JULIAN CABRERA:
Sí, cerca de los pueblos de Puntas de Maciel y Goñi.
EC - A la altura de la Ruta 5, kilómetro 155.
JC - Correcto.
EC - ¿Cómo está el tiempo por allí esta mañana?
JC - Lloviendo un disparate.
EC - ¿Ya se largó?
JC - Sí, anoche.
EC - A usted en particular, ¿la lluvia le viene bien o mal?
JC - Los paisanos siempre nos estamos quejando del tiempo, ¿no? Antes nos faltaba agua,
ahora está sobrando.
EC - ¿Qué tipo de producción hace usted?
JC - Soy criador lanero y de ganado de carne.
EC - Solamente; no hace agricultura.
JC - No, la agricultura que hago es para alimento del ganado.
EC - ¿Por ejemplo?
JC - Por ejemplo, praderas convencionales.
EC - Su predio es de 400 hectáreas. ¿Es de su propiedad?
Cabrera: "Tenemos que estar todos los días y a
toda hora, porque lo que nos diferencia de las demás empresas es que vivimos en ella. Voy
a poner un ejemplo tonto: de noche uno está descansando y grita la gallina porque hay un
bicho que la está depredando, entonces uno se tiene que levantar. Lo nuestro es 'full
time'"
|
JC - No, pertenece a mi madre; lo exploto sí como si fuese de mi propiedad.
Figuro como arrendatario.
EC - Usted tiene cinco hijos.
JC - Sí, tengo cinco hijos en común con mi compañera.
EC - ¿De qué edades?
JC - De ocho a 14 años.
EC - ¿Trabajan ustedes solos en el campo o tienen además empleados?
JC - Trabajamos nosotros a nivel familiar, nomás. Tratamos de hacer todas las tareas
nosotros.
EC - "No hay más peones que nosotros mismos", decía en un pasaje de su carta.
JC - Exactamente. Cada uno tiene algunos roles en los que anda más; normalmente le
encomendamos el volteo de las casas a los hijos, normalmente está más en la cocina mi
señora y más en el campo yo, pero tratamos de hacer todo "en barra".
EC - Agrega por allí: "No tenemos domingos ni feriados, porque los animales y los
pastos son muy ignorantes de los derechos de los trabajadores y de las fechas
patrias".
Cabrera: "Mi idea es que la gente nos repiense
desde otro lugar. Creo que Montevideo no nos piensa como una cultura diferente, tan
respetable como la montevideana, la europea o la esquimal"
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JC - Sí, tal vez. Encierra un concepto un poquito agresivo, pero es así.
Nosotros no podemos cerrar, decir "llegó el fin de semana, cerré la empresa y el
lunes la vuelvo a abrir". Tenemos que estar todos los días y a toda hora, porque lo
que nos diferencia de las demás empresas es que vivimos en ella. Voy a poner un ejemplo
tonto: de noche uno está descansando y grita la gallina porque hay un bicho que la está
depredando, entonces uno se tiene que levantar. Hay cosas de ésas; es "full
time".
EC - ¿Desde cuándo está radicado allí?
JC - Nací allí.
EC - ¿En esa zona?
JC - Sí, en ese mismo campo.
EC - ¿Dónde está ubicado usted en este momento?
JC - Estoy en Sarandí Grande.
EC - ¿Por qué está ahí a esta hora de la mañana?
JC - Por el tema de la telefonía. El teléfono que tengo no tiene buena señal y tenemos
que traer a los hijos al liceo, entonces ya aproveché para hacer todo.
EC - ¿Cómo le va a usted en materia de endeudamiento?
JC - Formo parte de la mayoría, estoy endeudado en el Banco República.
EC - ¿Fuertemente o es un endeudamiento manejable?
JC - En relación al capital, es fuerte; es manejable aún, reperfilamos la deuda.
Seguimos convencidos de que si todo es medianamente normal la vamos a poder pagar, pero
estamos muy endeudados.
EC - ¿Lo angustia ese problema?
JC - Sí, tal vez sea un poco anacrónico, pero no sé convivir con las deudas.
