripción, pero cualquiera sea "su" manera, la manera que funcione
para ustedes será la manera que tenga en cuenta que hay que hacer mucho. No se trata de
abordar un presupuesto para mejorar las finanzas públicas. No se trata de empezar un
proceso de modernización del Estado. No es simplemente cuestión de presentar nuevas
legislaciones acerca de privatización de Ancel.
Esto requiere una acción sobre una base mucho más amplia. Tenemos problemas muy amplios,
por lo tanto necesitamos acciones amplias. Esto es un desafío a la manera tradicional en
que las políticas se han manejado aquí. Uruguay ha tenido más bien una tradición de
reformas incrementales; es decir, paso a paso. Esa puede ser una forma que nos lleve para
adelante, pero lo mejor es entender que no se trata de un paso y otro paso, se trata de un
proceso de cambio continuo pero que requiere una base amplia de acción. Para que esto
ocurra, para marcar una diferencia, cada uno de los actores va a tener que aceptar su
responsabilidad.
Específicamente voy a dedicar la mayor parte de mi presentación a hablar de la
responsabilidad que ustedes, presentes en esta sala, deben asumir, porque no es
simplemente cuestión de un presidente y su presupuesto. Esto requiere liderazgo en una
base muy amplia y todos los actores tienen una responsabilidad de actuar. Necesitamos
asegurarnos de que exista un alto nivel de compromiso para la transparencia. Esa va a ser
una manera diferente de actuar en Uruguay, una mejor manera de actuar. Ahora es el momento
de pasar de las palabras a la acción.
¿Cuál es, entonces, mi agenda de acciones para Uruguay? Mi agenda para la acción es que
ustedes tienen que asegurarse de que continúan apuntando a una meta de baja inflación.
Soy consciente de que tenemos gobernadores del Banco Central entre el público asistente.
Baja inflación no es tener 8%, ni 7% ni 5%; una baja inflación debe estar por debajo del
3%. ¿Por qué digo esto? Porque hay que comerciar en un mundo donde característicamente
la inflación máxima está en el 1% o 2%. Si uno pregunta a los exportadores que tienen
que comerciar en ese mundo teniendo un 10% de inflación en lo interno es una gran
desventaja para ellos al armar un presupuesto. Una inflación alta desarma totalmente el
presupuesto. Existe la indexación, o sea que permanentemente uno está caminando sin
llegar a ningún lado, empujando los salarios y los precios.
Vamos a hacer algo con respecto al problema en sus propias fuentes, continuar apuntando
hacia una baja inflación como parte de la agenda para la acción. Claramente la política
fiscal es una parte crítica de la agenda para la acción. Es necesario romper con los
malos hábitos del déficit. Lo hace a uno tan vulnerable que cuando a uno lo golpean los
grandes vecinos, cuando Argentina otra vez tiene un problema político y cuando Brasil
otra vez vive una crisis económica ustedes son muy vulnerables. Son doblemente
vulnerables si las finanzas públicas no están en buen estado.
Es necesario tener políticas que aseguren que el mercado de trabajo funcione. La forma en
que yo pongo a prueba el funcionamiento del mercado laboral es la capacidad de lograr
pleno empleo. Se habla mucho acerca de la flexibilidad del mercado laboral, entonces voy a
usar la palabra. Un mercado laboral que funcione, que puede emplear a las personas que
buscan trabajo. Debemos asegurarnos de que en la agenda para la acción hayamos incluido
un ambiente que permita que el empresario y las empresas sean competitivas. Esto va a
requerir que se haga algo con respecto a la carga, no sólo la carga fiscal sino también
la carga de la regulación y de los aranceles. Yo sé que el Mercosur les tiene atadas las
manos con respecto a terceros países. Voy a volver a hablar de una estrategia que pueden
usar para arriesgar, pero tienen que tener claro que estas cargas constituyen una gran
porción del costo Uruguay.
