EN PERSPECTIVA
Jueves 02.03.00 - Hora 10.30
DIEGO BARNABE:
El domingo 6 de diciembre de 1998, Hugo Chávez fue elegido presidente de Venezuela con el
56,24% de los votos. El 2 de febrero del año siguiente asumió el mando. Está casado en
segundas nupcias con María Isabel Rodríguez y tiene cinco hijos. Es licenciado en
Ciencias y Artes Militares, en la opción de Ingeniería; en 1991 se graduó como oficial
de Comando y Estado Mayor en la Escuela Superior del Ejército Simón Bolívar, y cursó
la maestría en Ciencias Políticas de la Universidad Simón Bolívar.
Chávez surgió como figura pública para buena parte de Venezuela y del mundo el 4 de
febrero de 1992, cuando lideró un golpe de Estado contra el presidente Carlos Andrés
Pérez, que en ese momento no tuvo éxito. Tras estar dos años preso por ese intento
golpista y -posteriormente- retirarse de la vida militar, presentó su candidatura a la
Presidencia en el proceso electoral de 1998. Su gobierno cumplió un año exactamente el 2
de febrero pasado. Durante este período logró modificar la Constitución de Venezuela.
Al margen de su actividad como militar y político, Hugo Chávez es aficionado al deporte
-especialmente al béisbol-, pero también a la literatura y a la pintura.
Sus detractores dicen de él que es populista y autoritario. Sus defensores, que es un
líder idealista y renovador.
Ahora estamos con él en el Aeropuerto Internacional de Carrasco, en la Brigada Aérea
número uno, más concretamente en la Sala VIP del Casino de Oficiales. Lo acompañan su
esposa y toda la delegación que está pronta para dejar Uruguay en instantes.
En cierto sentido, usted es un "colega", dado que todos los domingos se comunica
con la población de su país a través de la radio.
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"Cuando millones de seres humanos
apasionados por una causa se unen en un solo ente, es como el combustible que mueve la
maquinaria de la historia. Y en esa maquinaria, yo apenas soy el acelerador" |
"Veo el cambio de mando como un paso adelante,
sin duda, en el proceso democrático del Uruguay y de los países del continente,
especialmente de Sudamérica. Es un paso de progreso impulsado por un pueblo al que le
gusta la democracia"
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HUGO CHAVEZ:
(Se ríe) A mí me gusta mucho nadar en las aguas de la libertad de pensamiento, de
crítica, de expresión...
Como nos estamos yendo, antes de seguir quiero aprovechar para saludar a los miles de
personas que seguramente nos están oyendo en Uruguay, en esta mañana con esta llovizna
tan sabrosa con la que amaneció Montevideo. Lamentablemente ya nos vamos, pero lo hacemos
felices de haber compartido con el pueblo uruguayo, con su nuevo gobierno y sus
instituciones estas 48 horas de intenso contacto, muy humano, muy refrescante y con gran
optimismo, con mucha fe en el futuro.
DB - ¿Cómo ve usted este cambio de mando? ¿Cómo juzga usted el discurso del nuevo
presidente uruguayo que escuchó ayer en el Parlamento?
"Nosotros somos contrarios a las tesis
economicistas del neoliberalismo salvaje que echan a un lado al ser humano. Lo más
importante es el ser humano, no la macroeconomía. Ahí compartimos plenamente el discurso
de Batlle"
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HC - En primer lugar, veo el cambio de mando como un paso adelante, sin duda,
en el proceso democrático del Uruguay y de los países del continente, especialmente de
Sudamérica. Es un paso de progreso impulsado por un pueblo al que le gusta la democracia.
Y en cuanto al discurso del presidente Batlle, sin duda estuvo cargado de una serie de
precisiones muy importantes.
En primer lugar, coincido plenamente con la visión latinoamericanista que impregnó este
discurso. El hablaba del Mercosur, pero más allá de lo económico; hablaba de un
Mercosur político, cultural, social. Yo aplaudí inmediatamente -con gran vigor, como
todos los que estaban ahí- esa línea estratégica, porque en ella andamos. Y estamos
aquí impulsados por esa línea unitaria que es la misma de Artigas, de San Martín, de
Rodó, de Bolívar, de tantos luchadores y actores de nuestro acontecer histórico.
