¿SOLUCIÓN PARA LA INSEGURIDAD?

Expertas internacionales cuestionan aumento de penas

Expertas internacionales cuestionan aumento de penas

Además del punto de vista local, a nivel internacional las tres voces consultadas por Espectador.com coincidieron en que para disminuir la cantidad de delitos no hay que aumentar las penas, sino invertir en la reinserción del recluso.

Por Espectador.com

"¿Aumentar las penas es una solución alternativa para reducir la delincuencia?"; con esta pregunta como disparador, Espectador.com entrevistó a diferentes protagonistas de la agenda para conocer su postura al respecto.

En abril de 2004, Mercedes Gallizo fue nombrada directora General de Instituciones Penitenciarias, y desde 2008 hasta 2011 asumió la Secretaría General de Instituciones Penitenciarias en el Ministerio del Interior español. Actualmente, es diputada autonómica del Partido Socialista Obrero Español (PSOE) en Madrid. Tiene muy claro que aumentar las penas "es una idea muy rebuscada" porque "la realidad pone una y otra vez de manifestó que las cosas no funcionan así", asegura.

"En España ha habido multitud de reformas al Código Penal, casi siempre para incrementar las penas con las que se castigan algunos delitos. La experiencia me dice que este es el recurso más fácil que se les ocurre a los legisladores frente a un problema que no saben cómo atajar y resolver. Pero, normalmente los problemas difíciles no tienen soluciones fáciles y es lo que pasa con la delincuencia. La delincuencia se produce por algo y lo que hay que analizar son las causas que hace que existan delitos. Ver si se puede actuar para prevenir la comisión de delitos, pero el efecto disuasorio de las penas es muy limitado. Funciona con delitos muy leves, con personas muy normalizadas que no tienen ninguna patología social, ni una carencia importante detrás de su actitud. Pero no en delitos que tienen que ver con la marginalidad, la pobreza, el consumo de drogas, el alcoholismo o la violencia más extrema. Es muy difícil que alguien cuando va a cometer un delito de ese tipo piense que si lo van a penar con cinco años lo comete o si lo van a penar con seis no lo comete. Eso no funciona así", explica. 

Mercedes Gallizo

Laura Pozuelo es doctora en Derecho, profesora de la Universidad Autónoma de Madrid y especialista en temas de política criminal, conducta postdelictiva y Derecho penal del menor. Tiene una vasta experiencia en temas de criminalidad y también va en esa línea. "La práctica, tanto en España como en otros países, es que el endurecimiento de las penas no reduce la delincuencia. La delincuencia es plurifactorial. Obedece a muchas razones. Simplemente aumentar las penas no reduce la delincuencia. Si a esas personas solamente las encerramos y las sacamos fuera, al estar encerradas, puede que haya un elemento de neutralizar un posible peligro. Pero las cosas no funcionan así. El preso cuanto más tiempo está en la cárcel, más criminógeno es porque ese sujeto vuelve a la calle mucho más desarraigado, con muchísimos más problemas para tener una vida normal y un trabajo. Las posibilidades de reincidencia son mayores cuanto más tiempo pasan en la cárcel. No sirve al fin que pretende la política criminal moderna", asegura.

La doctora Ana Carazo también va en esa línea. Subdirectora del Centro para la Administración de Justicia de Miami (EEUU) y responsable de varios proyectos en el campo de la Administración de Justicia en diversos países latinoamericanos, está convencida de que "hay que ver el problema de la criminalidad, de las penas y sanciones, de una forma más integral y menos simplista. Pensar que el aumento de penas equivale a reducción en cantidad de delitos sería dejar de lado la problemática social integral y pensar que la estrategia más efectiva es  solo el aumento. Es una estrategia política, no necesariamente la más efectiva y no necesariamente aquella que toma en cuenta toda la problemática social", piensa. 

Ana Carazo

Pozuelo usó el mismo argumento sobre la estrategia política. "En España, y sé que pasa en otras partes del mundo, en cuanto hay un crimen especialmente llamativo y le pregunten al político que toque, tanto en el poder o en la oposición, lo primero que va a decir es que hay que endurecer las penas para que eso no vuelva a pasar. Lo cual es una afirmación que no tiene sentido porque el que se suban más las penas por un asesinato no significa que la gente vaya a dejar de matar, comprar droga o robar. Claro que es muy rentable desde el punto de vista electoral".

España es de los países europeos con penas más duras. Para Gallizo eso se debe "a que el recurso que siempre han utilizado los legisladores frente al delito es incrementar las penas. Tener una política que vaya al fondo de los problemas es mucho más complicada porque tiene que ver con las políticas sociales, de proximidad, con atención sicológica o siquiátrica. Es difícil evitar que esos delitos se cometan agravando las penas porque la persona no está en condiciones de valorar eso".

