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30.03.2004






Aportes de Eleuterio Fernández Huidobro al tema de Defensa Nacional y Fuerzas Armadas

"Montevideo, 1 de marzo de 2004

CONSIDERACIONES GENERALES

El sistema imperante en el mundo es forzosamente para una minoría de la Humanidad y nos ha colocado en grave riesgo de colapso ecológico.

La mayoría de los seres humanos lucha por la sobrevivencia como personas, grupos, países, naciones y regiones ante la amenaza de ser eliminados o, en el mejor de los casos, excluídos en la más atroz de las miserias.

Cuatro graves crisis además de la ecológica: agua potable, energía, alimentos y población, están presentes e irán agravando si la situación no cambia.
Podrían tener solución pacífica, cooperativa y solidaria pero el sistema reinante las encara con la fuerza bruta y se apresta a intensificar esa “solución”.
Nuestro país y la región no escapan de esa amenaza que ya es cruda realidad en varios aspectos.

Ante este panorama el tema Defensa Nacional adquiere una dimensión global pocas veces vista y algunos contenidos nunca vistos.

Su integralidad es ahora, si cabe, mas necesaria que nunca.

LAS NUEVAS DOCTRINAS

Las élites preponderantes en casi todos los países del llamado Primer Mundo han dado origen y están imponiendo con escasas discrepancias entre ellos en este aspecto, la Doctrina de la Estabilidad Mundial (un eufemismo por “statu quo”) que a su vez se apoya en la Doctrina de la Soberanía Limitada (de los demás) y, ya en el plano militar, en la Doctrina de la Guerra Preventiva o Anticipada con su corolario forzoso: la Doctrina de la Proyección de Fuerza y el Despliegue Rápido y sus consecuencias: la importancia de lo anfibio (la mayoría de la humanidad en especial la mas pobre vive en los litorales), lo expedicionario, lo "especial", la inteligencia, el preposicionamiento de fuerzas, lo interoperativo y lo multinacional o combinado.

En el nuevo concepto de su Defensa y de su Seguridad, las grandes potencias abandonan hasta incluso en el plano meramente retòrico, la referencia estrictamente geogràfica y de su territorio para “globalizarse” y expandirla a todos los confines.

Se trata de un conjunto sistemático y coherente que viene a sustituir a la “vieja” Doctrina de la Seguridad Colectiva impuesta al terminar la II Guerra Mundial (liquidada patéticamente en las crisis del KOSOVO y de IRAK).

En la mayoría de los países y potencias del Primer Mundo se ha producido (o se está produciendo en los mas rezagados al respecto), una profunda revisión de sus Doctrinas de Defensa y en consecuencia verdaderas revoluciones (en el sentido de que son mucho mas que simples reformas) en sus Doctrinas Militares adaptándose por un lado a las nuevas realidades tecnológicas (por si solas revolucionarias en la materia) y por el otro a la Nueva Estrategia (ya reseñada).

Una de las mas grandes consecuencias emergentes de esto es la ASIMETRIA que viene pautando los enfrentamientos militares o violentos de los ùltimos tiempos: los atentados del 11 de setiembre han sido la expresión mas gruesa, simbòlica y difundida de ello.

Pero la asimetría se da en los dos sentidos y comienza desde el lado de las mas poderosas fuerzas militares del mundo que, en el marco de sus nuevas Doctrinas, amenazan desplegar o despliegan imponentes ejèrcitos en intervenciones de toda laya contra enemigos, inventados o no, militarmente muchìsimo mas dèbiles.

La enorme supremacía militar estadounidense actual determina que por lo menos a mediano plazo la citada asimetría sea considerada “estructural” y ambiente una sorda carrera armamentista entre las grandes potencias que pugnan por equilibrar fuerzas.

Los cuantiosos gastos militares son un subsidio disimulado a la industria, la investigación y la innovación tecnológica.

La guerra es por eso y por sus obvios resultados de botín y conquista, hasta ahora por lo menos, un gran negocio.