Ustedes pueden hacer mucho para eliminar esas cargas, tienen que asegurarse de que el tema
educativo funcione y cumpla con lo que debe. No estoy hablando simplemente de tirarle con
más dinero; el sistema educativo uruguayo es monopólico, es del Estado y funciona como
tal. No hay quien asuma responsabilidad, no hay ningún punto de referencia para medir el
desempeño. El acceso es desigual y el resultado es menor de aquel al que ustedes
deberían apuntar. Tienen que apuntar a una reforma sistemática de la educación.
Finalmente está la reforma del Estado, que sin duda tiene mucho que ver con la reforma
educativa y con todos los demás temas. La reforma del Estado es central ante las otras
agendas para la acción.
Yo hice metas para la acción y después hice un supuesto: que cada uno de los actores iba
a estar analizando, salvando sus responsabilidades, e iba a lograr progresar en su agenda
para la acción. He aprendido que tengo que hacerlo mucho más concreto para ustedes, así
que voy a hacerlo bien concreto. Aquí tenemos el diagrama, si quieren llamarlo así, que
van a recibir en el repartido impreso, que menciona la necesidad de lograr avances en
distintos frentes. Esto es lo que la figura intenta ilustrar. Si ustedes deciden avanzar
un paso a la vez no olviden que los demás pasos también requieren que se les preste
atención. Así que vamos a ver esta agenda para la acción, vamos a analizar
individualmente a los distintos actores y a plantear un desafío para que estos asuman su
responsabilidad.
Cuando veo la política monetaria, lo primero que tengo para decir es: no sigan por el
rumbo de no encontrar una solución o de tener una antisolución. Esto es una devaluación
competitiva. Estuve con la Asociación Rural en Florida; leo los periódicos y oigo a
mucha gente decir que la respuesta a todos los problemas es una devaluación competitiva.
Tengo que decir, con la mayor fuerza que pueda, y en base a gran experiencia, que ésa no
es ni será nunca la solución a los temas de la competitividad. Estas son las soluciones
reales, que van a funcionar.
En primer lugar necesitamos asegurarnos de que el Banco Central sea realmente autónomo.
Mientras la Carta Orgánica del Banco Central deja bien claro que tiene lo que se llama
independencia y autonomía en cuanto a los instrumentos, en mi opinión la forma, la
metodología para operar es tal que hay mucha conciencia del Banco Central con respecto al
entorno político en el que tiene que funcionar. Esa ha sido la forma tradicional en que
funcionan los bancos centrales. Lo que sabemos ahora en todo el mundo es que si ustedes
quieren tener un Banco Central con mucha credibilidad, que pueda realmente combatir la
inflación, tiene que ser realmente independiente. Los políticos tienen que saber que el
Banco Central no va a ayudar con la inflación a salir de los problemas. Los políticos
tienen que saber que el Banco Central va a ser sólido como una roca en su compromiso para
reducir la inflación y que los políticos a su vez tienen que ser sólidos como una roca
en su compromiso frente a finanzas públicas sólidas. O sea que la solución verdadera es
apuntar hacia una autonomía más auténtica del Banco Central.
En segundo lugar, tenemos que asegurarnos de que la política
fiscal preste el apoyo necesario a la política monetaria. En este momento no lo hace, en
este momento la política fiscal es una influencia totalmente perjudicial en este país,
está socavando la competitividad del país, los está haciendo más vulnerables. El lunes
se me expresó una preocupación por parte de alguien que pertenece al sector privado, que
dijo que si seguimos como estamos aquí en Uruguay existe el riesgo de que el país pierda
su suscripción soberana de los préstamos. Si eso ocurre, cuidado: ustedes son un país
más pobre en este caso, van a pagar un precio mayor para tener acceso a dinero en los
mercados del mundo, van a tener que pagar más como empresas en Uruguay. No lo hagan; lo
pueden evitar asegurándose de que haya finanzas públicas sólidas que apoyen este
entorno de inversiones.
Si ustedes quieren tener una competitividad real, en eso sí estoy de acuerdo con los
productores agropecuarios. Queremos verdadera competitividad, pero ataquemos al verdadero
culpable de la carga a que están sometidos los agricultores y los exportadores, el
monopolio, la regulación, las prácticas que han provocado la falta de competitividad. Me
siento muy alentada al ver que los dirigentes oficiales del país, de muchos partidos
políticos, de la Asociación Rural, de la Federación Rural, del sector empresarial,
saben que esto es cierto.