EC - Usted escribió la carta a partir de enfoques distorsionados que ha percibido en los
medios de comunicación de Montevideo y en particular incluso aquí en El Espectador,
desde el año pasado, cuando las gremiales agropecuarias se convirtieron en protagonistas
con las movilizaciones que han venido desplegando con intensidad. ¿Qué objetivos
perseguía con la carta?
Cabrera: "Nosotros hablamos comiéndonos las
'eses' aunque hablemos en plural; se tiende a desmerecer eso, causamos una risa
agresiva... Tal vez los que vivimos en el campo propiamente caminamos encorvados, con los
brazos más abiertos... Me queda la sensación de que, en lugar de entender al otro como
diferente y muy respetable, muchas veces se lo desmerece"
|
JC - Lo puse textual: generar una corriente de que (la gente) nos repiense a
los paisanos de manera distinta. Lo digo ahora al aire, pero no era mi intención salir al
aire; me considero muy anónimo. Tal vez la torpeza de mi propio vocabulario no me permita
expresar los sentimientos. Mi idea es que la gente nos repiense desde otro lugar. Creo que
Montevideo no nos piensa como una cultura diferente, tan respetable como la montevideana,
la europea o la esquimal.
EC - Usted dice "una demanda, tal vez un grito para que se nos escuche, para que se
nos trate de entender y por último valorar".
JC - Sí, tal vez esté hablando yo y estén hablando mis abuelos y todos nuestros
muertos. Por eso lo de un grito; creo que muchas veces no se ha valorado al campo más
allá de la utilidad que puede prestar en un momento.
EC - Usted aclara en la carta que vivió un tiempo en la capital, o sea que no está
imaginándose las cosas que se dice o se piensa sobre la gente que vive en el campo. Dice
"tengo una idea de los eslóganes ideológicos con los que se manejan, que tanto
perjudican una sana integración nacional". ¿Cuánto tiempo vivió en Montevideo?
Cabrera: "Creo que no se respeta nuestra
cultura o nuestras tradiciones, que nosotros mismos también hemos ido perdiendo"
|
JC - Seis años. No puedo dar un diagnóstico acabado de lo que piensa la gente
en Montevideo, pero sí ciertas generalidades que sentí; además me moví en diferentes
círculos. Tuve siempre la sensación de que no se entendía mucho, de que las expresiones
eran diferentes. Nosotros hablamos comiéndonos las "eses" aunque hablemos en
plural; se tiende a desmerecer eso, como que causamos una risa agresiva por nuestra
manera... Tal vez los que vivimos en el campo propiamente caminamos encorvados, con los
brazos más abiertos... Me queda la sensación de que, en lugar de entender al otro como
diferente y muy respetable, muchas veces se lo desmerece.
EC - En un momento usted dice que aquí, en la capital, existe "la equivocada
convicción íntima de que pasado el Arroyo Carrasco todo lo que hay son señores feudales
por un lado y, por otro, un número de brutos e ignorantes". ¿Le parece que es tan
drástica la visión que se tiene de lo que ocurre tierra adentro?
JC - Tal vez no, tal vez sí. No sé si es tan drástica, pero sé que es bastante, sé
que se ignora mucho de acá, y creo que se ignora porque no se valora. Creo que no se
respeta nuestra cultura o nuestras tradiciones, que nosotros mismos también hemos ido
perdiendo. Me duele que no se tenga una cultura, por ejemplo, de lo que es la payada. En
lo que es personal no la disfruto, no me gusta, pero no dejo de reconocerla como
brillante, como que fue una expresión cultural desde las épocas de Artigas. Hoy afuera
es muy común escuchar los programas periodísticos con payadas a nivel de la gente que
vive en el campo. Eso no es reconocido. Y montones de expresiones culturales no son
reconocidas. Tal vez mi afirmación sea un poco drástica, sí, pero creo que hay mucho de
eso.
EC - ¿Por qué hace esta advertencia en este contexto de crisis del sector agropecuario,
de movilizaciones de los gremios que agrupan a los distintos tipos de productores? ¿Qué
tiene que ver una cosa con la otra?
