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Yo
voy a elegir una de ellas: la interpretación puramente literal.
O sea: les propongo reflexionar sobre si los medios influyen en el mensaje
político (no en la política, sino en el mensaje político). Y
antes de seguir, una aclaración: Creo
que mis consideraciones valen también para la televisión y varios órganos
de prensa uruguayos. Pero en
principio voy a acotar estos comentarios al medio que conozco mejor, la
radio, donde hago periodismo diariamente desde hace más de 15 años. Y
ahora les adelanto mi conclusión, que, reconozco, puede sonar un poco
provocativa: En
Uruguay las radios influyen muy poco en el mensaje político.
¿Por
qué? Porque
yo creo que lo que ocurre es lo contrario: el
mensaje político influye demasiado en las radios. Es
decir: que las radios, en general, se dejan invadir (o, si ustedes
prefieren, dominar) por el mensaje político. Y
creo, además, que eso no es bueno para el sistema político y para la vida
política del país. Ayer,
en su intervención en la apertura de este seminario, el doctor Luis Alberto
Lacalle se refería a la radio como "el gran medio conceptual",
destacaba el papel de primera línea que juegan las radios en el debate político
del Uruguay de hoy, y elogiaba la calidad de varios de nuestros programas
periodísticos. Yo,
que soy parte interesada, porque dirijo uno de esos programas, comparto a
grandes rasgos esa apreciación del doctor Lacalle.
Es
un fenómeno muy interesante del Uruguay de fines del siglo XX esta
vitalidad de la radio, la proliferación de programas periodísticos, sobre
todo en la mañana, y la apertura que caracteriza a la gran mayoría de
ellos, donde todos los partidos y sectores pueden hacer escuchar sus voces. (La
cantidad de programas es tan grande, que uno se pregunta a esta alta altura
si no hemos llegado a un exceso: si mis cuentas no andan mal, sólo en AM
estamos hablando de un mínimo de diez propuestas periodísticas en el
horario matutino... Pero lo
cierto es que todas coexisten. Cada
una tiene su público.) ¿Y
cuál es el secreto de ese éxito? Yo
creo que el secreto es que la radio se ocupa esencialmente del Uruguay. A
diferencia de la televisión, cuyo contenido es extranjero en su gran mayoría,
el contenido de la radio, sobre todo la AM, es fundamentalmente uruguayo.
A
lo largo del día por la radio pasan los desafíos y los problemas de
nuestro país, abordados sin apuro y con un fuerte sentido de la actualidad.
E incluso cuando se tratan temas del exterior, se lo hace desde una
perspectiva uruguaya. ¿Dónde
radican, entonces, mis objeciones? Mi
discrepancia es que a la hora de abordar los temas nacionales, los programas
periodísticos radiales dependen en exceso de las entrevistas con dirigentes
políticos.
¿Por
qué pasa esto? Encontrar una
explicación completa podría llevarnos mucho tiempo.
Pero me parece que hay algunas causas más o menos evidentes: ·
Una, la retroalimentación del circuito periodístico.
Como los diarios y los semanarios, a la hora de elegir sus titulares
de portada se apoyan de manera decisiva en la recorrida por Parlamento,
Poder Ejecutivo y otros organismos de gobierno, la agenda que la prensa
escrita presenta cada mañana está muy sesgada para el lado político. ·
Y dos, por una cierta comodidad y algo de haraganería de unos
cuantos periodistas radiales a la hora de producir nuestros programas.
Hay algunos de estos espacios radiales que se resuelven con muy poco
trabajo previo: simplemente se toma el diario un rato antes de empezar, se
mira -no siempre se lee- cuáles son las noticias más fuertes, y se
resuelve entonces que se va a entrevistar por teléfono al diputado Mengano,
el senador Sutano o el ministro Perengano. ·
...Y puede haber otras razones.
Por ejemplo, quizás todavía arrastramos una sed de reportajes políticos
generada en los 12 años de dictadura durante los cuales esos actores
estaban proscriptos.
Pero,
dejando a un costado las posibles causas de ese sobredimensionamiento de lo
político, veamos cuáles son las consecuencias de esta situación. El
resultado es que ese abordaje de la realidad nacional que la radio encara
con tanto entusiasmo, dedicándole tanto tiempo, es un abordaje -digamos-
pobre: le faltan argumentos, antecedentes, vivencias... Por
un lado, nos ocupamos casi exclusivamente de los temas que pasaron por el
tamíz de las instituciones políticas.
(Muchos de los cuales son, incluso, temas intra-políticos, o sea,
problemas internos de los partidos o de los sectores: vale decir, rupturas,
pactos, conformación de listas, disputa de cargos, etc.) Pero
además, sobre esos temas escuchamos casi exclusivamente a los políticos. Y
digo "casi exclusivamente" porque aunque convocamos
también a algunos otros actores, se trata de voces muy relacionadas
con el sistema político; quiero decir, los sindicatos, las cámaras
empresariales, algunos economistas y politólogos ...y no mucho más.
Entonces,
a ese "debate virtual" que se da cada mañana a través de la
radio le faltan temas y le faltan voces.
Le
faltan temas, porque es obvio que no todo lo importante de la realidad
nacional pasa por el Parlamento o por el Poder Ejecutivo.
