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DERECHOS HUMANOS: SECUESTRO Y ASESINATO DE UN SENADOR URUGUAYO
EN BUENOS AIRES EN 1976
Documentos secretos revelan
cómo la dictadura facilitó el crimen de Michelini
La Federal venía siguiendo sus pasos cuando Migraciones
ordenó su expulsión. Pero no se concretó la
orden y luego lo secuestraron policías vestidos de civil.
Clarín, 23.03.04
Daniel Santoro.
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Expedientes secretos de la SIDE y Migraciones revelan que la dictadura
decidió la expulsión del uruguayo Zelmar Michelini
el 26 de abril del 76, pero misteriosamente la orden no se cumplió
y 26 días después el ex senador, junto a tres de sus
connacionales, apareció asesinado a balazos.
El crimen de Michelini que nunca fue esclarecido es
uno de los ejemplos emblemáticos de la coordinación
represiva de las dictaduras del Cono Sur conocida como Plan Cóndor.
La pregunta que surge de la lectura de las más de cien páginas
de los expedientes, a los que tuvo acceso Clarín en exclusiva,
es: ¿por qué la dictadura no concretó la expulsión
de un extranjero a quien la Policía Federal le venía
siguiendo los pasos? Fuentes vinculadas a la familia de Michelini
están convencidas de que no se lo expulsó para facilitar
su secuestro.
La tragedia de Michelini comenzó el 27 de junio de 1973,
con el golpe cívico-militar uruguayo que llevó al
poder a Juan María Bordaberry. Ese día, Michelini
llegó al país, pidió asilo político
y el ministro del Interior de Isabel Perón, Benito Llambí,
se lo dio en 48 horas.
Sin embargo, semanas más tarde el gobierno uruguayo comenzó
a protestar por las actividades políticas de Michelini y
su compatriota, el también ex senador Enrique Erro. Frente
a esos pedidos, el entonces subdirector de Migraciones y actual
titular del INDEC, Lelio Mármora, prohibió a Erro
residir en la Capital, Entre Ríos, Corrientes, Santa Fe,
Córdoba, Tucumán y Mendoza. Otro funcionario tomó
igual medida con Michelini, quien tuvo que renunciar al asilo político
y viajar a Italia.
En abril de 1974 reingresó al país y se le dio una
visa de turista. Pero Uruguay contraatacó e invalidó
el pasaporte de Michelini. Fue para impedir que viajara a EE.UU.,
donde iba a denunciar al senador Edward Kennedy las violaciones
a los derechos humanos en su país. Días más
tarde, Migraciones preguntó al subjefe de la Policía
Federal, el comisario Alberto Villar, sospechado de haber colaborado
con la "Triple A", si el ex senador "compromete el
orden público" argentino.
La Federal y la SIDE acusaron a Michelini y Erro de realizar actividades
políticas "ilegales" en el Comité Artiguista
de Resistencia y en el Comité de Defensa de los Presos Políticos
Uruguayos. También, de haber tenido supuestos "contactos"
con Tupamaros. Y subrayaron la "tarea fustigadora" del
primero desde el diario La Opinión.
En base a estos informes de sesgo macartista, el 10 de junio de
1975 el director de Migraciones, Abel Barrionuevo, dictaminó
que Michelini "registra antecedentes que lo inhabilitan en
forma absoluta para residir o radicarse legalmente en el país"
y ordenó su expulsión.
Preocupado, Michelini presentó una conmovedora apelación.
Allí resaltó sus valores democráticos y su
trabajo como periodista que "de ningún modo hacen presumir
dijo riesgos para la seguridad nacional y el orden público
argentinos".
Después del golpe del 24 de marzo de 1976, la situación
se complicó para Michelini. El 26 de abril, el director de
Migraciones, coronel (RE) Remigio Azcona, rechazó su apelación
y confirmó la expulsión. Y el 18 de mayo se informó
de la decisión a Control Migratorio.
Sin embargo, la misma Policía Federal y la SIDE que le habían
seguido tan minuciosamente sus pasos no lo notificaron de esa decisión.
Y al día siguiente, el 19 de mayo, 15 policías vestidos
de civil lo secuestraron en el hotel Liberty frente a una impasible
guardia militar de una central de ENTel, en Corrientes y Libertad,
según denunció el ex senador uruguayo Wilson Ferreira
Aldunate. Lo hizo en una carta dirigida a Videla.
