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Jueves 17 de Mayo de 2001        

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La Escuela Virtual y el cambio de paradigma docente 


por Antonio Quirós



La función simbólica y sus herramientas

En los últimos años estamos asistiendo al proceso de auge de las, mal llamadas, tecnologías virtuales que intentan organizar la vida cotidiana bajo un nuevo modelo en el que nuestra relación con el entorno pase de ser directa a estar mediatizada por un conjunto de instrumentos que realizan una labor de mutación sensorial en el ámbito del conocimiento y que truecan realidades que tradicionalmente hemos aprehendido de forma multisensorial por otras donde la captación se ve restringida a uno sólo o, como mucho, a dos de los sentidos.

Para entender mejor qué es eso adjetivado como virtual, lo primero que hemos de hacer es reflexionar acerca de esa mutación sensorial que parece estar produciéndose en nuestros días.

La primera relación del ser humano con su medio, y las primeras interrelaciones de los humanos, fueron totalmente directas y multisensoriales. Sólo podíamos interaccionar con los demás a través del contacto directo, viéndolos, oyéndolos, oliéndolos, sintiéndolos. Sin embargo, la evolución del horizonte cultural humano, su progreso manipulador y controlador del medio, etc., sólo fueron progresando en tanto que se fue ampliando nuestro ámbito de contactos. El lenguaje fue pasando de ser una herramienta básica de organización tribal a ser un complejo sistema de símbolos, adecuado cada vez más para tareas sumamente diferenciadas. La explosión evolutiva del hombre está ligada a la explosión evolutiva de esos sistemas de símbolos; sistemas en los que ha basado su cosmovisión de la realidad y de los que se ha usado para diseñar su organización colectiva, así como su proceso imparable de manipulación y control del medio en que se desenvuelve.

Conforme la función simbólica se fue adueñando del conocimiento humano, comenzaron a producirse las primeras etapas de ese proceso de mutación sensorial al que estamos haciendo referencia. Los sistemas de símbolos pasaron de ser transmitidos verbalmente a hacerlo a través de códigos escritos que representaban aquello que podía ser dicho. Del sentido del oído pasamos al sentido de la vista. Las rocas donde podía dibujarse, las tablas de arcilla o cera, los rollos de papiro o el más moderno papel, fueron los primeros medios de los que los humanos nos servimos para transmitir información, cambiando así lo que había sido hasta entonces un contacto directo, por otro, mediatizado por un sistema de símbolos formalizados a través de un medio, que ampliaban las posibilidades de transmisión del conocimiento y, por tanto, la capacidad evolutiva del hombre. El momento en el cual la transmisión de un mensaje pudo hacerse a través de la representación del mismo en un medio, posiblemente fuera el punto de arranque del estadio cultural de desarrollo en el cual los humanos nos encontramos hoy.

Desde ese momento, el medio a través del cual el hombre ha representado y transmitido los elementos de su función simbólica, no ha dejado de evolucionar. El papel, en el sentido moderno que lo conocemos, fue una invención revolucionaria en su día. A través del mismo se facilitó la fácil representación y distribución de los contenidos simbólicos propios de la acción humana. El salto cualitativo que esto supuso fue incomparablemente más importante que el que hoy se está produciendo de forma masiva con el uso del ordenador y las redes de comunicaciones. Tras el papel, inventos como el correo tradicional o la imprenta siguieron revolucionando la rapidez y posibilidad de difusión con que nuestros mensajes podían ser transmitidos. Ellos no cambiaron el medio ni el proceso de mutación de lo multisensorial a lo visual que la invención de la representación simbólica escrita tuvo, simplemente aceleraron el proceso de difusión de mensajes a través de esta tecnología. La humanidad tardó dos o tres mil años en dar el siguiente salto cualitativo y en que se realizara la siguiente mutación sensorial. Esta vez vino hacia el oído y se produjo con la invención de sistemas para la transmisión de sonidos: la radio y el teléfono. Sin embargo, parece darse en los humanos una cierta preponderancia de las comunicaciones sensoriales a través de la vista frente a las de cualquier otro tipo, o más bien una cierta preeminencia de las comunicaciones multisensoriales frente a las de canal único. Por eso, el siguiente hito tardó menos de cien años en sucederse y vino con la televisión que ya permitía la transmisión de sonido e imagen. La primacía del oído como canal preferente para la representación simbólica tuvo un escaso periodo de vigencia.

Otro aspecto que nos interesa destacar es de la acción humana. Somos, ante todo, seres activos que deseamos interaccionar con el medio para transformarlo a la medida de nuestros intereses. La transmisión de símbolos está totalmente afectada por esta cualidad. Deseamos comunicar para actuar sobre algo o sobre alguien y a su vez, queremos que las acciones de los demás, se vean confrontadas con las nuestras, de forma que nadie pueda imponer su mensaje sin haberlo puesto a disputar en el tablero con el nuestro. Por tanto, los sistemas de transmisión de una sola dirección: prensa, radio, televisión ..., habiendo tenido un gran éxito en su momento, son incompletos y parecen sólo partes de un camino hacia algo que vendrá después y que permitirá realizar sus mismas funciones y, además, posibilitar de modo claro la interacción. Estamos hablando del ordenador, bien en el aspecto con que hoy lo conocemos o con la forma hacia la que vaya evolucionando conforme nuevas tecnologías permitan la asunción en el mismo de posibilidades de comunicación más avanzadas.

Todo lo anterior nos deja claro que el medio del que los humanos se han servido para representar sus sistemas de símbolos, transmitirlos a los demás e interactuar entre sí, ha sido cambiante a lo largo de la historia. El papel y los circuitos impresos son algunos de estos medios, el sistema de correo convencional, la distribución de libros y prensa, las ondas hertzianas o el cable de cobre o fibra de vidrio son algunos de los medios de transmisión de símbolos que hasta ahora el hombre ha empleado. Estas herramientas han estado, sobre todo en las últimas décadas, en un vertiginoso proceso de evolución que parece confluir hoy en una máquina que permita la representación de contenidos multisensoriales, la transmisión de los mismos y la interacción entre los distintos agentes transmisores-receptores de mensajes. Hay que recalcar, dentro de este orden de cosas, que la característica diferenciadora del ordenador, frente a otros sistemas de transmisión, es la gran posibilidad de interacción que posee frente a herramientas más rudimentarias como el teléfono.

