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Sociedad

El misterio de la Estancia La Aurora

Desde 1976 diferentes personas comentan que en la Estancia La Aurora se ven manifestaciones de luces y otros fenómenos de explicaciones desconocidas. Algunos visitantes entienden que se trata de visitas extraterrestres, otros prefieren no acercarse o buscar alguna respuesta científica. Conozca qué se sabe de lo que ocurre y qué puede verse en esta región de Salto.

Existen tantas interrogantes alrededor de la Estancia la Aurora, que me pareció un buen momento para ponerlos al tanto de lo que allá sucede.

La Aurora es un establecimiento agrícola-ganadero de unas 1.000  hectáreas aproximadamente que se encuentra a pocos metros de distancia del puente fronterizo Salto-Paysandú tendido sobre el Río Daymán, con un pie en cada uno de estos departamentos. A ella se accede a través de un estrecho sendero de tierra y polvo que se abre a un costado de la Ruta 3. No es una estancia turística como muchos creen, aunque es uno punto muy visitado en Uruguay, por contar en sus cercanías con la conocida gruta del Padre Pío por un lado y por las manifestaciones extraterrestres que allí se supone que ocurren, por otro. La estancia existe desde el año 1918 y pertenece a la familia Tonna-Ratin. Hace tres años falleció el antiguo dueño del campo, Angel María Tonna, y ahora los que se encargan del establecimiento son su mujer y sus tres hijos: Ángel Humberto (el mayor), Tulio (el del medio) y Elena Margarita (la menor). La familia Tonna vive en la estancia, pero por cuestiones de trabajo viajan bastante a otros departamentos.  

El primer acontecimiento raro en la estancia, data de 1976. Según pude averiguar, una noche de febrero de ese año, Angel María Tonna se encontraba en la estancia cuando alrededor de las 10 de la noche uno de sus trabajadores le fue a avisar que estaba viendo una potente luz en el cielo. Acompañado por su familia, se acercó hasta donde le habían indicado y vieron una fuerte luz de unos tres metros de diámetro que descendía en forma pendular. Unos instantes después ascendió de forma vertical introduciéndose en otra de mayores dimensiones en forma de triángulo isósceles. Mientras se alejaba se produjo un apagón en la ciudad de Salto, a 10 kilómetros de la estancia.

Tulio Tonna, recuerda el acontecimiento de esta manera:

“Lo que nosotros vimos fue a partir de febrero del 76. Aparecieron luces muy fuertes que nos producían quemaduras en los árboles, en los animales, en la gente. Eso fue lo que se vio. Y después una luz muy, muy fuerte que de noche iluminaba todos los establecimientos a la redonda, y bueno, la gente lo podía ver. Los vecinos también, entonces era difícil tapar que eso sucediera ahí, porque todo el mundo lo estaba viendo”, contó.

Parte del terreno fue quemado y se encontró un perro muerto, un trozo de alambrado y hasta un motor eléctrico. Una investigación llevaba a cabo por personal de la Fuerza Aérea Uruguaya dejó al descubierto la existencia de liebres muertas que no despedían olor a putrefacción. Pero lo más llamativo era la existencia de un ombú que está a 50 metros del casco principal de la estancia, que quedó partido a la mitad produciéndose un profundo hueco entre sus raíces. Ese hueco llegó a convertirse en una especie de trampa natural donde muchos pequeños animales aparecieron muertos y disecados.

“El famoso ombú del que todo el mundo habla en La Aurora donde un 4 de febrero del setenta y pico, de madrugada, como que el árbol explotó, desapareció, quedó un gran hueco en el lugar donde estaba el árbol, y la cosa rara que pasaba ahí, es que empezaron a aparecer animalitos muertos alrededor de ese hueco y a la gente se nos ponían todos los pelitos de punta. Un médico de aquí de Salto empezó a detectar que había radiaciones y unos japoneses que estaban trabajando en la represa de Salto Grande también llevaron un aparatito... Donde descubrieron radiaciones elevadas. Y bueno, eso fue lo que le pasó al famoso ombú. Después hubo que cerrar las puertas obviamente por peligro a la gente y algunas historietas que se armaban que no eran ciertas. Dicen, yo repito lo que he escuchado de tanta gente que sabe, que la radioactividad parece que se va desnaturalizando con los años, la mitad de la mitad de la mitad, bueno, aparentemente hoy hay nada, un riesgo muy chiquitito”, sostuvo Tonna.

