Entrevistas Radio El Espectador Uruguay


El arzobispo Nicolás Cotugno
y su reunión con Batlle: "un diálogo
sobre valores fundamentales, en que
no cabe ninguna excomunión ni tampoco
claudicar en los respectivos principios"

 

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EN PERSPECTIVA
Jueves 02.12.99, hora 07.40.


EMILIANO COTELO:
El primer encuentro entre el presidente electo, Jorge Batlle, y el arzobispo de Montevideo, Nicolás Cotugno, pareció augurar el comienzo de una nueva relación entre la Iglesia Católica y el Estado, sustentada en el interés de ambas partes de "promover la libertad civil y religiosa en toda su extensión imaginable, en valores éticos y morales sin los cuales un país en lugar de progresar retrocede, y en la posibilidad de realizar acciones conjuntas en el área social", según dice hoy el semanario Búsqueda.

Batlle, quien ayer visitó a Cotugno en la Casa Arzobispal, le hizo saber la intención del futuro gobierno de invitar al Papa Juan Pablo II de visitar Uruguay, y le encargó que lo haga saber al pontífice. "Le he pedido que salude a Su Santidad, que le diga que estamos siempre deseosos de recibirlo en nuestra tierra y que si en algún momento, pese a sus dificultades, en estos cinco años quiere darse una vuelta por el Río de la Plata, será de nuevo bienvenido", dijo a la prensa.

¿Cómo recibió la noticia de que Batlle iba a tener con usted su primera audiencia fuera del ambiente político, incluso fuera de su oficina?


NICOLAS COTUGNO:
Realmente, fue una grata sorpresa. Yo lo estaba llamando para poder saludarlo como nuevo presidente, y la sorpresa fue que se me comunicó que él deseaba concurrir al Arzobispado para tener una entrevista. Y tengo que decir que ha sido un encuentro muy gratificante por el hecho de que yo había empezado una ronda de contactos con los candidatos antes de las elecciones, y el doctor Batlle devolvió la iniciativa continuando ese diálogo que había comenzado en ese momento. Fue algo muy sereno, diría muy hermoso, la posibilidad de retomar ese diálogo.


EC - ¿Usted entiende efectivamente que este encuentro de ayer augura el comienzo de una nueva relación de la Iglesia Católica y el Estado?


NC - No sé si entre la Iglesia Católica y el Estado. Yo hablo de mí mismo como arzobispo de Montevideo.


EC - Hay dos enfoques en la prensa de hoy que hacen referencia a esto. Uno el de Búsqueda y otro el de El País. Según este último, desde la década de los sesenta, bajo el influjo del Concilio Vaticano II y las conferencias episcopales de Medellín y Puebla, el discurso y la acción pastoral de la Iglesia de Montevideo es visto por sectores de los partidos Nacional y Colorado como afín a los planteos políticos provenientes de la izquierda. "En este contexto, las relaciones entre la Iglesia y los últimos gobiernos nunca fueron fluidas, y en algunos momentos alcanzaron niveles de tensión". Como ejemplo cita el episodio en que usted condenó al "capitalismo salvaje" en las proximidades de la planta de Cristalerías del Uruguay ocupada por los trabajadores. Batlle cuestionó entonces sus expresiones, comentando "Yo entiendo poco de la Biblia, y creo que el obispo entiende poco de economía".


"La laicidad también comporta la libertad y la posibilidad de que los padres, como supremos responsables, intervengan en la educación de los hijos, de elegir y exigir del Estado una educación conforme a sus propios principios"

NC - Durante el período electoral pudo haber afirmaciones que van más allá de las intenciones con las cuales se las dice. A lo que dijo el arzobispo se le dio alcances que nada tienen que ver ni con la derecha ni con la izquierda. Tienen que ver sólo con el Evangelio, pero por el momento que estábamos viviendo se le dio una visión política que trascendía la intención del arzobispo que las dijo porque en ese momento, hablando en el 1º de mayo, la fiesta de San José Obrero, se ponía el énfasis en la visión de la Iglesia en la más pura tradición de la ortodoxia católica sobre el trabajo y los trabajadores. Repito: fue tomado en ese contexto, lo que motivó esa expresión por parte del hoy presidente electo, pero que por otro lado es algo admitido por todos: no es cuestión de conocer o no economía. Es la postura de la Iglesia acerca de la economía desde el Evangelio; no entré para nada en los aspectos técnicos de la economía, que es una ciencia y hay que ser competentes, con estudios universitarios, para poder...


