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miércoles, 13 de diciembre de 2000        

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Factum


Escríbanos


El equipo económico hace
su balance del año que 
termina y traza las
perspectivas
para el 2001

FORO ORGANIZADO POR LA ASOCIACION CRISTIANA DE DIRIGENTES DE EMPRESA


Cr. Alberto Bensión:
"La política económica 
y su proyección en el 2001"



MINISTRO DE ECONOMIA,
CONTADOR ALBERTO BENSIÓN:
Deseo comenzar mis palabras con un breve repaso de los principales acontecimientos del año. Cuando formamos nuestra primera previsión del 2000, pensamos -y luego veremos que con cierto fundamento - que iniciaríamos un proceso de recuperación con una progresiva afirmación a lo largo del año.

Es público y notorio que no ha sido así. Estamos terminando un año duro, de dificultades para las empresas, los trabajadores y el gobierno. Pese a ello, se han logrado algunos progresos de importancia, quizá no muy visibles en el corto plazo, pero que sientan los cimientos de un avance más duradero hacia adelante, principalmente a través de una reestructura tanto de la oferta como de la demanda, en busca de un proceso de mayor diversificación de la economía.

No voy a abundar en los resultados desfavorables conocidos hasta ahora. Los últimos datos disponibles confirman la baja del nivel de actividad del año, en un 1.3% al cabo de los primeros nueve meses del año, luego del descenso superior al 3% del año pasado.

Si bien la tasa del desempleo ha caído al 13.9% en el tercer trimestre, desde su pico de 14.3 % en el segundo, aún está por encima de un nivel aceptable. Cabe destacar, sin embargo, un dato en cierto modo auspicioso: la caída en la desocupación del tercer trimestre del 2000 se ha dado en el marco de un aumento en las personas ocupadas, pero con la continuación del proceso de aumento del número de personas que desean trabajar.

Decíamos que al comenzar este año aguardábamos ciertas complicaciones para el manejo macroeconómico, que en su momento anunciamos, tales como los aumentos en la tasa de interés y el precio del petróleo a nivel mundial. Es más, nuestro programa financiero incorporó el impacto de tales proyecciones, aunque la realidad fue luego mucho más adversa que nuestras estimaciones.

Al momento de formular el programa del año, la recaudación, el empleo, las importaciones y el nivel de actividad estaban creciendo.



Ustedes recordarán que durante el último trimestre de 1999 y el primero de este 2000, el PBI trimestral desestacionalizado había crecido. Esto llevó, incluso, no sólo a nosotros sino a la generalidad de los analistas del sector privado a prever el fin de la recesión. Lamentablemente ello no ocurrió.

Surgieron complicaciones adicionales e imprevistas en nuestra coyuntura externa, que interrumpieron el proceso anterior. Entre fines de abril y comienzos de mayo se complicó la situación económica de Argentina, con una pérdida generalizada de confianza en las posibilidades de la región, incluyendo a Uruguay, aparecieron algunos problemas en la relación comercial con Brasil en lácteos y en arroz, hubo un aumento por encima de lo esperado de la tasa de la FED, con una perspectiva aún más negativa, y tuvimos fuertes dificultades como consecuencia de un nuevo aumento del precio del petróleo, que subió por encima de los U$S 30 el barril, a la vez que empeoraba la relación de nuestra moneda con Europa en función de la caída del euro.

Tampoco la naturaleza estuvo ajena a nuestros problemas, si bien se normalizó el régimen de lluvias a comienzos del año. Los peligros fitosanitarios de la región se hicieron presentes, a pesar de nuestros esfuerzos como país en contenerlos, y fue sólo merced a la rápida y decidida intervención de las autoridades competentes que se logró minimizar el daño producido por la interrupción de nuestra corriente exportadora de carnes debido al incidente del brote de aftosa en el Departamento de Artigas.

En fin, las siete plagas de Egipto, como ha dicho nuestro Presidente. Y en verdad, la magnitud del shock real que recibimos no tiene precedentes en la historia del Uruguay moderno.

