Entrevistas Radio El Espectador Uruguay


A. Zumarán: antes que quedar paralizados
por cinco años, es "menos malo" llamar
a nueva elección parlamentaria, someter
a referéndum los planes del Presidente.

 

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EN PERSPECTIVA
Viernes 13.08.99, hora 07.55.


EMILIANO COTELO:
En el seminario organizado por el Instituto de Estudios Estratégicos 1815, a propósito de "Gobernabilidad, coalición y cambio institucional", que tuvo como objetivo analizar los dilemas estratégicos que deberán enfrentar tanto el futuro Presidente como el Parlamento electos en los próximos comicios, debido a las nuevas reglas de juego derivadas de la reforma constitucional, y debido también a la situación económica del país.

Los debates de ayer se dividían en dos paneles: uno a propósito de cómo ampliar la gobernabilidad política, y otro respecto a cómo ampliar la gobernabilidad económica. En el caso del primero de ellos, se presentó una mesa moderada por el sociólogo Gerónimo de Sierra, que contaba como expositores al doctor Alberto Zumarán, a la doctora en Ciencia Política y catedrática Constanza Moreira, y al profesor Oscar Bottinelli, politógo y director de Facum.

La prensa recoge una intervención del doctor Zumarán, en la que sostiene que "es muy probable que el próximo Presidente de la República no cuente con las mayorías parlamentarias necesarias para gobernar", y por ello maneja la idea de convocar a nuevas elecciones para designar un nuevo Parlamento acorde al gobierno electo.

¿Cuál fue su enfoque?


ALBERTO ZUMARAN:
Es parcialmente lo que dice esa crónica. Evidentemente, una crítica que podemos hacer al sistema actual es que posibilita que en noviembre coloquemos a un Presidente con un amplio respaldo popular, de más del 50% de los votos en el balotaje, pero que tenga una minoría parlamentaria, si tomamos en cuenta que los votos parlamentarios quedan fijados en la primera vuelta, en octubre.


EC - Pensándolo bien, podría llegar a ocurrir incluso que la bancada del Presidente fuera minoría dentro de su propio partido.


AZ - También podría darse esa situación, lo que todavía empeora las cosas. Y otra cosa que empeora es que siempre pensamos en la mayoría parlamentaria como la mitad más uno, pero para ciertos actos muy importantes de la vida política la Constitución exige mayorías especiales (tres quintos o dos tercios). Entonces, a un gobierno que quiera impulsar reformas, a un gobierno que quiera actuar con comodidad, no le alcanza la mitad más uno de los legisladores: precisa llegar -en una coalición de gobierno- a los tres quintos o a los dos tercios. Sin esa mayoría no se hubiera podido hacer la reforma de la seguridad social de este período, o modificar la carta orgánica de los entes autónomos, u otras medidas que tienen un contenido realmente importante.


EC - Pero ¿no se supone que los acuerdos con otros sectores políticos que van a buscar los candidatos presidenciales que pasan al balotaje van a apuntar justamente a lograr esas mayorías?


"Del balotaje de noviembre puede salir un Presidente con amplio respaldo popular pero con minoría parlamentaria (incluso dentro de su propio partido). Y siempre pensamos en la mayoría como la mitad más uno, pero para ciertos actos muy importantes la Constitución exige tres quintos o dos tercios"

AZ - Van a apuntar a eso y todos deseamos que lo obtengan, porque eso le va a dar más gobernabilidad al país. La obligación es conseguir el apoyo, pero nadie puede vaticinar que efectivamente se consiga esos apoyos. Y ayer, con un poco más de tiempo, elaboré otra hipótesis que puede darse también: que teniendo un acuerdo entre los partidos que resulten segundo y el tercero en octubre para el balotaje y para mayorías parlamentarias posteriores para gobernar, la sumatoria del segundo y el tercero tampoco lleguen a los tres quintos o a los dos tercios de votos (lo que no es nada difícil que ocurra).

En esos casos aparece un sistema político trancado. Tampoco hay que desesperar, porque en la Constitución está prevista una solución y es que, tanto por iniciativa del Presidente como de la oposición, se promueva la disolución del Parlamento y el llamado a nuevas elecciones, y que el pueblo resuelva si da o no mayoría a quien está gobernando, o que cambie el mapa político del país para que la coalición se desenvuelva de otra manera. Esto de la disolución y la elección de un nuevo Parlamento está previsto en la Constitución actual, aunque nunca se llevó adelante...