Cabrera: "A nosotros hoy se nos representa como
el atraso; creo que podemos representar el atraso en lo tecnológico, pero no en otras
cosas"
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JC - Son dos cosas interrelacionadas e interdependientes. ¿Cuál es el tema?
Una cultura, para desarrollarse, tiene que tener su medio. Yo no podría desarrollar mi
cultura de la bombacha ancha, de salir al trote a caballo con los perros, de ensayar un
tiro de lazo o lo que fuera en una calle de hormigón. Creo que es necesario el poder
mantenernos en el campo para ser eso que somos.
EC - Usted dice: "Somos una cultura en extinción".
JC - Sí.
EC - "Primero les tocó a los indios, después a los gauchos, ahora parece haber
llegado la hora de la extinción de los paisanos".
JC - Sí. Tal vez esté muy impregnado (de mis orígenes), porque tengo mucho orgullo por
mi ascendencia vasca, canaria y también indígena, y sé que les ha ido diferente a las
tres razas. Sé que el indígena fue exterminado, que no fue respetado. Hoy se escucha
voces tratando de rescatar gente, pero son unos pocos. El gaucho también: se habla de él
poco más que del vagabundo, del que podía servir para una batalla y poca cosa más,
¿no? Fue gente que vivió de esa manera, que fue así por montones de motivos; fue
exterminada porque siempre se la presentó como que representaba el atraso. A nosotros hoy
se nos representa como el atraso; creo que podemos representar el atraso en lo
tecnológico, pero no en otras cosas.
EC - Vamos al punto que creo que es el nudo de su planteo. Usted señala: "El tema
que realmente importa son los paisanos, -claro que ellos son productores rurales, tanto
asalariados como patronos o independientes-, pero el caracú está en la cultura más que
en la importancia de la producción".
"No podemos dejar de reconocer que el 70% de nuestras exportaciones son productos
derivados del agro, pero al darle una importancia determinante a esta cifra sería
peligroso el confundir un reclamo social con la teoría económica fisiocrática (hoy
obsoleta)".
"También podemos hablar de nuestro acondicionamiento territorial y los problemas que
supone para el presente como para el futuro la mala distribución geográfica de nuestra
población, pero tampoco está ahí el meollo".
"Considero que tenemos un reservorio cultural al que necesaria e imprescindiblemente
tenemos que cuidar".
Para usted, el debate o la preocupación debería estar en lo cultural. ¿Por qué hay que
preservar ese reservorio cultural? ¿Qué valores incluye?
Cabrera: "Una cultura, para desarrollarse,
tiene que tener su medio. Yo no podría desarrollar mi cultura de la bombacha ancha, de
salir al trote a caballo con los perros, de ensayar un tiro de lazo o lo que fuera en una
calle de hormigón. Creo que es necesario poder mantenernos en el campo para ser eso que
somos"
|
JC - Con respecto a lo económico, lo que he escuchado de parte de los que han
escuchado estos reclamos -que lamentablemente no han sido todos- es un énfasis en que
todo se tiene que ver con un carácter empresarial. Ahí está el error de apreciación;
eso es lo que tiene que estar confundiendo a la propia gente.
EC - ¿Qué quiere decir?
JC - Lo pongo en el caso. Si a usted como periodista en la capital le va mal
económicamente va a pensar: caramba, ¿cómo si al periodismo le va mal el gobierno no le
da apoyo y si al agro le va mal sí le da un apoyo? Tal vez hubo gente a la que le
rechinó nuestra manifestación, porque ¿por qué a ellos sí y a otros sectores no?
Cuando uno escucha que se cierra fábricas y se cierra fuentes de producción... El tema
estuvo mal puesto, no sé si intencionalmente o no, pero el reclamo va no porque queramos
que nuestra empresa nos dé ganancias; claro que lo queremos, pero lo que queremos en
esencia es que, lo que nos dé, nos dé para vivir. Por ahí va.
EC - Ustedes reclaman que la actividad que desarrollan les dé para vivir porque por lo
menos a muchos de ustedes -y usted es uno de ellos- lo que les preocupa es poder
permanecer en el campo.
