Entrevistas Radio El Espectador Uruguay


Ante la crisis del agro, un productor,
Julián Cabrera, reivindica la cultura

y los valores del "paisano"

 

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EN PERSPECTIVA
Miércoles 28.06.00 - Hora 09.15


EMILIANO COTELO:
En medio de la crisis más fuerte que ha atravesado el sector agropecuario uruguayo, un productor que trabaja con su familia un predio de 400 hectáreas nos escribe una carta en la que demanda que nosotros, la gente de la capital, tratemos de entender a quienes quieren permanecer en el campo, porque sólo allí son ellos.

Según Julián Cabrera -ese es su nombre-, para encarar este problema las autoridades no deben considerar el alto peso que el agro representa en las exportaciones uruguayas, ni tampoco el desequilibrio que se está dando en la distribución de la población, a partir del éxodo hacia las ciudades. Julián sostiene que, si bien esos factores son importantes, la clave de la discusión debería pasar por lo cultural.

Este hombre de 39 años y cinco hijos enfatiza: "Nosotros -los paisanos- tenemos un reservorio cultural que los uruguayos no podemos perder, si queremos un futuro menos agresivo, un poco menos gris, un poco menos dependiente de cosas materiales, un poco menos contaminado, con un poco más de culto a la palabra empeñada, con un poco de sonrisa en las adversidades".

Sobre estas ideas, sobre su apelación y sobre sus vivencias vamos a charlar con él hoy En Perspectiva.

Usted vive en el paraje de Sauce del Yí, en el departamento de Florida, cerca de Durazno.




Fragmento
de la entrevista
con J. Cabrera

 

Texto completo
de la carta

 

El ministro
A. Mercader
coincide con
el productor
Julián Cabrera
en la
importancia
de preservar
la cultura rural
(28.06.00)

 

Algunos
mensajes
de los oyentes



Julián CabreraJULIAN CABRERA:
Sí, cerca de los pueblos de Puntas de Maciel y Goñi.


EC - A la altura de la Ruta 5, kilómetro 155.


JC - Correcto.


EC - ¿Cómo está el tiempo por allí esta mañana?


JC - Lloviendo un disparate.


EC - ¿Ya se largó?


JC - Sí, anoche.


EC - A usted en particular, ¿la lluvia le viene bien o mal?


JC - Los paisanos siempre nos estamos quejando del tiempo, ¿no? Antes nos faltaba agua, ahora está sobrando.


EC - ¿Qué tipo de producción hace usted?


JC - Soy criador lanero y de ganado de carne.


EC - Solamente; no hace agricultura.


JC - No, la agricultura que hago es para alimento del ganado.


EC - ¿Por ejemplo?


JC - Por ejemplo, praderas convencionales.


EC - Su predio es de 400 hectáreas. ¿Es de su propiedad?


Cabrera: "Tenemos que estar todos los días y a toda hora, porque lo que nos diferencia de las demás empresas es que vivimos en ella. Voy a poner un ejemplo tonto: de noche uno está descansando y grita la gallina porque hay un bicho que la está depredando, entonces uno se tiene que levantar. Lo nuestro es 'full time'"

JC - No, pertenece a mi madre; lo exploto sí como si fuese de mi propiedad. Figuro como arrendatario.


EC - Usted tiene cinco hijos.


JC - Sí, tengo cinco hijos en común con mi compañera.


EC - ¿De qué edades?


JC - De ocho a 14 años.


EC - ¿Trabajan ustedes solos en el campo o tienen además empleados?


JC - Trabajamos nosotros a nivel familiar, nomás. Tratamos de hacer todas las tareas nosotros.


EC - "No hay más peones que nosotros mismos", decía en un pasaje de su carta.


JC - Exactamente. Cada uno tiene algunos roles en los que anda más; normalmente le encomendamos el volteo de las casas a los hijos, normalmente está más en la cocina mi señora y más en el campo yo, pero tratamos de hacer todo "en barra".


EC - Agrega por allí: "No tenemos domingos ni feriados, porque los animales y los pastos son muy ignorantes de los derechos de los trabajadores y de las fechas patrias".


