SUENA TREMENDO

Diego Piñeiro: “La propia actividad ganadera es violenta”

Diego Piñeiro, sociólogo e ingeniero agrónomo / . El Espectador, Enzo Adinolfi
Diego Piñeiro, sociólogo e ingeniero agrónomo / El Espectador, Enzo Adinolfi

El sociólogo Diego Piñeiro, especializado en sociología rural, analizó en Suena Tremendo el caso del peón rural que fue golpeado por el capataz de la estancia en la que trabajaba en el departamento de Salto. Para el investigador, la ganadería es una actividad productiva con una violencia “muy explícita” por lo que no debe extrañar que ésta luego “se traslade también a las relaciones entre los humanos”.

Piñeiro es profesor titular e investigador del área de Sociología Agraria en el Departamento de Sociología de la Facultad de Ciencias Sociales y decano de ese centro de estudios. En entrevista con Suena Tremendo, opinó que “la propia actividad ganadera es una actividad que en sí misma es violenta. Los humanos dominamos a los animales, moderamos su cuerpo en el caso del ganado vacuno, castramos los machos, lo metemos a los ‘pechazos’ adentro de los corrales, les ponemos caravanas en las orejas, los vacunamos, los atamos a un cepo y le ponemos una mordaza”. En ese sentido, el investigador opinó que “hay una violencia muy explícita y no es entonces de extrañar que esa violencia se traslade también a las relaciones entre los humanos".

Respecto al trabajador rural Hugo Leites, golpeado con un rebenque por el capataz la semana pasada en Salto, aseveró que “es normal que un trabajador o el patrón anden con el cuchillo en la cintura. En este caso estaban los dos con el cuchillo, porque eso también forma parte de la tradición ganadera. Y el cuchillo se utiliza también para dirimir rencillas. De hecho, es raro que este episodio no haya terminado de esa manera. El mismo (Hugo) Leites (en una entrevista en el semanario Brecha) dijo que en realidad él lo hubiese matado pero que, sin embargo, se contuvo porque se dio cuenta que eso iba a ser peor para él”. “Este episodio nos conmueve por la brutalidad pero, en general, en el medio rural y en el caso particularmente de la ganadería, en las relaciones que se establecen entre los humanos  muchas veces hay distintos tipos de violencia”, añadió.

Piñeiro opinó que el trabajo rural implica formas de violencia menos explícitas de las que se vieron en el caso de Leites. Por ejemplo, en el aislamiento del asalariado en el medio rural. Pero también por la  forma en que se los contrata. “En un estudio que hemos hecho nosotros, los patrones contratan a partir de su conocimiento de la gente del pueblo con el cual se vinculan. Donde vas a poner gasoil o a hacer las compras. En ese lugar, cuando se necesita un trabajador, sus referencias son los negocios (un rematador, el dueño de una estación de servicio, etcétera). Es a través de esas redes sociales que hay en los pueblos que se contrata a los trabajadores. Ahora, ¿qué es lo que pasa cuando un trabajador es respondón o reclama sus derechos? Enseguida se corre la voz en el pueblo de que esa persona no es una persona a la cual hay que contratar y es muy difícil que luego consiga trabajo”, agregó el investigador.

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