Pero es importante que yo refuerce lo que dije con respecto a esta realidad, persigan a
quienes son realmente responsables y la causa de los problemas. No opten por la
antisolución. Buscar una devaluación, como dije el año pasado, es actuar igual que un
alcohólico que ve que la solución a su problema es tomar esa última copa, ese último
trago. Eso no es así. Entonces mi remedio, mi medida correctiva, es atacar el problema en
sus propias raíces y tomar nada más que agua con gas.
Ahora vamos a pasar a la responsabilidad que existe en lo que se refiere a la política
fiscal. Ayer hablé con las comisiones conjuntas en el Parlamento, las de Presupuesto y
Hacienda. Fue una oportunidad fantástica para mí, especialmente al comienzo del debate
sobre la parte presupuestaria, poder hablar con los actores que van a tener la
responsabilidad de hacer un escrutinio, un análisis meticuloso del presupuesto. Gran
parte de los logros en cuanto a la política fiscal van a quedar en sus manos. Pero debo
decir que los actores deben aceptar su responsabilidad.
Lo que yo estoy diciendo es cuáles son los actores que tengo en mente. Claramente debo
empezar con el presidente, que dice que no a más gastos y que no a mayores impuestos.
Esto es excelente; es muy difícil, lo sé. Esta tarde me voy a reunir con los intendentes
y quiero que el presidente diga sí a más gastos. Me voy a reunir con la comisión
judicial mañana y ellos también quieren que el presidente diga sí a más gastos. Y él,
al decir eso, no está diciendo lo correcto. Les voy a decir a los intendentes y a la
comisión judicial que eso es lo que ustedes necesitan como guía, como liderazgo desde
arriba. Necesitan alguien que diga: "Yo voy a presidir sobre un programa que va a ver
que se logre finanzas públicas sólidas". Para comenzar, (hay que) decir no a
mayores gastos y no a impuestos más elevados.
El ministro de Economía también tiene responsabilidad. El va a elevar el presupuesto al
Parlamento esta semana. Y si el ministro de Economía no está dispuesto a argumentar a
favor de un cambio en las reglas de juego, en la forma como se debate y se desarrolla el
presupuesto y un cambio en el sistema como se gerencian las finanzas públicas,
simplemente va a ser la misma discusión de siempre y nada va a cambiar. Van a pasar
cuatro meses dando vueltas, llenando compromisos para terminar sin presupuesto. O sea que
no se ha logrado progreso alguno en el tema. Yo quiero que los parlamentarios los
próximos meses no dediquen su tiempo a esfuerzos que no sirven para nada, que hagan un
trabajo intelectual inútil este año y que se repita el año que viene. Les dije a los
parlamentarios ayer, tanto a diputados como a senadores, que ellos están buscando tener
mejores herramientas para hacer su trabajo. Y es responsabilidad del ministro de Economía
y Finanzas comenzar a pensar acerca de cuáles son las herramientas para hacer un mejor
presupuesto y cómo administrar mejor esos fondos.
El Parlamento también tiene una responsabilidad muy seria de analizar, observar la
realidad con que se enfrenta Uruguay y sancionar un presupuesto que implique una
responsabilidad fiscal. Tiene responsabilidad de argumentar a favor de un sistema que
permita adecuar mejor los recursos que están gastando con los resultados que se está
logrando.
Les voy a dar un ejemplo muy práctico para que vean de qué estoy hablando. Les queda
claro a ustedes que mi español no es muy bueno, entonces necesito, como tengo hoy, un
intérprete. Ustedes tienen un Parlamento que tiene un sistema, un equipo de
interpretación que hace posible que los parlamentarios se sienten a escuchar durante dos
horas gracias a este equipo, a este sistema. Entonces voy al Parlamento, donde se me ha
dicho que estaba eso, y había unos 30 diputados y senadores acompañados de seis o siete
personas que andaban recorriendo por ahí, trayendo agua, un poco más de agua, dando más
vueltas, pero no había interpretación. ¿Dónde está ese equipo, tan sofisticado, tan
de última generación? "No, no lo tenemos". Está cerrado bajo llave, nadie
tiene las llaves, nadie las consiguió para poder tener la interpretación simultánea.
