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"Poder irresponsable"
Que el Poder Ejecutivo, el Poder Legislativo y el Poder Judicial resulten, en su calidad
de tales, imposibles de responsabilizar, es comprensible. Lo que resulta intolerable, sin
embargo, es el hecho de que los que eluden su responsabilidad individual sean los jerarcas
que efectivizan el poder real que emana de aquellos cargos que ocupan.
Tres ejemplos muy recientes ejemplifican lo anterior:
1) Violación y homicidio:
Un hombre de 21 años aparece como el violador y matador de una pequeña niña de apenas 4
años. El asunto es ya de por sí horrible, pero lo que lo transforma en espeluznante es
el conocer que este criminal tenía antecedentes por rapiña y violación. ¿Cómo es
posible, entonces, que a tan corta edad no solamente haya cometido estos delitos, sino que
también haya purgado su condena?
¿Quién permitió que saliera a las calles para seguir delinquiendo? Parece lógico que
quien cometió tal disparate sea urgentemente separado de su cargo, por incapacidad
manifiesta, ya que de continuar en el mismo, detentando un tan inmenso poder con la
irresponsabilidad demostrada, lo convierte ciertamente en un peligro público. Sin
embargo, nada se dice al respecto.
2) Error Judicial:
Ya que los criminales andan sueltos, parece hasta lógico que los inocentes estén presos.
Y así es, lamentablemente. Un hombre ha permanecido cinco años entre rejas, purgando un
homicidio que no cometió. Nuevamente, algún jerarca evidentemente incapacitado para su
cargo ha dañado gravemente a una pobre persona. El agredido por el Estado podrá, en este
caso, reclamarle por los años perdidos, y esa indemnización, a todas luces insuficiente,
por supuesto, la pagaremos entre todos. ¿Y el culpable de tamaño dislate seguirá tan
campante en su puesto, como si nada hubiera pasado, y con todo ese poder en sus manos para
causar más dolor a alguien en el futuro? ¿Cómo podemos los pobres ciudadanos de a pie
estar seguros, cuando con tales custodios nos protegemos?.
3) Accidente de tránsito:
Hace pocos días, un motociclista chocó, con gravísimas consecuencias para él, con una
carro que transitaba a contramano y que, además, cruzó con luz roja. Esta Intendencia,
utilizando su cuota de poder etático, es extremadamente rigurosa con el no pago de la
patente y con el estacionamiento en la Zona Azul, lanzando para tales menesteres a sus
huestes inspectoras (las mismas huestes, de paso, que se negaron a fiscalizar cuando el
transporte cerró la Ciudad Vieja, declarando que ellos multaban a quien quisieran cuando
ellos quisieran, y que les importaba un ardite la Ordenanza Municipal). Y a los
contribuyentes motorizados que los parta un rayo (o un carro inimputable).
Y los jerarcas, una y otra vez, eluden su responsabilidad.
El Poder Judicial se opone tenazmente a los juicios orales y públicos, manteniendo su
actividad en la oscuridad con el evidente propósito de evitar que sus notorias falacias
se muestren a la vista de todos, prefiriendo mesar sus barbas y reclamar plañideramente
confianza ciega en su arcana misión.
El Poder Legislativo no quiere ni siquiera oír hablar de elecciones uninominales, por
distrito y a dos vueltas, con mandatos cortos de no más de dos o tres años, ya que eso
impediría que siguieran escondiéndose en la maraña de las listas electorales, sin tener
que dar la cara ni responder por sus dislates personales en el ejercicio de la
legislatura.
El Poder Ejecutivo es intocable. Nada se sabe, nada se discute, todo se esconde.
Lo anterior vale doble para el Ejecutivo Departamental. Nada de proponer un sistema de
elección de ediles como el descrito anteriormente para los legisladores, ya que
eliminaría de un plumazo las mayorías tan absolutas como inoperantes que existen ahora.
Por supuesto, en todos los niveles se habla mucho sobre solidaridad, y se defiende
fieramente los derechos de los criminales y de los transgresores de las normas. De los
derechos de los inocentes, de los que acatan la ley, de los débiles, de las víctimas,
nadie se acuerda, y nadie los protege.
A la vez, resulta innegable que también existe responsabilidad en el cuerpo social. Esta
responsabilidad sí se diluye inevitablemente en el número, pero no por eso deja de
existir. El no hacer nada, el dejar que todo siga como está, implica una declinación
moral muy evidente.
Yo, como simple ciudadano, me niego a eludir alegremente mi cuota parte en esa
responsabilidad general, y me manifiesto contra esta realidad de todas las formas
posibles, en todos los lugares a los que pueda acceder, y propongo públicamente algunas
posibles soluciones. Creo que es la única manera de actuar dentro de la ética, pero
además es, ciertamente, la única forma de poder dormir tranquilo con mi conciencia.
Heber Rizzo
C.I. 1.099.518-8
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27.09.00
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