JC - En mi caso personal, haciendo un balance anual, todos los años estamos perdiendo.
Hablo en forma totalmente personal -lo que digo no tiene por qué ser compartido por otros
paisanos conmigo-, pero a esta altura creo que si el campo no me da ganancia aún así
sigo en él, como se dice comúnmente, "trabajando nada más que para que me
vean". Por lo menos estoy en él y eso me hace sentir bien.
EC - ¿Cuáles son esos valores culturales que usted aprecia tanto y que aparentemente el
conjunto de la sociedad uruguaya no está teniendo en cuenta?
Cabrera: "Afuera, por nuestra forma de vida
-trabajamos en tareas rudas, la ropa se deteriora, se trabaja al aire libre- estamos mucho
menos pendientes de la ropa, de la marca. En el caso de la mujer, ni hablar; usan cocinas
a leña, y no hay una sola que no tenga tizne y humo. Eso da menos dependencia con
respecto a las cosas materiales"
|
JC - Tal vez esté equivocado y tal vez me "vuele" mucho, pero creo
que se ha dado un poco la historia de la invasión de América, como cuando por ejemplo un
solo manco español estuvo batallando con un grupo de charrúas y estos vinieron y lo
levantaron en andas por lo heroico. Después pienso en la manera en que murieron los
indios, desde Tupac Amaru hasta Venado y todos los de Uruguay. Normalmente se usó
estratagemas de traición en lugar de reconocer la cosa. Eso se ha ido ahondando.
Hoy muchas veces se aplaude a aquel que tuvo la viveza de "pasar la pierna",
promocionar la calidad de un producto que no es tal, lograr evadir el pago de una deuda o
de un impuesto. Creo que esos valores que muchas veces se aplaude en Montevideo -donde se
utiliza mucho la frase "el vivo vive del bobo y el bobo del trabajo"- afuera no
están o están en otra medida. Afuera uno tiene mucho más compromiso de dar una mano, de
tirar juntos, de tirar parejo, de no ventajear. Para mí esos son valores muy importantes
para una sociedad un poco más sana.
EC - Usted llega a hablar de una "moral indígena".
JC - Es verdad. Tal vez el tiempo sea escaso y tal vez me falte formación en el tema,
pero uno, por lo que ha leído sobre las diferentes culturas, no sólo sobre lo que es hoy
América Latina sino también América del Norte, ha visto que había una serie de cosas
que eran muy importantes para los indígenas que se han ido perdiendo. Hablo de José
Gervasio Artigas; creo que él, por el hecho de convivir con los indígenas, aprendió
mucha cosa que también lo marcó mucho. Muchos de esos patrones siguen por transmisión
oral, muchos por costumbre, y muchos que no sabemos de dónde vienen, pero en el campo
seguimos con muchos de esos patrones culturales.
************
EC - Usted me decía fuera de micrófonos que estaba "asustado como zorro en
creciente".
JC - (Se ríe). Sí.
EC - No tenía experiencia en esto de una entrevista de radio, ¿no?
Cabrera: "Yo soy muy cínico, tal vez, pero
siempre digo que cuando hay crisis climática en este país se forma un comité de crisis
que toma solamente dos resoluciones: la primera dice que hay que tomar medidas y la
segunda dice que da por terminada la crisis"
|
JC - Realmente, no. Tengo miedo de que lo mío sea muy pequeño para la
importancia del tema y que por eso la gente no lo llegue a apreciar. Le quiero pedir a
toda la audiencia que comprenda que éste es el caso de un solo productor que realmente no
se caracteriza por la facilidad de palabra. El tema es realmente muy importante, porque es
muy sentido.
EC - Estamos conociendo el pensamiento de uno de ustedes, pero no tengo dudas de que hay
muchos colegas suyos que se están sintiendo representados. Ya han llegado varias llamadas en ese sentido.
Pero vayamos al punto medular. Usted dice en la carta: "Considero que tenemos un
reservorio cultural al que necesaria e imprescindiblemente tenemos que cuidar, si queremos
un futuro un poco menos agresivo, un poco menos gris, un poco menos dependiente de cosas
materiales, un poco menos contaminado, con un poco más de culto a la palabra empeñada,
con un poco de sonrisa en las adversidades". ¿Por qué?