EC - Está bien; pero la crónica cita ese episodio como un ejemplo de roces entre los gobiernos uruguayos y la Iglesia en los últimos años.


NC - Pero hay que reconocer que eso quedó atrás, ya es historia pasada, y estamos mirando los elementos positivos de un futuro donde todas las fuerzas vivas del país colaboren para el bien supremo de todos, política, etcétera, que es el hombre en su necesidad primordial. De ahí que, es cierto, hubo una acentuación de esos aspectos, como son la espiritualidad, los valores éticos, la familia, por parte del doctor Jorge Batlle; y, por mi parte, yo reafirmé la posición de la Iglesia que tiene una sola finalidad que es evangelizar. Y evangelizar desde su propia postura, de ahí que haga siempre presente esa exigencia de trascender... Por ejemplo en la educación, si no ponemos el acento sobre la dimensión trascendente de la persona humana, tendremos siempre una educación limitada. Uno respeta, acepta la laicidad, pero la laicidad también comporta la libertad y la posibilidad de intervenir por parte de los supremos responsables de la educación de los hijos, que son los padres, de elegir y exigir del Estado una educación conforme a sus propios principios. De esto hemos hablado.


EC - En junio pasado, usted había criticado a José Pedro Varela y a José Batlle y Ordóñez (tío abuelo del presidente electo), a quienes responsabilizó por "haber permitido que se desplazara a Dios de la tradición cultural de Uruguay". ¿De este tipo de cosas hablaron ayer, dice usted?


"Yo terminaba de recorrer el Borro, Aparicio Saravia, y volví a tener esa sensación de impotencia y de sufrimiento. No se puede esperar; no podemos dejar a estos hermanos en esa situación de vida infrahumana"

NC - Sí, en un tono muy positivo y muy constructivo. Evidentemente, todos apuntamos a una visión del ser humano que debe vivir estos valores éticos, y ahí coincidimos, por ejemplo, en la familia. Una familia que sea realmente la célula inicial de la sociedad, y de la Iglesia evidentemente. Repito: por caminos distintos, llegamos a los mismos valores. Algunos decimos que son valores trascendentes y divinos; otros, desde la perspectiva laica (en el sentido positivo) persiguen estos valores que son tan humanos y tan divinos, y tan comunes para todos. Esto ha sido lo importante ayer. Lo destaco muy especialmente.


EC - ¿En qué se puede traducir, concretamente? ¿En orientaciones de la educación pública incluso en Uruguay?


NC - Yo pienso que por lo menos aportar por la Iglesia de Montevideo (para no hablar de todo el Uruguay, aunque pienso que en la Conferencia Episcopal estamos todos de acuerdo) ofrecer una educación que englobe esta dimensión también trascendente y que sea asequible a todos los ciudadanos que quieran.


EC - ¿Qué quiere decir esto último? Porque es un viejo tema de debate entre la Iglesia y los partidos políticos.


NC - Yo creo que hay una sola educación. Toda la educación es pública, sólo que alguna es de gestión estatal y otra es de gestión privada.


EC - Y entonces, ¿cómo se haría para que esa otra educación, la de gestión católica, pudiera ser accesible a todos?


NC - Y... el aporte del Estado, como corresponde y como sucede en todas las sociedades.


EC - Ese tema, concretamente ese ¿estuvo ayer en el diálogo con Batlle?


NC - Fue... ¿cómo decirlo?... apuntado. No es que se haya desarrollado, pero es uno de los puntos en que hay una posibilidad de seguir el diálogo, de buscar soluciones concretas en la medida en que se nos presente las oportunidades.