Andaba toda esa gente dando vueltas por ahí y había seis mujeres fantásticas sentadas
adelante, que una y otra tomaban todas taquigrafía. ¿Qué pasa con un grabador? No, todo
taquigrafía. La taquigrafía es fantástica, hay mucha gente haciendo esto, pero los
resultados que deseábamos era un equipo de interpretación que funcionara. Como media
hora después dijeron: "Tenemos el equipo de interpretación". Mucha gente
corriendo por ahí, agarró los auriculares, pero no funcionaban. Yo grité en el
micrófono, no funcionaba...
Aquí está el tema, esto es lo que quiero decir. No quiero ser crítica, pero ese
Parlamento es el que va a estar votando a favor de muchos insumos para asegurarse de que
toda esa gente que está ahí se quede ahí.
¿Qué pasa con los productos, entonces? ¿Qué pasa con los resultados? El producto que
yo quería era un equipo de interpretación que funcionara, y los resultados que deseaba
era que los senadores y diputados entendieran que sí podían hacer un presupuesto de
mejor manera y cuál fue la experiencia de los sistemas más modernos para analizar las
finanzas públicas. Pero ellos van a tener un debate acerca de los insumos y no van a
hacer conexión ni asociación ninguna con los productos ni con los resultados. Esto es
algo que tiene que cambiar si ustedes saben que es así.
Vamos a pasar a cómo funciona el mercado laboral. Yo sé que entre los invitados aquí
hoy hay gente de los sindicatos. Sean bienvenidos, espero que algunos de ustedes estén
aquí porque ustedes también tienen que asumir responsabilidad en forma muy considerable.
Si yo observo a los dirigentes sindicales y me refiero a ellos, estoy hablando de llegar a
un entendimiento, de que se comprenda que al final los salarios tienen que estar
vinculados a la productividad. Las únicas razones por las cuales se va a contratar a
alguien es porque alguien más va a querer comprar lo que uno va a producir. Si esto está
a un precio que haga que esos bienes y servicios sean demasiado caros, nadie los va a
comprar y por lo tanto se va a perder el puesto de trabajo. Entonces el desafío, el reto,
es ir más allá del hábito que tienen muchos países, no sólo Uruguay. Lo mismo
ocurría en mi país: tenemos el hábito de pensar que los salarios deberían ser fijados
por políticas y que los sueldos se fijaban gracias a protestas.
No, en este mundo los salarios deben fijarse en base a la productividad, incluso dentro
del Parlamento. Esto es un cambio muy grande. Cuando el Estado es el empleador, un
empleador enorme en Uruguay, no puede comprar ni pagar, por eso tiene un problema con el
presupuesto y el régimen de austeridad de que se está hablando. A la larga, incluso, el
Estado tiene que asegurarse de que cuando haga adquisiciones o compras o se le pague a la
gente esto debe estar vinculado a la productividad. Esa es una de las nuevas reglas del
tráfico en todo el mundo. Quienes ignoren esas reglas van a quedarse fuera del negocio si
trabajan en el sector privado, y van a ir a la quiebra y van a tener finanzas públicas
malas si esto ocurre en el sector público. Entonces no hay forma de esconderse de eso. El
nexo entre la paga, la remuneración y la productividad es así.
Pero no me estoy dirigiendo sólo a los dirigentes sindicales, sino a ustedes, a los
empresarios, los que dirigen los negocios. Es necesario que tengan excelentes relaciones
industriales, tienen que tener una relación de alta calidad con la fuerza de trabajo,
tienen que prestar gran atención a las habilidades que ellos tienen, a sus capacidades,
por qué se estresan, porque ésa es la clave de la productividad. No es cuestión de
decir "bueno, el sindicato me dijo que tenía que hacer esto y el gobierno me dijo
que tenía que hacer aquello". Ustedes, como quienes están a cargo de las empresas,
tienen la responsabilidad de hablar con su fuerza de trabajo, sin ningún intermediario,
con su propia fuerza de trabajo, y ayudarla a que comprenda la necesidad de la
competitividad que existe en este mundo donde comercializan y trabajan. Entonces los
dirigentes, los que están a la cabeza de las empresas, son tan importantes como los
dirigentes sindicales.
