"Aarón de Anchorena: una vida
privilegiada", último trabajo
de Napoleón Baccino.
"Si el proyecto que concibo y el resultado
se parecen, es probable que el libro sea aceptable"
EN PERSPECTIVA
Jueves 25.06.98, hora 11.05.
ROSARIO CASTELLANOS:
"Aarón de Anchorena: una vida privilegiada" es un libro de reciente aparición
del escritor uruguayo Napoleón Baccino Ponce de León. Napoleón Baccino tiene 50 años,
es profesor de Literatura, egresado del IPA, autor de dos novelas: "Maluco: la novela
de los descubridores", del año 1989, y "Un amor en Bangkok", publicada en
1994. En el '95 publicó un libro de cuentos: "El arte de perder".
Este trabajo es diferente. "Aarón de Anchorena: una vida privilegiada" es un
libro publicado por Presidencia de la República, que ha sido entonces encargado a
Napoléon Baccino por el Presidente, y que implicaba además una tarea de investigación
histórica, algo que ya había hecho para "Maluco" pero de otra índole.
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"La investigación fue por momentos
desesperante. Nadie sabía nada sobre Aarón de Anchorena, que llevó una vida llena de
brillos hasta que se internó en esa aventura de crear su propio paraíso, a la manera de
los caballeros ingleses, en la barra del San Juan". |
NAPOLEON BACCINO:
Fue una experiencia totalmente distinta. Yo no soy historiador ni pretendo serlo. Soy un
simple narrador. Eso es lo que me gusta. Intentar una biografía como tal dentro del
género, y que además iba a convertirse -por lo menos en su primera edición- en un libro
oficial, era un desafío muy grande. Había otro gran desafío y era la ausencia total de
información sobre Aarón de Anchorena.
RC - Aquí en nuestro país.
NB - Y en Argentina también. En Argentina sobre los Anchorena hay solamente un libro de
Juan José Sebreli que se llama "La saga de los Anchorena", que es un libro
bastante tendencioso donde, desde una perspectiva populista, se les estigmatiza como el
símbolo de la oligarquía ganadera -que lo fueron- pasando como al descuido, sin
dedicarle ni media página, al personaje sin duda más fascinante -yo revisé toda esa
familia- de la saga de los Anchorena, que fue Aarón.
Todo esto empezó por una invitación del presidente
Sanguinetti, que está empeñado -y ya lo logró- desde su primera presidencia en
restaurar el legado de Anchorena, un legado fabuloso, no sólo por su valor económico
(una estancia de 1500 hectáreas frente a Buenos Aires, un poco al norte de la ciudad de
Colonia, una estancia para financiar el mantenimiento de uno de los parques exóticos más
bellos de Sudamérica plantadox por el propio Aarón, una residencia donde predomina el
estilo Tudor, con normando y otros componentes, el alhajamiento, el amoblamiento). Todo,
todo eso lo legó al Uruguay Aarón de Anchorena al cabo de más de 50 años de trabajo
allí. Se reconstruyó la casa a nuevo y según los planos originales. Estaba muy
deteriorada porque el Estado se hizo cargo...
RC - A las apuradas...
NB - Los trámites sucesorios fueron largos. Luego los tiempos que siguieron a ello fueron
difíciles. El Estado tomó posesión del bien en el '72 y con el quiebre institucional y
todo lo demás, hubo otras prioridades. De manera que en el '85 recién se inician las
obras. Hoy están culminadas. El arquitecto paisajista Leandro Silva Delgado dirigió la
restauración del parque, que también hoy está en todo su esplendor. Casi todo estaba
como en tiempos de Anchorena. Pero nadie sabía quién era Aarón de Anchorena. Para
uruguayos y argentinos no era más que un millonario excéntrico. Yo suponía que podía
haber algo más, pero tampoco estaba seguro.
RC - Pero dentro de ese halo de misterio se colaban ciertos datos que al menos a las
mujeres nos resultaban sumamente atractivos. Él fue un seductor, de acuerdo a este libro.