Cabrera: "Mi idea es que la gente nos repiense desde otro lugar. Creo que Montevideo no nos piensa como una cultura diferente, tan respetable como la montevideana, la europea o la esquimal"

JC - Sí, tal vez. Encierra un concepto un poquito agresivo, pero es así. Nosotros no podemos cerrar, decir "llegó el fin de semana, cerré la empresa y el lunes la vuelvo a abrir". Tenemos que estar todos los días y a toda hora, porque lo que nos diferencia de las demás empresas es que vivimos en ella. Voy a poner un ejemplo tonto: de noche uno está descansando y grita la gallina porque hay un bicho que la está depredando, entonces uno se tiene que levantar. Hay cosas de ésas; es "full time".


EC - ¿Desde cuándo está radicado allí?


JC - Nací allí.


EC - ¿En esa zona?


JC - Sí, en ese mismo campo.


EC - ¿Dónde está ubicado usted en este momento?


JC - Estoy en Sarandí Grande.


EC - ¿Por qué está ahí a esta hora de la mañana?


JC - Por el tema de la telefonía. El teléfono que tengo no tiene buena señal y tenemos que traer a los hijos al liceo, entonces ya aproveché para hacer todo.


EC - ¿Cómo le va a usted en materia de endeudamiento?


JC - Formo parte de la mayoría, estoy endeudado en el Banco República.


EC - ¿Fuertemente o es un endeudamiento manejable?


JC - En relación al capital, es fuerte; es manejable aún, reperfilamos la deuda. Seguimos convencidos de que si todo es medianamente normal la vamos a poder pagar, pero estamos muy endeudados.


EC - ¿Lo angustia ese problema?


JC - Sí, tal vez sea un poco anacrónico, pero no sé convivir con las deudas.


EC - Usted escribió la carta a partir de enfoques distorsionados que ha percibido en los medios de comunicación de Montevideo y en particular incluso aquí en El Espectador, desde el año pasado, cuando las gremiales agropecuarias se convirtieron en protagonistas con las movilizaciones que han venido desplegando con intensidad. ¿Qué objetivos perseguía con la carta?


Cabrera: "Nosotros hablamos comiéndonos las 'eses' aunque hablemos en plural; se tiende a desmerecer eso, causamos una risa agresiva... Tal vez los que vivimos en el campo propiamente caminamos encorvados, con los brazos más abiertos... Me queda la sensación de que, en lugar de entender al otro como diferente y muy respetable, muchas veces se lo desmerece"

JC - Lo puse textual: generar una corriente de que (la gente) nos repiense a los paisanos de manera distinta. Lo digo ahora al aire, pero no era mi intención salir al aire; me considero muy anónimo. Tal vez la torpeza de mi propio vocabulario no me permita expresar los sentimientos. Mi idea es que la gente nos repiense desde otro lugar. Creo que Montevideo no nos piensa como una cultura diferente, tan respetable como la montevideana, la europea o la esquimal.


EC - Usted dice "una demanda, tal vez un grito para que se nos escuche, para que se nos trate de entender y por último valorar".


JC - Sí, tal vez esté hablando yo y estén hablando mis abuelos y todos nuestros muertos. Por eso lo de un grito; creo que muchas veces no se ha valorado al campo más allá de la utilidad que puede prestar en un momento.


EC - Usted aclara en la carta que vivió un tiempo en la capital, o sea que no está imaginándose las cosas que se dice o se piensa sobre la gente que vive en el campo. Dice "tengo una idea de los eslóganes ideológicos con los que se manejan, que tanto perjudican una sana integración nacional". ¿Cuánto tiempo vivió en Montevideo?


Cabrera: "Creo que no se respeta nuestra cultura o nuestras tradiciones, que nosotros mismos también hemos ido perdiendo"

JC - Seis años. No puedo dar un diagnóstico acabado de lo que piensa la gente en Montevideo, pero sí ciertas generalidades que sentí; además me moví en diferentes círculos. Tuve siempre la sensación de que no se entendía mucho, de que las expresiones eran diferentes. Nosotros hablamos comiéndonos las "eses" aunque hablemos en plural; se tiende a desmerecer eso, como que causamos una risa agresiva por nuestra manera... Tal vez los que vivimos en el campo propiamente caminamos encorvados, con los brazos más abiertos... Me queda la sensación de que, en lugar de entender al otro como diferente y muy respetable, muchas veces se lo desmerece.


