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Maestras del barrio Conciliación intentaron desmentir la historia de “niños del pasto”

Maestras del barrio Conciliación intentaron desmentir la historia de “niños del pasto”

Gabriela Verde, quien fue maestra en la Escuela 128 del barrio Conciliación durante el 2002, dijo que intentaron desmentir la nota del diario La República que afirmaba que los alumnos comían pasto. “No nos dieron el lugar en la parte del derecho a réplica” afirmó. Verde dijo que esa historia incorrecta invisibilizó la situación real. “Era peor que eso: comían de la basura”, añadió

La República publicó una nota titulada "Maestras detectaron que 80 niños de la escuela comen pasto los fines de semana" el 29 de julio del 2002. Era el primer día del feriado bancario decretado por el Gobierno tras una corrida masiva que amenazaba a dejar a los bancos sin liquidez.

Mientras las novedades económicas giraban en torno a los intentos del Gobierno de conseguir un préstamo de algún organismo internacional o el Tesoro de los Estados Unidos para sortear la crisis, las noticias de sociedad se enfocaron en las formas en que la situación estaba afectando a los uruguayos más vulnerables.

Esa misma semana el Instituto Nacional de la Alimentación (INDA) anunció la inauguración de 12 comedores nuevos, en el marco de un plan especial de asistencia ante la crisis. Estos nuevos centros de atención alimentaria se sumaban a los más de 30 que el INDA había instalado algunas semanas atrás. A pesar de estos esfuerzos, según los medios de la época, los comedores no daban abasto.

La maestra Gabriela Verde empezó a trabajar en la Escuela 128 en el año ’97 y estuvo allí hasta el 2013. Fue la maestra comunitaria de la escuela a partir del 2008 pero en el 2002 era maestra de sexto año. Hoy en día trabaja junto a Pablo Caggiani en el Consejo de Educación Inicial y Primaria.  

Verde recordó cómo era la situación de la Escuela 128 en aquella época. “Era un contexto que no escapaba a la situación del país, bien desfavorable, mucha desocupación, concentrada la pobreza en la niñez y la juventud sobre todo, con asentamientos absolutamente irregulares, y la escuela haciendo de contención de muchas cuestiones”.

Casi 1000 niños comían en el comedor, según Verde. “Se comía en varias tandas, se utilizaban algunos salones de clase para extender el servicio de comedor. El 2002 fue el año de priorizar esas cuestiones: las necesidades básicas (de los niños) que estaban absolutamente insatisfechas”.

Cómo empezó todo

La portada de la sección “Comunidad” de La República el 29 de julio del 2002 es una foto de página completa de pasto y el título “Niños del pasto”.

Al principio la nota da algo de contexto del barrio y la escuela, y luego explica que los maestros encontraron que los niños iban a clase deprimidos, con dolor de barriga, mareos, y con diarreas frecuentes. El artículo dice que los docentes y vecinos hicieron un seguimiento de la materia fecal y comprobaron que más de 80 comen pasto y hojas los fines de semana, según cuenta “uno de los padres”.

Luego aparece citado Dardo Pereira, padre de otro niño de la escuela, diciendo lo siguiente: “Al principio no le creíamos a los niños cuando lo decían porque son muy chiquitos, pero cuando vimos la materia verde y llena de pasto nos dimos cuenta que era cierto”.

Martha Peigonet, presidenta de la Comisión de Fomento de la Escuela, también aparece citada, explicando lo precario de la situación de las familias de esos niños y la emergencia alimentaria. “Nos dicen que no hay más que pasto cocido para darles de comer porque ya no saben qué hacer”, le dijo Peigonet a La República.

Finalmente, una asistenta social, Edda Zimmer, brinda algo más de contexto sobre el barrio y esas familias, y como la situación perjudica a los niños.

Después de la nota de La República, Peigonet le dijo a la agencia AFP que padres de aproximadamente el diez por ciento del alumnado, que se compone de 851 niños, le confesaron que para mitigar el hambre de sus hijos les proporcionan ese alimento tras cocinarlo y presentarlo como puré.

Estigma

“A mí me cuesta muchísimo cuando se habla de la 128 porque se habla estigmatizándola y es escuela que realmente ha tenido logros excepcionales”, dijo Gabriela Verde. “No importa de qué lado te parás: si de la barra que toma el discurso o la anécdota de los ‘comepasto’ para un lado o para el otro. Se estigmatiza. Hay que ser cuidadosos cuando uno habla de determinados momentos de la historia de niños que sufrieron mucho la crisis de este país, la desnutrición, la falta de salud, la vulnerabilidad de sus derechos”.