Por tanto, el ordenador parece ser la clave en la que confluyen todas las herramientas a través de las que el hombre ha mediatizado el uso de su función simbólica: papel, lápiz, correo, teléfono, radio, televisión, etc. En un solo aparato podemos concretar un conjunto altamente interesante de posibilidades simbólicas:

  • Creación de contenidos

  • Recepción de contenidos.

  • Organización y archivo de los mismos.

  • Interacción con otros ordenadores en un proceso de simulación de comunicación directa entre personas.

 

En este sentido el ordenador se constituye en una pieza básica para ejercer el rol que las sociedades avanzadas reservan al ser humano. Sea en el sentido en que hoy lo conocemos o en otro hacia el que evolucione en el futuro(1), hoy es la herramienta básica a través de la que el hombre ejerce su capacidad creativa y de comunicación de conocimientos.

 

El fenómeno de lo virtual

Sentado todo lo anterior, es conveniente que avancemos ahora algo más para tratar de delimitar el termino virtual. En el lenguaje común, lo virtual suele denotarse como lo contrapuesto a lo real. Por un lado endiosamos el término apellidando como virtual a todo aquello que puede hoy realizarse a través de un ordenador, así pues se habla de comercio virtual y lo contraponemos al comercio real, de enseñanza virtual y la contraponemos a la enseñanza real, de ciudades virtuales y las contraponemos a las ciudades reales, de sexo virtual y lo contraponemos al sexo real, etc. De esta forma, la palabra pasa a devaluarse por un uso inadecuado de la misma, uso que, por otra parte, ya difícilmente podremos corregir, puesto que la evolución del lenguaje humano es un proceso que no siempre está sujeto a la racionalidad semántica, sino que, más bien, obedece a un fenómeno ciego y multicausal de difícil control y análisis.

Para capturar algunas ideas sobre el fenómeno de la virtualización, aconsejo la lectura de la obra de Pierre Levy, ¿Qué es lo virtual?(2), donde se hace un pormenorizado recorrido por la historia semántica del término como base para ejercer un proceso de comprensión del fenómeno de lo virtual en nuestro mundo. A su juicio, ...lo virtual, en un sentido estricto, tiene poca afinidad con lo falso, lo ilusorio o lo imaginario. Lo virtual no es, en modo alguno, lo opuesto a lo real, sino una forma de ser fecunda y potente que favorece los procesos de creación, abre horizontes, cava pozos llenos de sentido bajo la superficialidad de la presencia física inmediata(3).

No hemos de olvidar que en el sentido aristotélico del término, lo virtual es lo potencial, es decir, aquello que puede ser, pero que todavía no es. Como Levy ejemplifica, el árbol está virtualmente en la semilla. Por tanto, bajo este sentido, lo virtual no es lo contrario a lo real, sino una forma de ser de lo real, un momento en el proceso de despliegue con que la realidad se desarrolla. De esta forma, la virtualización se constituye en un fenómeno dinamizador de la realidad, siguiendo con las palabras de Levy, en uno de los principales vectores de creación de realidad(4).

Desde el punto de vista de ese autor, lo virtual supone una transmutación de las coordenadas clásicas de espacio y tiempo por un sistema donde las mismas han desaparecido, o más bien, se han virtualizado. Así, por ejemplo, en la enseñanza, se rompe la estructura espacial clásica del aula para entrar ahora en una especie de aula simulada donde no hay límites y donde el espacio ha pasado de ser una realidad a ser una simulación. Igualmente se rompe la estructura de tiempo; un curso puede ya no impartirse en unos momentos horarios determinados sino que, tanto el proceso de estudio y consulta de los materiales, como la tutoría por parte del profesor o el trabajo en grupo con otros alumnos, se realiza fuera del marco temporal, en un sistema donde el tiempo se ha virtualizado adaptándose a nuestras demandas de flexibilidad. No me resisto a describir aquí los términos con que Levy describe este proceso: Cada nueva disposición, cada "máquina" tecnosocial añade un espacio-tiempo, una cartografía especial, una música singular a una especie de enredo elástico y complicado donde las extensiones se recubren, se deforman y se conectan, donde las duraciones se enfrentan, se interfieren y se responden. La multiplicación contemporánea de los espacios hace de nosotros un nuevo tipo de nómadas: en lugar de seguir líneas errantes y migratorias dentro de una extensión dada, saltamos de una red a otra, de un sistema de proximidad al siguiente. Los espacios se metamorfosean y bifurcan bajo nuestros pies, forzándonos a la heterogeneidad(5).

Mi punto de vista es quizá algo más simple y queda ya más o menos expuesto en el apartado anterior. A mi juicio, lo que hoy llamamos virtual no representa más que una nueva mecánica de manipulación (creación, organización y transmisión) de símbolos. Por tanto, está fuera de la dialéctica falso-verdadero, imaginario-real, etc. Lo virtual es lo que aportan los ordenadores a la función simbólica y, por tanto, se yuxtapone a lo escrito, lo pintado, lo grabado, lo emitido por televisión, etc. Lo virtual representa el paradigma dominante en el mundo actual respecto a otras técnicas de tratamiento de los símbolos humanos, como lo impreso o lo retransmitido por radio. Quizá esta sea una visión más superficial y con menos contenido filosófico que la de Levy, pero creo que nos ayudará a avanzar en concretar de modo práctico el universo de cosas a que tenemos que atenernos cuando nos enfrentamos con un proceso susceptible de ser virtualizado, como la enseñanza.

