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Discurso del presidente de la Asociación
Rural del Uruguay (ARU), Roberto Symonds,
al cierre de la Expo Prado 2000


Como es tradición de esta señera institución, que este año cumple 129 años de vida, nos reunimos en el día de hoy en esta tribuna al culminar nuestra 95ª. Exposición ganadera, Agroindustrial y Comercial del Prado.

El año pasado, en concordancia con la gravísima situación que ya afectaba al agro, la ARU resolvió llevar a cabo con austeridad esta tradicional muestra el trabajo rural, despojándola de todo rasgo festivo, incluso suspendiendo el acto de clausura.

El advenimiento de un nuevo gobierno puso un paréntesis al desánimo general, trajo una esperanza a través de expresiones tan inusuales como positivas de respaldo al sector, que crearon expectativas y confianza.

Las primeras expresiones públicas del Sr. Presidente de la República, constituyeron un m uy significativo reconocimiento y apoyo al trabajo rural.

Dicho respaldo, por lo expresivo y poco frecuente de nuestro ambiente político y gubernamental, aportó, a pesar de las enormes dificultades por las que pasábamos, una ilusión.


Pero la urgencia para las soluciones que siempre reclaman las crisis, hace que el simple transcurrir del tiempo provoque el deterioro de las mismas y que aquella expectativa del principio, corra serio riesgo de quedar en simples palabras, honestamente sentidas y sinceras, pero sin el respaldo de medidas concretas que den sustancia a aquella buena intención.

Como decíamos un año atrás, reclamamos enfáticamente a todo el sistema político de nuestro país que aúne la patriótica responsabilidad, por encima de intereses partidarios y personales, de apoyar las medidas y reformas urg4entes, imprescindibles y necesarias para reducir de una vez por todas los costos y la ineficiencia de nuestro desproporcionado Estado y comunas departamentales.

Hoy culmina para esta Asociación, un año de trabajo, que por muchas circunstancias será difícil de olvidar.

Con más de 70 representaciones en distintos sectores del quehacer nacional, esta centenaria Asociación de productores agropecuarios, ha intentado por todos los medios a su alcance, dar a conocer su visión del difícil momento actual y del desarrollo agropecuario viable y posible en este mundo globalizado en que nos toca vivir.

Reiteramos que no estamos en un momento festivo donde se reflexiona sobre los hechos de un sector fundamental de la vida del país. Vivimos dent6rio de un emergencia sectorial y nacional, y por ende en un momento donde se avizora un futuro incierto en el desarrollo armónico del país. Esto nos obliga más que nunca a extremar los esfuerzos en serenar nuestras expresiones, defendiendo como corresponde, nuestra supervivencia como productores agropecuarios, pero teniendo presente que ésta debe ser el medio que aporte prosperidad a la república toda.

Es que para la ARU, como también para cientos de miles de uruguayos que han comenzado a percibir a comienzos del nuevo milenio, la estrecha relación entre la prosperidad de un sector agropecuario fuerte y competitivo, con el desarrollo armónico de toda la sociedad.

Se han acabado los tiempos de los discursos retóricos, de las promesas electorales, de los privilegios estatales, de las caóticas administraciones municipales, del clientelismo político, de los monopolios privados y públicos en áreas no estratégicas, así como de tantas otras prácticas que lastiman la identidad de un pueblo culto, inteligente, del cual obviamente somos parte los productores agropecuarios.

No es momento de hacer una descripción detallada de las circunstancias que condicionan el futuro del sector, porque entre otras cosas, ya lo hemos reiterado innumerables veces.

Vivimos momentos en donde los diagnósticos deben ser sustituidos por acciones.

Estamos en tiempos donde debemos separar lo esencial de los accesorio, comprender la diferencia y actuar en consecuencia.

Con esa idea es que hemos venido aquí esta tarde a decir con toda la energía, que debemos distinguir y separar los problemas de mediano y largo plazo, de los problemas coyunturales.

Que si bien es necesario tener claro, más que nunca, hacia dónde vamos y cómo debemos ir reconvirtiendo nuestras empresas, ello no significa evitar plantear y discutir las necesidades a corto plazo, que condicionan la existencia de miles de empresas agropecuarias y la permanencia del hombre y de la familia del campo en su medio.

El año pasado ya decíamos, que ni la crisis asiática, ni la rusa, ni la brasileña, tuvieron ni tienen nada que ver con nuestra desacompasada relación cambiaria, ni con el impresionante y desmedido costo del Estado uruguayo, y mucho menos con el crecimiento de una Contribución Inmobiliaria Rural que en 10 años subió más de 700% en valores constantes y que hoy equivale anualmente al valor de más de una zafra de lana.

