Aportes de Eleuterio Fernández Huidobro
al tema de Defensa Nacional y Fuerzas Armadas
"Montevideo, 1 de marzo
de 2004
CONSIDERACIONES GENERALES
El sistema
imperante en el mundo es forzosamente para una minoría
de la Humanidad y nos ha colocado en grave riesgo de colapso ecológico.
La mayoría de los seres humanos lucha por la sobrevivencia
como personas, grupos, países, naciones y regiones ante
la amenaza de ser eliminados o, en el mejor de los casos, excluídos
en la más atroz de las miserias.
Cuatro graves crisis además de la ecológica: agua
potable, energía, alimentos y población, están
presentes e irán agravando si la situación no cambia.
Podrían tener solución pacífica, cooperativa
y solidaria pero el sistema reinante las encara con la fuerza bruta
y se apresta a intensificar esa “solución”.
Nuestro país y la región no escapan de esa amenaza
que ya es cruda realidad en varios aspectos.
Ante este panorama el tema Defensa Nacional adquiere una dimensión
global pocas veces vista y algunos contenidos nunca vistos.
Su integralidad es ahora, si cabe, mas necesaria que nunca.
LAS NUEVAS DOCTRINAS
Las élites preponderantes en casi todos los países
del llamado Primer Mundo han dado origen y están imponiendo
con escasas discrepancias entre ellos en este aspecto, la Doctrina
de la Estabilidad Mundial (un eufemismo por “statu quo”)
que a su vez se apoya en la Doctrina de la Soberanía Limitada
(de los demás) y, ya en el plano militar, en la Doctrina
de la Guerra Preventiva o Anticipada con su corolario forzoso:
la Doctrina de la Proyección de Fuerza y el Despliegue Rápido
y sus consecuencias: la importancia de lo anfibio (la mayoría
de la humanidad en especial la mas pobre vive en los litorales),
lo expedicionario, lo "especial", la inteligencia, el
preposicionamiento de fuerzas, lo interoperativo y lo multinacional
o combinado.
En el nuevo concepto de su Defensa y de su Seguridad, las grandes
potencias abandonan hasta incluso en el plano meramente retòrico,
la referencia estrictamente geogràfica y de su territorio
para “globalizarse” y expandirla a todos los confines.
Se trata de un conjunto sistemático y coherente que viene
a sustituir a la “vieja” Doctrina de la Seguridad Colectiva
impuesta al terminar la II Guerra Mundial (liquidada patéticamente
en las crisis del KOSOVO y de IRAK).
En la mayoría de los países y potencias del Primer
Mundo se ha producido (o se está produciendo en los mas
rezagados al respecto), una profunda revisión de sus Doctrinas
de Defensa y en consecuencia verdaderas revoluciones (en el sentido
de que son mucho mas que simples reformas) en sus Doctrinas Militares
adaptándose por un lado a las nuevas realidades tecnológicas
(por si solas revolucionarias en la materia) y por el otro a la
Nueva Estrategia (ya reseñada).
Una de las mas grandes consecuencias emergentes de esto es la ASIMETRIA
que viene pautando los enfrentamientos militares o violentos de
los ùltimos tiempos: los atentados del 11 de setiembre han
sido la expresión mas gruesa, simbòlica y difundida
de ello.
Pero la asimetría se da en los dos sentidos y comienza desde
el lado de las mas poderosas fuerzas militares del mundo que, en
el marco de sus nuevas Doctrinas, amenazan desplegar o despliegan
imponentes ejèrcitos en intervenciones de toda laya contra
enemigos, inventados o no, militarmente muchìsimo mas dèbiles.
La enorme supremacía militar estadounidense actual determina
que por lo menos a mediano plazo la citada asimetría sea
considerada “estructural” y ambiente una sorda carrera
armamentista entre las grandes potencias que pugnan por equilibrar
fuerzas.
Los cuantiosos gastos militares son un subsidio disimulado a la
industria, la investigación y la innovación tecnológica.
La guerra es por eso y por sus obvios resultados de botín
y conquista, hasta ahora por lo menos, un gran negocio.
