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Presentación
del foro
a cargo del
presidente

de ACDE,
ingeniero
Omar Braga


Intervención del ministro de Economía,
contador Alberto Bensión


El programa económico-financiero
del primer año de gobierno


En su discurso del 1º de marzo ante la Asamblea General, el Presidente Jorge Batlle hizo referencia a las varias transformaciones de importancia que el nuevo gobierno se propone introducir en la vida política, económica y social del país, con vistas a mejorar las condiciones materiales y la calidad de vida de la población. Los avances logrados a lo largo de los últimos quince años permiten abordar ahora un nuevo proceso de reformas, para consolidar y mejorar la posición de vanguardia que el país tiene en la región y aún en la comparación con muchos de los países desarrollados. En adición, las adversas condiciones coyunturales de la región y de los mercados internacionales obligan a algunas adaptaciones del rumbo seguido hasta ahora. En ambos sentidos, el cambio será un atributo central de la acción económica de este gobierno.
   
El programa económico-financiero para el año en curso persigue dos objetivos fundamentales que son, en primer lugar, el retorno a una senda de crecimiento de la producción y el empleo, después de los problemas de 1999, y en segundo lugar, el fortalecimiento de las finanzas públicas, como un requisito imprescindible para avanzar en pos del primer objetivo.

Estamos iniciando un año que todos sabemos que no será fácil. La crisis asiática y de la deuda rusa de 1998 fueron causantes de la mayor caída de precios internacionales desde 1930 y a ello se agregaron los efectos de la devaluación de Brasil.

Más recientemente, la sequía que afecta al sector agropecuario disminuirá aún más la oferta disponible del sector, y la fuerte suba del precio internacional del petróleo y de las tasas internacionales de interés nos impone costos adicionales de importancia. El aumento de U$S 20 en el precio internacional del petróleo del
último año nos cuesta U$S 320 millones anuales y cada punto de tasa de interés le cuesta al erario público unos US$ 60 millones al año.

Pese a estas dificultades, confiamos que en este año la actividad económica del país iniciará un proceso de moderada recuperación, que será más visible a medida que avancen los meses, en especial sobre el final del año. Como dijo el Presidente Batlle "peor no nos puede ir". Los organismos internacionales y los más diversos analistas coinciden, sin excepción, en que las economías de la región tendrán una evolución positiva en este año, con algunas diferencias de menor importancia a la hora de cuantificar ese crecimiento.

En los últimos tiempos, nuestro país ha mostrado una muy buena capacidad de oferta a todo nivel. De hecho, el flujo anual de inversión física en maquinarias y equipos del sector privado fue en 1998 tres veces el de 1990. Esto permitió una expansión del PBI a una tasa del 3,2% per cápita anual entre 1985 y 1998. Es en base a esta capacidad de oferta y al diagnóstico de recuperación de la demanda externa, algo atenuada por los factores ya descritos, que estamos pensando en una expansión moderada del PBI, del orden del 2.5%. Esperamos un aumento del consumo interno de un 2% ,una recuperación importante de las exportaciones y el restablecimiento de la confianza del sector privado para la formulación de sus planes de consumo e inversión.

Las últimas cifras disponibles permiten un razonable optimismo sobre las posibilidades de cumplimiento de este pronóstico. En efecto, las exportaciones de los últimos meses de 1999, luego de haber mostrado tasas de decrecimiento de dos dígitos y por encima del 20% sobre los mismos meses de un año atrás, están revirtiendo su tendencia y signo. Así, en noviembre-diciembre de 1999, las exportaciones totales fueron algo superiores a las del mismo período de 1998. A su vez, el empleo se recuperó fuertemente en diciembre del año pasado y el índice de demanda laboral de este enero fue superior al de enero del 99. La recaudación fiscal, por su parte, cuya tasa de decrecimiento rondó el 9% en algunos meses de 1999, comenzó a acercarse a los valores reales de un año atrás, y en febrero de este año ya cerró un 1% por encima del mismo mes del año anterior.
       
El programa económico financiero para el año en curso trata de atender de la mejor manera posible a esta situación y a sus limitaciones. Este programa ha servido de base para el acuerdo primario que hemos alcanzado en estos días con una misión del FMI, con el propósito de tomar un grado más fuerte de compromiso con respecto a nuestras acciones de futuro, mirando a nuestra sociedad y a la comunidad internacional. De esta forma, confiamos en facilitar en todo lo posible la manifestación de las tendencias expansivas que están llegando desde la región y el mundo, al tiempo que damos forma a un entorno macroeconómico estable que sirva como estímulo para las decisiones del sector privado.

Desde el año pasado, la economía enfrenta un importante problema de competitividad. En 1999, la devaluación de Brasil afectó en forma muy negativa a la capacidad de competencia de buena parte de la producción nacional frente al exterior. En el año en curso, la sequía que padece el sector agropecuario ha obligado a concentrar en él esa preocupación, puesto que ya no se trata de competir mejor, sino de sobrevivir. El agro está sufriendo una catástrofe natural, de las que sólo ocurren muy de vez en cuando, y que por tanto hay que atender mediante medidas de excepción, en el sentido que se adoptan por una única vez y no son extensivas a otros sectores de la economía. Entonces, en este año la contribución en favor de la competitividad del país debió concentrarse en esta situación tan particular del agro para apoyar a más del 80 % de las exportaciones del país.