Pero como el “modelo” predominante es para una minoría de los habitantes del planeta, la guerra es, también desde ese ángulo, ineludible para ellos.

En casi todas sus Doctrinas de Defensa incluyen en la definición básica, además de lo “clásico” (soberanía, integridad territorial, etcétera) la “defensa del bienestar de sus habitantes y la defensa de sus intereses nacionales y los de sus ciudadanos (quiere decir “empresas”) en cualquier lugar del mundo donde los consideren lesionados.” Esa declaración básica pasa a ser por lo tanto misión, entre otras, de sus Fuerzas Armadas.

La determinación es meridianamente clara y resulta inútil prestar oídos sordos.

NUESTROS PROBLEMAS

A título de inventario, sin entrar en detalles y sin que el orden implique importancia, tenemos:

Peligrosa realidad poblacional y demográfica.

Grave y creciente dependencia energética solucionable a mediano y largo plazo sólo si desde ya se comienzan a investigar y desarrollar fuentes alternativas y renovables.

Cuantiosas reservas de agua de excelente calidad que, por la escasez creciente en ciertos lugares, y por radicar en vastos ámbitos regionales compartidos, será causa de amenazas y conflictos.

Gran capacidad para la producción de alimentos (en especial proteínas) que, paradojalmente, será causa de amenazas y conflictos. Ya los estamos sufriendo, evidentes y graves, en la mar, cerca y lejos de nuestras costas y también en nuestros lagos y ríos limítrofes e interiores.

Con el increíble agregado de abrir de par en par nuestras puertas para la extranjerización de la tierra y la liquidación de productores y unidades de producción de alimentos básicos que en cualquier país serio constituyen antes que nada un problema de Seguridad Nacional que irá agravando.

Este año (2004) ganaremos soberanía en la mar ribereña pasando de las 200 millas (370 quilómetros) a las 350 millas (650 quilómetros) hasta alcanzar en ella un 45% mas de superficie que en tierra.

En tan vasto espacio y a diferencia del área continental de la República, la presencia del Estado y la representación de nuestra soberanía solo la ejercen la Armada hoy muy menguada en sus recursos y la Marina Mercante Nacional que casi en su totalidad es pesquera (también en crisis). Estamos ante un monumental despropósito cuyo símbolo tal vez mas triste y gráfico sea el buque de investigación oceánica Aldebarán amurado hace tiempo en un muelle de la Ciudad Vieja por falta de recursos (que son irrisorios) para su operatividad.
A eso debemos agregar nuestros intereses y derechos en la Antártida y en las riquezas del Atlántico Sur y nuestros compromisos internacionales (muy vinculados a nuestros derechos e intereses) en el Océano, sin olvidar (como es de estilo) nuestros intereses y derechos en la Hidrovía. En paralelo tenemos un Gobierno de espaldas a la mar y una Armada postrada. Carecemos de Marina Mercante fluvial, de cabotaje, y de ultramar, incluso para el caso tan obvio de nuestras importaciones y transporte de hidrocarburos y refinados. Nuestros canales, esas yugulares estratégicas, presentan estado calamitoso sin olvidarnos de lo que está pasando con el manido Puerto de Aguas Profundas.
Raya en el escándalo esta omisión expresamente intencionada.

Se ha desmantelado la actividad de los diques públicos y privados, la de los astilleros, la de los puertos públicos, nuestros canales, la industria pesquera, la enseñanza primaria, secundaria y terciaria vinculadas, la investigación científica...

Carecemos de una verdadera y pujante aviación civil y lo poco que tenemos sufre una situación lamentable. A la vez sobrecargamos a la Fuerza Aérea de funciones civiles, la inutilizamos de hecho en sus urgentes y vitales funciones específicas, y entregamos nuestro patrimonio aeroportuario y espacial (Aeropuerto Internacional de Carrasco, Sauce y concesión de nuestras posiciones satelitales a ignotas sociedades anónimas de Zona Franca de carácter harto dudoso con graves riesgos, además, para nuestra seguridad nacional).