La Comisión Receptora Investigadora De Denuncias OVNI (Cridovni) es una comisión interna dependiente de la Fuerza Aérea creada el 7 de agosto de 1979 por el Ministerio de Defensa, integrada por personal militar en actividad, personal militar retirado y civiles. Cridovni investiga aquellas denuncias que los ciudadanos hacen sobre objetos que ven en el cielo y que les llaman la atención por ser manifestaciones extrañas a las que no están acostumbrados. Tuve una entrevista personal con el coronel navegante Ariel Sánchez y él recuerda el incidente del ombú en la Aurora de la siguiente manera:

“Ese caso fue en su momento investigado por un grupo civil conocido como CIFE (Centro Investigador de Fenómenos Extraños) que era un grupo integrado por gente particular que se dedicaba al estudio de fenómenos del tema y fueron ellos los que estuvieron actuando en ese momento. Ellos nos brindaron su informe y manifiestan en su informe que no hay ninguna manifestación extraña en el caso este de La Aurora, simplemente ellos lo atribuyen a la caída de un rayo que fue el que quemó un árbol, volteó un ombú, mató un toro y un perro que estaban debajo del ombú y algunos animales de corral. Eso de la radiación nunca hubo. Tanto el CIFE -que fue el investigador- primario como nosotros que concurrimos al cabo de tres años allí nunca encontramos nada anormal. Hay integrantes del CIFE en nuestra comisión hoy por hoy. El señor Carlos Pérez Lavagnini, por ejemplo, es integrante de nuestra comisión y él era en su momento el presidente de CIFE y fue el investigador del caso, por eso te digo con certeza que no se encontró nada anormal. A lo largo del tiempo hemos ido más de diez veces motivados por las denuncias que existen todavía en torno a la Aurora. Lo que hemos estudiado no nos demuestra que haya nada anormal”, explicó.

Ese mismo año, 1976, se encontraron en la estancia tres eucaliptos caídos que marcaban como flechas un lugar especial. A Ángel Tonna esto le llamó atención, pero con el tiempo se olvidó del asunto. Unos meses más tarde se acercó al lugar un regimiento de soldados llegados de Montevideo que tras pedir autorización a Tonna acamparon al costado del Río Daymán, lugar que supuestamente marcaban los tres eucaliptos caídos. La misión: capturar un plato volador.

Lo que ocurrió la noche que acamparon no se sabe con certeza, y hoy en día integra parte de las leyendas de la estancia. Si hubo contacto extraterrestre o no, no se sabrá nunca, pero Tulio Tonna confirma que la Fuerza Aérea estuvo en su estancia.

“Sí estuvo en más de una oportunidad la Fuerza Aérea que inclusive estuvieron acampados en La Aurora. Aparentemente -yo estaba estudiando en Montevideo en ese momento- pero habían hecho un campamento militar de Fuerza Aérea para ver y desmentir el caso, en plena época militar. Y sí, parece que tuvieron una mala experiencia, un susto grande que los llevó a retirarse. Aparentemente eso es lo que comentan, yo no estaba, pero pasó algo de eso”, manifestó Tonna.

Julio Aguirrazabal trabaja como periodista en Salto y es amigo de los Tonna desde hace más de 20 años. Conoce la estancia y las historias que ella encierra demasiado bien y muy amablemente se prestó para brindar algunos relatos interesantes como los que siguen.