Y esos otros temas sólo de manera minoritaria acceden a nuestros menúes
periodísticos. Pero
sobre todo, le faltan voces. Porque,
aún en aquellos temas que vienen de la agenda política, para que el debate
fuera provechoso, tendríamos que escuchar otros puntos de vista, más allá
de los de los parlamentarios o los de los funcionarios.
Para
empezar, todos deberíamos admitir que los políticos no siempre son los
mejores conocedores de los temas que tienen entre manos.
Tienen que resolver sobre esos temas, pero... ¿cuántas veces ocurre
que se toparon con ellos por primera vez hace un par de días...? Así
que una primera línea de búsqueda convendría orientarla hacia los académicos
y los investigadores. Pero
también convendría poner sobre la mesa experiencias desarrolladas en otros
países en situaciones similares. Además,
según los casos, también deberíamos incorporar otras sensibilidades, por
ejemplo las religiosas. Y,
por supuesto, convendría dar cabida en la medida de lo posible a quienes
trabajan directamente en esos temas (los hacedores) y a los beneficiados o
afectados por la situación (o sea, la gente). En
definitiva, convendría atender más a la sociedad civil.
Si
ustedes analizan con cuidado y sin prejuicios el trabajo periodístico
radial, verán que se caracteriza por esas ausencias, de temas y de voces. Verán,
en particular, que en el mejor de los casos los políticos discuten entre sí.
(Y digo "en el mejor de los casos", porque muchas veces,
además, rehuyen el debate frente a frente, y hay que conformarse con
entrevistas separadas). Entonces,
si la radio termina incidiendo en el mensaje político es a través de lo
que los propios políticos dicen a través de la radio.
Entonces la influencia no es de la radio, sino de los políticos que
hablan por radio. Permítanme
ser reiterativo: La radio intermedia, pero ella en sí misma no influye.
(Y
aquí quiero dejar apuntado que este problema del mensaje político
influyendo demasiado sobre los medios tiene otra cara: a algunos dirigentes
políticos no les alcanza con tener esta presencia tan excluyente en los
medios, y, curiosamente, pretenden además digitar cómo se encara un tema,
o a quién se entrevista. El
famoso problema de las presiones, que en el Uruguay juega sobre todo en la
televisión y algo en la prensa, pero que en la radio también se da.)
Y
ahora, en el final, quiero detenerme en mi segunda
afirmación inicial, la de que los medios influyen muy poco en el
mensaje político. Yo
creo que si la radio fuera menos político-dependiente, si se abriera más a
esos otros puntos de vista, el propio sistema político se lo agradecería. ¿Por
qué? Porque
para que los políticos discutan entre sí está el Parlamento. Un programa de radio tiene que jugar otro papel: tiene que
inyectar aire fresco a aquel debate. Si
las radios dejaran de trabajar para retroalimentar el circuito de titulares
de prensa y para retroalimentar el intercambio entre los dirigentes, si las
radios funcionaran más volcadas a ser un nexo entre la sociedad y sus líderes,
los gobernantes enriquecerían su visión del país y del mundo.
Por
ejemplo, los políticos se enterarían de noticias malas y buenas que no están
en sus agendas. Y
sobre los temas que ya tienen a consideración, recibirían otras
informaciones y otras reflexiones, algunas simplemente surgidas de la
experiencia vital de los ciudadanos, otras del estudio profundo y
fundamentado de los expertos. Por
ejemplo, si los periodistas nos ocupáramos más y más a fondo de la política
internacional, si estuviéramos más atentos a las nuevas tendencias que se
dan fuera de fronteras en comportamientos sociales, en ciencia, en ideologías,
en tecnología... en fin, si los programas radiales tuviéramos la cabeza más
abierta al mundo, sin duda contribuiríamos a que la sociedad uruguaya se
integrara más al tiempo que vivimos y que vendrá, y también contribuiríamos
a que nuestra dirigencia levantara la mira de sus reflexiones y viviera un
poco menos encerrada en este país chico que nos ha tocado. Si
trabajáramos así, entonces sí los periodistas radiales estaríamos
alterando la agenda política. Claro,
me dirán ustedes: sí, pero ese camino tiene riesgos, por ejemplo el de la
"telecracia" que ayer mencionaba en este seminario el diputado
Eugenio Nasserre, que ahora oficia como moderador de este panel. Efectivamente,
ese riesgo existe. Pero me
parece que en el Uruguay estamos lejos de él, y en todo caso, nos
enfrentamos al problema inverso. Lo
que yo propongo es que las radios nos empeñemos más en incidir en la
agenda y en el mensaje político, procurando enriquecerlo, no con los
intereses de los propietarios de los medios o con las inclinaciones de los
periodistas, sino con la aproximación más cercana posible a los
intereses que palpitan en la sociedad que todos nosotros integramos. Si
avanzamos en esa dirección, entonces sí la radio tendrá influencia en el
mensaje político.
A
lo largo de esta presentación he criticado el trabajo de los periodistas
radiales. Por lo tanto, he
criticado mi propio trabajo. Sin
embargo quiero que quede claro que este es un análisis que en Radio El
Espectador venimos realizando desde hace tiempo, y a partir del cual estamos
cambiando nuestros énfasis. Es
más: los ejemplos más nítidos que recuerdo de notas realizadas en mi
audición y que tuvieron una influencia cierta en el mensaje político,
modificándolo, se produjeron con entrevistas a empresarios, analistas,
expertos o visitantes del exterior. |