Al mismo tiempo, expresé al presidente electo (yo terminaba de dar una vuelta por toda la zona del Borro, de Aparicio Saravia, y volví a tener esa sensación de impotencia y de sufrimiento) que no se puede esperar; no podemos dejar a estos hermanos en esa situación de vida infrahumana. Le hice presente que, para poder solucionar esta problemática, uno de los puntos fundamentales es elevar el nivel humano. No se puede dejar a una cantidad de chicos, adolescentes y jóvenes en la calle, donde lo único que aprenden es a delinquir. Ahí, por ejemplo, se ve la necesidad de un liceo. Se apuntó a esa finalidad, y encontré al señor presidente electo muy abierto a conversar, para ver aspectos concretos que hacen a la realidad muy inmediata.

O sea que volví a poner sobre el tapete esa opción por los pobres, que no es exclusiva ni excluyente, pero que es firme e irrevocable, como uno de los elementos que nos definen como Iglesia Católica: que no podemos amar a Dios si no amamos a los hermanos más necesitados.


EC - Otro aspecto que le mencionaba antes en la prensa de hoy es el enfoque del diario El País, que encabeza su crónica de esta manera: "A casi un siglo de que su tío abuelo, José Batlle y Ordóñez, impulsara la reforma constitucional de 1918, que consagró la separación del Estado y la Iglesia en el Uruguay, y el apellido Batlle fuera satanizado por varias generaciones de católicos en nuestro país, el presidente electo" se reunió con usted "para sellar una histórica reconciliación de su familia con la curia". ¿Le hizo algún comentario de este tipo?


NC - Sí. Digamos que el doctor Batlle era muy consciente de lo que significaba su gesto. Lo hizo muy sabedor de la trascendencia que tenía, justamente por toda la historia precedente, y yo sentí una enorme alegría puesto que no digo que sea una especie de jubileo anticipado, un camino de reconciliación, dando a esta palabra el alcance que debemos darle desde distintas ópticas, evidentemente. Pero pienso que hay un acercamiento, un encuentro, un diálogo y un entendimiento sobre los valores fundamentales, donde ya no cabe ninguna satanización, ninguna excomunión (digamos), ni tampoco una identificación tal en que uno tenga que claudicar en sus principios fundamentales. Creo que hemos madurado de ambos lados.


EC - El doctor Batlle insistió ayer en que le preocupa "la libertad civil y religiosa en toda su extensión imaginable", y en que quería que usted transmitiera estos propósitos a las otras religiones que actúan en nuestro país. ¿Era necesario que esto se aclarara?


NC - Pienso que con eso el doctor Batlle quiso manifestar a todo el espectro de las religiones presentes, de los grupos que acentúan la dimensión de la espiritualidad, que él piensa considerar y potenciar la espiritualidad en el ser humano, porque sin ella el hombre no alcanza su propia auto-comprensión, y menos aún su propia auto-realización. Asimismo, el cometido que me dejó de saludar en su nombre al Santo Padre y manifestarle que en estos cinco años será siempre bienvenido, me resultó muy hermoso por más que uno podría decir que hay otros caminos a través de los cuales se puede participar estos elementos, por ejemplo la Nunciatura (a la que voy a acudir para transmitir ese deseo, ese saludo y ese propósito del señor presidente electo).


EC - ¿A usted le sorprendió el énfasis en los valores y en la reivindicación de la familia como base de la sociedad, que Batlle puso en la campaña electoral?


NC - No me sorprendió conociendo un poco a la persona del doctor Batlle. LO estoy conociendo cada vez más, y este discurso no es una improvisación suya. Eso sí: hay un potenciamiento, una acentuación en estos últimos momentos, que recibo y saludo con mucha alegría, porque nos encontramos plenamente de acuerdo en estos valores fundamentales, llámense humanos, llámense divinos, pero que son valores auténticos del hombre de hoy, sin los cuales ni la persona ni la sociedad pueden entrar a esta nueva época de la historia humana, globalizada, con la posibilidad de aprovechar todos los elementos positivos que nos ofrece, y no dejarnos aplastar por los interrogantes y las dificultades que todos estamos percibiendo.

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Transcripción y edición: Jorge García Ramón