JC - Con respecto a lo de "menos agresivo" me basta pensar en las esquinas de
Montevideo: los autos no se alcanzan a rozar y es un solo insulto. Acá, dos autos nos
rozamos y enseguida nos bajamos: "¿Qué te pasó?". Son posturas diferentes.
Cuando digo "menos gris"... Es sentarse dos paisanos en un ómnibus y enseguida
sale tema; empezamos por el tiempo y terminamos conversando. En Montevideo, cada uno va
muy para adentro. Son diferencias.
Con lo de la "sonrisa en las adversidades" me voy a meter en el otro tema.
Recuerdo que en la manifestación del 13 de abril del año pasado iba un grupo de
muchachos de los que personalmente conozco a uno -José Menditeguy-, que sé que es peón,
que va con todo el dolor de su trabajo, de su sueldo que no le da; lo vi ir en una zorra
haciendo zapucay. Pese a todo el dolor y los reclamos, era capaz de transmitir cierta
alegría.
EC - ¿Qué quiere decir "hacer zapucay"?
JC - Es un grito tradicional, que no es el indígena pero que tiene ahí sus raíces. Es
común verlo en las escuelas rurales.
EC - ¿Por qué ese reservorio cultural permitiría un país un poco menos dependiente de
cosas materiales?
Cabrera: "La tierra forma parte de nosotros
mismos, no la vemos como algo descartable. Tal vez sea muy egoísta, pero el sueño de
todo paisano es que sus nietos crezcan en ese campo. Entonces es claro que necesitamos
cierta rentabilidad, pero el tema está en la necesidad de sobrevivir"
|
JC - Porque creo que cuando uno depende demasiado de las cosas materiales... Me
recuerda una frase muy de los psicólogos: "Dime de qué alardeas y te diré de qué
escaseas". Yo digo: dime cuánto compras y te diré cuán vacío estás. Afuera, por
nuestra forma de vida -trabajamos en tareas rudas, la ropa se deteriora, se trabaja al
aire libre- estamos mucho menos pendientes de la ropa, de la marca. En el caso de la
mujer, ni hablar; usan cocinas a leña, y no hay una sola que no tenga tizne y humo.
Eso da menos dependencia con respecto a las cosas materiales; se entra a valorar otras
cosas. Por ejemplo el esfuerzo, porque todos lo conocemos. Incluso el propio contacto con
los animales. Tal vez lo que digo suene muy "volado", pero uno tiene una buena o
una mala relación con el animal por lo que uno es. Yo puedo salir con un recado chateado
o en pelo a caballo, con un jergoncito, y siempre voy a tener la misma relación con el
animal dependiendo de mí, no de lo que me ponga. Esos son valores que pienso que hay que
rescatar.
EC - Usted dice en la carta que se trata de "un grupo social al que la señal
televisiva no llega en forma nítida por los canales de aire, y la conexión TDH es de un
altísimo costo, por lo que no mira tanta TV, lo que trae aparejado, por un lado, menos
necesidad de consumir y, por otro, fundamental, implica un mayor tiempo para el diálogo
familiar".
JC - Correcto. No es mío, lo aprendí de un antropólogo; quien transmite la cultura es
la mujer; eso se da en el diálogo familiar. Afuera, por no tener tanta señal y por el
hecho de trabajar juntos, de estar todo el día en contacto la familia, nos da mucho más
tiempo para el diálogo.
EC - "Un grupo social al que los diarios no le llegan de manera periódica y su mayor
contacto con el mundo lo hace a través de la radio -y generalmente en forma
pasiva-".
JC - Sí, lo dije y lo repito: nunca pensé estar hablando por radio. Tal vez por el hecho
de ser un mestizo cultural, por haber estado un tiempo en Montevideo, fue que me dio por
escribir esta carta. Generalmente escuchamos, nos alegramos o puteamos -para decirlo
claro- con lo que oímos, pero no nos da para intervenir.