“Tengo vinculación amistosa y comercial en la estancia, ellos me consideran un hermano de la familia. Yo te voy a dar nombre y apellido: Daniel Bianchi tiene un programa, “Vía Aérea” en Canal 5. Él venía seguido y tenía un camarógrafo que se llama Nilser Viaso, y ellos son tipos que fueron a la estancia y no pudieron filmar porque se les agotaban las baterías. Volvían al otro día con las baterías cargadas a full y se llevaban la sorpresa de que no podían filmar. A mi la estancia me ha marcado la vida. Yo llevo más de veinte años allegado a la estancia, pero punto. Cada cual que lleve sus propias conclusiones. Los que van por primera vez dicen sentir una energía muy particular y me preguntan, ¿vos no la sentís?, y bueno, si vos la sentís todo bien, bárbaro. No empujo a nadie a la creencia de que hay energía, de que no hay. Llevé un albañil un día para que me hiciera unos galpones y me dijo, ‘déjeme que yo en pleno verano me quedo a dormir acá; yo tiro un enceradito acá arriba de este tala y duermo acá, no pasa nada’. Bárbaro, me parece bien, aprovecha más el día, no tiene que volver a la ciudad. Al otro día fui y no lo encontré. Lo fui a buscar a la casa y le dije: `pero, me falló, ¿qué pasó?’. ‘No, no’, dice, ‘yo voy a ir todos los días’. ‘¿Pero usted no se iba a quedar?’, ‘No, no’, dice, ‘yo después de lo que vi anoche no me quedo nunca más, antes que caiga la noche yo me vengo’”, expresó Aguirrazabal. 

Son muchas las denuncias y los relatos hechos sobre visiones de luces extrañas y Ovnis, es decir, objetos voladores no identificados, en las proximidades de la Estancia La Aurora.

Los automovilistas que transitan por la carretera han visto con frecuencia supuestos platillos voladores solitarios o en formaciones de hasta cinco o seis individuos. Por las mañanas, y aún cuando en toda la noche no se escuchó un solo ruido, los peones encuentran misteriosas huellas de aterrizajes en el pasto, como si un objeto muy caliente se hubiera posado de pronto y quemado todo la gramilla circundante con su fulgor. Se divisaron también luces y bolas de fuego que recorren a una velocidad muy lenta el descampado y que de pronto ascienden con una propulsión imposible hacia los cielos, donde se pierden para siempre.

Las teorías sobre lo que allí realmente pasa pululan y en muchos casos se contradicen.

Hay una muy difundida que explica que en la Estancia La Aurora hay ubicado aquello que los chamanes llamarían un “axis mundo” o “eje del mundo”, es decir, una abertura de carácter dimensional que permite comunicar las diferentes regiones del Universo. Como el suelo ahí es rico en cuarzos y cristales, se concentra una potente energía que al cabo de períodos regulares colapsa las categorías del espacio y del tiempo y abre un canal a través del cual seres de otras dimensiones pueden acceder a nuestras coordenadas. Se trata de una suerte de portal que puede conectar con otras realidades coexistentes con la de nuestro planeta, pero ubicadas en niveles diferentes de la existencia. La Aurora no es la única zona que posee esta tremenda energía; existen muchos epicentros energéticos como éste en el planeta Tierra, aunque de diferente potencia. Los más poderosos son los del nivel siete, como los de Erks y Azgar en Rusia, el del Tibet, el del Triángulo de las Bermudas y el de la Antigua Capital de los Mayas; el hoyo energético de La Estancia la Aurora, en cambio, como el de Isidris en Mendoza y como otros sitios de Brasil, Colombia, China, Estados Unidos y Europa, es apenas de segundo nivel.

Otra versión, la menos convincente, dice que en La Aurora se habría instalado un observatorio subterráneo de la NASA en el que el gobierno norteamericano lleva a cabo ciertas operaciones secretas en confabulación con las células de inteligencia de Uruguay, pero esto es difícil de creer. Para los que crean en esta versión, muchos de los avistamientos de objetos voladores registrados en la zona podrían ser atribuidos a falsas percepciones de satélites, aviones, prototipos de combates y otras maquinarias de las operaciones militares.

Que la NASA haga investigaciones en este ámbito en Uruguay puede resultar dudoso o no, según quien lo quiera creer. En la entrada de la estancia, hay un cartel que dice textualmente: “Por tema OVNI, preguntar en la NASA”. Le pregunté a Tulio Tonna si es cierto que la NASA se había interesado en los extraños acontecimientos que ocurren en la estancia, y lo mismo le pregunté al coronel navegante Ariel Sánchez de Cridovni.

