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    La primera radio uruguaya en Internet

 martes, 27 de febrero de 2001       

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La influencia de los medios en el mensaje político


Comentarios de Emiliano Cotelo en una mesa redonda del seminario organizado por el Instituto Manuel Oribe el 24 de mayo de 2000.


El tema que nos han propuesto para esta mesa redonda es muy amplio y admite diversas interpretaciones. 

Yo voy a elegir una de ellas: la interpretación puramente literal.  O sea: les propongo reflexionar sobre si los medios influyen en el mensaje político (no en la política, sino en el mensaje político).

Y antes de seguir, una aclaración:

Creo que mis consideraciones valen también para la televisión y varios órganos de prensa uruguayos.  Pero en principio voy a acotar estos comentarios al medio que conozco mejor, la radio, donde hago periodismo diariamente desde hace más de 15 años.

Y ahora les adelanto mi conclusión, que, reconozco, puede sonar un poco provocativa:

En Uruguay las radios influyen muy poco en el mensaje político. 

¿Por qué?

Porque yo creo que lo que ocurre es lo contrario: el mensaje político influye demasiado en las radios.

Es decir: que las radios, en general, se dejan invadir (o, si ustedes prefieren, dominar) por el mensaje político.

Y creo, además, que eso no es bueno para el sistema político y para la vida política del país.


L
A FORTALEZA DE LA RADIO
 

Ayer, en su intervención en la apertura de este seminario, el doctor Luis Alberto Lacalle se refería a la radio como "el gran medio conceptual", destacaba el papel de primera línea que juegan las radios en el debate político del Uruguay de hoy, y elogiaba la calidad de varios de nuestros programas periodísticos.

Yo, que soy parte interesada, porque dirijo uno de esos programas, comparto a grandes rasgos esa apreciación del doctor Lacalle. 

Es un fenómeno muy interesante del Uruguay de fines del siglo XX esta vitalidad de la radio, la proliferación de programas periodísticos, sobre todo en la mañana, y la apertura que caracteriza a la gran mayoría de ellos, donde todos los partidos y sectores pueden hacer escuchar sus voces.

(La cantidad de programas es tan grande, que uno se pregunta a esta alta altura si no hemos llegado a un exceso: si mis cuentas no andan mal, sólo en AM estamos hablando de un mínimo de diez propuestas periodísticas en el horario matutino...  Pero lo cierto es que todas coexisten.  Cada una tiene su público.)

¿Y cuál es el secreto de ese éxito? 

Yo creo que el secreto es que la radio se ocupa esencialmente del Uruguay. 

A diferencia de la televisión, cuyo contenido es extranjero en su gran mayoría, el contenido de la radio, sobre todo la AM, es fundamentalmente uruguayo. 

A lo largo del día por la radio pasan los desafíos y los problemas de nuestro país, abordados sin apuro y con un fuerte sentido de la actualidad.  E incluso cuando se tratan temas del exterior, se lo hace desde una perspectiva uruguaya.

¿Dónde radican, entonces, mis objeciones? 

Mi discrepancia es que a la hora de abordar los temas nacionales, los programas periodísticos radiales dependen en exceso de las entrevistas con dirigentes políticos.


LAS CAUSAS DEL PROBLEMA

¿Por qué pasa esto?  Encontrar una explicación completa podría llevarnos mucho tiempo.  Pero me parece que hay algunas causas más o menos evidentes:

·        Una, la retroalimentación del circuito periodístico.  Como los diarios y los semanarios, a la hora de elegir sus titulares de portada se apoyan de manera decisiva en la recorrida por Parlamento, Poder Ejecutivo y otros organismos de gobierno, la agenda que la prensa escrita presenta cada mañana está muy sesgada para el lado político.

·        Y dos, por una cierta comodidad y algo de haraganería de unos cuantos periodistas radiales a la hora de producir nuestros programas.  Hay algunos de estos espacios radiales que se resuelven con muy poco trabajo previo: simplemente se toma el diario un rato antes de empezar, se mira -no siempre se lee- cuáles son las noticias más fuertes, y se resuelve entonces que se va a entrevistar por teléfono al diputado Mengano, el senador Sutano o el ministro Perengano.

·        ...Y puede haber otras razones.  Por ejemplo, quizás todavía arrastramos una sed de reportajes políticos generada en los 12 años de dictadura durante los cuales esos actores estaban proscriptos.


LAS CONSECUENCIAS 

Pero, dejando a un costado las posibles causas de ese sobredimensionamiento de lo político, veamos cuáles son las consecuencias de esta situación.

El resultado es que ese abordaje de la realidad nacional que la radio encara con tanto entusiasmo, dedicándole tanto tiempo, es un abordaje -digamos- pobre: le faltan argumentos, antecedentes, vivencias...

Por un lado, nos ocupamos casi exclusivamente de los temas que pasaron por el tamíz de las instituciones políticas.  (Muchos de los cuales son, incluso, temas intra-políticos, o sea, problemas internos de los partidos o de los sectores: vale decir, rupturas, pactos, conformación de listas, disputa de cargos, etc.)

Pero además, sobre esos temas escuchamos casi exclusivamente a los políticos.

Y digo "casi exclusivamente" porque aunque convocamos  también a algunos otros actores, se trata de voces muy relacionadas con el sistema político; quiero decir, los sindicatos, las cámaras empresariales, algunos economistas y politólogos ...y no mucho más.


FALTAN TEMAS Y VOCES: EJEMPLOS
 

Entonces, a ese "debate virtual" que se da cada mañana a través de la radio le faltan temas y le faltan voces. 