El ancla cambiaria y la estabilización de muestra economía hicieron recaer sobre nuestras espaldas todo el peso del abatimiento de la inflación. Esta enorme transferencia, en principio negada y hoy reconocida, generó un auge en otros sectores de la sociedad que ocultó la paulatina pérdida de competitividad del pulmón de la República, que es su sector exportador.

Pero hoy lamentablemente, este esfuerzo corre serio riesgo de irse por la borda, en su momento se hicieron la mitad de los deberes. La otra mitad, que era una reforma efectiva y radical del Estado, quedó por el camino.

Aquietadas las aguas electorales y en un marco recesivo regional, nuestra difícil y estancada situación competitiva ha comenzado a quedar de manifiesto aún en rubros cuyo nivel tecnológico está cerca del potencial lograble, incorporando paulatinamente a otros sectores del país en una continua disminución de la actividad, tal cual lo vienen anunciando en distintos ámbitos nuestras instituciones rurales.

Todos los ciudadanos cuyo entendimiento no esté ensombrecido por intereses políticos o sectoriales, ven y perciben en la objetividad que el momento requiere, que nuestra competitividad y por ende nuestro futuro como país, no está sustentado en pequeñas medidas paliativas, sino en reformas claras, orientadas a decidir medidas estructurales que ataquen el problema de fondo y a fondo.

Durante muchos años, y sin tomar en cuenta diferencias sustanciales, se nos comparó con países exportadores como Nueva Zelanda o Australia. Hoy vemos que esos países, que compiten en el mercado mundial y que reciben los precios deprimidos de las materias primas, cerraron su mejor ejercicio agrícola de los últimos años.

Es que nuestros males no obedecen a los deprimidos precios de los commodities.

Lo que hacen estos es ayudar a poner en evidencia y entender nuestra extremada pérdida de competitividad, que no ha podido ser absorbida a pesar del extraordinario esfuerzo productivo que realizó la agropecuaria nacional.

¿Quién no sabe que los subsidios agrícolas y las trabas de acceso a los mercados sin una afrenta para un comercio mundial justo y equitativo entre los países?

¿Quién no sabe que los mismos condicionan nuestra capacidad competitiva en el mundo?

Extrememos, por lo tanto, las acciones conjuntas entre el sector privado y el gobierno, para trabajar en los distintos foros en la búsqueda del objetivo de lograr un comercio internacional sin distorsiones. Pero no usemos estos problemas externos, como excusa para evitar enfrentar y encarar los verdaderos problemas, cuya solución depende de nosotros.

Apoyamos y exigimos responsabilidad en acciones tendientes a hacer de nuestro Estado un instrumento eficiente.

Apoyamos y exigente las desregulaciones que eviten gastos superfluos, controles innecesarios, monopolio de hecho.

Apoyamos y exigimos toda acción que implique la disminución del ya famoso costo estatal, combatiendo y atacando a la enorme burocracia oficial, pero creemos que debe profundizar sus acciones en el mismo sentido.

Apoyamos desde el inicio las ideas esbozadas por el Ministro de Ganadería y Agricultura.

Compartimos su diagnóstico de situación, su visión de corto y largo plazo y su intención de desarrollar una política agropecuaria armónica, basada en un desarrollo sustentable, en aplicación de nuevas tecnologías, en integración de los productores en cadenas agroindustriales, etcétera.

Fuimos con otras gremiales agropecuarias y con institutos técnicos como el SUL (Sindicato Uruguayo de la Lana) y el Plan Agropecuario, los generadores del Plan de Desarrollo Ganadero. Idea que pretende crear las condiciones necesarias para acelerar el crecimiento del sector criador, que es el más débil de la cadena cárnica.

Pretendemos una instrumentación eficiente, en consulta con los sectores productivos, con una base amplia que implique comprender el mayor número posible de productores agropecuarios.

Esta es una propuesta genuina del sector, tantas veces criticado por no aportar alternativas que permitan superar sus propias adversidades.

Aquí está un proyecto que en el mediano plazo y con bajo costo para la sociedad, provocará fuerte impacto en la economía. Y duplicar las exportaciones de carne, será la meta alcanzable en pocos años, solamente si somos capaces en conjunto, de llevar adelante este desafío.

En estos días, la ARU, fiel a su tradición en la búsqueda de propuestas de avanzada constructivas, y convencidos de que el Uruguay debe transitar un camino de la calidad y los productos diferenciados, realizó un acuerdo con la SGS, empresa líder a nivel mundial en el área del control de calidad, certificaciones y trazabilidad.

Apoyamos a través de CEAD nuestra capacitación empresarial a los distintos niveles, así como la armonización y mejora del desempeño institucional de las distintas gremiales de instituciones técnicas agropecuarias, como elementos esenciales en mejorar la capacidad de gestión de la actividad agropecuario.

