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Derecha e izquierda

Derecha e izquierda

    En la Zona Central de este martes, compartimos una lectura del italiano Giovanni Sartori, un investigador en el campo de la ciencia política, especializado en el estudio comparativo de la política. Su obra es de las más destacadas de las ciencias sociales, entre ella, se encuentra “La democracia en 30 lecciones”, donde realiza, en una de las lecciones, un profundo análisis del uso de las palabras “derecha” e “izquierda” en el campo político.

    A continuación la lección número 20 titulada "Derecha e izquierda" del libro "La democracia en 30 lecciones", de Giovanni Sartori.

    Si bien en cierta medida las ideologías han llegado a su fin, desde luego lo que no ha desaparecido es el uso de las palabras "derecha" e "izquierda". Uso que, por el contrario, volvió a estallar con la denominada revolución estudiantil de 1968. En aquella época se fantaseó incluso con unas matemáticas de izquierdas, con una nueva forma (de izquierdas) de fabricar coches, etcétera. Esas y otras tonterías parecidas cayeron pronto en el olvido. Lo que no quita que en el plano teórico los dos contenedores en cuestión se expliquen y se justifiquen con dificultad. ¿Por qué la "arabofilia" es de izquierdas? Vaya usted a saber. ¿Por qué el pacifismo es, hoy, de izquierdas (mientras que con Marx desde luego no lo era)?.

    Pero si esos dos conceptos son difíciles de defender en teoría, en la práctica, hasta la caída del muro de Berlín, las cosas estaban así: correspondía a Moscú y al marxismo decidir lo que era de izquierdas y lo que no. Lo que implicaba que todo aquello que ocurría en la URSS, o lo que convenía a la política soviética, era "de izquierdas" (por definición), mientras que todo lo que ocurría en el mundo capitalista era "de derechas" (por definición).

    Desde entonces, la izquierda tiene dificultades para definirse "de izquierda" y da bastantes bandazos. Lo que no impide que las etiquetas izquierda y derecha sean difíciles de erradicar (pese a que muchos intelectuales afirman que ya están superadas). En realidad, no están tan superadas. En el nivel de la política de masas siguen vivas y coleando. Porque son como una brújula. Nos orientan. Y también constituyen una identificación que nos ancla a algo.

    Por otro lado, la caída de la madre patria ha estimulado la búsqueda de un significado profundo de "izquierda". What is left of left ? ¿Qué queda de la izquierda? En ese debate mi tesis ha sido que la "izquierda" es (era, o deben a ser) la política que apela a la ética y que rechaza la injusticia. En sus intenciones de fondo y en su autenticidad, la izquierda es altruismo, es hacer el bien a los demás, mientras que la derecha es egoísmo, es atender al bien de uno mismo. Pero además, para complicar las cosas, intervienen las "consecuencias imprevistas" de nuestras intenciones. Lo que Hegel denominaba "heterogénesis de los fines" y "astucia de la razón" desborda las intenciones: el egoísmo puede producir resultados de interés colectivo y, análogamente, el altruismo puede degenerar en un daño generalizado. Es lo que nos explicaba Adam Smith con su teoría del mercado como "mano invisible".

    De entrada, la izquierda tiene unas credenciales ganadoras: es virtuosa y persigue el bien. Y, también de entrada, la derecha se defiende mal: no se ocupa de virtudes y atiende sólo a sus asuntos. Pero también a esos efectos se da una contraindicación. Puesto que la "derecha" no apela a ninguna moralidad, no está expuesta a la quiebra moral. Por el contrario, quien alardea de moralidad, perece de inmoralidad. Las credenciales éticas de la izquierda son también su talón de Aquiles. Robespierre practicaba una virtud en la que creía. Sus sucesores predican una virtud en la que creen poco y que practican menos aún. A día de hoy, la izquierda sigue siendo moralmente genuina por lo que respecta a quienes creen en ella y a sus activistas de base, pero en su mayoría es moralmente hipócrita en sus vértices. Digámoslo así: si el poder corrompe un poco a todo el mundo, a quien más corrompe es a la izquierda cuando llega al poder.

    Una izquierda que carece ya del anclaje del marxismo puede ser una izquierda que nos haga echarlo de menos. Por erróneo que fuese, el marxismo era en todo caso un instrumental doctrinario de respeto. Contra el marxismo se podía discutir, contra la nada o contra la hipocresía se discute malamente.