Al mismo tiempo deberíamos ejercer nuestros derechos soberanos y de control en un cada vez mas grande y mas alto espacio aéreo.

En materia de comunicaciones tanto del punto de vista cultural, como económico y técnico, la omisión, la entrega y la desidia, a la luz de los evidentes avances tecnológicos han generado una situación inadmisible desde el punto de vista de nuestra Seguridad Nacional y ridícula si miramos ese Monumento a la Estupidez que es la Torre de Antel. Y ello no ha sido mas grave gracias a la movilización popular, como viene sucediendo hoy con otros capítulos de lo aquí tratado.

Problemas sanitarios y ecológicos (valga la redundancia) de carácter humano, vegetal y animal con gravísimas consecuencias posibles.

La llamada “globalización”, como así también los niveles de miseria planetarios, y ciertas irresponsabilidades colosales en la manipulación biológica, física y química, en el marco de Gobiernos cómplices, generan amenazas de gran envergadura para nuestro país y sus habitantes.

La aftosa, el dengue, el cólera, el SIDA, la Vaca Loca, los transgénicos, el tráfico de armas, drogas, órganos, niños, mujeres, residuos tóxicos en especial radioactivos, los derrames petroleros (por ejemplo el del San Jorge), etcétera, abren en materia de Defensa Nacional un vasto espacio “nuevo” que debe ser encarado integralmente.

No olvidemos, además, la llamada banca off shore, el secretísimo bancario, las Sociedades Anónimas Financieras de Inversión, la legalización de la actividad comercial off shore, y otros instrumentos de “Paraíso Fiscal” coadyuvantes que habiendo dado ya lugar a protestas internacionales y a participación en asuntos muy pesados (armas para Ecuador y Croacia, lavados y blanqueados varios) son un riesgo y una amenaza permanente de peligrosos conflictos internacionales para Uruguay.

Si a esto agregamos que además tenemos una Dirección Nacional de Aduanas en crisis terminal, el panorama de seguridad pasa de castaño oscuro.
La política internacional de nuestro país respecto a las Misiones de Paz, y con ella la política internacional a secas, ha sufrido un fuerte cambio durante este Gobierno al aceptar permanecer en el Congo luego de que el Consejo de Seguridad de la ONU decidiera cambiar el mandato de dicha Misión desde el Capítulo VI de la Carta al VII. Resulta también obvia por lo tanto la consecuencia específicamente militar de esa medida y los riesgos que representa. Independientemente del debate necesario en punto tan delicado, seguimos pensando que nuestros efectivos allí desplegados no cuentan con el debido adiestramiento, equipamiento y amunicionamiento. Y de todo ello la responsabilidad ha sido enteramente CIVIL.

Vamos a dejar por acá la reseña que podría extendersee por otros problemas. Entendemos que estos ejemplos sirven para comprender que el Frente Amplio debe convocar un Gran Debate Nacional acerca de la Defensa con la máxima participación y la meta de lograr el mayor consenso al respecto.
Es en ese marco que debe también discutirse y aprobarse lo referido al aspecto militar de esa Defensa Nacional y por lo tanto qué Fuerzas Armadas necesita el país. Sin desmedro de ello adelantamos algunos aportes.

LAS FUERZAS ARMADAS

El Ministerio de Defensa Nacional, que no es lo mismo en nuestro país que la Defensa Nacional como veremos, muestra un estado caótico, ineficaz, ineficiente y abigarrado.

Desarrolla actividades que nada tienen que ver en absoluto con los aspectos militares de la Defensa y, a veces, ni siquiera con la Defensa: en primer lugar una “oficina central” colosal que consume un presupuesto mayor, por sí sola, que toda la Fuerza Aérea y “gasta” en “actividades” de dificilísima explicación la friolera de mil novecientos funcionarios civiles y militares (la Fuerza Aérea dispone de tres mil cien). Es muy complicado concebir una guerra en la que sean necesarios tantos amanuenses.