EC - "Un grupo social que depende total y absolutamente del clima, (en el) que
seguimos tan indefensos ante las adversidades como en el Siglo XVIII, con exigencias del
Siglo XXI". ¿Por qué pone lo del clima en esta descripción de los patrones
culturales que los pautan a usted y a su gente en la vida de todos los días?
Cabrera: "Para poder producir no hay otra
manera de hacerlo que estando en el mismo campo. Y no podemos estar en el campo si no
tenemos un mínimo de asistencia de la salud, de educación, de medios para que mis
gurises puedan tener acceso a muchas cosas para después devolverlas, tal vez, al mismo
campo"
|
JC - Porque nos marca en todo. Un oyente en Montevideo tiene planificado su
trabajo para hoy con las variables que pueda tener o no, pero nunca va a estar la variable
clima, o va a estar en mucho menor grado; normalmente se hace desde adentro de un
vehículo, de un estudio o de una oficina. Para nosotros todo va a depender del clima,
porque lo hacemos a la intemperie y porque todo depende del clima. Si está muy frío la
vaca va a dar menos leche, el pasto se va a desarrollar menos. Todo es cíclico, las cosas
que afectan en un momento...
Yo soy muy cínico, tal vez, pero siempre digo que cuando hay crisis climática en este
país se forma un comité de crisis que toma solamente dos resoluciones: la primera dice
que hay que tomar medidas y la segunda dice que da por terminada la crisis.
En general, la gente dice "hoy pasó la seca" -por eso dije hoy, sacando el
paraguas, que los paisanos nunca estamos conformes con el tiempo- y no tiene conciencia de
que a los paisanos nos quedan uno o dos años más. Porque todo es cíclico: la vaca que
no entró en celo no va a parir este fin de año y el año que viene o el otro no vamos a
tener terneros para vender. Estamos tan atados al tiempo en todo y no tenemos amparo
frente a él... Usted tiene que saber que hace dos años hubo augurios de seca, cuando en
realidad no hubo seca. Con todos los adelantos tecnológicos, muchos satélites y patatín
y patatán, la seca no vino; este año nadie la había anticipado y realmente vino. Algún
paisano la podía intuir por los macachines y por esas cosas con que nos manejamos
nosotros, que pueden causar mucha hilaridad pero que siguen siendo bastante certeras.
EC - ¿Qué son los macachines?
JC - Es una planta criolla que nace en el campo y da flores rosadas y amarillas.
EC - Son florcitas muy pequeñas, ¿no?
JC - Sí; si predominan las flores amarillas se espera un invierno benigno. Pude prever la
seca de este verano apoyándome en el celo de la yegua, que normalmente pare en verano. El
año pasado muy pocas yeguas entraron en celo. Eso me hizo suponer que por algo era. Y
así fue.
EC - A partir de esta descripción de algunas características de la vida del paisano en
su actividad diaria en el campo, usted dice en la carta: "Esta clase social no le
sirve al sistema".
JC - Sí.
EC - Es una afirmación quizás un poco contundente de más. ¿Qué quiere decir? ¿Por
qué "no le sirve al sistema"?
JC - Tal vez esté pecando de hacer una afirmación muy grande, sí.
EC - Está bien, acá queremos pensar.
JC - Tengo la convicción de que hoy, si uno no da rentabilidad, no sirve, y si no gasta
no existe.
EC - Y ustedes gastan poco.
JC - Creo que somos bastante reconocidos por tratar de pagar al contado y ser muy
machetes. Esto, dependiendo un poco de las profesiones; los laneros -como yo- somos muy
caracterizados por lo machetes, estamos acostumbrados a que la plata entra una sola vez al
año. Yo vendo la lana, la cobro aproximadamente en noviembre y con eso tengo que vivir
todo el año; amén de que también hay otros ingresos. Hay una ansiedad por vender y
consumir, y los que andamos en esa música, no andamos...
EC - ¿Usted, por ejemplo, tiene tarjeta de crédito?
JC - No, no; ¡por favor! Yo me manejo al contado en la medida de mis posibilidades.