Dirigimos y colaboramos con las instituciones técnicas de investigación y extensión, poniendo al máximo esfuerzo en mejorar nuestro perfil tecnológico, adecuándolo a las cambiantes necesidades del mercado mundial.

Todas estas acciones de mediano y largo plazo son la esencia del cambio que la ARU y las distintas gremiales e instituciones técnicas del país, estamos transitando, convencidos que debemos adecuar nuestras empresas e instituciones a un mercado mundial competitivo y con un ritmo de cambio vertiginoso.

Pero la realidad del momento, nos impone advertir que la falta de competitividad actual, puede arruinar nuestro proyecto de mediano y largo plazo, haciéndolo inviable para miles de empresas agropecuarias.

Actuar en este sentido es denunciar la esencia del problema, y el cuello de botella de nuestro proyecto nacional de desarrollo.

Las acciones a desarrollar deben partir de entender la gravedad de la problemática del momento, del problema económico que implica no resolverlo adecuadamente, de sus connotaciones sociales y de su repercusión en el corto y largo plazo sobre el resto de la economía.

Si no logramos mejorar las relaciones de precios relativos que enfrentan nuestras empresas, vía una disminución de costos en el corto plazo y vía una paulatina adecuación cambiaria, si no logramos encarar el endeudamiento y sobreendeudamiento con criterio de prioridad nacional, agotando los mecanismos posibles para que la máxima cantidad de productores pueden quedar en actividad, duros momentos deberá enfrentar la agropecuaria nacional y el Uruguay todo.

Las continuas y distintas manifestaciones y movilizaciones de productores, no hacen sino confirmar lo antedicho y tratan de hacer entender que nuestro esfuerzo empresarial y nuestra paulatina reconversión tecnológica, no pueden sobrellevar una pérdida de competitividad de tan enormes dimensiones.

Destacamos el esfuerzos del BROU en el constante apoyo al productor y en la refinanciación de adeudos, peor insistimos que se deben implementar medidas de más largo plazo, que den tiempo a la reversión de la situación actual y a la recuperación de la rentabilidad.

Las tasas de interés que actualmente se cobran son excesivamente altas en relación a las posibilidades del sector.

La Asociación Rural del Uruguay tiene en estudio un nuevo instrumento de cupón cero, el cual merece ser analizado y estudiado desde una óptica de necesidad nacional.

El saneamiento de nuestras empresas y la adecuación de sus servicios de deuda en el largo plazo, es parte esencial en la capacidad de inversión y en la reconversión tecnológica de las mismas. Desde esa óptica es que debemos analizarlo.

Tampoco son coherentes las multas y recargos actualmente vigentes, inadecuados a los niveles de inflación actuales. Los mismos deben ser readecuados pues, de lo contrario, quienes se atrasen en sus pagos van a ver prácticamente imposibilitada la regularización de los mismos.

Es urgente e imperativo lograr un sistema impositivo más coherente con la realidad del sector.

Más de la mitad de los impuestos que gravan al mismo continúan basados directa o indirectamente en el valor de la tierra: Patrimonio, BPS y contribuciones.

Son impuestos ciegos, sordos e indiferentes a la situación del contribuyente y, por lo tanto, poca relación guardan con su capacidad de pago, valor de producción y el momento en que se recaudan.

Esto último debería corregirse, considerando los vencimientos tributarios acordes a los ciclos financieros de los distintos subsectores agropecuarios, tal como ocurre en los otros sectores de la economía.

Seguimos cuestionando el mantenimiento de un impuesto sobre el Patrimonio, pero mientras el mismo persista, entendemos de justicia, en lo referente a los bienes muebles afectados al ciclo productivo, equiparar las normas de valuación para el agro con el resto de los sectores.

Debe tenerse en cuenta que en el agro, la maquinaria, los reproductores y los vientres son los que se encuentran afectados al ciclo productivo y como tales deben valuarse.

Respecto a la tributación a la renta, reconocemos la practicidad del sistema actual, sin perjuicio de que el mismo debe mejorarse, eliminando la irreversibilidad de opción para quienes tributan IRA.

Decíamos el año pasado que en los próximos años se negociarían y adecuarían las normas de comercio internacional a nivel regional y mundial; nos referíamos al Mercosur, la Asociación de Libre Comercio de las Américas y la Organización Mundial de Comercio.

Queremos reconocer públicamente que nuestro planteo fue oído y hoy, nuestra Asociación está trabajando intensamente en forma coordinada con las autoridades y negociadores del Ministerio de Relaciones Exteriores.

También planteamos y reclamamos al gobierno, pragmatismo en las medidas a tomar para proteger a nuestros productores, que son constantemente agredidos por la importación de productos provenientes de países que subsidian con cientos de millones de dólares.