El gobierno también tiene una responsabilidad cuando estamos hablando de un mercado
laboral que funcione, porque es el que debe asegurarse de que las reglas del juego sean
tales que se pueda de hecho asegurar que el mercado laboral funcione. He escuchado lo que
muchos de ustedes tenían para decir. Yo entiendo que el mercado laboral no es todo el
problema, pero es buena parte del problema. Si no hay un mercado laboral que funcione
bien, inevitablemente habrá una alta tasa de desempleo, al igual que la noche sigue al
día. Para mí el escándalo del desempleo es el escándalo de que cada uno de estos
actores se niega a aceptar su responsabilidad. Estas cosas no ocurren por accidente, no se
baja el desempleo por accidente.
La buena noticia es que se puede lograr y asegurar el pleno empleo si cada uno acepta las
responsabilidades que acabo de mencionar. Veamos cuál es un mercado competitivo como debe
ser. Esto significa no más privilegios ni proteccionismo. Si ustedes durante muchísimos
años han disfrutado del beneficio del proteccionismo no les va a gustar nada lo que les
digo, van a tratar de convencer al gobierno de que no desregule, de que no salga del
monopolio. Pero eso no es un mundo en el que se pueda seguir existiendo, eso se terminó,
ya pasó.
El nuevo juego es ser abiertos y competitivos, y eso significa decir "no" en
términos políticos y en términos prácticos, tanto a los privilegios como al
proteccionismo. No más monopolios cómodos. Los monopolios que aumentan los precios y
bajan la calidad de los servicios empobrecen a todos ustedes. Ustedes no pueden marchar
para adelante en un ambiente monopolista. Esto significa que las empresas tienen que
cambiar, que hacer un giro, no mirar al gobierno sino al mercado. Esto es un enorme cambio
cultural de dirección. Lo he visto en mi país y en otros países que se han visto
forzados a abrir y quebrar una costumbre de toda una vida.
Solíamos ir al palacio presidencial para conseguir lo que necesitábamos, pero ahora esto
lo define lo bien que se funciona en el negocio. El gobierno tiene su función que cumplir
al crear el ambiente, la atmósfera apropiada, pero de ustedes depende promover la mejor
forma para ser competitivos en el ambiente en que deben funcionar. Hay un comportamiento
que dice que "ustedes deben ser competitivos, que van a estar desregulados y su
monopolio va a funcionar y el mío no. Yo estoy aquí, en este filo, a mí no me van a
tocar. Yo me quedo en mi patio trasero, hagan lo que quieran con los demás pero no me
toquen a mí". Si eso subsiste, no va a haber ningún progreso.
Ya sé que ACDE está dedicando mucho tiempo a armar este programa esta semana entre
tantos dirigentes. Ellos están haciendo su trabajo y argumentando a favor de este tipo de
transformación para Uruguay y sus dirigentes, al estar dispuestos a poner el dinero donde
se necesita, armando programas como éste, trayendo gente para que abogue a favor de los
cambios, dar confianza a los cambios y crear una excusa para que se haga los cambios; ése
es el liderazgo que hay que mostrar en muchos frentes. Ricardo Shaw está haciendo lo
mismo hace unos meses con CEAD. Ese es el liderazgo que realmente va a estar a la
vanguardia y una revolución en la mente que es la que se necesita para funcionar bien en
un mundo competitivo y abierto.
La política educativa es muy sensible y delicada, pero también hay responsabilidades en
esto. Creo que lo primero es lo primero, entonces tenemos que ver que hay una falla en el
sistema. ¿Qué es lo que ustedes esperan cuando tienen un monopolio del Estado? Eso es lo
que caracteriza a la educación. Es tan destructivo de la educación en sí el tener un
monopolio como en los teléfonos, aeropuertos o sistemas de petróleo. Es el mismo tema,
es lo mismo lo que está en juego. No es sólo cuestión de tirar más dinero al sistema
tal cual existe como he visto en la protesta de las universidades que dicen simplemente
"más dinero". Lo que tendrían que pedir es un mejor sistema, porque si se le
sigue tirando más dinero al sistema tal cual está lo están desperdiciando, están
gastando aún más dinero.