EC - En un momento usted dice que aquí, en la capital, existe "la equivocada convicción íntima de que pasado el Arroyo Carrasco todo lo que hay son señores feudales por un lado y, por otro, un número de brutos e ignorantes". ¿Le parece que es tan drástica la visión que se tiene de lo que ocurre tierra adentro?


JC - Tal vez no, tal vez sí. No sé si es tan drástica, pero sé que es bastante, sé que se ignora mucho de acá, y creo que se ignora porque no se valora. Creo que no se respeta nuestra cultura o nuestras tradiciones, que nosotros mismos también hemos ido perdiendo. Me duele que no se tenga una cultura, por ejemplo, de lo que es la payada. En lo que es personal no la disfruto, no me gusta, pero no dejo de reconocerla como brillante, como que fue una expresión cultural desde las épocas de Artigas. Hoy afuera es muy común escuchar los programas periodísticos con payadas a nivel de la gente que vive en el campo. Eso no es reconocido. Y montones de expresiones culturales no son reconocidas. Tal vez mi afirmación sea un poco drástica, sí, pero creo que hay mucho de eso.


EC - ¿Por qué hace esta advertencia en este contexto de crisis del sector agropecuario, de movilizaciones de los gremios que agrupan a los distintos tipos de productores? ¿Qué tiene que ver una cosa con la otra?


Cabrera: "A nosotros hoy se nos representa como el atraso; creo que podemos representar el atraso en lo tecnológico, pero no en otras cosas"

JC - Son dos cosas interrelacionadas e interdependientes. ¿Cuál es el tema? Una cultura, para desarrollarse, tiene que tener su medio. Yo no podría desarrollar mi cultura de la bombacha ancha, de salir al trote a caballo con los perros, de ensayar un tiro de lazo o lo que fuera en una calle de hormigón. Creo que es necesario el poder mantenernos en el campo para ser eso que somos.


EC - Usted dice: "Somos una cultura en extinción".


JC - Sí.


EC - "Primero les tocó a los indios, después a los gauchos, ahora parece haber llegado la hora de la extinción de los paisanos".


JC - Sí. Tal vez esté muy impregnado (de mis orígenes), porque tengo mucho orgullo por mi ascendencia vasca, canaria y también indígena, y sé que les ha ido diferente a las tres razas. Sé que el indígena fue exterminado, que no fue respetado. Hoy se escucha voces tratando de rescatar gente, pero son unos pocos. El gaucho también: se habla de él poco más que del vagabundo, del que podía servir para una batalla y poca cosa más, ¿no? Fue gente que vivió de esa manera, que fue así por montones de motivos; fue exterminada porque siempre se la presentó como que representaba el atraso. A nosotros hoy se nos representa como el atraso; creo que podemos representar el atraso en lo tecnológico, pero no en otras cosas.


EC - Vamos al punto que creo que es el nudo de su planteo. Usted señala: "El tema que realmente importa son los paisanos, -claro que ellos son productores rurales, tanto asalariados como patronos o independientes-, pero el caracú está en la cultura más que en la importancia de la producción".

"No podemos dejar de reconocer que el 70% de nuestras exportaciones son productos derivados del agro, pero al darle una importancia determinante a esta cifra sería peligroso el confundir un reclamo social con la teoría económica fisiocrática (hoy obsoleta)".

"También podemos hablar de nuestro acondicionamiento territorial y los problemas que supone para el presente como para el futuro la mala distribución geográfica de nuestra población, pero tampoco está ahí el meollo".

"Considero que tenemos un reservorio cultural al que necesaria e imprescindiblemente tenemos que cuidar".

Para usted, el debate o la preocupación debería estar en lo cultural. ¿Por qué hay que preservar ese reservorio cultural? ¿Qué valores incluye?


Cabrera: "Una cultura, para desarrollarse, tiene que tener su medio. Yo no podría desarrollar mi cultura de la bombacha ancha, de salir al trote a caballo con los perros, de ensayar un tiro de lazo o lo que fuera en una calle de hormigón. Creo que es necesario poder mantenernos en el campo para ser eso que somos"

JC - Con respecto a lo económico, lo que he escuchado de parte de los que han escuchado estos reclamos -que lamentablemente no han sido todos- es un énfasis en que todo se tiene que ver con un carácter empresarial. Ahí está el error de apreciación; eso es lo que tiene que estar confundiendo a la propia gente.