Aquí no tuvimos éxito, debimos soportar la importación de cebada subsidiada que se pagó más que lo que se pagó por la nacional y los supermercados están plagados de productos subsidiados provenientes, fundamentalmente, de Europa.

Hoy, que en el relanzamiento del Mercosur se está tratando como se dice comúnmente, de poner la casa en orden, pedimos que se apliquen las medidas antidumping que correspondan y se consoliden los sistemas de solución de controversias que son fundamentales para países de pequeñas economías como el nuestro.

La maquinaria agrícola usada debe ser considerada como bien de capital y no implantar una nueva discriminación contra el sector al cual, luego se le reclama mayor eficiencia.

Busquemos potenciar nuestro Mercosur, coordinando, promoviendo, negociando y comercializando como un bloque nuestras producciones en los mercados externos en lugar de competir por ellos entre nosotros, perjudicándonos mutuamente.

Debemos seguir ampliando nuestra posibilidades reales de acceder a nuestros mercados y esto se logra con una tarea coordinada e inteligente del sector oficial y del privado en las negociaciones y promoción de nuestros productos exportables.

La ARU ha sostenido constantemente en todos los foros internacionales en que actúa, que se debe de dar transparencia al mercado y eliminar realmente y no sólo en los papeles, todas las trabas al comercio. Esto significa acabar con los subsidios, tanto a las exportaciones como a la producción, eliminando las cuotas y los picos arancelarios y desmantelando los subsidios encubiertos que se aplican con el pretexto de ser ayudas no distorsionantes.

A dos años de la reunión del ALCA en Toronto, donde logramos que los representantes del sector agrícola de los Estados Unidos acordasen declarar al hemisferio libre de subsidios y reconsiderar su política de subsidios a las exportaciones, recibimos con satisfacción la noticia de que las 150 agremiaciones y corporaciones agrícolas más importantes de los Estados Unidos, le reclaman a los dos candidatos a la presidencia que logren el "fast track" y la eliminación de las trabas al comercio internacional y que sus ofertas de negociación sean serias y creíbles. Esto debe ser aprovechado para consolidar las negociaciones del ALCA y fortalecer la posición del Grupo de Cairns en la OMC.

En lo que va del año, hemos tenido un importantes incremento en la exportación de lana gracias, en gran parte, a la apertura del mercado chino.

Hemos seguido trabajando en la promoción de la carne ovina con la divulgación del cordero SUL, llamado cordero pesado, y para fin de año habremos faenado medio millón de cabezas.

Esta cifra es récord en el país y nos permite seguir siendo optimistas en el futuro de la ovinotecnia uruguaya.

Respecto a la lechería nacional, que también ha sufrido intensamente la difícil situación del sector, vemos con gran optimismo los precios internacionales que han alcanzado algunos de nuestros productos, particularmente la leche en polvo, pero alertamos especialmente al gobierno y a los distintos poderes públicos sobre la imperiosa necesidad de legislar, prohibiendo y sancionando acuerdos que configuren prácticas casi monopólicas, y que atentan gravemente contra la producción.

Por último, no podemos dejar de referirnos a lo que está ocurriendo sanitariamente en la región con la fiebre aftosa.

Estamos profundamente apenados por la grave situación que están padeciendo nuestros hermanos, los productores de los países vecinos.

Y no podemos callar que estamos tremendamente preocupados y reiteramos nuestro llamado al gobierno, a los servicios sanitarios, a las Fuerzas Armadas y, en especial, a todos los ciudadanos de nuestro país, a extremar las medidas para evitar todo tipo de acción que pueda poner en riesgo nuestro status sanitario logrado a costo de grandes sacrificios.

La carne es hoy nuestro principal rubro de exportación y los mercados no aftósicos son más del 50% del destino de las mismas.

Agradecemos la presencia de las autoridades representativas de los países amigos y muy especialmente a los presidentes de las asociaciones rurales hermanas, integrantes de la Federación de Asociaciones Rurales del Mercosur y de Venezuela.

Agradecemos a los productores de nuestro país, en especial, como siempre, a la cabaña nacional que en tan difíciles momentos ha dado una vez más la muestra de su enorme y magnífico potencial y también de su rebeldía ante la adversidad.

Agradecemos a todos los expositores, instituciones públicas y privadas, cámaras de comercio de países amigos, firmas rematadoras y al público en general, que nos han acompañado durante estas dos semanas.

Agradecemos a todos los medios de prensa nacional y extranjera que tanto han colaborado en promover esta exposición.

Y por supuesto a nuestros fieles y solidarios funcionarios, que una vez más, sin escatimar esfuerzos, han brindado lo mejor de sí para hacer de esta Muestra la magnífica realidad que visitantes uruguayos y extranjeros han podido admirar.