Igualmente, para nosotros también es vital el enfoque social de lo económico. Nosotros
somos contrarios a las tesis economicistas del neoliberalismo salvaje que echan a un lado
al ser humano. Los modelos económicos tienen que estar en función del ser humano. Lo
más importante es el ser humano, no la macroeconomía. Ahí compartimos plenamente su
discurso.
DB - En su visita a Montevideo, usted insistió mucho en ser enemigo de los
encasillamientos, de los estereotipos. Dijo que se define como un humanista que no es ni
neoliberal ni socialista, sino fundamentalmente bolivariano.
¿Qué significa hoy, en el año 2000, ser bolivariano? ¿Qué vigencia tiene ese
pensamiento?
HC - Ah, muchísima. Las ideas no tienen edades. Hace 2000 años que nació Cristo, ¡y
cuánta vigencia tienen sus ideas y su acción! Igual con Bolívar; menos de 200 años.
DB - Pero éste no es el mundo de Bolívar...
HC - ¿A qué te refieres?
DB - No es el mismo mundo en el que Bolívar expresó sus ideas.
HC - Por eso digo que las ideas no tienen edad. Igual estamos en la misma América, es el
mismo continente, el mismo territorio, somos la misma herencia de generaciones que por
aquí pasaron. Es el mismo Río de la Plata, es el mismo Mar Caribe, es la misma
Cordillera Andina. Y, en el fondo, es la misma realidad: una situación de dependencia
tremenda, de atraso, un mundo nuevo que anda buscando salidas y caminos.
Dime si no tiene vigencia, por ejemplo, el planteo bolivariano de un congreso para unir a
todos estos países en una alianza perpetua, para buscar un mundo más equilibrado con el
resto de los centros de poder del mundo. Es una idea que hoy tiene más vigencia que ayer;
si tenía vigencia hace 200 años, hoy tiene más. O la idea de Bolívar de que una
República debe tener dos polos: la moral y las luces. Eso tiene una gran vigencia. O la
idea bolivariana -que ahora está incrustada en nuestra nueva Constitución- de un cuarto
poder, el Poder Moral. Nosotros hemos inventado el poder ciudadano como cuarto poder del
Estado. Venezuela ahora tiene cinco poderes; el quinto es el Poder Electoral que propuso
Bolívar en el año 26, cuando fundaron Bolivia. Eso tiene mucha vigencia.
DB - ¿En qué se traduce ese poder ciudadano en la práctica?
HC - Tiene tres instituciones fundamentales. Hay un Consejo Moral Republicano que ya
existe y tres instituciones democráticas sociales. Una de ellas es la Defensoría de los
Derechos del Pueblo. La otra es la Fiscalía, todo lo que es el Ministerio Público. Y en
tercer lugar, está la Contraloría General, cuya función es controlar, investigar, velar
para que se administre bien los recursos, toda la función fiscalizadora para velar por
que se cumpla las leyes y (se respete) los derechos humanos. Y una institución que es
totalmente nueva es la Defensoría de los Derechos del Ciudadano.
DB - ¿Cualquier ciudadano puede hacer sus planteos, sus reclamos o sus denuncias ante esa
institución?
"Nosotros, en Venezuela, nos vimos en la
obligación, hace 11 años, de utilizar la violencia como último recurso contra una
violencia mayor que se había desatado contra un pueblo que estaba siendo saqueado. Lo
hicimos por obligación moral, por necesidad dolorosa, pero yo odio la violencia"
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HC - Claro. No tiene ni tres meses de instalado ese nuevo Consejo Moral
Republicano y han llovido las denuncias. Hay más de 6.000 denuncias, desde la señora a
la que el dueño de un edificio contrató para limpiar y a la que no le pagaron, hasta el
empresario que tiene quejas porque el Estado no le ha devuelto unos recursos que le debe,
unos recursos que le cobraron de más... Qué sé yo, cosas de esas tan fundamentales...