Pero había aspectos, desde la propia exquisitez en el planteo de su residencia y del
parque... Pero además cosas que uno viene descubriendo cuando hace ese paseo: el lugar de
la torre, el propio deseo de ser enterrado allí... Es una figura que a cualquiera que
haya visitado el parque alguna vez, lo tiene que haber dejado intrigadísimo.
"Todo lo que se dice en el libro, cada
hipótesis, o cada constatación, está respaldada en documentos, en distintos
testimonios. Tenía que ser así. Tenía que ser una investigación rigurosa. A la vez
tenía que abordarlo con un mínimo de técnicas novelescas, desde el armado y otras
cosas, para que fuera atractivo en la lectura".
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NB - Exacto. Eso fue lo que me decidió a aceptar lo que, como decía al
principio, era un desafío, una invitación a pasar solo unos días en la residencia de
Anchorena. La casa estaba en obras. Estaba yo solo con mi esposa, recorriendo el parque,
las playas, las barrancas donde Darwin fue a extraer sus fósiles -allí mismo estuvo
Darwin quedándose, en 1832- y recorriendo esos extraños ambientes de la casa, el cuarto
chino del propio Aarón.
Por disposición testamentaria, esa casa está reservada a los presidentes y jefes de
Estado, no así el parque, que es parque nacional, también por disposición
testamentaria. Como todo estaba en obras y la casa de huéspedes también, tuvimos la
suerte de estar en la parte más antigua y convivir de alguna manera con el fantasma
atildado, cortés, seductor de Aarón de Anchorena, que fui descubriendo en cada objeto,
en cada animal embalsamado, en cada cormanenta de esas que adornan las paredes y cuando
vine lo hice convencido, apasionado, de que tenía un tema. Como dice Vargas Llosa: no es
el escritor el que busca al tema, sino el tema al escritor. Y esto, que parece un juego de
palabras, en este caso por lo menos se dio así, tal cual. Y me di a la tarea, con el
apoyo del presidente.
RC - Pero antes de empezar con la tarea -que vale la pena saber cómo se llevó a cabo-
por otro lado era la primera obra por encargo.
NB - Por encargo pero hasta por ahí nomás. Yo tuve una primera conversación en la que
quedó planteada la invitación.
RC - Por ofrecimiento al menos...
NB - Pero hasta que no fui y descubrí, intuí, que detrás había una personalidad
fascinante, una vida riquísima, llena de aventuras y que en todo caso si había sido uno
de los hombres más ricos de su época en el mundo -en Europa se decía "es tan rico
como un argentino"- había sacado el mejor provecho de su fortuna, no sólo
personalmente, además. Así que se combinaron las dos cosas. Nunca he trabajado por
encargo porque, si no creo en el tema en que estoy trabajando, no puedo hacerlo.
RC - Pero además en este caso el encargo tenía otro compromiso. Si bien, como
hablábamos al principio, para la obra "Maluco" existió una necesidad de
investigación, igual era un escritor, un literato que podía jugar con esa realidad con
los márgenes de la fantasía. En este caso era un trabajo histórico. Había entonces que
encarar -y a eso vamos ahora- una investigación con toda la seriedad del caso para
constituirse en una historia real de Aarón de Anchorena. ¿Qué implicó esa
investigación?
NB - Todo lo que se dice en el libro, cada hipótesis, o cada constatación, está
respaldada en documentos, en distintos testimonios. Tenía que ser así. Tenía que ser
una investigación rigurosa. A la vez tenía que abordarlo con un mínimo de técnicas
novelescas, desde el armado y otras cosas, para que fuera atractivo en la lectura.
RC - Eso para el resultado, pero hablemos primero de la investigación, aquí y en Buenos
Aires.
NB - La investigación fue por momentos desesperante. Nadie sabía nada sobre Aarón de
Anchorena, que llevó una vida llena de brillos hasta que se internó en esa aventura de
crear su propio paraíso, a la manera de los caballeros ingleses, allí en Anchorena, en
la barra del San Juan. El único que sabía, que tenía datos, era el propio presidente
Sanguinetti.
RC - Porque además este hombre no tuvo descendencia directa, no tuvo hijos; así que los
miembros de la familia que hoy subsiste no son siquiera parientes de esa rama.