Pero como el “modelo” predominante es para una minoría
de los habitantes del planeta, la guerra es, también desde
ese ángulo, ineludible para ellos.
En casi todas sus Doctrinas de Defensa incluyen en la definición
básica, además de lo “clásico” (soberanía,
integridad territorial, etcétera) la “defensa del
bienestar de sus habitantes y la defensa de sus intereses nacionales
y los de sus ciudadanos (quiere decir “empresas”) en
cualquier lugar del mundo donde los consideren lesionados.” Esa
declaración básica pasa a ser por lo tanto misión,
entre otras, de sus Fuerzas Armadas.
La determinación es meridianamente clara y resulta inútil
prestar oídos sordos.
NUESTROS PROBLEMAS
A título de inventario, sin entrar en detalles y sin que
el orden implique importancia, tenemos:
Peligrosa realidad poblacional y demográfica.
Grave y creciente dependencia energética solucionable a
mediano y largo plazo sólo si desde ya se comienzan a investigar
y desarrollar fuentes alternativas y renovables.
Cuantiosas reservas de agua de excelente calidad que, por la escasez
creciente en ciertos lugares, y por radicar en vastos ámbitos
regionales compartidos, será causa de amenazas y conflictos.
Gran capacidad para la producción de alimentos (en especial
proteínas) que, paradojalmente, será causa de amenazas
y conflictos. Ya los estamos sufriendo, evidentes y graves, en
la mar, cerca y lejos de nuestras costas y también en nuestros
lagos y ríos limítrofes e interiores.
Con el increíble agregado de abrir de par en par nuestras
puertas para la extranjerización de la tierra y la liquidación
de productores y unidades de producción de alimentos básicos
que en cualquier país serio constituyen antes que nada un
problema de Seguridad Nacional que irá agravando.
Este año (2004) ganaremos soberanía en la mar ribereña
pasando de las 200 millas (370 quilómetros) a las 350 millas
(650 quilómetros) hasta alcanzar en ella un 45% mas de superficie
que en tierra.
En tan vasto espacio y a diferencia del área continental
de la República, la presencia del Estado y la representación
de nuestra soberanía solo la ejercen la Armada hoy muy menguada
en sus recursos y la Marina Mercante Nacional que casi en su totalidad
es pesquera (también en crisis). Estamos ante un monumental
despropósito cuyo símbolo tal vez mas triste y gráfico
sea el buque de investigación oceánica Aldebarán
amurado hace tiempo en un muelle de la Ciudad Vieja por falta de
recursos (que son irrisorios) para su operatividad.
A eso debemos agregar nuestros intereses y derechos en la Antártida
y en las riquezas del Atlántico Sur y nuestros compromisos
internacionales (muy vinculados a nuestros derechos e intereses)
en el Océano, sin olvidar (como es de estilo) nuestros intereses
y derechos en la Hidrovía. En paralelo tenemos un Gobierno
de espaldas a la mar y una Armada postrada. Carecemos de Marina
Mercante fluvial, de cabotaje, y de ultramar, incluso para el caso
tan obvio de nuestras importaciones y transporte de hidrocarburos
y refinados. Nuestros canales, esas yugulares estratégicas,
presentan estado calamitoso sin olvidarnos de lo que está pasando
con el manido Puerto de Aguas Profundas.
Raya en el escándalo esta omisión expresamente intencionada.
Se ha desmantelado la actividad de los diques públicos y
privados, la de los astilleros, la de los puertos públicos,
nuestros canales, la industria pesquera, la enseñanza primaria,
secundaria y terciaria vinculadas, la investigación científica...
Carecemos de una verdadera y pujante aviación civil y lo
poco que tenemos sufre una situación lamentable. A la vez
sobrecargamos a la Fuerza Aérea de funciones civiles, la
inutilizamos de hecho en sus urgentes y vitales funciones específicas,
y entregamos nuestro patrimonio aeroportuario y espacial (Aeropuerto
Internacional de Carrasco, Sauce y concesión de nuestras
posiciones satelitales a ignotas sociedades anónimas de
Zona Franca de carácter harto dudoso con graves riesgos,
además, para nuestra seguridad nacional).