La familia que no tiene vivienda -y ése es un derecho humano-, o el que está enfermo de
Sida y nadie lo quiere, todo el mundo lo ve como si fuera el Diablo, nadie quiere
entenderlo... Son los derechos fundamentales del hombre.
DB - En esta visita a Montevideo usted se ha definido como un revolucionario pacifista. Ha
dicho: "Estoy protagonizando una revolución pacifica en mi país, si bien participé
de la violencia". ¿Lo reconoce, es así?
HC - Déjame darle mis toques a lo que tú has dicho. Primero, yo no me siento
protagonizando una revolución en Venezuela; el protagonista verdadero es el pueblo, el
colectivo, la unión en un solo ente de millones de seres humanos que andan enamorados,
apasionados por una causa, por una lucha. Cuando eso se presenta es como el combustible
que mueve la maquinaria de la historia. Y en esa maquinaria, yo apenas soy el acelerador.
Entonces, lo de la violencia, lo de la democracia, lo de la revolución... Claro, yo
participé en hechos violentos, pero fue como cuando esta figura jurídica que aparece en
casi todas las cartas fundamentales y Constituciones y leyes del mundo, el derecho a la
defensa... Si viene un grupo de personas armadas a atacarme a mí y a mi esposa, yo tengo
derecho a defenderme, e incluso a usar la violencia contra otra violencia. ¿Qué hizo
Cristo? ¿Por qué lo crucificaron? No por pacifista a ultranza.
Yo soy muy cristiano. Una vez Jesús agarró un látigo y se fue a un templo. Entró a los
latigazos, les partió la cara a unos mercaderes y les dijo: "Si vuelven, les vuelvo
a partir la cara". Les sacó sangre. Y ese fue Jesús de Nazareth, el hijo de Dios.
Nosotros, en Venezuela, nos vimos en la obligación, hace 11 años, de utilizar la
violencia como último recurso contra una violencia mayor que se había desatado contra un
pueblo, que estaba siendo saqueado, empobrecido. Y, cuando salió a protestar en el
tristemente célebre "caracazo", una manifestación popular, una explosión
social, nos enviaron a nosotros, a los militares, a echarles ráfagas de ametralladora y
de fusiles, como en una guerra; a niños chicos, a mujeres, a hombres... Murieron no se
sabe cuántos, todavía hay desaparecidos, fosas comunes. ¡Ese fue el colmo de los
colmos! Nosotros tuvimos que seguir otra vez el mandato de Bolívar. El dijo un día:
"Maldito sea el soldado que vuelva las armas contra su pueblo". Así que, por
obligación moral, por necesidad dolorosa, tuvimos que hacer uso de la violencia, pero yo
odio la violencia. Aunque participé por 12 horas en un hecho violento, aunque cuando me
di cuenta de que no se podía ni debía seguir en eso fui el primero en rendir las armas y
llamar a mis compañeros a rendición y al país a la reflexión, a aceptar la
responsabilidad e ir a encerrarme dos años en una celda.
Ahora estamos haciendo esfuerzos para alejarnos de las fuentes potenciales de hechos
violentos en Venezuela. Y gracias a Dios hemos logrado alejarnos. Estamos haciendo un
camino revolucionario pero pacífico, en democracia.
DB - ¿Volvería a dar un golpe, de considerarlo necesario?
HCH - Déjame clarificarte que para nosotros eso no fue un golpe; un golpe es otra cosa.
Hay muchos clichés que viajan por el mundo; hablan de un golpista sin haber analizado el
contexto, como cuando Ortega y Gaset habla de "el hombre y sus circunstancias".
Te repito que aquello fue más un gesto de rebeldía de una juventud bolivariana, militar,
popular. La mayor parte de nosotros, de los militares venezolanos, somos campesinos,
muchachos de los barrios... En todo caso, lo que tú me preguntas es si volvería a
participar en ello. Si a las circunstancias me las ponen igualitas, yo estoy seguro de que
volvería hacerlo. No quiero volver a hacerlo, porque es doloroso. Pero si las
circunstancias son las mismas, si la fórmula "a + b + c + d" es la misma, el
resultado es el mismo, yo volvería a hacerlo, porque fue necesario.