NB - No son descendientes directos de él. Él tampoco llevó una vida pública. Al
contrario. Trató de mantener en privado la rumbosa vida de lo que hoy sería el jet set y
que entonces era la alta sociedad europea, la sociedad de preguerra, de antes de la
Primera Guerra Mundial.
RC - De casas reales...
NB - De casas reales, sí señor. No había prácticamente nada. Así que durante muchos
meses fue muy frustrante. Yo cada tanto recibía una llamada del presidente de la
República ansioso por tener datos sobre Aarón, porque él frecuenta mucho esa residencia
y conoce muy bien todo el entorno y demás.
RC - Y algunos datos estarían allí. Por ejemplo la biblioteca se conservó tal cual, sus
papeles...
NB - La biblioteca fue una de las cosas que me reveló, como es lógico... Siempre una
biblioteca habla sobre el hombre que la hizo. Una biblioteca en la que está cada libro
minuciosamente anotado con la propia letra de Aarón y uno podía desde ahí adivinar un
poco su personalidad.
RC - Fotografías, por ejemplo...
NB - Fotografías, sí. La Presidencia tenía buena cantidad de las fotografías en el
archivo de la estancia de Anchorena, pero yo llegué a tener acceso finalmente a los
descendientes.
RC - ¿Cuándo se abrió esa puerta y cómo?
"Yo no creo que una biografía sea una línea
recta cortada por dos perpendiculares: el nacimiento y la muerte. Yo creo, como Marguerite
Yourcenar cuando escribió «Las memorias de Adriano», y salvando las distancias de libro
a libro, que son más bien tres caminos sinuosos que se tocan y se separan y que se
componen de lo que ese hombre hubiera querido ser, de lo que cree haber sido y de lo que
realmente fue".
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NB - Fue muy difícil. Aarón, como decíamos, no tuvo hijos. Se casó con
Zelmira Paz, viuda de Gaínsa y dueña del diario La Prensa en su esplendor. Pero fue un
matrimonio que no prosperó. Él ya era un hombre maduro con todas sus mañas. No sé
cómo sería ella. Apenas conozco algunas fotos. Pero en todo caso, no prosperó, se
divorciaron de común acuerdo, hubo siempre separación de bienes y no hubo hijos. Cuando
Aarón muere el 24 de febrero de 1965, además del legado al Estado uruguayo y del legado
a la mujer que lo acompañó en sus últimos 17 años en la más estricta reserva...
RC - "La Negra"...
NB - Se llamaba "La Negra" y da nombre a una de las playas más lindas del
lugar. Además de estos legados nombró dos herederos, sus dos sobrinos preferidos: Juan
de Anchorena -que todavía vive y que estuvo ayer en el acto de presentación del libro y
en representación de su familia- y Luis Ortiz Basualdo y Anchorena. Por la rama de los
Ortiz Basualdo todos ellos tienen los campos que fueron de Aarón, que tenía en su
momento 11.000 hectáreas entre el San Pedro y el San Juan. Y comparten esa fracción con
el Estado uruguayo. A través de los Ortiz Basualdo fue que logré realmente revertir
aquella situación de carencia de datos, una situación frustrante, de que el libro no se
iba a poder concretar, que yo no podía. Quiero decir: si yo lo hubiera encarado como
novela no hubiera tenido problema. Pero yo tenía que respaldar todo aquello que intuía
con documentos que no aparecían. Sucesivos viajes y llamadas y viajes, y al final fueron
apareciendo y apareciendo cosas, a tal punto que cuando el libro ya estaba en proceso de
imprenta -el proceso gráfico también estuvo a mi cargo, porque no había nadie que lo
hiciera, ya que la Presidencia no tiene un departamento de publicaciones- llegó un
momento en que había que cerrar el libro y seguían apareciendo cosas. Ahora ya casi que
me molesta que aparezcan nuevos datos. Lo digo en broma: se incorporarán en ediciones
sucesivas.
RC - En este caso se trataba además de no sólo parientes sino de personas que lo
hubieran conocido personalmente. ¿Tuvo acceso a testimonios de gente que lo trató?
