linea.gif (846 bytes)
    La primera radio uruguaya en Internet

viernes, 29 de diciembre de 2000        

linea.gif (846 bytes)
Ediciones anteriores
 Noticias
 Entrevistas
 Análisis político
 Economía
 Editoriales
 Especiales
 Deportes
 Documentos
 La audiencia opina
 Cultura
 Dinámica rural
 Rompkbzas
 Planetario
 Café Torrado
 Uruguayos por
  el mundo
 Ojos de la Radio
Acerca
de la Radio
 Temas abiertos
 Spam
 Programación
 Publicidad
 Nuestra Gente
 75º aniversario
 Archivo de voces
¿Qué está dispuesto a hacer usted para que el 2001 sea mejor que el 2000? 


Programa especial
EN PERSPECTIVA
Viernes 29.12.00



EMILIANO COTELO:
Les propongo que hagan memoria.

¿Recuerdan en qué estaban, cómo estaban, hace exactamente un año?
Los últimos días de 1999 nos encontraban a todos entusiasmados y preparados para festejar a lo grande el fin de año que se venía.

Algunos porque creían, profundamente convencidos, que se terminaba el siglo XX y comenzaba el siglo XXI, y eso, qué duda cabía, merecía un ritual especial. 

Otros simplemente porque sentían que el año 2000, aunque no fuera el primero de la nueva centuria, de todos modos venía envuelto en un número suficientemente redondo y atractivo. Para los cristianos, por ejemplo, marcaba el comienzo del Jubileo con el que celebrarían nada menos que los 2000 años del nacimiento de Jesús. Pero para todos, cristianos y no cristianos, ese número, 2000, había figurado durante décadas en el imaginario colectivo como sinónimo de futuro, de nuevas tecnologías y, en síntesis, representativo de un mundo mejor. 

Por esas razones y por algunas otras, todas ellas condimentadas por un marketing hábil, intenso y entrador, buena parte del mundo esperaba con ansiedad la noche del 31 y la madrugada del 1º, y se disponía a disfrutar esas fechas de una manera excepcional, cada uno según sus posibilidades, pero tratando de que aquel no fuera un fin de año más. (Recuerden, por ejemplo, las reservas anticipadas de pasajes y hoteles, para pasarlo en Nueva York o en lugares más bucólicos y románticos. Recuerden, por ejemplo, las programaciones especiales de televisión que se elaboraron para ir siguiendo con el correr de las horas cómo se vivía aquella medianoche en diferentes lugares del planeta, en todos los cuales se había armado espectáculos grandiosos que competían en imaginación, creatividad y presupuesto.)

No es novedad. Cada diciembre, la inminencia del fin de año trae ese efecto mágico que nos eriza la piel, nos embriaga con grandes expectativas y nos hace soñar con tiempos mejores. Pero el fin del año 1999 implicaba todo aquello amplificado y magnificado. Eran mucho más fuertes que nunca las esperanzas de un cambio de “pisada”, de una vida más tranquila y más próspera; en definitiva: de una vida más felíz, para nosotros, para quienes nos rodean y para el país en que vivimos.

Pero en el caso de Uruguay, la realidad no pudo estar más distante de aquellos buenos deseos. Ese 2000 con que tanto aguardamos terminó siendo uno de los años más duros que nos ha tocado pasar.

Un año donde la crisis económica mandó, con su recesión que no se acaba, con el desempleo subiendo a niveles que no se veían desde 1983, con el ingreso de los hogares bajando de manera preocupante. 

Un año donde, es cierto, no todo salió mal. El Uruguay tuvo algunos avances, hubo empresas y personas a las que les fue bien y muy bien, y a partir del nuevo gobierno y de la iniciativa privada se sembraron planes y proyectos que recién pueden comenzar a dar sus frutos a partir del 2001. Por otra parte, es indudable que desde la administración Batlle se dieron pasos muy positivos y saludables, como la campaña contra el contrabando, esta vez sí encarada en serio, una cruzada que no sólo tiene que ver con lo comercial y lo legal, sino fundamentalmente con lo ético y lo moral.

Sin embargo, esas dificultades económicas que nos afectaban directamente o que golpeaban a nuestro entorno, le ganaron a esas señales alentadoras, se impusieron sobre todos nosotros y fueron construyendo un ambiente general negativo, una “pálida”, que se convirtió en un lastre fuerte. A los deberes mal hechos por nosotros mismos, los uruguayos, se sumaron una a una las que el presidente Batlle ha llamado “siete plagas de Egipto”.
Factores externos, como el precio del petróleo, o accidentales, como la aftosa, pesaron de manera sensible en un país pequeño como el nuestro, nos complicaron las cosas y, además, alimentaron esa tendencia tan uruguaya a sentirnos víctimas: realmente, nos pegaban de todos lados, la cosa era excepcionalmente brava y eso daba mayores argumentos a ese “bajón” que se retroalimentaba con la crisis, que no nos dejaba levantar cabeza y que –creo- incluso nos tiraba “mala onda” en las otras cosas en las que andábamos, no vinculadas a lo económico. No sólo el país, sino muchos de los uruguayos individualmente han terminado ganados por la paranoia y preguntándose: ¿qué hice yo para que todo se me complicara tanto?