Claro que, afortunadamente, las situaciones del entorno político en Venezuela han
cambiado radicalmente en una década. Hay un pueblo que ahora está enamorado de un
proyecto y, a pesar de que carga un dolor y una miseria muy grandes, está participando en
el proceso. Esto nos ha alejado definitivamente de la posibilidad de que eso vuelva a
ocurrir.
DB - Y, al revés, ¿cómo observa usted las declaraciones de algunos de su colegas, o ex
colegas militares, en particular del general de la Fuerza Aérea Francisco Visconti, que
declaró el fin de semana pasado, al diario Universal, que debería darse un golpe militar
contra usted para agilizar el proceso revolucionario? Algunos otros jefes militares
retirados, fundadores del Frente Institucional Militar, denunciaron hoy la politización
de las Fuerzas Armadas de parte suya. Es decir que hay, militares retirados o en
actividad, que están manifestándose contra usted, o que insinúan eventualmente un golpe
militar.
HC - Yo leí anoche las declaraciones del general Visconti y no les doy esa
interpretación, definitivamente. Incluso ahora él ha decidido optar por una
gobernación, va al proceso electoral. Y tengo textualmente una de sus entrevistas
televisadas en Venezuela hace pocos días. Visconti apuesta al proceso revolucionario
pacífico; así lo ha dicho. Más bien, lo que hace es un llamado -y me parece
interesante- a entender que un proceso de revolución democrática enfrenta grandes
dificultades a la hora de las transiciones. No se puede cambiar todo de la noche a la
mañana cuando tú optas por una revolución pacífica, porque tienes que respetar al
adversario, que es lo que estamos haciendo nosotros. Tienes que convivir durante cierto
tiempo con las sombras, con los mismos sectores que manejaron al país durante 40 años y
tienes que respetar sus abusos, e incluso la política constructiva o destructiva.
Así que es un proceso lento. Una revolución pacífica es más lenta y mucho más
difícil a la hora de hacer los cambios. Porque una revolución violenta, que llega, ocupa
los espacios y hegemoniza todo, manda fusilar a cualquier crítico, cerrar los medios de
comunicación, manda al exilio a 20.000 personas... No sé si es más fácil, pero el
avance del proceso es mucho más rápido que la situación que estamos viviendo. Creo que
éste es el fondo del llamado del general Visconti; si tú quieres entrevistarlo a él, yo
te puedo ayudar, para que tú disecciones su pensamiento. Pero yo, que le conozco, estoy
totalmente seguro de que él está apostando al proceso democrático. Lo que dijo Visconti
en una de las preguntas -pero hay que contextualizar esto-, cuando le preguntaron acerca
de cómo hacer el proceso más rápido, fue que la única forma sería dando un golpe de
Estado. Es decir, con una revolución violenta. Ese es el contexto en el que yo lo he
interpretado.
Y el otro caso, de un grupo de militares que salió por ahí con un documento, pregúntate
quiénes son...
DB - Fernando Ochoa...
HCH - Párate ahí. El era ministro de Defensa cuando nosotros nos sublevamos, y después
fue canciller de Carlos Andrés Pérez y embajador en México del gobierno de (Rafael)
Caldera durante cinco años. En México ahora ya terminó sus funciones; entonces, él
anda haciendo su juego político, sin ninguna duda. Yo sí debo decirle a Uruguay, a
América Latina y al mundo entero que, afortunadamente, la Fuerza Armada venezolana hoy
está más reunificada que nunca. Porque precisamente, fueron estos caballeros retirados,
como Ochoa, los que contribuyeron muchísimo a dividir a la Fuerza Armada, a
desmoralizarla, porque la pusieron a la orden de la corrupción, a amparar politiquerías
o grupos políticos que saquearon e hicieron grandes negocios en compra de armamento. Hay
unos casos que estamos investigando, por ejemplo, que tocan a muchos de estos personajes:
una compra de municiones, una reparación de tanques de guerra donde se hicieron ricos
políticos, empresarios y militares. A algunos de ellos los está investigando, por ahora,
los nuevos jueces y la nueva Corte Marcial. Ellos andan haciendo su juego, pero el país
sabe quiénes son; forman parte de esa casta de venezolanos que destrozó al país.