EC - ¿Qué quiere decir?


JC - Lo pongo en el caso. Si a usted como periodista en la capital le va mal económicamente va a pensar: caramba, ¿cómo si al periodismo le va mal el gobierno no le da apoyo y si al agro le va mal sí le da un apoyo? Tal vez hubo gente a la que le rechinó nuestra manifestación, porque ¿por qué a ellos sí y a otros sectores no? Cuando uno escucha que se cierra fábricas y se cierra fuentes de producción... El tema estuvo mal puesto, no sé si intencionalmente o no, pero el reclamo va no porque queramos que nuestra empresa nos dé ganancias; claro que lo queremos, pero lo que queremos en esencia es que, lo que nos dé, nos dé para vivir. Por ahí va.


EC - Ustedes reclaman que la actividad que desarrollan les dé para vivir porque por lo menos a muchos de ustedes -y usted es uno de ellos- lo que les preocupa es poder permanecer en el campo.


JC - En mi caso personal, haciendo un balance anual, todos los años estamos perdiendo. Hablo en forma totalmente personal -lo que digo no tiene por qué ser compartido por otros paisanos conmigo-, pero a esta altura creo que si el campo no me da ganancia aún así sigo en él, como se dice comúnmente, "trabajando nada más que para que me vean". Por lo menos estoy en él y eso me hace sentir bien.


EC - ¿Cuáles son esos valores culturales que usted aprecia tanto y que aparentemente el conjunto de la sociedad uruguaya no está teniendo en cuenta?


Cabrera: "Afuera, por nuestra forma de vida -trabajamos en tareas rudas, la ropa se deteriora, se trabaja al aire libre- estamos mucho menos pendientes de la ropa, de la marca. En el caso de la mujer, ni hablar; usan cocinas a leña, y no hay una sola que no tenga tizne y humo. Eso da menos dependencia con respecto a las cosas materiales"

JC - Tal vez esté equivocado y tal vez me "vuele" mucho, pero creo que se ha dado un poco la historia de la invasión de América, como cuando por ejemplo un solo manco español estuvo batallando con un grupo de charrúas y estos vinieron y lo levantaron en andas por lo heroico. Después pienso en la manera en que murieron los indios, desde Tupac Amaru hasta Venado y todos los de Uruguay. Normalmente se usó estratagemas de traición en lugar de reconocer la cosa. Eso se ha ido ahondando.

Hoy muchas veces se aplaude a aquel que tuvo la viveza de "pasar la pierna", promocionar la calidad de un producto que no es tal, lograr evadir el pago de una deuda o de un impuesto. Creo que esos valores que muchas veces se aplaude en Montevideo -donde se utiliza mucho la frase "el vivo vive del bobo y el bobo del trabajo"- afuera no están o están en otra medida. Afuera uno tiene mucho más compromiso de dar una mano, de tirar juntos, de tirar parejo, de no ventajear. Para mí esos son valores muy importantes para una sociedad un poco más sana.


EC - Usted llega a hablar de una "moral indígena".


JC - Es verdad. Tal vez el tiempo sea escaso y tal vez me falte formación en el tema, pero uno, por lo que ha leído sobre las diferentes culturas, no sólo sobre lo que es hoy América Latina sino también América del Norte, ha visto que había una serie de cosas que eran muy importantes para los indígenas que se han ido perdiendo. Hablo de José Gervasio Artigas; creo que él, por el hecho de convivir con los indígenas, aprendió mucha cosa que también lo marcó mucho. Muchos de esos patrones siguen por transmisión oral, muchos por costumbre, y muchos que no sabemos de dónde vienen, pero en el campo seguimos con muchos de esos patrones culturales.


************


EC - Usted me decía fuera de micrófonos que estaba "asustado como zorro en creciente".


JC - (Se ríe). Sí.


EC - No tenía experiencia en esto de una entrevista de radio, ¿no?