Sus Direcciones de Personal Militar y Civil, Logística, Planeamiento y Presupuesto, y Financiero Contable, duplican lo que de por sí ya hace cada Fuerza y contribuyen a la sobredimensión de tamaña entelequia administrativa.
La Dirección de los Servicios del Ministerio de Defensa puede eliminarse sin que nadie ni nada lo note. No se sabe qué hace.

Sanidad Militar (tres mil trescientos cincuenta efectivos) supera en materia de personal a la Fuerza Aérea y es a esta altura una mentira piadosa seguir sosteniendo que ello tiene algo que ver con una Sanidad Militar. Se trata de una parte del Ministerio de Salud Pública o del Sistema Mutual de Salud (con mas de 190.000 usuarios de los que sólo 33.000 revistan en actividad gasta 17 millones de dólares por año a cuenta de los “gastos militares) que no debe desmantelarse pero que tampoco debe engrosar ese Presupuesto disminuyendo en la misma medida los medios humanos y materiales de los asuntos militares de la Defensa y, mucho menos, necesitar un General a su frente.

La Dirección Nacional de Infraestructura Aeronáutica, incluyendo allí todo lo referido a la aviación civil (¡Vaya contrasentido!) forma parte de las responsabilidades de la Fuerza Aérea, engrosa su Presupuesto y sus Proventos y consume importantes energías humanas de todos los calibres.
Meteorología es lo mismo.

Ultimamente se agregó a esta macrocefalia la URSEC con un presupuesto de 19 millones quinientos mil dólares.

Sumando todos estos gastos llegamos a los 42 millones de dólares o sea, a un 22% de lo efectivamente gastado en el año 2003 por el Ministerio de Defensa Nacional (197 millones de dólares) en actividades que poco o nada tienen que ver con la Defensa y menos con la cuestión militar propiamente dicha.
Luego veremos que ahí no para el despilfarro mas bien civil que militar y que esta dependencia pública no escapa de la mala suerte que han corrido las demás. El clientelismo político y la partidización han hecho estragos.

Lo ya dicho acerca de la Armada y la Fuerza Aérea indica una necesaria revalorización y fortalecimiento de ambas en especial de la Armada. Uruguay tuvo, debe volver a tener y tiene, un ineludible destino marítimo y fluvial y en esa empresa tal vez como en ninguna otra, hubo una enorme irresponsabilidad histórica y abandono.

Tampoco en ninguna se unen indisolublemente en el presente y rumbo al futuro, los aspectos civiles y militares y las necesidades perentorias de un Uruguay Productivo.

El Ejército tomó sobre sí, a costa de ingentes pérdidas de material que no ha sido repuesto, gran parte de la lucha contra la aftosa (por deserción creada de quienes debieron hacerlo) y ahora contra el Dengue.

Sin dejar de señalar que eso es índice del fracaso de varios Gobiernos que desmantelaron meticulosamente las dependencias civiles encargadas, no cabe duda que la emergencia de nuevos problemas en la materia (que ya señalamos) obliga a repensar, con esa luz, sus misiones, no tanto para eliminar las tradicionales sino para agregar otras.

El despliegue actual en el Congo, tanto por su tamaño como por la peculiar y delicada situación del lugar, obliga al Ejército (bajo cuya responsabilidad cae el peso principal de la Misión) a ingentes esfuerzos y coloca el tema de nuestra política exterior sobre la mesa de un necesario debate reconociendo que allí donde el poder civil encomendó tareas militares, nuestras Fuerzas Armadas (en especial el Ejército), han desempeñado el compromiso de modo encomiable a costa, incluso, de bajas irreparables.