Debemos asegurarnos de que el poder de la educación, de hacer elecciones en lo que se
refiere a la educación, de controlar las finanzas, los fondos que se da a la educación,
debería estar en manos de los padres y los alumnos y no de los políticos. Sólo cuando
los padres sean los responsables de la educación se podrá estar seguro de tener un buen
desempeño por parte de ellos. Al pasar la responsabilidad del productor al consumidor, en
este nuevo mundo de la tecnología tiene que haber una nueva educación.
Finalmente, tenemos la reforma del Estado. ¿Quién tiene que ser el responsable de la
reforma del Estado? Necesitamos antes que nada aceptar que no se puede simplemente dar un
pequeño paso adelante que haga que el sector privado sea más competitivo sin hacer lo
propio a nivel del sector público. Es necesario asegurarse de que tenemos un Estado donde
existen las mismas disciplinas en base al desempeño que se ve en el sector privado. Por
ejemplo, tenemos que asegurarnos, al igual que lo hacemos en el mundo de los negocios, en
las empresas, de que el Estado sea del tamaño apropiado. Esto queda bien claro en el
ejemplo que les di antes, cuando hablé sobre el Parlamento. Hay un gran sobreempleo en el
sector público. Se hace por motivos políticos, no son puestos de trabajo reales. Esos
taquígrafos trabajando en forma sensacional... Pero imagínense a esa misma gente
trabajando en una gran empresa de software, de informática, donde se los puede emplear en
forma productiva y donde pueden utilizar las destrezas auténticas que tienen para innovar
en un sector que puede ganar dólares verdaderos para ustedes y no simplemente gastarlos.
Es necesario que el sector público sea del tamaño apropiado, con la cantidad de puestos
de trabajo necesarios y no más.
Tenemos que asegurarnos de que tenemos el tipo de gente que se necesita, la apropiada.
Esto es muy distinto a la tradición que ustedes solían tener de inamovilidad, de trabajo
de por vida, un sistema por el cual no se pensaba "ésta es la destreza que
necesitamos y esta persona la puede dar". No. Es totalmente crítico comprender que
lo único real que se puede hacer al sector público lo puede hacer una persona que está
equipada apropiadamente para ese trabajo, en el que hay una referencia contra la cual se
pueda medir, una persona que sea responsable de lo que hace ante quien sea. Por ejemplo,
el que hace el vino. El bodeguero en la bodega de Juan Carlos tiene que saber hacer su
trabajo; lo mismo tiene que hacer alguien que trabaja en el Poder Judicial, que la
justicia llegue a tiempo. Alguien que trabaje para la DGI también tiene que saber que la
política fiscal sea la buena, que la recaudación sea la que corresponde. Y alguien en el
Ministerio de Economía se tiene que asegurar de que la política sobre el presupuesto sea
la apropiada. Todo esto se aplica tanto al sector público como al privado que mencionamos
antes.
Esto no es un tema que afecte sólo a Uruguay. La reforma del Estado es un tema que está
en las mentes y en las agendas de los gobiernos de todo el mundo, en Europa, Asia,
América Latina, en el Oriente Medio. He trabajado en muchos de estos países y esto es
una búsqueda que se está dando a nivel mundial. Es una búsqueda mundial, porque todo el
mundo sabe que tenemos que tener un Estado donde el gobierno pueda funcionar en forma
estratégica, donde podamos asegurarnos de que tenemos puntos de referencia para medir el
desempeño, que hay una institución de la transparencia y la responsabilidad y tener
finanzas públicas sólidas. Todos los gobiernos modernos quieren poder superar y
sobreponerse a este tipo de dificultades. Entonces en todo el mundo hay una redefinición
acerca de lo que el Estado debería hacer y de lo que no debería hacer.