Cuatro días después del secuestro, el cadáver
de Michelini, y otros tres uruguayos, fue encontrado con signos
de tortura en un automóvil abandonado en el cruce de las
avenidas Perito Moreno y Dellepiane. Nadie creyó la versión
de la dictadura de que había sido víctima de una organización
subversiva.
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MlCHELINI-GUTIÉRREZ RUIZ, UNA INVESTIGACIÓN REACTIVADA
La responsabilidad uruguaya
al desnudo
La ubicación de tres expedientes en Argentina reactivó
la investigación de los asesinatos de Michelini y Gutiérrez
Ruiz. Se trata de retomar los indicios aportados fundamentalmente
por Wilson Ferreira Aldunate sobre la responsabilidad de las autoridades
uruguayas en esos crímenes y la coordinación ejercida
entre cancillerías y organismos de inteligencia. Juan María
Bordaberry y Juan Carlos Blanco están seriamente comprometidos.
Brecha. Samuel Blixen
HACE 20 AÑOS Wilson Ferreira Aldunate sintetizaba para los
diputados integrantes de la comisión especial investigadora
de los asesinatos de Zelmar Michelini y Héctor Gutiérrez
Ruiz su íntima convicción: "Ustedes comprenderán
que aquello era una condena de muerte; en momentos en que en Argentina
se asesinaba a la gente por causas baladíes, simplemente
por sospecha o parentesco... decir en Argentina que alguien era
dirigente tupamaro era hacerlo morir".
El dirigente blanco se refería a los dos expedientes que
el doctor Raúl Alfonsín vio en el despacho del ministro
del Interior de la dictadura argentina, el general Albano Harguindeguy,
cuando el 19 de mayo de 1976 pidió por la liberación
de Michelini y Gutiérrez Ruiz, secuestrados horas antes.
Esos expedientes resumían la información que el gobierno
dictatorial de Juan María Bordaberry había entregado
a los servicios de inteligencia argentinos y que hacían referencia
a la condición de tupamaros de los dos notables políticos
asesinados.
Aquellos expedientes eran, según Ferreira, un elemento más
de prueba de la autoría uruguaya en los asesinatos, y porque
éstos se habían sustentado en una infame mentira para
encubrir los verdaderos móviles fue que en 1996, al impulsar
la ley de caducidad como forma de superar la crisis institucional
provocada por la insubordinación de los mandos militares,
expresamente excluyó de los beneficios a los responsables
de secuestrar y matar a Michelini y Gutiérrez Ruiz.
Fueron otros blancos, capitaneados por el entonces senador Luis
Alberto Lacalle, quienes aceptaron, en el momento de votar, suprimir
de la ley la excepción para los casos de Michelini y Gutiérrez
Ruiz; y le tocó al colorado Julio María Sanguinetti
decretar desde la Presidencia la impunidad para los asesinos, como
forma de lapidar aquello que motivó la clausura de las investigaciones
parlamentarias: la identidad de los autores intelectuales. En los
primeros meses de 1976 los instigadores civiles y militares de los
asesinatos coincidían, por razones diferentes, en la postergación
de cualquier salida de reinstitucionalización que pivoteaba
en tomo de las tres figuras más prominentes del exilio, Ferreira,
Gutiérrez Ruiz y Michelini.
Los expedientes que Alfonsín dijo haber visto en el despacho
de Harguindeguy y cuya existencia comentó Ferreira a los
diputados en 1985 han salido a luz en Buenos Aires para confirmar
la responsabilidad uruguaya en aquella condena de muerte para los
dos exiliados. No es casualidad que los archivos del aparato del
Estado se desempolven justo ahora, cuando el presidente de los argentinos,
desde el mismo lugar donde más de 4 mil prisioneros fueron
desaparecidos, pide públicamente perdón por el silencio
que durante 20 años mantuvo la democracia sobre esos crímenes
aberrantes; y cuando un magistrado anula los perdones y los indultos
concedidos a los criminales con un argumento tan simple como demoledor:
el terrorismo de Estado de las dictaduras, la forma más grave
de terrorismo, encontró en la impunidad otorgada por la democracia
su mejor aliado.
