EN PERSPECTIVA
Lunes 03.04.00 - Hora 08.55
EMILIANO COTELO:
Desde la Facultad de Química se
promueve una incubadora de empresas de base tecnológica, cuyo objetivo es que los
egresados de ese centro de estudios, en vez de salir a buscar empleo, lo generen. Sobre
esto vamos a conversar con el decano de Química, doctor Alberto Nieto, y con el director
de Urutec, ingeniero Andrés Lalane.
Para llegar a la incubadora tenemos que hablar primero de la Fundación para el Progreso
de la Química.
ALBERTO NIETO:
Fue una iniciativa que se tomó hace unos cuantos años y que al final fructificó,
después de varios periplos legales, a fines del 97, cuando obtuvo la personería
jurídica, y en junio del 98, cuando se firmó el convenio con la Universidad de la
República. La Fundación trabaja al lado de la Facultad de Química, de forma que en los
aspectos en que es más útil actuar en el ámbito del Derecho privado la Facultad de
Química es apoyada por la Fundación, que funciona dentro del Derecho privado. Y
viceversa: cuando es más útil trabajar dentro del Derecho público, la Fundación es
apoyada por la Facultad de Química.
EC - ¿Algunos ejemplos de cómo se produce esa interacción?
AN - Por ejemplo, el de la incubadora de empresas, que es un típico emprendimiento
privado. Es mucho más difícil hacerlo con la Facultad que con la Fundación. La
Fundación hace un acuerdo con una consultora tecnológica, Urutec, para generar la
incubadora, y la Facultad apoya a la Fundación en lo que sea necesario.
EC - Los nuevos planes de estudio de la Facultad de Química tienen la preocupación de
que el egresado no salga a buscar trabajo sino que, en la medida de lo posible, sea un
generador de puestos de trabajo. ¿Cómo se relaciona esto con la idea de la incubadora?
AN - Están íntimamente relacionados, forman parte de una estrategia general de la
Facultad. Este nuevo plan de estudios fue aprobado a fines del año pasado y su ejecución
comenzó en marzo.
EC - ¿Qué tipo de materias o especialidades incluye para fomentar en el futuro egresado
su capacidad para inventar empresas?
AN - Combina lo científico-tecnológico con un fuerte componente de negocios, que empieza
en el primer semestre de la carrera en forma gradual y tiene como objetivo que el egresado
no solamente sea capaz de ser creativo en el ámbito científico-tecnológico, sino
también en el empresarial, y tenga la formación suficiente como para ser capaz de
transformar una idea científico-técnica en un emprendimiento. En ese sentido estamos
innovando; esa innovación lleva incluido el tema de la incubadora. Vendría a ser lo más
parecido a un postgrado, una formación mixta entre lo empresarial y lo tecnológico. Los
estudiantes que en el proyecto final de su carrera tengan una idea interesante que sea
analizada -en este caso por Urutec- como viable de ser transformada en empresa, tendrán,
a través de la incubadora, la posibilidad de hacerlo con el mínimo de inversión.
EC - ¿Esas serían las únicas ideas que apoyaría la incubadora, las surgidas de los
propios estudiantes en la etapa final de sus cursos?
AN - No, en absoluto. En principio apoyaría cualquier idea innovadora en el área
tecnológica. Si hablamos de la Universidad podría provenir de gente tanto de Química
como de Ingeniería, de Ciencias, de Agronomía, de Veterinaria.
EC - Esa es una precisión importante. Ustedes no están limitando este proyecto a
empresas relacionadas con la química. El concepto general sería empresas de base
tecnológica.
AN - El ingeniero Lalane le puede contar con un poco más detalle acerca de las que ya
están en preincubación. Lo más probable es que la mayoría de estos emprendimientos
esté ligada a lo tecnológico o a la química fina, porque son las cosas que aparecen en
primera instancia. También puede tratarse de empresas de servicio tecnológico que pueden
cubrir las más diversas áreas. Ni siquiera la Fundación está restringida; ésta tiene
como objetivo apoyar la química y todas aquellas otras disciplinas que permitan el
desarrollo de la química, sus anexos y aplicaciones.
EC - ¿Podría contarnos de esos ejemplos, ingeniero Lalane?
ANDRES LALANE:
Le voy a mencionar dos casos que no son propios de la Facultad, sino que es gente que
está relacionada con la Facultad pero cumple otras funciones. En un caso se trata de un
profesor universitario de una universidad argentina que a través de un grupo empresarial
italiano -él es uruguayo de nacionalidad- está interesado en crear una empresa
biotecnológica en Uruguay para productos de uso humano.
EC - ¿Qué tipo de productos?
AL - Medicamentos muy específicos que se usan para el tratamiento de enfermedades como el
cáncer, la hepatitis, etcétera. Esta persona se acercó a la Facultad porque el proyecto
implica una etapa piloto de transferencia de la tecnología que se podría hacer en
laboratorios de la Facultad. Luego implica la construcción de una planta de producción
de esos medicamentos, incluso contemplando la exportación. Ese proyecto está en
preincubación.