En el MEF hemos calculado la suma de todos estos problemas en unos U$S 800 al año, que como es inevitable, se restaron al ingreso de las familias. Piénsese que esto significa que, en promedio, cada familia tipo recibió U$S 1000 al año menos que hace dos años. ¡ Cómo todo esto no se va a sentir en el nivel de vida de nuestra población, en especial los sectores de menores ingresos!

LOS CAMBIOS POSITIVOS

Los resultados negativos en materia de producción y empleo deben ser necesariamente contrastados con otros acontecimientos internos de signo positivo, que anticipan una mejoría de las condiciones generales de la economía en los próximos meses.

El primero de ellos debe recordar el perfeccionamiento que el país había concretado en sus finanzas públicas en años anteriores, así como en sus niveles de crédito internacional y su imagen frente a los mercados financieros del exterior. Ello nos permitió en este año que termina, usando un término muy de moda, un "blindaje" financiero muy satisfactorio, que hizo posible una absorción más llevadera del "choque externo", sin agregar otras dificultades que hubieran tornado mucho más difícil el ya de por sí difícil proceso de adaptación a las circunstancias de este año.

Por cierto que es esta una parte de la conducción de la macro-economía que debemos cuidar con el máximo cuidado. Nadie, ni los países ni las empresas, ni las personas, pueden vivir en forma indefinida del crédito ganado en el pasado. Los nuevos tiempos por venir exigen el retorno más rápido posible a niveles sostenibles de resultado fiscal y de la deuda pública. Hemos pasado un mal año, apelando a la comprensión de nuestra gente frente a una racha tan adversa, en base al mensaje y la comunicación tan sinceros que el Presidente Batlle ha establecido con nuestra población. Por ello es que seguimos pisando tierra firme y pronto habremos de retornar hacia la senda del crecimiento económico perdida en estos dos últimos años.

En segundo lugar, debemos destacar que la economía está transitando por un período de ajuste hacia una nueva forma de equilibrio, basada en especial en el crecimiento de las exportaciones.

En ella se aprecia una creciente flexibilidad en materia de precios relativos, en tanto la evolución del tipo de cambio, los precios internos, las tarifas públicas y los salarios está permitiendo una gradual pero contínua mejora de nuestra competitividad frente a algunos mercados importantes, como Argentina y Estados Unidos, lo que se tradujo en parte en un aumento de las exportaciones y seguramente en mucho mayor medida hacia el futuro. Ello, sin dejar de reconocer las dificultades ya referidas en la relación con Brasil y Europa.

Pensemos en el comportamiento más que satisfactorio de las exportaciones, tomando en cuenta las restricciones enfrentadas de precio y mercado, que incluyen las dificultades de acceso no sólo a destinos tradicionalmente proteccionistas como Europa, sino lamentablemente también, en algunos casos, con relación a nuestros propios países socios del Mercosur.

A setiembre del 2000 el total exportado había crecido 7.2% en base a una expansión del 10.6% de las exportaciones tradicionales y 6% de las no tradicionales.

Si miramos las cuentas nacionales, durante el primer semestre del año, las exportaciones totales (bienes y servicios) medidas en términos reales habían crecido 9% frente a 1999. Este es el indicador de que la economía ha reaccionado de manera muy positiva frente a la coyuntura y que es mucho más flexible de lo que se suele creer.

Este comportamiento está directamente relacionado con otro de los factores positivos que podemos destacar en el 2000: la creciente diversificación de nuestros mercados. Ya se ha insistido en el hecho que el área del NAFTA aumentó 57% las compras de nuestros productos, principalmente hacia México, y en menor medida Canadá y EE.UU.

Menos conocido es el hecho que también el mercado asiático ha mostrado un apreciable dinamismo, promediando un 48% de aumento en sus compras al Uruguay, distribuido principalmente entre Corea del Sur (407 %), Japón (155 %) y China (86 %).

Un último punto destacable de la evolución de este año es el debate abierto sobre la necesidad de promover cambios de significación en el funcionamiento del sector público, aún con visiones que a menudo difieren entre sí sobre el significado más adecuado del rumbo a seguir.

Desde el principio de nuestra gestión definimos la necesidad de avanzar hacia un mayor grado de desregulación del sector privado y de la desmonopolización de varias de las actividades que en la actualidad cumple el sector público. También hemos insistido, más de una vez, en que el tiempo político para cumplir con algunas de las metas más relevantes de este proceso era este año 2000 y el próximo 2001, en base a diversas consideraciones que son más o menos obvias.