Para la exresponsable de Instituciones Penitenciarias españolas "las penas tienen que ser proporcionadas a los delitos. La mayor parte de la delincuencia que se produce es por delitos pequeños. Por robos a pequeña escala. Por hurtos. Por suma de delitos pequeños. Es muy complicado que esos pequeños delitos puedan estar castigados con unas penas excesivas porque sería muy desproporcionado respecto del delito grande. Quien roba 100 no puede ser castigado igual que el que roba 100 mil. Lo que hay que preguntarse es que es lo que lleva a una persona a robar, a atacar a otra persona y a desarrollar su relación con los demás a través de la violencia. Luego, actuar teniendo en cuenta que en la mayor parte de los casos, y los países, los niveles de reincidencia son muy altos". 

Laura Pozuelo

Por eso, para Carazo "lo más fácil es un cambio legislativo" y "lo más difícil es la aplicación de las normas y la toma de conciencia de la problemática dentro de la sociedad y la búsqueda de soluciones dentro de esa sociedad. Es más fácil de vender políticamente el ser fuerte a través de la imposición de penas. Es más difícil de vender la necesidad del restablecimiento de mejoras en programas educativos, de mejoras en programas de formación para el mejor acceso a las fuentes laborales que permitan un sustento. Es más difícil la venta de programas de prevención para el consumo de drogas en jóvenes, adolescentes y el adulto joven. Es una inversión social. Es una inversión en presente y futuro que no es fácil de vender y de la cual no ve el resultado inmediatamente. El resultado inmediato se ve cuando en las noticias de TV se ve que están arrestando o sale la condena de X años, pero no se mide la cantidad de personas que dejan de delinquir, porque pueden leer y escribir y tienen los medios para acceder a un trabajo. Lo que no tiene un impacto negativo no se mide. Se puede medir en términos de paz social y tranquilidad, pero no estadísticamente. Eso es lo que hace más difícil la solución".

Para Pozuelo, para buscar una solución "hay que hacer un análisis micro, no macro. No es lo mismo la delincuencia que tiene que ver con drogas, que la delincuencia fiscal, la corrupción o la violencia de género. Son fenómenos que hay que abordar con sus especificidades. La política criminal necesaria para reducir la violencia de género es muy distinta a la de reducir el fraude fiscal. Es necesario atacar a las causas analizándolas y ver los medios más efectivos para cada caso concreto. Desde una perspectiva macro hay que tener en cuenta que hay muchos tipos de delincuencia. La mayor parte de delincuencia por la que se acaba en la cárcel no es por patrimonio, es por droga. Hay una incidencia muy importante a veces de marginación y pobreza. Si no se enfoca de esa manera no se puede dar con las causas. Lo que se llama la prevención primaria, entrar a las causas originarias, pero siempre es muy costoso y difícil que se emprenda".

Pozuelo publicó hace tres años el libro "La política criminal mediática", en donde analiza la interacción de los medios de comunicación y los poderes políticos en la reforma del Código Penal español en los últimos años. En ese trabajo analizaba cómo las reformas de los primeros años de este siglo (XXI) "no solo habían aumentado las penas, sino además habían restringido las posibilidades de los presos de poder acceder a la vida en libertad. Ya entonces (2003) nos parecía que habíamos llegado a un límite muy alto e innecesario para el nivel de delincuencia que tenemos en España, que afortunadamente se mantiene en términos muy estables desde hace mucho años. Sin embargo, en 2015 se introdujo en el Código Penal español la cadena perpetua para algunos casos. Pensamos que eso nunca iba a suceder y acabó sucediendo. En esa espiral constante de electoralismo se ha conseguido endurecer aún más las penas. ¿Qué es lo que tenemos ahora? La delincuencia sigue igual porque no era necesario el endurecimiento. Tampoco era el objetivo ya que se mantenía en límites estables. Lo que se ha conseguido es que haya una política penal muy represiva y vamos a tener gente en la cárcel más tiempo de forma innecesaria. Eso va en contra del principio de resocialización y acaba siendo criminógeno porque a una persona, después de 40 o 50 años en la cárcel, no hay una segunda oportunidad. No hay una segunda vida que pueda ser mínimamente normalizada. Las posibilidades de que vuelvan a delinquir son más altas cuanto más tiempo pasen en la cárcel", sentencia la especialista en temas de política criminal.

"Debemos ver la problemática de manera integral", asegura Carazo. "La separación del infractor impide que cometa delitos, pero no es la única solución. Evidentemente, estar expuesto a compañía negativa por mucho tiempo permite una identificación y la posibilidad de continuar la actividad delictiva al salir de prisión. Además, las prisiones han dejado de ser entidades que permitan una resocialización. Por razones de política económica, y de administración de los recintos penitenciaros, es muy caro tener programas de resocialización. Cada vez se invierte menos. Cada vez se invierte más en privar de libertad, pero menos en programas de resocialización. Las prisiones y cárceles latinoamericanas presentan en muchos países fenómenos de sobrepoblación impresionantes y son pocos los programas de resocialización o educación".

Preparar al preso para la vida en libertad "es algo esencial", asegura Pozuelo. "Es uno de los logros del siglo XX. La idea de que un preso tiene de verdad una oportunidad. De ir preparando la vida fuera de prisión. Si cercenamos eso, las posibilidades de que no siga siendo delincuente cuando salga son muchos menores".

Registro

Suscripciones:
×