 “La NASA siempre estuvo en contacto, inclusive durante un período largo cuando realmente la gente golpeaba mucho las puertas e insistía, fue puesto un cartel donde se ponía la dirección de internet para que pudieran hablar ellos directamente con la NASA por todo ese tipo de cosas”, señaló Tonna.

 “Ese cartel lo confeccionó uno de los peones o encargados de la estancia, en su momento con autorización de los dueños y fue puesto allí, pero no tiene nada que ver. La NASA en principio no tendría nada que venir a hacer ahí, y por otro lado no va a dejar un cartel pintado a mano en una chapa. Es ridículo pensar en eso”, indicó Ariel Sánchez.

Lo que sí es cierto es que Neil Armstrong, el primer hombre en pisar la luna, visitó la estancia en dos oportunidades, pero no en carácter de investigador de la NASA, como muchos pueden pensar:

 “Sí, Armstrong y Collins estuvieron en La Aurora en más de una oportunidad que fueron los astronautas del Apolo 8 y vinieron por cosas propias, no representando a la NASA, sino por cuestiones personales. Le mostraron a mi papá y a la familia, un montó de fotos que ellos personalmente habían sacado a todas las cositas raras esas que hablamos: llamálos marcianos, platos voladores, extraterrestres, hermanos mayores, seres de luz. Y ellos tuvieron muchos avistamientos por eso que personalmente era uno de los lugares con más seriedad que habían encontrado y por eso vinieron hasta Uruguay a este lugar”, sostuvo Tonna.

 “Lo de Neil Armstrong te puedo aclarar bien cómo fue el tema porque el señor Pérez Lavagnini -que es compañero mío acá en Cridovni- estuvo con él las dos veces que vino. Neil Armstrong vino como periodista de la revista Newsweek en esa época, vino a investigar el tema OVNI porque es una persona que le gusta el tema. No vino ni como astronauta de la NASA ni como miembro de la NASA, ni por pertenecer a ningún grupo de investigación oficial; vino como periodista. Pero te aclaro ese punto porque mucha gente lo pregunta y a veces se mezclan un poco los relatos y se dice que la NASA vino a investigar a La Aurora. No, la NASA no vino a investigar a La Aurora. Vino el señor Armstrong pero como particular”, aclaró Sánchez.

Platos voladores, marcianos, extraterrestres, hermanos mayores, como se quieran llamar, son lo que nos sorprenden y no logramos terminar de entender, qué son verdaderamente. Cridovni tiene sus propias teorías sobre la procedencia de las extrañas luces en la estancia La Aurora:

“Sí se han visto luces nocturnas por parte de testigos que lo aseguran con las fotografías digitales; uno puede hacer fotos nocturnas y salen aveces esferitas pequeñas luminosas que son pequeñas microgotitas de humedad que son reflejadas por el flash de la máquina. Son fenómenos lumínicos manifestados a través de la fotografía que la gente a veces no los conoce y nosotros mismos, a medida que va avanzando la tecnología nos vamos interiorizando de ese tipo de manifestaciones a través de la fotografía o la filmación. La Estancia La Aurora tiene una línea de alta tensión que pasa por su terreno, o próximo a su terreno a pocos metros. Todos sabemos que las líneas de alta tensión, cuando el aire está cargado de humedad y salinidad se produce un efecto de estática que forma unos pequeños corrimientos de luces por los cables de alta tensión y puede que la gente confunda esas manifestaciones, y es una zona también donde hay aguas termales. Puede caber la posibilidad de que haya algún escape de gas, o puede haber una falla geológica en la zona que nosotros tenemos la certeza de que es así y por eso se manifiestan algunas pequeñas luces que dice la gente ver. Lamentablemente nosotros nunca hemos comprobado el fenómeno. Nos gustaría y estaríamos muy contentos si pudiéramos comprobar in situ el fenómeno, pero no lo hemos visto. Simplemente vamos atrás de la denuncia”, dijeron desde Cridovni.

