Opinión

Tropas en Haití: lo que no quiso Chifflet y renunció

Tropas en Haití: lo que no quiso Chifflet y renunció
EFE/Archivo

El presidente Tabaré Vázquez confirmó que el mes próximo regresarán al país los cascos azules que aún se encuentran en Haití, misión de la cual participan tropas uruguayas desde 2004.

Por Mauricio Almada

La integración a la llamada Misión de las Naciones Unidas para la Estabilización en Haití fue una papa caliente para el Frente Amplio desde que asumió su primer gobierno en 2005. Cuando ese año hubo que votar la continuidad de los cascos azules uruguayos en esta misión, el entonces senador Eleuterio Fernández Huidobro fue quien llevó adelante en el parlamento la bandera de votar afirmativamente, cuando en la administración anterior habían votado en contra.

No fue fácil para "el Ñato". La remó. En el novel oficialismo había una resistencia a participar en misiones de paz y especialmente en Haití, ya que era considerada por muchos como una fuerza de ocupación del país más pobre del continente.

Convenció a casi todos los legisladores del Frente Amplio que se dieron vuelta como una tortilla. Menos a uno: a Guillermo Chifflet, diputado socialista de dilatada trayectoria que tomó la decisión más drástica que podía adoptar: renunció a la banca y se fue para la casa. Y no volvió nunca más. Tenía la convicción de que se estaba apañando una ocupación de tropas internacionales en Haití, siendo cómplices de una intervención militar disfrazada de misión de paz. Y nadie lo convenció de acatar la decisión que había adoptado la bancada oficialista. Algunos amagaron a no votar, pero al final levantaron la mano. Coherente como pocos, como muy pocos, Chifflet renunció.

Aquella renuncia poco tuvo que ver con la del diputado del PVP Luis Puig, quien renunció a fines de diciembre del año pasado cuando se votó la permanencia de las tropas, pero regresó a la banca dos meses después. Fue una renuncia simbólica, porque ya sabía que iba a volver a la Cámara. La de Chifflet fue en serio, de las que no abundan.

Fernández Huidobro, desde filas del gobierno, sabía que las misiones de paz tenían más que ver con la economía que con la ideología, porque eran una válvula para bajar la presión de las bajas remuneraciones en las Fuerzas Armadas.

En cumplimiento de la ley votada a finales del año pasado, en abril regresarán a Uruguay los cascos azules. Se termina para el país una misión que dejó buenos ingresos para soldados y oficiales y que también trajo renovación de material militar. Queda atrás Haití, que sigue sumido en la extrema pobreza y en la corrupción política. Desde que la ONU llegó con esta misión hasta ahora, poco ha cambiado. Difícilmente Haití pueda estar peor de lo que está. Pero ya es hora de dejar a los haitianos decidir su futuro, sin ninguna bota arriba, por más pacífica que sea.

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