Al mismo tiempo deberíamos ejercer nuestros derechos soberanos y de
control en un cada vez mas grande y mas alto espacio aéreo.
En materia de comunicaciones tanto del punto de vista cultural, como económico
y técnico, la omisión, la entrega y la desidia, a la luz de los
evidentes avances tecnológicos han generado una situación inadmisible
desde el punto de vista de nuestra Seguridad Nacional y ridícula si
miramos ese Monumento a la Estupidez que es la Torre de Antel. Y ello no ha
sido mas grave gracias a la movilización popular, como viene sucediendo
hoy con otros capítulos de lo aquí tratado.
Problemas sanitarios y ecológicos (valga la redundancia) de carácter
humano, vegetal y animal con gravísimas consecuencias posibles.
La llamada “globalización”, como así también
los niveles de miseria planetarios, y ciertas irresponsabilidades colosales
en la manipulación biológica, física y química,
en el marco de Gobiernos cómplices, generan amenazas de gran envergadura
para nuestro país y sus habitantes.
La aftosa, el dengue, el cólera, el SIDA, la Vaca Loca, los transgénicos,
el tráfico de armas, drogas, órganos, niños, mujeres,
residuos tóxicos en especial radioactivos, los derrames petroleros (por
ejemplo el del San Jorge), etcétera, abren en materia de Defensa Nacional
un vasto espacio “nuevo” que debe ser encarado integralmente.
No olvidemos, además, la llamada banca off shore, el secretísimo
bancario, las Sociedades Anónimas Financieras de Inversión, la
legalización de la actividad comercial off shore, y otros instrumentos
de “Paraíso Fiscal” coadyuvantes que habiendo dado ya lugar
a protestas internacionales y a participación en asuntos muy pesados
(armas para Ecuador y Croacia, lavados y blanqueados varios) son un riesgo
y una amenaza permanente de peligrosos conflictos internacionales para Uruguay.
Si a esto agregamos que además tenemos una Dirección Nacional
de Aduanas en crisis terminal, el panorama de seguridad pasa de castaño
oscuro.
La política internacional de nuestro país respecto a las Misiones
de Paz, y con ella la política internacional a secas, ha sufrido un
fuerte cambio durante este Gobierno al aceptar permanecer en el Congo luego
de que el Consejo de Seguridad de la ONU decidiera cambiar el mandato de dicha
Misión desde el Capítulo VI de la Carta al VII. Resulta también
obvia por lo tanto la consecuencia específicamente militar de esa medida
y los riesgos que representa. Independientemente del debate necesario en punto
tan delicado, seguimos pensando que nuestros efectivos allí desplegados
no cuentan con el debido adiestramiento, equipamiento y amunicionamiento. Y
de todo ello la responsabilidad ha sido enteramente CIVIL.
Vamos a dejar por acá la reseña que podría extendersee
por otros problemas. Entendemos que estos ejemplos sirven para comprender que
el Frente Amplio debe convocar un Gran Debate Nacional acerca de la Defensa
con la máxima participación y la meta de lograr el mayor consenso
al respecto.
Es en ese marco que debe también discutirse y aprobarse lo referido
al aspecto militar de esa Defensa Nacional y por lo tanto qué Fuerzas
Armadas necesita el país. Sin desmedro de ello adelantamos algunos aportes.
LAS FUERZAS ARMADAS
El Ministerio de Defensa Nacional, que no es lo mismo en nuestro país
que la Defensa Nacional como veremos, muestra un estado caótico, ineficaz,
ineficiente y abigarrado.
Desarrolla actividades que nada tienen que ver en absoluto con los aspectos
militares de la Defensa y, a veces, ni siquiera con la Defensa: en primer lugar
una “oficina central” colosal que consume un presupuesto mayor,
por sí sola, que toda la Fuerza Aérea y “gasta” en “actividades” de
dificilísima explicación la friolera de mil novecientos funcionarios
civiles y militares (la Fuerza Aérea dispone de tres mil cien). Es muy
complicado concebir una guerra en la que sean necesarios tantos amanuenses.