Así, pues, en lo sucesivo entenderemos como definición operativa de virtual, el modo de representar, organizar y transmitir el producto del ejercicio de la función simbólica que los humanos realizamos. Por contraposición a otros medios, el virtual se define como altamente interactivo, lo que elimina la pasividad del espectador que otros medios, como la televisión, presentan.

 

Desbrozando el camino

Muchos apóstoles de cualquier cosa compiten hoy por lanzar mensajes apocalípticos o de salvación sobre el uso de las nuevas tecnologías. Sólo de los últimos días puedo presentar esta colección de afirmaciones oídas a amigos, leídas en algunos medios, vistas en televisión o, incluso, afirmadas tópicamente por mí mismo:

  • Internet es el mayor y mejor descubrimiento científico del siglo XX. A través de la red el ser humano logrará un magnífico nivel de comunicación mundial que derribará las fronteras entre países y llevará al hombre a un nuevo paraíso de posibilidades.

  • La lectura por ordenador es un fiasco que intenta sustituir al libro impreso, pero que no logrará afianzarse nunca debido a sus limitaciones.

  • Es una pena que los niños ya sólo usen el ordenador o vean televisión en lugar de leer libros o comics como hacían antes, lo que les hacía ser mucho más creativos.

  • Dentro de poco todo podrá comprarse por Internet y no hará falta que soportemos las aglomeraciones de los supermercados y otras tiendas.

  • ¿Cómo va un niño a estudiar por Internet?. ¿Cómo podríamos ejercer a través de esa vía la función socializadora que la escuela tradicional realiza?.

  • El escaso ancho de banda con que se producen las conexiones por Internet hace que una buena parte del proceso educativo no pueda producirse a través de la red.

 

Hay que tener en cuenta que en este momento nos hallamos en una encrucijada histórica, en uno de esos cambios de paradigma que revolucionan el modo en que los humanos nos enfrentamos con la realidad. Ello hace que nuestra época sea especialmente convulsa respecto al intento-error con estas nuevas tecnologías emergentes que nos están invadiendo. Hemos de ser conscientes de que estamos ensayando una nueva vía de ejercer nuestra función simbólica, lo que, aunque parezca grandilocuente, equivale a decir que estamos ensayando una nueva vía de ejercer como seres humanos. Por tanto, no es de extrañar que hablemos tanto sobre este tipo de cosas que tan fuertemente nos atañen. Fijémonos en que estamos creando un nuevo universo de relación donde el dinero físico está desapareciendo, donde el proceso educativo se está transformado radicalmente y donde hasta la mecánica político-organizativa de las sociedades (al menos de las occidentales más avanzadas) está camino de transformarse en algo que aún no sabemos lo que será. Compramos por ordenador, nos escribimos por ordenador, sentimos sensaciones estéticas a través del ordenador, pagamos nuestros impuestos por ordenador y, quizá pronto, ejerzamos no ya el derecho al voto, sino algo mucho más radical, la emisión de opiniones políticas vinculantes para nuestros gobernantes, por ordenador. Realmente nuestro mundo se está virtualizando hasta extremos insospechados. Cada día descubrimos una nueva faceta de esta nueva forma de hacer las cosas. Somos como niños descubriendo el universo por primera vez; todo nos impacta y emociona.

Producto de esta importancia son las opiniones mesiánicas o apocalípticas que sobre la tecnología oímos continuamente. Particularmente creo que hemos de huir de ellas. Desbrozar el camino para que lo virtual se asiente como algo efectivo, creador y útil en nuestras vidas, supone liberarlo de esa carga emocional a que está sujeto. Podemos analizar la visión apocalíptica en algún hecho concreto, que por ejemplo pueden robar mi dinero en una transacción de pago electrónico por Internet, pero hemos de pensar que a diario se producen decenas de millones de transacciones económicas por la red y que la probabilidad de que un hacker interaccione con la nuestra, es ínfima. Cambiar de perspectiva es saludable, mi consejo es que analicemos las situaciones desde distinto punto de vista, pensemos que hace no muchos años nuestros padres o quizá nosotros mismos, no usábamos los cajeros automáticos porque pensábamos que alguien podría atracarnos mientras lo hacíamos. Hoy los atracos siguen estando ahí, pero nadie puede permitirse el lujo de no usar un cajero. Sin embargo, con lo mesiánico debemos actuar de forma similar. Si pensamos que la evolución de la enseñanza virtual es imparable y que la enseñanza tradicional está abocada a desaparecer, podemos vernos inclinados a anticiparnos antes de tiempo a determinadas acciones con nuestros hijos (por ejemplo, sacarlos del colegio y educarlos sólo a través de la red) que destruirían irremisiblemente su capacidad de inserción en el actual mundo en que vivimos.

Moderación y cambio constante de perspectiva son las únicas vías para desbrozar el camino de lo que nos viene. Unamos a ello el mantener lo virtual en su sitio, a conocerlo para que no nos afecte en demasía. Lo desconocido es lo que me angustia. Si desconozco qué es una cosa, cuales son sus posibilidades, etc., estaré cayendo sin remisión en una actitud reverencial hacia esa cosa, poco propicia para el conocimiento de la misma. Podemos esperar mucho de lo virtual o temer sus resultados. Ya un insigne pensador del siglo XVII, Baruch de Espinosa, decía que el hombre es un pelele entre los polos opuestos del temor y la esperanza, de forma que sólo el conocimiento desapasionado, el que no teme ni espera, sino que sólo analiza, puede ayudarnos a controlar la realidad y aumentar nuestra capacidad operativa sobre la misma(6).

 

Lo virtual aplicado a la enseñanza

En la enseñanza confluyen multitud de aspectos relativos al uso de la función simbólica en los humanos. La escuela es el lugar donde aprendemos a trabajar con los símbolos, donde desarrollamos nuestras capacidades respecto a ellos, donde se produce una de las redes de comunicación que requieren un sistema más limpio de transferencia de información: la que se produce en la comunidad de aprendizaje que forman los profesores y los alumnos.