La maestra aseguró que la historia no fue como terminó trascendiendo en los medios y contó su versión de los hechos.

“Esto sucede en unos niños de inicial, los más chiquitos de la escuela. Teníamos algunas mamás que hacían algunas actividades dentro de clases abiertas, de talleres, y uno de los niños se descompuso, cuando fue al baño y van a tirar la cisterna porque el chiquito no llegaba, no pudo, ese detalle no lo recuerdo bien, la mamá ve que la materia estaba de color verde. Y de ahí salió 'ah, pero este niño debe haber comido pasto'. O algo así debe haber salido para afuera de la escuela. Cuando llegan al merendero que funcionaba ahí cerca de la escuela, lo comentó, y de ahí salió. No había Whatsapp pero como el estilo del Whatsapp hoy, o del Facebook, que ponés algo y brota. Fue así. No está la evidencia de si esa materia que hizo de color verde fue del frío, de haber comido pasto, o de qué. Lo cierto es que fue eso puntualmente lo que pasó” explicó.

Consultada sobre la versión publicada en la nota del diario La República, Verde dijo que “eso lo quisimos desmentir en el diario y no nos dieron el lugar en la parte del derecho a réplica”.

Las autoridades de la época

Martín Marzano, entonces director del Instituto Nacional del Menor (Iname) aseguró que nunca comprobaron la historia de los niños comiendo pasto.

“En lo que a nosotros nos respecta fueron versiones de prensa que en ninguna ocasión fueron confirmadas de manera formal y por cierto para nosotros formaron parte del anecdotario de situaciones que se viven en momentos de crisis pero que nunca tuvieron un sentido ni real ni concreto", aseguró el ex jerarca.

"Tengo respeto por quienes trabajan (en La República), quienes han trabajado, han desarrollado esta tarea, pero me consta que ha sido un medio que ha tenido un grado de parcialización hacia la ideología progresista o de izquierda absolutamente incuestionable", añadió.

Teresita González, quien fue directora general de Primaria entre el 2000 y el 2004, aseguró que investigaron una denuncia hecha por una vecina del barrio, que además pidió recursos para administrar un comedor, pero no comprobaron estos hechos.

"Inmediatamente se mandó a ver qué estaba sucediendo en esa zona y los servicios de alimentación se estaban dando de forma completamente normal", dijo González. "Es más, para el fin de semana, los viernes y los lunes se aumentaba la cantidad de alimento que se le daba a los niños. Incluso con la parte de copa de leche", añadió. "Yo no creo que esos niños hayan comido nunca pasto, porque además había otros servicios no gubernamentales que cubrían la zona".

El testimonio

Hay otra nota de La República sobre este tema. Data del 30 de julio y se titula con una cita: “Cuando los vi llorar de hambre lo único que se me ocurrió fue darles pasto”. Es la historia de la familia Pintos, del barrio Conciliación, y esa cita pertenece a una mujer identificada como Mariela, madre de Marito y Juan, niños de la Escuela 128.

“Una tarde recuerdo que los nenes volvieron de la escuela y me pedían pan y leche. Nosotros les explicamos la situación y los mandamos a acostar pero no había como consolarlos. Lloraban y pedían leche y comida, así que lo único que se me ocurrió fue darles pasto. Ese día los vi tan desesperados que salí y corté bastante del pasto más tierno que encontré y hojas que había en los pastizales de la vuelta. Llegué a casa, los lavé y los herví un buen rato y se los dí con sal. Cuando lo puse en el plato seguían llorando y no los querían comer hasta que los comieron porque era lo único que había”, declaró Mariela.

Consultada sobre esta entrevista, Gabriela Verde aseguró recordar a la familia Pintos pero dijo que nunca comunicaron esa situación en el centro educativo.

Una realidad más dura

Pese a las explicaciones de las autoridades de Primaria, la maestra Gabriela Verde aseguró que en la Escuela 128 tuvo problemas graves de desnutrición infantil. Concretamente, dijo que le “dolía” que la historia de los niños comiendo pasto hubiera invisibilizado esa realidad.

"Era peor que eso. Comían de la basura. Era tremendo ver a los niños metidos adentro de los tachos de basura de cabeza cuando ibas a recorrer el barrio. Eso sí que daba dolor. Era tremendo de verdad. Si nosotros estigmatizamos, 'Ah, comían pasto, comían pasto' y tapamos esta otra realidad, es mucho más grave. Y es lo que más nos duele".

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