Sus Direcciones de Personal Militar y Civil, Logística, Planeamiento
y Presupuesto, y Financiero Contable, duplican lo que de por sí ya hace
cada Fuerza y contribuyen a la sobredimensión de tamaña entelequia
administrativa.
La Dirección de los Servicios del Ministerio de Defensa puede eliminarse
sin que nadie ni nada lo note. No se sabe qué hace.
Sanidad Militar (tres mil trescientos cincuenta efectivos) supera en materia
de personal a la Fuerza Aérea y es a esta altura una mentira piadosa
seguir sosteniendo que ello tiene algo que ver con una Sanidad Militar. Se
trata de una parte del Ministerio de Salud Pública o del Sistema Mutual
de Salud (con mas de 190.000 usuarios de los que sólo 33.000 revistan
en actividad gasta 17 millones de dólares por año a cuenta de
los “gastos militares) que no debe desmantelarse pero que tampoco debe
engrosar ese Presupuesto disminuyendo en la misma medida los medios humanos
y materiales de los asuntos militares de la Defensa y, mucho menos, necesitar
un General a su frente.
La Dirección Nacional de Infraestructura Aeronáutica, incluyendo
allí todo lo referido a la aviación civil (¡Vaya contrasentido!)
forma parte de las responsabilidades de la Fuerza Aérea, engrosa su
Presupuesto y sus Proventos y consume importantes energías humanas de
todos los calibres.
Meteorología es lo mismo.
Ultimamente se agregó a esta macrocefalia la URSEC con un presupuesto
de 19 millones quinientos mil dólares.
Sumando todos estos gastos llegamos a los 42 millones de dólares o sea,
a un 22% de lo efectivamente gastado en el año 2003 por el Ministerio
de Defensa Nacional (197 millones de dólares) en actividades que poco
o nada tienen que ver con la Defensa y menos con la cuestión militar
propiamente dicha.
Luego veremos que ahí no para el despilfarro mas bien civil que militar
y que esta dependencia pública no escapa de la mala suerte que han corrido
las demás. El clientelismo político y la partidización
han hecho estragos.
Lo ya dicho acerca de la Armada y la Fuerza Aérea indica una necesaria
revalorización y fortalecimiento de ambas en especial de la Armada.
Uruguay tuvo, debe volver a tener y tiene, un ineludible destino marítimo
y fluvial y en esa empresa tal vez como en ninguna otra, hubo una enorme irresponsabilidad
histórica y abandono.
Tampoco en ninguna se unen indisolublemente en el presente y rumbo al futuro,
los aspectos civiles y militares y las necesidades perentorias de un Uruguay
Productivo.
El Ejército tomó sobre sí, a costa de ingentes pérdidas
de material que no ha sido repuesto, gran parte de la lucha contra la aftosa
(por deserción creada de quienes debieron hacerlo) y ahora contra el
Dengue.
Sin dejar de señalar que eso es índice del fracaso de varios
Gobiernos que desmantelaron meticulosamente las dependencias civiles encargadas,
no cabe duda que la emergencia de nuevos problemas en la materia (que ya señalamos)
obliga a repensar, con esa luz, sus misiones, no tanto para eliminar las tradicionales
sino para agregar otras.
El despliegue actual en el Congo, tanto por su tamaño como por la peculiar
y delicada situación del lugar, obliga al Ejército (bajo cuya
responsabilidad cae el peso principal de la Misión) a ingentes esfuerzos
y coloca el tema de nuestra política exterior sobre la mesa de un necesario
debate reconociendo que allí donde el poder civil encomendó tareas
militares, nuestras Fuerzas Armadas (en especial el Ejército), han desempeñado
el compromiso de modo encomiable a costa, incluso, de bajas irreparables.