En Uruguay nadie pide perdón, todavía, por una caducidad
que ampara a un puñado de oficiales que, además de
torturadores y asesinos, fueron también ladrones de bebés
o violadores de jovencitos y jovencitas. Pero es posible que la
determinación argentina acorrale a la impunidad por lo menos
en dos casos emblemáticos: el de María Claudia García
de Gelman y el de Michelini y Gutiérrez Ruiz. Es posible
que el ejemplo argentino obligue a encontrar, en los archivos del
Estado uruguayo, los expedientes que completan la historia contenida
en los expedientes argentinos. Porque algo es evidente: nadie ha
destruido papeles; las complicidades cruzadas no eliminan archivos,
los multiplican. Sólo hace falta un acto de sinceramiento
y el coraje para asumir lo que señalan los indicios, lo que
era la convicción de Ferreira: la orden de matar a Michelini
y Gutiérrez Ruiz partió de las más altas esferas
del poder en Uruguay.
EL CERCO DE LA MUERTE
La aparición de tres expedientes -el de Policía Federal,
número 24507/73, caratulado "Michelini Guaren, Zelmar
Raúl, asilo político"; el de Migraciones, número
748/ 74; y el del Ministerio del Interior, número 138/74,
caratulado como "Reservado"- es una consecuencia directa
de las gestiones realizadas en Buenos Aires por los abogados de
la familia Michelini, que se apresta a replantear, en los primeros
días de abril, la reapertura de las indagaciones judiciales
por los asesinatos de mayo de 1976. Los documentos ubicados tienen
un correlato casi lineal con el conjunto de informaciones y apreciaciones
que Wilson Ferreira Aldunate aportó a la comisión
investigadora en la sesión del 11 de junio de 1985.
El primero de los expedientes contiene todas las comunicaciones
entre Policía Federal, cancillería y Migraciones por
el estatuto de asilado político que Michelini solicitó
a fines de junio de 1973. En la foja 52 de este expediente aparece
el primer registro de la intervención uruguaya: el encargado
consular de la representación uruguaya en Buenos Aires, Gastón
Sciarra Rebollo, comunicó a las autoridades argentinas que
Uruguay invalidaba el pasaporte de Michelini, primer paso de un
círculo que se iría cerrando para concluir en el asesinato.
Para entonces, el canciller uruguayo Juan Carlos Blanco, por intermedio
de la embajada en Buenos Aires, acumulaba las protestas por lo que
calificaba de "actividades políticas" de Michelini
y de Enrique Erro. Accediendo a las protestas, el entonces subdirector
de Migraciones y actual titular del INDEC, Lelio Mármora,
prohibió a Erro residir en la Capital, Entre Ríos,
Corrientes, Santa Fe, Córdoba, Tucumán o Mendoza;
el expediente 748/74 incluye una nota del 29 de abril de 1974, firmada
por un funcionario de la cancillería, con rango de embajador,
incorporando informes uruguayos sobre las actividades de Michelini
y Erro.
La preocupación del gobierno de Bordaberry por las actividades
de prominentes asilados uruguayos en Buenos Aires motivó
el despliegue de un ejército de espías que, según
el testimonio de Wilson Ferreira, concurrían habitualmente
al lobby del hotel Liberty, donde Michelini recibía a los
compatriotas, y a los salones del café Tortoni, donde el
propio Ferreira y Gutiérrez Ruiz encabezaban las habituales
reuniones de los refugiados uruguayos. En 1985 Ferreira recomendaba
a los diputados de la comisión investigadora obtener las
versiones taquigráficas de los cursos que se dictaban en
la ESEDENA, donde, para ejemplificar la importancia y utilidad del
espionaje, se brindaban detalles de las reuniones de Buenos Aires.
"En el curso que brindó un coronel se repetían,
con detalles cuidadosos, cosas exactas", dijo Ferreira, quien
había accedido a las versiones taquigráficas de la
ESEDENA que le había proporcionado el capitán de navio
Bernardo Piñeyrúa.
Según surge del expediente de Migraciones, el 15 de mayo
de 1975 el gobierno argentino resolvió negar a Michelini
el ingreso y la permanencia en el país. Semanas después,
el 10 de junio de 1975, ordenó su expulsión del territorio
nacional, medida que debería concretarse en 30 días.