Como red donde se ejercita la función simbólica, la escuela es uno de los lugares donde el fenómeno de lo virtual parece estar entrando de forma más impactante. Existen muchas cuestiones a tener en cuenta a este respecto. A continuación analizaremos algunas.

 

La enseñanza virtual para adultos

En la enseñanza de adultos la disponibilidad de tiempo ha sido siempre un handicap importante, de forma que la enseñanza a distancia convencional ha sido siempre una herramienta de buena aceptación entre el colectivo de los adultos aprendices. La mejora que lo virtual ofrece sobre las técnicas de enseñanza a distancia convencional son obvias y, por tanto, su inserción en este ámbito es ya, y lo será mucho más en el futuro, un proceso vertiginoso.

 

El ordenador como herramienta de apoyo en el aula

El ordenador, como simple herramienta de apoyo en la formación tradicional en formato presencial, ha tenido un éxito impactante. Herramientas como el procesador de textos para la manipulación del material de aprendizaje, las herramientas de cálculo y diseño en las enseñanzas técnicas, los sistemas de bases de datos para archivar y organizar contenidos, la capacidad multimedia de reproducción, etc., han hecho de la computadora una herramienta de apoyo imprescindible para el alumno y para el profesor. Así, pues, podemos hablar de una primera etapa, de una cierta prehistoria de la virtualización en la escuela, desde el momento en que el ordenador se convierte en un útil auxiliar imprescindible del proceso de estudio.

 

Enseñanza e intercambio epistolar

En la enseñanza, la red de conexión de conocimientos juega un papel fundamental. No tenemos más que recordar como la transmisión epistolar entre científicos ha mantenido un rol preponderante en la historia de la ciencia. La publicación de estudios, el fácil acceso a los mismos, la conexión entre docentes-docentes, docentes-discentes y discentes-discentes que el correo electrónico proporciona, hacen que Internet sea la realidad que más está alterando la mecánica tradicional de ejercitarse la labor pedagógica.

 

La democratización del acceso al saber

Nuestro mundo tiene entre sus características más distintivas la de ofrecer a los humanos un contexto de democratización del acceso al saber muy alto si lo comparamos con el que otras épocas ha permitido. En tanto que nuestra sociedad, al menos en lo formal, ha eliminado su organización estamentaria, el acceso al saber es una posibilidad que todos deseamos y a la que todos tenemos derecho. Sin embargo, el ejercicio de este derecho se encuentra con algunos problemas de instrumentación, sobre todo derivados del alto coste económico que representa poner en práctica una igualdad real de oportunidades ante el saber. Lo virtual aporta a este problema una solución relevante, ya que la mayor facilidad para la creación, organización y difusión de contenidos que a través de las técnicas virtuales obtenemos, supone un importante abaratamiento de los costes. Que el material con que se imparte un curso pueda estar centralizado en un servidor de red y que accedamos a él en un sistema bajo demanda, ahorra materias primas, da una enorme alegría ecológica a nuestros bosques y libera una parte notoria de la extensión que los basureros de las grandes ciudades tienen. Que un profesor pueda tutorizar de manera telemática supone que puede hacerlo con grupos de personas dispersas geográficamente y con un número de alumnos mucho más alto del que podría llevar si estuviéramos hablando de formación tradicional.

 

Transporte y oportunidades sociales

Tenemos un gran problema de transporte. Nuestra época nos da una gran variedad de oportunidades, pero para poder tomarlas hemos de desplazarnos continuamente de un sitio a otro. En tanto que tenemos buenos automóviles podemos permitirnos el lujo de vivir en una buena casa de una pequeña población alejada de núcleos urbanos, trabajamos a 60 kilómetros de dicho lugar y nos desplazamos en coche a dicho lugar de trabajo. Nuestros hijos podrían ir al colegio del pueblo, pero realmente lo hacen a una institución educativa que está a 70 kilómetros de casa y a 10 del lugar de trabajo. Además nos gusta asistir al cine, al teatro, a espectáculos, etc. Por ello nos desplazamos continuamente allí donde se produce aquello a lo que deseamos asistir. Hace unos años esto era impensable. Nuestro universo vital era mucho más restringido, podíamos ejercitar muchas menos de estas posibilidades. Nuestro mundo se caracteriza por darnos muchas oportunidades y porque, además, intentamos llegar a todas ellas. Sin llegar a las consideraciones de cara al estrés y la pérdida de calidad de vida que esta prisa por llegar a todo nos proporciona, vamos a quedarnos en un aspecto algo más prosaico y vulgar, pero que está perfectamente descrito por Tiffin y Rajasingsham en su excelente obra sobre formación virtual En busca de la clase virtual (La educación en la sociedad de la información)(7). Se trata del derroche energético que eso supone. Si queremos que nuestro mundo sobreviva, hemos de plantearnos esta política desaforada de transportarnos continuamente a todos sitios. Los recursos de nuestro mundo, incluso los de nuestra salud mental, son limitados. Además, el medio ambiente está entrando en un proceso de deterioro irreversible que sólo podemos frenar en parte si paramos en seco nuestro fiero consumo de gasolina. Lo virtual es una solución a este problema; en lugar de ir nosotros a las oportunidades, haremos que las oportunidades vengan a nosotros. A través de lo virtual podemos conservar nuestra casa rural a muchos kilómetros de cualquier núcleo urbano, pero ya no tendremos que desplazarnos a diario a la oficina porque podemos ejecutar nuestra labor a través de teletrabajo. Nuestros hijos podrán asistir a la mejor escuela sin moverse del pueblo en que vivimos y sin abandonar los amigos y el entorno de socialización que en esas sociedades más cohesionadas podemos encontrar.