A esta altura es ineludible revisar el Despliegue territorial del Ejército
en Uruguay redimensionando la Fuerza sin generar mas desocupación ni
crisis sociales, y aumentando las remuneraciones en busca de la profesionalización
máxima de sus cuadros (lo mismo en las otras Fuerzas).
El Despliegue actual del Ejército es un producto colorado de las guerras
civiles de principios del siglo pasado y estuvo destinado a reprimir prontamente
las revoluciones blancas.
Luego de mas de un siglo se muestra obsoleto ante cualquier hipótesis
de conflicto imaginable y el avance de los medios técnicos, los sistemas
bélicos y el armamento contemporáneo.
El desparramo de unidades pequeñas por todo el territorio exige, además,
un enorme empeño de personal en tareas de servicio (entre un tercio
y la mitad de los efectivos) que nada tiene que ver con la operatividad militar.
Engrosa gastos en el mantenimiento de cuarteles y otros servicios anexos.
Si ya no se concibe hoy en el mundo, ni aún en los mas grandes y “mejores” ejércitos,
la operación independiente de las tres Fuerzas, es imposible concebir
la operatividad militar (venimos hablando de eso) solitaria de una Unidad de
Caballería o de Ingenieros.
Estamos aquí ante otra fuente de ineficiencia, ineficacia y despilfarro.
Se debe ir sin vacilaciones hacia lo Conjunto para adecuarse a los sistemas
de armas contemporáneos y para ahorrar gastos inútiles de todo
tipo.
Ello implica sustituir el concepto y la Institución del Comandante en
Jefe de cada Fuerza por la del Jefe de Estado Mayor de cada Fuerza y la del
Jefe de Estado Mayor de la Defensa, reservando la de Comandante en Jefe de
las FFAA al Presidente de la República actuando con el Ministro de Defensa
o con el Consejo de Ministros y creando la figura y el concepto de Comandante
en Jefe de cada Fuerza en Operación designado por y dependiente, del
Jefe del Estado Mayor de la Defensa.
Centralizar
las compras privilegiando a los proveedores nacionales e incorporar
tecnología nacional en las actividades militares en estrecho contacto
con la Universidad y demás centros científicos y de investigación
como se ha hecho ya con éxito y grandes ahorros en algunas escasas
experiencias
La actual organización de las FFAA no permite enfrentar las hipótesis
de conflicto de manejo mas común y obvio, debido a falta de unidad de
comando y planes para la operación conjunta de las Fuerzas y a la incompatibilidad
de sus recursos y adiestramiento. Esto genera además una sobredimensión
de los centros de Mando y Control necesarios, del personal para ello, y un
gran despilfarro a la hora de adquirir suministros. El sobregasto se produce
no sólo por la separación sino por el caos que ella produce.
Con el agregado militar específico (grave) de impedir la interoperatividad
y complicar inútilmente la logística.
También se produce una redundancia de tareas (por ejemplo de Formación
o de Mantenimiento) engrosando gastos evitables de material, personal e infraestructura.
En suma: se gasta mucho y mal.
Hay exceso de personal y, encima, además de pésimamente remunerado
hay mucho dedicado a tareas inconducentes o inapropiadas.
Para terminar debo decir que, como se ve, la nación debe, debemos,
encarar, como en tantos otros temas, un debate ineludible, franco por participativo,
sincero por no esconder debilidades, serio por estudioso y profundo por sus
consecuencias.
Los militares son quienes hoy están en mejores condiciones para comprender
que esto es así y reconocer que en estos aportes habrá asertos
y propuestas muy discutibles (para eso están) pero que fincan sus
pies en la pura realidad.
Los civiles en condiciones de entender que la Defensa Nacional es asunto
integral, preponderantemente civil y que hasta en la parte específicamente militar,
el aporte es y será de grave responsabilidad civil.
Por eso el Frente Amplio debe contribuir con todas sus fuerzas a que el pueblo
uruguayo todo, sin exclusiones, asuma y tome decisiones a conciencia también
en este severo “capítulo” de su vida. P
ara ello es imprescindible ayudar a crear el Debate Nacional que este
tema requiere.
Eleuterio Fernández
Huidobro |