DB - Seguramente al pueblo uruguayo le interesa mucho conocer su concepto de democracia.
En la IX Cumbre Iberoamericana de Presidentes, en la Habana, el año pasado, afirmó que
la democracia occidental ha fracasado y propuso una nueva definición, según la cual, la
democracia "es aquel sistema que conduce a la felicidad de los pueblos". Es una
definición que se presta para la polémica, para analizarla.
"A mí y al proceso venezolano algunos nos
catalogan de extrema derecha, otros de extrema izquierda, otros de fundamentalistas, de
populistas... A mí me comparan con Perón, con Hitler, con Mussolini; hay una gran
confusión en el mundo"
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HC - Esa definición claro que no es mía, es del mismo caballero del que
estamos hablando hace rato y que se llama Simón Bolívar. Fue planteada en el discurso de
Angostura, el 15 de febrero de 1819, instalando un Congreso Constituyente del cual nació
la tercera República Venezolana, y la gran Colombia luego, y ese sueño de integración.
En ese discurso -que es muy profundo, pragmático, incluso dialéctico, muy político y
social, donde toca una diversidad de elementos- hablando de los sistemas de gobierno
Bolívar dice que no podemos movernos entre los extremos. Se refería al autoritarismo o
la tiranía, y el libertinaje o la anarquía. Son dos extremos que a veces tienden a
tocarse. El decía que había que buscar un punto medio, de equilibrio, en lo político, y
hacer sistemas de gobierno democráticos. Entonces lo definió así: "El gobierno
más perfecto es aquel que le proporciona a su pueblo la mayor suma de estabilidad
política, de seguridad social y de felicidad". ¡Fíjate qué tres cosas!
DB - Claro que es un asunto muy delicado quién determina si el pueblo está feliz. Usted
dijo esto, además, en un contexto muy particular como el de Cuba, donde esa frase puede
tener un significado muy delicado.
HC - ¿Por qué dices eso?
DB - Por las diferentes maneras en que el mundo ve a Cuba. ¿Usted cree que allí hay
democracia u otro tipo de régimen?
HC - Hay muchas formas de leer el mundo. A Venezuela también la ven de muchas maneras. A
mí y al proceso venezolano algunos nos catalogan de extrema derecha, otros de extrema
izquierda, otros de fundamentalistas, de populistas... A mí me comparan con Perón, con
Hitler, con Mussolini; hay una gran confusión en el mundo. Por eso yo invito a la gente a
que vaya a Venezuela, para que pasen los días que quieran, entrevisten a quien deseen,
caminen, oigan, sientan, y tengan una impresión más objetiva. Yo creo que para condenar
o aprobar a Cuba hay que ir a Cuba. Es como que del Uruguay empecemos a decir cosas en el
mundo, sin venir aquí a verles la cara a los hombres, mujeres y niños del Uruguay, y
empecemos a condenar desde el polo Norte o desde India o desde China a Uruguay sin haber
venido nunca, sino basándonos en lo que corre por el mundo. Eso es muy subjetivo, muy
peligroso, muy riesgoso.
DB - Y usted, ¿qué conclusiones ha sacado sobre la situación de Cuba, sobre su pueblo y
su régimen?
HC - El cubano es un pueblo latinoamericano, encendido de pasión, sin duda, yo lo he
visto, lo he tocado, incluso fui a jugar al béisbol allá, en el Estadio Latinoamericano.
Mi esposa -que está conmigo acá- ha visitado escuelas -yo he ido con ella- donde los
niños estudian y tienen su computadora; hemos visto una escuela internacional de
medicina, cirugías infantiles. En Cuba hay, sin ninguna duda, un trabajo social
extraordinario que hay que ir a ver, a tocar, y no dejarse llevar por los clichés, que
son muy peligrosos.
DB - ¿Eso quiere decir que el pueblo cubano está feliz y por lo tanto ésa es una
expresión de democracia?