 

Símbolos y herramientas

La herramienta empleada para la transmisión de los símbolos posee una carga simbólica relevante. La herramienta pasa a ser un símbolo más y puede, por tanto, ser tratada de forma igual a otros símbolos transmitidos por ella. Un hecho curioso es cómo los niños y adolescentes de nuestra época, altamente acostumbrados a los juegos de ordenador y a su lógica, crean sus historias y cuentos como si de un juego de ordenador se tratara, los personajes tienen unos poderes en función de lo que les acontece, existen mandos para ejecutar acciones, etc. Es decir, que se han asumido elementos de la herramienta como parte de la elaboración del contenido. El símbolo y la herramienta de manipulación del símbolo se han adecuado mutuamente.

 

El peligro multimedia

Hay que tener en cuenta también que lo virtual aplicado a la enseñanza entraña también numerosos riesgos. Las nuevas técnicas multimedia, aplicadas a la creación de material docente, están desplazando el lenguaje, como vehículo fundamental en el proceso de enseñanza, por otros códigos simbólicos más vinculados a los iconos, las imágenes y las secuencias de animación. Esto se suele realizar con la finalidad de facilitar la mejor compresión de los contenidos docentes; sin embargo hay autores que defienden la posibilidad de que este tipo de efectos nos conduzcan a una nueva situación de analfabetismo(8). A través de los sistemas multimedia hemos de esforzarnos menos para la captación del mensaje que se nos desea transmitir. Esa falta de esfuerzo redunda en una cierta pereza intelectual que va haciendo degenerar nuestra capacidad cognoscitiva. No hemos de olvidad que el lenguaje oral y escrito siguen constituyendo la principal base de la cultura humana y que otros medios están aún lejos de situarse en el papel que éste representa en los sistemas de enseñanza.

 

Los Campus Virtuales de nuestros días

En la actualidad están proliferando numerosos sistemas que aplican la mecánica virtual de trabajo al proceso de la enseñanza. Son los denominados Campus Virtuales. Reciben este nombre porque tienden a simular la organización espacio-temporal de un Campus universitario real. Normalmente, son sistemas que suelen funcionar aprovechando el gran auge de Internet en la actualidad, aunque también existen Campus organizados en las redes privadas de algunas corporaciones. En ellos se imparten clases (basadas en sistemas de cámaras para red), se puede acceder al material de estudio (normalmente, lecciones escritas en formato de página web), se puede acceder a la biblioteca (con consulta del archivo bibliográfico en algunos casos y en otros con acceso a algún material inclusive), se puede asistir a las sesiones de trabajo en grupo y tutorías (organizadas a través de chat), en algunos casos existen foros de alumnos asociados donde se comparten las experiencias de cada alumno y se plantean problemas esperando la ayuda de quienes tengan más competencia para resolverlos. A veces también existen revistas virtuales publicadas por los propios alumnos y profesores. Por último, proporcionan todo el sistema de autoevaluación y evaluación curricular, necesarios para la justificación de los conocimientos adquiridos. En España existen varios de estos Campus, algunos vinculados a organismos públicos (universidad pública, servicios de formación subvencionada para desempleados) y otros de índole privada. Particularmente, tengo el placer de haber dirigido el proyecto de creación de uno de estos Campus(9) y coordinar en este momento el proceso docente que desde el mismo se desarrolla.

 

La enseñanza virtual como sistema bajo demanda

El fenómeno de la libertad de elección exenta de corsés temporales y espaciales es otro de los rasgos característicos de nuestra época. Cuando necesitamos algo, queremos acceder a ello aquí y ahora. Para facilitar esta libertad de elección aparecen lo que denominamos sistemas bajo demanda. Cuando en la década de los 50 queríamos ir al cine, teníamos que ver dónde y cuando ponían la película que deseábamos ver. Más tarde, con la televisión, eliminamos el dónde, ya sólo tenía importancia el cuando, aunque aún aparecían problemas vinculados a la elección que debía hacerse entre el restringido abanico de posibilidades que las distintas cadenas nos ofrecían. El vídeo aportó la libertad absoluta de los criterios de espacio y tiempo y, además, amplió hasta sus últimas posibilidades nuestra libertad de elección. Si estaba editado en vídeo, podíamos verlo. A pesar de esto, aún tenemos el problema del coste. Para editar vídeos hace falta un importante acopio de materia prima y, por tanto, los vídeo son caros. Además, comprar una película para conservarla toda la vida en una estantería cuando probablemente la veamos sólo una vez parece un derroche a todas luces innecesario. Lo normal es que nuestro deseo de ver cualquier película en cualquier momento y en cualquier lugar pueda verse satisfecho bajo demanda, es decir que podamos recabar de un servidor centralizado de red, el uso de esa película para su visualización una vez pagando un pequeño coste por los derechos intelectuales y el sistema de almacenamiento y transmisión de la obra. Una vez vista, la obra no permanece en nuestra estantería como un lujo innecesario. O acabamos con el mundo del derroche o el mundo del derroche acabará con nosotros.

La formación puede ser otro buen ejemplo de sistema bajo demanda. Es cierto que los teóricos de la enseñanza virtual no suelen prestar demasiada atención a este fenómeno, pero a mí me parece uno de los más relevantes e interesantes del proceso de instrucción virtual. Un curso puede desglosarse en un conjunto de tareas típicas:

  • Clases impartidas por el profesor

  • Conferencias magistrales adicionales

  • Consulta del material didáctico

  • Trabajo en grupo

  • Tutorías personales o grupales

  • Acceso a información complementaria (biblioteca y otros recursos)

  • Autoevaluación

  • Resolución de ejercicios y casos prácticos

  • Proceso de examen y acreditación de los conocimientos obtenidos

 