Hoy de mañana se preguntaban si el Estado uruguayo debe ser propietario de una empresa de
telefonía celular. Mi respuesta es que no. Si ustedes quieren telecomunicaciones
competitivas a nivel mundial no traten de encontrarlas en el Estado, no es su rol, no es
su perfil. El Estado tiene un papel muy importante que cumplir y tenemos que asegurarnos
de que en aquellos espacios donde tiene un papel que cumplir lo haga en forma muy
eficiente.
Si analizamos otras cosas que el Estado debe hacer hay que repensar acerca de qué bienes
deben ser propiedad del Estado. Hace dos noches recibí una propuesta del gobierno de
Nueva Guinea, un país pobre, con problemas de déficit presupuestal, con problemas de
desempeño. Su primer ministro, que era presidente del Banco Central, está haciendo un
llamamiento para privatizar las telecomunicaciones, la electricidad, los caminos. No lo
está haciendo por motivos ideológicos, simplemente está tomando las medidas prácticas.
Si yo quiero que mi país funcione bien, que sea eficiente, que sea competitivo en un
entorno global, voy a buscar en el sector privado quién pueda prestar los servicios que
mi país necesita. En todo el mundo hay un debate acerca de la calidad del gasto del
Estado, cuánto está gastando, si está obteniendo el valor que pagó. El problema en lo
que se refiere a la regulación es hacer que los países sean más competitivos, más
transparentes y más responsables en el sentido contable.
¿Qué hay que hacer? Una vez más, un programa de reformas radicales de la
administración pública. Hay que especificar el desempeño: si ustedes continúan
haciendo lo que han venido haciendo hasta ahora, están pagando por una gran cantidad de
insumos y no tienen ni idea de lo que están recibiendo, no hay ningún punto de
referencia para medir el desempeño. Sabemos que se desperdicia cosas, y ustedes no tienen
esos pesos para desperdiciar, nadie los tiene. Entonces hay que buscar cómo especificar
este desempeño, hay que hacer contratos por resultados. A mí me encanta hacer el
presupuesto para el Parlamento y asegurarnos de que el mercado laboral funcione en forma
flexible tanto en el sector público así como en el privado; o sea, deshacerse del puesto
de trabajo de por vida.
Hay una tendencia hacia una descentralización de la administración. Eso está bien, pero
también hay que ver si el tipo de estilos de contabilidad que se usa en el sector privado
es el mismo que se debería usar en el sector público. El Estado debería poder tomar la
decisión estratégica en lo que se refiere a la ejecución de la decisión a nivel
gerencial. Hay que hacer una distinción entre los resultados, que es lo que los
políticos deberían estar buscando, debería haber un presupuesto en base a productos y
deben asegurarse que los directores, los que ejecuten eso, tengan la responsabilidad de
utilizar los insumos consiguiendo el valor que corresponde por lo que se gasta. Hay que
integrar el gerenciamiento estratégico en base al desempeño y al presupuesto. Queremos
tener una visión que no sea sólo para el presupuesto, sino para la transformación
social. Tenemos que asegurarnos de que esa visión sea traducida en áreas concretas.
Entre tres y cinco años es el período en que se está en el cargo y estos son los plazos
ideales para conseguir los resultados que la coalición trata de conseguir. Queremos una
definición clara del desempeño y que la responsabilidad no sea ambigua. Hay contratos en
base a desempeño y contratos de adquisición especificando los resultados esperados.
Este es el tipo de cosas que estamos buscando. Cuando argumentamos a favor de un régimen
presupuestario yo, obviamente, me (pronuncio) a favor de una de las innovaciones que
hicimos en Nueva Zelanda, que es el acta de responsabilidad fiscal. En Nueva Zelanda fue
en 1994; en Argentina y Perú se está adoptando ahora. Hay que asegurarse de que la
política fiscal esté guiada por buenos principios y buenas prácticas. Hay que
asegurarse de que hay una forma estratégica de abordar la gestión del presupuesto, que
el presupuesto se haga en base a los productos y que se utilice las prácticas
generalmente aceptadas que se utiliza en el sector privado, también para el sector
público.