Otro caso muy reciente es el de un empresario que tiene una tecnología que inventó,
relacionada con cítricos; él ya había hecho consultas con la Facultad de Química para
ampliar los alcances de su invento, que podría dar lugar a una especie de empresa de
investigación y desarrollo con aplicaciones en la industria cítrica.
Son dos casos de gente relacionada con la Facultad de Química, que no es egresada de la
misma.
EC - ¿Qué es una incubadora?
AN - Es un mecanismo por el cual se promueve iniciativas, en este caso relacionadas con la
química en el sentido amplio, y los emprendedores tienen la posibilidad de obtener una
serie de apoyos durante un período que normalmente se establece en dos a tres años. En
ese lapso reciben un soporte, fundamentalmente de índole tecnológico y de gestión, que
les permite desarrollar su iniciativa hasta que sea viable, del mismo modo que una
incubadora protege al recién nacido hasta que éste sea capaz de vivir por sus propios
medios.
EC - ¿Esos apoyos son gratuitos para el futuro empresario?
AN - No, tienen un costo. Ese costo está diluido porque la incubadora no es una
institución con fines de lucro sino de apoyo. Creemos que por su finalidad va a recibir
apoyos explícitos del sistema de ciencia y tecnología del país. También necesita
dinero para pasar a la etapa siguiente; o sea, los capitales de riesgo que de alguna
manera se asocien a estas iniciativas. Esos mecanismos todavía no están establecidos en
el país.
EC - La incubadora de empresas es un viejo instrumento a nivel internacional, poco
transitado en Uruguay. Ha habido amagues de lanzar incubadoras de empresas en distintas
oportunidades que después no se concretaron. Esta sería la primera.
AN - No sé si es la primera, pero creo que el camino elegido es original.
EC - ¿Está probado el instrumento en otros países?
AN - Sí, incluso hay una asociación internacional que agrupa estas instituciones, y
sólo en Brasil existen centenas de ellas, no sólo de base tecnológica sino cubriendo
todas las posibles incubadoras.
EC - ¿Cuál es la originalidad de esta incubadora?
AN - Su originalidad reside en dos temas. Por un lado, en su virtualidad en cuanto a
edificio, la incubadora no empieza por construir un edificio y una base física sino al
revés, por facilitarles a quienes tengan buenas ideas la forma de llevarlas adelante
aunque no tengamos un edificio propio.
EC - En general, las incubadoras están apoyadas en una especie de parque industrial o
tecnológico.
AN - Exactamente. Nuestro objetivo es llegar a tener un edificio, pero no es
imprescindible para empezar. El criterio de selección de las primeras empresas tiene que
tener en cuenta eso, con quién compartir edificio. El otro punto que también nos parece
crítico es de la financiación. Normalmente, las incubadoras no son rentables, la
incubadora en sí no es una institución con fines de lucro -sí lo son las empresas que
se incuban-; dependen de subsidios. Nosotros intentamos que ésta no dependiera de
subsidios sino que se alimentara de una actividad que la Facultad de Química venía
haciendo con bastante éxito, que era la provisión de servicios tecnológicos. Hasta el
momento esos servicios se cumplen básicamente a pedido, pero no se había hecho un
estudio de mercado de potencialidad de demanda de esos servicios para promoverlos.
EC - ¿De qué tipo de servicios se trata?
AN - Muchos de ellos son análisis que piden las industrias, o pequeños desarrollos de
soluciones a pequeños problemas, que no constituyen un proyecto de investigación sino un
servicio de corto alcance en el tiempo e incluso de precios no demasiado elevados pero
muchos en cantidad, por ejemplo de 500 por año.
EC - Ese tipo de trabajos genera recursos para la Facultad de Química.
AN - Exactamente.
EC - ¿La idea es utilizar esos recursos para la incubadora?
AN - La idea es promover mucho más esos recursos a través de la participación de
Urutec, con un estudio de mercado de demanda y oferta y selección de los que puedan ser
más productivos y que una parte de lo que eso genere alimente la incubadora.
EC - Es obvio que los recursos que hasta ahora esos servicios han venido generando ya
tienen un destino y no habría forma de desviarlos para la incubadora. La viabilidad,
entonces, de esta forma de financiamiento viene por el lado del aumento de esos contratos.
AL - Deberíamos aclarar que para poner en marcha este sistema -todo esto requiere una
inversión, sobre todo en recursos humanos- conseguimos un apoyo del Programa de Apoyo a
Empresas del Conicyt, que entendió que era una virtud de este proyecto el hecho de hacer
la conjunción del interés público y la consultora. Ese es el dinero inicial, pero a
partir de ahí se tiene que generar la fuente de recursos de que hablábamos.
EC - ¿Con qué monto de dinero cuentan inicialmente para poner en marcha la incubadora?