HC - Yo no puedo catalogar al pueblo cubano como feliz. Sí hablo de los pueblos
latinoamericanos -y el cubano es uno de ellos- como pueblos que buscan estadios mayores en
la vida, de felicidad, de bienestar, de alegría, de compenetración con su medio. No creo
que debamos dividir al pueblo cubano del venezolano, del paraguayo, del uruguayo, y decir
que aquel es más feliz que éste. Creo que toda América Latina, como decía Eduardo
Galeano ya hace 30 años, está con las venas abiertas, todavía. Diría más: con las
arterias abiertas, con los huesos abiertos. Creo que tenemos que reintegrar el continente,
y allí está Cuba como parte de un pueblo masacrado por un sistema mundial que nos ha
especializado en perder -como dijo Galeano-, que se ha nutrido de nuestras materias
primas. Y aquí estamos, muy lejos de una situación a la que ya deberíamos haber
accedido. Así que el pueblo cubano está pasando por las mismas que el pueblo
latinoamericano en forma general.
DB - Usted ha expresado una gran admiración por Fidel Castro, e incluso mucho afecto, en
su visita a la Cumbre Iberoamericana. En función de los encasillamientos, de los
prejuicios de los cuales hoy hablábamos usted decía: "No soy socialista, no soy
neoliberal; soy un humanista, soy bolivariano". Al mismo tiempo promueve buenas
relaciones, de colaboración, con los Estados Unidos. ¿Cómo hay que leer entonces esa
admiración por la figura de Fidel Castro, por el proceso cubano, y al mismo tiempo la
relación que quiere trabar Venezuela con Estados Unidos, que sin duda no ve con buenos
ojos a Fidel?
HC - Yo aprecio a Fidel Castro, lo he sabido apreciar desde que lo conocí. E igualmente
aprecio a Fernando (Henrique) Cardoso, por ejemplo, al Rey don Juan Carlos de Borbón, al
presidente (José) Aznar, a Andrés Pastrana...
DB - ¿A Clinton?
"Nosotros hemos tenido bastante cuidado de
diferenciarnos de la corriente que representa el general Pinochet. Pero si alguien comete
un delito en un país determinado, es lógico que el proceso se decida en el país donde
se cometió el crimen"
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HC - También le aprecio. He conversado con él personalmente y entre nosotros
ha habido una "química". Claro, no la interacción que yo he podido tener con
Cardoso o con Fidel, o la que debo tener de seguro con el presidente Batlle o con De la
Rúa, con quien conversé anoche y con quien también hay una "química"
extraordinaria. Así que es un afecto, el compromiso por un mundo. Estamos compartiendo
responsabilidades parecidas, cada uno hacia adentro de su propio país pero también hacia
afuera, hacia la integración del continente. Yo no puedo dejarme llevar porque Estados
Unidos vea mal a Fidel y entonces yo también lo voy a ver mal, y voy a tener miedo de ir
a Cuba y de estrecharle la mano o darle un abrazo. No, yo estoy utilizando un derecho, que
es la libertad de apreciar, la libertad de afecto, de contribuir.
Hace poco firmamos un acuerdo de cooperación con Cuba para recuperar la Refinería
Cienfuegos, inyectar capitales conjuntos y poner esa refinería a tono con las exigencias
de la modernidad pensando en el mercado cubano y del Caribe, fundamentalmente. No tenemos
ningún miramiento. Igual somos países de la OPEP, y ahí están países como Libia,
Irán e Irak. Estamos convocando a una cumbre de la OPEP en Caracas; si el presidente de
Irak, Saddam Hussein, o el de Libia, Mohammar Gadafhi, quieren venir a Caracas para esa
cumbre, los hemos invitado. Bienvenidos serán, son presidentes de unos países...
DB - ¿Y esa buena relación de Venezuela con Cuba no ha incidido en la relación con
Estados Unidos?
HC - De ninguna manera, no tiene por qué incidir. Hasta ahora no ha incidido y estoy
seguro de que no va a incidir. Somos un país soberano.
DB - En este momento en que estamos conversando, y usted está por subirse a su avión
para regresar a Venezuela, lo mismo está haciendo el general Augusto Pinochet desde
Londres hacia Chile, de regreso en la medida en que el ministro del Interior Británico,
Jack Straw, decidió liberarlo y no conceder la extradición a España por motivos de
salud. ¿Cómo observa usted este desenlace al proceso que ha seguido a la situación de
Pinochet desde su detención?