Por cierto, no pretendemos haber agotado en este año la lista de temas pendientes en este capítulo de reformas. Hay mucho importante aún por venir, pero aún así, ya se percibe lo duro y difícil que será el logro de la aprobación de las próximas propuestas. El Director de la OPP Ariel Davrieux ya ha repasado todos los cambios planteados en este año y ha anunciado algunos de los que serán promovidos el próximo año. 

También las decisiones en curso de instrumentación sobre los sectores del azúcar y de los textiles, parcialmente adelantadas para conocimiento de la opinión pública en estos días, marcan un sendero muy firme en pos de un menor nivel de protección que en el pasado, en beneficio de los consumidores, sin perjuicio de una atención razonable a la situación de los respectivos sectores productivos nacionales. Como en otros temas, el gobierno actual está decidiendo sobre dos sectores de enorme importancia económica y social, que habían sido perfeccionados en años anteriores, pero que todavía requerían de un paso adelante de importancia crucial.

Sabemos que muchos de estos planteos son resistidos desde uno y otros extremo del debate de ideas en el país, en un caso por insuficientes y en el otro por inconvenientes. En todo caso, desde nuestro punto de vista, queremos agregar en particular que en el proceso de aprobación en curso de la ley de presupuesto, ha habido un cierto retroceso, al quedar en suspenso dos de los cambios tributarios que habíamos planteado desde el comienzo de nuestra gestión para mejorar los costos de funcionamiento de las empresas públicas y por ende "el costo país". Nos referimos a la derogación del ICOME y del exceso del aporte patronal, dos iniciativas sobre las que habremos de insistir tan pronto sea posible.

En el mismo sentido, aprovecho esta oportunidad para informar que no habremos de hacer uso de la facultad que se nos ha conferido respecto a la reimplantación de la tasa consular. No podemos volver a fórmulas tributarias inconvenientes desde el punto de vista económico, tributario y burocrático.

EL DEFICIT FISCAL Y LA DEUDA PUBLICA

El entorno recesivo impactó en forma negativa sobre las finanzas públicas, pese a lo cual pudimos mantener el control del gasto público, a fin de preservar en todo lo posible el nivel del déficit y de deuda. El gasto discrecional bajo nuestras posibilidades prácticas de control, ha bajado significativamente desde mayo a la fecha. Este dato lo debemos complementar con su contracara, que es la deuda flotante con proveedores que, según nuestras cifras, no ha crecido pese a los menores pagos, lo que muestra que la reducción del gasto es efectivamente cierta.

Lamentablemente, también la recaudación está evolucionando a la baja y es inferior a la del año pasado. Ya se sabe que el déficit global del sector público terminará por encima de nuestras previsiones iniciales pero por debajo del de 1999.

El tema del nivel de déficit fiscal viene de la mano con el del nivel sostenible de la deuda pública. Este es un aspecto crucial en todo orden y ha sido objeto de debate interno en el país. Nos parece muy bueno que estos temas se discutan de manera pública, porque generan debate y un cambio enriquecedor de ideas. Por ello queremos aportar nuestra forma de interpretar las cosas.

Uruguay a partir del año 96 ha venido reconociendo deuda que antes estaba "escondida" dentro del sistema de seguridad social y que ahora integra el stock de bonos y letras, se cotiza en el mercado y sufre sus vaivenes. Es muy cierto que de todos modos es deuda y que hay que abonarla, pero no debemos olvidarnos que antes también existía. La diferencia y virtud a la vez, es que ahora todos la vemos y nos preocupamos por su nivel, mientras que los gobiernos del pasado tenían un cierto grado de discrecionalidad sobre ella, que admitía pérdidas importantes de capital, sin mayores consecuencias aparentes.

Durante los primeros años de una reforma como la anotada no podemos pretender que la deuda globalmente considerada no crezca, no es razonable ni posible hacerle pagar a una sola generación toda la deuda de sus progenitores y a la vez ahorrar para solventar su retiro. La carga de ahorro y por ende el sacrificio sería enorme. Entonces debemos aceptar que habrá un cierto aumento moderado de la deuda por un período de tiempo.