Bueno, este año que ha sido tan oscuro para el Uruguay, ahora, dentro de dos días, se acerca a su fin. Y yo tengo la sensación de que en estas vísperas del 31 estamos –como hace un año- todos otra vez muy ansiosos, pero ansiosos sobre todo deseando que llegue de una buena vez el momento en que podamos darle a este 2000 el buen empujón que se merece para que se vaya de una vez.

Las cosas empiezan a darse mejor para que la economía se recupere el año que viene. Hay que tener cuidado de no pasarse de optimistas, pero sea como sea, parece difícil que el 2001 sea peor que este 2000 que se va. 
Las siete plagas, por ejemplo, han ido apagándose. Pero es evidente que con ello no alcanza. Que se atenúen las influencias nocivas del exterior, no es suficiente. Desde ya los analistas locales pronostican que la recuperación sería lenta y trabajosa. Por eso mismo, está claro que para que el Uruguay inicie se revitalice, con lo de afuera no alcanza: nosotros también tenemos que poner lo nuestro. 

Y aquí llegamos al punto que les estamos proponiendo como tema de reflexión a ustedes, nuestros oyentes, en este, el último programa del año de En Perspectiva.

Para que el año 2001 sea mejor que el 2000, los uruguayos tenemos mucho que hacer. 

El sistema político, en particular, tiene mucho que hacer, y sobre eso hemos discutido bastante en los últimos meses y sobre todo en este mes de diciembre. El sistema político -los gobernantes y los dirigentes de oposición- tienen mucho que hacer, a nivel nacional y a nivel de cada departamento del país. 

Pero además de lo que tienen que hacer los políticos, además, todos nosotros, simples mortales, tenemos que poner lo nuestro. 

Los uruguayos “de a uno” no estamos al margen del desafío. Es más, podría decirse que de la suma de los aportes individuales, de las actitudes y los estados de ánimo de todos los habitantes del país, depende esencialmente lo que como sociedad seremos capaces de alcanzar.

Esa es entonces nuestra pregunta hoy para la audiencia de En perspectiva: 
¿Qué está dispuesto a hacer usted para que el 2001 sea mejor que el 2000? 
Es sencillo pontificar sobre lo que deberían hacer los demás. Por eso le planteamos el interrogante más difícil:

¿Qué debería hacer usted?
¿Qué puede hacer usted?
¿Qué va a tratar que hagan aquellos que lo rodean?
¿Cómo puede contribuir usted para que el 2001 sí sea “el año” del Uruguay, ese año en el que nuestro país levante de una vez la cabeza y se disponga a ingresar al siglo XXI con dignidad, con convicción, con paso firme y seguro?


Primera parte

Segunda parte

Tercera parte



¿Y qué vamos a hacer nosotros para que el 2001 sea mejor que el 2000?

Por supuesto que vamos a seguir haciendo periodismo.

Este periodismo que siempre hemos entendido como servicio público y que, por eso, creemos que hoy resulta más necesario que nunca.

Un periodismo que le hinque el diente a los grandes desafíos que el país enfrenta, y que lo haga aportándole a la audiencia la información más relevante y el debate entre las principales opiniones. 

Un periodismo que no alimente el pesimismo ni tampoco la euforia.

Un periodismo que se mantenga independiente de los partidos y las pasiones.

Un periodismo de “cabeza fría” pero que no por ello deje de vibrar con las inquietudes de la gente y con el destino del Uruguay.

Un periodismo responsable y serio, pero al mismo tiempo lo más entretenido posible.

Un periodismo anclado en esta tierra, pero con las antenas bien abiertas a lo que pasa afuera, a las nuevas tendencias y a lo inesperado.

Un periodismo que sin menospreciar la importancia de la política y la economía, sea sensible a los matices que emanan de la sociedad civil, a través de los emprendedores, los voluntarios, los científicos; en definitiva: de la gente común y corriente.

En síntesis, el periodismo que desde hace 15 años nos planteamos, pero que puede y debe enriquecerse y renovarse.

La renovación resulta conveniente siempre, todos los años. Pero en esta encrucijada en la que se encuentra el Uruguay la renovación es más imprescindible que nunca.

¿Cómo será esa renovación?

¿Cómo es que procuraremos servirles mejor y, con ello, servir mejor al país en el año 2001?

Las grandes líneas de esos nuevos acentos están ya delineadas.

Pero lo mejor será que sobre esto vayamos conversando con ustedes a lo largo del verano, para que puedan ir poniéndose en marcha a mediados de febrero y principios de marzo.