"En lo político, en un año hicimos lo que no
se hizo en un siglo: hemos roto con un esquema de dominación y tenemos una nueva
institucionalidad. Venezuela sin duda se levanta y va adelante"
|
HC - Desde el primer momento en que ocurrió este hecho nosotros hemos tenido
bastante cuidado de diferenciarnos de la corriente que representaba también en su momento
el general Pinochet. Eso, en primer lugar. Pero, en segundo lugar, siempre hemos dicho que
allí hay tres Estados y sus leyes soberanas implicadas: el Reino Unido, el Estado
español y el chileno. Y que ese caso debía ser ventilado en función de las leyes de
estos Estados y los acuerdos internacionales. Este desenlace parece decir no a esa
esperanza o idea nuestra, que muchos países han compartido. Porque nosotros también
hemos dicho algo, que creo que es fundamental a la hora de mirar el principio de
autodeterminación de los pueblos, el principio de soberanía: si alguien comete un delito
en un país determinado, es lógico que el proceso se decida en el país donde se cometió
el crimen o el supuesto crimen. Esa ha sido siempre nuestra opinión y sigue siéndola en
el caso del general Pinochet.
DB - Finalmente, usted vuelve a su país y seguramente lo espera un año de mucho trabajo.
Durante 1999 el Producto Bruto Interno de Venezuela cayó un 7,2%, el desempleo se ubicó
entre un 16% y un 18%, la inflación bajó, de 29% a 20%... Estas cifras no son demasiado
alentadoras. Por otra parte, usted también tiene que enfrentar la situación de la
reconstrucción luego de las inundaciones, de esa tragedia del mes de diciembre. ¿Cómo
piensa enfrentar este panorama?
HC - Continuamos con nuestro proyecto. Después de apenas un año de gobierno, de haber
comenzado a cambiar la dirección en lo político, en lo económico, en lo social, lo
internacional, lo ético, creo que hemos avanzado, que hemos dado un paso muy firme. En lo
económico, ciertamente la producción cayó, pero ¿qué incidió de manera determinante
en esto? Que recortamos la producción petrolera hasta 625.000 barriles diarios, para
recuperar el precio del barril. Eso fue necesario, e influyó en la caída del Producto
Interno Bruto. Pero al mismo tiempo la inflación cayó al mínimo de los últimos 13
años, las reservas internacionales pasaron los 15.000 millones de dólares, equivalentes
a 16 meses de importación. Las tasas de interés bancario cayeron 20 puntos en un año,
ahora están en 30. Por otra parte hay una estabilidad cambiaria perfecta, en base a una
política de bandas de flotación. Y algo muchísimo más importante: el déficit fiscal.
Recibimos un país con un déficit de 7,5 y terminamos el año en 2,5, una reducción
sustancial.
En resumen: hemos ajustado las variables macroeconómicas sin aplicar políticas de shock
impuestas en centros de poder, sino por decisión soberana.
En lo político, en un año hicimos lo que no se hizo en un siglo: hemos roto con un
esquema de dominación y tenemos una nueva institucionalidad. Venezuela sin duda se
levanta y va adelante. Y con esto me despido de ti y de este pueblo noble de Artigas,
deseándoles lo mejor.
DB - Un pequeño detalle: usted tiene mañana una huelga, entre los sindicatos y la
industria petrolera. Será un problema que tendrá que resolver.
HC - Bueno, eso es parte del proceso democrático. No hemos ilegalizado el sindicato, y
eso lleva a estas reacciones de algunas cúpulas sindicales, dominadas por los hilos del
viejo régimen, que aún hemos respetado, están ahí. Hemos llamado a elecciones
sindicales por la base y a veces responden de esta manera. Pero es parte del mismo juego
democrático. Nosotros vamos a derrotar estos llamados a huelga, Venezuela va a ir, en lo
político, social y ético, fundamentalmente, bajo el proyecto de Bolívar.
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Producción periodística: Mauricio Yamuy y Roberto Porzecanski
Transcripción: Mariana Viera Cherro
Edición: Julieta Sokolowicz
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