Cabrera: "Yo soy muy cínico, tal vez, pero siempre digo que cuando hay crisis climática en este país se forma un comité de crisis que toma solamente dos resoluciones: la primera dice que hay que tomar medidas y la segunda dice que da por terminada la crisis"

JC - Realmente, no. Tengo miedo de que lo mío sea muy pequeño para la importancia del tema y que por eso la gente no lo llegue a apreciar. Le quiero pedir a toda la audiencia que comprenda que éste es el caso de un solo productor que realmente no se caracteriza por la facilidad de palabra. El tema es realmente muy importante, porque es muy sentido.


EC - Estamos conociendo el pensamiento de uno de ustedes, pero no tengo dudas de que hay muchos colegas suyos que se están sintiendo representados. Ya han llegado varias llamadas en ese sentido.

Pero vayamos al punto medular. Usted dice en la carta: "Considero que tenemos un reservorio cultural al que necesaria e imprescindiblemente tenemos que cuidar, si queremos un futuro un poco menos agresivo, un poco menos gris, un poco menos dependiente de cosas materiales, un poco menos contaminado, con un poco más de culto a la palabra empeñada, con un poco de sonrisa en las adversidades". ¿Por qué?


JC - Con respecto a lo de "menos agresivo" me basta pensar en las esquinas de Montevideo: los autos no se alcanzan a rozar y es un solo insulto. Acá, dos autos nos rozamos y enseguida nos bajamos: "¿Qué te pasó?". Son posturas diferentes.

Cuando digo "menos gris"... Es sentarse dos paisanos en un ómnibus y enseguida sale tema; empezamos por el tiempo y terminamos conversando. En Montevideo, cada uno va muy para adentro. Son diferencias.

Con lo de la "sonrisa en las adversidades" me voy a meter en el otro tema. Recuerdo que en la manifestación del 13 de abril del año pasado iba un grupo de muchachos de los que personalmente conozco a uno -José Menditeguy-, que sé que es peón, que va con todo el dolor de su trabajo, de su sueldo que no le da; lo vi ir en una zorra haciendo zapucay. Pese a todo el dolor y los reclamos, era capaz de transmitir cierta alegría.


EC - ¿Qué quiere decir "hacer zapucay"?


JC - Es un grito tradicional, que no es el indígena pero que tiene ahí sus raíces. Es común verlo en las escuelas rurales.


EC - ¿Por qué ese reservorio cultural permitiría un país un poco menos dependiente de cosas materiales?


Cabrera: "La tierra forma parte de nosotros mismos, no la vemos como algo descartable. Tal vez sea muy egoísta, pero el sueño de todo paisano es que sus nietos crezcan en ese campo. Entonces es claro que necesitamos cierta rentabilidad, pero el tema está en la necesidad de sobrevivir"

JC - Porque creo que cuando uno depende demasiado de las cosas materiales... Me recuerda una frase muy de los psicólogos: "Dime de qué alardeas y te diré de qué escaseas". Yo digo: dime cuánto compras y te diré cuán vacío estás. Afuera, por nuestra forma de vida -trabajamos en tareas rudas, la ropa se deteriora, se trabaja al aire libre- estamos mucho menos pendientes de la ropa, de la marca. En el caso de la mujer, ni hablar; usan cocinas a leña, y no hay una sola que no tenga tizne y humo.

Eso da menos dependencia con respecto a las cosas materiales; se entra a valorar otras cosas. Por ejemplo el esfuerzo, porque todos lo conocemos. Incluso el propio contacto con los animales. Tal vez lo que digo suene muy "volado", pero uno tiene una buena o una mala relación con el animal por lo que uno es. Yo puedo salir con un recado chateado o en pelo a caballo, con un jergoncito, y siempre voy a tener la misma relación con el animal dependiendo de mí, no de lo que me ponga. Esos son valores que pienso que hay que rescatar.


EC - Usted dice en la carta que se trata de "un grupo social al que la señal televisiva no llega en forma nítida por los canales de aire, y la conexión TDH es de un altísimo costo, por lo que no mira tanta TV, lo que trae aparejado, por un lado, menos necesidad de consumir y, por otro, fundamental, implica un mayor tiempo para el diálogo familiar".


JC - Correcto. No es mío, lo aprendí de un antropólogo; quien transmite la cultura es la mujer; eso se da en el diálogo familiar. Afuera, por no tener tanta señal y por el hecho de trabajar juntos, de estar todo el día en contacto la familia, nos da mucho más tiempo para el diálogo.