La enseñanza virtual puede hoy cubrir en situaciones bajo demanda todas estas realidades atómicas en que podemos descomponer el proceso de seguimiento de un curso. Las clases impartidas por un profesor pueden estar grabadas en vídeo o ser producto de una animación preparada. En ambos casos, podemos acceder a las clases mediante su demanda a un servidor en red que nos proporcione el acceso al material. Las conferencias magistrales pueden ser emitidas en directo a través de cámaras para Internet o accederse a ellas en soporte grabado. El material didáctico, esté constituido por libros en línea, por presentaciones multimedia o por cualquier otro elemento puede igualmente requerirse en el momento en que lo consideremos oportuno. Las sesiones de trabajo grupal pueden pactarse a través de la agenda compartida de los distintos alumnos de un curso virtual, pero también podrían usarse sesiones basadas en técnicas de realidad virtual donde se desarrollara un caso práctico con diversas simulaciones donde el alumno pareciera interactuar con otros alumnos de carne y hueso, pero realmente lo hiciera con un conjunto de sistemas informáticos previamente desarrollados. Algo más complicado es el acceso a las tutorías personales o grupales, aunque sea difícil obtener, en este orden de cosas, una funcionalidad totalmente basada en sistemas bajo demanda, hemos de reconocer que el abanico de posibilidades para coordinar agendas que poseemos cuando la limitación geográfica está rota es mucho más amplio que en caso contrario, es decir que nos resultará mucho más fácil planificar una reunión con el tutor de nuestro curso cuando esa reunión va a producirse por Internet que cuando hemos de desplazarnos al lugar físico de la escuela para llevarla a cabo. Además, no hay que olvidar que el correo electrónico posibilita un sistema de atención asincrónica muy adecuado también para la labor de tutorización de un grupo de alumnos y que este sí que puede efectuarse bajo demanda de cada uno de los sujetos de la acción docente. El acceso al material de biblioteca es claramente un sistema a realizarse bajo demanda, según la planificación de espacio y tiempo que el alumno decida. Igual sucede con la realización de autoevaluaciones, ejercicios y casos prácticos para calibrar si el proceso de aprendizaje se está realizando con éxito. Por último, el proceso de examen y acreditación final de conocimientos puede igualmente liberarse de las tradicionales coordenadas de espacio y tiempo, para ser realizado en el momento en que el alumno pueda llevarlo a cabo con una mayor serenidad y concentración.

En resumidas cuentas, podemos concluir que la mayor parte de los procesos parciales en que puede dividirse la acción formativa son susceptibles de ser realizados bajo demanda según los intereses temporales de los sujetos de dicha acción (profesores y alumnos). La liberación de las coordenadas del espacio y del tiempo es un hito más en el camino de virtualización que la transmisión del conocimiento sigue en nuestra época. Como Tiffin y Rajansingham dicen en la obra que ya hemos reseñado: Se trata de desarrollar un modelo de educación basado en las telecomunicaciones como alternativa al actual modelo basado en el transporte, que haga posible volver a concebir la formación como algo libre de restricciones de tiempo y espacio(10).

 

Un ambiente difícil

Revisemos ahora, para centrar el entorno de trabajo del profesor telemático, algunas cuestiones:

  1. ¿Recuerda el lector aquellos días primaverales en que las temperaturas comenzaban a subir, animadas por el incipiente sol, y la sangre se calentaba, a la vez que la savia de los árboles y arbustos comenzaba a proporcionarnos las primeras flores? Lo normal es que en la edad de la adolescencia, cuando estábamos haciendo el bachillerato o el COU, tuviéramos un parque cercano al Instituto y muchas/os compañeros/as de clase dispuestos a ponernos, como decía Neruda, duros de pasiones. Sólo teníamos que hacer novillos para tumbarnos en el césped, recibir en nuestro joven cuerpo el primer sol de la primavera y disfrutar de la ruptura de la norma que suponía no asistir a clase.

     

  2. ¿Quién no ha tenido en la universidad ese magnífico profesor, experto como nadie en la transmisión de contenidos y que nos subyugaba con su clase diaria? Recuerdo al viejo profesor Saumell, de la asignatura de Teoría de la Ciencia, que con su hablar pausado y con un fuerte acento catalán nos imbuía en el espíritu del descubrimiento científico a la vez que plagaba sus clases de recursos de interpretación, anécdotas de su vida cotidiana, etc. Su voz era, más que la de un orador experimentado, la de un proteico actor teatral que desgranaba su papel con el saber y la eficiencia que sólo los muchos años de oficio pueden darnos.

     

  3. Y qué decir de la magnífica experiencia de los trabajos en grupo. Recuerdo en COU un trabajo sobre El Árbol de la Ciencia de Pío Baroja. El grupo de alumnos/amigos que lo hacíamos nos reuníamos para trabajar en el proyecto y a la vez nos corríamos unas juergas impresionantes. Baroja entraba en nosotros con la facilidad de los ratos compartidos con los buenos amigos de la juventud.

     

  4. Los largos debates entre profesores y alumnos en las aulas de la Facultad de Filosofía de la Complutense daban al proceso de aprendizaje un especial tinte de reto intelectual. Los seminarios de Gabriel Albiac sobre Espinosa y el marranismo en España, la Biblioteca Nacional y la consulta de los viejos incunables de Menasseh ben Israel. Recuerdo el tacto del viejo cuero y las arrugas del papel con más de trescientos años.

     

  5. No hablo ya de la participación social y política. En la universidad de mi época, la participación política de los estudiantes parecía formar parte de los planes de estudio. Acudir a una manifestación, correr delante de la policía, asistir a interminables asambleas para discutir acerca de si el maoísmo podía ser de aplicación en el campo andaluz, parecían tener un encanto especial para los estudiantes de mi generación.

 

En resumidas cuentas, estos ejemplos nos conducen a un universo donde el proceso formativo posee una serie de valores añadidos sobre el propio proceso formativo. Estos valores representan el enemigo más importante para la transmisión virtual de la enseñanza. ¿Cómo podemos emular a través del ordenador el tono de voz de Saumell?, o ¿cómo podremos sentir el palpitar de la sangre caliente mientras tomamos el sol en el parque haciendo novillos? Estos interrogantes no deberán se resueltos por la enseñanza virtual, simplemente el mundo se adaptará de una forma que aún no conocemos pero que será similar a la que se produjo cuando nos adaptamos de disfrutar una película en el cine de barrio a hacerlo frente al televisor de casa mientras tomamos una cerveza. Los apologistas del tiempo pasado que siempre fue mejor decían que no asistir al cine mataría la convivencia y la amistad, lo cierto es que yo sigo viendo películas con mis amigos tanto en el cine como en la televisión. Lo único que ha sucedido es que mi horizonte de posibilidades se ha ampliado y ahora puedo ver con facilidad una buena película aunque viva en un pueblo distante.