NB - Yo entrevisté, sobre todo allí en San Juan mismo, en Colonia, a mucha gente que lo
trató. También en Buenos Aires. Testimonios directos, pero son poco confiables, no
porque la gente mienta, sino porque la leyenda, los recuerdos, se mezclan; con la
imaginación todo se deforma. Y lo mismo con la familia. Muchas veces yo tuve que
discutirle a la familia datos y hechos que ellos creían que habían sido de tal manera y
que yo tenía la documentación que probaba que era de otra. Hasta hoy a veces nos
peleamos por algún detallecito, esos ínfimos en los que repara sólo la familia. Así
que yo necesitaba para todo un documento por escrito.
Lo otro fue la apoyatura, lo que me permitió trabajar. Para decirlo en pocas palabras, yo
no creo que una biografía sea una línea recta cortada por dos perpendiculares: el
nacimiento y la muerte. Yo creo, como Marguerite Yourcenar cuando escribió "Las
memorias de Adriano", y salvando las distancias de libro a libro, que son más bien
tres caminos sinuosos que se tocan y se separan y que se componen de lo que ese hombre
hubiera querido ser, de lo que cree haber sido y de lo que realmente fue. En esa triple
perspectiva había que trabajar y devolverle a aquel fantasma un poco de vida.
RC - ¿Cómo se hace para intuir o adivinar o ver al hombre que fue con los documentos, al
que quiso ser o al que creyó ser? ¿Cómo el escritor adivina eso otro que de pronto es
más subjetivo? Hay algunas cosas escritas por él mismo en donde uno puede leer cómo se
veía a sí mismo, también.
NB - Hay por ejemplo anotaciones en los libros. Hay un proyecto de escribir un libro sobre
Caboto. Porque ese es un lugar, San Juan, muy estratégico, y donde estuvo también el
primer asentamiento europeo en el Río de la Plata, antes de la primera fundación de
Buenos Aires.
RC - De Sancti Spiriti, no.
NB - Desde allí partió para fundar Sancti Spiriti. Detalles, no podría decirte
exactamente. No es que haya tres clases de elementos para alimentar las tres vertientes.
Lo que importa es más bien preservar esa perspectiva sobre cada hecho que aparece. Creo
que en cada hecho puntual están las tres perspectivas: lo que hubiera querido ser, lo que
cree haber sido y lo que realmente fue.
RC - En este libro, además, se habla del entorno de Anchorena, de su época, de una
realidad que evidentemente condicionó todo su accionar. También hubo que hacer
investigación histórica por ese lado.
"Dentro de las limitaciones en el sentido del
rigor histórico que me había impuesto y que era necesario, había que hacerlo lo más
atractivo posible, entretenido. El primer y único valor de un libro, si tuviera que
elegir, es que sea entretenido. Ya lo sabía Cervantes, y Joyce se quejaba de que había
recibido todo tipo de elogios por su libro Ulises menos que era entretenido, con toda
razón porque no es nada entretenido".
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NB - Uno de los intereses más fuertes para mí, más allá de una personalidad
realmente fascinante, compleja, que (como digo en la solapa del libro) había que abordar
hasta por lo que no tuvo o no pudo realizar, sino por lo que tuvo en demasía, y creo que
ese fue su gran reto, superar aquello- fue la posibilidad de aprehender e intentar
retratar la clase y el mundo al que pertenecía...
RC - Muy diferente al nuestro...
NB - Totalmente diferente al de nuestra época, al del Uruguay históricamente hablando y
al del resto de las -llamémosles así aunque a veces la palabra tiene otras
connotaciones- oligarquías latinoamericanas.
RC - Detrás de esta investigación histórica, Baccino sigue siendo un escritor que,
según declaró alguna vez, considera que los libros no se hacen como los niños, sino que
se construyen como las pirámides, al decir de Flaubert.
NB - Exactamente, la frase no es mía.
RC - ¿Cómo se levantó esta pirámide? Supimos con qué elementos, dónde se ubicaron,
pero había que hacer un libro atractivo, que escribía no un periodista ni un
investigador sino un literato.
