SUENA TREMENDO

Neurociencia, educación y desigualdad

Neurociencia, educación y desigualdad

La experta en neurociencias cognitivas Vivian Reigosa aseguró que “desde el punto de vista de las neurociencias está comprobado que los ambientes desfavorecidos tienen un impacto negativo sobre el desarrollo del cerebro” y habló de estrategias para combatir esa desigualdad en la educación.

Entrevistada en Suena Tremendo, Reigosa, quien se desempeña como directora general adjunta del Centro de Neurociencias de Cuba, fue consultada sobre la desigualdad en la educación desde la neurociencia.

La doctora en Psicología afirmó que “está comprobado que los ambientes desfavorecidos tienen un impacto negativo sobre el desarrollo del cerebro”. “Hay estudios muy fuertes que muestran que tienen un especial vínculo con el desarrollo de algunos centros funcionales como, por ejemplo, el hipotálamo, el centro funcional fundamental para la memoria, la amígdala, que está relacionada con el procesamiento emocional, y corteza prefrontal, relacionada con la planificación de la conducta, el control del impulso, la resolución de problemas y la memoria de trabajo”.

Reigosa dijo que más allá de la mala nutrición, hay otros “factores relacionados con la pobreza” que afectan el desarrollo cerebral de los niños. “La falta de estimulación por parte de los padres, padres que son estresores, el estrés tóxico por el estilo parental, la exposición de tóxicos ambientales, debido a que en los ambientes empobrecidos generalmente en el medio ambiente es muy prevalente que aparezcan elementos neurotóxicos, todos estos factores, hay estudios que muestran que tienen un efecto negativo sobre todas estructuras que les estoy diciendo”.

Sin embargo, la académica explicó que “no hay un fatalismo biológico”. “El cerebro tiene una propiedad que es fundamental para la educación: la plasticidad neural. El cerebro es capaz durante toda la vida, antes se pensaba que no, pero el cerebro tiene capacidad de aprender para toda la vida. Hay períodos más o menos sensitivos. Pero esa plasticidad puede ser un aliado para tratar esa desventaja. El cerebro puede reacomodarse, reorganizarse” contó.

Consultada sobre si se debería plantear una educación distinta para los alumnos más desfavorecidos, Reigosa dijo que “no se pueden diferenciar, debe ser una educación de inclusión, pero sí se debe proteger desde las políticas educativas, proteger a los niños más desfavorecidos dándoles una estimulación, desde la nutrición, el entrenamiento de esas capacidades neurocognitivas. Dentro de la inclusión, no separado”.

“Las personas que tienen más deprivación son las personas que mejor aprovechan las intervenciones. Eso se ve en montones de casos” añadió.

La especialista ofrecerá una conferencia abierta sobre el tema este martes a las 19.00 horas en la Universidad Católica invitada por EDUY21.

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