Maracaná, los laberintos del carácter
Por Franklin Morales*
Acaso cada uno de nosotros tenga su propia y, a su modo, verdadera acepción de Maracaná.
Palabra mágica con el poder de un oráculo al revés, hacia allí desde hace medio siglo
peregrina el fútbol todo, no para consultar el futuro, para comparar otras proezas. E
inclinarse.
En lo personal, Maracaná es otro acontecimiento en el devenir de la singular
civilización que hemos construido entre todos, no se trata de un episodio insólito, de
una anomalía de 90'. El fútbol nuestro reconoce otros Maracaná en la medida de su
tiempo y circunstancia, el 13 de setiembre de 1903, los Juegos Olímpicos de 1924 y 1928,
el primero de los mundiales. Pero ninguna de estas proezas ni las que siguieron, siguen
y seguirán cuentan por sí mismo, no fueron independientes, ajenas a nuestro tejido
social. Los futbolistas no son una raza marginal que crece entre las rayas de la cancha.
Por tanto, ahondar en cuánto hizo al 16 de julio de 1950 en definitiva es adentrarse en
los componentes del carácter nacional sin lo cual no terminaría de entenderse. Hasta
podría suponerse fruto de un milagro, eso sí, menor a la conversión del agua en buen
vino, el primero de los milagros de Jesús. En eso ando desde hace meses, explorando y
escribiendo. Mejor dicho desde hace años, mejor aún, desde niño, cuando oía en Rincón
del Bonete, allá lejos y hace tiempo, la voz de Carlos Solé que nos llevaba los
fabulosos fragores del fútbol.
¿Escribiendo sobre el gesto de Obdulio, el gol de Ghiggia, la grandeza de todos? Sin
duda, pero también de muchas, muchas otras cosas. Como la huelga de jugadores de 1948 y
'49, sin cuyos pormenores Maracaná es mucho menos comprensible. Fue la única huelga de
que se tenga noticias por cuestiones de dignidad, no de dinero, y la única que se tenga
noticias que lograra sus objetivos.
Entre otras cosas porque a la justicia de la causa se sumó alguien que dijera síganme! y
le siguieran. Alguien que sin ser el mejor jugador y si lo era bienvenido el plus, ni
el más simpático, ni el más querido ni el más leído, que de hecho no lo era, poseyera
el misterioso poder de un carisma casi animal. Tanto que cuenta estos días Dalton Rosas
Riolfo, "una noche convocamos una asamblea, había como 400 futbolistas, llegó
Qbdulio y le preguntó a Enrique Castro si había alguna novedad, le contestó que no, se
dio vuelta y se fue. Detrás suyo se levantaron y se fueron los 400 jugadores! En la mesa
quedamos Enrique, Walter Cosse y yo..."
Obdulio además era capitán de Peñarol y capitán de la selección, de un Peñarol
milagrosamente conformado por Emérico Hirsch ya en la primera práctica que dirigió en
Las Acacias. La que reanudó la actividad después de siete meses de huelga, que devuelve
a la cancha jugadores con una elevada autoestima lo que, entre otras cosas, evitó una
salida masiva hacia la Colombia de la liga pirata. En su lenguaje de medio castellano
Hirsch anunció uno a uno el célebre Peñarol del '49, único en el fútbol del país a
quien nadie derrotó en todo el año, sólo perdió un amistoso en Buenos Aires en la
inauguración del estadio de Huracán.
Ese formidable equipo poderoso por fuera y sano por dentro fue la base de la
selección que enfrentó a Brasil, una selección formada sobre un dominante Vasco da
Gama, surgido con la dirección de Ondino Viera y ahora conducido por el todopoderoso
Flavio Costa. Además técnico de la propia selección desde una eternidad, 1944,
casualmente frente a Uruguay, en los partidos de despedida de las Fuerzas Expedicionarias
Brasileñas que partían al frente italiano de la segunda guerra mundial.
Entre Uruguay y Brasil existían las mismas diferencias que separaban a ambas
civilizaciones. Así, aquel Vasco estaba fuertemente dominado por los componentes
mágico-religiosos de la macumba, hasta se trajeron perros para ayudar a desenterrar de su
estadio de San Januario las gallinas muertas en los "trabajos" de los
adversarios de turno. Pero reuniendo a la flor y nata de los supercracks brasileños,
llamativamente fue "demasiado" subcampeón en esos años. ¿Acaso trasladaría a
la propia selección un componente de fragilidad emocional?
De éstas y de muchas otras cosas trata el libro cuyo título, Maracaná, los laberintos
del carácter, sintetiza lo esencial de esa victoria, las anteriores, las que siguieron y
seguirán en tanto creamos, tengamos fe en nuestro modo de ser y sentir. Que esa es al fin
de cuentas la suprema lección de Maracaná.
* Periodista y escritor
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