Aquí están los principios de la reforma del sector público. Cuando vemos la reforma del
sector público tenemos una serie de objetivos que tienen que estar claros: dar a quienes
dirigen el poder de dirigir, asegurar que haya una responsabilidad y transparencia
genuinas, que haya un buen flujo de información y que exista un proceso a nivel del
Parlamento y del presidente para evaluar si ese desempeño se ha adquirido o no.
En la práctica debemos pensar en reformas de empresas del Estado. Luego de reunirme con
el presidente el lunes, todas estas empresas se reunieron con él. Necesitaban recibir el
mensaje directamente de él. Eso es importante si estamos hablando de privatización.
¿Por qué condenarnos a ofrecer servicios costosos e ineficientes? Debemos asegurarnos de
que el Estado esté bien organizado para cumplir con las necesidades modernas, que el
gerenciamiento se haga en base a resultados y, como ha dicho el presidente, debemos
reducir el gasto público. Esa es la práctica en cuanto a la reforma del Estado.
Finalmente llegamos al tema de liderazgo, de visión; es algo que representa un gran
desafío. Yo los estoy desafiando, estoy desafiando aquellas ideas sagradas que se tiene
aquí, en Uruguay. Esas creencias han sido muy importantes para ustedes en el pasado, pero
no se dejen engañar, no se queden atrapados en el pasado porque hay nuevas creencias,
nuevos desafíos. Deben enamorarse del futuro así como están tan enamorados del pasado.
Por lo tanto, vean que éste es un enfoque desafiante, que debe ser comprendido por todos.
Todos; la persona que me ayuda a traducir estas transparencias, que las pasa por Internet,
esa persona debe entender tanto como ustedes, los que están aquí reunidos. No es algo
para una élite, para los que están organizados. Esta es la oportunidad que tiene Uruguay
de decir: "Seamos dueños de nuestro futuro, seamos parte del proceso de
cambio". Debemos estar bien enfocados, como país tenemos una cierta cantidad de
energía, hay que saber usarla y hay que tener un sentido de urgencia.
Quiero concluir con la siguiente idea. Aquí están los principios universales. Las
circunstancias de los países varían: lo que ocurre en Jordania es diferente de Perú, de
Argentina. Brasil es diferente de Uruguay, y Nueva Zelanda es diferente de Uruguay. Pero a
pesar del hecho de que hablamos de distintas circunstancias en distintos países voy a ser
lo suficientemente atrevida como para decir que existen principios universales. Creo que
en el caso de la reforma del Estado modernizarlo no tiene nada que ver con la derecha o la
izquierda; tiene que ver con movernos hacia adelante, no hacia la derecha ni hacia la
izquierda. Y no importa de dónde provengan los políticos, todos deben ir hacia adelante.
No conozco a nadie de la izquierda que piense que vale la pena perder el dinero público.
No conozco a nadie de la izquierda que piense que es inteligente quedarse fuera de
Internet, si es que tenemos precios buenos y servicios buenos. No tiene nada que ver con
derecha o izquierda; tiene que ver con ir hacia adelante, con asegurarnos de que a nuestra
manera crearemos el entorno que nos discipline, que discipline la conducta en política,
en política pública, puesto que los dos ingredientes necesarios para ir hacia adelante
son las cualidades de un buen gobierno y las cualidades de buenas políticas. No se puede
ir hacia adelante sin estos dos requisitos.
Como dije antes, la reforma que realmente ocurre, que marca una diferencia, requiere de un
liderazgo especial por parte de los políticos, de la política pública, de ustedes. Por
lo tanto, para mí es un privilegio estar aquí hablando con ustedes para enfatizar estos
mensajes, para hacerlos más concretos. Y son dos cosas: el disco duro que tenemos en la
cabeza, que se llama actitud Uruguay, y el software que tengo en mi computadora. Si
queremos marcar la diferencia, aquí tenemos una oportunidad.
Panel de preguntas y respuestas
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Transcripción: María Lila Ltaif Curbelo (*)
Edición: Julieta Sokolowicz
(*) Tomada de la traducción simultánea realizada por Isabel Scarzolo y Matilde Prieto
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