Le faltan temas, porque es obvio que no todo lo importante de la realidad nacional pasa por el Parlamento o por el Poder Ejecutivo.  Y esos otros temas sólo de manera minoritaria acceden a nuestros menúes periodísticos.

Pero sobre todo, le faltan voces.  Porque, aún en aquellos temas que vienen de la agenda política, para que el debate fuera provechoso, tendríamos que escuchar otros puntos de vista, más allá de los de los parlamentarios o los de los funcionarios. 

Para empezar, todos deberíamos admitir que los políticos no siempre son los mejores conocedores de los temas que tienen entre manos.  Tienen que resolver sobre esos temas, pero... ¿cuántas veces ocurre que se toparon con ellos por primera vez hace un par de días...?

Así que una primera línea de búsqueda convendría orientarla hacia los académicos y los investigadores. 

Pero también convendría poner sobre la mesa experiencias desarrolladas en otros países en situaciones similares. 

Además, según los casos, también deberíamos incorporar otras sensibilidades, por ejemplo las religiosas.

Y, por supuesto, convendría dar cabida en la medida de lo posible a quienes trabajan directamente en esos temas (los hacedores) y a los beneficiados o afectados por la situación (o sea, la gente).

En definitiva, convendría atender más a la sociedad civil.


POLITICOS ENCERRADOS

Si ustedes analizan con cuidado y sin prejuicios el trabajo periodístico radial, verán que se caracteriza por esas ausencias, de temas y de voces. 

Verán, en particular, que en el mejor de los casos los políticos discuten entre sí.  (Y digo "en el mejor de los casos", porque muchas veces, además, rehuyen el debate frente a frente, y hay que conformarse con entrevistas separadas).   

Entonces, si la radio termina incidiendo en el mensaje político es a través de lo que los propios políticos dicen a través de la radio.  Entonces la influencia no es de la radio, sino de los políticos que hablan por radio.

Permítanme ser reiterativo: La radio intermedia, pero ella en sí misma no influye. 

(Y aquí quiero dejar apuntado que este problema del mensaje político influyendo demasiado sobre los medios tiene otra cara: a algunos dirigentes políticos no les alcanza con tener esta presencia tan excluyente en los medios, y, curiosamente, pretenden además digitar cómo se encara un tema, o a quién se entrevista.  El famoso problema de las presiones, que en el Uruguay juega sobre todo en la televisión y algo en la prensa, pero que en la radio también se da.)


NO PRETENDO LA TELECRACIA.
      

Y ahora, en el final, quiero detenerme en mi segunda  afirmación inicial, la de que los medios influyen muy poco en el mensaje político. 

Yo creo que si la radio fuera menos político-dependiente, si se abriera más a esos otros puntos de vista, el propio sistema político se lo agradecería.

¿Por qué?

Porque para que los políticos discutan entre sí está el Parlamento.  Un programa de radio tiene que jugar otro papel: tiene que inyectar aire fresco a aquel debate.

Si las radios dejaran de trabajar para retroalimentar el circuito de titulares de prensa y para retroalimentar el intercambio entre los dirigentes, si las radios funcionaran más volcadas a ser un nexo entre la sociedad y sus líderes, los gobernantes enriquecerían su visión del país y del mundo. 

Por ejemplo, los políticos se enterarían de noticias malas y buenas que no están en sus agendas.

Y sobre los temas que ya tienen a consideración, recibirían otras informaciones y otras reflexiones, algunas simplemente surgidas de la experiencia vital de los ciudadanos, otras del estudio profundo y fundamentado de los expertos.

Por ejemplo, si los periodistas nos ocupáramos más y más a fondo de la política internacional, si estuviéramos más atentos a las nuevas tendencias que se dan fuera de fronteras en comportamientos sociales, en ciencia, en ideologías, en tecnología... en fin, si los programas radiales tuviéramos la cabeza más abierta al mundo, sin duda contribuiríamos a que la sociedad uruguaya se integrara más al tiempo que vivimos y que vendrá, y también contribuiríamos a que nuestra dirigencia levantara la mira de sus reflexiones y viviera un poco menos encerrada en este país chico que nos ha tocado.

Si trabajáramos así, entonces sí los periodistas radiales estaríamos alterando la agenda política. 

Claro, me dirán ustedes: sí, pero ese camino tiene riesgos, por ejemplo el de la "telecracia" que ayer mencionaba en este seminario el diputado Eugenio Nasserre, que ahora oficia como moderador de este panel.

Efectivamente, ese riesgo existe.  Pero me parece que en el Uruguay estamos lejos de él, y en todo caso, nos enfrentamos al problema inverso.

Lo que yo propongo es que las radios nos empeñemos más en incidir en la agenda y en el mensaje político, procurando enriquecerlo, no con los intereses de los propietarios de los medios o con las inclinaciones de los periodistas, sino con la aproximación más cercana posible a los intereses que palpitan en la sociedad que todos nosotros integramos.

Si avanzamos en esa dirección, entonces sí la radio tendrá influencia en el mensaje político.


EPILOGO

A lo largo de esta presentación he criticado el trabajo de los periodistas radiales.  Por lo tanto, he criticado mi propio trabajo. 

Sin embargo quiero que quede claro que este es un análisis que en Radio El Espectador venimos realizando desde hace tiempo, y a partir del cual estamos cambiando nuestros énfasis.

Es más: los ejemplos más nítidos que recuerdo de notas realizadas en mi audición y que tuvieron una influencia cierta en el mensaje político, modificándolo, se produjeron con entrevistas a empresarios, analistas, expertos o visitantes del exterior.