Por lo tanto, en la ley de urgencia que habrá de remitirse al Parlamento, se propone la suspensión del aporte patronal del sector rural al BPS por el año 2000 y la aprobación también por este año de una contribución del Gobierno Central de U$S 15.000.000 en favor de las Intendencias del Interior, a ser repartida entre ellas en proporción a la recaudación de 1998 por concepto de la Contribución Inmobiliaria Rural. Esta partida de U$S 15.000.000 equivale a algo más de un 25 % de lo que en ese año fue la recaudación de dicho impuesto. En conjunto, mediante ambas medidas la sociedad uruguaya habrá de aplicar en el año en curso unos U$S 23.000.000 en favor de la producción agropecuaria.

En cuanto al financiamiento crediticio del agro, estoy en condiciones de anunciar en nombre de las actuales y de las futuras autoridades del Banco de la República, que el B.R.O.U. habrá de instrumentar un programa de créditos, destinado a atender las necesidades de producción de este año, sin descuidar la capacidad de repago de los productores.

Más hacia el futuro, el objetivo de mejoramiento de la capacidad de competencia de la producción nacional seguramente tomará otras vías y alcanzará a otros sectores. La experiencia de estos años es bien ilustrativa sobre la importancia de evitar formas excesivas de tributación a la tierra, el capital y la mano de obra, porque ellas se convierten en costos fijos de producción, que son particularmente gravosos en la fase descendente del ciclo de los negocios. En el mismo sentido, estamos completando los estudios para iniciar las reformas en el sector de las empresas públicas y para comenzar a desarmar las regulaciones que traban la acción del sector privado. El Director de la Oficina de Planeamiento y Presupuesto Cr. Ariel Davrieux habrá de desarrollar estos conceptos con un mayor grado de detalle.

Sin perjuicio de estas consideraciones, me permito destacar que todos los sectores de la economía, sin excepción, habrán de verse favorecidos por una baja de las tarifas públicas medidas en dólares, según el detalle que habremos de referir más adelante.

Desde otro punto de vista hay un instrumento de política económica que ha estado tradicionalmente asociado al concepto de competitividad, y sobre el que parece de orden detenerse ahora con algún grado de detalle. Me estoy refiriendo a la política cambiaria, sobre la que ya hemos anunciado que habrá de mantenerse sin modificaciones en este año, para ir en el año próximo a un sistema más definido que el actual, en el marco de un menor ritmo de devaluación e inflación. Es una decisión que habremos de coordinar con las futuras autoridades del Banco Central, de cuya autonomía técnica seremos muy respetuosos.

También con relación a este mismo tema de la competitividad, y como parte de otra de las decisiones que tienen que ver con ella, esperamos que la relación entre las empresas y sus trabajadores permita la mejor adaptación posible de los sueldos y salarios del sector privado a las condiciones de los mercados de la región y del resto del mundo. Estamos anunciando una política de aumento de los sueldos públicos que con los ajustes que sean del caso, podría servir de base para la negociación entre los particulares. Nos permitimos agregar, además, que en el marco definido por la política cambiaria que estamos anunciando, una excesiva rigidez de los salarios del sector privado puede poner un obstáculo de importancia al descenso de los actuales niveles de la tasa de desempleo.

Con respecto a la política fiscal para el año en curso, el Consejo de Ministros del viernes 3 de marzo decidió una política de restricción del gasto público, a fin de corregir el desequilibrio actual.
   
La primera proyección de déficit fiscal para este año que llegó a mi conocimiento fue de algo más de un 2% sobre el PBI Entre otros, ella contenía un supuesto de baja de inversiones del 0.4% del PBI, de acuerdo a lo que fueron las pautas tradicionales de conducta de los primeros años de gobierno de las tres últimas administraciones. En mis primeras reuniones con mis colegas de gabinete quedó muy claro, sin embargo, que ello no iba a ser así, porque todos los ministerios estaban en condiciones de mantener y aún aumentar el nivel de inversión de 1999. En adición, el compromiso con el agro y algunos otros gastos imponen nuevas necesidades para este año, del orden del 0.2% del PBI Resumiendo, para este año partimos de una proyección de déficit fiscal de 2.6% del PBI, sin medidas.

En consecuencia, estamos tomando todas las acciones necesarias para llevar la insuficiencia fiscal del corriente año a un nivel del 1.8% del PBI, que entendemos que por ahora es el máximo compatible con un resultado de estabilidad de precios y de un endeudamiento prudente. Más hacia delante tenemos la intención de llevar el déficit público a un nivel del orden del 1% del PBI. Ello estará enmarcado en nuestra política de deuda para el próximo quinquenio, que será la de no aumentarla con relación al PBI, aún incluyendo el reconocimiento de la deuda que el país está realizando a través del nuevo sistema de seguridad social.