Inmediatamente Michelini interpuso un recurso de apelación
revocatorio. Según el testimonio de Wilson Ferreira, "acompañado
del juez Losada, magistrado muy conocido y muy prestigioso en la
República Argentina", Michelini se entrevistó
con el director de Migraciones, quien adujo que había firmado
el decreto de expulsión sin leer el expediente. "Losada
replicó que nadie expulsaba a una figura política
tan conocida, además periodista de nota ahora también
en Buenos Aires, sin leer el expediente", y el jerarca admitió
entonces, según la versión que recibió Ferreira:
"Yo debo confesarles que, en realidad, firmé el decreto
de expulsión porque el expediente venía muy 'pesado',
viene del Servicio de Información del Estado, el SIDE. Cuando
viene de ahí en estos tiempos, usted sabe que la cosa es
muy dura", y mandó pedir el expediente. Michelini y
Losada pudieron confirmar (y así lo consignó Ferreira
Aldunate) que "en ese expediente se indicaba que Zelmar Michelini
era importante dirigente del Movimiento de Liberación Nacional
Tupamaros. Pero -y esto es lo que agrega un dato importante a esta
referencia- en el expediente figuraba no solamente esta información
que elevaba directamente el Servicio de Inteligencia, sino también
otra elevada por el gobierno uruguayo por todos los canales correspondientes,
es decir, Ministerio de Relaciones Exteriores, Presidencia de la
República, Presidencia de la Nación Argentina, Ministerio
de Relaciones Exteriores y Culto, siguiendo todo el trámite
administrativo. Y en esta comunicación oficial, que llega
a través de los servicios del gobierno uruguayo, se repite
la misma información".
El trámite de revocación se prolongó durante
casi un año. Pero el 29 de abril de 1976, un mes después
del golpe de Estado del 24 de marzo, Migraciones decidió
"no hacer lugar al pedido " y ordenaba, según consta
en el expediente, proceder a la expulsión. Sin embargo, la
expulsión nunca fue comunicada a Michelini, ni siquiera se
le notificó del resultado de su apelación. Por el
contrario, el 7 de mayo, el canciller Juan Carlos Blanco viajó
a Buenos Aires y se entrevistó con su par argentino, contralmirante
César Augusto Guzetti. Al parecer, algunos de los expedientes
que Blanco llevó consigo a Buenos Aires aparecieron después
en el despacho del ministro Harguindeguy, cuando ya los dos parlamentarios
uruguayos habían sido secuestrados y Alfonsín inició
las gestiones para ubicarlos.
En el relato de Ferreira Aldunate aparecen detalles que hoy cobran
mayor significación. Harguindeguy, en un comienzo, pretendió
desconocer quiénes eran los secuestrados-: "Recuerdo
que Alfonsín me contó que le dijo: 'Pero, Flaco, estoy
muy preocupado por la desaparición de estos distinguidos
políticos uruguayos', etcétera. El general Harguindeguy
le habría dicho: 'No tengo ninguna información y no
pueden ser mis servicios, porque si fueran yo estaría enterado.
Esto deben ser cosas entre ellos'. Alfonsín le expresó:
'No, hombre, no. Se trata de dos figuras muy distinguidas, demócratas
', y cuando dijo 'demócratas', el general Harguindeguy exclamó:
'¿Cómo demócratas? Tupamaros'. Con esto se
vino abajo la afirmación inicial de que no sabía de
qué se trataba. Y luego, ustedes conocen la culminación
de este triste episodio". Harguindeguy habría exclamado:
"¿Por quién me pides?, ¿por dos cabecillas
tupamaros?", y habría exhibido un expediente en cuya
carátula lucía el escudo nacional uruguayo.
Esta actitud de Harguindeguy, y la que asumió el brigadier
Klix (quien aseguró a dos corresponsales, del diario Le Monde
y de la agencia Asociated Press, que el secuestro de Michelini y
Gutiérrez Ruiz era "un operativo uruguayo"), confirmaron
en Ferreira Aldunate su convicción sobre la participación
uruguaya en los asesinatos; el contenido de los expedientes ahora
ubicados lo ratifica: la orden de expulsión de Michelini
no fue cumplida, a los efectos de facilitar los planes uruguayos
de secuestro. En los otros dos expedientes, el de !a Policía
Federal y el del Ministerio del Interior, aparecen dos notas del
SIDE, una "reservada" y otra "estrictamente confidencial".
La primera alude a "los antecedentes desfavorables" de
Michelini y Enrique Erro; y la segunda pone "a disposición,
para consulta" las informaciones brindadas por los servicios
de inteligencia uruguayos sobre "los antecedentes desfavorables
de Mickelini".
Todo indica que el objetivo de secuestrar a Michelini, Gutiérrez
Ruiz y Wilson Ferreira venía siendo planificado por lo menos
desde mediados de 1975. La eventual expulsión de Michelini
complicaba los planes. La suspensión de la medida los precipitó.