EC - Usted se refiere al artículo 148, un mecanismo "para el caso de que la Asamblea General censure a uno o varios ministros y el Presidente decida mantenerlos...". Si el Parlamento ratifica la censura, la Constitución habilita a un nuevo llamado a elecciones parlamentarias.


AZ - No sólo porque el Parlamento censure por un acto concreto, sino que el Presidente puede presentar al gabinete en el Poder Legislativo y forzar a que le dé un voto de apoyo, o sacar un proyecto de ley en que el Ejecutivo esté muy interesado, o en su defecto que el Parlamento le censure al gabinete en pleno, el gabinete renuncia y se llama a nuevas elecciones.

Son casos extremos en que el sistema político empieza a jugar en el borde, y que generan una gran tensión en la vida política del país. No quiere decir que no tengamos una salida, que nos tengamos que quedar cinco años, cuatro o lo que falte para completar el período (difícilmente estas medidas se van a tomar terminando el período de gobierno), esperando una nueva elección. Supongamos que, si en el primer año no se logra una mayoría parlamentaria, se podría generar este tipo de solución que destrancaría al sistema, pero a un costo apreciable. No digo que sea de desear: digo que el sistema prevé algunas salidas, y que si se llega a una situación de estancamiento habrá que transitar por ellas.


EC - Usted destacaba que nunca se ha utilizado este instrumento: hubo una pulseada en torno a esa posibilidad durante el primer gobierno del doctor Sanguinetti cuando la interpelación al ministro Manini...


AZ - El ministro del Interior.


EC - ... pero allí quedó. Por otro lado me llamaba la atención que esto implicaría una elección más cuando venimos ya en una racha bastante numerosa.

 

 

"Son casos extremos en que el sistema político empieza a jugar en el borde, y que generan una gran tensión en la vida política del país. No quiere decir que no tengamos una salida, que tengamos que quedar cinco años esperando una nueva elección"

AZ - Es verdad que esto también distrae al país, que es un inconveniente. No lo propongo como solución ideal: digo que es una salida que el régimen constitucional prevé para una situación de estancamiento y de falta de solución a los problemas del país. Un poco aquello de que es lo "menos malo": o quedar cuatro o cinco años parados, con una enorme cantidad de problemas, o pasar un mal rato, hacer un nuevo llamado a elecciones, y que de ahí surja un mapa político más claro. El cargo del Presidente no se juega en esa instancia; entonces ya se sabe quién es el Presidente, se sabe cuáles son los temas que ha planteado, y es un poco como un referéndum para ver si se le da la mayoría parlamentaria que le permita sacar adelante su programa.

En definitiva, toda solución que descanse en el voto popular, por costoso que sea, a la larga es la única que da permanencia y certeza a las soluciones. Creo que en eso tenemos una buena experiencia. También se dijo: "¡Qué manera de distraer a la opinión pública!" cuando aquellos plebiscitos, sobre todo de temas importantes como la Ley de Caducidad o la Ley de Empresas Públicas. Sí, se distrajo a la opinión pública, pero se llamó a elecciones y el país tiene hoy soluciones que descansan en un gran consenso popular, y eso nos da certeza, firmeza, seguridad para actuar en el futuro.


EC - Siguiendo en este camino de hipótesis sobre hipótesis, podría ocurrir que se convocara a elecciones y el problema no se solucionara.


AZ - Que siguiera todo empatado. Eso sería lamentable, porque creo que a los países llega un momento en que lo más importante es que tengan un rumbo, y si se discrepa en algo con el rumbo que se toma lo bueno es que se adopte decisiones. Lo dije también ayer: creo que el próximo gobierno tiene desafíos importantes, la situación económica y social no es buena, la situación del Mercosur preocupa mucho, entonces hay que adoptar una serie de definiciones importantes: el país debe saber qué hace con el Mercosur, qué hace con la competitividad, qué hace con las políticas macroeconómicas... Son definiciones que no se puede postergar, porque la realidad no deja que eso se postergue sin resolución por mucho tiempo. Creo entonces fundamental que el próximo tenga capacidad importante de decisión, aunque no siempre coincidamos en el 100 por ciento de las decisiones que adopte. Pero peor sería quedarse en no resolver las cosas y eternizar los problemas.

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Transcripción y edición: Jorge García Ramón