Hay algunas vías principales a través de las que estamos proyectando cumplir con ese objetivo. En materia de ingresos, el Presidente Batlle tiene un compromiso muy fuerte con todos los uruguayos, que es el de no aumentar la presión tributaria global sobre la economía. Tal como corresponde, este gobierno habrá de cumplir en forma muy estricta con ese anuncio de no más impuestos. Por primera vez desde el retorno a la democracia, un primer año de gobierno no habrá de estar acompañado por un aumento de los impuestos. Es un hecho para destacar, por múltiples razones.

Con este dato, la política fiscal sólo puede ser política de gasto. Por eso es que habrá una restricción muy severa del gasto público, comenzando por la vigencia anual del aumento de enero de este año para las retribuciones personales del gobierno central, que será complementado en la próxima Rendición de Cuentas con un aumento aún no definido para policías y militares, con vigencia a marzo, según el compromiso de los Partidos Colorado y Nacional para la elección de noviembre pasado. En adición, hemos dispuesto una baja del orden del 0.3% del PBI en los gastos no personales, y del 0.5% del PBI en las inversiones. Es importante señalar que buena parte de este corte en las inversiones será compensado mediante una agresiva política de concesión de obra pública, a fin de atenuar sus efectos a la baja sobre el nivel de actividad.

Con este propósito, el Consejo de Ministros del viernes 3 del corriente aprobó tres decretos y una resolución, tendientes a bajar el nivel del gasto público.

En adición, vamos a extremar los esfuerzos para reducir la evasión fiscal. En los últimos años hubo avances importantes en este tema, al punto que la recaudación aumentó por encima del crecimiento de la economía, pero aún hay muchos puntos por mejorar. Desde hoy mismo los organismos de recaudación están coordinando sus esfuerzos con ese propósito.

Finalmente, y como parte de un perfeccionamiento impostergable de la difusión de información sobre la vida económica y financiera del país estoy ordenando a los servicios técnicos del Ministerio de Economía y Finanzas y estoy solicitando a los otros organismos competentes la publicación puntual e inmediata de toda la información que se vaya generando sobre la evolución de las finanzas del Gobierno Central, Banco de Previsión Social, Banco Central, Empresas y Bancos Públicos y Bancos Privados. En distintas etapas a lo largo del próximo año, el sistema político, la opinión especializada y la opinión pública en general, podrán verificar en forma directa e inmediata el grado de cumplimiento del programa que hoy estamos anunciando.

Tal como lo pidió el Presidente Batlle aspiramos a tener una relación muy directa con la sociedad uruguaya, en particular con los agentes económicos. La información nos obligará a todos a ser más eficientes en el cumplimiento de nuestras funciones.
   
La continuidad de la política cambiaria marca buena parte de la proyección de inflación para el año, que estimamos será del orden del 6 %. Hay que tener presente que este guarismo incluye el efecto de una suba apreciable de los combustibles, en línea con la evolución del precio internacional del petróleo. Descontando este efecto, tal como corresponde a la suba de un precio internacional que alcanza a todos los países por igual, confiamos en que este año pueda reiterarse un ritmo de devaluación superior al alza de los precios internos.

Otras metas de importancia del programa son la variación de las reservas internacionales del B.C.U., que se supone que será nula, y el nivel de la deuda pública, que habrá de mantenerse constante con relación al PBI.

Por descontado, el camino que acabamos de describir no será fácil ni para las empresas ni para los trabajadores pero, a nuestro juicio, es el más adecuado en las condiciones actuales del país y de la región. En particular, porque nuestra política económica no será nunca la mera sumatoria de todas y cada una de las aspiraciones sectoriales.

Una consideración final nos parece imprescindible, en especial porque es éste nuestro primer contacto con Uds. y con la opinión pública del país. Este programa que hoy estamos poniendo en conocimiento de la ciudadanía resume lo mejor de nuestras ideas al servicio del interés general de la sociedad uruguaya. El mejoramiento de las condiciones de vida de todos los habitantes de este país es el supremo objetivo de todos nosotros.


¿Cómo se llega a la meta de déficit del 2000?

Proyección pasiva

2.0% del PBI

Aumentos en el gasto (*)

+0.6% del PBI

Medidas de contención del gasto

-0.8% del PBI

Déficit proyectado

1.8% del PBI

(*) Se compone de asistencia al agro y otros (0.2% s/PBI)
más la inercia de las inversiones (0.4% s/PBI
)


Finanzas públicas en el 2000

* Resultado financiero

déficit de 1.8% del PBI

- Gobierno Central

1.9%

- BCU

0.4%

- Empresas públicas

(0.5%)


¿Cómo se explica la reducción de 0.8%?

* Menores inversiones (art. 1)

0.5%

* Menores gastos no personales (art. 2)

0.2%

* Reducción de gastos en empresas públicas

0.1%


Evolución prevista de la economía en el año 2000

% de variación anual

* Producto Bruto Interno

2.5%

* Consumo privado

2.1%

* Inflación

4% a 6%

* Tipo de cambio

7.5%

* Exportaciones en dólares

8.7%

* Saldo en cuenta corriente

-2.3% de PBI



(Sigue Ariel Davrieux)