MB - Exactamente. Dentro de las limitaciones en el sentido del rigor histórico que me
había impuesto y que era necesario, había que hacerlo lo más atractivo posible,
entretenido. El primer y único valor de un libro, si tuviera que elegir, es que sea
entretenido. Ya lo sabía Cervantes, y Joyce se quejaba de que había recibido todo tipo
de elogios por su libro Ulises menos que era entretenido, con toda razón porque no es
nada entretenido.
RC - No lo es.
NB - Pero bueno, el lector juzgará si realmente logré que fuese ágil, entretenido. Yo
me fui abriendo, utilicé el personaje como eje para retratar también su clase, su mundo,
el mundo de la época en los países del Plata, en Europa antes de la Primera Guerra
Mundial. Allí está por ejemplo la historia de la fortuna de los Anchorena, que se
podría utilizar un poco como paradigma de lo que ha ocurrido en otros países. Y todos
los vínculos con...
RC - ... con el poder político.
NB - ... con el poder político y con los grandes cazadores de indios. Argentina estaba
prácticamente reducida a Buenos Aires hasta que Juan Manuel de Rosas, llamado "el
mayordomo de los Anchorena", y primo de los Anchorena, comenzó a hacer sus primeras
campañas. Allí en el libro están las líneas que le mandan los Anchorena diciéndole
que haga correr el rumor de que los indios están alzados para ver si pueden comprar...
RC - ... y abaratar.
NB - Claro, las tierras y el ganado baratos. Y luego, detrás de las campañas del general
Roca en la conquista del desierto ya definitiva, también se cotizaba en la Bolsa la legua
de tierra que el general Roca iba a conquistar y así financiaba sus campañas. El general
Roca, que por otra parte es el creador de la Argentina moderna. Un personaje muy rico
también, como es notorio.
RC - Como les decía, yo devoré este libro. Lo terminé de leer hoy prácticamente de
madrugada. No solamente porque tenía esta nota por delante, sino porque, insisto, me
resultó tan atractivo y entretenido como para que no fuera ningún sacrificio. Les cuento
a mis oyentes que el primer gancho está en el primer capítulo. Creo que es en el primer
capítulo en que Baccino ubica el lugar, en Argentina, desde donde salía la expedición
del globo aerostático que este hombre que era un audaz y un deportista se plantea,
primero con un técnico francés. Se estaba llenando el globo con un gas que no era
apropiado -al francés se le deben haber parado los pelos- en una improvisación del
momento: la compañía de gas no estaba poniendo helio ni hidrógeno sino gas común.
Nb - Sí.
RC - Este hombre sabía que se iban a caer.
NB - Exacto.
RC - A último momento desiste. Toda una historia de idiosincrasia que nos es
perfectamente reconocible.
NB - Sí.
RC - Y que termina nada menos que con Jorge Newberry.
NB - Claro, porque Jorge Newberry, como ingeniero, era el director, el gerente de La
Sportiva, que era la compañía del gas de Buenos Aires en ese momento.
RC - Pero que no estaba en el proyecto.
NB - Que no estaba en el proyecto, que sale corriendo de su oficina, se saca el sombrero y
se sube a la barquilla con Aarón y hacen el primer vuelo sobre el Río de la Plata.
RC - Un vuelo que además termina como supimos, casi trágicamente, con derivaciones
increíbles para los dos. Porque es maravilloso que determina para Anchorena su
instalación en nuestro país...
NB - Uno echa raíces ahí...
RC - Y para el ingeniero Newberry el inicio de su carrera.
NB - El otro echa alas, inicia una carrera y se convierte en el pionero y en el héroe.
RC - Cuyo nombre lleva Aeroparque en Buenos Aires.
NB - Claro, y que después lo lleva a una muerte muy temprana y muy trágica.
RC - En accidente.
MB - En un accidente aéreo, mientras que Aarón vivió hasta el año '65, construyendo
ese rincón.
RC - No poca influencia debe haber tenido ese otro precioso personaje que aparece por
detrás, Mercedes Castellanos, que es también todo un símbolo de una mujer viuda, con
una cantidad de hijos, con una poderosa fortuna y que lleva adelante toda una
organización de ese clan familiar.
