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Montevideo,
10 de septiembre de 2003
Prof. Carmen Tornaría
Consejo Directivo Central
Administración Nacional de la Educación Pública
Presente
De mi mayor consideración:
Por la presente vengo a poner en su conocimiento algunos hechos,
a mi entender preocupantes, de los que he tenido conocimiento por
mi labor profesional.
En el mes de agosto concurrió a consulta en el Servicio
de Adolescentes de la Asociación Española, donde trabajo
como médico general y médico jefe, una joven de 14
años, a quien llamaremos C. para preservar su privacidad.
Estaba embarazada de 12 semanas, y concurría para comenzar
sus controles con la ginecóloga de¡ servicio. No presentaba
patología obstétrica, ni riesgos agregados desde el
punto de vista orgánico, social ni cultural.
Esta joven cursaba el 3er. año de Ciclo Básico en
el colegio religioso Divina Pastora. Cuando en dicha institución
se tuvo conocimiento de su embarazo, se le comunicó que le
iban a dar el pase a otro Colegio, cosa que la joven no deseaba.
Es una buena alumna, que desea continuar sus estudios, y concluir
el año lectivo.
Enterados en este Servicio de ese hecho, nos comunicamos con la
Directora del Colegio, quien manifestó que efectivamente
había sucedido lo que la joven relataba, que no podía
volver al Colegio, y que esa era su opinión, y que no tratáramos
de hacerla cambiar. También dijo que Ia niña debe
ahora ocuparse de su crío, no puede madrugar' y "debería
haberlo pensado mejor antes de hacer eso" (sic). A la pregunta
de dónde piensa que C. debe concurrir de ahora en más,
dijo que debía concurrir a un liceo público.
Habiendo tomado yo conocimiento de esto, he decidido comunicarlo
a ustedes, en el entendido de que si bien los colegios religiosos
pueden darse la normativa que consideren conveniente, ésta
no puede contradecir ni violar normas más elevadas que rigen
en nuestro país, y que hacen a la esencia misma de nuestro
ser nacional, como la obligatoriedad de la enseñanza, la
igualdad ante la ley, la no discriminación, y la protección
a la familia, como base de la sociedad organizada democráticamente.
Conocemos, porque tratamos con ello todos los días, la problemática
del embarazo adolescente, y el hecho de que constituye un factor
importantísimo de riesgo para el abandono de los estudios.
Sabemos que si no reforzamos a nuestras adolescentes para que continúen
dentro del sistema educativo, las posibilidades de que abandonen
el mismo y pasen a engrosar las filas de la ignorancia y la pobreza,
aumentan vertiginosamente.
Sabemos también que se deben emprender acciones que lo prevengan,
pero una vez consumado el hecho, nuestra obligación como
adultos, seamos médicos, educadores, o responsables de las
políticas públicas, es minimizar los riesgos para
estas jóvenes, para que puedan continuar evolucionando, sin
que el hecho de tener un hijo constituya un handicap, y mucho menos
un estigma. Debemos además tener en cuenta que ese daño
se duplica, puesto que el riesgo se traslada también al hijo
que nacerá.
Es por eso que le dirijo estas líneas, de las que enviaré
copia a la Junta Arquidiocesana de Colegios Católicos, para
que juntos podamos encontrar una solución a estos lamentables
episodios, y así evitar que se repitan en el futuro.
Quedo a su disposición para las aclaraciones y comentarios
que estime necesarios y le saludo con mi mayor estima,
Laura Batalla
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