EC - "Un grupo social al que los diarios no le llegan de manera periódica y su mayor contacto con el mundo lo hace a través de la radio -y generalmente en forma pasiva-".


JC - Sí, lo dije y lo repito: nunca pensé estar hablando por radio. Tal vez por el hecho de ser un mestizo cultural, por haber estado un tiempo en Montevideo, fue que me dio por escribir esta carta. Generalmente escuchamos, nos alegramos o puteamos -para decirlo claro- con lo que oímos, pero no nos da para intervenir.


EC - "Un grupo social que depende total y absolutamente del clima, (en el) que seguimos tan indefensos ante las adversidades como en el Siglo XVIII, con exigencias del Siglo XXI". ¿Por qué pone lo del clima en esta descripción de los patrones culturales que los pautan a usted y a su gente en la vida de todos los días?


Cabrera: "Para poder producir no hay otra manera de hacerlo que estando en el mismo campo. Y no podemos estar en el campo si no tenemos un mínimo de asistencia de la salud, de educación, de medios para que mis gurises puedan tener acceso a muchas cosas para después devolverlas, tal vez, al mismo campo"

JC - Porque nos marca en todo. Un oyente en Montevideo tiene planificado su trabajo para hoy con las variables que pueda tener o no, pero nunca va a estar la variable clima, o va a estar en mucho menor grado; normalmente se hace desde adentro de un vehículo, de un estudio o de una oficina. Para nosotros todo va a depender del clima, porque lo hacemos a la intemperie y porque todo depende del clima. Si está muy frío la vaca va a dar menos leche, el pasto se va a desarrollar menos. Todo es cíclico, las cosas que afectan en un momento...

Yo soy muy cínico, tal vez, pero siempre digo que cuando hay crisis climática en este país se forma un comité de crisis que toma solamente dos resoluciones: la primera dice que hay que tomar medidas y la segunda dice que da por terminada la crisis.

En general, la gente dice "hoy pasó la seca" -por eso dije hoy, sacando el paraguas, que los paisanos nunca estamos conformes con el tiempo- y no tiene conciencia de que a los paisanos nos quedan uno o dos años más. Porque todo es cíclico: la vaca que no entró en celo no va a parir este fin de año y el año que viene o el otro no vamos a tener terneros para vender. Estamos tan atados al tiempo en todo y no tenemos amparo frente a él... Usted tiene que saber que hace dos años hubo augurios de seca, cuando en realidad no hubo seca. Con todos los adelantos tecnológicos, muchos satélites y patatín y patatán, la seca no vino; este año nadie la había anticipado y realmente vino. Algún paisano la podía intuir por los macachines y por esas cosas con que nos manejamos nosotros, que pueden causar mucha hilaridad pero que siguen siendo bastante certeras.


EC - ¿Qué son los macachines?


JC - Es una planta criolla que nace en el campo y da flores rosadas y amarillas.


EC - Son florcitas muy pequeñas, ¿no?


JC - Sí; si predominan las flores amarillas se espera un invierno benigno. Pude prever la seca de este verano apoyándome en el celo de la yegua, que normalmente pare en verano. El año pasado muy pocas yeguas entraron en celo. Eso me hizo suponer que por algo era. Y así fue.


EC - A partir de esta descripción de algunas características de la vida del paisano en su actividad diaria en el campo, usted dice en la carta: "Esta clase social no le sirve al sistema".


JC - Sí.


EC - Es una afirmación quizás un poco contundente de más. ¿Qué quiere decir? ¿Por qué "no le sirve al sistema"?


JC - Tal vez esté pecando de hacer una afirmación muy grande, sí.


EC - Está bien, acá queremos pensar.


JC - Tengo la convicción de que hoy, si uno no da rentabilidad, no sirve, y si no gasta no existe.


EC - Y ustedes gastan poco.


JC - Creo que somos bastante reconocidos por tratar de pagar al contado y ser muy machetes. Esto, dependiendo un poco de las profesiones; los laneros -como yo- somos muy caracterizados por lo machetes, estamos acostumbrados a que la plata entra una sola vez al año. Yo vendo la lana, la cobro aproximadamente en noviembre y con eso tengo que vivir todo el año; amén de que también hay otros ingresos. Hay una ansiedad por vender y consumir, y los que andamos en esa música, no andamos...