AL - Recibimos 30.000 dólares del Conicyt, que incluyen no solamente las actividades de
estudio de mercado y desarrollo de los planes de la incubadora sino también la
capacitación de los futuros emprendedores.
EC - ¿Cuánto se puede avanzar con ese dinero?
AL - Este dinero está previsto para dos años. En estos años, además, se va a generar
recursos y en total estamos hablando de unos 50.000 dólares invertidos en el proyecto.
EC - ¿Para cuántos emprendimientos da? ¿Cuántos proyectos de base tecnológica
podrían ser respaldados por la incubadora? Parecería poco dinero.
AN - Estamos pensando en una cifra de entre 10 y 20 proyectos, pero estamos hablando
básicamente de los temas relacionados con la gestión. Con esto no vamos a financiar lo
que tiene que ver con la tecnología, por ejemplo. Eso tendrá que tener otra fuente de
recursos. Parte de nuestra función es orientar a los emprendedores en cómo conseguir
recursos. Un camino podría ser interesar a la Corporación Nacional para el Desarrollo,
también pueden ser inversores privados o se puede recurrir a fuentes de financiamiento
para microempresas. Nosotros hacemos la conexión entre la idea y los distintos
instrumentos que la sociedad se ha dado para apoyar a pequeñas empresas.
EC - ¿Ustedes están abriendo otras formas de captación de recursos para esta
incubadora?
AN - Sí, de un poco más largo aliento, que hoy por hoy no existe en Uruguay pero sí en
Brasil, como las instituciones de financiación de capital de riesgo. En cierta forma, la
Corporación estaría en la frontera de esa actividad. El año pasado estuvimos
representando al país en un evento de la Asociación de Incubadoras en Brasil y tuvimos
la posibilidad de entrar en contacto con esta gente, lo mismo que en un evento que
realizó aquí la Agencia Canadiense de Cooperación, que tiene base en Montevideo, que
conecta a la academia con las empresas y el capital de riesgo. En Uruguay no existe
todavía esa experiencia y la estamos buscando tanto en la Corporación como en el
exterior, porque esos 50.000 dólares de que hablábamos son apenas para hacer viable el
trabajo de gestión, pero no para el trabajo de la propia empresa. El dinero necesario
para la propia empresa se lo va a tener que gestionar ella. Entre otras cosas, el apoyo de
la Fundación es que le permite alquilar equipos, locales que tiene la Facultad. Si uno
tiene un equipo de investigación que usa el 80% del tiempo, el otro 20% puede ser usado
por la empresa, pagando, pero no teniendo que hacer una inversión total en el equipo.
EC - ¿Cómo observan el hecho de que la Corporación paralelamente esté anunciando su
participación en los proyectos de parques tecnológicos, tipo Silicon Valley, que se
están impulsando desde la Cámara Uruguaya de Software y el Poder Ejecutivo, que también
contarían -al menos en uno de los casos- con una incubadora de empresas?
AN - Las nuevas tecnologías no son únicamente las de la información. Nosotros estamos
apuntando a completar ese espectro en el ámbito de las otras nuevas tecnologías como la
biotecnología o la química fina, que tienen en común un gran componente de conocimiento
y un gran añadido de valor. La química fina es la responsable de hacer los productos
activos de los medicamentos, que normalmente son una parte minúscula en peso pero
mayúscula en valor. Usted puede producir en pocos kilos del producto una cantidad de
valor. Eso exige mucho más conocimiento que inversión fija en equipamiento. En eso hay
experiencia en la Facultad de Química, se ha estado transfiriendo tecnología a la
industria, tanto en eso como en biotecnología. Por esa razón es que estamos arrancando
con esta iniciativa con un objetivo muy similar al de los polos, sólo que somos muy
cautos en el comienzo.
La industria del software ya está consolidada en Uruguay, mientras que esta otra de
creación de conocimiento es mucho más embrionaria y por eso es más necesario un apoyo
de este estilo. Sobre todo, con miras a tener suficientes socios para hacer un parque como
ése, más que para arrancar con el parque.
EC - ¿Qué pasa con quienes pueden estar escuchándonos y tengan un proyecto que piensen
que en principio pueda ser apoyado por esta incubadora que impulsa la Fundación para el
Progreso de la Química? ¿Qué tienen que hacer? ¿Cómo se selecciona los proyectos?
AN - Lo primero que tendrían que hacer es conectarse con la Fundación. Pueden llamarme
por teléfono a mí y yo los conecto.
La Fundación va a evaluar dos cosas: el aspecto científico-tecnológico, en el que
colabora la Facultad, y el empresarial, en el que trabaja Urutec. Cada vez que nos llegue
un proyecto de este estilo lo vamos a ir transfiriendo a las dos partes para que lo
evalúen. La forma de comunicarse conmigo es dirigiéndose al Decanato de la Facultad de
Química, al teléfono 924 18 84, o al correo electrónico decano@bilbo.edu.uy.
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Transcripción: María Lila Ltaif Curbelo
Edición: Julieta Sokolowicz
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