 

La práctica diaria de un teleformador

Uno de los problemas más importantes con que nos vamos a enfrentar en la instrumentación de los sistemas de enseñanza virtual es el de la transformación del nivel competencial de los formadores(11).

Un formador tradicional, sabe cómo impartir una clase, sabe cómo llevar a cabo un proceso de evaluación, cómo conducir un caso práctico ejecutado por un grupo de trabajo, etc. Es decir, domina un conjunto de competencias que le son necesarias en su práctica profesional diaria. Ello, además, de las competencias necesarias referidas a la asignatura que imparta.

Bien, pues nuestro reto es hacer que los formadores adquieran un nuevo horizonte competencial claramente diferenciado del que en este momento poseen. Es decir, tienen que convertirse en teleformadores(12). Pero ¿cómo es la práctica diaria de un teleformador? Para contestar a esta pregunta, lo primero que hemos de tener en cuenta es la diferencia que los sujetos del proceso docente presentan en la formación virtual y en la formación tradicional. En la segunda, profesor y alumno son agentes de un proceso donde la presencia del otro lleva a cada uno a ejercitar su rol de la forma más adecuada. El alumno impele al profesor a ejecutar el proceso de enseñanza. El profesor sabe que si no asiste a clase un día, los alumnos se enfadarán y comenzarán a pensar mal de él, luego tendrá que soportar su mal humor y sus broncas. Por ello procura hacer bien su trabajo. El alumno se ve impelido por la presencia del profesor a llevar a cabo, con la mayor precisión, su rol de alumno; si no estudia, por ejemplo, sabe que el profesor se enfadará con él y tendrá que soportar su presencia recriminadora. En ambos casos se da una relación directa mutua donde la sola presencia del uno motiva al otro.

En la formación virtual nada de esto funciona. No existe la presencia real del otro. El profesor es para el alumno una vaga telepresencia que difícilmente puede motivarle a nada. Si no lleva a cabo el proceso de estudio lo que menos le preocupa es la bronca del profesor que, como mucho, quedará en una recriminación a través del mail. El alumno presenta para el profesor un contorno igualmente difuso. A pocos profesores se les ocurriría dejar plantado a un grupo de trabajo de alumnos, sin embargo es bastante frecuente que los teleformadores olviden sus sesiones virtuales de tutorías. En todos estos casos, la falta de presencia real del otro ha roto un vínculo muy importante en el contrato docente.

Así, pues, nuestra primera labor de cara al proceso de capacitación de los teleformadores está en convencerlos de la importancia del contrato docente, esa relación no legal sino implícita que le une con sus alumnos y que no puede romper por más que los alumnos sean sólo telepresencias. Otra cuestión muy importante es la de organizar lo más concisamente posible la planificación de trabajos diarios de forma que la relevancia de las distintas acciones que el formador debe realizar quede perfectamente marcada dentro de su entorno de trabajo habitual. En general se trata de sustituir la motivación de la presencia directa del alumno por otras motivaciones diferentes. Necesitamos virtualizar las motivaciones que el docente requiere en el proceso de enseñanza.

El cambio en el entorno competencial que hemos de realizar los docentes apunta también a convertirnos más en desarrolladores de contenidos y en gestores del proceso de aprendizaje que en impartidores. No está de más que muchos empleemos nuestras dotes teatrales frente a la cámara cuando estamos dictando una clase frente a ella; del teatro hemos de pasar al cine y la televisión.

Las técnicas de control de grupos han de sustituirse ahora por técnicas telemáticas de control de grupos de conferencia. El chiste contado en mitad de una clase o la modulación del tono de voz para evitar que los alumnos se duerman durante la siesta tienen ahora que verse sustituidos por recursos usables desde la red. El teleformador (cuando ejerce desde Internet) debe ser un buen conocedor de los recursos de la web, ya que uno de los modos más fáciles de captar la atención del alumno es realizar visitas comunes a un mismo web y comentar las cuestiones que en él se ofrezcan.

La práctica de técnicas de animación proactiva, pero ejecutadas de modo telemático es otra de las recomendaciones que no queda más remedio que facilitar a quienes comienzan con su trabajo en teleformación. Personalmente incito a todos los profesores que trabajan conmigo a que contacten de manera continua con sus alumnos a que les envíen correos personales o grupales para comentar cualquier aspecto del curso que pueda parecer relevante. Conozco empresas de formación virtual que tienen en funcionamiento sistemas de control de calidad que implican la llamada telefónica aleatoria a los alumnos de sus cursos para indagar cuantas veces ha contactado el formador con ellos y cómo se produce la incitación al estudio.

En general, hay que tener en cuenta que la desidia es el peor enemigo del formador que usa técnicas virtuales. Un peligro importante lo presentan los profesores que alternan la formación tradicional con la formación virtual, normalmente la tendencia que presentarán será la de bascular mucho más hacia el área presencial, restando recursos al área virtual. En el entorno de la organización virtual donde trabajo, los profesores enseñan normalmente técnicas punteras en desarrollo de software. Son altos especialistas en esta materia y han de hacer un gran esfuerzo por mantener su nivel dentro de las temáticas que imparten. Con los cambios continuos de tecnologías y versiones de productos, muchas veces se ven sometidos al estrés de tener que preparar las materias que imparten de forma rápida y con poco tiempo, ya que tienen que ponerlas en práctica cuanto antes. En una situación como ésta es bastante usual que el profesor sacrifique los contactos epistolares con sus alumnos virtuales con tal de preparar la clase de la tarde, ya que notará con mucha más fuerza los requerimientos que sus alumnos presenciales le harán.