Quizás debido a la urgencia, el operativo contra Ferreira
fracasó. Cuando el destacamento militar, apoyado por un helicóptero
artillado, llegó a la estancia de Wilson, en la localidad
de Pardo, provincia de Buenos Aires, el dirigente blanco ya había
sido aleñado y había abandonado el lugar. "No
tengo la más mínima duda de que en el equipo iban
uruguayos", afirmó Ferreira en la comisión investigadora.
LA INVESTIGACIÓN EN URUGUAY
Existe la duda de si el plan inicial consistía en el secuestro
de los exiliados y su traslade a Montevideo, o si, como creía
Ferreira, el asesinato estaba definido desde el comienzo. Otras
versiones indican que la decisión se cambió sobre
la marcha: el Consejo de Seguridad Nacional (COSENA), integrado
por el presidente Bordaberry, los ministros de Interior, Defensa
Nacional y Relaciones Exteriores y los comandantes en jefe de las
tres armas, se habría reunido en forma extraordinaria y urgente,
entre el 18 y el 20 de mayo de 1976, para decidir la suerte de los
dos secuestrados. Según la versión que recibieron
en su momento el arzobispo de Montevideo, monseñor Carlos
Parteli, y el dirigente blanco Alberto Zumarán, la decisión
de asesinato se aprobó, en esa reunión del COSENA,
por mayoría de votos.
La versión, comunicada por Parteli y Zumarán a los
diputados de la comisión investigadora, será el punto
de arranque de las indagaciones judiciales que emprenderán
la fiscal Mirtha Guianze y el juez penal Roberto Timbal, en cuya
sede quedó radicada una acción solicitada por la familia
Michelini. Según trascendió, serían citados
a declarar, en una primera instancia, Alberto Zumarán y Juan
Raúl Ferreira.
La aparición en Buenos Aires de los expedientes habría
estimulado a la fiscal Guianze a pedir su incorporación y
a solicitarlos formalmente. Los magistrados podrán acceder
a su contenido una vez que las familias de Michelini y Gutiérrez
Ruiz formalicen la querella en Argentina y accedan a los documentos.
Pero también es posible que la fiscal y el juez se propongan
recolectar toda la documentación que exista en nuestro país
sobre el intenso intercambio de información entre la cancillería
y organismos estatales, tal como surge de la documentación
argentina. Fuentes judiciales admitieron que "esposible que
se solicite a la cancillería y al Ministerio del Interior
todo lo referente a Michelini y Gutiérrez Ruiz en el período
de 1975-1976".
Una misma línea de acción debería tratar de
ubicar los registros de la ESEDENA para determinar a qué
clase de espionaje estaban sometidos los dirigentes exiliados y
cuál era la identidad de esos espías. Por lo pronto,
no sería muy difícil ubicar al coronel que brindó
los cursos y que utilizó información certera sobre
los movimientos de Michelini, Gutiérrez y Ferreira. Según
el semanario 4 Búsqueda, "fuentes judiciales dijeron
que la justicia uruguaya reabrió la investigación
sobre el asesinato de los ex legisladores luego de que surgieron
elementos que podrían involucrar al ex presidente Juan María
Bordaberry y al ex canciller Juan Carlos Blanco". El ex canciller
enfrenta, a pesar de estar en libertad, una acusación por
homicidio en el caso de Elena Quinteros; y Bordaberry deberá
finalmente responder ante el juez Hackembruch por la violación
a la Constitución al ordenar la disolución de las
cámaras en junio de 1973. Ninguno de los dos ha sido indagado
judicialmente por los asesinatos de Michelini y Gutiérrez
Ruiz.
Nada impide que la justicia solicite los antecedentes sobre espionaje
en Argentina y sobre las comunicaciones oficiales; cabe, en cambio,
la posibilidad de que tal información seanegada apelando
a la ley de caducidad, en cuyo caso se admitiría expresamente
que los asesinatos del 20 de mayo del 76 fueron ordenados por los
mandos militares. Pero, en todo caso, e independientemente del curso
que asuman las acciones judiciales en Argentina, los asesinatos
de Michelini y Gutiérrez Ruiz serían definitivamente
investigados si Tabaré Vázquez accede a la Presidencia
de la República. En Durazno, en ocasión de un acto
electoral, el candidato del Encuentro Progresista dijo a los periodistas
que si es presidente ordenaría la ubicación de expedientes
uruguayos. Y ello en función de su compromiso inicial en
el sentido de que, en su opinión, los casos de Michelini
y Gutiérrez Ruiz, y de María Claudia García
de Gelman, no están comprendidos en la ley de caducidad.
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