Lo anterior no debe hacernos olvidar que los ahorros habrán de llegar en un futuro, que ya está cinco años más cerca que cuando comenzamos. Este es uno de los puntos que más relación tiene con la calificación de nuestra economía.

Además de lo anterior, también pensamos que existen circunstancias donde es conveniente hacer políticas activas de deuda, esto es ganar reservas, que naturalmente aumentan el endeudamiento bruto, aunque no el neto, y que tienen un costo como el de todo seguro. Pero ese costo es quizá inferior al que se tendría bajo otras circunstancias más adversas.

Hoy el nivel de deuda neta es inferior en la medida que se quiera tomar al de 1995, pese a los dos últimos años malos.

Pero este nivel ha venido en ascenso y gran parte de la calificación está no sólo en el nivel sino en la tendencia previsible. Por ello, es que el nivel de déficit fiscal se vuelve crucial y hay que poner una atención especial sobre él. Por lo tanto no podemos endeudarnos en forma adicional a lo que ya estamos haciendo, aún para aumentar el nivel de la inversión pública. En primer lugar, porque este aumento adicional sería percibido con desconfianza tanto por el mercado interno como por el internacional pero además, porque luego debemos pagar los intereses sobre esa deuda, y crece el déficit corriente. Pero, en el mismo sentido, en esas circunstancias, la tasa de interés que comienzan a reclamar los mercados es superior, y el costo financiero se multiplica. La lógica y aritmética de este fenómeno es por todos conocido y ha sido tratado más de una vez por la literatura económica. 

Entonces, la prioridad es la de reducir el déficit y o embarcarnos en intentos que sólo repetirían errores de un pasado al que no queremos volver. 

LAS CONDICIONES EXTERNAS PARA EL PROXIMO AÑO

Estamos culminando un año muy duro. De todos modos, nuestro análisis intentó demostrar que existen suficientes elementos positivos como para encarar el 2001 con optimismo y renovadas energías. Ya se perciben algunas señales del entorno externo que permiten pensar en una constelación más favorable de variables, también hay algunos primeros indicios en el mismo sentido en el mercado interno.

El aterrizaje de la economía norteamericana está anunciando un punto de inflexión en la tendencia de la tasa de interés del dólar y la posible revisión a la baja de su nivel impulsó el optimismo de los mercados internacionales la semana pasada. De concretarse, significará ahorros directos en el servicio de nuestra deuda. Indirectamente, los beneficios pueden ser aún mayores, en la medida que se fortalezca una tendencia de apreciación del euro, y se vigoricen nuevamente las corrientes de inversión directa en los mercados emergentes.

Europa y Asia siguen creciendo fuerte y en la región todo hace indicar que Brasil continuará por la senda del crecimiento, a la que pronto también habrá de incorporarse Argentina.

Del petróleo, por ahora estamos previendo que al menos se mantenga en los valores alcanzados la semana pasada, U$S 28 el barril de WTI, lo que nos evitará muchos problemas, a la vez de aportar ahorros de importancia para la economía.

Por otra parte, si bien esperamos una menor tasa de crecimiento para los EE.UU. durante el 2001, no creemos que este enlentecimiento se transmita aún al mercado europeo, ni que signifique un obstáculo a nuestra sostenida penetración de las áreas del NAFTA y asiática.

Mirando más al futuro, confiamos en el lanzamiento de una nueva ronda de negociaciones comerciales multilaterales que flexibilice la posición europea en cuanto a la apertura de sus mercados consumidores a nuestra producción de base natural.

ALGUNAS CIFRAS PARA EL 2001

Estamos esperando la resolución del trámite presupuestal para poder elaborar las cifras definitivas del próximo año. En estos momentos estamos trabajando en ellas por lo que no podremos ser muy precisos.


De acuerdo a lo que hemos podido evaluar (aún nos queda por recibir la versión final), después de un proceso político complejo, las cifras de déficit para el año 2001 no son muy diferentes a la versión original enviada por el Poder Ejecutivo y marcan un aumento del gasto de algo más de 100 millones de dólares, que es un 2.3% del total del gasto, con una financiación muy próxima a ese nivel.