En un entorno de este tipo, el alumno virtual puede perderse con mucha facilidad. Su proceso de aprendizaje está basado fundamentalmente en su libertad de estudiar. La asistencia a clase, en su vertiente tradicional, funciona como un elemento motivador del estudio. Si no tenemos que asistir a clase, y además notamos la relajación del tutor de nuestro curso, la evasión del proceso de estudio se produce de forma inmediata. En los pesados programas de tipo máster que tienen una densa carga de contenidos y que requieren muchas horas semanales de estudio, el nivel de abandono de los alumnos virtuales es muy alto.

La formación a distancia tradicional (basada fundamentalmente en el papel y el correo) carecía de las herramientas necesarias para facilitar la relación entre los distintos sujetos de la acción docente. Es muy importante que, como teleformadores, nos planteemos que ahora los modernos Campus Virtuales sí nos facilitan un conjunto de herramientas que posibilitarán el reforzamiento del vínculo docente entre profesor y alumno. Hemos de permanecer siempre vigilantes para que la desidia no lleve a la moderna formación virtual a los índices de fracaso que la formación a distancia tradicional presentaba.

Las comisiones de calidad en el proceso de estudio son un importante vehículo para la implicación del profesorado en la consecución de los objetivos docentes. Los profesores deben participar activamente en la concreción de dichos objetivos y en la determinación de los procesos educativos que es necesario llevar a la práctica para conseguirlos. En general nada nuevo. En la formación presencial esto está claramente asumido, pero parece que en la formación virtual hay que recordarlo, ya que en ella todos tenemos un poco más desdibujados nuestros perfiles, el alumno es menos alumno y el profesor es menos profesor.

En los últimos tiempos, dado el auge de la formación virtual, los pedagogos expertos en teleformación y los psicólogos especialistas en técnicas proactivas en la formación telemática están organizando seminarios y cursos de buen nivel con la finalidad de adiestrar a los formadores tradicionales para que adquieran habilidades en el ámbito de la formación virtual. Es muy importante que el teleformador se capacite en estas materias, ya que en muchas ocasiones caemos en el erróneo punto de vista de que si un formador tiene grandes habilidades en el ámbito de la formación tradicional, también las tendrá en el de la formación virtual. Este suele ser un error y más bien lo que suele producirse es el fenómeno contrario. Peculiarmente, mi mejor colaborador en el ámbito de la formación presencial es quien menos habilidades tiene en la formación virtual y, por el contrario, el profesor de mi equipo menos competente en los grupos tradicionales es quien más virtudes presenta en el proceso de la teleenseñanza.

En fin, para terminar ya, deseo sólo concretar que el conjunto de divagaciones que presento en esta ponencia no dejan de ser más que una prueba concreta del difuso elemento en que nos movemos quienes trabajamos cada día en el mundo de lo virtual. Como orientación final, sólo repetir algo que ya he mencionado, huyamos tanto del mensaje apocalíptico como del mesiánico. Ni los ordenadores, ni Internet nos salvarán para siempre ni destruirán el mundo. Son sólo las herramientas con las que nos ha tocado trabajar hoy y lo más sensato es que las usemos con el mejor nivel profesional que podamos permitirnos.

 

Notas:

(1) Es muy interesante constatar las investigaciones que se están realizando sobre el proceso de simulación de olores por ordenador. El primer sentido a través del que se produjo la gestión simbólica computerizada fue la vista. El texto y luego las imágenes fueron rápidamente tratadas por estas máquinas. Más tarde se incorporó el sonido. Hoy está a punto de incorporarse el olfato a este catálogo de sentidos atendidos por las máquinas. Nos falta el gusto y el tacto. Sobre el último, podemos considerarlo perfectamente procesado en tanto que existen máquinas controladas por ordenador que pueden realizar movimientos de interacción táctil con el hombre (por ejemplo, un robot dirigido por ordenador puede mover una pieza y ponérmela en la mano, mi pie puede mover un pedal que accione un sistema que defina o transmita señales por ordenador, etc.). Podemos igualmente pensar en un sistema informático que dispense alimentos o bebidas, por tanto existe ya también un cierto nivel de tratamiento de estos sentidos a través de las computadores. La máquina simbólica multisensorial es prácticamente una realidad hoy.

(2) Pierre Levy, ¿Qué es lo virtual?, Paidos, Barcelona, 1998.

(3) Op. cit., p. 14.

(4) Ibídem, p. 16.

(5) Ibídem, p. 23

(6) Véase Baruch de Espinosa, Ethica, Parte III, Proposición L.

(7) John Tiffin y Lalita Rajasingham, En busca de la clase virtual, Paidós, Barcelona, 1997

(8) Op. cit., p. 69

(9) Se trata de Almagesto, el Campus Virtual de Grupo EIDOS (http://almagesto.com, http://eidos.es/almagesto) que comenzó a funcionar en octubre de 1998 y ha prestado ya servicios a cerca de 10.000 alumnos del área hispano parlante.

(10) John Tiffin y Lalita Rajasingham, Op cit., p. 116.

(11) John Tiffin y Lalita Rajasingham, Op. cit. Tesis expuesta por Reidar Rool (Secretario General del Consejo Internacional de Educación a Distancia) en el prólogo de dicha obra.

(12) Disculpe el lector la apariencia fonética que entre los binomios formador / teleformador y predicador / telepredicador parece darse. El bien conocido fenómeno de los telepredicadores en USA tiene poco que ver con la seriedad que pretendemos dar al rol de teleformador en el universo práctico de la formación virtual de nuestros días.

 

Acerca del Autor:

Antonio Quirós es Licenciado en Filosofía y Ciencias de la Educación. Ha liderado el proyecto Almagesto y se responsabiliza del Área de Formación y Consultoría de Grupo EIDOS. Como responsable de dicha área ha diseñado también numerosos programas formativos, seminarios tradicionales con carácter internacional, cursos on-line, congresos para programadores, etc.