EC - Usted decía que es un error pretender analizar la actividad que desarrolla un
productor agropecuario como usted con una óptica empresarial. Enfatizaba que "esto
no es una empresa".
JC - El tema es que para verlo como una empresa hay que manejar ciertos valores que se
atribuye a las empresas y, por ende, a los empresarios. El campo es diferente, hay una
relación mucho más de afecto con las cosas; no todo se traduce a dinero.
EC - Además, dice en la carta: "¿Cómo quieren que juguemos a los empresarios
rurales cuando las reglas de juego nos las cambian todos los días? Claro que puedo
planificar mis gastos y mis inversiones, pero denme un mínimo de seriedad en las reglas
del juego. ¿Cómo puedo estudiar mi empresa a futuro cuando los impuestos municipales se
multiplicaron en un 165% en tan sólo 10 años y los cueros lanares que vendía yo hace
tres años valían $60 y hoy $7?"
"¿Cómo creer que puedo ser un empresario rural cuando aún siguen siendo más
eficientes para el pronóstico del clima los macachines amarillos que los satélites?
"¿Cómo puedo ser un empresario rural cuando los asesores de los ministros de
ganadería son ingenieros agrónomos, y ninguno de ellos puede vivir en exclusividad de lo
que producen en el campo? (Admito que no conozco a todos, pero sí a buena parte).
"No, no podemos ser empresarios rurales, pero tampoco lo queremos. Para nosotros la
tierra, nuestra tierra, forma parte de nosotros mismos. No es un local comercial, es
nuestra tierra".
JC - Ahí pongo lo que realmente siento; la tierra forma parte de nosotros mismos, no la
vemos como algo descartable, la uso hoy y la tiro mañana. Tal vez sea muy egoísta
nuestro sueño, pero el sueño de todo paisano es que sus nietos crezcan en ese campo.
Entonces es claro que necesitamos cierta rentabilidad, pero el tema está en otro lado.
Está en la necesidad de sobrevivir.
Quiero decir algunas cosas que tal vez a la gente de Montevideo no le puedan entrar en la
cabeza: yo vivo en el campo a 8 kilómetros de la Ruta 5, de ahí me queda a tres
kilómetros el pueblo Puntas de Maciel y siempre espero que el gobierno devuelva mis
aportes de impuestos. No todos; entiendo la parte distributiva, no soy necio, pero sí
pretendo algo.
No puede ser que en Puntas de Maciel la gente tenga un solo día por semana para
enfermarse. La policlínica funciona un solo día por semana y no hay ambulancia. Si un
gurí mío se enferma, tengo un auto viejo y lo puedo llevar hasta Sarandí Grande. Pero
¿y los que no?
EC - ¿De qué año es su auto?
Cabrera: "Mi campo dista muchísimo de ser
estancia. Sin embargo, en un solo período municipal pagué 14.000 dólares. Es una torta
de plata para quienes económicamente andamos mal; y ni siquiera tuvimos una gota de
balasto en el camino"
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JC - De 1955, es un Chevrolet. Lo mismo con las escuelas rurales, hay cosas que
la gente no entiende: para el paisano, la relación escuela-alumno tiene que ser de uno a
uno y no puede cambiar. Un solo alumno justifica una escuela. Es algo que tal vez quien
vive en la ciudad no puede entender, pero no es caminar cinco o 10 cuadras más sino que,
a veces, cuando cierran las escuelas rurales con tanta desfachatez como se hizo acá, el
hijo tiene que hacer 20 kilómetros diarios más a caballo. A mí me encantaría que la
gente por un momento pasara al otro lado del mostrador y se pusiera a pensar: con esta
tormenta, con este viento, un gurí mío sale a caballo a hacer 10 o 20 kilómetros. ¿Lo
podría soportar? Creo que no. ¿En qué termina eso? En que se destruye la familia,
(porque) hay que ir a un centro poblado para que el gurí se eduque. Va la madre, pero
después, atrás de ella, se va el padre o ya eso no funciona.
Para poder producir, por más que todos los técnicos discrepen conmigo, no hay otra
manera de hacerlo que estando en el mismo campo. Y no podemos estar en el campo si no
tenemos un mínimo de asistencia de la salud, de educación, de medios para que mis
gurises puedan tener acceso a muchas cosas para después devolverlas, tal vez, al mismo
campo.