Más hacia el futuro, la tasa de aumento del gasto en el período 2000-2004 sería del 9%, que es un nivel que se podría absorber con una cierta facilidad, en la medida en que la economía retome, como todos esperamos, un ritmo mínimo de crecimiento. Por lo tanto, estamos previendo que la relación entre el gasto público y el PBI baje a lo largo de este período de Gobierno, aún cuando somos plenamente conscientes de que no será una tarea para nada sencilla.

Hay otras cosas que esperamos para el año próximo y que queremos compartir con todos ustedes.

En lo básico, estamos convencidos que el conjunto de la política económica aplicado hasta la fecha es el más adecuado para enfrentar la actual coyuntura económica, por lo que habremos de persistir en él, sin perjuicio de las adaptaciones a que nos obligue la evolución de la realidad y la conciencia sobre el grado de importancia que en estas circunstancias tiene el énfasis sobre las reformas en el sector público. Habremos de perseverar, por lo tanto, en la continuidad de los rasgos básicos de la política cambiaria, monetaria y fiscal de este año, así como en la aplicación de los diversos instrumentos de estímulo a la inversión dispuestos en la ley respectiva. En este último punto estamos decidiendo algunos mejoramientos, que a la brevedad habremos de poner en conocimiento de todos ustedes. Es nuestra convicción que a través de esta senda, es que pronto podrán percibirse los primeros indicios de la reactivación de la economía nacional.

A lo largo del 2000 hemos evitado varios riesgos más importantes planteados en forma un tanto apresurada por algunas fuentes de opinión sobre la ejecución de la política económica, en el uso del instrumento cambiario a través de una aceleración de la tasa de devaluación, en la política fiscal, a través de una política expansiva, con un mayor nivel de déficit y de endeudamiento o en las políticas de protección, a través del uso de los aranceles o los reintegros. Todas estas propuestas conspiran contra la continuidad de la estabilidad de la economía, desde el punto de vista macro-económico y de precios o contra la calificación crediticia del país. Todas ellas, por lo tanto, son en general y en particular inconvenientes para el desenvolvimiento actual y futuro de la economía.

Más en particular, y ahora con referencia al 2001, deseamos anunciar lo siguiente:

a) Un crecimiento del PBI en el orden del 2%

b) Un aumento en el nivel de empleo y a la vez una posterior reducción del desempleo, que esperamos sea más definida en la medida que se aprueben las medidas de fomento planteadas en la segunda ley de urgencia actualmente en debate en el Parlamento.

c) Un aumento de las exportaciones del orden del 7% real

d) El inicio de recuperación de la inversión privada.

e) El mantenimiento de la inflación en niveles bajos y seguramente inferiores a los actuales, en la medida que el precio de los combustibles no deban sufrir nuevos ajustes extraordinarios, y

f) Un desequilibrio fiscal y de cuenta corriente de balanza de pagos inferior a los del presente año.

ALGUNOS COMENTARIOS FINALES

La realidad de este año ha mostrado un escenario regional y nacional muy inestable, que parece irse ordenando de a poco, pero que nos obliga a ser prudentes en la proyección del futuro inmediato, sin perjuicio de una muy firme confianza en el futuro del país y de nuestra gente. En particular, la región dista mucho de la dinámica de los noventa y el MERCOSUR ha pasado por etapas muy difíciles de relacionamiento entre los socios, que van camino de superarse.

De todos modos, ahora más que nunca dependemos de nosotros mismos, de nuestra inteligencia y de nuestro temple para enfrentar situaciones difíciles como las que hemos pasado y dinámicas y cambiantes como las que tenemos por delante.

Un mejor año para todos los uruguayos.

Muchas gracias.


Presentación y mecánica del Foro a cargo de Emiliano Cotelo ...más

Palabras de bienvenida a cargo del presidente de ACDE, Juan Carlos Deicas 

Cr. César Rodríguez Batlle: "Las políticas cambiaria y financiera" 


Cr. Ariel Davrieux: "El mediano plazo: las reformas estructurales"
 

Respuestas a las preguntas del público

Mensaje del Presidente de ACDE.