EC - ¿Usted, por ejemplo, tiene tarjeta de crédito?


JC - No, no; ¡por favor! Yo me manejo al contado en la medida de mis posibilidades.


EC - Usted decía que es un error pretender analizar la actividad que desarrolla un productor agropecuario como usted con una óptica empresarial. Enfatizaba que "esto no es una empresa".


JC - El tema es que para verlo como una empresa hay que manejar ciertos valores que se atribuye a las empresas y, por ende, a los empresarios. El campo es diferente, hay una relación mucho más de afecto con las cosas; no todo se traduce a dinero.


EC - Además, dice en la carta: "¿Cómo quieren que juguemos a los empresarios rurales cuando las reglas de juego nos las cambian todos los días? Claro que puedo planificar mis gastos y mis inversiones, pero denme un mínimo de seriedad en las reglas del juego. ¿Cómo puedo estudiar mi empresa a futuro cuando los impuestos municipales se multiplicaron en un 165% en tan sólo 10 años y los cueros lanares que vendía yo hace tres años valían $60 y hoy $7?"

"¿Cómo creer que puedo ser un empresario rural cuando aún siguen siendo más eficientes para el pronóstico del clima los macachines amarillos que los satélites?

"¿Cómo puedo ser un empresario rural cuando los asesores de los ministros de ganadería son ingenieros agrónomos, y ninguno de ellos puede vivir en exclusividad de lo que producen en el campo? (Admito que no conozco a todos, pero sí a buena parte).

"No, no podemos ser empresarios rurales, pero tampoco lo queremos. Para nosotros la tierra, nuestra tierra, forma parte de nosotros mismos. No es un local comercial, es nuestra tierra".


JC - Ahí pongo lo que realmente siento; la tierra forma parte de nosotros mismos, no la vemos como algo descartable, la uso hoy y la tiro mañana. Tal vez sea muy egoísta nuestro sueño, pero el sueño de todo paisano es que sus nietos crezcan en ese campo. Entonces es claro que necesitamos cierta rentabilidad, pero el tema está en otro lado. Está en la necesidad de sobrevivir.

Quiero decir algunas cosas que tal vez a la gente de Montevideo no le puedan entrar en la cabeza: yo vivo en el campo a 8 kilómetros de la Ruta 5, de ahí me queda a tres kilómetros el pueblo Puntas de Maciel y siempre espero que el gobierno devuelva mis aportes de impuestos. No todos; entiendo la parte distributiva, no soy necio, pero sí pretendo algo.

No puede ser que en Puntas de Maciel la gente tenga un solo día por semana para enfermarse. La policlínica funciona un solo día por semana y no hay ambulancia. Si un gurí mío se enferma, tengo un auto viejo y lo puedo llevar hasta Sarandí Grande. Pero ¿y los que no?


EC - ¿De qué año es su auto?


Cabrera: "Mi campo dista muchísimo de ser estancia. Sin embargo, en un solo período municipal pagué 14.000 dólares. Es una torta de plata para quienes económicamente andamos mal; y ni siquiera tuvimos una gota de balasto en el camino"

JC - De 1955, es un Chevrolet. Lo mismo con las escuelas rurales, hay cosas que la gente no entiende: para el paisano, la relación escuela-alumno tiene que ser de uno a uno y no puede cambiar. Un solo alumno justifica una escuela. Es algo que tal vez quien vive en la ciudad no puede entender, pero no es caminar cinco o 10 cuadras más sino que, a veces, cuando cierran las escuelas rurales con tanta desfachatez como se hizo acá, el hijo tiene que hacer 20 kilómetros diarios más a caballo. A mí me encantaría que la gente por un momento pasara al otro lado del mostrador y se pusiera a pensar: con esta tormenta, con este viento, un gurí mío sale a caballo a hacer 10 o 20 kilómetros. ¿Lo podría soportar? Creo que no. ¿En qué termina eso? En que se destruye la familia, (porque) hay que ir a un centro poblado para que el gurí se eduque. Va la madre, pero después, atrás de ella, se va el padre o ya eso no funciona.