Se han registrado denuncias de Ovnis en varios puntos calientes del país, como Paysandú, Durazno, en la zona de San Ramón en Canelones, las Sierras de Minas, Piriápolis, la laguna Negra en Rocha, y La Estación Margat en Canelones, por citar algunos, pero no caben dudas que la Estancia La Aurora se convirtió, como sin querer, por suerte, o por desgracia, en uno de los puntos turísticos más místicos del Uruguay, algo que muchas veces entorpece las actividades normales del establecimiento.

“Tenemos visitas de todas parte del mundo, ni hablar de los países hermanos que nos rodean, los grandotes, y bueno, han querido venir sectas, gente que son líderes de grupos, gente buena onda, avivados, y sí, el tema sabemos que existe, que está y nosotros a veces por ignorancia, la visita no sabe que media hora que se le quite a una persona que está trabajando en el campo es de mucho valor porque a veces estás por empezar el ordeñe, o estás por empezar un trabajo con los animales y cosas que no pueden esperar, o tenés que salir a recorrer un campo, entonces por eso cerramos un poco las puertas también y porque mucha gente viene a preguntar cosas que otros las pueden contar, porque esto que yo te digo te lo puede decir mucha gente hoy por hoy; yo no estoy diciendo ninguna exclusiva, por eso cerramos las puertas. Nosotros vivimos del campo y tenemos que hacerlo producir. Nadie lucra con este tema. Hemos desestimado muchísimas opciones de ofertas muy bondadosas, te podés imaginar, para hacer turismo, para hacer conferencias, circuitos de turismo, para hacer un montón de cosas, que las desestimamos porque realmente por ahora no existe en nuestra mente. Está ahí, el que quiera ir saca sus conclusiones y bueno, ese es el tema”, explicó Tonna.

Estamos ante un tema del cual indudablemente podemos discutir y explayarnos por horas para intentar descifrar el verdadero misterio de la estancia. Si lo que ocurre ahí es cierto o no, si son aliens, o no, si son amigos, o no. Qué propósito tienen con nosotros, si es que tienen uno.

Aguirrazabal dice que cada uno debería sacar sus propias conclusiones, pero para ello hay que tener al menos algún dato más o menos relevante sobre el tema. Aguirrazabal nos brinda algunos para dejarnos pensando:

“Yo quiero que cada uno venga, mire, vea, si es que ve. Te puedo hablar de cuatro, cinco, hasta diez ómnibus doble piso argentinos, paraguayos, chilenos, colas de autos. La cantidad de gente que entra y sale de La Aurora por día no sé, no tengo idea. Pero un sábado pueden ser, yo qué sé, diez, quince ómnibus. Yo un sábado salía de un potrero y entraba en otro y me encontré con seis o siete parejas, tanto mujeres como hombres, todos vestidos de blanco caminando por el camino con los ojos vendados y la boca amordazada. Entonces el muchacho que iba conmigo me dice, ‘pero pare, vamos a preguntarle...’ ‘No’, digo, ‘dejá quieto’. Me he encontrado con gente en la puerta que me pregunta si soy de la estancia, y les digo que no soy de la estancia, pero, ‘¿y conoce acá?’, ‘Sí, sí, soy allegado a la familia’, y la primera pregunta que me hacen es: ‘¿y dónde es que aterrizan los platos voladores?’. ‘Aaah, sí, pero ya se fueron. Atrás de aquel monte’. Entonces escuchan lo que quieren oír, ven lo que quieren ver. Entonces, ¿uno que se va a meter a opinar y a decir de lo que hay, de lo que no hay?”, comentó Aguirrazabal.

El coronel navegante Sánchez dijo lo siguiente:

“La Estancia La Aurora, desde el punto de vista personal pienso que se ha transformado en un lugar místico. Tal vez sea bueno mantener el folklore de la historia pero yo tengo el deber de aclarar alguna cosas como las que tu me preguntaste, y bueno, decirte que no es así la verdadera historia de La Aurora”, finalizó Sánchez.

Sin dudas, un informe para que cada uno haga su reflexión y elabore sus propias conclusiones.

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