NB - Sí. Yo sospecho que en grandes tramos de lo que consideramos generalmente como
patriarcado ha habido grandes matriarcados. Esta sin duda era una matrona con un poder
total sobre sus hijos y sobre su inmensa fortuna, porque cuando murió su esposo, Nicolás
Anchorena, dejó sólo en la provincia de Buenos Aires 400.000 hectáreas. Sólo en la
provincia de Buenos Aires, ni hablar del resto.
RC - Y cifras de cabezas de ganado también abrumadoras.
NB - Ella fue la que construyó por ejemplo dos palacios, uno de ellos para sus hijos, que
es la actual Cancillería argentina y el otro casi pegado -donde hoy está el edificio de
la IBM, que se destruyó en los años '60- para su hija, casada con Enrique Rodríguez
Larreta, el dramaturgo uruguayo. Esta, que era Dama de la Rosa, Condesa Pontificia y no
sé cuántas cosas más, era una mujer de un carácter y de un temple terrible, que fue la
que, cuando Aarón ya tenía unos 30 años, poco menos que lo obligó a sentar cabeza. Y
ese fue el origen del vuelo, porque él dijo: "Muy bien, yo voy a hacer mi último
vuelo y desde el aire voy a elegir las tierras".
RC - Y definitivamente las eligió al caer desde el aire.
NB - Sí.
RC - Vuelvo a desviarme, justamente porque el tema resulta apasionante, hablando de la
estructura. Un primer capítulo entonces que comienza en el momento en que sale el viaje y
termina cuando el globo se pierde en el aire. Y ahí suspendemos el relato. El siguiente
capítulo ya refiere la historia, desde el nacimiento, y de ahí en más el libro va
alternando esa historia que comienza en el globo y termina con la muerte de Aarón,
referida exactamente a su vida en San Juan, con los datos históricos más ajenos a esa
realidad. Esta es una estructura pensada.
NB - Sí, por supuesto. Yo creo que cuando un libro está publicado todo debe considerarse
deliberado. Es una de las pautas más estrictas de la filología moderna. Pero además
está hecha con la mentalidad, con los criterios, con las estrategias de un novelista.
RC - Un novelista que, para mí, se nota más como tal, como literato, justamente en los
capítulos que se refieren a Anchorena en Uruguay, desde su salida y su instalación, como
más libre. ¿Puede haber sido intencional?
NB - Tú te referís a los capítulos desde que llega y se instala.
RC - No, desde que sale de Buenos Aires y se cae en el globo, los capítulos -los impares
serían- parecería que en toda su concepción, la forma en que describen la situación,
son como más libres.
"En este momento, en estos mismos momentos y
años estoy pasando por una suerte de crisis estética. Mi literatura va a cambiar mucho.
Aunque mis libros no se parecen nada entre sí, todavía se van a parecer menos los
próximos".
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NB - Lo que pasa es que la libertad, para un escritor que cultiva el género
histórico, o en este caso la biografía, está justamente en aquellas lagunas, en
aquellos silencios de la historia, que uno puede llenar con verosimilitud, con seriedad,
con rigor intelectual pero que le dejan el margen. Cuando aparece la documentación es que
se recorta el margen de libertad, que es lo que hace al escritor, que le permite
desarrollar su propio lenguaje, y se tiene que replegar.
RC - Entre el Anchorena que se intuyó de antemano y el que luego efectivamente descubren
los documentos, ¿cuál es la distancia?
NB - Hay una enorme similitud. Yo tengo un canon para tratar de darme cuenta si un libro
está más o menos logrado, si debo publicarlo o no. En esta profesión tan solitaria y
tan difícil, donde uno no tiene a quién preguntarle realmente, porque ya se sabe...
RC - En particular Baccino no muestra los manuscritos a nadie...
MB - A nadie. Pero además es muy difícil. Cada uno tiene su estética. A veces te
cruzás con sentimientos... un poco no del todo puros o generosos. Es difícil. Y yo tengo
un canon. Si el proyecto que yo imagino, que sueño, que concibo y el resultado se
parecen, es probable que el libro sea aceptable. Si no se parecen, entonces ahí hay
algún problema. A veces lo puedo detectar y solucionar, a veces no y no lo publico. Yo
tengo mucha obra no publicada. Tengo libros terminados desde los 20 años. Y publiqué
"Maluco" casi con 40.
