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Dos países, dos víctimas, una misma razón

Luego de 78 días de búsqueda, fue hallado el cadáver de Santiago Maldonado, el joven artesano argentino que murió por razones aún desconocidas.

Maldonado no era mapuche, pero mostró su simpatía con la causa de ese pueblo, participando de un corte de ruta. 

La autopsia realizada el pasado viernes reveló que no tenía lesiones y que habría permanecido por lo menos 60 días en el agua. Cuando se sepa que pasó con él los otros 18 días tal vez se logre la verdad que permita establecer la causa de su muerte.

Lo que si sabemos es que murió en medio de una represión de Gendarmería contra ese corte de ruta.

Santiago tenía 28 años, era un trotamundo que buscaba su lugar. Pero en todos los sitios donde residió, se había involucrado con diferentes luchas sociales. Era un pibe solidario pero sin formación política ya que en pocos años había pasado de “flogger” a parte de la RAM, una organización mapuche que reivindica la violencia en su accionar. Nada diferente a lo que conocimos en el Uruguay de los 60 y 70.

Su nombre fue vilipendiado en forma execrable por kirchneristas y macristas por igual. Cada uno acusando al otro para obtener su tajada en las elecciones de ayer. El caso se replicó en Uruguay casi por las mismas razones.

Ahora todos tienen su propia convicción sobre las circunstancias de su muerte, por lo que la verdad valdrá poco. Nadie creerá en ella. Otro triunfo del fanatismo.

El viernes, Facundo Jones Huala otro joven preso en Chubut y líder de los mapuches vinculados a la RAM, llamó a vengar la muerte de Santiago. Ese mismo día estallaron varios incidentes en el sur y también en Buenos Aires.

Nadie pensó en los padres y hermanos de Santiago porque había pasado a ser una especie de trofeo de las partes.

El jueves de noche ahora en la ciudad de Maldonado, Darwin Miraballes un joven de 31 años padre de dos niños y pequeño comerciante, fue asesinado en un intento de asalto. Era un tipo querido por sus vecinos, amigos y clientes. Su familia y su trabajo eran su compromiso con el mundo.

Ayer hubo una movilización importante de maldonadenses reclamando justicia. Esas movilizaciones van a continuar hoy a las 19 en la plaza y la Unión de Comerciantes llama a los pequeños comerciantes de Maldonado a cerrar a esa hora y participar de la marcha. Ellos han sido el blanco de los delincuentes. Diez rapiñas se contabilizan solo en la capital departamental en lo que va de este mes. Y ahora un asesinato.

También se oyeron en Maldonado los llamados a venganza. “Hay que matar a todos los pichis” o “hay que implantar la pena de muerte”.

La perturbadora lógica de la muerte que apela a la venganza como presunto acto de justicia.

¿Por qué murieron estas dos personas? Aunque ambos hechos ocurrieron a miles de kilómetros de distancia, en muy distintas circunstancias, la razón de ambos crímenes no es muy diferente.

En el sur argentino una comunidad indígena lucha por sus derechos avasallados por la lógica capitalista.

Menem les vendió su tierra a la familia Benetton, para que allí crien las ovejas que dan la lana para sus afamadas prendas de vestir. A los mapuches los expulsaron sin miramientos. No recibieron nada. Ni de Menem ni de los sucesivos gobiernos argentinos que ahora cargan con una muerte. Nadie intentó establecer una instancia de diálogo que permitiera reconocer derechos adquiridos desde tiempos ancestrales. Derechos que curiosamente si le reconocen a Benetton.

Cuando los poderosos sienten sus derechos avasallados, hacen lo que todos los poderosos del mundo: mandan a la policía a reprimir. Con lo que se genera una cadena de odio y muerte cuyos efectos todos hemos vivido alguna vez en esta vida.

El asesinato de Darwin podría parecer diferente y sin embargo tiene algo en común. Sus asesinos no sienten culpa por matar a alguien para lograr dinero. Nadie sabe por ahora quienes son, pero eran jóvenes. Tal vez más jóvenes que su víctima. Tal vez parte de aquellos niños que en el 2002 estaban por debajo de la línea de pobreza, tal vez hijos no queridos, tal vez criados en un ámbito donde el delito era la forma de supervivencia.

El dinero y la pobreza es lo común en ambos casos.

En Argentina, Santiago muere luchando contra los que con dinero se quedaron con las tierras mapuches. En Maldonado, muere Darwin victima de quienes no les importa robar el dinero que alguien gana con su esfuerzo.

La lógica del dinero es la que mueve al planeta.

Es la que provocó estas muertes. Pero también es la que provoca el desanimo de millones de ciudadanos de esta parte del mundo que ven como muchos de sus gobernantes no vacilan en robar todo lo que pueden.

En Argentina todos vimos a un ex jerarca tirando bolsos llenos de plata por sobre los muros de un convento.

En Uruguay vimos a algunos reventando su tarjeta corporativa o cobrando subsidios y viáticos millonarios.

En Argentina, Cristina Fernández creyó que cargándole la muerte de Santiago a Macri, ganaría algunos votos. Se olvidó que en la muerte de Santiago tuvo protagonismo la misma Gendarmería que bajo su gobierno desapareció a Julio López, cuyos restos jamás aparecieron.

En Maldonado, Uruguay, Enrique Antía ganó las elecciones prometiendo más seguridad. Y no solo no pudo lograrlo, los hechos lo evidencian, sino que gastó 20 millones de dólares en circunstancias poco claras para instalar cámaras de seguridad, asumiendo con el visto bueno del Ministerio del Interior tareas que constitucionalmente no le competen.

Pero mientras tanto seguimos teniendo miles de personas que viven en condiciones inhumanas. ¿Cuántas viviendas decentes se hubieran construido con esos 20 millones?

En Uruguay y Argentina la pobreza parece ser endémica. Y mientras no seamos capaces de atenderla y resolverla, seguiremos llorando muertos.

Pero todos podemos hacer algo para ayudar.

Primero hay que entender que solo se puede lograr superando la lógica del miedo y desde la unidad, el compromiso y la solidaridad, nunca desde la fragmentación.

La venganza solo provocará más muertes. La justicia es otra cosa.

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