A esta altura es ineludible revisar el Despliegue territorial del Ejército en Uruguay redimensionando la Fuerza sin generar mas desocupación ni crisis sociales, y aumentando las remuneraciones en busca de la profesionalización máxima de sus cuadros (lo mismo en las otras Fuerzas).

El Despliegue actual del Ejército es un producto colorado de las guerras civiles de principios del siglo pasado y estuvo destinado a reprimir prontamente las revoluciones blancas.

Luego de mas de un siglo se muestra obsoleto ante cualquier hipótesis de conflicto imaginable y el avance de los medios técnicos, los sistemas bélicos y el armamento contemporáneo.

El desparramo de unidades pequeñas por todo el territorio exige, además, un enorme empeño de personal en tareas de servicio (entre un tercio y la mitad de los efectivos) que nada tiene que ver con la operatividad militar. Engrosa gastos en el mantenimiento de cuarteles y otros servicios anexos.

Si ya no se concibe hoy en el mundo, ni aún en los mas grandes y “mejores” ejércitos, la operación independiente de las tres Fuerzas, es imposible concebir la operatividad militar (venimos hablando de eso) solitaria de una Unidad de Caballería o de Ingenieros.

Estamos aquí ante otra fuente de ineficiencia, ineficacia y despilfarro.

Se debe ir sin vacilaciones hacia lo Conjunto para adecuarse a los sistemas de armas contemporáneos y para ahorrar gastos inútiles de todo tipo.
Ello implica sustituir el concepto y la Institución del Comandante en Jefe de cada Fuerza por la del Jefe de Estado Mayor de cada Fuerza y la del Jefe de Estado Mayor de la Defensa, reservando la de Comandante en Jefe de las FFAA al Presidente de la República actuando con el Ministro de Defensa o con el Consejo de Ministros y creando la figura y el concepto de Comandante en Jefe de cada Fuerza en Operación designado por y dependiente, del Jefe del Estado Mayor de la Defensa.

Centralizar las compras privilegiando a los proveedores nacionales e incorporar tecnología nacional en las actividades militares en estrecho contacto con la Universidad y demás centros científicos y de investigación como se ha hecho ya con éxito y grandes ahorros en algunas escasas experiencias
La actual organización de las FFAA no permite enfrentar las hipótesis de conflicto de manejo mas común y obvio, debido a falta de unidad de comando y planes para la operación conjunta de las Fuerzas y a la incompatibilidad de sus recursos y adiestramiento. Esto genera además una sobredimensión de los centros de Mando y Control necesarios, del personal para ello, y un gran despilfarro a la hora de adquirir suministros. El sobregasto se produce no sólo por la separación sino por el caos que ella produce. Con el agregado militar específico (grave) de impedir la interoperatividad y complicar inútilmente la logística.

También se produce una redundancia de tareas (por ejemplo de Formación o de Mantenimiento) engrosando gastos evitables de material, personal e infraestructura.

En suma: se gasta mucho y mal.

Hay exceso de personal y, encima, además de pésimamente remunerado hay mucho dedicado a tareas inconducentes o inapropiadas.

Para terminar debo decir que, como se ve, la nación debe, debemos, encarar, como en tantos otros temas, un debate ineludible, franco por participativo, sincero por no esconder debilidades, serio por estudioso y profundo por sus consecuencias.

Los militares son quienes hoy están en mejores condiciones para comprender que esto es así y reconocer que en estos aportes habrá asertos y propuestas muy discutibles (para eso están) pero que fincan sus pies en la pura realidad.
Los civiles en condiciones de entender que la Defensa Nacional es asunto integral, preponderantemente civil y que hasta en la parte específicamente militar, el aporte es y será de grave responsabilidad civil.

Por eso el Frente Amplio debe contribuir con todas sus fuerzas a que el pueblo uruguayo todo, sin exclusiones, asuma y tome decisiones a conciencia también en este severo “capítulo” de su vida.

P ara ello es imprescindible ayudar a crear el Debate Nacional que este tema requiere.

Eleuterio Fernández Huidobro



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