RC - "Maluco" era justamente, usted declaró alguna vez, el ejemplo de esa
coincidencia.
NB - Sí. "Maluco", que yo siento totalmente ajeno ya, todavía me asombra, por
lo que se parece al proyecto.
RC - ¿Qué quiere decir eso?
NB - Quiere decir que uno echa a andar el libro, comienza a tener estas entrevistas, a
hablar de él, a explicarlo, por las universidades...
RC - ¿Lo va perdiendo?
NB - No es que lo vaya perdiendo. Yo creo que se quiere perder. Un libro es un tema, con
mayúscula, es una obsesión del escritor, que agota cuando lo termina, si lo termina con
buena fortuna. También es una época del escritor. Uno va cambiando mucho. Günter Grass
decía: "el problema de la novela es que el escritor cambia a veces más rápido que
la novela que está escribiendo". Las estéticas cambian, la percepción del mundo.
Yo soy un hombre muy inquieto en ese sentido, de tratar de percibir cuál es la
sensibilidad estética de la gente; no para tener éxito, que no lo busco, porque ya estoy
bastante baqueano y sé que detrás de lo que puede parecer éxito lo que hay no son más
que fracasos, muchos y muchos fracasos en lo que puede llegar al éxito, pero no el éxito
directamente.
RC - Salvo para Anchorena.
NB - Creo que la literatura es comunicación, no es expresión. La expresión deja afuera
al lector. Y para comunicarme tengo que saber por dónde está pasando la estética
moderna. Me gusta ser un hombre de mi tiempo. Vivo muy inquieto. En este momento, en estos
mismos momentos y años estoy pasando por una suerte de crisis estética. Mi literatura va
a cambiar mucho. Aunque mis libros no se parecen nada entre sí, todavía se van a parecer
menos los próximos.
RC - ¿Cuál es la novela que va a representar a Napoleón Baccino tal cual es hoy?
NB - En este momento en que estamos hablando es una novela que todavía no he escrito, que
confío que va a ser mi mejor novela.
RC - La que siempre se está por escribir.
NB - La que siempre se está por escribir, la que quiero escribir, pero se va a ver dentro
de unos cuantos años, a medida que yo madure esa estética en la que se apoya, madure el
proyecto, escriba la novela, llegue al público. Hay un desfasaje siempre.
RC - Entonces ¿a cuál corresponde esta que está por salir o por terminar?
NB - Esta que está por salir -no me gustaría hacer de mí mismo etapas, como si se
tratara de un manual de literatura, hacerme mi propio manual- es una novela de amor y de
aventuras, que en el fondo me parece que es la única novela que puede existir. Y son
varios personajes, muy fascinantes todos ellos.
RC - ¿Con un marco histórico también?
NB - También. Son varios personajes que desde distintas partes de América, por lo menos
de buena parte de América del Sur, convergen en busca de un Artigas senil, en su largo,
extraño y misterioso exilio en el Paraguay. No sabemos nada tampoco de ese Artigas. Y
allí corro con una gran ventaja.
RC - Ahí se puede imaginar.
NB - Me consta que no hay nada para averiguar.
RC - ¿Tiene título ese libro?
NB - No, es muy difícil ponerle título a un libro que tiene, no diría como personaje,
sino como una sombra, como un referente que está atrás. No quiero anticipar el final.
Pero realmente esos encuentros no se producen exactamente como estaban previstos.
RC - ¿Y tiene idea de cuándo puede llegar a aparecer ese nuevo libro suyo?
NB - También he aprendido que lo que hacen los escritores españoles de publicar un libro
por año es funesto, para la literatura, para su literatura, para su calidad, y para el
hombre que hay detrás del escritor.
RC - Con eso me está diciendo que no sale este año.
NB - No. De ninguna manera. Tengo derecho a descansar, a vivir otras cosas que me importan
mucho y otras que me importan más que la literatura.
RC - ¿No me diga? ¡Pero me lo larga cuando ya no tenemos más tiempo! En grandes
titulares: ¿cuáles son las cosas que le importan más que la literatura?
NB - Los afectos.
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Transcripción: Carina Gobbi
Edición: Jorge García Ramón
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