Ahí está el tema. Yo reclamo que no nos sigan sacando, por favor. Que entiendan que
están usando maneras de irnos matando porque si nos sacan las escuelas rurales están
desgajando a la familia y también están sacando el centro social que tenemos. No tenemos
club, nos reunimos en la escuela rural cuando se hacen los bailes o las pencas a beneficio
de la escuela. Eso no le representa al Estado más que el sueldo de una sola maestra; el
mantenimiento de la escuela lo hacemos los paisanos. Cierran las escuelas con una
desfachatez horrible que la gente que no sabe esto no entiende.
EC - A partir de este sentimiento, de esto que usted ha estado exponiendo, que tiene mucho
de racional pero que por sobre todas las cosas tiene mucho de afectivo, ¿qué es lo que
entiende que la sociedad uruguaya y las autoridades en particular deberían hacer al
encarar la problemática que afecta hoy al agro? ¿Qué tipo de criterios debería
tenerse?
JC - El primer criterio debería ser repensarnos, porque yo no tengo la verdad, tengo mi
verdad. Pero si mi verdad es compartida, que es una cultura diferente, una cultura que
puede aportar mucho en una sana integración a las otras expresiones culturales del país,
si se comparte eso habría que tratar de preservar nuestra cultura. Ahí el tema es muy
sencillo, creo que no es preservar el agro, las empresas: no, hay que preservar al
productor rural, al paisano, al que está metido en la tierra con el barro hasta el
cogote. Ahí las cosas pueden pasar, si esa gente vive, está arraigada en el campo.
Esa gente trabaja, no sueña con veranear en Punta del Este, a esa gente hay que darle una
ayuda económica y también medios, porque por más ingresos que tenga en mi casa, a mis
hijos les voy a decir siempre que vuelen si no tienen un hospital ni una escuela cerca. Yo
necesito poder comprar el pan todos los días, pagar el almacén; entonces por ese lado
creo que me deben subvencionar.
EC - Porque además, entre otras cosas, podría discutirse que la subvención no sería
tal, sino quizás reposición de condiciones que se le han quitado al campo. Usted recién
mencionaba los impuestos que pagan, que son bastante altos, por los cuales no reciben las
contrapartidas mínimas lógicas, por ejemplo en calidad de las caminerías, en
disponibilidad de servicios de salud cercanos, incluso en cuanto a la educación rural.
JC - Voy a dar una sola cifra para que la audiencia tenga idea. Mi campo dista muchísimo
de ser estancia. Sin embargo, en un solo período municipal pagué 14.000 dólares. Es una
torta de plata para quienes económicamente andamos mal; y ni siquiera tuvimos una gota de
balasto en el camino. Nosotros no pedimos que se nos ponga un foco de luz en cada portera,
que pase el recolector. Pedimos nada más que eso: que el camino nos permita salir, porque
para nosotros es la vida. Y no lo tenemos.
No me voy a extender en el tema del atraso cambiario porque sin duda hay gente mucho más
capacitada que yo que lo ha manejado muy bien, pero nos liquidaron y nadie nos ha dado
ninguna respuesta. Más allá de que el gobierno desde que empezó el atraso cambiario lo
negó por varios años; después nos dijeron "sí, existe". ¿Y ahora?
"Ahora arréglense como puedan".
Me parece bárbaro que el país esté estable económicamente, me parece bárbaro que la
gente en la ciudad viva bien, pero me parece espantoso que no se nos reconozca.
EC - Creo que vale la pena que este tipo de cosas se escuchen y se piensen. Esa era la
idea, lo que usted buscaba con su carta.
JC - Al final de la carta yo ponía que le quería decir a toda la gente que nos piense y
después que nos dejen esto, que nos dejen vivir en el campo y que nosotros les damos a
cambio gurises alegres y sanos de los que algún día aprenderán a vivir más en paz con
los otros.
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Transcripción: María Lila Ltaif Curbelo
Edición: Julieta Sokolowicz
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