La audiencia opina Radio El Espectador
 

 

 

 

 

 

 


A propósito del Himno Nacional (2):
respuesta al mail "¿Una forma de  protestar?"


Mi nombre es Carlos, tengo 25 años y estoy a punto de culminar una licenciatura en la Universidad de la República. Acabo de ver en el espacio "La audiencia opina" de vuestra página web una carta que me toca de cerca.

Allí el oyente describe una situación que vivió antes de presenciar la película Pi en la Sala 18 de Cinemateca, el sábado 23.

Ocurre que yo era uno de los jóvenes que seguramente el oyente pudo identificar (salvo que estemos hablando de funciones diferentes).

Yo llegué tarde al la función y el Himno me salvó, digamos, porque con los minutos de retraso que generó pude ver el comienzo de la función. Pero cuando entré lo que vi fue a la mayoría de la gente parada, celebrando la ejecución del Himno, y algunos pocos jóvenes sentados, cuya actitud imité.

Y no lo hice irreverentemente, ni por usar el pelo largo o la barba, ni por solidaridad con mis congéneres.

Lo hice por el rechazo que me provocan las formas endiosadas, mitificadoras, que encuentra nuestra sociedad para celebrar sus hitos históricos. Y fíjense ustedes que cerca del mito nos deja el hito. Justamente eso es lo que rechazo: que nadie haya admitido en esta celebración de la muerte de Artigas, que NO ES EL HÉROE NACIONAL DEL URUGUAY. Artigas fue un revolucionario que pensó en un movimiento continental de emancipación y de construcción federativa entre diferentes provincias, de la cual la Banda Oriental era una más.

A la hora de construir el ESTADO NACIONAL MODERNO se dejó de hablar de los orientales para hablar de los uruguayos e integrar la sociedad mestiza fundada entre los índigenas guaraníes y los primeros colonizadores a la gran oleada de inmigrantes que llegó a estas tierras en la segunda mitad del siglo XIX.

Los expertos, historiadores y "todólogos" que opinaron en estos días se olvidaron de estos detalles, y no explicaron que la figura de Artigas-Héroe-Bronce forma parte de un discurso impositivo de la historia oficial, herramienta disciplinadora de un modelo de Estado que se impuso en un contexto específico, en el nacimiento de nuestra vida como país, lo que ocurrió luego de la llamada Guerra Grande, y no en el Éxodo, en las Instrucciones del XIII o en la corta vida del régimen artiguista en Purificación.

Todos estos cuestionamientos fueron los que me llevaron a no levantarme a homenajear un himno que representa precisamente esa construcción discursiva oficial. Sin embargo, se me eriza la piel cuando oigo el "A Don José" de Ruben Lena o la canción que tiene sobre Artigas -ni general ni prócer, sólo Artigas- el flaco Zitarrosa.

(Además, musicalmente hablando el Himno es horrible y más de uno asegura que es un plagio. Me gustaría saber por qué no se profundiza en ese tipo de investigaciones).


Sin más, les agradezco el tiempo que se tomaron por leer esta nota hasta acá. Es simplemente una necesidad de desahogarme que tengo desde esta fiebre artiguista que parece incrementarse a medidas que el poder político se va quedando sin respuestas para las graves carencias de nuestra sociedad, desde el empleo hasta las condiciones de vida de más de la mitad de los niños que nacen cada año, que supongo asombrarían a Artigas si pudiera vernos.

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28.09.00