Para poder producir, por más que todos los técnicos discrepen conmigo, no hay otra manera de hacerlo que estando en el mismo campo. Y no podemos estar en el campo si no tenemos un mínimo de asistencia de la salud, de educación, de medios para que mis gurises puedan tener acceso a muchas cosas para después devolverlas, tal vez, al mismo campo.

Ahí está el tema. Yo reclamo que no nos sigan sacando, por favor. Que entiendan que están usando maneras de irnos matando porque si nos sacan las escuelas rurales están desgajando a la familia y también están sacando el centro social que tenemos. No tenemos club, nos reunimos en la escuela rural cuando se hacen los bailes o las pencas a beneficio de la escuela. Eso no le representa al Estado más que el sueldo de una sola maestra; el mantenimiento de la escuela lo hacemos los paisanos. Cierran las escuelas con una desfachatez horrible que la gente que no sabe esto no entiende.


EC - A partir de este sentimiento, de esto que usted ha estado exponiendo, que tiene mucho de racional pero que por sobre todas las cosas tiene mucho de afectivo, ¿qué es lo que entiende que la sociedad uruguaya y las autoridades en particular deberían hacer al encarar la problemática que afecta hoy al agro? ¿Qué tipo de criterios debería tenerse?


JC - El primer criterio debería ser repensarnos, porque yo no tengo la verdad, tengo mi verdad. Pero si mi verdad es compartida, que es una cultura diferente, una cultura que puede aportar mucho en una sana integración a las otras expresiones culturales del país, si se comparte eso habría que tratar de preservar nuestra cultura. Ahí el tema es muy sencillo, creo que no es preservar el agro, las empresas: no, hay que preservar al productor rural, al paisano, al que está metido en la tierra con el barro hasta el cogote. Ahí las cosas pueden pasar, si esa gente vive, está arraigada en el campo.

Esa gente trabaja, no sueña con veranear en Punta del Este, a esa gente hay que darle una ayuda económica y también medios, porque por más ingresos que tenga en mi casa, a mis hijos les voy a decir siempre que vuelen si no tienen un hospital ni una escuela cerca. Yo necesito poder comprar el pan todos los días, pagar el almacén; entonces por ese lado creo que me deben subvencionar.


EC - Porque además, entre otras cosas, podría discutirse que la subvención no sería tal, sino quizás reposición de condiciones que se le han quitado al campo. Usted recién mencionaba los impuestos que pagan, que son bastante altos, por los cuales no reciben las contrapartidas mínimas lógicas, por ejemplo en calidad de las caminerías, en disponibilidad de servicios de salud cercanos, incluso en cuanto a la educación rural.


JC - Voy a dar una sola cifra para que la audiencia tenga idea. Mi campo dista muchísimo de ser estancia. Sin embargo, en un solo período municipal pagué 14.000 dólares. Es una torta de plata para quienes económicamente andamos mal; y ni siquiera tuvimos una gota de balasto en el camino. Nosotros no pedimos que se nos ponga un foco de luz en cada portera, que pase el recolector. Pedimos nada más que eso: que el camino nos permita salir, porque para nosotros es la vida. Y no lo tenemos.

No me voy a extender en el tema del atraso cambiario porque sin duda hay gente mucho más capacitada que yo que lo ha manejado muy bien, pero nos liquidaron y nadie nos ha dado ninguna respuesta. Más allá de que el gobierno desde que empezó el atraso cambiario lo negó por varios años; después nos dijeron "sí, existe". ¿Y ahora? "Ahora arréglense como puedan".

Me parece bárbaro que el país esté estable económicamente, me parece bárbaro que la gente en la ciudad viva bien, pero me parece espantoso que no se nos reconozca.


EC - Creo que vale la pena que este tipo de cosas se escuchen y se piensen. Esa era la idea, lo que usted buscaba con su carta.


JC - Al final de la carta yo ponía que le quería decir a toda la gente que nos piense y después que nos dejen esto, que nos dejen vivir en el campo y que nosotros les damos a cambio gurises alegres y sanos de los que algún día aprenderán a vivir más en paz con los otros.


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Transcripción: María Lila Ltaif Curbelo
Edición: Julieta Sokolowicz